Vailima |
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Se muestran los artículos pertenecientes a Septiembre de 2008.
pincha sobre la imagen para ampliarla Decía Sartre que “hay una especie de desamparo en Venecia, como si todas sus voluptuosidades estuviesen sólo pintadas”. Y quién mejor que el Tintoretto para ejemplificar tal afirmación hasta el punto de que su falta de realidad convertía a Venecia en una ciudad siniestra. No les voy a negar que me une al veneciano cierto respeto que marca distancias: hablo exclusivamente de su vertiente sacra, claro está, de esa tendencia suya a inventar espacios que no me placen pero admiro. Tiene algo, a pesar de que contrariamente me resulta simpático, que me hace compartir sentimientos con el francés y con uno de nuestros españoles más floridos (y entre ellos no incluyo ni a Bisbal ni a Aznar). A Picasso no le gustaba Tintoretto porque compartía con Sartre esa visión sobre el pintor por la que llegaban a calificar su obra de cinematografismo y al personaje como el primer director de cine. El pintor nace en una ciudad tan sumamente turbada que le carcome hasta el punto de no pintar otra cosa. Mucho peor, de no saber pintar otra cosa. Frente al cinemascope veneciano de Robusti cuya existencia transcurre trabajosa y desalmadamente, su antagonista Tiziano tranquiliza a los príncipes expresándoles en sus telas que nada han de temer en éste, el mejor de los mundos posibles: “Obligado a su pincel a plasmar dolores tranquilos, dolores sin dolor, muertos sin muerte; a causa de él (del dolor) la Belleza traiciona a los hombres y se pone del lado de los dioses”. Todo en él es decoración, dice Picasso del Tintoretto. Decoración y cine barato. “Causa efecto porque hay mucha gente (en los cuadros), mucho movimiento y gestos grandielocuentes (…) ¡Pero qué malo es todo, qué vulgar!” Después de que estas palabras chirríen en mi cabeza, parto a buscar consuelo en Alberti que tras escucharme me dice: "Rotos los cielos, rotos. Sombras despedazadas, acechadoras luces, desgarradas. (…) Todo se cae, rueda. Todo se precipita, se violenta, se excita. Y todo queda". ¿Y no será que al mirarlo respiro ese turbarse de Venecia? ¿Y no será que de puro miedo creo que “rotos los cielos, rotos” ha de devorarme mi conciencia? Porque los dioses, amigos, reclaman para sí los dolores tranquilos y dejan que los hombres despachen con los sufridos. La Belleza traicionada y traicionera que bien acomodada se anega en ti, Tintoretto, el de “pincel arrebatado en un carro de fuego”. Y redimida y descansada, Picasso, una pregunta sin importancia: ¿le odias porque le temes, quizás? Y entra Cézanne, su amigo, y mirando al malagueño a los ojos, contesta: “Aquí la esclavitud de Tintoretto. Era el tipo de individuo desgraciado que todo lo quería, pero cuya febril fogosidad consumía sus deseos en cuanto surgían. Mira su cielo… Esos buenos dioses se retuercen y dan vueltas. No tienen un paraíso tranquilo” Para Tio Petros, porque él me ha enseñado de dónde venimos(aunque el detalle de la cerveza no lo menciona ni Gould) Si pudiéramos tener más de algo que ya tenemos ¿qué elegirían? Mientras lo piensan, pasen un buen fin de semana y séanme doblemente felices. La ciudad francesa de Lourdes vuelve a estar en prensa ahora que Ratzinger ha anunciado visitarla en breve. Me es difícil hablar con desapasionamiento de Lourdes. Hace unos años, Tio Petros y una servidora tuvieron la suerte de ser llamados para cantar el réquiem de Mozart en dicha ciudad. Así lo hicimos con nuestro coro, a pedido de la Orden de Caballería del Santo Sepulcro de Jerusalem (1). Además de nuestro querido Requiem, tuvimos la ocasión de cantar a capella una selección de música religiosa del siglo XVI en la que destacaban obras maravillosas de Juan de Anchieta. Mientras nosotros cantábamos, quienes nos pagaban (los caballeros de la orden) escuchaban en silencio total, en -al menos- aparente meditación. Aquella experiencia fue interesante por varios motivos: una no canta el réquiem de Mozart, ni polifonía religiosa del siglo XVI todos los días, y menos ante un público tan extraño. Tio Petros ama la música religiosa como yo, de modo que gozar juntos esta experiencia una vez más (y son ya tantas…) tampoco era cuestión baladí. Pero es que además está la ciudad. La ciudad de Lourdes, única en su género por lo hiperbólica, por lo… me faltan epítetos. Nosotros dos habíamos salido de casa varios días antes para recorrer el Pèrigord en soledad, como nos gusta: castillos, pueblecitos, románico y buena gastronomía. Conocimos lugares de ensueño, como los pueblos de La Roque-Gageac, Beinac y otros inenarrables lugares bañados por el río Dordoña. Pudimos comer y beber hasta quedarnos ahítos de placer, y luego enfilamos hacia el sur, contra los Pirineos para reunirnos en Lourdes con nuestros compañeros de coro. Tras tanta belleza aún impresa en nuestras retinas, Lourdes nos golpeó inmisericorde con su espantosa realidad. En el infierno personal de TioPetros hay una tómbola con un feriante a voz en grito anunciando la última idiotez del momento. En el mío hay una interminable calle con tiendas a derecha e izquierda en las que se venden horrorosas vírgenes blanquiazules. Si el azul fuera más oscuro diríase que son de la Real Sociedad donostiarra. Miles, que se me antojaban millones de fieles (porque supongo que serían fieles), entraban y salían de aquellas tiendas que hacían bellas las tiendas más kitsch de cualquier capital. Tan sólo al final de la calle pudimos descansar un poco la vista en otra tienda más que vendía iconos de apariencia ortodoxa, más oscuritos y con una falsa pátina de vejez que al menos no quemaba los bastoncillos y los conos de mis ojos. Repugnante. Pero aquello no fue sino el comienzo de un festival de los horrores que no cesó hasta que ingresamos en la balísica para hacer lo que habíamos ido a hacer; cantar. Procesiones incesantes, enfermos pidiendo curación, miseria, y sobre todo dolor humano, espantoso dolor humano que se aferra al clavo ardiendo de una curación milagrosa perversamente administrada por miles de beneficiados. Cuando fuimos a la famosa cueva, a mi derecha estaba una chica negra, de muy bellas facciones, en una camilla. La camilla estaba medicalizada y en los bajos de la misma un grupo electrógeno mantenía en funcionamiento aparatos que la mantenían con vida. Su mirada era vidriosa y era evidente que estaba agonizando. Más allá una madre entrada en años empujaba hacia la gruta a su hijo con síndrome de Down. A mí no me repugna el dolor humano. Me impresiona, me deja tocada, me emociona, me hace sufrir; pero no me repugna. Lourdes me repugna. Lourdes es repugnante porque mercadea con el sufrimiento, porque me enseña la peor cara del dolor humano: esa cara que sólo aparece cuando el dolor es demasiado fuerte para sufrirlo sin creer en milagros. Lourdes es irracionalidad animal. Lourdes me repugna porque me hace dudar de mí misma, y me hace pensar que si la vida me aprieta lo suficiente quizás también yo iría reptando miserablemente a suplicar un milagro que por supuesto no se me concedería. (1) A quien le parezca anacrónico en pleno siglo XXI este dato, le aseguro que es cierto. La orden de los Caballeros del Santo Sepulcro de Jerusalem fue fundada en 1098, tras la victoriosa primera cruzada, por Godofredo de Bouillon, duque de la Baja Lorena y Protector del Santo Sepulcro. Al igual que las ordenes militares de Los Templarios, Los Caballeros Hospitalarios o los Teutones, se dedicó a asuntos relacionados con las cruzadas en Tierra santa, pero a diferencia de los templarios continúa hasta la actualidad con actividad ininterrumpida. Actualmente esta orden está activa en la Iglesia Católica, y se dedica principalmente a obras de caridad y por lo visto, patrocinio de conciertos religiosos... Ustedes relájense y aflojen el músculo. Cuanto más relajados, menos dolor y mejor les entrará. UNO DE TRES: PRIMERA ARREMETIDA A PALO SECO En la interesantísima bitácora Días del futuro pasado, mi amigo el Brujo nos contaba la semana pasada la performance de la artista Christina Oiticica. La brasileña nos deleita con un arte en vivo que consiste en subir a una montaña y enterrar el arte. Con dos cojones. Por si no entienden el significado intrínseco de esta performance, y cito al Brujo “el comentario de Vernissage TV (de donde procede el vídeo) no tiene desperdicio: “No se preocupen; no entierra el arte como tal, sino sólo alguna de sus propias obras”. Perfecto, ahora está mucho más claro y además me tranquiliza. Porque claro, ya estamos cansados de que el tío ese, ¿cómo era?, ah sí, el Sísifo subiera con un pedrusco a una montaña, como si eso tuviera algún mérito. Además, que ya era hora de jubilarle y poner en su lugar a una mujer y cuidado de que nadie se queje que tenemos que cubrir la cuota del 50% y nos quedan unos cuantos siglos por delante. Así pues, vuelvo a relajar el músculo para tragarme esto: Y digo yo ¿qué necesidad tiene esta buena mujer de 57 tacos de montar este espectáculo cuando podía quedarse en casa disfrutando de la vida con su adorable marido? ¡Ah! ¿Que es la esposa del escritor Paulo Coelho? DOS DE TRES: SEGUNDA ARREMETIDA PARA QUEDARSE FRÍO El sábado pasado leía en El Diario Vasco que un artista chileno afincado en Dinamarca y de nombre, Marco Evaristti, ha firmado un acuerdo con un reo condenado a muerte en Estados Unidos para que le ceda su cuerpo tras su ejecución y pueda así transformarlo en comida para peces en una exposición donde "reflexionará" sobre la pena capital. Leo esto y me atraganto. Nos estamos pasando de rosca y lo peor es que quienes denunciamos (cada uno como puede) esta nueva estrategia de algunos iluminados que sueñan con el parné, somos unos retrógrados conservadores y no tenemos ni pajolera idea de lo que tuvieron que sufrir el Gauguin y otros más de su cuadrilla. Fíjate en los girasoles oyes, que dirían unos. Ahora aparece el Marco y cree que todos somos sus Amedios porque su idea es que sean los propios asistentes a la muestra los que alimenten a los peces. A estas alturas ignoro dónde meterme tanto arte porque como no puedo digerirlo se me pone una bola que ni palante ni patrás y lo mismo fallezco en el intento estético y va el Petros y comercia con mis restos y me canjea por una caca de artista enlatada o por una manita explicativa de conejo. Si es que no somos nadie, a eso he llegado yo reflexionando también. TRES DE TRES: TERCERA ARREMETIDA PARA ECHARSE A CORRER (si puedes) Leo en el blog de Paul M. que Lisa Carney ha diseñado el no-va-más en zapato náutico. Si tú, bonita de cara, quieres hacer de la moda todo un arte, no tienes más que plantarte en los pies los nuevos modelos de aletas con tacón. Con un poco de suerte te quedas clavada en el fondo de la piscina y te ahogas. Eso sí, mona, mona, mona. Sí, ya sé, no soy justa y critico ante la estrechez de miras que me identifica. Así es mi carácter. Mientras tanto, aprovecho una gestión para darme un garbeo por Zara, lo mismo las encuentro en oferta. Y en rosa chicle. Dignas de la Bauhaus o del Duchamp o de Loos. Si a estas alturas del post, no lo tienen ya en carne viva, que venga dios y lo vea. Yo es que tengo los techos de casa más bien bajitos que si no... Pasen un buen fin de semana y séanme lujuriosamente felices. p.s. Para aquellos lectores con hijos, recuerden que este finde hay doble ración de todo: ¡los niños ya están en el colegio! p.s.2. Acabo de leer el comentario de una tipa a la que le viene grande el acelerador de partículas pero esto le viene como anillo al dedo. Tiempo. Me falta tiempo y hay que mantenerlo. El blog –digo-, esta casa que próximamente cumplirá cinco hermosos años. Además de la vida profesional, una ha de atender la familia, la casa y próximamente, comienzo con una nueva carrera en la UNED gracias al “empujoncito” de Tio Petros que ha conseguido, como siempre, convencerme de que no puedo seguir viviendo, ni respirando, ni siendo ser humano, …, si no me matriculo. Tio petros que sabe dar como nadie, me dice que le permita colaborar en el blog una vez por semana y yo que no sé negarme cuando él me pide algo, le digo que encantada de la vida y que qué jodido eres, siempre sabes cómo hacerme feliz. Por todo lo cual, aquí les dejo con la primera de, espero, sus muchas y hermosas colaboraciones. No se las pierdan. En aquella ocasión -hace unos cuantos años- no nos fue posible: Vailima y yo fuimos al monasterio de San Andrés de Arroyo, en la provincia de Palencia, el día del patrón y se celebraba una misa especial con asistencia del obispo, de modo que no pudimos ver el claustro de este monasterio. Tan sólo pudimos comprobar que las monjas de San Andrés de Arroyo cantan bastante mal. Cuando nos dijeron que el oficio religioso nos impediría ver el claustro, pero que desde un rinconcito podríamos oir cantar a las monjas, le dije a Vailima: "mira por dónde a lo mejor vamos a salir de aquí más contentos que si hubieramos visto el claustro". Como ya sabrán si siguen el blog, hemos cantado largos años en un coro, y el gregoriano nos gusta a rabiar. Gregoriano cantado por mujeres no es gregoriano-gregoriano, pero en fin; uno se agarra a un clavo ardiendo cuando se trata de mantener la esperanza. Vana esperanza en el caso que nos ocupa, pues aquello no elevaba el espíritu para nada; pero esa es otra historia... Este verano volvimos a la carga. Tanto nos gustaron nuestras anteriores incursiones en rincones varios de Palencia, tales como la comarca de la Ojeda, la Tierra de Campos, la ruta de los pantanos, los alrededores de Aguilar de Campoo, el pueblo que huele a galletas, etc.; que teníamos que volver. Y esta vez no había patrón que nos impidiera ver el claustro de San Andrés de Arroyo. Realmente era más una intención de dar por visitado este monasterio que la emoción por descubrir algo insospechado, porque antes de visitar algo Vailima y yo ya nos hemos documentado y sabemos lo que vamos a encontrar. San Andrés es un monasterio cisterciense femenino, fundado en 1188. Como todo monasterio cisterciense, la decoración de los capiteles se limita a lo vegetal y a lo geométrico debido a una de las directrices de San Bernardo de Claraval al respecto para impedir que los monjes y las monjas se distrajeran de una profunda meditación con bestiarios, monstruos y demás iconografía que tanto nos gusta. No obstante, los edificios cistercienses que nos ha legado el pasado son bellísimos en su austeridad. Así pues, esperábamos exactamente lo que encontramos: un bello y tranquilísimo claustro cisterciense con unas columnas esquineras que exhibían una profusa e increíble decoración vegetal. A mí la orfebrería, sea en plata, oro o en piedra me deja bastante frío, de modo que disfruté de lo que más me gustaba (sobre todo la entrada a la sala capitular desde la crujía oriental del claustro), y me preparé para dejar constancia de lo visitado para nuestro futuro recuerdo sacando unas cuantas fotos, como siempre. Ahí empiezan los problemas: a pesar de que la visita es guiada , y cobrada (no recuerdo el precio, pero la entrada no era barata) está rigurosamente prohibido sacar fotos. Está advertido en la taquilla en la que venden las entradas, advertido a la entrada y vuelto a advertir por la monja que nos hace de guía: fotos prohibidas. Dos cosas son necesarias para que uno disfrute haciendo fotos: tener una buena cámara y un buen motivo. Mi cámara es buena, y cualquier motivo románico es para mi suficientemente buen motivo para hacer una foto. Por otra parte, reverencio aquello que voy a fotografiar, de modo que jamás lo dañaría de manera alguna. No se me ocurriría usar el flash ante un fresco, ni molestar en un oficio religioso con el clic de mi cámara, por poner dos ejemplos. Así pues, tengo la íntima convicción de que no hago ningún mal fotografiando templos románicos. Tal es mi convicción que mi naturaleza de por sí tranquila y afable se transforma en estas situaciones, para horror de Vailima, a la cual se le va un color y se le viene otro cuando hago frente a quien me quiere impedir hacer unas fotos en aquellos lugares en los que no encuentro motivo racional para tal prohibición. En esta visita, una chica del grupito de visitantes preguntó tímidamente a la monja-guía si podría hacer alguna foto durante el recorrido de la visita. Ésta, de forma muy clarita contestó que ya le indicaría ella, al final de la visita cuándo podría hacer una o dos. Yo no daba crédito a mis oídos: esperaba una negativa rotunda, pero la monja había dicho que cuando a ella se le pusiera en las narices, ¡la chica podría hacer una o dos fotos! ¿Por qué una o dos? ¿Por qué cuando ella lo dijera y no en otro momento? Esas dos preguntas me corroyeron toda la visita. Saqué las fotos que me vino en gana mientras la pobre muchacha me miraba con gesto reprobatorio, como diciéndome: "Hombre de Dios, ¿no has oído a la monja que podremos sacar las fotos cuando ella lo diga?" Llegado un momento, la monja nos invitó a entrar por una puerta que abandonaba el claustro para no volver a entrar en él. Sin aviso previo, te veías en la puta calle sin haber sacado foto alguna, lo cual era la primigenia intención de la monjil guía. Una vez en la calle, para mi regocijo, la visitante aún con la cámara preparada en la mano me dijo desolada: ¡Jo, no he hecho ninguna foto! ¡No tenia que haber hecho caso a la monja! Las fotos que acompañan a este post son las robadas en esta visita que les he relatado. Estoy muy contento de haberlas sacado, y al placer de fotografiar lo que me gusta se añade ahora el gozo de lo prohibido. Como decía al principio, sabemos lo que nos vamos a encontrar antes de entrar en un monasterio. Jaime Cobreros, especialista en el románico y autor de una magnífica guía “Las rutas del románico”, de editorial Anaya, termina la ficha del monasterio de San Andrés de Arroyo con estas palabras: “La madre abadesa de San Andrés de Arroyo le ha negado sistemáticamente al autor de esta guía la autorización para hacer algunas fotografías en el claustro, algo verdaderamente insólito. ¿Haría lo mismo el buen padre San Bernardo?” Yo no sé lo que haría San Bernardo, pero sé lo que hago y seguiré haciendo yo: ni puto caso. - Te digo que t´estés quieta. - Es que me pesa el instrumento éste y tengo mucho qu´hacer en casa. - No tuerzas tanto la cabeza que se te ve mucha freeeente. - ¡Que mira que se me queman las paaaaaaaapas…! - Que no me cierres los ojos qu´entonces no hacemos ná. - Como vengan los niños del cole con hambre me vas a oir.. - ¡Cansina es ella, madre! Anda, pues, achorrá, amonos. ¿Qu´has dicho q´hay pá comer? NOTA: mi agradecimiento a mi amigo Txema por la información. (pinchad en la imagen para ampliarla) Esta imagen tan poco usual es la portada de la iglesia de Nuestra Señora de la Antigua de Butrera en la provincia de Burgos. Me imagino que ustedes sabrán el significado de la expresión coloquial "hay ropa tendida". Pues considerando estas dos premisas, imagínense lo que quieran que para eso es viernes. Pasen un buen fin de semana y séanme condenademente felices. p.s. Nosotros, por si acaso, no entramos en su interior. “No hay peor ladrón que un mal libro” Proverbio italiano Lo he terminado. Por fin. He pagado con creces el mal inflingido y he recobrado mi añorada libertad literaria. Porque de eso les hablo, amigos. Exactamente el fatídico día del 7 de julio de 2007 cometí el error de comprarme un libro equivocado. Desde el primer momento que estuvo en mi poder comprendí que debía ocultarlo por mi bien. No sé, seguro que Él lo entiende y es comprensivo, como siempre. Durante meses ha permanecido ignoto para cualquier ojo allá donde tuve a bien expulsarlo al olvido pero tarde o temprano las malas acciones salen a la luz como la mala hierba que pugna por crecer en un hueco de mampostería. Él descubrió la farsa, el escondrijo, la mala leche, el averno donde descansaba mi falta y en el averno me he encontrado por sentencia de muerte dictada por aquel a quien amo: lo compraste luego te lo lees. El libro está maldito y les doy el aviso para que lo consideren. Tanto es así que hace unos dos meses volvió a mí en forma de castigo. Día a día, página a página he cumplido mi pena mientras yo misma intentaba esquivar esa voz interior que me decía, lo mismo que en el poema de Claudio Rodríguez, “que tantos años vayan de vacío”. Y no aprendo, que siempre me ha dicho mi madre que como antes por los ojos… Hoy mi vida entera es, toda ella, un acto de voluntad. Esta vez voy a tenerlo presente. Día a día, página a página he conseguido tragarme un infumable, ¡yo! que tropiezo dos veces en la misma piedra y dejo los cigarrillos por este veneno que lleva por título Todo bajo el cielo. Todo bajo el infierno y su autora, Matilde Asensi, sigue viva. Para redimirme, Él me ha regalado un capricho, como en todo acto de amor y sin esperar a que llegue a casa me dice que me va a gustar tanto que acabaré extenuada como si te hubiera chupado la sangre. El Drácula de Stoker, ése de la colección Gótica de Valdemar con quien tanto he querido. Y mientras devoro sus páginas, estas sí, reclino mi cuello y me abandono en Él sobre un almohadón mientras noto algo cálido en la comisura de la boca. ¡Ah, una gota de sangre…! ´empleo inmotivado de vocablos sinónimos´, derivado de Datis, nombre de un sátrapa persa que caía en esta falta. ¿Se imaginan ustedes qué tío plasta, pesado, cansino y rallado que encima va y se muere en Maratón para más inri? Porque no me negarán que a todos nos gustaría que se nos recordara por alguna magnífica acción que nos dignifique de paso. Y claro, ser el Job de la paciencia, pase; pero quedarte ahí para los restos, siendo el cansino de turno pues como que no. Y ¿quién es el padre de vuestro prometido, hija mía? Vuestro futuro consuegro es el sátrapa persa Datis, señor. Jodó, jodó, ¡qué mira que no hay consuegros en el mundo y me ha tenido que tocar el del empleo inmotivado de vocablos sinónimos! Te digo yo que a este hombre se le recuerda en la historia porque lo suyo no es normal. Que como recurso estilístico no digo yo que no, pero que se quede en su casa por navidad, no vayamos a liarla con el abuelo que ése no tiene pelos en la lengua. Que lo que no puede ser, no puede ser y además es imposible. |