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Se muestran los artículos pertenecientes al tema Delikatessen. Ustedes relájense y aflojen el músculo. Cuanto más relajados, menos dolor y mejor les entrará. UNO DE TRES: PRIMERA ARREMETIDA A PALO SECO En la interesantísima bitácora Días del futuro pasado, mi amigo el Brujo nos contaba la semana pasada la performance de la artista Christina Oiticica. La brasileña nos deleita con un arte en vivo que consiste en subir a una montaña y enterrar el arte. Con dos cojones. Por si no entienden el significado intrínseco de esta performance, y cito al Brujo “el comentario de Vernissage TV (de donde procede el vídeo) no tiene desperdicio: “No se preocupen; no entierra el arte como tal, sino sólo alguna de sus propias obras”. Perfecto, ahora está mucho más claro y además me tranquiliza. Porque claro, ya estamos cansados de que el tío ese, ¿cómo era?, ah sí, el Sísifo subiera con un pedrusco a una montaña, como si eso tuviera algún mérito. Además, que ya era hora de jubilarle y poner en su lugar a una mujer y cuidado de que nadie se queje que tenemos que cubrir la cuota del 50% y nos quedan unos cuantos siglos por delante. Así pues, vuelvo a relajar el músculo para tragarme esto: Y digo yo ¿qué necesidad tiene esta buena mujer de 57 tacos de montar este espectáculo cuando podía quedarse en casa disfrutando de la vida con su adorable marido? ¡Ah! ¿Que es la esposa del escritor Paulo Coelho? DOS DE TRES: SEGUNDA ARREMETIDA PARA QUEDARSE FRÍO El sábado pasado leía en El Diario Vasco que un artista chileno afincado en Dinamarca y de nombre, Marco Evaristti, ha firmado un acuerdo con un reo condenado a muerte en Estados Unidos para que le ceda su cuerpo tras su ejecución y pueda así transformarlo en comida para peces en una exposición donde "reflexionará" sobre la pena capital. Leo esto y me atraganto. Nos estamos pasando de rosca y lo peor es que quienes denunciamos (cada uno como puede) esta nueva estrategia de algunos iluminados que sueñan con el parné, somos unos retrógrados conservadores y no tenemos ni pajolera idea de lo que tuvieron que sufrir el Gauguin y otros más de su cuadrilla. Fíjate en los girasoles oyes, que dirían unos. Ahora aparece el Marco y cree que todos somos sus Amedios porque su idea es que sean los propios asistentes a la muestra los que alimenten a los peces. A estas alturas ignoro dónde meterme tanto arte porque como no puedo digerirlo se me pone una bola que ni palante ni patrás y lo mismo fallezco en el intento estético y va el Petros y comercia con mis restos y me canjea por una caca de artista enlatada o por una manita explicativa de conejo. Si es que no somos nadie, a eso he llegado yo reflexionando también. TRES DE TRES: TERCERA ARREMETIDA PARA ECHARSE A CORRER (si puedes) Leo en el blog de Paul M. que Lisa Carney ha diseñado el no-va-más en zapato náutico. Si tú, bonita de cara, quieres hacer de la moda todo un arte, no tienes más que plantarte en los pies los nuevos modelos de aletas con tacón. Con un poco de suerte te quedas clavada en el fondo de la piscina y te ahogas. Eso sí, mona, mona, mona. Sí, ya sé, no soy justa y critico ante la estrechez de miras que me identifica. Así es mi carácter. Mientras tanto, aprovecho una gestión para darme un garbeo por Zara, lo mismo las encuentro en oferta. Y en rosa chicle. Dignas de la Bauhaus o del Duchamp o de Loos. Si a estas alturas del post, no lo tienen ya en carne viva, que venga dios y lo vea. Decía Schiller que “la belleza es el camino de la libertad”. Miedo me da. Sobre todo, cuando pienso en eso en lo que ha desembocado la belleza últimamente. La imagen de cabecera es una fotografía de la obra de Joseph Beuys titulada Cómo explicar imágenes a una liebre muerta tomada el día de la inauguración de una exposición del artista alemán allá por 1965. Como pueden observar, el artista cubrió su cabeza con láminas doradas untadas en miel, y “sosteniendo en sus brazos a una liebre muerta la fue llevando por la exposición rozando con sus patas las obras expuestas; luego se sentó y se las fue explicando. La reunión de los conceptos liebre, miel, explicar, imagen, oro, provoca un inquietante malestar en el espectador, porque dinamita lo cotidiano”. No voy a proferir insultos. Efectivamente, todavía me estoy recuperando de lo que me queda de cotidiano. La explosión lo ha dejado todo perdido. Incluso mi sentido del humor. Dice el artista que desea recobrar la relación de fraternidad entre el hombre y la naturaleza -sobre todo con los animales- en un diálogo directo entre criaturas para devolverles aquella dignidad que el hombre ha ido arrebatándoles durante su historia. Estoy conmocionada, como si me hubieran propinado un golpe en la cabeza; un estético golpe donde el dolor sólo puede aliviarse a fuerza de patitas de liebre o de conejo en pepitoria entre las tardanzas de caprichosas Alicias y las humedades de una tal Loles que nadie conoce. Me relamo pensando en su sabor acompañado de un buen arroz mientras me atraganto con tanta belleza y tan sublime libertad. Quiero que alguien me recoja en brazos y me explique ciertas obras de arte mientras yo las voy rozando con mis manitas. Claro que yo no soy una liebre, pero sí que tengo… No me hagan hablar más. En estos tiempos que corren en el mundo del arte, se hace cada vez más difícil ser poseedor de una idea genial o de una técnica que valga para que después de muerto se acuerden de uno. Primero llegó el urinario de Duchamp que era y es un objeto de arte que es para mearse. Pero el rizo sólo se riza siendo más osado si cabe y la lata de Manzoni nos dejó un agrio sabor de boca, ¡dios no lo quiera!, porque esta vez el objeto era para cagarse. Y lo que era continente en el primero, en el segundo tornó contenido. Eso sí, contenido enlatado las veces en heces con nombre de artista y envasado o creado o vertido o hecesjutado en el año del señor de 1961. Poéticamente hablando me quedo con la fuente antes que con la caca dichosa de un hombre al que no conozco. Además, ¿para qué se quieren 30 gramos de mierda de artista si encima no voy a tener huevos para abrir el envase? Porque aquí como en todo, a uno le pueden dar gato por liebre pero no seré yo quien ponga el cascabel al gato. Si yo o la Tate Modern de Londres pagamos la suma de hasta 124.000 euros por esta delikatessen tan poco gastronómica ¿quién es el guapo que destroza la obra de arte para comprobar que lo que yace en su interior es mierda artística? Claro, que les voy a ser sincera, todavía no poseo conocimientos suficientes de arte como para poder afirmar que la mierda es propia y original del artista así que llegados a este punto no me arriesgo, así de frágil es mi carácter. Sin embargo, cuando uno tiene un buen día siempre viene alguien que te lo jode y así hubiera sido si una servidora fuera la poseedora de un ejemplar de lata con mierda de artista. El alguien no es otro que un amigo del mismo Manzoni (como no podía ser de otra forma) que no pudiendo jugar a dar por el culo ha desvelado el secreto que guarda el interior de las latitas. Yeso, señores, yeso o peazo de 30 gramos de escayola que por no tener, ni tiene fecha de caducidad. Eso sí, envasado al vacío tan vacío, que los señores coleccionistas de arte, propietarios de esta –ahora sí- singular mierda, querrán (ahora más que nunca, también) cagarse en las redundantes heces del artista y vaciar su mala leche en perífrasis enlatadas. Señores que guardan en sus vitrinas latas de este pelaje, aférrense al bastón de la fe y piensen en el milagro –como dice mi amigo Ender- de la transmutación del yeso en caca. Y es que en estos tiempos que corren en el mundo del arte, más que arte o genio se necesitan un par de cojones para hacerse famoso. Lo dicho, un par y mucha jeta. Ayer escribía una nota al tutor de mi hijo que adolece (*) explicándole los motivos por los que había faltado al colegio el día anterior. Una vez terminada la nota procedía yo a introducirla en uno de los sobres de pequeño tamaño que tengo para estos menesteres. Entonces, mi hijo que adolece me pide que se la entregue porque la quiere leer (seguramente para comprobar que su madre no ha incluido alguna incorrección según su parecer ya que el motivo no podía ser corregirme ni la redacción ni las faltas de ortografía porque primero, no las suelo cometer y, segundo, porque él es incapaz de verlas). Bueno, la cuestión es la siguiente: - Ama ¿qué es esto de p.s.? –me pregunta-. - Significa post scriptum y es una nota que se pone después de lo escrito. Como la post data. - Ah, me había parecido que era “puto subnormal”. - No seas asno y no hagas chistes con tu ignorancia. - Vaya chorrada… (*) La libertad que otorga la literatura a quien escribe me permite construir este epíteto a mi antojo. Y quede esta aclaración como post scriptum para el susceptible que me reproche que siempre se adolece de algo. Existen determinadas situaciones y actitudes que poseen la propiedad de darme un asco infinito y que, generalmente, van acompañadas (en este caso acompasadas) por una vergüenza ajena que me impide hasta respirar. Estarán de acuerdo conmigo que el fin no justifica los medios y lo que debía ser un concierto benéfico se convirtió, musicalmente hablando, en la matanza de Texas, a palo seco, con motosierra y sin condón. El Duque de Alba se hubiera puesto las botas y hubieran rodado cabezas, no en Flandes ni donde a saber quién puso la pica, sino encima de un escenario donde se encontraban un grande de la música (por su volumen en este caso), un escudero de lunar en ristre, una orquesta que a punto estaba de alcanzar el orgasmo y un coro infantil (¡madre cómo los odio!) dirigido por una histérica a lo Jackson Brothers que en lugar de dirigir parece quitarse de encima la simiente del diablo. Chabacanería, ordinariez, mal gusto, necedad y prepotencia son algunos de los calificativos que se me ocurren amén de algunos otros que por decencia no soy capaz de escribir pero sí pensar. El montaje es majestuoso de puro ordinario, sobrepasando incluso charangas y panderetas que diría el poeta y el público, como parte del nefasto espectáculo, se debate, bragas en mano, entre la vida ruin y la muerte barriobajera acompañando a un Enrique Iglesias que no se sabe la letra y un Pavarotti que sí se la sabe pero al que se le ha olvidado cómo debe cantarse con dignidad aunque sea una ranchera. A cierta chelista poco le falta para empezar a volar y elevarse como un globo sonda por encima de los miles de irracionales que babean cuando el joven cantante acaba sus frases por falta de aire (a eso se le llama “estilo propio”). El mismo aire que el diafragma del grande parece haber evaporado entre tantos cielos y lindezas cuando se arranca un Do que en lugar de pecho resulta de cojones. Asco y si no, juzguen. Hoy lunes, y porque es el día más jodido de toda la semana, les presento una selección de los comentarios más curiosos (si pueden llamarse de tal modo) que me han dejado en el blog. La mente humana no tiene desperdicio y si no, compruébenlo ustedes mismos. Fecha: 2006.03.16 13:16:33 -------------------- Fecha: 2006.06.01 06:23:04 -------------------- Fecha: 2006.06.08 21:19:12 Fecha: 2006.03.15 00:40:53 Fecha: 2006.06.14 12:12:49 En el artículo titulado: 'MANÍAS, COSTUMBRES Y ELFOS DOMÉSTICOS' (21/10/2003 13:44) Fecha: 2006.06.19 00:41:43 Fecha: 2006.03.02 22:54:37 Fecha: 2006.01.10 11:46:54 Que tengan un buen lunes… …y yo sin saberlo hasta ahora. Visiten la página que les propongo a continuación, no tiene desperdicio. Cuando la tengan en pantalla, pinchen en el video que aparece a mano derecha, en el que brotan los rostros de unos cuantos jóvenes. Si he de serles sincera, no encuentro la gracia al asunto (aunque se les ve radiantes). Lo mismo no sirve para nada, recuerden que alguna tonadillera casóse de blanco con cuatro caballos blancos y virgen. Poco le duró… Y digo yo: ¡que me quiten lo bailao! Les deseo un buen fin de semana y si pueden pecar, pequen. ¡Ah! y séanme felices. Sin embargo y, muy a pesar nuestro, existen ciertos misterios inexplicables (aunque poco interesantes para un Iker Jiménez) que provocan que aquello que nosotros creíamos y queríamos haber olvidado, continúen latentes provocándonos una desazón casi adolescente. Esto es lo que me ha ocurrido con el norteamericano éste. Ya hacía tiempo que Tio Petros (¡cómo me conoce el bribón!) me advirtió sobre un recorte de prensa en el que se recogían algunas vomitonas del cretino. Pertenecían a su primera novela que se publicaría en febrero (mis excusas por no referirles el título, pero no voy regalando bazofia a mis amigos). Sus perlas “peregrinas” estaban dirigidas a nuestra querida España como díria alguna cantante ya fallecida o al Estado Español como dirían otros que lo que desean es que fallezcan los demás. Ni soy nacionalista ni tengo un sentido del amor patrio exagerado, pero a nadie le gusta que le toquen los cojones y menos un charlatán al que sin duda El Bosco hubiera pintado en forma de huevo con una cuchara de palo metida por el culo. Dejando los referentes estéticos a un lado, les diré que la nueva novela del nuevo millonario transcurre en la España de los noventa y dice de nuestro sistema de sanidad: “La clínica de la Seguridad Social era como un siniestro set montado para una película de terror de Hollywood. El aire olía a orina... Una mujer sangrando... Una pareja joven llorando...Una niña rezando... Becker llegó al final del oscuro vestíbulo. La puerta de su izquierda estaba ligeramente entreabierta y la abrió. Estaba completamente vacío, excepto una anciana marchita, desnuda en un catre, peleándose con su calientacamas”. “Becker moriría. Un pulmón perforado era fatal, quizás no en lugares del mundo más avanzado médicamente pero en España era fatal” Naturalmente, todos saben que durante ese período de tiempo, la población de España quedó diezmada por tamaña insalubridad y que nueve de cada diez españoles morían en su ambulatorio más cercano por los efluvios intestinales de los médicos de guardia. No obstante, si querían denunciar estos hechos, les hubiera resultado fácil porque “Creo que hay que dar por seguro que tenemos los recursos para sobornar a unos cuantos policías españoles” aunque si querían hacerlo desde una cabina telefónica, chungo, chungo: “Becker se metió en la cabina. Antes de que hubiera terminado de marcar el prefijo internacional, le salió una grabación: "Por favor cuelgue e intente su llamada más tarde". Conseguir una conexión internacional desde España era como una ruleta, todo depende del momento y de la suerte” y si además ustedes se encuentran en la Giralda de Sevilla, olvídense: “Las escaleras eran empinadas, aquí habían muerto turistas. Esto no era América, no había señalizaciones de seguridad, ni pasamanos, ni avisos sobre pólizas de seguros. Esto era España. Si uno era lo suficientemente estúpido para caerse, era tu propia culpa, independientemente de quién construyó las escaleras” Qué hijodesumadre, se dirán ustedes, madrenorteamericana matizarán. Pues no se preocupen, porque el imbécil (y que me perdone el hermano de Manolito Gafotas) se ha excusado. Si ustedes se acercan a cualquier librería podrán coger gratuitamente un ejemplar de la presentación de la novela, y escrita nada más y nada menos que por el propio escribidor. No lo pude resistir, y lo hice. Cogí uno y lo doblé en cuatro (como para hacerle sufrir al imbécil). Dice así: “ Para …, mi primera novela, elegí como escenario mi ciudad europea preferida: la adorable Sevilla (con sus pirámides y su río Nailon). Viví en ella un año entero, durante mi época de estudiante en la Universidad de Sevilla, en un piso de la plaza de Cuba (como buen norteamericano no podía ser en otra plaza). Desde allí veía a los remeros del Guadalquivir y me encantaba. Durante aquel año, me enamoré de la ciudad y sobre todo de su gente. De hecho, después he regresado allí en otras cuatro ocasiones, que es más de lo que he vuelto a visitar ninguna otra ciudad de Europa (se podía haber ahorrado la visita). He llevado a mis padres y a mi familia a conocer Sevilla y hasta he aprendido a bailar sevillanas (sí, igualito que Aznar con el catalán). De igual modo que mi ciudad natal en Estados Unidos, Sevilla tiene aspectos maravillosos y otros que no lo son tanto. Como novelista, procuro destacar tanto los elementos negativos como los positivos para dotar de intensidad a la trama… y lo hago con enorme pasión y amor hacia la tierra de España y los españoles (caudillo dixit)”. Dan Brown No lean al cretino éste, no compren sus novelas, que lo que no sabe es que en este país huele a mierda porque todos nos cagamos en su persona. Imbébil, más que imbécil. nota: creo que me he confundido y he colocado una imagen que no se corresponde con el protagonista de este post sino con una obra de David Cerny (gracias Daniel Tercero ). No la retiro por falta de motivación y porque para el caso da igual. Quizás no me haya equivocado. Cuando se alimenta casi a diario una bitácora, hay que estar muy pendiente de lo que ocurre a tu alrededor porque cualquier cosa puede ser motivo de inspiración postera. Así como mi pequeño J. me ha robado horas de sueño, así me las ha devuelto: sus vómitos me han sugerido el post de hoy. Por este motivo, qué mejor comienzo que un extracto de La náusea de mi estimado Sartre: “ Y yo también he querido ser. Es lo único que he querido; esta es la clave del asunto. Veo claro en el aparente desorden de mi vida: en el fondo de todas esas tentativas que parecían inconexas, encuentro el mismo deseo: arrojar fuera de mí la existencia, vaciar los instantes de su grasa, torcerlos, desecarlos, purificarme, endurecerme, para dar al fin el sonido neto y preciso de una nota de saxofón”. En Viena no siempre ha sonado un vals. En los años setenta y ochenta, cuatro artistas, Günter Brus, Otto Mühl , Rudolf SchwarzKogler y Hermann Nitsch , fundaron lo que se ha dado a conocer como el accionismo (aktionismus) vienés. Ricard Mas los define como “pequeños suicidios”; mi visión es menos poética y más realista, por su literalidad, con este movimiento: una mierda. Les cuento. “Estos artistas (y recojo la información que la revista “Descubrir el Arte” ha publicado en su último número) y sus agresivas intervenciones incluyen automutilación, onanismo, defecación, vómito, etc. Se trata de un arte orientado a herir sensibilidades, cuyo contenido visual no se diferencia tanto de las sádicas snuff movies”. El artículo (con dos ilustraciones que no he podido encontrar en la web) responde a la antológica que Günter Brus presenta hasta el 15 de enero en el MACBA (Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona). En su afán de “querer ser” al estilo camusiano, este artista encontró el fundamento de su obra en su teoría (más bien expresión) de la tridimensionalidad en la pintura. Como buen experimentador, descubrió que debía abandonar la pintura y centrarse en su propio cuerpo puesto que “mi cuerpo es la intención, mi cuerpo es el suceso, mi cuerpo es el resultado”. De esta forma, su cuerpo se convierte en material y medio de denuncia social, política y religiosa de la sociedad occidental. Sus obras, denominadas acciones, llegaron a su punto álgido en una exposición en la Universidad de Viena, titulada Arte y revolución (1986), en la que Brus se desnudaba, se cortaba los muslos y el pecho con una navaja de afeitar, orinaba, bebía sus orines, y vomitaba. Una vez que “arrojaba de sí mismo su existencia”, parafraseando a Jean Paul, defecaba mientras entonaba el himno austriaco, se untaba el cuerpo con sus propias heces y se masturbaba dando por finalizada la obra de arte. Si quieren lo llamamos estética del asco. A mi me complace más la expresión que sin duda utilizaría mi madre: una mierda pinchada en un palo y con la coletilla de… “nunca mejor dicho”. Pero les confieso una cosa, no sé si me da más asco el Brus de los cataplines o los descerebrados que consideran su mierda un arte y que además le hacen un hueco en un museo. Caña al mono, que diría un conocido, “lo mejor: una lobotomía. Ya verás cómo el tipo éste se caga, cuando quiera y cuando no quiera”. Este verano Tio Petros y yo estuvimos disfrutando del románico gallego. Magnífico y sorprendente por las muchas joyas que contemplamos del ayer y sorprendente (a secas) por alguna que otra perla de hoy que no puede definirse como joya precisamente. Este es el caso que les presento en la fotografía que tomé del rosetón del Monasterio de Santa María de Xunqueira de Ambia. Juzguen ustedes y seguro que llegan a la misma conclusión que una servidora: persianitas de colores que sin duda tendrán que realizar bien su función, porque si no es como para colgar de los huevos a la persona que sugirió la idea... Aquí se la dejo y aún y todo, pásenme un buen fin de semana. Saludos |