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LAS MUY RICAS HORAS DEL DUQUE DE BERRY (2)

detalle palomar

Un motivo tradicional del mes de febrero era el hombre cortando leña. Lo que ya no era tan habitual era encontrar una torre cilíndrica como la que les muestro en el detalle de la imagen de hoy: un palomar.

Las palomas no se criaban para comer ni para servir de mensajeras. Su valor radicaba en que eran importantes productoras de abono. El estiércol de paloma estaba mejor valorado que el de oveja, cerdo o vaca y se utilizaba para fertilizar los huertos. Los palomares, pues, era considerados como verdaderas fábricas de las que se buscaba un máximo rendimiento. Alrededor de las paredes interiores se abrían unos pequeños huecos que sirvieran de nidos, que comenzaban a cierta altura encima del suelo y terminaban a una cierta distancia de la abertura del techo, ya que a estas aves (a las que les confieso no tener ningún aprecio) no les gusta anidar cerca de puntos demasiado frecuentados.

Las palomas prefieren, también, lugares tranquilos donde no azote el aire, de ahí que los palomares no se construyeran en mitad de las fincas sino al abrigo de un bosque tal y como los Limbourg nos lo presentan. Si observan la imagen, verán que unos anillos o frisos recorren el palomar de arriba abajo. No se trata en ningún modo de complemento estético alguno. La razón es muy práctica: imposibilitaban que cualquier animal, ratas, comadrejas o martas, pudieran acceder al interior del mismo.

Además de productoras de abono, las palomas se caracterizan por su apetito voraz. Este es el motivo por el que la posesión de un palomar era, casi exclusivamente, derecho exclusivo del señor feudal y un palomar torreado era considerado símbolo del estatus social de su propietario, de hecho, la extensión de una propiedad se calculaba por el tamaño de la torre (parece ser que en cuestiones de “tamaño” siempre impera “lo más grande” ¿no les parece?).

Dejando a un lado ya el tema de las palomas, fíjense ahora en los panales colocados sobre el caballete de madera. Otro motivo que nos indica que nos encontramos en el mes de febrero.

Durante el otoño, los panales se colocaban al fuego para que las abejas se asfixiaran con el humo, la miel se derritiera y la cera saliera sin dificultad. Cuando llegaba la primavera, los campesinos buscaban en el bosque nuevos ejemplares. Como nos encontramos en mitad de estas dos estaciones, los panales están vacíos y a la espera de nuevas inquilinas. Mientras tanto, vayamos a refugiarnos a la cabaña. Hace un frío de muerte y no quisiera que nadie enfermara. Les espero allí. En otro post.

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2 comentarios

ll -

ññ

Ricardo -

Comparto contigo el poco aprecio por las ratas con alas (y no me refiero a los murciélagos, por supuesto).

Y sí que hace frío, sí...
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