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Un hombre de pago es el título con el que Neus Arqués conduce al lector por el mundo de la prostitución masculina. Les confieso que el tema me era desconocido pero la sorpresa de la obra radica, curiosamente, no en el personaje masculino que la ejerce sino en los sentimientos de las mujeres que confieren su universo. La novela se despliega como un asombroso atlas de lugares, personajes e historias que convergen en un eje central: Iván, el aparejador que salió un día de La Habana y que, a la espera de una vida mejor, se ha convertido en un gigoló que nos habla de sus sentimientos con la voz de su compadre el Piesplanos mientras nos sirve una copa en el Hemingway. La historia se desarrolla en blanco y negro, lo sé, como la vida triste de Rosa, una dermatóloga a la que su marido ha abandonado por una mujer más joven, la misma Rosa que alentada por su masajista decide un día contratar los servicios de un gigoló. O como la vida también triste de Bel, a quien los revolcones en la cama con Iván harán olvidar la ruptura de su matrimonio. La primera paga, la segunda no, pero ambas y por diferentes caminos, esperan lo mismo y lo mismo obtienen. Todos los Hombres somos así, ¿existe algo mejor que el sexo con una escultural pareja que hace que te olvides del mundo porque el mundo es tu montera? Pues sí, nos dice Rosa, “parte de la satisfacción de ligar consiste en explicarlo después a tus amigas, y la que diga que no, miente”. Tras esta reflexión, se aparece la verdad más cruda, la realidad más palpable. El amor y es entonces cuando uno debe callar y esperar una respuesta. Las dos mujeres de Un hombre de pago se ven obligadas al silencio, al lenguaje de los sentimientos donde lo económico ya carece de importancia. Sus incertidumbres obtienen por fin una respuesta, “tenemos muchas vidas posibles y elegimos una, y esa opción sólo funciona si renegamos de las demás. No podríamos resistir una sobredosis de felicidad permanente” –dice Bel-. Quizás se equivoque en esto último. Elegimos una renegando de las demás y lo hacemos con la absoluta certeza de que nadie puede resistir una sobredosis de infelicidad. “P´alante, mi hermano” aunque sea en blanco y negro como la de lván, Rosa y Bel. Como la nuestra muchas veces. Gracias, Neus.
Fecha: 19/04/2006 14:03.
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