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Se muestran los artículos pertenecientes al tema Pietro Aretino. Hay ocasiones en las que daríamos lo que fuera por dejar de ser nosotros mismos y convertirnos en "otra cosa". Más o menos lo que hace Mortadelo en el papel con tanta gracia. Incluso estaríamos dispuestos a cambiar ese donaire por la eficacia. No se crean, no les hablo de una metamorfosis en un momento delicado: eso iría en contra de ser hombre, ya saben, horror a manos llenas. Yo les hablo de ese momento especial, más animal que humano, en el que a uno le sobran las piernas y le faltan manos que diría uno que yo sé. Mientras tanto, les dejo dos ejemplos de lo expuesto. Que los disfruten mientras pasan un buen fin de semana y son, cómo no, eficazmente felices. Reflexionábamos esta semana unos amigos de un palco y yo, sobre esa cuestión de hacerse viejo. Y llegamos a la conclusión de lo relativo de dicho estado, ya que ellos por logos y una servidora por sustancia chocheamos por naturaleza. Como ejemplo de este fatum, les he dejado esta magnífica expresión natural de nuestro pensamiento filosófico. Pasen un buen fin de semana y si les preguntan, respondan: "aquí, chocheando" Definición de un adolescente: un bucle lingüístico es cuando por ejemplo lo mismo que entra sale pero con la lengua. Pues eso, que polvo al polvo. Pasen un buen fin de semana y utilicen el coche sólo lo imprescindible. ¡Ah! y séanme felices. Mucho. Hay veces que al ser humano le gustaría tener alas. Claro que llegado el fin de semana y en mi caso, preferiría no ser un ángel. Ya saben, por aquella tontería insignificante de que los ángeles no tienen sexo. Mucho mejor un odonato. Ustedes sabrán si una libélula o un caballito del diablo... Que pasen un buen fin de semana y séanme odonatamente felices. Esto ya se parece más a mi tierra. Desde ayer llueve sin cesar de tal forma que se adivina un fin de semana en casita haciendo lo que a uno más le gusta. Si se van a salir, no olviden ponerse el chubasquero. No es conveniente estar desprotegido. Pasen un buen fin de semana y séanme lujuriosamente felices. (pinchad en la imagen para ampliarla) Esta imagen tan poco usual es la portada de la iglesia de Nuestra Señora de la Antigua de Butrera en la provincia de Burgos. Me imagino que ustedes sabrán el significado de la expresión coloquial "hay ropa tendida". Pues considerando estas dos premisas, imagínense lo que quieran que para eso es viernes. Pasen un buen fin de semana y séanme condenademente felices. p.s. Nosotros, por si acaso, no entramos en su interior. Yo es que tengo los techos de casa más bien bajitos que si no... Pasen un buen fin de semana y séanme lujuriosamente felices. p.s. Para aquellos lectores con hijos, recuerden que este finde hay doble ración de todo: ¡los niños ya están en el colegio! p.s.2. Acabo de leer el comentario de una tipa a la que le viene grande el acelerador de partículas pero esto le viene como anillo al dedo. Si pudiéramos tener más de algo que ya tenemos ¿qué elegirían? Mientras lo piensan, pasen un buen fin de semana y séanme doblemente felices. Si es que no aprendemos: punto número 1: lo que la naturaleza y la segunda ley de la termodinámica han dispuesto, que no lo toque el hombre. O sea, que si una tiene las tetas pequeñas o caídas, pues se queda con ellas para siempre. Vamos, que todos somos criaturas de ..., que no todos sois perfectos. punto número 2: si una decide pasarse por alto el punto número 1, lo primero que tiene que hacer es verle el careto al cirujano plástico; lo segundo contar cuántos botones de la camisa tiene desabrochados; lo tercero, observar si alrededor del cuello el tipo en cuestión se ha colocado un adorno tipo cadenón de oro mai broder. Si usted sigue paso a paso estas recomendaciones y encima sólo ve colgado en la pared el diploma del cursillo de tres meses de master en corte de la Academia "Pelillos a la mar", entonces NO SE OPERE. Repito: NO SE OPERE miren lo que le pasó a esa criaturica por no leer el prospecto... Séanme felices. Después de muchos días con lluvia, por fin se ha instalado el sol en mi tierra. Calor y humedad, por eso una entra bien siempre. Séanme felices. Seguro que se las apañarán. Este post (sí, el único de toda una larga semana) va a ser breve porque no hay palabras para lo que a continuación les presento. Hace un tiempo escribí, también para un viernes aretino, el post titulado Ic habitat felicitas. 1- Pinchen en este enlace. 2- Contemplen la imagen. 3- Lean el texto. 4- Vayan a los comentarios. 5- Lean el último (el de una tal eva) y, por favor, echen gota, echen gota que no puede ser bueno guardarse eso dentro. Vailima les desea un buen fin de semana. Séanme felices. ¡ay, eva, eva! ¡si al menos la manzana hubiera sido cuadrada! Desde que no fumo, estoy de un sano que ni me reconozco. Camino -a paso ligero- todos los días con mi hermana mientras charlamos animadamente al ritmo de nuestro paso. Luego duchita y como nueva. Por las noches, uno debe pasear -como en la imagen- sobre la piel del otro. Es cuando uno se para a olfatear, casi a husmear como hace el resto de los animales. Y qué quieren que les diga, esta vez no hay duchita sino que uno termina el día acurrucándose en el otro. También como un animalito. Que pasen un buen fin de semana y séanme sana-(que no santa)-mente felices. En esta casa sólo parece jugarse a la oca: de viernes a viernes y tiro porque me toca. Pero apiádense de mí y piensen que estamos a final de curso, que los exámenes de los niños se amontonan, que el trabajo en la oficina se multiplica por arte de magia. Esta servidora está muy revuelta con tanto trajín y acuérdense, tres meses ya sin fumar, que estoy sufriendo un duelo en toda regla. No obstante, intentaré concentrarme en ser feliz y pienso para mis adentros: "si hubiera nacido con un manual de intrucciones..." y acto seguido yo misma me contesto: "...para lo que sirven a veces". Pasen un buen fin de semana y séanme felices. Hace tiempo que no celebramos en esta casa los viernes aretinos. No es cuestión de perder las buenas costumbres ni de dejarnos llevar por el desasosiego. Así que, como consejo y si me lo permiten, hagamos el favor de proteger -cada uno como pueda- aquellos puntos y aquellas zonas que llamamos vulnerables. No vaya a ser que algún desaprensivo juegue con ellos y nos haga perder los colores. Claro, que para pérdida de color el de estos expuestos y gloriosos genitales de un señor que encontramos en Praga junto al castillo. Está doblao... Que pasen un buen fin de semana y séanme felices. Después de que mi cuerpo en persona apareciera dentro del neceser de un guiri en la T4 y el detector del Tio Petros les haya pitado con el tema de la vagancia primaveral de una servidora, aprovecho este nuevo viernes (es lo que tienen los viernes: siempre tardan seis días en llegar) para: - comunicarles que la menda y todos sus hermanos y cónyuges respectivos y SIN HIJOS, se van a pasar un fin de semana familiar a la hermosísima Cantabria. - pedirles disculpas por la desaparición y de paso regalarles esta imagen tan familiar y delicada también; esta imagen aretina con la que me despido hasta la semana que viene. Pasen un buen fin de semana y séanme felices. A rabiar. "El verdadero arte es el que no parece serlo y hay que esforzarse lo más posible en ocultarlo" (Castiglione) Llamamos sprezzatura a la virtud renacentista marcada por "la naturalidad elegante descrita en El Cortesano de Castiglione que obliga a disimular el esfuerzo que cuesta ser un hombre de gusto. (...). Tan grave dignidad nos informa sobre aspectos sutiles, como la manera clásica de sentir el cuerpo y de presentarlo ante los demás" Que pasen un buen fin de semana y séanme felices. Para ello, les recomiendo que apelen a la virtud de la que les hablo hoy. Lubrifiquen su carácter y dejen que la naturalidad y la elegancia les guíen en sus quehaceres. Una servidora hará lo propio. p.s. Hoy, día 4 de abril, mi pequeño Dialga cumple 12 grandes añazos. Desde esta su otra casa, Zorionak. Hoy, viernes aretino, quiero regalarles de forma totalmente desinteresada el temazo del siglo, una canción de amor que hará temblar los cimientos de sus puestos de trabajo, una música que hará que este fin de semana amen más a sus parejas (si eso puede ser posible). No me den las gracias, sólo pasen un buen fin de semana y séanme felices. Conduzcan con prudencia: Respeten la propiedad ajena: Sean naturalmente selectivos a la hora de elegir a su pareja: Y no se busquen problemas de forma gratuita: Consejos de la Dirección General de Vailima. Que pasen un buen fin de semana y séanme felices. Me dirán ustedes que cómo está de complicado el título del post. No sé qué decirles, sólo que resume a la perfección lo que desearía transmitirles. Mejor se lo explico a través de un cuento chino con ilustraciones incluidas: Cierto viernes, estaba un tal Picasso aburrido y sólo en casa. El fin de semana no se le presentaba bien. Sobre la mesa de su estudio, un cuadernillo de notas se le antojaba iluminado por el único rayo de sol que entraba por el gran ventanal. Sólo, digo, cogió el bloc y con la maestría de los grandes genios pintó esta maravilla de instrumento reproductor, de placer; el mecanismo y motor que mueve al mundo y que nos mueve también a nosotros, señoras y señores dignos y decentes. Su maestría con el lápiz es impresionante: y recordó haber visto alguna vez un interesante dibujo oriental anónimo y haber pensado que si pasear fuera eso, cualquiera se hacía unos cuantos kilómetros al día, más que ná (aquí le salió la vena malagueña) para mantener controlada la tensión arterial. Y entre pollas y corazón, le hizo caso a su estómago que rugía y decidió meterse entre pecho y espalda unos rollitos de primavera que había comprado la muchacha de servicio en el supermarché (aquí su vena francesa). Una vez dada debida cuenta del papeo, observa con cariño y vagancia la etiqueta del contenedor de la soja: y exclama en un perfecto francés: ¡coño, que sin gafas no veo ni leches! y entonces el bumerán le golpea en la cabeza cuando lee lo siguiente: Que pasen un buen fin de semana y séanme...séanme felices. nota: mi agradecimiento a Culoman por ese peazo bote de soja con el que se topó hace poco. Cuando te lo pida, erbarme dich. Sé generoso y no te apiades de mí. Aprendamos de la naturaleza y seamos más verdes. Hagamos una buena lectura y practiquemos con el ejemplo. No se olviden de seleccionar bien y recuerden que la función no hace al órgano. Este es mi particular homenaje aretino al señor Darwin, al que tenemos de aniversario esta semana. Pasen un buen fin de semana y séanme forestalmente felices. Tio Petros y una servidora hemos cantado en varias ocasiones este magnífico madrigal. Los dos me ponen la piel de gallina. Que pasen un buen fin de semana y séanme súbitamente felices. ¡Ah! a pesar de todo, pasen un buen fin de semana y séanme yeosamente felices. Detalle número 1: Detalle número 2: Detalle número 3: Como curiosidad les diré que este aguafuerte está basado en un grabado erótico del alemán Aldegrever que el pintor conservaba en su colección privada y que no he podido encontrar en la web. Por el mismo precio, otro chascarrillo: La casa Museo del holandés poseía una copia de nuestro monje y desapareció. Las malas lenguas dicen que los conservadores del museo consideraban la imagen como inmoral. Ya saben, para no echar gota. p.s. regalo con ilusión esta imagen para todos aquellos que aumentaron en dos o tres dioptrías su ceguera al intentar encontrar a los amantes de Rembrandt entre los matorrales Eso sí, pasen un buen fin de semana y séanme lujuriosamente felices. Mi estimado amigo Lumen me ha dejado una curiosidad que quisiera compartir con ustedes. El saber no ocupa lugar, dicen. Pasen un buen fin de semana y séanme lametonamente felices. Una buena pieza musical alimenta nuestro espíritu. Hagamos lo que hagamos. Por eso les dejo esta partitura. Interprétenla a su gusto y no dejen de repetir una y otra vez aquellos compases que lo requieran. Una vez que hayan terminado, ya saben... da capo. Buen fin de semana y séanme felices. Estimados amigos, ya sé que tengo abandonada esta casa desde hace días. El trabajo por el que a uno le pagan a final de mes y, el trabajo de ser madre cuyos hijos viven en época de exámenes (por el cual no recibo ni un duro) no me permiten dedicarle tiempo a este cuaderno. Sin embargo, como bien dice mi amiga Anarkasis, al pobre muchacho picassiano le están chupando hasta el tuétano y es hora de otorgarle un merecido descanso. Gracias a la amabilidad de mi estimado Charles de Batz que me ha proporcionado el documento de cabecera, les dejo hoy viernes con este especial parto o alumbramiento que adorna las calles de Zaragoza. Ya saben, feliz fin de semana y séanme púbicamente felices. Mientras escribo el título del post imagino cómo un anónimo intenta pronunciar la palabra FELICITACIONES mientras tiene la boca llena como la muchacha del cuadro de Picasso. Les propongo un juego de fin de semana: amigos varones que leéis este post, animen a su pareja a repetir el término una y otra vez en similares condiciones que los personajes de la imagen. Estoy segura de que además de didáctico, resulta ser un juego muy excitante. Pasen un buen fin de semana y séanme lujuriosamente FELACES. Como si del día de Año Nuevo se tratara, vamos a intentar llevar a cabo un buen propósito para este fin de semana. Seamos un poco ecológicos y vivamos estos días de descanso en armonía con la naturaleza. Para ello, vamos a ponernos todos con el asunto éste de la repoblación forestal, que como su propio nombre indica, es fornicar debajo un pino (aunque cualquier árbol vale). Chistes aparte, hemos de concienciarnos en lo saludable de la naturaleza y para ello les voy a poner algunos ejemplos. Uno de ellos podría ser la conocida amanita faloides que lleva ese nombre porque te la comes con gusto y luego no te queda el cuerpo pa ná como bien saben ustedes que suele suceder después del acto. Otro ejemplo lo tenemos también en la saludable -por natural- mantis religiosa o denominada también 2 x 1, ya que mientras echa el casquete devora al macho comenzando por la cabeza para que con las convulsiones moribundis le dé más gustirrinín a ella. No veo el rechazo ante esta arthropoda insecta tan simpática mientras no se sea el macho en cuestión, claro. Y asinita, pues más ejemplos que nos ofrece la naturaleza como éste que les dejo en la imagen. Por eso les digo que hay que observarla y cuidarla. A estas alturas todavía tenemos mucho por aprender. Pasen un feliz fin de semana y séanme ecológicamente felices. Fíjense en la imagen. Si lo primero que ustedes han observado no han sido ni el estudio del color, ni la composición, ni el movimiento entonces amigos míos, ustedes sufren el denominado síndrome del viernes salido o, popularmente, el mal "estás más salido que el pico una plancha". Y digo yo, ¿para qué están los viernes entonces? Estoy infectada. El arte es lo que tiene. Pasen un buen fin de semana y séanme lujuriosamente felices. Es curioso, pero juraría que parecen dos zanahorias. Serán los efectos del cansancio. Que ustedes lo pasen bien y séanme felices. p.s. cuando ayer guardaba el borrador del post, Tio Petros se echó a reir. - ¿de qué te ries? -pregunté-. - me río porque no te has estrujado mucho el cerebro para escribir el post. Además, la imagen es horrible. Al menos podías escribir algo más. - si es que no se me ocurre nada y además estoy muy cansada. - pordiosera... dios, ¡qué cuerpo me dejó! Ya, ya sé que el título del post de hoy no suena mucho a viernes aretino. Pero no crean, precisamente le va al pelo. El viernes es esperanza, proyecto de un perfecto fin de semana según el lugar donde clavemos nuestras ganas y lo que puede parecer anodino en un principio, termina resultando todo un éxito. Ver para creer. ¿Observan ustedes, queridos lectores, la cara enfurruñada del rostro de la izquierda? Pues les invito a que se levanten de su asiento y retrocedan unos pasos dejando una distancia prudente entre su persona y el monitor. ¿qué?, ¿bueno, eh? pues ya saben, que un lluvioso fin de semana puede convertirse en todo lo contrario. Ya lo decía Santo Tomás. Dedos. Cuestión de dos. Pasen un buen fin de semana y séanme felices. Les aconsejo que se lo coman todo pero hagan lo propio y no me engorden. Este es mi consejo gastronómico para el fin de semana. Sean felices. Se me ocurren varias genialidades más para hacer de un cuerpo una hermosa escultura. ¿Y a ustedes? Pasen un buen fin de semana y séanme lujuriosamente felices. 1) Delimitar el área de estudio. 2) Especificar condiciones óptimas. 3) Observación. 4) Estudio 5) Conclusiones. Que pasen un feliz fin de semana y séanme naturalmente felices. ...condúzcanse bien, mirando a cada lado y sobre el paso de cebra. No se salgan y céntrense... en ser, este fin de semana, lujuriosamente felices. Para decirte que te quiero, para reirme contigo, para darte placer, para susurrarte al oído, para decirte que siempre, para explorarte, para lo que desees... Para muchas cosas. Que pasen un buen fin de semana y séanme lujuriosamente felices. El siguiente relato erótico ha llegado un tanto rezagado. Su autor, Juan Naide, me lo ha enviado para que pueda ser publicado bajo una condición: que yo hiciera una especie de introducción. Este relato fue publicado en su antiguo blog que tuvo que pasar a mejor vida por un problema en su servidor. Hubo de sacrificarse trabajo y tiempo para que una nueva bitácora viera la luz. En el parto se perdieron muchas cosas, entre ellas las imágenes que ilustraban y acompañaban al relato. Imposibles de recuperar, estas imágenes extraviadas para siempre conforman el preludio mismo del relato. Lo efímero, el placer del instante, lo que jamás volverá a producirse. Que lo disfruten y séanme condenadamente felices. Ocurrió ya hace unos cuantos años. Amigos, hasta aquí hemos llegado. Quiero decir con la 2ª Muestra de Relatos Eróticos de este año. Vailima entonces ha de ponerse las pilas y retomar el blog no sin antes agradecer la participación de todos aquellos que nos han hecho disfrutar con sus relatos a lo largo de estos días. Mil gracias a: DAMABLANCA por su erótica mirada. SALAMANDRA por calentarnos en medio del frío del anochecer. PALIMP por hacernos caer en una de las mejores virtudes para el sexo: la gula. TIO PETROS por hacernos reflexionar sobre el amor a los animales. LADYDARK por alejarnos de la rutina. N. por los encuentros cargados de pasión. ISOLINA BALLESTEROS por escondernos tras la persiana. MARÍA ALEXANDRA por acercarnos a nosotros mismos entre colores. A ustedes, lectores, que me proporcionan el placer de su compañía, invitarles a que no abandonen sus asientos. La Divina Comedia continúa. Mañana será otro día. Para mí escribir un relato de este tipo, bajo mis actuales circunstancias, impone un enorme esfuerzo. La falta de tiempo, gente revoloteando a mi alrededor, la pereza, pero sobre todo lo vivido, lo experimentado tantas veces. Siento como si fuera a relatar cualquier otro aspecto normal mi vida, como por ejemplo que ayer cociné a mi familia un osobucco estofado con vegetales, en una reducción de vino tinto que, modestia a parte, quedó de rechupete, pese a que a los pequeños de la casa no hiciese mayor gracia. Primun vivere, deinde filosofari, reza un antiguo adagio. ¿Y luego qué? Es como pretender explicar al ciego como es el rojo, o al sordo tratar de describirle el intermezzo en la mayor de las seis piezas para piano Op. 118 de Brahms que tanto me conmueve. Y sin embargo es ése precisamente el artificio, transmitir esa dulce o procaz nota, inaudible al oído, a través de otro sentido. Es duro hacerlo, exige gran concentración para abandonarse y dejarse arrastrar a ese abismo de lúbricas imágenes, para entonces poder tender la mano al lector, conducirle a experimentar una vívida ilusión, llevarle allí para que te observe hacer, o que te hagan, pues debes estar en disposición de permitir esa presencia ajena, pero sobre todo conminarle a avanzar a esas oscuras regiones comúnmente reprobables mediante engañosas metáforas que prometen goce y deleite celestiales en un mundo sin consecuencias, y desnudarle, inducirle a desearlo tanto, tanto, como para hacerle cuestionar su asceta existencia. Pero, ¿porque habría yo de hacer esto? Pues, porque ésa es la naturaleza del trasgresor ante su basta soledad, inducir a otros a participar de su mundo de subversiones; así como el estafador te ilustra con lujo de detalles las pingües ganancias de sus tropelías y la garantía de impunidad que le avala, así yo podría describir las inefables sensaciones de aquello que comúnmente hago mientras llevo la máscara del nombre con el que se me conoce en esos círculos que frecuento cuando soy quien realmente soy, ¿o será cuando soy aquello en lo que me he convertido?. Da igual. Al final, se trata de un muy refinado, a la vez que seductor, intento de justificación cuya inatinencia argumentativa salta a la vista. Pues bien, al cabo alguien afirmó que la masturbación es, entre otras cosas que de ella puedan predicarse, fuera de toda valoración, y objetivamente hablando, un acto inminentemente homosexual. ¡Que sí!, ¡Que no! Decían unos y otros. En realidad no lo sé, sin embargo sí que es una referencia táctil muy válida, mas no exhaustiva, a dicha condición sexual - lo que me hizo recordar aquellas chanzas en el cole cuando se le preguntaba alguien si alcanzaba su sexo con la boca, y con horror respondía que no, entonces iba el otro y le preguntaba “¿ya has probado?”. Hoy puedo decirles que si, en soledad, sin que nadie lo supiese, probé y no llego - si esto es así, que la masturbación constituye un acto homosexual, mi primera experiencia en tal sentido la tuve siendo muy joven. No recuerdo con exactitud, pero desde entonces no he dejado de hacerlo. Claro está, ello no me convierte propiamente en homosexual, otros ciertos requisitos aplican, en el sentido que comúnmente se da al término, e incluso desde el punto de vista de la psicología, que al final de cuentas no se sabe bien lo que es pues no existe ciencia de lo particular. En fin, quien no se haya masturbado al despertar de su sexualidad que tire la primera piedra. ¿Pero que sucede entonces con los besos y las caricias? Supongamos que te sentamos en una silla, te atamos y te vendamos los ojos; y acto seguido alguien comienza a propinarte perturbadoras caricias y recorre palmo a palmo cada rincón de tu cuerpo, allí, donde más te gusta, posa sus labios sobre los tuyos lamiéndolos dulcemente para entonces descender lentamente, llegar a tu entrepierna y devorarte hasta hacerte desfallecer. ¿Estarías en capacidad de distinguir el género del perpetrador? ¿Sería Miss Scarlet o Mister Brown – muy bien rasurado, of course - con la lengua en el salón? Difícilmente alguien se sometería a semejante experimento – salvo quienes hacen vida swinger – pues privaría, en los mas de los casos, el temor a ciertas revelaciones incómodas que podrían dejar al descubierto el secreto mejor guardado de todos, el mayor de los misterios: Tú; ante la sacrosanta curia de la opinión pública de tu barrio o localidad. Ciertamente hay heterosexuales, bisexuales y homosexuales. Pero también los habemos quienes somos simplemente lo que nos apetece, aquí y ahora, sin dejarnos caer en las terribles garras del lenguaje, puesto que el Ser, más que un efecto del lenguaje, es esa inmovilidad que con nuestro pensamiento imponemos al mundo. No diré de momento, si se trató de Miss Scarlet o de Mr. Brown durante aquel breve pero intenso ejercicio fenomenológico, eso es lo de menos ahora, lo cierto es que, usando un metáfora de H. Miller, me corrí como una ballena. Autora: María Alexandra Malex Me gusta llegar primero y abrir la ventana y a través de las rendijas de la persiana mirar a oscuras el movimiento de la calle. A esa hora hay mucha gente y fuera la luz es intensa. Dentro todo está igual que cada día. Luego llega él y entra despacio. A partir de ese momento su presencia lo llena todo, me aleja de la ventana y paraliza el pensamiento y la palabra. Los aromas de las tiendas de especias entran en la alcoba, en medio del calor de la tarde. El bullicio de la plaza del mercado ahoga nuestros gemidos, acompaña el desenfrenado movimiento de nuestros cuerpos y cuando exhaustos reposan éstos, ahuyenta el silencio que precede al sueño y nos arrulla suavemente. Y esa sensación es deliciosa porque todo sucede justo afuera de la alcoba. Una puerta endeble y vieja nos separa de la callejuela, transitada todo el día, y una persiana cubre la única ventana, abierta. Sólo al atardecer se filtran tenues hilos de luz bajo los cuales la piel humedecida brilla. Sorprende que los transeúntes del exterior no perciban nuestra entrega, no se sientan atraídos hacia lo que adentro está sucediendo; que no adivinen que detrás del portón avejentado por los años y tras la persiana deslucida por la luz de infinitos atardeceres, ante sus ojos, se está representando cada tarde la misma escena. Ya de noche, la actividad va cesando, las voces suenan lejanas y llega poco a poco el silencio aterrador que precede a nuestra separación. Salimos mudos por la puerta, juntos ahora, pues quién nos puede ya reconocer. El final de la calle es también el final de nuestra unión. Después somos dos extraños en la noche que caminan, viajan en autobuses, se dirigen a sus respectivos destinos, anónimos y ausentes de todo a su alrededor. Los ruidos y olores de la plaza soleada resuenan en mi cabeza todavía durante horas, me obsesionan. A veces vuelvo los domingos sola y me paro al otro lado de la calle, frente al portón, y lo observo absorta desde fuera, y a través de la persiana creo percibir nuestras siluetas o escuchar nuestras voces y sonrío satisfecha de complicidad conmigo misma. Compruebo que nadie se fija en él, que los viandantes pasan por delante sin sospechar, sin asomo de curiosidad y compran en los puestos de al lado, entran en las tiendas interiores, algún niño llora, alguien pone la radio en la casa contigua. Me asombra el carácter de este espacio que hemos elegido para nuestros encuentros, porque al estar situado al nivel de la calle, siempre con la ventana abierta para aliviar el calor, invita a la mirada curiosa y, sin embargo, se mantiene inexplicablemente privado e inexistente, protegiendo cada tarde nuestra clandestinidad. Su silueta apoyada en la jofaina de porcelana se oscurece al caer la tarde, su piel ahora mate se desvanece momentáneamente ante mis ojos, sólo siento su mirada que cuenta cada poro de mi piel. Sus dedos mojan suavemente las hojas de la planta que agradece su caricia diaria. Y después, empapa un trapo de agua tibia y lo pasa por mi cuerpo con cuidado desde el cuello hasta las manos, por el vientre hasta las piernas, las caderas y la espalda, para borrar cada huella de su paso por mí. Siento un cansancio de muerte que me invade y del que no quisiera salir. Y entonces me veo a mí misma en la calle observando esta misma escena por la ventana, como paseante que al azar ha descubierto lo inesperado. Contengo la respiración nerviosa y atisbo sigilosa. En la alcoba tenuemente iluminada por el leve reflejo del sol tras la persiana veo a un hombre desnudo de tez oscura y tersa que se inclina sobre un lecho en el que yace tendido el cuerpo inerte de una mujer. Ella parece muerta pero mira fijamente a la ventana como sabiéndose observada. Su mirada y la mía se funden y huyo de allí sintiéndome intrusa, ajena espectadora de una ficción que no me corresponde. Autora: Isolina Ballesteros (la imagen ha sido escogida por la autora y su manager y hermano, a saber, desequilibros ) A ella no le importaban los típicos tópicos que corrían acerca de este tipo de relaciones. Ella estaba segura, como siempre, de lo que hacía y de lo que decía. Sentía que eran el uno para el otro, y esta impresión era recíproca. Autora: N. (imagen escogida por la autora) Llego cansada, como todos los viernes, a esa casa, que sin ser mía comienza a ser una parte de mi. Este no es diferente de todos los anteriores durante el último año. Hace calor, y, después de horas de viaje, traigo la ropa pegada al cuerpo, un sabor salado en la piel y una sensación de vago descuido. Llamo al timbre sabiendo que esta ahí, que, a pesar de la distancia, siempre que me paro enfrente de esa puerta, él me abrirá. Y con esa puerta se abrirán sus ojos y sus miradas, sus manos y sus caricias, sus labios y sus besos. Nos damos un fugaz beso en los labios, un poco monótono y recuerdo los primeros viernes, aquellos en que apenas traspasaba el umbral de esa puerta nuestras ropas eran un montón de hojas caídas sobre el suelo, alfombrando el camino hacia cualquier parte, a veces hacía ninguna, devorándonos contra esa misma puerta que acaba de cerrarse. Ocurre que, aún sin vernos todos los días, la rutina termina por hacer mella. Me pregunta por el viaje y contesto con palabras parecidas a las de hace un par de semanas, y me dice que tiene que ir a comprar. No presto mucha atención, sólo deseo desnudarme y dejar que el agua borre el cansancio y el calor. “Vale, no te preocupes, acércate tú y mientras me ducho. Luego saldremos a cenar”. Otro beso fugaz mientras recoge las llaves y sale por la puerta. Dejo el equipaje en la habitación, me quito los zapatos con una especie de rabia contenida y pienso que yo si le sigo deseando igual que hace un año. Me desnudo deprisa y dejo la ropa de cualquier manera sobre la cama. Cojo una toalla y recorro, desnuda y descalza, los pasos hasta el baño. Mientras siento una especie de impotencia, me habría gustado abrazarme a él y darle un beso largo antes de que saliera. Me meto en la bañera y abro el grifo del agua, espero un poco a que no este demasiado fría ni demasiado caliente. Cuando tiene la temperatura perfecta dejo que el agua arrastre mi mal humor, no merece la pena perder mis horas con él en pensamientos llenos de enojo o ira. Según desaparecen los malos presagios, me invade un dulce calor, recuerdo otros días bajo esa misma ducha con su piel pegada a la mía. Su boca en mi cuello, sus brazos rodeando mi cuerpo, una de sus manos en mi pecho, pellizcando suavemente mis pezones, la otra sujetando mi cadera contra la suya. Es tan vívido el recuerdo que puedo sentir su erección contra mis nalgas. Le deseo. Le deseo y me gustaría que fueran sus manos y no las mías las que ahora resbalan por mi cuello, las que buscan mis pezones excitados. Sus dedos y no los míos, los que aprietan esos pezones, como pinzas suaves entre el placer y el dolor. Mi mano baja despacio por mi cuerpo mojado, corriendo con los surcos que el agua dibuja por mi estomago, por mi ombligo, por mi vientre. Me acerco al centro de mi deseo, donde se mezclan la humedad ardiente del placer presentido y el agua limpia y cálida. Empiezo a acariciarme, despacio, lentamente, no tengo prisa, mientras mi mente recobra la sensación conocida de su lengua inquieta en mi sexo, buscando, como tan sólo él sabe, arrastrarme en oleadas de placer hacia una playa infinita. Mi cuerpo se arquea y mis dedos tocan con la experiencia del cuerpo propio, más rápido, más intenso. De repente, aunque tengo los ojos cerrados y estoy de espaldas a la puerta entreabierta, una mirada me atraviesa, lo noto, percibo una hoguera detrás de mi. Abro los ojos y me fijo en el espejo que queda a un lado de la pared, entonces le veo, de pie, desnudo, callado, oigo su respiración entrecortada y profunda por el deseo, distingo su mirada llena de pasión, anhelando acercarse a mi, contemplo su cuerpo excitado suplicando por acortar el camino hasta la fuente donde apagar toda su sed. Entonces me llevo un dedo a los labios, shhh, silencio. Y continuo acariciándome, perdida en su mirada, sólo para sus ojos, sujeta por un lazo invisible a su piel, sosteniendo entre los dos el ansia del goce compartido como una brizna de hierba que se mantiene en el aire sin ayuda. Hasta que la playa infinita me recoge y con el último gemido de mi orgasmo, el calor de su cuerpo se amolda a mi espalda, a mis nalgas, a mis piernas, a mi piel, haciéndome saber que ya no necesito imágenes en mi interior, porque la realidad supera con creces a la ficción y este viernes nace en ese preciso instante. Autora: Ladydark Vivo realmente bien. Mis días transcurren plácidamente sin mayores obligaciones mientras comparto mi existencia con Manuel y Lucía. Tengo aventuras ocasionales sin mayor importancia que no son dignas de relatar por lo tópicas y anodinas, pero tampoco pido más a la vida. A veces decido ausentarme de casa durante algunos días y llevar una vida bohemia hasta que me hastío y regreso. Ellos, Lucía y Manuel, lo comprenden y se limitan a celebrar mi vuelta. De modo que, a pesar de ser amante decidido de la vida tranquila, cuando quiero me permito romper la monotonía. Lo puedo hacer, y lo hago con cierta frecuencia. A pesar de ello, las vivencias más imborrables siempre me han ocurrido de puertas para adentro. La última y más importante ha ocurrido recientemente. Manuel llegó hace unos días a casa con una noticia: se marchaba y no volvería en cuatro días por asuntos de trabajo. Un trabajo que le permite mantenernos a Lucía y a mí en gloriosa ociosidad, dicho sea de paso. Estaba contento porque –dijo- era un viaje de negocios importante para su futuro profesional. - No te quedarás sola, mi amor. Son sólo cuatro días, y además estáis los dos - le oí decir a Manuel mientras dirigía su mirada hacia mí. Lucía le sonrió y se besaron apasionadamente. No suelen escatimar muestras de amor en mi presencia, de modo que estoy acostumbrado y lo veo como algo perfectamente normal. A la mañana siguiente, Manuel se marchó después de desayunar. Tras despedirse de ambos, Lucía y yo nos quedábamos solos en casa. Los días siguientes fueron estupendos a pesar de la ausencia de Manuel. Mejor dicho: a pesar de la presencia del vacío que deja Manuel cuando no está. Lucía y yo fuimos de compras varias veces, y por la tarde paseábamos por los jardines en dirección al puerto. Una vez allí, caminamos lentamente bajo la fina lluvia que caía sin parar por aquellos días. Yo me resisto a mojarme sin necesidad, pero a Lucía le encanta. Era otoño, y el agua parecía templada, casi caliente. Su pelo se quedaba chorreando y en ocasiones incluso no podía ver porque el agua se me metía en los ojos. Pero nada importaba, disfrutábamos mucho con nuestra mutua compañía. El primer día, cuando volvimos a casa, ella se fue directa a la ducha. Estaba empapada y necesitaba cambiarse, así que yo que estaba seco, me quedé en el salón esperándola. Salió del baño con un albornoz blanco cuyo cinturón había desaparecido hacía unos días, con el pelo recogido y descalza. Me gusta cómo huele Lucía. -Dentro de tres días volverá Manuel - me dijo. Un buen rato después se apartó de mí y me miró a los ojos como sólo ella sabe hacerlo. Yo sé que a veces Lucía no necesita hablar. En esas ocasiones aprecia (lo sé positivamente) más mi compañía que la del resto de sus amigos, ruidosos amigos que llenan de vez en cuando la casa con conversaciones intrascendentes. Estoy convencido de que tras Manuel yo ocupo su corazón. Lo sé y lo comprendo. Lucía sabe también que Manuel es muy importante para mí. Aquel era uno de tales momentos silenciosos en los que Lucía y yo nos entendíamos perfectamente. Tras ese encuentro, no nos volvimos a dirigir la mirada en el resto del día. Pude comprobar que se había producido un cambio en ella, estaba en lucha consigo misma. Los cuatro días de ausencia de Manuel fueron parecidos, excepto el último. Lucía y yo tuvimos un encuentro salvaje en el salón, sobre la alfombra mientras la lluvia repiqueteaba en los cristales. La monté como nunca hubiera imaginado. Ella, abandonando todo recato, gemía fuera de sí mientras yo bombeaba una y otra vez mi miembro en su interior hasta derramarme y quedar exhausto. Esta vez nos recostamos ambos en la alfombra al terminar. Al igual que en las tres ocasiones anteriores, tampoco me dijo cosa alguna. Al final llegó Manuel. Lucía y yo estábamos en casa, esperándole. Tengo una percepción muy especial de los estados de ánimo de ambos y por eso sabía sin duda alguna que Lucía estaba nerviosa. Las inflexiones de su voz me lo indicaban, y sus manos me lo corroboraban: se notaba que no sabía qué hacer con ellas mientras hablaba. Pero Manuel no se dio cuenta de nada, venía con mil cosas que contar sobre sus negocios, todo había salido muy bien y quería celebrarlo. La mirada de Lucía bailaba entre Manuel y yo mientras hablaba, pero Manuel sólo la miraba a ella. Me pareció que lo más correcto era retirarme y así lo hice. Me fui al jardín y allí me quedé durante las dos horas largas que duró la conversación. Desde allí les oía hablar sin parar. Mejor dicho: Manuel hablaba y Lucía escuchaba las novedades. Cuando empezaba a anochecer, Manuel salió al jardín con una sonrisa, mirándome a los ojos y me dijo como todas las noches que está en casa, en una especie de ritual privado: - ¿Te apetece un paseo? Invariablemente, ladro poderosamente dos veces, mientras me dirijo a la puerta moviendo la cola, entusiasmado con la idea de un paseo nocturno con Manuel. Como todas las noches. Me gusta mucho que Manuel esté en casa con nosotros. Autor: Tio Petros (imagen elegida por el autor) Anticipo el placer antes de verlo, admirando el bulto enhiesto bajo el Autor: Palimp El documento estaba guardado en la carpeta, la carpeta estaba en el fondo del cajón de la cómoda. Lo había encontrado mientras buscaba desesperado los papeles que sin duda había guardado muy bien para que no se perdieran. Demasiado bien, estaba seguro, no los había tirado, los había guardado, pero no recordaba dónde. Volví al documento. Eran páginas amarillentas, tamaño cuartilla (no A5 como en los tiempos modernos) escrito en vertical con tinta color violeta. Empezé a leer, no podía evitarlo, la curiosidad, el impulso de entrar en la vida de otra persona fue superior a cualquier otro pensamiento y leí: Había pasado un día, percibía su presencia por toda la casa, ruidos nuevos, olores diferentes y sobre todo el calor que desprendía. Notaba el rastro de ese calor y no podía sustraerme a él. Incluso esa noche había estado junto a la cama y había notado la respiración pausada del sueño, y el calorcito que salía de su boca. Tenía que ser pronto, no iba a aguantar mucho más. La noche siguiente entré de nuevo en el dormitorio, acababa de bañarse, y estaba caliente. No pude controlarme y me acerqué. Le dije :"Tengo frío". Se asustó, no se esperaba a nadie, menos a una mujer, lo abracé sin decir una palabra. Me dijo que estaba fría, helada, que me iba a dar calor, me acarició. Me iba poniendo más nerviosa, no quería que acabase como la última vez, que fue un desastre, tenia que aguantar como fuera. Seguía hablando, le di un enorme beso, se asustó, pero siguió. Me empezó a tocar despacio por encima del camisón, yo seguía pensando en que iba a volver a pasar, que no lo iba a poder controlar pero me estaba empezando a dar igual. A cada caricia me iba sintiendo mejor, más excitada a cada momento, empecé a tocarle la espalda, al principio se sobresaltó del frío de mis manos, pero en menos de un segundo había vuelto a la tarea. Seguí sin hablar lo dejé seguir, empezó a besarme el cuello, el pecho, y a darme pequeños mordiscos. Iba cada vez más rápido y más abajo.Todavía podía controlarme. Se separó se bajó el pantalón y volvió. Lo noté contra mí, me lo iba a hacer, me iba a dejar hacer. Tocó bajo el camisón, no llevaba nada, se excitó más y empujó, de pie, sin esperar, comenzó a moverse dentro y me pasó otra vez, perdí el control, le besé otra vez, primero en la boca, se movía más rápido, luego en el cuello, seguía moviéndose hasta que me llenó de calor por dentro, en ese momento no pude más y busqué mi propia satisfacción y de la forma más rápida posible, colmillos inferiores buscando la carótida, justo bajo el borde del músculo, sin tonterías de la yugular que sangra con poca presión. Sangre a 38º a chorro sin necesidad de hacer nada más que tragarla. Se cayó, murió casi antes de llegar al suelo. Me quedé ahita, caliente, pero sabía que tendría que volver a pasar. Su sangre por mi existencia." No me lo podía creer, no sabía qué era aquello ni quién lo había escrito, pero parecía demasiado real. Cuando lo estaba pensando tuve la sensación de que había alguien allí. Me di la vuelta. La vi. Me dijo: "Tengo frío". Autor: Salamandra Nota: imagen escogida por el autor. María salió de su cuarto calzándose el zapato, parecía que tenía prisa, una parada en el espejo de la entrada para retocarse esos rizos rebeldes que la gomina no había querido sujetar y un ajuste de su vestido de lycra subiéndose el pecho y colocando las caderas dieron por finalizado su rito antes de abrir la puerta para encontrarse con su deseo. La noche prometía con una luna en cuarto creciente alumbrando la calle donde saltaban los resplandores de las farolas, sus tacones resonaban con ritmo entre las paredes de la calle y las luces de neón se vislumbraban en el horizonte. El movimiento felino de sus caderas habría levantado a los muertos si estos hubieran conservado los ojos y las piernas para seguirla. El balanceo de sus brazos, su altivez en la cara, la mirada penetrante hacia todo el que se le cruzaba obligaba a posar los ojos en ella hasta que la rotación de la cabeza no daba más de si. María sabía que hoy la magia le acompañaba. Entró en el local donde la música tamborileaba en sus oídos, sus pasos le abrieron paso entre la masa de gente convulsionada por el ritmo, pero ella mantenía su mirada fija en la lejanía como si nadie existiera a su alrededor mientras dejaba que el compás tomara el mando de sus músculos. Con movimientos sinuosos, como la serpiente de los fakires, inició un baile consigo misma hipnotizando a todo aquel que se le acercaba, sus manos acariciaban lentamente sus muslos subiendo hasta su abdomen y prometiendo una ruta por las zonas sobresalientes de su anatomía, y unos ojos que no fijaban la vista en sus manos se encontraron con los de ella, parando de repente el mundo Como imanes de polos distintos la separación fue menguando, paso a paso, sorteando obstáculos, sin romper el invisible hilo de la vista hasta que entre ellos no había nada que les estorbase. Girando en un circulo, se estudiaban como guerreros dispuestos a la lucha, la percusión aceleró el ritmo del corazón, y la música marcando la dirección de sus ojos en un arriba y abajo del cuerpo masculino, la obligaba a reducir el espacio que les separaba hasta que respiró el aire que él sacaba de sus pulmones. Su contoneo se hizo uno con él, manteniendo una distancia equidistante entre cada punto de su piel como si una fuerza extraña les atrayera pero a su vez les conservara una zona muerta no conquistada aún. Eran dos dibujando una figura imposible en la pista. Las manos, el pecho, las pelvis estaban a penas tres centímetros de mezclar su sudor, los músculos engañaban, en la flexibilidad del baile, la tensión a la que estaban sometidos. Los ojos recorrían ahora cada detalle de aquel que tenía tan cerca, bajando los párpados en un acto de coquetería refleja, mientras aspiraba el olor de su cuello y las aletas de su nariz se abrían imperceptiblemente recogiendo todas las sensaciones que revoloteaban a su alrededor. El roce de una pierna, la mano acariciando la espalda apenas un instante, un giro inesperado y la mirada invitadora de un "sígueme", cambiaron el escenario de la pista por la habitación de un hotel para continuar el baile. Unas sábanas arrugadas, dispuestas estratégicamente sobre el cuerpo desnudo del hombre y los mechones negros en su cara tapando esos ojos que unas horas antes la habían conducido hasta allí, le dejaban la última imagen que vería antes de cerrar la puerta tras su espalda. Y María se alejó de allí canturreando una melodía que tardaría días en olvidar. autora: Damablanca Estimados amigos, a partir de mañana, daremos debida cuenta de los relatos eróticos que han ido llegando. Para los recién llegados, para los que todavía disfrutan de unos días de vacaciones y para los perezosos, les recuerdo que pueden enviar sus relatos a mi dirección de correo electrónico (vailimaARROBAgmail.com) especificando si desean que su nombre o nick aparezca o no publicados y con la imagen que encabezará el texto presentado a la muestra. En caso contrario, la organización (o sea, una servidora) colgará una imagen a su elección. La muestra no pretende ser un concurso sino un expositor del saber hacer de nuestros lectores en cuanto erotismo se refiere. de Rubén Darío que creyó "que me roería, loca, con los dientes del corazón". Pasen un buen fin de semana o un magnífico puente y séanme todos heroicamente felices. ...en el otro y sin contemplaciones. Hacerse uno y proseguir. Buen fin de semana y séanme condenadamente felices. Es sólo cuestión de tiempo. Que pasen un buen fin de semana y séanme lujuriosamente felices. Ya saben los lectores de este blog que hace ahora casi un año , se inauguró en esta casa la primera muestra de relatos eróticos que lleva el nombre del ilustre poeta que nos visita cada viernes. Para que la inspiración no les pille abandonados en otros quehaceres quisiera recordarles que la segunda edición tendrá lugar a partir del 2 de mayo próximo. Afilen su imaginación y apunten sus pasiones hacia la punta de su teclado para regalarnos momentos felices de ensueño y excitación. Ya saben, pueden enviarme sus relatos a mi dirección de correo electrónico vailima(arroba)gmail.com para que puedan ser publicados en el blog. Si lo consideran oportuno, podrán especificar en el email si desean el anonimato, de lo contrario se editará el nombre del autor. El erotismo tiene los límites del propio erotismo, a saber, los límites que ustedes quieran ofrecer a sus lectores. Existe un premio por cada relato publicado: el placer de enredar entre palabras al placer mismo. Que las pasiones sean con ustedes y nos hagan partícipes de ellas. Desperezándose al fin entre columnas o piernas deseadas. Se abren para nosotros y sin darnos cuenta, nos engullen como el oleaje de un mar bravío. Huele y sabe a sal y una extraña fuerza nos arrastra hacia él y nos expulsa hacia fuera una y otra vez, hasta que el mar y nosotros somos uno y nos derramamos en su seno protector. Que pasen un buen fin de semana y séanme felices. Hasta donde le lleve. Hasta donde quiera llegar. Los límites los pone usted. Libertad. Pasen un buen fin de semana y séanme felices. ¿Quién no padece y sufre en su ciudad las obras interminables en carreteras, calles, fachadas, alcantarillado y demás? Nos quejamos de nuestros políticos que abren las tripas de nuestros municipios sin importarles que sangremos ríos de mala leche cuando, a las horas punta, nos quedamos bloqueados con nuestro vehículo en un ir quiero y no puedo. Entonces el ciudadano decide recorrer a pie el trayecto infinito que le lleva de su casa al trabajo y descubre que también los políticos tienen corazón y buen gusto. “A su servicio” nos dice el mobiliario urbano. Y en medio me encuentro un chorro de arte, surtidor de sentidos. Eso sí, sin tocarla con los labios que a saber… Pasen un buen fin de semana. El mío va prometiendo desde esta mañana. ¡Ah! y séanme húmedamente felices. Y subir y bajar contigo y en tí. Y me atraviesas, caminante, y me tienes cerca y me dejas atrás. Me traspasas y te quedas, viajero, y descansas a mi lado y tu reposo se hace respiración nerviosa y agitada. Te levantas y subes y bajas conmigo y en mí. Que tengan, amigos, un agotador fin de semana y suban y bajen y ... ..y esto también. Que pasen un delicioso fin de semana a tamaño natural y séanme olímpicamente felices. Recuerden que lo importante no estriba en la potencia misma, sino en la capacidad de cada uno a la hora de controlarla. Ladydark, lo prometido es deuda. No sé qué tiene el firmamento que tanto nos gusta. Y entre luces y sombras sólo un cuerpo se antepone ante nosotros. Y en ese momento se hace uno. Que pasen un buen fin de semana y séanme astronómicamente felices. “En ti se acumularon las guerras y los vuelos. Desde Pablo Neruda les deseo un oceánico fin de semana. A los que atisban naufragios con su catalejo, a los exploradores que descubren nuevas tierras, a todos aquellos que vivan en los pronombres conquistados. A ellos, un ratito para perderse en el otro, para tragárselo todo. Incluso, la lejanía. NOTA: a todos mis amigos de Blogia que por motivos de fuerza mayor tienen clausuradas sus moradas, un abrazo y mucho ánimo. Descubrir y conquistar. Explorar la piel con piel hasta llegar. Pasen un buen fin de semana y séanme lujuriosamente felices. Para los nostálgicos: El Planeta imaginario Para los amantes de la geometría. Les deseo un feliz fin de semana y séanme tangentemente buenos. En cualquier punto y para cualquier distancia. Como la isla que espera recoger todos los naufragios. Que pasen un buen fin de semana y, séanme felices. Como Estacio te llevaré por el aire sobre alas leonadas. Como Zeus te elevaré a los cielos. Como Leocares te esculpiré hasta el borde de lo permitido. Como Shakespeare reiré contigo tal y como gustes. Como Peruzzi te asirás a mí con levedad. Como Correggio te haré más íntimo. Como Tadolini te abrazaré y sentirás lo que yo siento. Como Goethe te comeré a versos. Como Schubert oirás mi aliento. Pero de todos ellos, comienzo como Góngora: por tu dulce boca que a gustar convida. A todos los Ganímedes que deseáis ser raptados, os deseo un buen fin de semana. Eso sí, os sugiero que el rapto comience por la boca. Lo decía Góngora. Esta es la cantidad recomendada por el Instituto de la Salud. Lo mejor, dicen, el producto patrio (con pintitas) pero les sugiero que se coman el que tengan más a mano y más les plazca. Séanme felices y buen fin de semana a todos. El título del post da más de sí. Vailima se presenta al concurso 20Blogs del diario 20minutos.es . Si tienes un blog inscrito y te parece bien, pues le das al botoncito ad hoc que aparece en la sección de enlaces y votas esta página. Vamos, pero sin compromiso... Desde La Divina Comedia, Vailima les desea lo mejor. Como hoy es viernes (y ya saben los que me conocen que los viernes estoy melancólica), les deseo unas felices fiestas aretinas. Para los ingenuos les recordaré que “el sexo es una trampa de la naturaleza para no extinguirse”. Para los sabios, haré mías las palabras de la entrañable Mae West: “El sexo es como el bridge: si no tienes una buena pareja, más te vale tener una buena mano” Que la fortuna les acompañe, hoy es día de soñar: Con una buena pareja. Con una buena mano. Todo es cuestión de lotería, ya ven. Sírvanse ustedes mismos en bandeja de plata. Se lo merecen. Un abrazo a todos y séanme lujuriosamente felices. Sin duda alguna habrá quienes no encuentren mejor forma de pasar un buen fin de semana más que con este cuadrúpedo tan peculiar. No son fáciles de capturar y pueden escaparse a la primera de cambio. Si usted posee un ejemplar como el de la imagen, consérvelo. Ni se imagina las posibilidades... Pasen un buen fin de semana y séanme felices. ¿Quién no quiere ser besado por un ángel? Pasen un buen fin de semana y séanme felices. En horizontal queriendo, como los ángeles. Para las amantes del arte. Para las que lo ven todo en colores. Para las anarcas. Para las decadentes. Para las escaladoras. Para las románticas. Para las funámbulas. Para las que no lo tienen. Para las mironas. Para las que no lo han tenido nunca. Para las manos de las maniáticas. Para las princesas. Para todas ellas. Para ellos cuando ellas la contemplen. Para elles porque también existen. Para todos vosotros os deseo un monumental fin de semana. Que no decaiga… la felicidad, digo. Actualización de última hora: Tras una semana un tanto "bestial", y a sugerencia de Juan Cosaco, les planteo la siguiente pregunta: ¿a usted qué animal le gustaría ser? ... y más allá sólo hay dragones. El vocablo griego Oikema significa edificio, vivienda. Siempre me ha atraído la arquitectura y desde hace años soy una admiradora incondicional de Adolf Loos y la Viena de fin de siglo y ya conocen ustedes mi pasión por el románico. La historia de esta disciplina no admite, por lo general, ningún tipo de frivolidad como sabiamente apunta un amigo mío (J.G.A.) por lo que al contrario de lo que pueda ocurrir con la pintura o la escultura, el público se siente alejado de ella tanto como podría sucederle a una persona que no ha escuchado nunca ópera y su primer contacto con ella surge a través de Wagner. Sin embargo, existieron arquitectos capaces de romper con su tiempo tanto como artistas plásticos que ya conocemos. Si no a la hora de construir sus edificios, sí al tiempo de concebirlos. Uno de estos ejemplos lo encontramos en la Francia del siglo XVIII y su nombre fue Claude-Nicolas Ledoux. La imagen de cabecera corresponde a uno de sus edificios concebidos pero no alumbrados (como otras tantas obras suyas) y el carácter neutro de su declinación como forma griega nada tiene de neutro para nosotros, incluso, espectadores del siglo XXI. Oikema sería un edificio singular concebido como “maison de plaisir”, como un lugar de iniciación de una nueva sexualidad donde residiera la libertad y donde la falsa moral quedara excluida del recinto al toparse de cruces con sus arcos ciegos. Si a primera vista ustedes se preguntan en dónde radica la originalidad del recinto, permítanme que les conteste mostrándoles lo que sin duda por sí solo aliviará sus dudas: Esta es la planta de la oikema que quería traerles hoy. Una planta sexual tan vegetal como las afueras del París del siglo XVIII y tan dura como la piedra en la que iba a ser construida. El proyecto no deja de ser pintoresco y romántico. Toda una metáfora poéticamente explícita para un proyecto que no pudo ver la luz. Vamos, un gatillazo arquitectónico con todas sus letras. Eso sí, con el glamour de un francés visionario al que admiraré de ahora en adelante. “Amaba yo aquella mano porque nada tenía de voluntariosa y sí mucho de pájaro y hoja seca” Traslado a este viernes la cita de Cortázar para reivindicar uno de los sentidos más sentidos: el tacto. Y hago mías las palabras de este pintor de sueños de seres improbables y os digo, amigos, que yo también la amo por sus requiebros y sus respuestas impulsivas buscando siempre, buscando. “Mi interés se tornó bien pronto analítico. Cansado de maravillarme, quise saber; he ahí el invariable y funesto fin de toda aventura” Que su interés no torne en fin de aventuras y la sed por el conocimiento no ahogue el deseo. Que vuelva la mano una y otra vez mojada por lluvias o ardiendo por el sol, pero nunca marchita. Séanme felices, como pájaros, como hojas secas… no perdamos ahora la capacidad de maravillarnos. Está en nuestra mano. “En el lecho, el tronco desnudo, sin pudor, en el más completo abandono, muestra el secreto esplendor y la belleza fatal que la naturaleza le donó” Baudelaire ¿Y tú te atreves a afirmar que la Naturaleza no tiene imaginación? Hasta el ángel más terrible sería incapaz de no sucumbir a sus encantos hechizado, como sólo los ángeles pueden, de color y de olor y de formas. Ven a mí, que hoy es viernes y te recibo con el ímpetu ya húmedo de las gotas de rocío por este amanecer que se nos cae encima, con el ímpetu que toda la Naturaleza pone a nuestra disposición. Sin ética. Como en las tormentas. Pasen un buen fin de semana y séanme lujuriosamente felices. “Un roce al paso, Luis Cernuda Ya es viernes y el deseo nos llama. Disfruten del fin de semana, amigos, en el desorden de un nombre o en el del mismo cielo. De pronto arranca la memoria y rescatamos canciones para seducir a las sirenas. Inmóviles nos escuchan desde su húmedo pedestal, yoando como sólo ellas saben. En silencio y con la cabeza gacha. Sumisas esperan en la costa de cada viernes nuestras canciones. Melodías de juglares con la semana a cuestas. Arribamos a puerto y entre marinas pisadas me pierdo en los muelles de tus brazos. Ya no canto. Te hago mío. Pasen un buen fin de semana y séanme condenadamente felices. “Pobre cisne que agotas tu vigor y tu fuego Extracto del poema Como el cisne de Leda de José Álvarez No sé si gustaría a nuestro estimado Aretino la imagen y los versos que traigo hoy. Lo más probable es que no cuando en las imágenes que se encierran en sus versos soplan vientos de sexualidad rotunda, casi pornográfica. Sin embargo, hoy viernes quiero jugar con la sensualidad de lo explícito, con la igualmente rotunda afirmación del deseo. Cisnes y Ledas que leéis esto, pasad un buen fin de semana transformando ataduras en cabos sueltos, tanto, que os permitan volar allá donde queráis ir. Eso sí, séanme buenos. En todo. nota: como regalo para el fin de semana, aquí les dejo con Vide cor meum , cuya representación contemplé por primera vez en la ópera de Florencia. Eso sí, desde la butaca del cine donde fui a encontrarme con Hannibal Leckter. Espero que les guste tanto como a mí. http://www.youtube.com/watch?v=PAyCwBfL2yY Pasen un buen fin de semana y hagan como esta hermosa Sympetrum: posen sus alas sobre frágiles caricias y disfruten. Disfruten mucho y a conciencia, como nos sugieren estos versos arrancados de un poema de Jorge Guillén: "Ante los ojos, mientras, el futuro Se me adelgaza delicadamente, Más difícil, más frágil, más escaso". Séanme humanamente felices. Como dioses. Como marionetas. Carpe diem y más carpe. La expresión no es demasiado ortodoxa, ya lo sé. Incluso raya la cacofonía pero es que me tiene machacada la segunda ley y no hago sino mostrarles los efectos devastadores de la misma. Para que luego me acusen de poco altruista. Sin embargo, en nuestro papel de semidioses, los hombres (y no escribo también “mujeres” porque esas mariconadas no me gustan) poseemos la facultad de convertir cualquier penuria en una majestuosa hazaña. Si no, piensen en la perruna vida que se traía nuestro mítico Ulises para que luego quede convertida por la magia de Homero en uno de los grandes poemas épicos de la historia de la literatura. O el caso de Salomé , aquella víbora macizorra que tantos artistas han hecho rejuvenecer una y otra vez a lo largo de la historia del arte. Hoy es viernes y me gustaría regalarles algo. Ciencia ficción para el optimista o segunda ley para el realista. En cualquier caso, ni nuestro propio carácter se puede interponer entre nosotros y un maravilloso fin de semana. La imagen es elocuente, no me lo negarán, alguno diría que hay que quemar hasta el último cartucho. Yo prefiero mi frase del día: carpe diem y más carpe. Sigan mi consejo, me lo agradecerán. Si se preguntan por los nombres de los protagonistas, no se les ocurra interrumpirles. Ya se los digo yo: Cupido y centauro en el museo del amor. Aunque si me lo permiten, les confesaré algo: no me importaría nada, nada, encontrarme de esta guisa en un museo cuando mis cenizas háyanse convertido un día en polvo enamorado. Pasen un buen fin de semana y séanme simplemente felices. Las cosas ya no son lo que eran: ni la leche sabe a la leche que puntualmente nos traía a casa nuestra lechera, ni los huevos saben a auténticos huevos de esos de yema casi color ocre. Menos mal que los viernes no han cambiado nada y todavía pueden saborearse con avidez. Les deseo que pasen un buen fin de semana y que todo lo que en él ocurra sea verdaderamente memorable. Séanme felices. Hoy, amigos, además de ser viernes es el día más importante de las fiestas de mi pueblo, Hondarribia (o Fuenterrabía todavía para muchos). Como en todas las celebraciones, que cada uno haga lo que más desee. Yo por mi parte haré lo propio. Les deseo un buen fin de semana. Aprovéchenlo al máximo y por supuesto, séanme felices. Miedo al vacío, al abismo, a la pérdida. Nuestra vida no deja de ser un acto de voluntad en el que amar es irremediable. Como otras cosas… Pasen un buen fin de semana y rellenen los huecos que tengan vacíos. Como lo inevitable, como lo necesario y, por favor, séanme escrupulosamente felices. Debo de reconocer que hice esta foto pensando en los viernes del blog. Largos, esbeltos, tersos, tensos, duros, compactos y bien proporcionados. Su manipulación estimula hasta el punto de oír campanas de gloria. Después de fotografiarlos en la iglesia de Sant Miqueu de Vielha pensé: qué extraño. Si no fuera porque se trata de un par de penes hubiera jurado que se parecen mucho a dos badajos. Era sábado y el azote de Aretino volaba sobre nuestras cabezas. Tañan las campanas pues, amigos míos, en su segunda acepción del diccionario: ejerciten el sentido del tacto y escucharán alguna que otra melodía celestial. Pásenme un buen fin de semana y séanme lujuriosamente felices. Hoy es viernes. Agosto de 2006. Todo un fin de semana por delante para sucumbir a los placeres de la carne. Calor, sudor, aromas a piel. No es románico pero me apasiona también. La naturaleza se yergue y se despliega en juegos. Somos carnívoros, no lo olvidemos. Pasen un buen fin de semana y seánme lujuriosamente derrochadores. Ya vendrá la segunda ley de la termodinámica y hará lo único que sabe hacer: joder. Por esta última cuestión hay que coger ventaja y hacerlo nosotros antes ¿no les parece? La imagen de hoy más que ser una obra de arte en sí, está dedicada al artista anónimo y su pincel. Los riesgos del arte son muchos y hay que estar bien preparado para afrontarlos. Amigos, tienen todo el fin de semana por delante para indagar en los secretos más íntimos, más inexplorados del mundo de lo bello. Cojan sus pinceles y practiquen, practiquen. Les aseguro que el resultado puede ser muy satisfactorio. Así pues, les detallo las condiciones para los próximos días: tema y modalidades libres, soporte a elegir, en estudio o en plein air, técnica a escoger (se admiten todo tipo de variantes). En la noche de San Juan, cualquier jabón puede resultar resbaladizo. Pásenme un buen fin de semana, no se vayan a quemar demasiado y sobre todo, séanme felices. No se trata de un cucurucho de helado al revés, ni de un trébol al que le falten las hojas. Es, nada más y nada menos, que el primer ejemplar de un micrófono concebido por el hombre. Se encontró en una excavación en Pompeya y se cree que fue utilizado en el primer Mundial de Fútbol de la Antigüedad. “Hic habitat felicitas” (Aquí habita la felicidad) es la consigna que reza como eslogan. Pues eso, que pasen un buen fin de semana y como siempre, desearles que sean felices: ellos con el fútbol; ellas con el resto del universo… que no es poco. nota: mi agradecimiento a anarkasis por ofrecerme las imágenes de su magnífica página . Gracias, amigo. “Ven no con besos ni con caricias de manos y besos y susurros, acércate con un ruido de alas y ese pico mojado en mar y pasos de pies húmedos y membranosos de tanto bregar con olas hasta entrar en el vientre blando como una marisma”. D.H. Lawrence Espero amigos que este fin de semana se conviertan en cisnes de súbito aleteo, y las Ledas del mundo sucumban al dios abandonando su nuca y su aliento. Llega el fin de semana, el tiempo de muslos halagados. Séanme felices. ¿Querrían guardar algún secreto inconfesable? Llega el fin de semana. El momento de hacerlo. Recuerden que aunque crean que lo han cerrado a cal y canto, siempre habrá una llave en algún lugar que consiga abrirlo de nuevo. Séanme secretamente felices. “He pasado demasiado tiempo observando mi reflejo en el espejo del pasado”- pensó Alicia cuando se le encogió el corazón.Los años, traidores, le habían tratado mal. Momentos dulces, momentos agrios, desesperación y vergüenza se mezclaban al antojo en su cabeza oxidada por la culpa. Pero él la querría, a pesar de todo. Ella lo sabía. Corrió en su busca. Tal vez las sombríos prejuicios de los demás no apreciaran su carrera desesperada, no la respetaban, no la recordaban. Pero él seguro que aún la querría, a pesar de todo. El espacio se volvió confuso, el pasado volvió al presente, el tiempo se detuvo. Él la abrazó con cariño y ternura, le removió la melena blanquecina y le susurró al oido. Alicia cerró los ojos, notó como sus largos dedos le acariciaban los párpados, los labios el cuello...para abrirse paso por debajo de su bata. Dejó caer el cinto y él le besó todo el cuerpo. Besos suaves, casi imperceptibles, rozaron cada pliegue de su piel, cada lunar, cada cicatriz, cada sueño roto. De nuevo le miró a los ojos y suspiró honda y profundamente, Alicia se estremeció de placer al sentirse de nuevo amada y perdió el control. Unidos alzaron el vuelo, bailando al compás del latido de sus corazones. Dulce sensación de ser uno, de ser respirado por el otro. Un baile dibujado por las hojas del otoño recordando que hubo una primavera en la que eran felices. Rota de placer Alicia expiró su último aliento. Autora: Luna (Imágenes de la autora) Hasmael, siervo apasionado, ángel curioso, siempre cerca de los humanos, siempre rozando el límite de lo permitido. Ksiel, inflexible, cumplidor, obediente. Una noche como tantas otras, otra conversación más. A Ksiel le gustaba sentarse a hablar con su amigo aunque su inconformismo, su continuo cuestionar de las normas le irritaba. Una noche más, una conversación como tantas otras… ¿Por qué amigo Ksiel a los ángeles nos han negado el placer de amar sin querer, de querer sin pretender más placer que el disfrutado? No debe ser duda para ti Los ángeles tenemos poesía y con eso basta que en el cielo de los hombres toda raza es casta y nosotros ya estamos aquí Pero... ¿acaso por mortal es menos divino este deseo de amar, de quererse con la piel sin que el alma permanezca fiel ni pretenda conquistar? Somos guardianes y emisarios de los ángeles la poesía es el sexo y no hay miembro cóncavo ni convexo para esos menesteres pues en nuestros deberes nada de eso es necesario Yo los observo Ksiel, los espío y me recreo, y en su momento de más placer cuando las almas se disparan aunque ellos no miraran juraría me pueden ver Sandeces, Hasmael, sandeces nada tiene de especial eso que tanto admiras Que me arranquen la piel a tiras si tiene algo más de mortal lo que observé una y mil veces Los humanos no pueden vernos porque no somos de este mundo y debe ser placer inmundo si por única unión hay dos cuerpos Escucha Ksiel mi relato de dos amigas de prestanza que en un momento de amistad lo verás con claridad convirtieron la confianza en pasión de un arrebato …risas, complicidad y un simple roce desata ese placer que te mata si reprimes su libertad... Basta Hasmael!!, no quiero escucharte tu imaginación quiebra el sentido, no debe estar permitido tal forma de abandonarte Pues entonces, ven, míralo tú mismo observa aquellos dos de abajo verás como no cuesta trabajo entregarse al erotismo Vamos, corre, mira esa pareja ven y verás que no miento en nada sobre este juego y ya me dirás luego si de todo lo que cuento de la realidad algo se aleja En la habitación torpemente iluminada reinaba el silencio, un vacío frío y agobiante atenazaba cualquier pensamiento. El hombre se había desnudado ya y esperaba tumbado en la cama. La mujer se acercó por los pies despojada de todo y gateó lentamente hasta llegar a su cintura. No se miraron ni se dijeron nada, en aquel juego las reglas estaban muy claras. El hombre miraba al techo, suspiraba intentando inútilmente vaciar de pensamientos su cabeza cuando notó el frío tacto de las manos de ella aferrando su miembro y la calidez de su lengua recorriendo juguetona el contorno. Su respiración se hizo ruidosa, el corazón se le aceleró y comenzaron a tensarse los músculos. El suave ir y venir acabó dando paso a un subir y bajar con la boca. Notaba la presión de sus labios y como la lengua aún jugueteaba con dificultad en su interior en cada batida. De vez en cuando la mujer retiraba un momento la cabeza para coger aire y le agitaba el alma al compás de la mano acelerando un poco el ritmo. Ni siquiera entonces se miraban. Después volvía a inclinarse retomando la tarea. El hombre se aferraba con fuerza a las sábanas, como si la succión de su miembro le arrastrara entero hacia los pies de la cama. Ya no pensaba en nada. Ksiel observaba en la distancia, atento, intentando entender las palabras de su amigo que seguían sin encajar con lo que veía. No se percató que Hasmael se había colocado detrás suyo y se sobresaltó ligeramente al notar sus labios en el cuello. Un segundo beso le produjo un cosquilleo que le recorrió la columna entera. Se dejó hacer, quizá experimentando lo que estaba viendo llegara a comprender. Hasmael desplazaba lentamente sus húmedas caricias hacia el hombro. Lo abrazó con fuerza, un brazo rodeó su cintura y el otro acarició su pecho perfectamente moldeado. Ksiel recogió un poco más sus alas para facilitar el acceso de su amigo. Seguía mirando a aquella pareja, notaba la tensión del hombre, la excitación, casi imaginaba tener un miembro como aquel mientras sentía las caricias de Hasmael, sus labios, su lengua, su rostro. Dios, deseaba tener uno. Poco a poco su atención se centraba más en Hasmael y menos en aquella habitación. Los movimientos se hicieron rápidos, ya no había suavidad, era como si el tiempo jugara en contra de la necesidad. Se encararon bruscamente y buscaron sus lenguas en un beso desesperado. Se abrazaban, se recorrían el cuerpo sin orden en un frenético ir y venir de brazos y manos. En el torso una caricia y un mordisco en el pezón, se besaron con avaricia sin entregar el corazón Ksiel aceptó su osadía se le escapó un gemido se le erizaron los pelos y quitándose el velo de lo que estaba prohibido pensó que aquello era poesía Con sus alas lo envolvió le agarró el pelo con tiento y casi le falta el aliento cuando el éxtasis llegó Caída en espiral lento descender de dos figuras aladas, un cruce de miradas les hizo entender que llegaba su final El hombre jadeaba extasiado, aún desnudo y estirado sobre las sábanas. Mientras recuperaba poco a poco el ritmo normal de su respiración le envolvió otra vez ese sentimiento de culpa y otra vez se preguntó por qué acudía a aquella habitación semana tras semana. Se incorporó y se sentó en el borde de la cama. Miró a la mujer que había comenzado a vestirse y clavó su mirada en el suelo. -Me ha pasado algo… muy extraño -Hizo una pausa indecisa, no sabía si seguir- He visto... dos ángeles besándose… He visto… he visto…-trataba de encontrar las palabras evocando otra vez esa imagen- … poesía -Y esta palabra le vino a la mente como caída del cielo. -¿De veras? – Preguntó la mujer sin demasiado interés. El hombre levantó la mirada. Ella estaba fumando a lado de la ventana, apoyada en la pared, observando la oscuridad del exterior. No había continuidad en el momento, para ella todo acababa con la eyaculación de aquel hombre, o de cualquier otro. Él prefirió no seguir hablando del tema y comenzó a vestirse. -No sé si podré venir la semana que viene, es posible que mi mujer y yo nos marchemos de viaje. ¿Prefieres que te avise si no vengo? -No hace falta, si no vienes me tomaré un descanso. Estoy trabajando mucho últimamente… -Y esto último fue casi un susurró para ella misma, un rápido resumen a su asquerosa vida. -Está bien… pues… me voy ya. Se me está haciendo tarde. La mujer se giró esta vez para hacer un gesto desganado con la mano y siguió mirando por la ventana envuelta en el humo de su propio cigarro y perdida en las brumas de su amargura. El hombre salió de la habitación y antes de cerrar la puerta echó una última mirada al interior, a la mujer, a la cama deshecha y volvió a sentir ese sentimiento de culpabilidad. Salió a la calle. Hacía frío. Comenzó a andar lentamente recordando el orgasmo tan extraño que había tenido. ¿Sería real lo que vi? pensó. Le hubiera gustado explicarlo a su mujer, pero claro, eso era imposible. Cómo justificar un orgasmo fuera de casa… -Qué tontería, los ángeles no tienen sexo… -Y se rió de las ideas absurdas que estaba teniendo. Aceleró el paso, era tarde y tenía ganas de llegar a casa. Ksiel se cubría el rostro con las manos. Lloraba. Levantó la cabeza y dijo entre sollozos: -Hasmael, hemos perdido las alas… Hasmael estaba a su lado, tranquilo, satisfecho del momento. Se giró hacia él y lo abrazó. Le acarició la mejilla con el dorso de la mano limpiando las lágrimas, le besó y hundió sus dedos en su densa cabellera. -Sí Ksiel, hemos perdido las alas –y le sonrió cariñosamente – Pero hemos aprendido a volar. Autor: Jafatron Se da el caso de que yo nunca he escrito una historia erótica, ni jamás había pensado en hacerlo, pues me considero poco hábil en el arte de la escritura y más aún en la narración de sucesos que pueden sonrojar el rostro de personas de natural tan tímido como lo soy yo. Sin embargo, las solícitas invitaciones de mis muy apreciados amigos bitacoreros, encabezados por la promotora Vailima, han terminado por tentar mi ánimo y empujarlo a participar, de algún modo, en tan festiva convocatoria. Dicho lo que antecede, el lector comprenderá que lo que a continuación expongo no sea una narración fantasiosa inventada por mí, sino que aprovechando la ocasión voy a darles a conocer el texto de dos cartas, nunca traducidas a nuestro idioma, que el señor de Lupiac, Antoine de Bonfils, y su esposa, Madame de Lupiac –Marie Desgrenouilles, de soltera-, intercambiaron entre ellos, y cuyo contenido considero que bien podría tener lugar en esta alcoba a la que me invitáis a pasar. Sepan los que no conocen a los personajes, que éstos vivieron en Paris allá por la segunda mitad del siglo XVIII, y que su relación, como fue con alguna frecuencia en aquel contexto, era de total permisividad y licencia, llegándose al punto de regocijarse uno y otro de los esposos en contarse vía epistolar sus progresos en el “ars amandi” del que tanto aprendieron en el rijoso Ovidio. La primera de las cartas está fechada en París el 14 de marzo de 1783, y dice así: Carta de Antoine a Marie “Querida esposa: Me pedís que elija a mi favorita, que os diga cuál de las tantas mujeres con las que he tenido trato de intimidad en estos últimos años, ha sido la que de mejor forma ha complacido mis deseos. Imposible de decirlo Señora, pues todas ellas han demostrado tener dotes más que suficientes para hacerlo… De la Marquesa de C., adoro esos maravillosos senos que parecen querer recuperar en el amor aquello que perdieron alimentando a sus niños. Su piel parece estar pidiéndolo, pues es blanca y suave, y su caricia delicada como la de una flor. Mi amigo todavía se emociona recordándose sumergido en medio de esa enorme marea encabezada por dos gigantescos y deliciosos pezones. La joven Mmlle. D. parece inocente por su edad, y gusta de encontrarse conmigo a espaldas de sus padres, excusando ante ellos ir a montar al bosque… ¡Y vaya si lo hace! que su inocencia se desata, como hace con sus coletas, en cuanto me empuja a la espesura, y sin esperar a estar del todo desprendidos de nuestras ropas, salta sobre mí lanzando terribles alaridos que asustan a nuestros propios caballos. Es conocida la afición de M. por el clavecín, lo que no es tan sabido es el gusto que tiene por tocarlo aún cuando está disfrutando de los placeres de Venus. No le importa dar la espalda a su amante, y éste no pone impedimento en ello, si con eso adorna con música los momentos de amor. Por desgracia o por fortuna, que de ambos hay en este negocio, es poca la música que puede salir de ella: a medida que avanza nuestra pasión las teclas suenan cada vez peor, pues no es con la rodilla el modo más adecuado de hacer sonar la clave, ni con las dos a la vez, y menos aún teniendo este pequeño instrumento que soportar el peso de un cuerpo, el empuje de otro y el golpe ocasional sobre sus teclas de mi puño. ¿Queréis seguir sabiendo, querida esposa?; pues os diré que también recurrí a los servicios de la Bachantte, la más famosa y experimentada cortesana que tiene París, aquella a quien el Señor de Mirabeau dedicó estos versos: Vous ne vous agenouilliez pas Madame Que vous vous allez souiller vous ne vous agenouillez pas… que vous vous allez souiller la moustache Como él, yo también disfruté del plato más conocido de tan afamada cocinera, en el que con la sola prenda de una manzana en la mano y un arco en la otra, simula ser la estatua de una Diana cazadora, avanzando con su pie hacia su presa. El juego, como ya sabréis, consiste en gozar de los más variados placeres con dicha estatua, mientras ella permanece inmutable en esa posición, no pudiendo evitar el exhalar por su boca, levemente abierta, suspiros imperceptibles acompañados de placenteras vibraciones en la mirada. Nadie debe oirla gozar por mucho que se le haga, pues su ahijada –que nos acompaña en la habitación tocando la viola de gamba con los ojos vendados-, cesará cualquier música al menor gemido, y eso será señal de que nuestra deseada Bachante no cobrará por sus servicios… Temo aburriros si continuo mi narración pero os diré, querida esposa, que con esto no he hecho sino empezar a describir las virtudes de aquellas que conmigo han compartido los placeres del amor. Continuaré en otra ocasión, pues he de prepararme para recibir a la viuda de C. que, como sabéis gusta del amor artificioso, acompañado de disfraces y las más inimaginables fantasías… “ A esta carta responde al día siguiente su mujer con otra, en la que dice lo que sigue: Carta de Marie a Antoine “Mi querido esposo: Sabed que tampoco yo quedo en mal lugar, y como esposa vuestra, también he dado oportunidad a la galantería, sin que haya tenido motivo para arrepentirme de ello, sino más bien todo lo contrario. Mucho me solicitó aquél joven cadete a quien conocí en el salón de Mme. L. y que no pudo esperar a llegar a mi casa para requerirme en amores. En el mismo coche –gracias a Dios era cubierto-, levantó mis ropas y, sin pedir ninguna licencia, comenzó a deslizar su mano por aquel lugar donde se pierde la inocencia, mientras me besaba con toda la pasión de la juventud. Al llegar a casa mandó retirarse al servicio, y en la mitad de la escalera, sin poder esperar más, me tomó mientras aguantaba todo mi cuerpo con sus brazos y apoyaba mi espalda contra la pared. Monsieur H. es más delicado, y gusta más del refinamiento. Le recibo vestida a la manera romana, y entretiene mucho su tiempo en mirarme, solicitar que recorra mi cuerpo con mis propias manos, y observar cómo a medida que lo hago, me voy arqueando y el vestido pegándose a mi talle. Llegados a esto acaricia con su mano la marca que dejan los pezones en el vestido, mientras recorre con su boca cuello y labios, y nuestras manos juegan las unas con las posesiones del otro… ¡En fín, querido esposo! Podría contaros lo que he gozado en tantos encuentros que no terminaría de escribir en muchos días, así que si os parece os emplazo a que en próximas cartas continuemos relatándonos nuestras galanterías. Ahora he de dejaros pues debo salir a encontrarme con un conocido capitán de la armada de su majestad. Vuestra esposa que os ama Marie” ------------------------------------ He seleccionado estas dos cartas para dároslas a conocer con motivo de la muestra convocada por nuestra amiga Vailima por dos motivos: el primero, por considerar que en cierta medida sus contenidos cumplen con lo que se pide; en segundo lugar, porque con fecha 15 de marzo de 1783, Antoine de Bonfils anotaba en su diario, al pie de una transcripción resumida de la carta de su esposa: “… y aquella noche, la viuda de C. disfrutó de los placeres del amor con un capitán de la armada de Su Majestad, como en otras ocasiones lo había hecho Monsieur H. con la Bachantte, o aquél joven cadete con la Marquesa de C. …” Autor: Charles de Batz Yo he visto cosas que vosotros que la conocéis bien no creeríais. Yo he visto brillar sus ojos en la oscuridad, más allá de mis manos atenazando su cuello firmemente mientras ella se abandona a su cuarta, quinta o sexta oleada de placer. - ¿Quieres más? - Sí. He visto abrirse sus pétalos rosados como lo hacen las flores al amanecer cuando aparecen las primeras luces y el rocío perla sus terciopelos. Yo he saboreado su néctar húmedo una y otra vez mientras Ella apaga mi sed. - ¿Quieres más? - Sí. - ¿Quieres más? - Sí. He conocido su ausencia, la lejanía de tales humedades; que provoca un dolor tan sólo conocido por el marinero que ha atravesado un desierto. Todos estos recuerdos permanecerán como las gotas de lluvia permanecen en el mar: eternas e inmutables, formando parte de mi esencia. Es hora de regresar al hogar. Es hora de abandonar el desierto y volver a ver el mar. Con el ansia de diez mil guerreros percibo ya el salobre olor. Thalassa! Thalassa! Autor: Raschid Todavía no eran las dos y nunca se dormía antes de esa hora, pero el tren no era lo suficientemente cómodo como para que Paula estuviera mucho rato leyendo con esa luz tenue que tenían cada una de las cuatro literas del vagón ocho. Leería un par de páginas y el día siguiente se despertaría en la estación de Sants. Aquel concierto en Barcelona prometía. Dobló la almohada por la mitad y se la puso bajo la cabeza, no pasó del primer párrafo y apagó la luz. Al poco rato, cuando casi estaba dormida, vio que una sombra subía a su litera, despacio, sin hacer ruido. " Vengo a darte las buenas noches en condiciones". Paula primero sonrió y después miró a las literas de abajo: una estaba recién abandonada y en la otra dormitaba una señora mayor. La otra litera de arriba estaba vacía. Cuando se dio cuenta le estaban desabrochando los vaqueros suavemente. Era una novedad que se los desabrochara así pero la situación lo requería. Le bajó el pantalón mientras amontonaba la manta al final de la litera. Paula se incorporó y le dejó espacio, pero ya empezaba a no ser muy consciente de dónde estaba, cerró los ojos y respiró a fondo. Autora: Lola El hombre, sus brazos musicales, su cuello y su torso se alargan en un desesperado gesto imposible de asir el Amor. Sus manos de mármol emergen del seno y del hombro del cuerpo del que nunca debieron separarse, y al que siempre pertenecerán. La perfección de la anatomía esculpida —cada músculo vivamente acariciado, besado, cuidado con infinito mimo— es fiel reflejo de la profundidad del intenso deseo, que el cincel respetó. La mujer alberga en su mente el dolor, el ansia, la sed devoradora del hombre al que quiso permanecer unida en total comunión y cuya separación la llevó a la locura. El silencio que rodea los cuerpos es palpitante. Cerrando los ojos, en el museo parecen escucharse sus voces de placer, de insomnio, de melancolía, el acento alegre en las palabras osadas, como si un viento cálido entrase bruscamente en la estancia. Y los lamentos, los jadeos, las risas, los sollozos, la música del Amor. Igualmente se percibe el perfume de los dos cuerpos que, al unísono, transpiran pasión, luz, vida. Ondas. Partículas. Emotivos mármoles vivientes de desnudez perlada: Camille Rodin, Auguste Claudel. Autora: migratoria p.d. Gracias Tio Petros por tu dedicación y esfuerzo sin los cuales hubiera sido imposible entrar en esta casa de nuevo. Gracias por estar a mi lado. Como tantas veces... Cuando caminaba o casi corría en la fresca tarde otoñal hacia su taller, con las hojas secas de los plátanos arremolinadas por el viento, sentía una leve aprensión mezclada con la excitación que me había tenido en vilo todo el día. Auguste me recibió solo en su taller vestido con una amplia bata de trabajo. Era bajo, cuadrado, tenía una cabeza poderosa, con el pelo rapado y una barba muy abundante...A veces murmuraba los nombres de las estatuas, pero tenía la sensación de que los nombres significaban poco para él. Pasaba las manos por ellas acariciándolas. Recuerdo que yo pensaba que al contacto con sus manos, parecía que el mármol se derretía como plomo fundido. Finalmente, tomó una pella de arcilla y la apretó entre las manos. Respiró profundamente al hacerlo...En un momento había formado un pecho de mujer...Luego yo me detuve para explicarle mi teoría para un nuevo ballet, pero me di cuenta de que no estaba escuchando. Me miró con los ojos entornados y resplandecientes y luego, con la misma expresión que tenía ante sus obras, se acercó a mí. Deslizó las manos por mis caderas, mis piernas desnudas, mis pies. Empezó a moldear mi cuerpo como si fuera arcilla, dibujando las curvas de una Venus desnuda, mientras que del suyo emanaba un calor que me abrasaba, me derretía. Sólo deseaba entregarle todo mi ser, ya convertido en cuerpo de talco y miel, cisne descalzo de curvas para el deseo abiertas. Me abrazó, sentí contra mí su miembro como un escoplo y recordé con un estremecimiento el “Monumento a Balzac” en el que el gabán se deforma por lo que parece una enorme erección y en el que según se dice, se usó como modelo. Susurraba mi nombre roncamente mientras sus manos me recorrían con dilación, pero cada vez con más fuerza y yo me sentía licuar. En un momento, me sentí atenazada, sin poder moverme, como una gacela asida en una trampa y mi cuerpo se rebeló. Le di, no sé como, un violento empujón y salí corriendo del taller. Nada más salir a la calle una ráfaga de viento produjo un escalofrío en mi cuerpo, cráter de un volcán no apagado, que pedía a gritos volver, pero yo seguí andando a buen paso. Las farolas recién encendidas iluminaban las hojas que seguían cayendo. Adaptado del diario de Isadora Duncan. Autores: Vere y Herri Siéntate en esa silla. Cierra los ojos y escúchame. Sólo soy un susurro en tu oído de caracola. Me desvisto para ti. El ruido de la seda de mi blusa, como un leve rasgueo, los botones, despacio, empiezo por abajo, hasta llegar al escote. Se desliza por mis hombros, por los brazos. ¿Oyes como cae el suelo? Pero no abras los ojos, lo prometiste. La cremallera de mi falda, corre por los enganches, ahora bajo la falda por mis caderas, antes dijiste que era encantadoramente estrecha. No te muevas, casi ni respires. Apoyo mi pierna derecha en tu muslo, ¿Sientes el tacón de mi zapato? Ahora ya no, sólo un instante, y el otro zapato, que suena como libro lanzado al aire. Hoy me he puesto medias por ti. Volveré a apoyar mi pie en tu muslo, liberado de zapato. Pero no te muevas, no me toques, no abras los ojos. Estoy quitándome la media, mis dedos se apoyan en el comienzo, en cuanto baje mis manos un poco hacia a la rodilla, la media caerá. Entonces, suavemente, rozo mi muslo, amagando una caricia, imaginando tu mano. Ya no notas el peso de mi pierna. Apoyo la otra y delicadamente me bajo la media. Me retiro un poco de tu lado, ahora apenas oyes mis pasos sin zapatos, un leve crujir de la madera. Estoy desabrochando mi sujetador, puede ser como tú quieras, blanco, rojo o negro, pero mantén los párpados cerrados. Mis pechos quedan libres, sé que te gustan. He observado tus miradas a mi escote, como retiras la vista rápidamente cuando me doy cuenta, como un niño pillado en falta, y un leve rubor asoma a tus mejillas, como ahora. Esta situación me excita y mis pezones pétreos te desafían en la corta distancia que nos separa. Pienso en como será tu lengua, en la humedad de tu boca, en sentirlos atrapados entre tus dientes. No abras los ojos, sólo escucha mi voz, ahora ronca por el deseo. Mis manos se quedan por un instante en mi cintura. ¿Cómo serán tus brazos alrededor de mi cuerpo? ¿De qué manera se aferrarán tus manos a mis caderas? Me quito el breve tanga, mojado de anhelos. Ya no lo hago parsimoniosamente, ¡Tengo tanto deseo que me apresura! Estoy desnuda. No te muevas, no digas nada, no abras los ojos. Me acerco a ti, sientes el calor de mi cuerpo a tu lado. No te he rozado, pero sabes mi presencia cercana, muy cercana. Acerco mi cara a la tuya. Mi aliento cálido llega a tus labios. Voy a besarte, pero recuerda que eres mi estatua, no abras la boca, ni intentes agarrarme, tus ojos seguirán ciegos. Pasaré mi lengua por tus labios, los mojaré con mi saliva, saboreándolos. Jugaré con tu labio inferior y mis dientes continuarán mordisqueándolo levemente. Notarás mi boca húmeda y mis labios carnosos queriendo comerte. Déjate, porque el mundo empieza en este beso y cuando me retire podrás mirar, acariciar, morder, abrazar, musitar o gritar. Déjate porque entre tu boca y la mía sólo cabe ya una brizna de hierba y te besaré. Ahora. Autora: Ladydark Para que comprueben que sigo al pie de la letra aquello de predicar con el ejemplo, a continuación les dejo con mi relato. Espero que les guste. MARIPOSAS BUSCO QUE DUERMEN ENTRE LOS TRIGOS Habíamos cerrado ya la venta de la casa incluyendo todo su contenido tal y como el caprichoso señor C. había puesto como única condición. A esas horas de la tarde el sol lo inundaba todo como una gran masa de aceite aprovechando su poder para traspasar toda materia que se interpusiera en su camino. Cerré la contraventana de lo que había sido mi dormitorio hasta entonces. El sol se resistía a abandonarse y mostraba sus afilados cuchillos entre las rendijas de madera. Ésta será la última vez –pensé-. Y uno frente al otro nos miramos a sabiendas de que nunca más podríamos estar tan cerca, tan íntimamente cerca. Me tumbé en la cama. Me sonrió. Yo también lo hice. Me dijo que me soltara el pelo que llevaba recogido con una horquilla en forma de libélula. La dejé caer, lo dejé suelto, como a él le gusta: enmarcando mi rostro al igual que agitadas serpientes de medusa. Me fui desabrochando el vestido, lentamente, y él me observaba atento, sin perder un detalle. Cada botón un pellizco, suave, trasnochado. Mis pezones se erguían valientes al contacto de mis muñecas, saboteando –a su modo- el calor que tiritaba en la habitación. Cumpliendo sus deseos me quité el vestido. No llevaba ropa interior, cuando estoy en la casa nunca la uso. No me avergonzaba mi desnudez ni el sudor que empañaba mi piel ni el deseo con que él contemplaba mis senos todavía tersos y desafiantes. Déjate hacer, me susurraba y yo no se lo impedía mientras los rayos de sol asaetaban mi cuerpo perlado de diminutos alfileres de luz. Con la mano recorría mi cuerpo, casi sin tocarme como la brisa que regalan los árboles del jardín. Describía pequeños círculos alrededor de mi cuello, de mis hombros y mis pechos indefensos se resistían a la orfandad de no ser acariciados. El vientre. Él siempre descansa cuando llega al vientre, fértil límite de ensueños, frontera invisible. Hacía calor y mis pies resbalaban entre las sábanas como inocuos acantilados. Nos mirábamos, ¡cuánto nos mirábamos! con detalle de orfebre, con ojos de miope escribano mientras la saliva humedecía mis labios hinchados que apenas me permitían respirar. Me resistía a cerrar los ojos y sumergirme en el deseo, en el momento tan esperado. Abrió mis piernas con delicadeza, de forma pueril, y me acariciaba los muslos de arriba abajo como si fuera la cola de un gato mimoso en busca del afecto de su amo. Con cada movimiento se iba acercando más y más, deshaciendo el camino y retomándolo después para llegar a casa, su casa. Me apartó un mechón de pelo de la cara. Le gustan mis ojos verdes, entreabiertos y rasgados. Siempre ha sabido el momento oportuno en el que los encuentra así. Estábamos sudando pero ya hacía tiempo que habíamos olvidado el calor. Nada existía salvo él y yo. Apenas podía ya visualizar su imagen. El hogar, caliente y húmedo como la piedra de una fuente en las tardes de verano. Navega al compás de las olas, muévete suave, como el barco de papel frágil y delicado ignorante de que va a ser devorado por la irremediable inmensidad del mar. Ahora sí, ahora sí: vuelve a casa a galope lejano mientras el estómago lucha por no hacerse añicos en mitad de la montaña. Mírame a los ojos y háblame, di mi nombre… -¡Alicia, Alicia! El señor C. te espera en el jardín junto a tus hermanas. ¿Se puede saber qué hacías frente al espejo? No cambiarás nunca. Un amigo me ha pasado esta dirección. Pongan el audio y pasen las páginas del libro sosegadamente, de lo contrario se romperían. Pero antes de todo, si me permiten, una sugerencia para el fin de semana. Se titula Ansiktet y es uno de los 151 poemas que forman Amor en vilo de Pere Gimferrer. Dado que esta semana ha sido muy intimista para muchos (incluyéndome a mí y mi regalo), no se me ocurre nada mejor que ofrecerles: palabras hermosas. Séanme audazmente felices. Nadie verá este rostro en tus fotografías. Si sonríes, sonríes este instante tan sólo; si tus ojos me retan, por tus ojos me asolo; este pliegue en tus labios es fulgor que me envías. Ni tu mirada ni tu sonrisa son mías; yo soy, en cambio, tuyo, y a tu rostro me inmolo: nunca verá la cámara lo que veo yo solo, lo que tú sola ves si al espejo te fías, pero sólo este instante, sólo cuando enlazados como en versos antiguos van la vid y el jazmín cabalgando me miras en la luz de los hados: tanto habremos vivido para vernos al fin y deslumbrados somos yesca como alumbrados en el oscuro fuego que nos quema el jardín. Amigos, hasta aquí una semana que se cierra en banda. Les deseo que disfruten al máximo y procuren relajarse. Para ello, no se me ocurre nada mejor que sugerirles este par de formas tan apetecibles: ustedes sabrán cómo se las comen. Un abrazo y séanme lujuriosamente felices. Que toca. Les deseo un fin de semana mágico. Séanme buenos y aplíquense a la hora de descubrirlo. Estimados amigos, lectores de este blog, una vez más les deseo que pasen un feliz fin de semana a todos. Dejen a un lado los problemas de la semana laboral y hagan oídos sordos a noticias alarmistas sobre epidemias de gripe aviar: observen la muestra del ejemplar infectado encontrado en nuestro país. No es para tanto… Un saludo y ya saben, desde la impostura séanme buenos. p.d. Querría agradecer a nuestro estimado Herri Otrow, su gesto para con esta casa, por haber sugerido el título de esta nueva sección de La Divina Comedia. Hubiera querido remitirles algunos versos de este afamado poeta apodado “el azote de los príncipes” pero en el camino de la traducción van perdiendo sonoridad y he estimado conveniente su omisión. Bueno, por esto y porque no me atrevo (vaya la verdad por delante). |