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Vailima

EL DESNUDO EN INGRES: "El baño turco" (y 3)

EL DESNUDO EN  INGRES:  "El baño turco" (y 3) Mujer en el baño (La Gran Bañista o La Bañista de Valpinçon), 1808, óleo sobre tela, 146 x 97,5, París, Louvre

Ingres sentía veneración por los clásicos y por su propio arte. No permitía que nada ni nadie se interpusiera entre su pintura y su persona. Y nada era también su vida privada. Tras romper su compromiso con una bailarina que, a juicio del pintor, constituía una amenaza para su pintura, confió a sus amigos la elección de una nueva esposa que le garantizara el reposo emocional y la exclusividad que él se merecía. La joven Madelaine que le acompañara durante 36 años le sería fiel al artista y le garantizaría la tranquilidad que su esposo tanto requería. Cuentan que por sus paseos por Roma, la dedicada Madelaine acostumbraba a cubrir los ojos del pintor con la punta de su chal para preservarle de la desagradable visión de contemplar a un mendigo por la calle.
Ya ven ustedes que las excentricidades de nuestro Ingres no tienen nada que envidiar a las de nuestros famosos de hoy en día.
A su vuelta de París en 1824, Ingres gozaba de una gran reputación y era aceptado por el público de forma incondicional. Géricault con su Balsa de La Medusa (que ya tuvimos ocasión de ver) y Delacroix con La matanza de Quíos habían incomodado sobradamente al poder político con su rebeldía mostrando el caos, el dolor y la fealdad.
Al contrario que éstos, Ingres fue recibido con los brazos abiertos por la clase dirigente en una retroalimentación que permitía al pintor dedicarse cada vez con más entrega a su arte.
Se dice que sus alumnos le consideraban demasiado severo ya que les hacía copiar y copiar sin descanso porque “el arte (según Ingres), para vivir, ha de volverse hacia el pasado”. Ayer me preguntaba un lector la razón por la que Ingres repetía en muchas de sus obras la misma figura. Muchos han sido los que han reprochado al pintor su falta de fantasía y la ausencia de imaginación. La arrogancia de Ingres queda patente incluso cuando retoma motivos de otros artistas y dice: ”Mi cuadro me pertenece, le he impuesto mi garra”.
Su reputación como retratista de personajes adinerados de la época de la Restauración y el segundo Imperio le hacía gozar de una situación privilegiada. Como diríamos ahora, los tenía en el bote. Cómo no va a ser así si como dijera el crítico Elie Faure, Ingres sabía como nadie ”cómo balancear las barrigas de los burgueses y el pecho de sus señoras”. Sin embargo no le gustaba hacer retratos pero esta labor le permitía estar cerca de hermosas damas de la alta sociedad. Aunque Baudelaire escribiera sobre Ingres que las mujeres hermosas, radiantes de salud y de naturaleza sosegada constituían la alegría del pintor, el médico francés Laignel-Lavastine pone en tela de juicio la salud de estas modelos. El diagnóstico: una deficiencia de tiroides cuya descripción concuerda íntegramente con la odalisca de los brazos levantados que se estira en la parte inferior derecha de “El baño turco”. Su esposa Madelaine fue la modelo en esta ocasión según un boceto de 1818. según Laignel-Lavastine, la actividad favorita de la joven esposa era tumbarse en el sofá y pensar lo menos posible. ¡Buen tipo este médico!
Aunque desconozco los nombres de aquellos que hablaron sobre “El baño turco”, no quiero negarles el placer de hacerles partícipes de algunos de los comentarios que suscitó la obra. Desde “representación de bestias sin cerebro” a “lata llena de gusanos” pasando por “criadero de champiñones”. Ni qué decir tiene que aquellos que la aclamaron la definieron como “la novena sinfonía del eterno femenino”.

Sin duda Ingres nos ha demostrado su pasión por las mujeres y por la arquitectura del cuerpo femenino desnudo en particular, complaciente y reposado.
AETATIS LXXXII ¡Quién los pillara con esa maestría!
Espero haberles entretenido y, por favor, no tomen en cuenta las excentricidades de este cascarrabias de Ingres. Nos queda su obra. Al hombre que se escondía en una funda de pintor ya lo tuvo que aguantar su resignada Madelaine.
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6 comentarios

Juan García -

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Saludos

Juan García

Un diletante -

A Vailima:
Gracias por tu amabilidad y cortesía. Respecto a lo propuesto por mí, a ver si estas fiestas que me acerco a ver a mi familia leo un poco sobre el asunto, en un libro sobre el gran maestro que posee mi madre.

A Carl Philip y a Palimp:
Completamente de acuerdo con los dos. Me importa la obra, y luego el hombre; y, por supuesto, la relación entre la obra y la vida, no siempre consecuente o coherente.

Palimp -

Entreteniéndonos, nos haces mejores.
¡Ay, Que nos dejas! Snif, snif, que te sea leve... Te esperaremos con impaciencia.
Una serie muy interesante; más que las excentricidades me hace pensar que el talento no desaparece aunque se venda. Aún siendo representante del 'arte oficial' menudas obras de arte nos ha dejado. Para que tomen nota los jóvenes rebeldes...

Carl Philip -

Pues sí, claro que nos has más que entretenido. Te echaremos de menos en las fiestas.

Sobre perdonar sus excentricidades a Ingres, está hecho. ¡Cuántas excentricidades no tendremos que aguantar a diario de gente que no nos deja unos cuadros así!

Vailima -

Se hará lo que se pueda diletante. Y eso, posiblemente, será después de las fiestas. Los niños terminan el cole y ya no me va a ser tan fácil leer una línea (y menos escribirla) con los diminutos revoloteando a mi alrededor. Pero bueno, interés pondré aunque no sé con qué resultados.
Un abrazo y encantada de tenerte por aquí.

Un diletante -

Harto interesante este capítulo dedicado a Ingres, uno de mis pintores predilectos.
Respecto a su vida íntima, bueno, habría que conocer los motivos por los que la joven Madeleine consagró su vida a alguien que había decidido consagrar la suya al Arte, motivo, por lo demás, harto válido en mi modesta opinión, más si se hace público...
Me gustaría que comentaras/rais, por otra parte, y si te/os parece, la oposición estética producida en la época entre quienes se declaraban partidarios del arte de Ingres y quienes lo eran de Delacroix (Baudelaire, lo era de éste último, creo recordar).
Un saludo
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