Vailima |
![]() |
|
|
Se muestran los artículos pertenecientes a Febrero de 2006.
Terminábamos el post de ayer haciendo referencia a la luz y al color. Aunque los partidarios de considerar a Poussin un partidario del disegno, del dibujo, frente al colore han sido numerosos, la realidad es otra. Poussin consideraba, siguiendo la tradición de la teoría del arte de la Antigüedad, que el color era una modificación de la luz y, por lo tanto, que el análisis de la luz física era la base de la pintura: no hay más que contemplar sus obras, orientadas todas hacia ese colorismo de los venecianos, con la luz dorada que hace que los objetos aparezcan, ante nosotros, transfigurados. Si ustedes han leído la obra de Rafael Alberti que encabezaba el post de ayer, el color que asigna el poeta a Poussin es el verde: “Sigo a veces teniendo/claras sonoridades de cristales/cuando ya para el tacto/soy nada más que tela” En la obra que les presento hoy, Autorretrato (1650), el artista se representa con unas vestiduras de un tono verde oscuro y una estola echada al hombro: La postura se ha modificado con respecto al autorretrato de un año antes. Alzando ligeramente la cabeza mira al espectador de frente, sin miedo y seguro de sí mismo. La expresión, más seria y también más vaga. El escenario es también diferente: da la impresión de ser un taller, pero la colocación de los tres lienzos enmarcados, situados uno delante de otro, confieren a la estancia un punto de abstracción. La estructura rectangular de los mismos queda reflejada, a su vez, en esa puerta oscura que no nos permite contemplar nada más allá. Este retrato del propio artista es una teoría del arte plasmada en un lienzo. Me explico. En él se reproducen, de forma cifrada, los principios estéticos que guiaron al pintor. De los tres lienzos, llama la atención que el primero está vacío y sólo contiene una inscripción. No es casualidad. Este lienzo es signo del disegno interno (idea interior) o concetto (boceto) que precede a la realización práctica como concepto espiritual, es decir, es el lugar donde se subraya la fuerza intelectual del artista que lo impulsa. En el segundo lienzo y ante un paisaje desdibujado, se representa a una mujer que porta, sobre su cabeza, una diadema con un ojo. Frente a ella, dos manos masculinas descansan sobre sus hombros. La mujer es la amante de cualquier artista, pues se trata de la alegoría de la pintura considerada como la coronación de las artes. ¿De quién son las manos que intentan abrazar a la dama, atraerla hacia él? Pues si piensan que se trata de las manos del propio Poussin, se equivocan. El artista ya la tiene como amante y siendo caballero y respetuoso, esa muestra pública de afecto se hubiera considerado una indiscreción. Las manos deben de pertenecer a alguien que, ajeno a la dama, desee atraerla hacia él. Las manos son del mecenas y amigo de Poussin, monsieur Chantelou, como muestra de gratitud y amistad. Por último, un detalle que me ha sugerido el título de estos post. Un detalle insignificante, casi minúsculo pero muy significativo. En el dedo meñique de su mano derecha, Poussin lleva un anillo. La mano, apoyada sobre una carpeta de dibujos, recibe uno de los cuatro focos de luz de la composición. El anillo está ligeramente inclinado para decirnos algo. Si lo observamos con detenimiento, veremos que se trata de un diamante tallado en forma de pirámide. Una vez más nos encontramos, amigos, en el mundo de los emblemas y mensajes cifrados: este motivo estaba considerado como símbolo estoico de la perseverancia y firmeza de carácter. Ya ven ustedes toda la información que Poussin nos mostró de sí mismo, y no hablo exclusivamente de sus rasgos físicos: nos enseñó qué era y cómo deseaba que le viéramos. Un diamante de la pintura, sin ninguna duda. Actualización 3 de febrero: Los ganadores de esta edición del concurso LA PARTE POR EL TODO son los siguientes por orden de participación y con nuestro estimado Elías, de nuevo a la cabeza: Raschid (conocido por EL ENCANTADOR) Charles de Batz (al que llaman LA LUZ DE ORIENTE) Vigi (del que se dice que es EL DESCUBRIDOR) Anabel (diosa de la SUTILIDAD) Nfer (emperatriz de la MEMORIA) Francisco Polo (llamado EMBAJADOR DE LA DIPLOMACIA) y un accesit a Jose que se perdió entre el huevo y la gallina y a Sunfaith que llegó literal y literariamente tarde como el conejo de Alicia. Pues bien, amigos y cómplices, esta semana en LA PARTE POR EL TODO un pequeño fragmento de un todo que no tiene desperdicio. Para los que las necesiten, ahí van unas cuantas pistas: - Aladino hubiera alucinado con esta lámpara maravillosa. - Los protagonistas no eran rojos aunque el título del post les quiera despistar. - La novia ni vestía de blanco ni estaba embarazada. - Aunque no lo crean, la imagen del post está relacionada con el Antiguo Testamento. - El lienzo no tiene autor (¡Ojo! Que no digo que sea anónimo ¡eh?) Ya saben, mención de honor para ganador o ganadores. Suerte y hasta mañana, que tengo preparada una joyita que les va a gustar. Las mujeres también sabemos pasar un buen fin de semana. Si en el post del viernes pasado mis amigos lectores disfrutaban con un buen escote literario, la imagen de hoy nos propone, amigas lectoras, otra forma de disfrutar… y que nadie me acuse de sexista, que este divertimento puede compartirse. Tío Petros y yo lo practicamos: tenemos nuestros ordenadores en red. Séanme buenos. nota: no se olviden de consultar la lista de ganadores del post anterior (La parte por el Todo) ´onomatopeya del chirrido de la pluma´. 1ª doc.: Aut. Con la definición: “el rasgo demasiado u sobresaliente en el modo de escribir. Y por extensión se dice de cualquier adorno superfluo y sobresaliente; es del estilo familiar” Hace un par de semanas, Tio Petros y una servidora, nos encontrábamos en un bar que solemos frecuentar. La taberna pone diariamente a disposición de su clientela un ejemplar de El Diario Vasco y otro de Gara. Decidimos leer las noticias del día en el primero pero estaba ocupado y optamos por echar un vistazo al segundo que siempre es útil cotejar varios puntos de vista con respecto a la misma noticia. A toda página se describía una noticia que no consigo recordar, pero para el caso da igual, no importa tanto el qué sino el cómo y el estudio concluía con una comparativa entre los países de la Unión Europea. Allí estaban Alemania, Bélgica, Portugal, Grecia… y literalmente, el Estado español y el Estado francés. Ante esto, uno puede pensar que al redactor en cuestión, la pluma le chirría y en un ringorrango fortuito, no atinaba con los nombres en cuestión, a saber, España y Francia. Estados, eso sí, tan vecinos que la cooperación policial en materia de terrorismo es todo un éxito. Se me ocurre, también, que en un ataque de ringorrango religioso, el redactor no se haya atrevido a mencionar el nombre de Dios en vano, que nada tiene que ver una pistola en la nuca con que uno vaya a misa y, en una tercera suposición, pudiera haber ocurrido que el redactor, en un ringorrango solidario (ya saben que los vascos lo somos y mucho) con el pueblo musulmán, no hubiera querido herir ciertas sensibilidades cuyo sentido del humor es inexistente porque lo sagrado es lo sagrado y de lo que no te dejan hablar, mejor es callarse, que ya lo decía Wittgenstein antes que el Otegi. Además, cada cual habla y escribe como le place, que para eso existe la libertad de expresión, y que sepan, amigos, que en en Euskadi no se folla, no porque no podamos, sino porque no queremos. ¡Ea! Febrero de 1416. Un cielo gris plomizo cae sobre un paisaje nevado. Al fondo, un pueblo con la torre de una iglesia desafía al crudo invierno. Hacia él se dirige un hombre conduciendo un asno y, a su lado, otra figura masculina corta leña. En primer plano, una casa de labor donde tres personajes se calientan al fuego de una chimenea. Es febrero de 1416 y todo está en calma. Los hermanos Limbourg (Paul, Hermann y Jean) realizaron esta miniatura por encargo del Duque de Berry. Formaba parte de un calendario donde se fijaban diferentes motivos para cada mes del año. La que les presento hoy corresponde al mes de febrero. Y ¿por qué un calendario y no un Libro de Horas?, al fin y al cabo, el tiempo pasa… Un capricho de rico, eso es, pero interesante y contradictorio: las escenas de corte y poder no decían nada del transcurso de los meses, por el contrario, las actividades de los campesinos, sí. Estamos en el siglo XV y la realidad es muy diferente a la que plasman en sus miniaturas los hermanos Limbourg. El frío, la nieve y el hielo son una amenaza. Las heladas destruyen las cosechas y los campesinos tienen hambre y sufren enfermedades y epidemias. Se intercalan inundaciones y sequías, los soldados arrasan a su paso, las escaramuzas son constantes y desde 1337 Francia se encuentra en guerra contra Inglaterra. Los campesinos tienen miedo y en muchas ocasiones deben huir al bosque. Se oye la campana de la iglesia. No llama a oración. Nos está descubriendo, a tiempo, la inminencia de un peligro. Llegan los soldados… Un motivo tradicional del mes de febrero era el hombre cortando leña. Lo que ya no era tan habitual era encontrar una torre cilíndrica como la que les muestro en el detalle de la imagen de hoy: un palomar. Las palomas no se criaban para comer ni para servir de mensajeras. Su valor radicaba en que eran importantes productoras de abono. El estiércol de paloma estaba mejor valorado que el de oveja, cerdo o vaca y se utilizaba para fertilizar los huertos. Los palomares, pues, era considerados como verdaderas fábricas de las que se buscaba un máximo rendimiento. Alrededor de las paredes interiores se abrían unos pequeños huecos que sirvieran de nidos, que comenzaban a cierta altura encima del suelo y terminaban a una cierta distancia de la abertura del techo, ya que a estas aves (a las que les confieso no tener ningún aprecio) no les gusta anidar cerca de puntos demasiado frecuentados. Las palomas prefieren, también, lugares tranquilos donde no azote el aire, de ahí que los palomares no se construyeran en mitad de las fincas sino al abrigo de un bosque tal y como los Limbourg nos lo presentan. Si observan la imagen, verán que unos anillos o frisos recorren el palomar de arriba abajo. No se trata en ningún modo de complemento estético alguno. La razón es muy práctica: imposibilitaban que cualquier animal, ratas, comadrejas o martas, pudieran acceder al interior del mismo. Además de productoras de abono, las palomas se caracterizan por su apetito voraz. Este es el motivo por el que la posesión de un palomar era, casi exclusivamente, derecho exclusivo del señor feudal y un palomar torreado era considerado símbolo del estatus social de su propietario, de hecho, la extensión de una propiedad se calculaba por el tamaño de la torre (parece ser que en cuestiones de “tamaño” siempre impera “lo más grande” ¿no les parece?). Dejando a un lado ya el tema de las palomas, fíjense ahora en los panales colocados sobre el caballete de madera. Otro motivo que nos indica que nos encontramos en el mes de febrero. Durante el otoño, los panales se colocaban al fuego para que las abejas se asfixiaran con el humo, la miel se derritiera y la cera saliera sin dificultad. Cuando llegaba la primavera, los campesinos buscaban en el bosque nuevos ejemplares. Como nos encontramos en mitad de estas dos estaciones, los panales están vacíos y a la espera de nuevas inquilinas. Mientras tanto, vayamos a refugiarnos a la cabaña. Hace un frío de muerte y no quisiera que nadie enfermara. Les espero allí. En otro post. Despidamos la semana con una imagen y dos poemas de Ángel González que espero sean del agrado de todos ustedes y, en especial, de mi estimado Herri Otrow, para resarcirle de los versos de algún poeta mediocre. ESO ERA AMOR (1969) “Le comenté: -Me entusiasman tus ojos. Y ella dijo: -¿Te gustan solos o con rimel? -Grandes, Respondí sin dudar. Y también sin dudar Me los dejó en un plato y se fue a tientas.” CANCIÓN, GLOSA Y CUESTIONES (1983) “Ese lugar que tienes, cielito lindo, entre las piernas, ese lugar tan íntimo y querido, es un lugar común. Por lo citado y por lo concurrido. Al fin, nada me importa: me gusta en cualquier caso. Pero hay algo que intriga. ¿Cómo solar tan diminuto puede ser compartido por una población tan numerosa? ¿Qué estatutos regulan el prodigio?” Pásenme un buen fin de semana. Empléenlo en lo que les produzca mayor placer: una buena mirada al mundo desde un jardín púbico no estaría nada mal. Eso sí, comprueben antes que en el jardín no haya nadie más. El palacio de un señor feudal incluía, además de cuadras y establos, un edificio de cocina con habitaciones para la servidumbre, una capilla y una casa de campo con dos estancias en las que vivía el administrador. La que vemos hoy en la imagen es, pues, la casa del administrador donde sus ocupantes no vivían en la pobreza. Así como los jornaleros hacían sus hogueras en el centro de sus cabañas llenándolo todo de humo, aquí, sin embargo, se pueden apreciar los muros de una chimenea. Además, la gente pobre dormía sobre paja y si miran en el fondo de la estancia, advertimos la presencia de una cama. Otro detalle: los pobres no disponían de más ropa que la puesta, mientras que en casa de nuestro administrador se pueden ver colgadas varias prendas en la pared. En la casa, podemos observar tres figuras sentadas calentándose al fuego de la chimenea. Tienen la ropa levantada hasta dejar ver sus genitales. No vayan a pensar que los hermanos Limbourg exageraban: era costumbre no llevar calzones y tampoco se intimidaban por la mirada de los que pasaban. A nuestros ojos, el sexo no tenía cabida en la Edad Media, época en la que los cuadros eran encargados principalmente por clérigos. Pero esa aversión cristiana al cuerpo y sus placeres nada tenía que ver con la vida cotidiana. ¿Cómo podía ser si no en viviendas de tamaño tan reducido? La intimidad era inconcebible cuando una familia entera tenía que compartir la cama. Incluso, se ignoraban las miradas cuando uno quería satisfacer sus necesidades fisiológicas a pesar de que en los libros cortesanos se recomendaba no evacuar delante de ventanas o escaleras. Sin duda, el límite del pudor humano está marcado, en general, por los miembros de la clase dirigente, que imponen también los usos en cuestiones de llevar o no ropa interior. Así se nos muestra en la miniatura: los dos personajes del fondo no la llevan mientras que la mujer del primer plano, mejor vestida y perteneciente a una clase superior, levanta su vestido sólo un poco. Los hermanos Limbourg reflejaron en su miniatura una pequeña parte del mundo que les rodeaba. Se limitaron al frío y a la nieve de un duro febrero omitiendo las guerras, los soldados y las epidemias. Desde el palacio ducal, pintaban su miniatura con ayuda de cristales de aumento que, permitieran a su señor, ver una minúscula parte del tiempo en que vivía. No crean que nuestra vida cotidiana ha cambiado tanto. Nosotros también nos negamos a contemplar ciertas hechos del mundo que nos rodea. Sin embargo y, muy a pesar nuestro, existen ciertos misterios inexplicables (aunque poco interesantes para un Iker Jiménez) que provocan que aquello que nosotros creíamos y queríamos haber olvidado, continúen latentes provocándonos una desazón casi adolescente. Esto es lo que me ha ocurrido con el norteamericano éste. Ya hacía tiempo que Tio Petros (¡cómo me conoce el bribón!) me advirtió sobre un recorte de prensa en el que se recogían algunas vomitonas del cretino. Pertenecían a su primera novela que se publicaría en febrero (mis excusas por no referirles el título, pero no voy regalando bazofia a mis amigos). Sus perlas “peregrinas” estaban dirigidas a nuestra querida España como díria alguna cantante ya fallecida o al Estado Español como dirían otros que lo que desean es que fallezcan los demás. Ni soy nacionalista ni tengo un sentido del amor patrio exagerado, pero a nadie le gusta que le toquen los cojones y menos un charlatán al que sin duda El Bosco hubiera pintado en forma de huevo con una cuchara de palo metida por el culo. Dejando los referentes estéticos a un lado, les diré que la nueva novela del nuevo millonario transcurre en la España de los noventa y dice de nuestro sistema de sanidad: “La clínica de la Seguridad Social era como un siniestro set montado para una película de terror de Hollywood. El aire olía a orina... Una mujer sangrando... Una pareja joven llorando...Una niña rezando... Becker llegó al final del oscuro vestíbulo. La puerta de su izquierda estaba ligeramente entreabierta y la abrió. Estaba completamente vacío, excepto una anciana marchita, desnuda en un catre, peleándose con su calientacamas”. “Becker moriría. Un pulmón perforado era fatal, quizás no en lugares del mundo más avanzado médicamente pero en España era fatal” Naturalmente, todos saben que durante ese período de tiempo, la población de España quedó diezmada por tamaña insalubridad y que nueve de cada diez españoles morían en su ambulatorio más cercano por los efluvios intestinales de los médicos de guardia. No obstante, si querían denunciar estos hechos, les hubiera resultado fácil porque “Creo que hay que dar por seguro que tenemos los recursos para sobornar a unos cuantos policías españoles” aunque si querían hacerlo desde una cabina telefónica, chungo, chungo: “Becker se metió en la cabina. Antes de que hubiera terminado de marcar el prefijo internacional, le salió una grabación: "Por favor cuelgue e intente su llamada más tarde". Conseguir una conexión internacional desde España era como una ruleta, todo depende del momento y de la suerte” y si además ustedes se encuentran en la Giralda de Sevilla, olvídense: “Las escaleras eran empinadas, aquí habían muerto turistas. Esto no era América, no había señalizaciones de seguridad, ni pasamanos, ni avisos sobre pólizas de seguros. Esto era España. Si uno era lo suficientemente estúpido para caerse, era tu propia culpa, independientemente de quién construyó las escaleras” Qué hijodesumadre, se dirán ustedes, madrenorteamericana matizarán. Pues no se preocupen, porque el imbécil (y que me perdone el hermano de Manolito Gafotas) se ha excusado. Si ustedes se acercan a cualquier librería podrán coger gratuitamente un ejemplar de la presentación de la novela, y escrita nada más y nada menos que por el propio escribidor. No lo pude resistir, y lo hice. Cogí uno y lo doblé en cuatro (como para hacerle sufrir al imbécil). Dice así: “ Para …, mi primera novela, elegí como escenario mi ciudad europea preferida: la adorable Sevilla (con sus pirámides y su río Nailon). Viví en ella un año entero, durante mi época de estudiante en la Universidad de Sevilla, en un piso de la plaza de Cuba (como buen norteamericano no podía ser en otra plaza). Desde allí veía a los remeros del Guadalquivir y me encantaba. Durante aquel año, me enamoré de la ciudad y sobre todo de su gente. De hecho, después he regresado allí en otras cuatro ocasiones, que es más de lo que he vuelto a visitar ninguna otra ciudad de Europa (se podía haber ahorrado la visita). He llevado a mis padres y a mi familia a conocer Sevilla y hasta he aprendido a bailar sevillanas (sí, igualito que Aznar con el catalán). De igual modo que mi ciudad natal en Estados Unidos, Sevilla tiene aspectos maravillosos y otros que no lo son tanto. Como novelista, procuro destacar tanto los elementos negativos como los positivos para dotar de intensidad a la trama… y lo hago con enorme pasión y amor hacia la tierra de España y los españoles (caudillo dixit)”. Dan Brown No lean al cretino éste, no compren sus novelas, que lo que no sabe es que en este país huele a mierda porque todos nos cagamos en su persona. Imbébil, más que imbécil. nota: creo que me he confundido y he colocado una imagen que no se corresponde con el protagonista de este post sino con una obra de David Cerny (gracias Daniel Tercero ). No la retiro por falta de motivación y porque para el caso da igual. Quizás no me haya equivocado. Veamos si esta vez “La parte por el Todo” se les resiste un poco. Espero que las pistas que acompaño les sean de utilidad. Recomiendo que aquel que dé con la solución, en lugar de decir el título de la obra y autor, simplemente insinúe en su comentario la respuesta con una pista sigilosa a fin de que otros lectores dispongan de una oportunidad. 1) Fui inspirado por el Libro X, capítulo V de Las Metamorfosis. 2) Vivo en Madrid. 3) Uno de mis personajes lleva un cinturón cuyo anillo cuelga de la cabeza de un sátiro. 4) Mis figuras son todas masculinas. ¡Suerte! “Mis ideas sobre la pintura se han mantenido tanto más constantes cuanto que siempre he creído que la pintura debe seguir a la vida y señalar a dónde se dirige ésta.” La obra que les presento hoy, un óleo sobre lienzo pintado en el 2000, pertenece a una serie de quince partes. De Eric Fischl, su autor, se ha dicho que observa la clase media norteamericana con los ojos de un mirón. La obra lleva por título The Bed, The Chair, Dancing, Watching (La Cama, La Silla, Bailando, Mirando) y parece sugerirnos una defensa ante tal reproche. En primer término aparece el mirón, el voyeur observando, un hombre sentado en una silla de cóctel blanca con bambú rojo. Del objeto de su deseo sólo podemos apreciar su sombra en la pared del dormitorio: una mujer se contonea con movimientos lascivos, las manos en la cabeza, justo en el mismo punto en el que yo y, usted, amigo espectador, nos encontramos. El hombre nos mira concentrado y resignado y, aquello a donde dirige la mirada, soy yo. Ambos estamos asistiendo al mismo espectáculo, él hacia un punto exterior del lienzo yo, hacia el interior mismo de la habitación. Él tiene ventaja sobre mí, la misma ventaja que ya nos diera a conocer Velázquez en Las Meninas . El mirón me observa hasta tal punto que me siento violenta. Yo, por el contrario, sólo puedo fantasear sobre lo que esquemáticamente se me presenta en el fondo del cuadro. Su mirada es segura y certera, la mía, sin embargo, vaga por la habitación donde una cama, aún sin deshacer, se convierte en el indicio de una acción que viene sugerida por el momento en el que estamos. Fischl juega con nosotros. Su repertorio de objetos plásticos recrea un escenario de expresividad intensa donde ustedes y yo somos los protagonistas. ¿A quién, si no al espectador mismo, observa el mirón? p.d. Les voy a contar lo que me ha sucedido con esta obra: buscando la obra en la web me encuentro con que la imagen aparece invertida (hombre a la izquierda) con respecto a la imagen que aparece en los libros que he consultado (hombre a la derecha). Francamente no sé qué pensar. No obstante y, a pesar de ello, siempre me encuentro en su punto de mira. Desde Bretaña, la Martinica y, por supuesto, Tahití, el universo pictórico de Gauguin se reduce a figuras femeninas. Sin embargo, cuadros de su última etapa en las Marquesas nos muestran un mundo en su mayoría masculino. Jinetes en la playa (1902) fue pintado al final de la vida del artista y bien parece una redención de última hora donde surgen ecos de la iconografía europea: la composición evoca las carreras de caballos de Degas ; la escena se desarrolla en una ribera de Hivaoa donde el color negro de la arena se ha sustituido por un rosa sutilmente modelado a pinceladas regulares de azules y grises como las de Cézanne en su periodo constructivo. Varios jinetes cabalgan hacia el fondo, hacia el horizonte. Dos figuras ataviadas con vivos colores montan sobre caballos grises, como los del friso del Partenón : marchan de perfil y transversalmente y a punto están de desaparecer de nuestra vista. Ninguno de los jinetes repara en estos dos personajes. No pertenecen a este mundo. Son espíritus a caballo que vienen a llevar a los vivos al otro lado. Estamos contemplando una despedida. El jinete situado en primer término se ha detenido, absorto, quizás, en su propia melancolía. Al otro lado, un hombre de blanco dialoga con una mujer que está de pie. Los espíritus encapuchados, los tupapaus han venido con una misión: como heraldos o ángeles de la muerte conducirán las almas más allá del horizonte. Caballeros, diablos y muerte tal y como nos los diera a conocer el viejo Durero . Gauguin se muere “Y el hombre…Pobre…pobre! Vuelve los ojos , como cuando por sobre el hombro nos llama una palmada: vuelve los ojos locos, y todo lo vivido se empoza, como un charco de culpa, en la mirada. Hay golpes en la vida, tan fuertes… Yo no sé!” Se cierra el círculo. La búsqueda ha terminado. El artista vuelve al hombre, a lo masculino, para morir. p.d. He sido una desconsiderada. Los versos pertenecen al poema Los Heraldos Negros de César Vallejo cuya mano, Herri Otrow, jamás la daré por enemiga. Espero, amigos, que los dioses les acompañen en La Parte por el Todo de esta semana. Como siempre, pedirles que sugieran la respuesta, para que otros que lleguen más tarde (y no miro a nadie…) puedan dar con la solución. 1) Todos los aquí presentes son inmortales. 2) Se podría decir que mis amigos son “de lo más leído”, “de lo más pintado” y “de lo más oído”. 3) El socio de honor de esta bitácora se encuentra en la reunión. 4) A mis pies, dos bellas damas. ¿Cómo no amarlas si de mí han nacido? Bien mirado, toda una epopeya. ¡Suerte! Ya que he sido incriminada por la parca naturaleza de los premios que otorgo, decíos, ¡Oh participantes!, que el resultado de la presente olimpiada es el que a continuación detallo: I. PALIMP, padre de las palabras II. RASCHID, el que lanza cabezas de bronce III. VIGI, el que concibe sensatos pensamientos IV. VERE, el de ínclito nombre V. CHARLES DE BATZ, el de magnánimo espíritu VI. HERRI OTROW, el fecundo en ardides A JOSE, el que dispara de lejos y a TIO PETROS, el dador de bienes, mi gratitud por su contribución en la lid. La PARTE de esta edición correspondía a la obra LA APOTEOSÍS DE HOMERO pintada por el ilustre INGRES. Si lo desean pueden presentarse a la reunión . Serán bien recibidos. Un apunte más: el protagonista principal de este lienzo debe su nombre a un suceso peculiar ¿saben de qué les hablo? Cuando tengo un nuevo post en mente, lo primero que hago es acudir a la web para capturar la imagen que me parezca más apropiada en cuanto a dimensiones, colores y nitidez. En este universo al alcance ya de muchos, Dante lo hubiera tenido difícil: las cosas no son siempre como se nos muestran y en cuanto a imágenes se refiere, le hubiera resultado penoso discernir entre el paraíso, el purgatorio y el infierno. Hoy quería hablarles de una obra de Jan van Eyck titulada Retrato de Jan de Leeuw. Como es mi costumbre he acudido a mi particular museo virtual y compruebo atónita que me han robado. Sí, robado. Pero no sólo a mí, sino a todos ustedes también. Me explico. De la obra en cuestión, me interesaba más que el lienzo, el marco. No es que la edad me haga delirar, ni tan siquiera he pasado mala noche, ni tengo enfermo a ninguno de mis vástagos, de ahí que el post de hoy no verse ni de Tita Cervera ni de la real familia. El robo se explica porque las imágenes que se ofrecen de la obra aparecen sin marco y sin él, no tengo post. Solucionado este punto, gracias a una dosis de paciente búsqueda y al photoshop, comienzo con el mismo. El hombre del lienzo, ricamente vestido, nos dirige una mirada penetrante. Acostumbrados como nos tiene van Eyck a los detalles, la descripción de los rasgos faciales del retratado es minuciosa: boca carnosa, cejas bien definidas, el nacimiento del pelo apenas visible bajo el cubrecabezas… La mano izquierda se encuentra en reposo y, la derecha muestra un anillo que alude a la profesión del caballero. Jan de Leeuw era uno de los mejores orfebres de Brujas, un burgués que quiso ser inmortalizado gracias al arte. Hasta aquí el lienzo que, como les decía al comienzo del post, es lo menos interesante de esta obra. Lo que me llama verdaderamente la atención es el marco. No se trata de un marco corriente ya que fue pintado por el propio artista. Fingiendo metal, rodea el marco una inscripción en verso que nos informa, además del nombre del artista y la fecha de ejecución, de la identidad y hasta la fecha de nacimiento del retratado. Curiosamente, valiéndose de un original recurso, el apellido no está escrito sino figurado mediante un pequeño león. La inscripción es perfectamente legible: JAN DE (LEEUW) OP SANT ORSELEN DACH DAT CLAER EERST MET OGHEN SACH 1401 GHECONTERFEIT NU HEEFT MI IAN VAN EYCK WEL BLIICT WANNWEERT BEGA(N) 1436 y de ella podemos deducir el impulso que mueve al artista hacia una perfección del resultado: según la inscripción, la fisonomía del orfebre no ha sido “retratada” sino “gheconterfeit”, imitada, aludiendo a la absoluta fidelidad con que ha sido representado. Siempre más allá, exquisitamente más allá –diría yo-, van Eyck pinta o mejor “graba” de forma ilusoria las palabras alrededor del marco. Las del borde inferior se encuentran al revés por lo que para seguir leyendo uno tiene que coger el cuadro e irle dando la vuelta mientras lee. ¿Comprenden ahora porqué era tan importante mi marco? Porque sin él, el cuadro no está completo al tratarse no sólo de una superficie pintada sino de un objeto tridimensional que además de contemplar podemos tocar. Como las joyas creadas por el mejor orfebre de Brujas. pd. Para mañana les tengo preparado un post de lo más jugoso. En puertas ya de un espléndido fin de semana, les dejo esta imagen tan bella y tan comestible. Se trata de un manjar que conviene degustar en caliente aunque previamente haya que manipularlo para que expulse el líquido casi amargo que contiene en su interior. No es necesario quitarle la piel, eso sería una aberración por nuestra parte, simplemente basta con una buena limpieza debajo del grifo. Para saber si el producto está en condiciones para ser ingerido, basta con comprobar si su piel está tersa y su corpus duro, bien duro. Estas dos características constituyen la base de su éxito gustativo. Sobre el tamaño no hay una opinión unánime. Los hombres dicen que no importa su tamaño, por el contrario, las mujeres las preferimos grandes y cuanto más consistentes mejor, por aquello de que nos dure para otras ocasiones sin perder ninguna de sus propiedades principales. Un consejo más, aunque arriba les comentaba que es preferible su consumo en caliente, les diré que puede ingerirse también en frío aunque naturalmente es menos placentero porque en la boca se producen unos extraños vacíos que obligan a trabajar más la mandíbula y con mayor rapidez. Espero que les haya gustado el producto. Se lo recomiendo encarecidamente. Eso sí, les propongo compartir este plato con otra persona de confianza, de esta manera uno pone la materia prima y el otro cocina. Ya saben, séanme pecadoramente buenos. A penas una luz tenue sobre la pobre habitación de una sirvienta. Todo está desordenado a su alrededor, varias prendas y objetos domésticos cuelgan de una pared de ladrillo o de un tosco taburete y algunos objetos personales constituyen la única decoración de la estancia. Todo está revuelto y huele a humedad. Nosotros decidiremos, pues, espías de lo íntimo, desde nuestra privilegiada perspectiva, qué deseamos contemplar desde el agujero de nuestra cerradura. |