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...UM SECHS IM PICCADILLY (y 2)

Antes de nada una aclaración. El título pertenece al final de la frase de una cancioncilla de moda en el tiempo sobre el que escribo. Musiquilla agradable para tiempos que dejaban de serlo y decía así:

Ach Willy, ach Willy, um sechs im Piccadilly

El que haya querido aclarar de dónde demonios me he sacado el título del post sólo responde a un motivo. El matemático incluso dirigió hacia mi persona palabras de las que llamamos “mayores”:

-Es que no te entiendo, de verdad ¿eh?, mira yo te...te...te.

Las putas de Kirchner no mostraban sus pechos, ni sus piernas ni esa sonrisa típica con la que una prostituta agasaja a un futuro cliente. Sus cocotas caminan como damas, con semblante serio y seguro. El motivo de que sean representadas de este modo responde al imperativo social de que las putas no podían llamar la atención. Estaba prohibido pasearse de manera indecente o incitar verbalmente a la lujuria según escritos de la policía en 1911. También se prohibía estar de pie o sentado de forma provocativa. Nada de Instinto Básico por las calles, nada de permitir entrever el vello púbico entre las piernas, nada de wonderbraas.

Kirchner representó el mundo tal y como él lo vivía, no como el mundo era en realidad. La realidad externa sólo constituía un estímulo puesto que las formas y los colores provienen de la fantasía del artista. En raras ocasiones coinciden sus colores con los del objeto que representa.
El artista y sus contradicciones, las formas redondeadas frente a los ángulos agudos. Lo agradable frente a lo agresivo, igual que sus personajes cruzándose en diagonal y transversalmente. El continuo movimiento individual, nadie está preparado para el contacto mutuo. Los ciudadanos de Kirchner no se ven, no se miran. Como cuando los animales detectan una catástrofe.
El Picadilly no se llamó así mucho tiempo. La guerra le cambió de nombre y lo transformó en el Kaffee Vaterland (café de la patria). Los dos edificios que se identifican en el lienzo han desaparecido: fueron bombardeados e incendiados en 1945. Las ruinas del Vaterland y de la estación se derribaron en 1950. Cuando se levantó el muro de Berlín, la Potsdamer Platz se convirtió en un desierto del que hoy sólo resisten el lugar y el nombre.

Kirchner nació un 6 de mayo de 1880 en Aschaffengurg, Alemania. Al comienzo de la guerra tenía 34 años. En su famoso autorretrato se pinta como recluta, aquel que nunca fue a la guerra, con un cigarrillo en la boca y un muñón ensangrentado por brazo: “Ahora soy como las cocotas que pintaba: difuminado, y la próxima vez, adiós”.
El adiós que se profirió fue un tiro certero al corazón una radiante mañana del 15 de junio de 1938 cuando cansado ya de médicos, de ataques de angustia y una desconfianza enfermiza quiso desdibujarse para siempre ante los ojos de su amiga Erna Schilling:

”Gracias a Dios, el tiro en el corazón entró tan bien que la muerte fue instantánea”.

Ach Ludwig, ach Ludwig, um sechs im Piccadilly.
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