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L´ART POUR L´ART SANS BU

L´ART POUR L´ART SANS BU Hoy quisiera hablarles de Theophile Gautier, un personaje conocido por los aficionados a la historia de los sistemas estéticos.
La obra de Gautier supuso la manera ciega –como anticipo temprano (1834)- de una serie de invariantes estéticas que darían como resultado la crisis de la Estética.
En sus textos se plasmó aquello de el arte por el arte sin fin (sans bu) que apareció como una declaración de intenciones al estilo de Whistler cuando hablaba del egoísmo del arte o del arte para sí.
Gautier entendía la obra de arte como el arte que no tiene que rendir cuentas a nadie; la obra de arte “limpia”. Se trataba, pues, de limpiar ese edificio y eliminar sus supuestos fundamentos, sus raices sociopolíticas, sus pertenencias a terrenos ajenos como la moral, la religión o el estado. Era la llamada del artista defendiendo el aislamiento de su obra como objeto artístico per se, en contraposición a la visión del Romanticismo donde el sujeto poiético, creador y hacedor era lo más importante.

La obra literaria de Gautier habla de su propia obra. En el prólogo de Mademoiselle de Maupin (obra que les recomiendo) plantea una valoración de la literatura de una desaforada sensualidad. Valoración del arte como un objeto de degustación o como una descarga sensual y emocional del acto amoroso acompañada por una defensa del arte como exhuberancia o en sus propias palabras como “la expansión del alma en las horas del ocio”.
Para nuestro crítico, la fuerza de la obra no plantea un cambio en las costumbres y ataca sin misericordia a aquellos críticos utilitaristas y morales que se preguntan por el “para qué” sirve tal o cual obra. No hay nada que civilice o contribuya al progreso puesto que se pueden hacer obras de arte que no lleven a nada. Bien es cierto que aunque la sociedad sufra y se encuentre en mitad del abismo de un gran desgarro interior, por eso precisamente, no puede ser el poeta quien deba buscar la solución al modo como el enfermero las enfermedades de su tiempo.
El arte no puede ejercer de ninguna manera una misión que él no ha elegido: ni “un libro es una sopa de gelatina” ni “un drama es un ferrocarril”. El arte no es nada que pueda llevar hacia el progreso. El arte es el reino de lo superfluo y de lo innecesario. Como diría nuestro autor me gustan las cosas y las gentes en relación inversa a los servicios que me proporcionan.
El gozo, pues, es la finalidad de la vida, la única cosa útil del mundo y para ello Gautier rescata las obras de arte del alto espíritu y las rebaja a aquello que nos alegra la vista, aquello que en el naufragio de la existencia nos ayuda a mentenernos a flote. No hay pathos, no hay ideas salvadoras: el arte forma parte del mundo de lo ateorético.
Tanto es así, que Gautier mantiene la tesis de que una cosa es el arte y otra es la reflexión sobre el arte. La segunda mata a la primera. Leer críticas y comentarios no ayudan al artista. El artista se debe dejar llevar por sus instintos pues no somos puras plantas orgánicas que producimos versos hermosos. El arte es el objeto hermoso y todo lo que suene a precaución es sospechoso.

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