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¿LA MÚSICA AMANSA A LAS FIERAS?

El juglar sólo se mueve por dinero, por el vestido y el buen comer, y quien lo sacude, sólo cumple con su deber



Dos ancianos riñen. Uno de ellos empuña un cuchillo y el otro interpone entre los dos un instrumento musical que sostiene a modo de bastón: es una chirimía. En su faja lleva otro instrumento de viento. El viejo del cuchillo lleva colgada una zanfonía.
Los dos viejos son músicos ambulantes.
El resto de la escena nos propone la estampa de dos músicos más: un gaitero y un violinista que no se inmiscuyen en la riña. Incluso podría decirse que la escena les resulta divertida, tanto es así que uno sonríe al espectador. Por la izquierda y junto al viejo que empuña el cuchillo, una anciana lazarilla agarra su bastón con desespero y grita.

Ésta es la descripción de lo que podemos contemplar en este lienzo de 94 x 141 cm del pintor lorenés Georges de La Tour que se encuentra en la actualidad en el Museo Getty de Los Ángeles.

El motivo de la riña es de lo más normal si uno estuviera viviendo entre los años 1620 ó 1630 en los que se data la ejecución del lienzo. Inmersos en la guerra de los Treinta Años, los pobres se ganan el sustento con la mendicidad y la música ambulante. Y si además eres ciego... pues un patrimonio añadido.
El zanfonista tiene el ojo derecho cerrado y el izquierdo apenas abierto. Parece que es invidente, pero podría tratarse de una ceguera fingida. Esto mismo es lo que quiere descubrir el viejo de la chirimía. Para ello, si ustedes se fijan en su mano derecha, sostiene en ella con fuerza un objeto que le dará la razón: nada más y nada menos que un limón con el que intenta echar su zumo en los ojos del ciego y comprobar si éste reacciona con sensibilidad al ácido. ¡Qué dura es la competencia...!

Dejando a un lado el tema del cuadro, centrémonos en su “aspecto musical”. Como hemos dicho arriba, el viejo del cuchillo es un zanfonista y lleva colgado el instrumento en su ancho cinturón. Una rueda situada en el interior de la zanfonía roza las cuerdas y las hace sonar. Se acciona con una palanca (fíjense en la mano izquierda del supuesto ciego) que se acopla al cabezal. En principio, todas las cuerdas tienen el mismo sonido, pero gracias a unas teclas mecánicas, el músico puede crear diferentes tonos. El resultado es un sonido chirriante y ronco de fondo interrumpido por una melodía sencilla y simple.
En la Edad Media, la zanfonía era un instrumento muy popular con la que los músicos de la corte acompañaban sus canciones pero pasó a convertirse con el tiempo, por su fácil manejo, en un instrumento callejero, tañido fundamentalmente por ciegos y deficientes mentales.
El resto de instrumentos que aparecen en la obra tampoco gozaban de ningún prestigio. La gaita y la chirimía eran considerados instrumentos pastoriles. Incluso el violín, empuñado por el personaje que nos sonríe, estaba mal considerado por su fácil manejo. Los violines en estos tiempos no eran iguales a los que ahora conocemos. Tenían una hendidura longitudinal y su manejo, como les he dicho, era mucho más rudimentario. Además de vulgar, al violín con su vaivén del arco, se le atribuían connotaciones sexuales. La misma suerte corría la gaita. Por este motivo, la gente de fe consideraba la música mundana como obra del diablo y, por ende, los músicos no eran sino bribones, lincenciosos, vagos y pendencieros.
En fin, ya les he mostrado un retazo del mundo que no hemos podido contemplar en directo (¡gracias a dios!) aunque todavía haya miserables que hagan suya la frase mendicus mendico invidet.

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1 comentario

Anónimo -

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