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1ª MUESTRA DE RELATOS ERÓTICOS “PIETRO ARETINO”

1ª MUESTRA DE RELATOS ERÓTICOS “PIETRO ARETINO” Amigos, tal y como anunciaba la semana pasada, queda convocada la primera edición de los premios de literatura erótica PIETRO ARETINO. Los participantes podrán enviar sus cuentos (tantos como quieran) a mi dirección de correo electrónico vailima(arroba)gmail.com para que puedan ser publicados en el blog. Si lo consideran oportuno, podrán especificar en el email si desean el anonimato,  de lo contrario se editará el nombre del autor. El erotismo tiene los límites del propio erotismo, a saber, los límites que ustedes quieran ofrecer a sus lectores. Existe un premio por cada relato publicado: el placer de enredar entre palabras al placer mismo.

Para que comprueben que sigo al pie de la letra aquello de predicar con el ejemplo, a continuación les dejo con mi relato. Espero que les guste.

MARIPOSAS BUSCO QUE DUERMEN ENTRE LOS TRIGOS

Habíamos cerrado ya la venta de la casa incluyendo todo su contenido tal y como el caprichoso señor C. había puesto como única condición. A esas horas de la tarde el sol lo inundaba todo como una gran masa de aceite aprovechando su poder para traspasar toda materia que se interpusiera en su camino. Cerré la contraventana de lo que había sido mi dormitorio hasta entonces. El sol se resistía a abandonarse y  mostraba sus afilados cuchillos entre las rendijas de madera.

 Ésta será la última vez –pensé-.  Y uno frente al otro nos miramos a sabiendas de que nunca más podríamos estar tan cerca, tan íntimamente cerca. Me tumbé en la cama. Me sonrió. Yo también lo hice. Me dijo que me soltara el pelo que llevaba recogido con una horquilla en forma de libélula. La dejé caer, lo dejé suelto, como a él le gusta: enmarcando mi rostro al igual que agitadas serpientes de medusa. Me fui desabrochando el vestido, lentamente, y él me observaba atento, sin perder un detalle. Cada botón un pellizco, suave, trasnochado. Mis pezones se erguían valientes al contacto de mis muñecas, saboteando –a su modo- el calor que tiritaba en la habitación. Cumpliendo sus deseos me quité el vestido. No llevaba ropa interior, cuando estoy en la casa nunca la uso. No me avergonzaba mi desnudez ni el sudor que empañaba mi piel ni el deseo con que él contemplaba mis senos todavía tersos y desafiantes. Déjate hacer, me susurraba y yo no se lo impedía mientras los rayos de sol asaetaban mi cuerpo perlado de diminutos alfileres de luz. Con la mano recorría mi cuerpo, casi sin tocarme como la brisa que regalan los árboles del jardín. Describía pequeños círculos alrededor de mi cuello, de mis hombros y mis pechos indefensos se resistían a la orfandad de no ser acariciados. El vientre. Él siempre descansa cuando llega al vientre, fértil límite de ensueños, frontera invisible. Hacía calor y mis pies resbalaban entre las sábanas como inocuos acantilados. Nos mirábamos, ¡cuánto nos mirábamos! con detalle de orfebre, con ojos de miope escribano mientras la saliva humedecía mis labios hinchados que apenas me permitían respirar. Me resistía a cerrar los ojos y sumergirme en el deseo, en el momento tan esperado. Abrió mis piernas con delicadeza, de forma pueril, y me acariciaba los muslos de arriba abajo como si fuera la cola de un gato mimoso en busca del afecto de su amo. Con cada movimiento se iba acercando más y más, deshaciendo el camino y retomándolo después para llegar a casa, su casa. Me apartó un mechón de pelo de la cara. Le gustan mis ojos verdes, entreabiertos y rasgados. Siempre ha sabido el momento oportuno en el que los encuentra así. Estábamos sudando pero ya hacía tiempo que habíamos olvidado el calor. Nada existía salvo él y yo. Apenas podía ya visualizar su imagen. El hogar, caliente y húmedo como la piedra de una fuente en las tardes de verano. Navega al compás de las olas, muévete suave, como el barco de papel frágil y delicado ignorante de que va a ser devorado por la irremediable inmensidad del mar. Ahora sí, ahora sí: vuelve a casa a galope lejano mientras el estómago lucha por no hacerse añicos en mitad de la montaña. Mírame a los ojos y háblame, di mi nombre…

-¡Alicia, Alicia! El señor C. te espera en el jardín junto a tus hermanas. ¿Se puede saber qué hacías frente al espejo? No cambiarás nunca.

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14 comentarios

migratoria -

Inspiración y valentía para hacer que Alicia se desborde delante de su espejo. Y ¡que final!

migratoria -

Valentía y una buena dosis de imaginación para hacer desbordar a Alicia delante de su espejo. Sí que me gustó.

Vailima -

Gracias por tu comentario, Herri. Ya ves, cuando se habla de erotismo no hace falta atravesar ningún espejo. Basta con colocarse frente a él. Cuestión de valentía, supongo.
un abrazo

Herri -

Y Alicia salió a enfrentarse a el espejo de la cámara del señor C., quien nos la legó inmortal y somos nosotros quienes estamos al otro lado del espejo imaginando a esa Alicia que ahora nos redescubres.
El suave, aterciopelado y navegante entre espumas de deseo del texto (como muy bien apunta ladydark) adquiere otra dimensión con el final que muchos esperamos de los buenos cuentos.

Vailima -

No hay fronteras, Lola. Los límites están en nuestra imaginación. Ni tan siquiera el pudor puede con ellos.
un beso y ánimo que eres mi matemática preferida después (claro está) de mi matemático preferido.

Lola -

qué bueno... Me esperaba \"algo\" al final (intuición femenina... de esas... ya sabes) y tal final queda redondo... Tendré que medir bien la forntera abstracta del erotismo :P

ladydark -

¡Ays esta niña! Abro el cuaderno y ya esta cambiado. Charles ahora si que no puedes dejarnos sin tu relato.

Vailima -

Gracias Ladydark por la iniciativa. El título del post ya está cambiado. Una sugerencia excelente que Charles sabrá apreciar en lo que vale...jeje, (Charles, te estamos llevando al huerto entre todos).
Jafatron: tómate todo el tiempo que desees porque efectivamente no hay plazos (faltaría más, en mi casa no permito las prisas) y en ascuas estamos todos esperando tu relato.

ladydark -

Charles, si es necesario estoy segura de que Vailima le cambia el título a 1ª Muestra de Relatos Eróticos, asi que nada de excusas y ánimo.

Jafatron -

Precioso Vailima, sugerente y motivador. No he visto plazos para este concurso donde todos ganamos en el que participaré si se me permiten un par de días de margen, que las ideas las tengo pero me falta tiempo para desarrollar y pulir, que el listón, visto lo visto, está alto e intuyo que se mantendrá igual, y a mí me gusta estar casi a la altura.

Charles, me sumo a Vailima y aporto mi granito de presión. No nos defraudes.

Vailima -

Charles, ¿podrás dejarnos sin un relato tuyo? Si lo que te asusta es la palabrita de marras, olvídate. No se trata de un concurso, eso sí, el premio es pasar un buen rato con vuestros cuentos.
Anímate, hombre. No nos defraudes.

Charles de Batz -

Bonito relato, si señor, y con un final verdaderamente impactante.

Leerlo ha sido una buena manera de comenzar un miercoles.

Esperaré con verdadero interés a leer por donde van los relatos participantes.

Yo, desgraciadamente, sufro de sarpullidos cuando se pronuncia la palabra concurso -y, además no tengo casi ni para mi bitácora: mala semana-, así que me limitaré a ser un mero espectador.

ladydark -

Bellisimo Vailima y con un final sorprendente. Me ha encantado tu relato, es suave, aterciopelado y parece navegar entre espumas de deseo. Desde aqui un aplauso para esta revisión del mito carrolliano, gracias Vailima por mostrarnos el otro lado de Alicia y su espejo.

Vailima -

Que sepan, amigos lectores, que ya tenemos otro relato en cartera. A animarse...que para eso estamos.
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