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ARTE Y FILOSOFÍA

ARTE Y FILOSOFÍA ”El carácter enigmático (de las obras de arte), bajo su aspecto lingüístico, consiste en que las obras dicen algo y a la vez lo ocultan”
T. Adorno

Nunca podremos responder satisfactoriamente a la pregunta acerca del sentido de una obra de arte como “qué significa realmente” o “¿para qué todo esto?”. Ante tal tipo de preguntas, las obras de arte se enmudecen, o como dice Adorno, sólo pueden hablar con una muda elocuencia, de un lenguaje mimético, sin intenciones.

No se puede percibir un campo de trigo como si no hubiéramos contemplado los trazos ondulantes de Van Gogh. Tampoco podemos leer a Poe de la misma forma que si no tuviéramos referencia de los estudios de Baudelaire sobre el escitor americano y, así con muchos otros casos.
La crítica modifica nuestra percepción y nuestro juicio de la obra de modo semejante a como ésta transfigura la realidad y renueva nuestra percepción y nuestro lenguaje. La tarea del crítico parece que debe de estar dominada por una visión mesiánica por la que puede iluminar el contenido de verdad de una obra como si se tratara de una revelación mística de un oculto secreto que ha estado ahí esperando el conjuro correcto. Sin embargo, dejando a un lado esta argumentación, parece que la crítica es necesaria y más aún, dada la naturaleza plural y compleja del arte en la actualidad.
En este sentido, el enfoque más productivo sería el que concediera que el arte es un medio de comunicación simbólica, que la obra de arte no es el final del camino de nada y que no puede darse como algo terminado. La irreductibilidad del arte hace que no podamos someterlo a las leyes normales de comunicación y de representación de la realidad. Y parafraseando a Adorno, podemos afirmar que su soberanía estriba en su carácter enigmático.
La experiencia del arte tiene una lógica negativa. Por un lado, la negación de las formas de percepción y del lenguaje que ya teníamos, que quedan sustituídos por otras nuevas que nos permiten ver el mundo de forma diferente y pensarlo con otras expresiones. Ahí se basa la experiencia estética: en un proceso de apertura del mundo, en el paso de lo conocido a lo desconocido. Por otro, la obra de arte es negatividad y enigma inconmensurable en una sociedad que aspira a dominar lo universal, lo calculable y lo útil. El arte representa lo heterogéneo, lo diferente.
Retomando la cita con la que encabezaba el post, toda obra de arte es una oferta de diálogo y de entendimiento dirigida a un sujeto reflexivo que se acerque a ella. Las auténticas obras de arte responden sorprendiendo el sentido de aquel que las experimenta, aquel cuya autonomía se ve capturada, para más tarde recuperarla con la reflexión. Tanto la obra como el receptor reconocen ambos la autonomía del otro y la imposibilidad de agotarse mutuamente. De ahí que las obras sólo se completen mediante su recepción ya que son siempre para el otro.
Toda obra de arte pretende un reconocimiento en tanto que forma de comunicación simbólica aunque, como dice Adorno, sea un mensaje en una botella a la deriva en el inmenso océano, jamás renuncia a llegar a un destinatario.
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3 comentarios

Mirta Benavente -

Muy interesante tu blog.
quede atrapada y lo recorrere con minusiocidad.
Un saludo

miguel nagar -

Tropece buscando y caì en tu blog.
Me ha gustado visitarte y leerte.

saludos.

teresa -

quiero la crítica de la divina comedia
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