Vailima |
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"DE TODA PALABRA OCIOSA, DARÁN LOS HOMBRES CUENTA RIGUROSA" Sos del Rey Católico (Zaragoza). Iglesia de San Esteban Una vez leída la advertencia, tomen nota. Mientras tanto, una servidora comienza hoy a disfrutar de parte de sus vacaciones estivales. Por supuesto, visita obligada a la Expo de Zaragoza con los infantes incluídos. Ya en agosto, Tio Petros y Vailima recorrerán solos nuevamente las tierras de Palencia y León. Románico, ya saben, daré cuenta. Séanme felices. Después de muchos días con lluvia, por fin se ha instalado el sol en mi tierra. Calor y humedad, por eso una entra bien siempre. Séanme felices. Seguro que se las apañarán. Hoy les traigo una mala noticia. Y digo mala porque cualquiera se atreve a lanzar la primera piedra. Quien más y quien menos sabe trazar una frontera entre lo perfecto e imperfecto estéticos. Naturalmente que las cosas han cambiado desde ese academicismo decimonónico volcado en representar una belleza ideal del cuerpo humano. La Ilustración ya se encargó de poner las cosas en su sitio y contemplar y explorar, empíricamente, aquellas contradicciones de la naturaleza. Pero el hombre, en su esfuerzo por ser homo esteticus y de paso quedar como el aceite, se ha permitido esa igualdad que asocia la belleza con la bondad. Todavía ahora, o ahora más que nunca, nuestros jóvenes (y no tan jóvenes) miran a la Pataky y piensan “qué guapa, qué buena está”. Pues no, no les hablo de ese tipo de bondad, sino de la que tiene que ver con la ética. Hacemos de la belleza un sinónimo de virtud y excluímos de nuestro “gusto” al deforme otorgándole sin más la categoría moral de indeseable. Belleza y bondad, fealdad y asco. Y en nuestro afán de ser hombres a manos llenas jugamos a ser dios y nos redimimos diciendo: si es que a la pobrecilla la hicieron así pero a ti, a ti no te perdonamos. Eres un dejao. Malo más que malo. Ayer Tio Petros y una servidora hablábamos sobre algunas cuestiones evolutivas, en particular, sobre la aparición del plumaje en las aves mientras contemplábamos hechizados, el porte de una elegante lechuza en el mercado medieval de Hondarribia que hubiera hecho las delicias de cualquier Potter. Más tarde, ya en casa, el Petros me llama al despacho. Ven. Quiero que veas una maravilla. Me levanto remolona del sofá pero lo que me espera merece el esfuerzo. Se trata de la página de un impresentable que en grandes letras del color de la envidia dice esto: “LAS CINCO LEYES QUE DEMUESTRA LA IGNORANCIA DE LA CIENCIA” Dejando a un lado esa tontería denominada concordancia sujeto-predicado que no hace más que estorbar y restar importancia a lo verdaderamente subyugante, contemplo atónita una (otra) versión de imbécil humano. Esta subespecie, señores, es incansable y no necesita de grandes requisitos para expandirse ni reproducirse porque posee la gran ventaja evolutiva de desarrollarse en cualquier sitio y bajo cualquier circunstancia. Para aquellos, como yo, que viven su miserable existencia ignorando esta peazo teoría científica, el halcón peregrino de este iluminador de mentes nos sigue diciendo: “ESTAS LEYES JUSTIFICAN QUE LA LEY DE LA RELATIVIDAD DE EINSTEIN ES UNA LEY NO SOLAMENTE INFANTIL SI NO QUE CARECE DE INTELIGENCIA” El que avisa no es traidor. Y yo empiezo a pensar que este hombre tiene más razón que un santo porque SI NO para qué tanto desperdicio evolutivo y sigo leyendo porque mi sexto sentido se ha puesto alerta con tanta ciencia y continúo leyendo: “ESTAS SON ALGUNAS LEYES QUE REVOLUCIONARA LA ASTROFÍSICA Y DARA UN VUELCO DE 360º” ¡ah! Lo de la concordancia no era un lapsus científico, compruebo con tristeza y tampoco esa ausencia de tildes que suena tan a castellano antiguo una licencia poética, pero lo que hace que me cague definitivamente es cuando el vuelco me arrolla y me precipito 360º y me empieza a subir la fiebre. Incluso creo que el vuelco me deja en el mismo sitio. Dios, qué alucine...qué delirio. Tio Petros tiene que sujetarme y devolverme al mundo sin sentido e ignorante donde vivimos y atacado por una fuerza suprema de inteligencia me invita a leer la última, de verdad, perla peregrina de este sonao: “La solución a esta cuestión le costara a la ciencia mil millones de pesetas, de lo contrario dejaré a la ciencia en la ignorancia” Y nos veremos sumidos en el peor de los mundos imaginables, que no puede ser otro, que aquel gobernado por humanos de éste y este pelaje. Que la inteligencia nos pille confesados y prevenidos. Este post (sí, el único de toda una larga semana) va a ser breve porque no hay palabras para lo que a continuación les presento. Hace un tiempo escribí, también para un viernes aretino, el post titulado Ic habitat felicitas. 1- Pinchen en este enlace. 2- Contemplen la imagen. 3- Lean el texto. 4- Vayan a los comentarios. 5- Lean el último (el de una tal eva) y, por favor, echen gota, echen gota que no puede ser bueno guardarse eso dentro. Vailima les desea un buen fin de semana. Séanme felices. ¡ay, eva, eva! ¡si al menos la manzana hubiera sido cuadrada! Desde que no fumo, estoy de un sano que ni me reconozco. Camino -a paso ligero- todos los días con mi hermana mientras charlamos animadamente al ritmo de nuestro paso. Luego duchita y como nueva. Por las noches, uno debe pasear -como en la imagen- sobre la piel del otro. Es cuando uno se para a olfatear, casi a husmear como hace el resto de los animales. Y qué quieren que les diga, esta vez no hay duchita sino que uno termina el día acurrucándose en el otro. También como un animalito. Que pasen un buen fin de semana y séanme sana-(que no santa)-mente felices. Acabo de recibir un mensaje en el móvil. Mi hijo adolescente me confirma lo que veníamos sospechando: ha aprobado todas las asignaturas. Ha aprobado todo el curso. Sus padres también. Sin flecos de esos que dejan mal sabor de boca. Sin parábolas, ni lírica renacentista, ni revolución industrial... A partir del lunes lo tengo en casa dando por saco. No me importa. Estoy contenta. Ya puede pasarse todo el verano haciéndose el adolescente. Alguien nos dijo que las piedras que encontraríamos sobre las lápidas del cementerio judío de Praga (y en general de cualquier cementerio judío) tenían el mismo significado que nuestras flores. A priori, me gusta más. Hasta las piedras pequeñas juegan con su materia a la eternidad. De eso se trata. Estamos en un cementerio, al fin y al cabo. Las flores se marchitan y se pudren y son tan inmediatas y tan frágiles. De eso se trata. Estamos en un cementerio, al fin y al cabo. Nos llamó la atención un trozo de papel, bien doblado y cerrado con un clip. Lo veo desde varios metros antes de llegar a la lápida. Es una hora rara (turísticamente hablando) y apenas hay un grupo de tres o cuatro personas a la entrada. Desde que mi cerebro procesa que se trata de un trozo de papel sobre la parte superior de una lápida, pasando por la deducción por la que el trozo de papel ha de contener un mensaje y terminando por cogerlo, no sin antes avergonzarme por mi falta de respeto a un muerto y mi casi profanación de una tumba, pasan apenas unos cuantos segundos. Lo he hecho, lo he cogido tan rápido como he podido. Ahora lo tendré que leer. Encima. Con manos torpes y dedos atropellados, desdoblo el papel y leo: “Álvaro y Laura, amor for ever” Tal cual. ¡Dios!, qué asco de humanidad pero sobre todo, pena. Mucha pena y esa lástima de no haber visto quiénes eran ese Álvaro y esa Laura, y apedrearles las sienes, aun llorando a mil pupilas, para quedarme en paz. De eso se trata. Estamos en un cementerio, al fin y al cabo. Sobre todo al fin. Entre el siglo del infierno y el de la estupidez –como dirían algunos- adivinamos un s. XVIII feliz. El culto al placer se expande a modo de juegos donde los sentidos son los máximos protagonistas. Quizás por todo aquello que les comentaba en el post del pasado viernes, he querido acercarme precisamente a todo lo que en estos momentos no tengo, en nombre de esa codicia de la que hablara mi afamado Doctor Lecter. En la obra que les traigo hoy podemos encontrar ese instante de felicidad del que nos hablaba el título del post. Se trata de la obra ejecutada por Fragonard en 1768 y titulada La rosquilla. Mucho mejor que yo, los hermanos Goncourt nos hablan de ella: “Fragonard está fascinado por los juegos matinales de la mujer consigo misma, en ese momento en que gira su cuerpo, despierta del sueño y estira sus miembros, en medio de la tierna blancura y el calor del lecho. Adora esos momentos de abandono en los que su carne respira de sol y se entrega a la luz, en que su cuerpo escapa a las sábanas, recupera su elasticidad y su camisón arrugado no la cubre más que a medias. Es la voluptuosidad ingenua de esta hora retozona, los esparcimientos libres y sonrientes del sueño, lo que ha querido pintar en este bello lienzo. Con la cofia semicaída, los ojos alegres y complacidos de sus dieciséis años, un mohín sonriente en la boca, esta jovencita despreocupada, sostiene en el aire y entre las piernas un caniche (…), mientras un golpe de luz, venido de los pies de la cama, transita al sesgo por las colgaduras, sacude el cobertor y salta traviesamente por las carnes rosadas, prometiendo un día feliz”. Queridos amigos, ¿recuerdan aquel anuncio de televisión en el que un limpio señor Luque nos decía aquello de “busque, compare y si encuentra algo mejor…”? pues yo lo he hecho y al comparar, ya se sabe, se corre un riesgo. Ni refinamientos, ni exquisiteces ni extravagancias porque mis despertares no valen un duro y ningún Fragonard hubiera deseado si quiera hacer un boceto de ellos. Para empezar hace un carro de años que no tengo dieciséis años. No es la letra de una canción de Serrat pero tampoco me preocupa. Es más, me alivia. Cuando me despierto mi cuerpo también gira, pero para acallar las voces del maldito despertador, artefacto maltratador donde los haya que me dice que no puedo quedarme retozando al sol porque entre otras cosas, no hay sol que valga a las siete menos cuarto de la mañana. Y eso sí, mi cuerpo escapa a las sábanas, porque a ver quién aguanta en la cama sin echar la primera meadilla del día, sobre todo, cuando meo y no echo gota al pensar en una “voluptuosidad ingenua de esta hora retozona”. Jesús, Jesús, Jesús. En cualquier caso yo hablaría de un “reto” en la “zona” porque después de Roca hay que preparar ese desayuno que se engulle más que se disfruta. Lo del mohín sonriente ni me lo imagino. Levantar a la infancia, hacer las camas y recoger sus ropas que crecen por doquier. Mohín. Por los cojones. Lo del perrito…caniche encima y para más INRI. Un chupacoñ… que diría alguien a quien quiero. Ven perrito ven, ¡vas a ver qué bueno lo que te da tu ama! Y la cama llena de migas de la puñetera rosquilla. Con lo que joden las migas en la cama… En esta casa sólo parece jugarse a la oca: de viernes a viernes y tiro porque me toca. Pero apiádense de mí y piensen que estamos a final de curso, que los exámenes de los niños se amontonan, que el trabajo en la oficina se multiplica por arte de magia. Esta servidora está muy revuelta con tanto trajín y acuérdense, tres meses ya sin fumar, que estoy sufriendo un duelo en toda regla. No obstante, intentaré concentrarme en ser feliz y pienso para mis adentros: "si hubiera nacido con un manual de intrucciones..." y acto seguido yo misma me contesto: "...para lo que sirven a veces". Pasen un buen fin de semana y séanme felices. |