Vailima |
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Se muestran los artículos pertenecientes a Octubre de 2008.
La foto que les presento hoy posee una propiedad interesante. En el texto superior he eliminado la última palabra porque si no era trivial, gracias a los superpoderes que Google pone en nuestras manos, de modo que ahora es un poco más difícil. ¿Sabrían decirme qué tiene de especial esta (fea) fotografía? ¿Qué la hace única, irrepetible? ¿Porqué es una fotografía tan especial? Si lo saben de antemano, dejen tiempo a los lectores que deseen estrujarse las neuronas y buscar la solución, como siempre. “La tormenta estalló sin previo aviso. Con una rapidez que, en el momento, pareció increíble, e incluso ahora resulta imposible de comprender, todos los aspectos de la naturaleza se convulsionaron al unísono. Las olas se alzaron con una furia cada vez mayor, cada una alzándose sobre la anterior, hasta que en muy pocos minutos el cristalino mar se había convertido en una especie de monstruo rugiente y devorador. Olas de cresta blanca golpeaban alocadamente contra los bancos de arena y ascendían los acantilados escarpados; otras rompían sobre los malecones, y barrieron con su espuma las linternas de los faros que se levantan al final de cada malecón del puerto de Whitby.” Cuando ayer leía en mi Drácula la descripción que la “periodista” Mina Murray hace de la tempestad en Whitby, no podía dejar de imaginármela con el cromatismo, la intensidad y la fuerza de cualquier obra de Turner. Obras concebidas desde el agua, desde el líquido mismo no sólo conceptualmente hablando sino utilizando este medio en su factura, la acuarela, en el que la inmediatez y la ligereza le confieren un espíritu especial. Turner poseía, sin duda, una mente húmeda y tan poderoso estado se veía, ¿cómo decirlo?, recompensado por el opuesto destructor: el fuego. El fuego reunía en sí mismo todo un cromatismo incandescente, ágil e impetuoso que tratado con el agua formaban un tandem explosivo. Agua y fuego, transparencias, manchas, inmediatez en su estado puro, la tempestad. Remolinos, torrentes, llamaradas que clama a gritos una naturaleza atormentada. En Whitby o en cualquier otro lugar, da lo mismo, porque la visión de la naturaleza de Turner nada tiene que ver con un paisaje ni escenario concretos. Lo suyo es el vértigo sin respuesta, el exhibicionismo del color, del trazo. ¡Jabonaduras y encalados! ¿Y qué harían ellos? Me pregunto si saben cómo es el mar. p.s. Una vez finalizado el post, busco -como en otras ocasiones- una obra de Turner para encabezarlo e ilustrarlo y cuál no es mi sorpresa cuando me encuentro con ésta que ejemplifica tan al detalle lo dicho. Su título (desconocido por mí hasta ese instante) ¡es Whitby!. Esto ya se parece más a mi tierra. Desde ayer llueve sin cesar de tal forma que se adivina un fin de semana en casita haciendo lo que a uno más le gusta. Si se van a salir, no olviden ponerse el chubasquero. No es conveniente estar desprotegido. Pasen un buen fin de semana y séanme lujuriosamente felices. Hay veces que al ser humano le gustaría tener alas. Claro que llegado el fin de semana y en mi caso, preferiría no ser un ángel. Ya saben, por aquella tontería insignificante de que los ángeles no tienen sexo. Mucho mejor un odonato. Ustedes sabrán si una libélula o un caballito del diablo... Que pasen un buen fin de semana y séanme odonatamente felices. Desde hoy hasta el 2 de noviembre pueden votar a sus blogs favoritos en la tercera edición de los premios 20Blogs que organiza 20 minutos. Este post tiene la finalidad de informarles de dicho evento al cual presento este su blog en la categoría de cultura. Por si no lo recuerdan, no se puede votar si no se tiene inscrito un blog y, por supuesto, uno no puede votarse a sí mismo. Aquí les dejo el enlace por si tienen a bien… Cuando uno va entrando en años tiende a afirmar que las cosas ya no son lo que eran, mientras los más jóvenes, con gesto condescendiente asienten pensando que se trata de eso, de otra tontería de gente entrada en años. Quien esto escribe es de los que piensan que el abismo generacional no existe, a pesar de ser notorio y apabullante: cada generación es un calco de la anterior con diferencias mínimas. Si las diferencias fueran tan grandes como parecen (y ya lo creo que lo parecen, basta con tener hijos para saberlo) el ritmo de evolución social de la humanidad sería absolutamente endiablado, y no lo es: hoy somos tan cretinos y gilipollas como lo eran nuestros ancestros hace quinientos, mil o dos mil años. No me arriesgo nada al aventurar que los conflictos entre vecinas de la antigua Roma no difieren en lo esencial de los de las actuales, ni de lo que ocurre entre compañeros de trabajo, o entre estudiantes de la misma clase. Ilustrando este aspecto invariable de la especie nuestra, tenemos “Los trabajos y los días”, de Hesíodo, obra en la que el escritor de “La teogonía” alecciona a su hijo de una forma bien parecida a la que hoy en día haría cualquier padre; o sea: en vano. Leí en una ocasión que en alguna tablilla sumeria un padre hacía lo propio con su respectivo y díscolo vástago; de modo que ya ven, el tema es antiguo como la humanidad misma. Hecho este preámbulo que me redime ante el lector del posible pecado de falta de perspectiva o de miopía generacional; me atrevo a afirmar: las farmacias ya no son lo que eran. Todo esto viene a cuento de mi doble cabreo por dos constataciones recientes. Primera constatación: una de las farmacias que tengo a tiro de piedra exhibe de un tiempo a esta parte un rotundo letrero glosando las excelencias de la homeopatía. No se trata de una parafarmacia, sino de una farmacia de tomo y lomo, tras la cual se supone que existe una persona licenciada en farmacia, carrera nada trivial en la que se debe enseñar que la homeopatía es una patraña. Todo licenciado en farmacia debería saber qué cosa es el número de Avogadro, y debiera tener un mínimo de conocimientos matemáticos sobre proporcionalidades directas e inversas suficientes como para refutar las afirmaciones homeopáticas, pero ya ven… no es así. Si los conocimientos de un BUP bien aprovechado son suficientes, ya me dirán los de un licenciado en farmacia. En honor a la verdad y licencias literarias aparte, debo confesar que sigo pensando que la inmensa mayoría de ellos NO cree en la homeopatía, de la misma manera que creo (por poder vivir en paz, más que otra cosa) que la mayoría de los médicos también la rechaza aunque conozco a varios que no les bastó la carrera para asimilar contenidos suficientes para rechazar ni la homeopatía ni el lamarckismo; pero esa es otra historia. Segunda constatación: hoy mismo Vailima y yo hemos visto un producto en una farmacia elaborado con sal marina. No sal marina normal, nooooo; sal marina del mar muerto. ¡Tócate los cojones! Me pregunto yo si el cloro formará con el sodio en tierra santa enlaces iónicos de estructura geométrica diferente a la que forma en el resto del orbe. He estado a punto de requerir la presencia de la licenciada para que me explicara el asunto, pero sabiendo los malos ratos que uno hace pasar a su Santa con estos pequeños asuntos diarios en los que uno tanto goza pero los demás no; he decidido no hacerlo. Una idea me lo ha quitado de la cabeza: ¡esto me da para un post! TioPetros Definición de un adolescente: un bucle lingüístico es cuando por ejemplo lo mismo que entra sale pero con la lengua. Pues eso, que polvo al polvo. Pasen un buen fin de semana y utilicen el coche sólo lo imprescindible. ¡Ah! y séanme felices. Mucho. El coche del post anterior está cogiendo tanto polvo que ha perdido la gracia. Desde que he empezado a estudiar no tengo tiempo para nada. Para los que no lo sepan todavía, me he matriculado en la UNED de varias asignaturas (Historia del Arte Antiguo, Medieval y Moderno) con la intención de que me las convaliden una vez se instaure la titulación de Historia del Arte (ahora sólo existe como especialidad de Geografía e Historia) con el acuerdo de Bolonia. En ello estoy, pues, entre el arte mesoamericano, paleocristiano, bizantino, el Tlaloc y el Justiniano… que no me llega la camisa al cuello que traducido significa que no actualizo el blog desde que no comprendo cómo la existencia de 170 km de catacumbas podía llevarse en secreto. Ya saben. No obstante, los amigos –que para eso lo son- me pegan empujoncitos para ver si espabilo y me han mandado la reseña de la siguiente noticia: Diez largos años han tardado los expertos cuasimédicos en restaurar la Madonna del Ruiseñor, esta obra del singular Rafael que tantas veces ha ilustrado libros de texto. La Madonna ha recobrado el color en sus mejillas y el buen aspecto en general después de que se le hayan practicado sucesivas intervenciones como rayos X, escáneres, TAC y otros palabracos que hasta pudor me da nombrarlos para devolver hasta el canto al pajarito. El resultado a la vista está. Claro que a lo mejor a más de uno le gustaba “el polvo” de la antigua Señora. Los caminos del arte son inescrutables. Además de la obra de arte pictórica, aquí les dejo otra joya nada más y nada menos que dirigida por Gardiner y ejecutada por el Coro Monteverdi. Como curiosidad, observen los instrumentos a caballo entre el Renacimiento y el Barroco. Que la disfruten. |