Vailima |
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Se muestran los artículos pertenecientes al tema Pietro Aretino. Después de muchos días con lluvia, por fin se ha instalado el sol en mi tierra. Calor y humedad, por eso una entra bien siempre. Séanme felices. Seguro que se las apañarán. Este post (sí, el único de toda una larga semana) va a ser breve porque no hay palabras para lo que a continuación les presento. Hace un tiempo escribí, también para un viernes aretino, el post titulado Ic habitat felicitas. 1- Pinchen en este enlace. 2- Contemplen la imagen. 3- Lean el texto. 4- Vayan a los comentarios. 5- Lean el último (el de una tal eva) y, por favor, echen gota, echen gota que no puede ser bueno guardarse eso dentro. Vailima les desea un buen fin de semana. Séanme felices. ¡ay, eva, eva! ¡si al menos la manzana hubiera sido cuadrada! Desde que no fumo, estoy de un sano que ni me reconozco. Camino -a paso ligero- todos los días con mi hermana mientras charlamos animadamente al ritmo de nuestro paso. Luego duchita y como nueva. Por las noches, uno debe pasear -como en la imagen- sobre la piel del otro. Es cuando uno se para a olfatear, casi a husmear como hace el resto de los animales. Y qué quieren que les diga, esta vez no hay duchita sino que uno termina el día acurrucándose en el otro. También como un animalito. Que pasen un buen fin de semana y séanme sana-(que no santa)-mente felices. En esta casa sólo parece jugarse a la oca: de viernes a viernes y tiro porque me toca. Pero apiádense de mí y piensen que estamos a final de curso, que los exámenes de los niños se amontonan, que el trabajo en la oficina se multiplica por arte de magia. Esta servidora está muy revuelta con tanto trajín y acuérdense, tres meses ya sin fumar, que estoy sufriendo un duelo en toda regla. No obstante, intentaré concentrarme en ser feliz y pienso para mis adentros: "si hubiera nacido con un manual de intrucciones..." y acto seguido yo misma me contesto: "...para lo que sirven a veces". Pasen un buen fin de semana y séanme felices. Hace tiempo que no celebramos en esta casa los viernes aretinos. No es cuestión de perder las buenas costumbres ni de dejarnos llevar por el desasosiego. Así que, como consejo y si me lo permiten, hagamos el favor de proteger -cada uno como pueda- aquellos puntos y aquellas zonas que llamamos vulnerables. No vaya a ser que algún desaprensivo juegue con ellos y nos haga perder los colores. Claro, que para pérdida de color el de estos expuestos y gloriosos genitales de un señor que encontramos en Praga junto al castillo. Está doblao... Que pasen un buen fin de semana y séanme felices. Después de que mi cuerpo en persona apareciera dentro del neceser de un guiri en la T4 y el detector del Tio Petros les haya pitado con el tema de la vagancia primaveral de una servidora, aprovecho este nuevo viernes (es lo que tienen los viernes: siempre tardan seis días en llegar) para: - comunicarles que la menda y todos sus hermanos y cónyuges respectivos y SIN HIJOS, se van a pasar un fin de semana familiar a la hermosísima Cantabria. - pedirles disculpas por la desaparición y de paso regalarles esta imagen tan familiar y delicada también; esta imagen aretina con la que me despido hasta la semana que viene. Pasen un buen fin de semana y séanme felices. A rabiar. "El verdadero arte es el que no parece serlo y hay que esforzarse lo más posible en ocultarlo" (Castiglione) Llamamos sprezzatura a la virtud renacentista marcada por "la naturalidad elegante descrita en El Cortesano de Castiglione que obliga a disimular el esfuerzo que cuesta ser un hombre de gusto. (...). Tan grave dignidad nos informa sobre aspectos sutiles, como la manera clásica de sentir el cuerpo y de presentarlo ante los demás" Que pasen un buen fin de semana y séanme felices. Para ello, les recomiendo que apelen a la virtud de la que les hablo hoy. Lubrifiquen su carácter y dejen que la naturalidad y la elegancia les guíen en sus quehaceres. Una servidora hará lo propio. p.s. Hoy, día 4 de abril, mi pequeño Dialga cumple 12 grandes añazos. Desde esta su otra casa, Zorionak. Hoy, viernes aretino, quiero regalarles de forma totalmente desinteresada el temazo del siglo, una canción de amor que hará temblar los cimientos de sus puestos de trabajo, una música que hará que este fin de semana amen más a sus parejas (si eso puede ser posible). No me den las gracias, sólo pasen un buen fin de semana y séanme felices. Conduzcan con prudencia: Respeten la propiedad ajena: Sean naturalmente selectivos a la hora de elegir a su pareja: Y no se busquen problemas de forma gratuita: Consejos de la Dirección General de Vailima. Que pasen un buen fin de semana y séanme felices. Me dirán ustedes que cómo está de complicado el título del post. No sé qué decirles, sólo que resume a la perfección lo que desearía transmitirles. Mejor se lo explico a través de un cuento chino con ilustraciones incluidas: Cierto viernes, estaba un tal Picasso aburrido y sólo en casa. El fin de semana no se le presentaba bien. Sobre la mesa de su estudio, un cuadernillo de notas se le antojaba iluminado por el único rayo de sol que entraba por el gran ventanal. Sólo, digo, cogió el bloc y con la maestría de los grandes genios pintó esta maravilla de instrumento reproductor, de placer; el mecanismo y motor que mueve al mundo y que nos mueve también a nosotros, señoras y señores dignos y decentes. Su maestría con el lápiz es impresionante: y recordó haber visto alguna vez un interesante dibujo oriental anónimo y haber pensado que si pasear fuera eso, cualquiera se hacía unos cuantos kilómetros al día, más que ná (aquí le salió la vena malagueña) para mantener controlada la tensión arterial. Y entre pollas y corazón, le hizo caso a su estómago que rugía y decidió meterse entre pecho y espalda unos rollitos de primavera que había comprado la muchacha de servicio en el supermarché (aquí su vena francesa). Una vez dada debida cuenta del papeo, observa con cariño y vagancia la etiqueta del contenedor de la soja: y exclama en un perfecto francés: ¡coño, que sin gafas no veo ni leches! y entonces el bumerán le golpea en la cabeza cuando lee lo siguiente: Que pasen un buen fin de semana y séanme...séanme felices. nota: mi agradecimiento a Culoman por ese peazo bote de soja con el que se topó hace poco. Cuando te lo pida, erbarme dich. Sé generoso y no te apiades de mí. Aprendamos de la naturaleza y seamos más verdes. Hagamos una buena lectura y practiquemos con el ejemplo. No se olviden de seleccionar bien y recuerden que la función no hace al órgano. Este es mi particular homenaje aretino al señor Darwin, al que tenemos de aniversario esta semana. Pasen un buen fin de semana y séanme forestalmente felices. Tio Petros y una servidora hemos cantado en varias ocasiones este magnífico madrigal. Los dos me ponen la piel de gallina. Que pasen un buen fin de semana y séanme súbitamente felices. ¡Ah! a pesar de todo, pasen un buen fin de semana y séanme yeosamente felices. Detalle número 1: Detalle número 2: Detalle número 3: Como curiosidad les diré que este aguafuerte está basado en un grabado erótico del alemán Aldegrever que el pintor conservaba en su colección privada y que no he podido encontrar en la web. Por el mismo precio, otro chascarrillo: La casa Museo del holandés poseía una copia de nuestro monje y desapareció. Las malas lenguas dicen que los conservadores del museo consideraban la imagen como inmoral. Ya saben, para no echar gota. p.s. regalo con ilusión esta imagen para todos aquellos que aumentaron en dos o tres dioptrías su ceguera al intentar encontrar a los amantes de Rembrandt entre los matorrales Eso sí, pasen un buen fin de semana y séanme lujuriosamente felices. Mi estimado amigo Lumen me ha dejado una curiosidad que quisiera compartir con ustedes. El saber no ocupa lugar, dicen. Pasen un buen fin de semana y séanme lametonamente felices. Una buena pieza musical alimenta nuestro espíritu. Hagamos lo que hagamos. Por eso les dejo esta partitura. Interprétenla a su gusto y no dejen de repetir una y otra vez aquellos compases que lo requieran. Una vez que hayan terminado, ya saben... da capo. Buen fin de semana y séanme felices. Estimados amigos, ya sé que tengo abandonada esta casa desde hace días. El trabajo por el que a uno le pagan a final de mes y, el trabajo de ser madre cuyos hijos viven en época de exámenes (por el cual no recibo ni un duro) no me permiten dedicarle tiempo a este cuaderno. Sin embargo, como bien dice mi amiga Anarkasis, al pobre muchacho picassiano le están chupando hasta el tuétano y es hora de otorgarle un merecido descanso. Gracias a la amabilidad de mi estimado Charles de Batz que me ha proporcionado el documento de cabecera, les dejo hoy viernes con este especial parto o alumbramiento que adorna las calles de Zaragoza. Ya saben, feliz fin de semana y séanme púbicamente felices. Mientras escribo el título del post imagino cómo un anónimo intenta pronunciar la palabra FELICITACIONES mientras tiene la boca llena como la muchacha del cuadro de Picasso. Les propongo un juego de fin de semana: amigos varones que leéis este post, animen a su pareja a repetir el término una y otra vez en similares condiciones que los personajes de la imagen. Estoy segura de que además de didáctico, resulta ser un juego muy excitante. Pasen un buen fin de semana y séanme lujuriosamente FELACES. Como si del día de Año Nuevo se tratara, vamos a intentar llevar a cabo un buen propósito para este fin de semana. Seamos un poco ecológicos y vivamos estos días de descanso en armonía con la naturaleza. Para ello, vamos a ponernos todos con el asunto éste de la repoblación forestal, que como su propio nombre indica, es fornicar debajo un pino (aunque cualquier árbol vale). Chistes aparte, hemos de concienciarnos en lo saludable de la naturaleza y para ello les voy a poner algunos ejemplos. Uno de ellos podría ser la conocida amanita faloides que lleva ese nombre porque te la comes con gusto y luego no te queda el cuerpo pa ná como bien saben ustedes que suele suceder después del acto. Otro ejemplo lo tenemos también en la saludable -por natural- mantis religiosa o denominada también 2 x 1, ya que mientras echa el casquete devora al macho comenzando por la cabeza para que con las convulsiones moribundis le dé más gustirrinín a ella. No veo el rechazo ante esta arthropoda insecta tan simpática mientras no se sea el macho en cuestión, claro. Y asinita, pues más ejemplos que nos ofrece la naturaleza como éste que les dejo en la imagen. Por eso les digo que hay que observarla y cuidarla. A estas alturas todavía tenemos mucho por aprender. Pasen un feliz fin de semana y séanme ecológicamente felices. Fíjense en la imagen. Si lo primero que ustedes han observado no han sido ni el estudio del color, ni la composición, ni el movimiento entonces amigos míos, ustedes sufren el denominado síndrome del viernes salido o, popularmente, el mal "estás más salido que el pico una plancha". Y digo yo, ¿para qué están los viernes entonces? Estoy infectada. El arte es lo que tiene. Pasen un buen fin de semana y séanme lujuriosamente felices. Es curioso, pero juraría que parecen dos zanahorias. Serán los efectos del cansancio. Que ustedes lo pasen bien y séanme felices. p.s. cuando ayer guardaba el borrador del post, Tio Petros se echó a reir. - ¿de qué te ries? -pregunté-. - me río porque no te has estrujado mucho el cerebro para escribir el post. Además, la imagen es horrible. Al menos podías escribir algo más. - si es que no se me ocurre nada y además estoy muy cansada. - pordiosera... dios, ¡qué cuerpo me dejó! Ya, ya sé que el título del post de hoy no suena mucho a viernes aretino. Pero no crean, precisamente le va al pelo. El viernes es esperanza, proyecto de un perfecto fin de semana según el lugar donde clavemos nuestras ganas y lo que puede parecer anodino en un principio, termina resultando todo un éxito. Ver para creer. ¿Observan ustedes, queridos lectores, la cara enfurruñada del rostro de la izquierda? Pues les invito a que se levanten de su asiento y retrocedan unos pasos dejando una distancia prudente entre su persona y el monitor. ¿qué?, ¿bueno, eh? pues ya saben, que un lluvioso fin de semana puede convertirse en todo lo contrario. Ya lo decía Santo Tomás. Dedos. Cuestión de dos. Pasen un buen fin de semana y séanme felices. Les aconsejo que se lo coman todo pero hagan lo propio y no me engorden. Este es mi consejo gastronómico para el fin de semana. Sean felices. Se me ocurren varias genialidades más para hacer de un cuerpo una hermosa escultura. ¿Y a ustedes? Pasen un buen fin de semana y séanme lujuriosamente felices. 1) Delimitar el área de estudio. 2) Especificar condiciones óptimas. 3) Observación. 4) Estudio 5) Conclusiones. Que pasen un feliz fin de semana y séanme naturalmente felices. ...condúzcanse bien, mirando a cada lado y sobre el paso de cebra. No se salgan y céntrense... en ser, este fin de semana, lujuriosamente felices. Para decirte que te quiero, para reirme contigo, para darte placer, para susurrarte al oído, para decirte que siempre, para explorarte, para lo que desees... Para muchas cosas. Que pasen un buen fin de semana y séanme lujuriosamente felices. El siguiente relato erótico ha llegado un tanto rezagado. Su autor, Juan Naide, me lo ha enviado para que pueda ser publicado bajo una condición: que yo hiciera una especie de introducción. Este relato fue publicado en su antiguo blog que tuvo que pasar a mejor vida por un problema en su servidor. Hubo de sacrificarse trabajo y tiempo para que una nueva bitácora viera la luz. En el parto se perdieron muchas cosas, entre ellas las imágenes que ilustraban y acompañaban al relato. Imposibles de recuperar, estas imágenes extraviadas para siempre conforman el preludio mismo del relato. Lo efímero, el placer del instante, lo que jamás volverá a producirse. Que lo disfruten y séanme condenadamente felices. Ocurrió ya hace unos cuantos años. Amigos, hasta aquí hemos llegado. Quiero decir con la 2ª Muestra de Relatos Eróticos de este año. Vailima entonces ha de ponerse las pilas y retomar el blog no sin antes agradecer la participación de todos aquellos que nos han hecho disfrutar con sus relatos a lo largo de estos días. Mil gracias a: DAMABLANCA por su erótica mirada. SALAMANDRA por calentarnos en medio del frío del anochecer. PALIMP por hacernos caer en una de las mejores virtudes para el sexo: la gula. TIO PETROS por hacernos reflexionar sobre el amor a los animales. LADYDARK por alejarnos de la rutina. N. por los encuentros cargados de pasión. ISOLINA BALLESTEROS por escondernos tras la persiana. MARÍA ALEXANDRA por acercarnos a nosotros mismos entre colores. A ustedes, lectores, que me proporcionan el placer de su compañía, invitarles a que no abandonen sus asientos. La Divina Comedia continúa. Mañana será otro día. Para mí escribir un relato de este tipo, bajo mis actuales circunstancias, impone un enorme esfuerzo. La falta de tiempo, gente revoloteando a mi alrededor, la pereza, pero sobre todo lo vivido, lo experimentado tantas veces. Siento como si fuera a relatar cualquier otro aspecto normal mi vida, como por ejemplo que ayer cociné a mi familia un osobucco estofado con vegetales, en una reducción de vino tinto que, modestia a parte, quedó de rechupete, pese a que a los pequeños de la casa no hiciese mayor gracia. Primun vivere, deinde filosofari, reza un antiguo adagio. ¿Y luego qué? Es como pretender explicar al ciego como es el rojo, o al sordo tratar de describirle el intermezzo en la mayor de las seis piezas para piano Op. 118 de Brahms que tanto me conmueve. Y sin embargo es ése precisamente el artificio, transmitir esa dulce o procaz nota, inaudible al oído, a través de otro sentido. Es duro hacerlo, exige gran concentración para abandonarse y dejarse arrastrar a ese abismo de lúbricas imágenes, para entonces poder tender la mano al lector, conducirle a experimentar una vívida ilusión, llevarle allí para que te observe hacer, o que te hagan, pues debes estar en disposición de permitir esa presencia ajena, pero sobre todo conminarle a avanzar a esas oscuras regiones comúnmente reprobables mediante engañosas metáforas que prometen goce y deleite celestiales en un mundo sin consecuencias, y desnudarle, inducirle a desearlo tanto, tanto, como para hacerle cuestionar su asceta existencia. Pero, ¿porque habría yo de hacer esto? Pues, porque ésa es la naturaleza del trasgresor ante su basta soledad, inducir a otros a participar de su mundo de subversiones; así como el estafador te ilustra con lujo de detalles las pingües ganancias de sus tropelías y la garantía de impunidad que le avala, así yo podría describir las inefables sensaciones de aquello que comúnmente hago mientras llevo la máscara del nombre con el que se me conoce en esos círculos que frecuento cuando soy quien realmente soy, ¿o será cuando soy aquello en lo que me he convertido?. Da igual. Al final, se trata de un muy refinado, a la vez que seductor, intento de justificación cuya inatinencia argumentativa salta a la vista. Pues bien, al cabo alguien afirmó que la masturbación es, entre otras cosas que de ella puedan predicarse, fuera de toda valoración, y objetivamente hablando, un acto inminentemente homosexual. ¡Que sí!, ¡Que no! Decían unos y otros. En realidad no lo sé, sin embargo sí que es una referencia táctil muy válida, mas no exhaustiva, a dicha condición sexual - lo que me hizo recordar aquellas chanzas en el cole cuando se le preguntaba alguien si alcanzaba su sexo con la boca, y con horror respondía que no, entonces iba el otro y le preguntaba “¿ya has probado?”. Hoy puedo decirles que si, en soledad, sin que nadie lo supiese, probé y no llego - si esto es así, que la masturbación constituye un acto homosexual, mi primera experiencia en tal sentido la tuve siendo muy joven. No recuerdo con exactitud, pero desde entonces no he dejado de hacerlo. Claro está, ello no me convierte propiamente en homosexual, otros ciertos requisitos aplican, en el sentido que comúnmente se da al término, e incluso desde el punto de vista de la psicología, que al final de cuentas no se sabe bien lo que es pues no existe ciencia de lo particular. En fin, quien no se haya masturbado al despertar de su sexualidad que tire la primera piedra. ¿Pero que sucede entonces con los besos y las caricias? Supongamos que te sentamos en una silla, te atamos y te vendamos los ojos; y acto seguido alguien comienza a propinarte perturbadoras caricias y recorre palmo a palmo cada rincón de tu cuerpo, allí, donde más te gusta, posa sus labios sobre los tuyos lamiéndolos dulcemente para entonces descender lentamente, llegar a tu entrepierna y devorarte hasta hacerte desfallecer. ¿Estarías en capacidad de distinguir el género del perpetrador? ¿Sería Miss Scarlet o Mister Brown – muy bien rasurado, of course - con la lengua en el salón? Difícilmente alguien se sometería a semejante experimento – salvo quienes hacen vida swinger – pues privaría, en los mas de los casos, el temor a ciertas revelaciones incómodas que podrían dejar al descubierto el secreto mejor guardado de todos, el mayor de los misterios: Tú; ante la sacrosanta curia de la opinión pública de tu barrio o localidad. Ciertamente hay heterosexuales, bisexuales y homosexuales. Pero también los habemos quienes somos simplemente lo que nos apetece, aquí y ahora, sin dejarnos caer en las terribles garras del lenguaje, puesto que el Ser, más que un efecto del lenguaje, es esa inmovilidad que con nuestro pensamiento imponemos al mundo. No diré de momento, si se trató de Miss Scarlet o de Mr. Brown durante aquel breve pero intenso ejercicio fenomenológico, eso es lo de menos ahora, lo cierto es que, usando un metáfora de H. Miller, me corrí como una ballena. Autora: María Alexandra Malex Me gusta llegar primero y abrir la ventana y a través de las rendijas de la persiana mirar a oscuras el movimiento de la calle. A esa hora hay mucha gente y fuera la luz es intensa. Dentro todo está igual que cada día. Luego llega él y entra despacio. A partir de ese momento su presencia lo llena todo, me aleja de la ventana y paraliza el pensamiento y la palabra. Los aromas de las tiendas de especias entran en la alcoba, en medio del calor de la tarde. El bullicio de la plaza del mercado ahoga nuestros gemidos, acompaña el desenfrenado movimiento de nuestros cuerpos y cuando exhaustos reposan éstos, ahuyenta el silencio que precede al sueño y nos arrulla suavemente. Y esa sensación es deliciosa porque todo sucede justo afuera de la alcoba. Una puerta endeble y vieja nos separa de la callejuela, transitada todo el día, y una persiana cubre la única ventana, abierta. Sólo al atardecer se filtran tenues hilos de luz bajo los cuales la piel humedecida brilla. Sorprende que los transeúntes del exterior no perciban nuestra entrega, no se sientan atraídos hacia lo que adentro está sucediendo; que no adivinen que detrás del portón avejentado por los años y tras la persiana deslucida por la luz de infinitos atardeceres, ante sus ojos, se está representando cada tarde la misma escena. Ya de noche, la actividad va cesando, las voces suenan lejanas y llega poco a poco el silencio aterrador que precede a nuestra separación. Salimos mudos por la puerta, juntos ahora, pues quién nos puede ya reconocer. El final de la calle es también el final de nuestra unión. Después somos dos extraños en la noche que caminan, viajan en autobuses, se dirigen a sus respectivos destinos, anónimos y ausentes de todo a su alrededor. Los ruidos y olores de la plaza soleada resuenan en mi cabeza todavía durante horas, me obsesionan. A veces vuelvo los domingos sola y me paro al otro lado de la calle, frente al portón, y lo observo absorta desde fuera, y a través de la persiana creo percibir nuestras siluetas o escuchar nuestras voces y sonrío satisfecha de complicidad conmigo misma. Compruebo que nadie se fija en él, que los viandantes pasan por delante sin sospechar, sin asomo de curiosidad y compran en los puestos de al lado, entran en las tiendas interiores, algún niño llora, alguien pone la radio en la casa contigua. Me asombra el carácter de este espacio que hemos elegido para nuestros encuentros, porque al estar situado al nivel de la calle, siempre con la ventana abierta para aliviar el calor, invita a la mirada curiosa y, sin embargo, se mantiene inexplicablemente privado e inexistente, protegiendo cada tarde nuestra clandestinidad. Su silueta apoyada en la jofaina de porcelana se oscurece al caer la tarde, su piel ahora mate se desvanece momentáneamente ante mis ojos, sólo siento su mirada que cuenta cada poro de mi piel. Sus dedos mojan suavemente las hojas de la planta que agradece su caricia diaria. Y después, empapa un trapo de agua tibia y lo pasa por mi cuerpo con cuidado desde el cuello hasta las manos, por el vientre hasta las piernas, las caderas y la espalda, para borrar cada huella de su paso por mí. Siento un cansancio de muerte que me invade y del que no quisiera salir. Y entonces me veo a mí misma en la calle observando esta misma escena por la ventana, como paseante que al azar ha descubierto lo inesperado. Contengo la respiración nerviosa y atisbo sigilosa. En la alcoba tenuemente iluminada por el leve reflejo del sol tras la persiana veo a un hombre desnudo de tez oscura y tersa que se inclina sobre un lecho en el que yace tendido el cuerpo inerte de una mujer. Ella parece muerta pero mira fijamente a la ventana como sabiéndose observada. Su mirada y la mía se funden y huyo de allí sintiéndome intrusa, ajena espectadora de una ficción que no me corresponde. Autora: Isolina Ballesteros (la imagen ha sido escogida por la autora y su manager y hermano, a saber, desequilibros ) A ella no le importaban los típicos tópicos que corrían acerca de este tipo de relaciones. Ella estaba segura, como siempre, de lo que hacía y de lo que decía. Sentía que eran el uno para el otro, y esta impresión era recíproca. Autora: N. (imagen escogida por la autora) Llego cansada, como todos los viernes, a esa casa, que sin ser mía comienza a ser una parte de mi. Este no es diferente de todos los anteriores durante el último año. Hace calor, y, después de horas de viaje, traigo la ropa pegada al cuerpo, un sabor salado en la piel y una sensación de vago descuido. Llamo al timbre sabiendo que esta ahí, que, a pesar de la distancia, siempre que me paro enfrente de esa puerta, él me abrirá. Y con esa puerta se abrirán sus ojos y sus miradas, sus manos y sus caricias, sus labios y sus besos. Nos damos un fugaz beso en los labios, un poco monótono y recuerdo los primeros viernes, aquellos en que apenas traspasaba el umbral de esa puerta nuestras ropas eran un montón de hojas caídas sobre el suelo, alfombrando el camino hacia cualquier parte, a veces hacía ninguna, devorándonos contra esa misma puerta que acaba de cerrarse. Ocurre que, aún sin vernos todos los días, la rutina termina por hacer mella. Me pregunta por el viaje y contesto con palabras parecidas a las de hace un par de semanas, y me dice que tiene que ir a comprar. No presto mucha atención, sólo deseo desnudarme y dejar que el agua borre el cansancio y el calor. “Vale, no te preocupes, acércate tú y mientras me ducho. Luego saldremos a cenar”. Otro beso fugaz mientras recoge las llaves y sale por la puerta. Dejo el equipaje en la habitación, me quito los zapatos con una especie de rabia contenida y pienso que yo si le sigo deseando igual que hace un año. Me desnudo deprisa y dejo la ropa de cualquier manera sobre la cama. Cojo una toalla y recorro, desnuda y descalza, los pasos hasta el baño. Mientras siento una especie de impotencia, me habría gustado abrazarme a él y darle un beso largo antes de que saliera. Me meto en la bañera y abro el grifo del agua, espero un poco a que no este demasiado fría ni demasiado caliente. Cuando tiene la temperatura perfecta dejo que el agua arrastre mi mal humor, no merece la pena perder mis horas con él en pensamientos llenos de enojo o ira. Según desaparecen los malos presagios, me invade un dulce calor, recuerdo otros días bajo esa misma ducha con su piel pegada a la mía. Su boca en mi cuello, sus brazos rodeando mi cuerpo, una de sus manos en mi pecho, pellizcando suavemente mis pezones, la otra sujetando mi cadera contra la suya. Es tan vívido el recuerdo que puedo sentir su erección contra mis nalgas. Le deseo. Le deseo y me gustaría que fueran sus manos y no las mías las que ahora resbalan por mi cuello, las que buscan mis pezones excitados. Sus dedos y no los míos, los que aprietan esos pezones, como pinzas suaves entre el placer y el dolor. Mi mano baja despacio por mi cuerpo mojado, corriendo con los surcos que el agua dibuja por mi estomago, por mi ombligo, por mi vientre. Me acerco al centro de mi deseo, donde se mezclan la humedad ardiente del placer presentido y el agua limpia y cálida. Empiezo a acariciarme, despacio, lentamente, no tengo prisa, mientras mi mente recobra la sensación conocida de su lengua inquieta en mi sexo, buscando, como tan sólo él sabe, arrastrarme en oleadas de placer hacia una playa infinita. Mi cuerpo se arquea y mis dedos tocan con la experiencia del cuerpo propio, más rápido, más intenso. De repente, aunque tengo los ojos cerrados y estoy de espaldas a la puerta entreabierta, una mirada me atraviesa, lo noto, percibo una hoguera detrás de mi. Abro los ojos y me fijo en el espejo que queda a un lado de la pared, entonces le veo, de pie, desnudo, callado, oigo su respiración entrecortada y profunda por el deseo, distingo su mirada llena de pasión, anhelando acercarse a mi, contemplo su cuerpo excitado suplicando por acortar el camino hasta la fuente donde apagar toda su sed. Entonces me llevo un dedo a los labios, shhh, silencio. Y continuo acariciándome, perdida en su mirada, sólo para sus ojos, sujeta por un lazo invisible a su piel, sosteniendo entre los dos el ansia del goce compartido como una brizna de hierba que se mantiene en el aire sin ayuda. Hasta que la playa infinita me recoge y con el último gemido de mi orgasmo, el calor de su cuerpo se amolda a mi espalda, a mis nalgas, a mis piernas, a mi piel, haciéndome saber que ya no necesito imágenes en mi interior, porque la realidad supera con creces a la ficción y este viernes nace en ese preciso instante. Autora: Ladydark Vivo realmente bien. Mis días transcurren plácidamente sin mayores obligaciones mientras comparto mi existencia con Manuel y Lucía. Tengo aventuras ocasionales sin mayor importancia que no son dignas de relatar por lo tópicas y anodinas, pero tampoco pido más a la vida. A veces decido ausentarme de casa durante algunos días y llevar una vida bohemia hasta que me hastío y regreso. Ellos, Lucía y Manuel, lo comprenden y se limitan a celebrar mi vuelta. De modo que, a pesar de ser amante decidido de la vida tranquila, cuando quiero me permito romper la monotonía. Lo puedo hacer, y lo hago con cierta frecuencia. A pesar de ello, las vivencias más imborrables siempre me han ocurrido de puertas para adentro. La última y más importante ha ocurrido recientemente. Manuel llegó hace unos días a casa con una noticia: se marchaba y no volvería en cuatro días por asuntos de trabajo. Un trabajo que le permite mantenernos a Lucía y a mí en gloriosa ociosidad, dicho sea de paso. Estaba contento porque –dijo- era un viaje de negocios importante para su futuro profesional. - No te quedarás sola, mi amor. Son sólo cuatro días, y además estáis los dos - le oí decir a Manuel mientras dirigía su mirada hacia mí. Lucía le sonrió y se besaron apasionadamente. No suelen escatimar muestras de amor en mi presencia, de modo que estoy acostumbrado y lo veo como algo perfectamente normal. A la mañana siguiente, Manuel se marchó después de desayunar. Tras despedirse de ambos, Lucía y yo nos quedábamos solos en casa. Los días siguientes fueron estupendos a pesar de la ausencia de Manuel. Mejor dicho: a pesar de la presencia del vacío que deja Manuel cuando no está. Lucía y yo fuimos de compras varias veces, y por la tarde paseábamos por los jardines en dirección al puerto. Una vez allí, caminamos lentamente bajo la fina lluvia que caía sin parar por aquellos días. Yo me resisto a mojarme sin necesidad, pero a Lucía le encanta. Era otoño, y el agua parecía templada, casi caliente. Su pelo se quedaba chorreando y en ocasiones incluso no podía ver porque el agua se me metía en los ojos. Pero nada importaba, disfrutábamos mucho con nuestra mutua compañía. El primer día, cuando volvimos a casa, ella se fue directa a la ducha. Estaba empapada y necesitaba cambiarse, así que yo que estaba seco, me quedé en el salón esperándola. Salió del baño con un albornoz blanco cuyo cinturón había desaparecido hacía unos días, con el pelo recogido y descalza. Me gusta cómo huele Lucía. -Dentro de tres días volverá Manuel - me dijo. Un buen rato después se apartó de mí y me miró a los ojos como sólo ella sabe hacerlo. Yo sé que a veces Lucía no necesita hablar. En esas ocasiones aprecia (lo sé positivamente) más mi compañía que la del resto de sus amigos, ruidosos amigos que llenan de vez en cuando la casa con conversaciones intrascendentes. Estoy convencido de que tras Manuel yo ocupo su corazón. Lo sé y lo comprendo. Lucía sabe también que Manuel es muy importante para mí. Aquel era uno de tales momentos silenciosos en los que Lucía y yo nos entendíamos perfectamente. Tras ese encuentro, no nos volvimos a dirigir la mirada en el resto del día. Pude comprobar que se había producido un cambio en ella, estaba en lucha consigo misma. Los cuatro días de ausencia de Manuel fueron parecidos, excepto el último. Lucía y yo tuvimos un encuentro salvaje en el salón, sobre la alfombra mientras la lluvia repiqueteaba en los cristales. La monté como nunca hubiera imaginado. Ella, abandonando todo recato, gemía fuera de sí mientras yo bombeaba una y otra vez mi miembro en su interior hasta derramarme y quedar exhausto. Esta vez nos recostamos ambos en la alfombra al terminar. Al igual que en las tres ocasiones anteriores, tampoco me dijo cosa alguna. Al final llegó Manuel. Lucía y yo estábamos en casa, esperándole. Tengo una percepción muy especial de los estados de ánimo de ambos y por eso sabía sin duda alguna que Lucía estaba nerviosa. Las inflexiones de su voz me lo indicaban, y sus manos me lo corroboraban: se notaba que no sabía qué hacer con ellas mientras hablaba. Pero Manuel no se dio cuenta de nada, venía con mil cosas que contar sobre sus negocios, todo había salido muy bien y quería celebrarlo. La mirada de Lucía bailaba entre Manuel y yo mientras hablaba, pero Manuel sólo la miraba a ella. Me pareció que lo más correcto era retirarme y así lo hice. Me fui al jardín y allí me quedé durante las dos horas largas que duró la conversación. Desde allí les oía hablar sin parar. Mejor dicho: Manuel hablaba y Lucía escuchaba las novedades. Cuando empezaba a anochecer, Manuel salió al jardín con una sonrisa, mirándome a los ojos y me dijo como todas las noches que está en casa, en una especie de ritual privado: - ¿Te apetece un paseo? Invariablemente, ladro poderosamente dos veces, mientras me dirijo a la puerta moviendo la cola, entusiasmado con la idea de un paseo nocturno con Manuel. Como todas las noches. Me gusta mucho que Manuel esté en casa con nosotros. Autor: Tio Petros (imagen elegida por el autor) Anticipo el placer antes de verlo, admirando el bulto enhiesto bajo el Autor: Palimp El documento estaba guardado en la carpeta, la carpeta estaba en el fondo del cajón de la cómoda. Lo había encontrado mientras buscaba desesperado los papeles que sin duda había guardado muy bien para que no se perdieran. Demasiado bien, estaba seguro, no los había tirado, los había guardado, pero no recordaba dónde. Volví al documento. Eran páginas amarillentas, tamaño cuartilla (no A5 como en los tiempos modernos) escrito en vertical con tinta color violeta. Empezé a leer, no podía evitarlo, la curiosidad, el impulso de entrar en la vida de otra persona fue superior a cualquier otro pensamiento y leí: Había pasado un día, percibía su presencia por toda la casa, ruidos nuevos, olores diferentes y sobre todo el calor que desprendía. Notaba el rastro de ese calor y no podía sustraerme a él. Incluso esa noche había estado junto a la cama y había notado la respiración pausada del sueño, y el calorcito que salía de su boca. Tenía que ser pronto, no iba a aguantar mucho más. La noche siguiente entré de nuevo en el dormitorio, acababa de bañarse, y estaba caliente. No pude controlarme y me acerqué. Le dije :"Tengo frío". Se asustó, no se esperaba a nadie, menos a una mujer, lo abracé sin decir una palabra. Me dijo que estaba fría, helada, que me iba a dar calor, me acarició. Me iba poniendo más nerviosa, no quería que acabase como la última vez, que fue un desastre, tenia que aguantar como fuera. Seguía hablando, le di un enorme beso, se asustó, pero siguió. Me empezó a tocar despacio por encima del camisón, yo seguía pensando en que iba a volver a pasar, que no lo iba a poder controlar pero me estaba empezando a dar igual. A cada caricia me iba sintiendo mejor, más excitada a cada momento, empecé a tocarle la espalda, al principio se sobresaltó del frío de mis manos, pero en menos de un segundo había vuelto a la tarea. Seguí sin hablar lo dejé seguir, empezó a besarme el cuello, el pecho, y a darme pequeños mordiscos. Iba cada vez más rápido y más abajo.Todavía podía controlarme. Se separó se bajó el pantalón y volvió. Lo noté contra mí, me lo iba a hacer, me iba a dejar hacer. Tocó bajo el camisón, no llevaba nada, se excitó más y empujó, de pie, sin esperar, comenzó a moverse dentro y me pasó otra vez, perdí el control, le besé otra vez, primero en la boca, se movía más rápido, luego en el cuello, seguía moviéndose hasta que me llenó de calor por dentro, en ese momento no pude más y busqué mi propia satisfacción y de la forma más rápida posible, colmillos inferiores buscando la carótida, justo bajo el borde del músculo, sin tonterías de la yugular que sangra con poca presión. Sangre a 38º a chorro sin necesidad de hacer nada más que tragarla. Se cayó, murió casi antes de llegar al suelo. Me quedé ahita, caliente, pero sabía que tendría que volver a pasar. Su sangre por mi existencia." No me lo podía creer, no sabía qué era aquello ni quién lo había escrito, pero parecía demasiado real. Cuando lo estaba pensando tuve la sensación de que había alguien allí. Me di la vuelta. La vi. Me dijo: "Tengo frío". Autor: Salamandra Nota: imagen escogida por el autor. María salió de su cuarto calzándose el zapato, parecía que tenía prisa, una parada en el espejo de la entrada para retocarse esos rizos rebeldes que la gomina no había querido sujetar y un ajuste de su vestido de lycra subiéndose el pecho y colocando las caderas dieron por finalizado su rito antes de abrir la puerta para encontrarse con su deseo. La noche prometía con una luna en cuarto creciente alumbrando la calle donde saltaban los resplandores de las farolas, sus tacones resonaban con ritmo entre las paredes de la calle y las luces de neón se vislumbraban en el horizonte. El movimiento felino de sus caderas habría levantado a los muertos si estos hubieran conservado los ojos y las piernas para seguirla. El balanceo de sus brazos, su altivez en la cara, la mirada penetrante hacia todo el que se le cruzaba obligaba a posar los ojos en ella hasta que la rotación de la cabeza no daba más de si. María sabía que hoy la magia le acompañaba. Entró en el local donde la música tamborileaba en sus oídos, sus pasos le abrieron paso entre la masa de gente convulsionada por el ritmo, pero ella mantenía su mirada fija en la lejanía como si nadie existiera a su alrededor mientras dejaba que el compás tomara el mando de sus músculos. Con movimientos sinuosos, como la serpiente de los fakires, inició un baile consigo misma hipnotizando a todo aquel que se le acercaba, sus manos acariciaban lentamente sus muslos subiendo hasta su abdomen y prometiendo una ruta por las zonas sobresalientes de su anatomía, y unos ojos que no fijaban la vista en sus manos se encontraron con los de ella, parando de repente el mundo Como imanes de polos distintos la separación fue menguando, paso a paso, sorteando obstáculos, sin romper el invisible hilo de la vista hasta que entre ellos no había nada que les estorbase. Girando en un circulo, se estudiaban como guerreros dispuestos a la lucha, la percusión aceleró el ritmo del corazón, y la música marcando la dirección de sus ojos en un arriba y abajo del cuerpo masculino, la obligaba a reducir el espacio que les separaba hasta que respiró el aire que él sacaba de sus pulmones. Su contoneo se hizo uno con él, manteniendo una distancia equidistante entre cada punto de su piel como si una fuerza extraña les atrayera pero a su vez les conservara una zona muerta no conquistada aún. Eran dos dibujando una figura imposible en la pista. Las manos, el pecho, las pelvis estaban a penas tres centímetros de mezclar su sudor, los músculos engañaban, en la flexibilidad del baile, la tensión a la que estaban sometidos. Los ojos recorrían ahora cada detalle de aquel que tenía tan cerca, bajando los párpados en un acto de coquetería refleja, mientras aspiraba el olor de su cuello y las aletas de su nariz se abrían imperceptiblemente recogiendo todas las sensaciones que revoloteaban a su alrededor. El roce de una pierna, la mano acariciando la espalda apenas un instante, un giro inesperado y la mirada invitadora de un "sígueme", cambiaron el escenario de la pista por la habitación de un hotel para continuar el baile. Unas sábanas arrugadas, dispuestas estratégicamente sobre el cuerpo desnudo del hombre y los mechones negros en su cara tapando esos ojos que unas horas antes la habían conducido hasta allí, le dejaban la última imagen que vería antes de cerrar la puerta tras su espalda. Y María se alejó de allí canturreando una melodía que tardaría días en olvidar. autora: Damablanca Estimados amigos, a partir de mañana, daremos debida cuenta de los relatos eróticos que han ido llegando. Para los recién llegados, para los que todavía disfrutan de unos días de vacaciones y para los perezosos, les recuerdo que pueden enviar sus relatos a mi dirección de correo electrónico (vailimaARROBAgmail.com) especificando si desean que su nombre o nick aparezca o no publicados y con la imagen que encabezará el texto presentado a la muestra. En caso contrario, la organización (o sea, una servidora) colgará una imagen a su elección. La muestra no pretende ser un concurso sino un expositor del saber hacer de nuestros lectores en cuanto erotismo se refiere. de Rubén Darío que creyó "que me roería, loca, con los dientes del corazón". Pasen un buen fin de semana o un magnífico puente y séanme todos heroicamente felices. ...en el otro y sin contemplaciones. Hacerse uno y proseguir. Buen fin de semana y séanme condenadamente felices. Es sólo cuestión de tiempo. Que pasen un buen fin de semana y séanme lujuriosamente felices. Ya saben los lectores de este blog que hace ahora casi un año , se inauguró en esta casa la primera muestra de relatos eróticos que lleva el nombre del ilustre poeta que nos visita cada viernes. Para que la inspiración no les pille abandonados en otros quehaceres quisiera recordarles que la segunda edición tendrá lugar a partir del 2 de mayo próximo. Afilen su imaginación y apunten sus pasiones hacia la punta de su teclado para regalarnos momentos felices de ensueño y excitación. Ya saben, pueden enviarme sus relatos a mi dirección de correo electrónico vailima(arroba)gmail.com para que puedan ser publicados en el blog. Si lo consideran oportuno, podrán especificar en el email si desean el anonimato, de lo contrario se editará el nombre del autor. El erotismo tiene los límites del propio erotismo, a saber, los límites que ustedes quieran ofrecer a sus lectores. Existe un premio por cada relato publicado: el placer de enredar entre palabras al placer mismo. Que las pasiones sean con ustedes y nos hagan partícipes de ellas. |