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Se muestran los artículos pertenecientes al tema De incógnito. No piensen que se trata de un nuevo juego de La Parte por el Todo. Simplemente, me gustaría que me ayudaran a identificar este edificio tan singular. Si les soy sincera, no sé si existe o ha existido o si alguna vez existió como un mero proyecto o en la imaginación de algún "escritor" de catedrales o se edificó gracias al pincel de algún artista con alma de cantero. En fin, pues eso, que vamos a ver si damos con ella. ¿me ayudan? No se trata de ningún número de habitación de hotel ni tampoco del número de registro de caja de seguridad alguna, sino de “una de las personalidades más atractivas del Cinquecento veneciano dentro del en sí mismo no menos fascinante estamento de las cortigiane oneste, es decir, las cortesanas recatadas y cultas que ejercían su labor en los salones y no en la calle, a medias entre lo económicamente venéreo y lo artísticamente inspirado”(*). Dicen que estas mujeres disfrutaban de tanta fama como las donne di piaceri romanas y que durante todo el siglo XVI, Venecia disponía de un plantel magnífico de estas mujeres del placer que cultivaban el amor junto a la poesía y la música. Tanto es así, que el minucioso Catálogo de las Principales y más Distinguidas Cortesanas de Venecia contabilizaba la importante suma de 11.654 mujeres de la vida y aunque publicado en la clandestinidad pero autorizado por la Serenísima, en él se recogían –en un alarde de marketing sin igual- no sólo los nombres de las princesas da tariffa y el de la alcahueta que gestionaba sus servicios (manager en lenguaje de hoy en día) sino que también se ofrecía el domicilio y “il numero de li dinari che hanno da pagar quelli gentilhuomini, et altri, che desiderano entrar nella sua gratia”. Verónica Franco, que todos conocerán por el retrato que el mismísimo Tintoretto pintara de ella, hacía el número 204 de estas “páginas amarillas del amor”. Mantuvo relaciones con el pintor cuando ella contaba treinta y cuatro años y alguna que otra relación “epistolar” con Montaigne en su viaje de 1580 a Venecia. Quizás el francés quisiera comprobar por sí mismo y a pesar de su escaso interés por la belleza de las mujeres venecianas (según sus propias palabras), qué habría encontrado en ella el rey Enrique III cuando en 1574 y en un viaje a la ciudad de los canales, contrató los servicios de la 204 en lugar de compartir lecho con la número 1 del Catálogo. Pero eso ya lo constatan ustedes todos los viernes en esta casa, amigos míos: el sexo no está reñido ni con la poesía ni con la música y es uno de los mejores remedios para elevar cualquier “espíritu” ¿No creen? (*)Molina Foix, V., Tintoretto y los escritores, Espasa, Barcelona, 2007 El jueves pasado les invitaba a descubrir la identidad de una dama peculiar. Aquellos que no “la” conocieran, seguro pensaron que aunque enigmática, la señora era fea de cojones o, al menos, poco recompensada por la madre naturaleza. Claro está, que si miramos con ojos de estética comparada, resulta un bellezón al lado de alguna señora patria de hermosura picassiana. Como me conocen, sabrán que mis juegos o adivinanzas en este caso, cargados van de trucos o engañuflas y lejos de presentarles a una cromosomática señora XX, quien se escondía bajo un sombrero y entre pieles no era otro que el mismísimo Marcel Duchamp fotografiado por el también mismísimo Man Ray. Con la ayuda de mi photoshopero mayor, estimado Tio Petros, retiramos de la vista firmas y dedicatorias para hacer efectivo el acertijo. He aquí la imagen original: Los comentaristas y acertados participantes dieron pronto en el clavo resolviendo la incógnita y compartiendo, además, la explicación de las pistas con todos nosotros. Desde luego, nunca me defraudan… Contémplenla detenidamente. Una elegante dama cubierta de pieles nos mira con displicencia. - Adivina quién soy –nos dice mientras nos reta con su mirada-. - Atrévete a descubrir mi secreto. Ven conmigo y te enseñaré el camino. Quiere asustarnos. Centrar nuestra atención es lo que persigue. La profundidad de sus ojos y la sensualidad de sus manos no permiten resistencia alguna. Nos aventuramos porque siempre deseamos conocer la identidad del otro. Ella nos guía (así lo ha afirmado) y con el respeto que otorga todo lo desconocido, vamos tras ella. Aunque nos perdamos. - De nombre inglés aunque etimológicamente francés. - Debo permanecer en silencio para que no descubran quién soy. - Me crearon en los locos años veinte. - Soy muy dulce y me apasionan los azucarillos. - Tengo una jaula sin pájaro. - Aunque estornudo, el termómetro mide la temperatura del mármol. - Juego en algún casino del mediterráneo. - No soy actriz pero arriesgo en vanguardias del séptimo arte. - ¿Escribir? Podría decirse que sí. - A los hombres les vuelve locos mi aroma. - De consonantes dobles imposibles. Así soy yo. Este lienzo que todos conocemos de la firma Rembrandt se titula La lección de anatomía del doctor Tulp. Lo que en él se representa es y a la vista está, la disección de un cadáver. Este tipo de espectáculos se realizaba en los llamados “teatros anatómicos”, estrados circulares o semicirculares de madera con filas de bancos o con plataformas ascendentes sin asientos, a modo de gradas. La mesa sobre la que reposaba el cadáver se podía contemplar desde toda la sala. De esta manera, ustedes y yo estamos ahora mismo disfrutando de una disección histórica y, por favor, recuerden que en aquella época estaba terminantemente prohibido reírse y sustraer órgano alguno. |