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DIO SU REVÉS LA LUZ. Y NACIÓ EL NEGRO

DIO SU REVÉS LA LUZ. Y NACIÓ EL NEGRO Este pasado fin de semana me ha sucedido algo extraordinariamente raro: he recuperado un libro prestado.
No sé vosotros, pero para mí el hecho de “ofrecer un libro a un amigo con la esperanza de recobrarlo” es un acto de fe y produce una herida en algún sitio de mi corazón. A medida que pasa el tiempo, como en todas las cosas, la herida cicatriza y se cierra. Pero es un cerrarse en falso, porque cuando vas a buscar ese libro a la estantería de casa, no lo encuentras, piensas que la última vez que lo cogiste no lo debiste poner en su lugar acostumbrado, que no, qué tonta, que cenando un día con futano te lo pidió y tú con dolor de corazón, se lo ofreciste con una sonrisa, no hay prisa, no hay prisa, devuélvemelo cuando quieras...

En Memorias de África hay una escena que recuerdo con cariño y que viene a decir que quien no devuelve un libro prestado, se queda con un libro más y con un amigo menos. El que presta el libro, sólo pierde el libro.
Yo, por mi parte, todavía no he llegado a ese extremo, entre otras cosas porque he aprendido a mentir con los años y porque mis amigos, los de verdad, esos a los que presto mis libros, tienen, como los buenos cuadros, las dosis justas de sombras y luces, de claros y oscuros que hacen que el conjunto sea atractivo y armonioso.

Pues bien, el libro que ha vuelto a su casa es el que Rafael Alberti dedica a la pintura.
La cuestión no está en que sea difícil o imposible encontrarlo en el mercado, que no lo es. Incluso en mejores ediciones que la mía. Pero es que la que yo tengo, es una edición del año 78, publicada por Seix Barrall y comentada, subrayada y cochineada por mí.

Como homenaje a esos amigos que devuelven los libros prestados a sus dueños, dedico estos versos surgidos de la mano del poeta gaditano con los que he vuelto a soñar este fin de semana en el que me ha sucedido algo extraordinariamente raro: he recuperado un amigo abandonado.

AL CLAROSCURO

A ti, nocturno, por la luz herido,
luz por la sombra herida de repente;
arrebatado, oscuro combatiente,
claro ofensor de súbito ofendido.

A ti, acosado, envuelto, interrumpido,
pero de pie, desesperadamente.
Si el día tiembla, tú, noche valiente,
si la noche, tú, día enardecido.

A ti, contrario en busca de un contrario,
adverso que al morder a su adversario
clava la sombra en una luz segura.

Tu duro batallar es el más duro:
claro en la noche y por el día oscuro.
A ti, Rembrandt febril de la Pintura.
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2 comentarios

Pedro -

Muy bien contestado.. je je

Raschid -

Cada libro reencontrado es un placer inesperado, y como bien dices, es el retonro de un viejo amigo; trabajado, leído, ensuciado incluso.
Los libros se usan, como objetos que son. Se viven, se aprecian, e incluso a veces, pocas veces, se recuperan.
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