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Vailima

El Infierno

HIJA, A TU EDAD...

"hija, a tu edad..." me dice mi amantísima madre cuando me ve hecha un guiñapo por los nervios del estudio. Y me vuelvo a casa, repitiéndome una y otra vez -en la intimidad más silenciosa- que "pa qué". Menos mal que el ser humano dispone de ciertos recursos, redentores ellos, que te quitan la tontería de un plumazo. Eso es lo que esta señora, una intelectual, una mística, quizá la primera humanista del siglo XXI (como dice un amigo mío), ha hecho conmigo: redimirme en mi mismidad.

Espero, francamente, que os pueda ayudar. Yo por lo pronto creo que voy a ovular, o a menstruar, o las dos cosas a la vez que una cuando se pone...

 

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PENITENCIA

Hay veces que me digo: “algo habremos hecho para merecernos esto” y aquí estoy yo, repasando y repasando hasta donde alcanza mi memoria y no encuentro nada proporcional. No es que sea perfecta, para qué les voy a engañar, tengo mis defectillos como todo el mundo pero en cuestión de pecados, del montón, oiga. Es más, ni son pecados a la antigua usanza porque a ver qué tienen de malo los pensamientos impuros con lo divertidos que son. Esto me recuerda que tengo que enviarle un preservativo al papa.

Pues lo dicho, que hago acopio de actos y vivencias y reconozco que lo que les traigo no tiene nombre. Bueno, sí lo tiene pero mejor lo olvidamos. Para todos aquellos amantes de la música sin mácula, melómanos tiñosos. Va a ser que los pecadores son otros y nosotros los penitentes, y si no escuchen (que ni falta que hace que me afinen el oído).

MIKEL LABOA

Hoy ha muerto Mikel Laboa y con él, se va parte de mi juventud y con sus canciones queda parte de mi vida.

 

LAS FARMACIAS YA NO SON LO QUE ERAN

LAS FARMACIAS YA NO SON LO QUE ERAN

           Cuando uno va entrando en años tiende a afirmar que las cosas ya no son lo que eran, mientras los más jóvenes, con gesto condescendiente asienten pensando que se trata de eso, de otra tontería de gente entrada en años.

            Quien esto escribe es de los que piensan que el abismo generacional no existe, a pesar de ser notorio y apabullante: cada generación es un calco de la anterior con diferencias mínimas. Si las diferencias fueran tan grandes como parecen (y ya lo creo que lo parecen, basta con tener hijos para saberlo) el ritmo de evolución social de la humanidad sería absolutamente endiablado, y no lo es: hoy somos tan cretinos y gilipollas como lo eran nuestros ancestros hace quinientos, mil o dos mil años. No me arriesgo nada al aventurar que los conflictos entre vecinas de la antigua Roma no difieren en lo esencial de los de las actuales, ni de lo que ocurre entre compañeros de trabajo, o entre estudiantes de la misma clase.

            Ilustrando este aspecto invariable de la especie nuestra, tenemos “Los trabajos y los días”, de Hesíodo, obra en la que el escritor de “La teogonía” alecciona a su hijo de una forma bien parecida a la que hoy en día haría cualquier padre; o sea: en vano. Leí en una ocasión que en alguna tablilla sumeria un padre hacía lo propio con su respectivo y díscolo vástago; de modo que ya ven, el tema es antiguo como la humanidad misma.

            Hecho este preámbulo que me redime ante el lector del posible pecado de falta de perspectiva o de miopía generacional; me atrevo a afirmar: las farmacias ya no son lo que eran. Todo esto viene a cuento de mi doble cabreo por dos constataciones recientes.  

Primera constatación: una de las farmacias que tengo a tiro de piedra exhibe de un tiempo a esta parte un rotundo letrero glosando las excelencias de la homeopatía. No se trata de una parafarmacia, sino de una farmacia de tomo y lomo, tras la cual se supone que existe una persona licenciada en farmacia, carrera nada trivial en la que se debe enseñar que la homeopatía es una patraña.

Todo licenciado en farmacia debería saber qué cosa es el número de Avogadro, y debiera tener un mínimo de conocimientos matemáticos sobre proporcionalidades directas e inversas suficientes como para refutar las afirmaciones homeopáticas, pero ya ven… no es así. Si los conocimientos de un BUP bien aprovechado son suficientes, ya me dirán los de un licenciado en farmacia. En honor a la verdad y licencias literarias aparte, debo confesar que sigo pensando que la inmensa mayoría de ellos NO cree en la homeopatía, de la misma manera que creo (por poder vivir en paz, más que otra cosa) que la mayoría de los médicos también la rechaza aunque conozco a varios que no les bastó la carrera para asimilar contenidos suficientes para rechazar ni la homeopatía ni el lamarckismo; pero esa es otra historia.

Segunda constatación: hoy mismo Vailima y yo hemos visto un producto en una farmacia elaborado con sal marina. No sal marina normal, nooooo; sal marina del mar muerto. ¡Tócate los cojones!

Me pregunto yo si el cloro formará con el sodio en tierra santa enlaces iónicos de estructura geométrica diferente a la que forma en el resto del orbe. He estado a punto de requerir la presencia de la licenciada para que me explicara el asunto, pero sabiendo los malos ratos que uno hace pasar a su Santa con estos pequeños asuntos diarios en los que uno tanto goza pero los demás no; he decidido no hacerlo.

Una idea me lo ha quitado de la cabeza: ¡esto me da para un post!

TioPetros

LOURDES, LA PEOR CARA DEL DOLOR HUMANO

 

La ciudad francesa de Lourdes vuelve a estar en prensa ahora que Ratzinger ha anunciado visitarla en breve.

Me es difícil hablar con desapasionamiento de Lourdes. Hace unos años, Tio Petros y una servidora tuvieron la suerte de ser llamados para cantar el réquiem de Mozart en dicha ciudad. Así lo hicimos con nuestro coro, a pedido de la Orden de Caballería del Santo Sepulcro de Jerusalem (1). Además de nuestro querido Requiem, tuvimos la ocasión de cantar a capella una selección de música religiosa del siglo XVI en la que destacaban obras maravillosas de Juan de Anchieta.

Mientras nosotros cantábamos, quienes nos pagaban (los caballeros de la orden) escuchaban en silencio total, en  -al menos-  aparente meditación.

Aquella experiencia fue interesante por varios motivos: una no canta el réquiem de Mozart, ni polifonía religiosa del siglo XVI todos los días, y menos ante un público tan extraño.  Tio Petros ama la música religiosa como yo, de modo que gozar juntos esta experiencia una vez más (y son ya tantas…) tampoco era cuestión baladí.

Pero es que además está la ciudad. La ciudad de Lourdes, única en su género por lo hiperbólica, por lo… me faltan epítetos.

Nosotros dos habíamos salido de casa varios días antes para recorrer el Pèrigord en soledad, como nos gusta: castillos, pueblecitos, románico y buena gastronomía. Conocimos lugares de ensueño, como los pueblos de La Roque-Gageac, Beinac y otros inenarrables lugares bañados por el río Dordoña. Pudimos comer y beber hasta quedarnos ahítos de placer, y luego enfilamos hacia el sur, contra los Pirineos para reunirnos en Lourdes con nuestros compañeros de coro.

Tras tanta belleza aún impresa en nuestras retinas, Lourdes nos golpeó inmisericorde con su espantosa realidad. En el infierno personal de TioPetros hay una tómbola con un feriante a voz en grito anunciando la última idiotez del momento. En el mío hay una interminable calle con tiendas a derecha e izquierda en las que se venden horrorosas vírgenes blanquiazules. Si el azul fuera más oscuro diríase que son de la Real Sociedad donostiarra. Miles, que se me antojaban millones de fieles (porque supongo que serían fieles),  entraban y salían de aquellas tiendas que hacían bellas las tiendas más kitsch de cualquier capital. Tan sólo al final de la calle pudimos descansar un poco la vista en otra tienda más que vendía iconos de apariencia ortodoxa, más oscuritos y con una falsa pátina de vejez que al menos no quemaba los bastoncillos y los conos de mis ojos.

Repugnante. Pero aquello no fue sino el comienzo de un festival de los horrores que no cesó hasta que ingresamos en la balísica para hacer lo que habíamos ido a hacer; cantar.

Procesiones incesantes, enfermos pidiendo curación, miseria, y sobre todo dolor humano, espantoso dolor humano que se aferra al clavo ardiendo de una curación milagrosa perversamente administrada por miles de beneficiados.

Cuando fuimos a la famosa cueva, a mi derecha estaba una chica negra, de muy bellas facciones, en una camilla. La camilla estaba medicalizada y en los bajos de la misma un grupo electrógeno mantenía en funcionamiento aparatos que la mantenían con vida. Su mirada era vidriosa y era evidente que estaba agonizando. Más allá una madre entrada en años empujaba hacia la gruta a su hijo con síndrome de Down.

A mí no me repugna el dolor humano. Me impresiona, me deja tocada, me emociona, me hace sufrir; pero no me repugna. Lourdes me repugna. Lourdes es repugnante porque mercadea con el sufrimiento, porque me enseña la peor cara del dolor humano: esa cara que sólo aparece cuando el dolor es demasiado fuerte para sufrirlo sin creer en milagros. Lourdes es irracionalidad animal.

Lourdes me repugna porque me hace dudar de mí misma, y me hace pensar que si la vida me aprieta lo suficiente quizás también yo iría reptando miserablemente a suplicar un milagro que  por supuesto no se me concedería.

(1) A quien le parezca anacrónico en pleno siglo XXI este dato, le aseguro que es cierto. La orden de los Caballeros del Santo Sepulcro de Jerusalem fue fundada en 1098, tras la victoriosa primera cruzada, por Godofredo de Bouillon, duque de la Baja Lorena y Protector del Santo Sepulcro. Al igual que las ordenes militares de Los Templarios, Los Caballeros Hospitalarios o los Teutones, se dedicó a  asuntos relacionados con las cruzadas en Tierra santa, pero a diferencia de los templarios  continúa hasta la actualidad con actividad ininterrumpida. Actualmente esta orden está activa en la Iglesia Católica, y se dedica principalmente a obras de caridad y  por lo visto, patrocinio de conciertos religiosos...

 

SUMIDOS EN LA IGNORANCIA

 

 

Ayer Tio Petros y una servidora hablábamos sobre algunas cuestiones evolutivas, en particular, sobre la aparición del plumaje en las aves mientras contemplábamos hechizados, el porte de una elegante lechuza en el mercado medieval de Hondarribia que hubiera hecho las delicias de cualquier Potter.

Más tarde, ya en casa, el Petros me llama al despacho. Ven. Quiero que veas una maravilla. Me levanto remolona del sofá pero lo que me espera merece el esfuerzo. Se trata de la página de un impresentable que en grandes letras del color de la envidia dice esto:

“LAS CINCO LEYES QUE DEMUESTRA LA IGNORANCIA DE LA CIENCIA”

Dejando a un lado esa tontería denominada concordancia sujeto-predicado que no hace más que estorbar y restar importancia a lo verdaderamente subyugante, contemplo atónita una (otra) versión de imbécil humano. Esta subespecie, señores, es incansable y no necesita de grandes requisitos para expandirse ni reproducirse porque posee la gran ventaja evolutiva de desarrollarse en cualquier sitio y bajo cualquier circunstancia.

Para aquellos, como yo, que viven su miserable existencia ignorando esta peazo teoría científica, el halcón peregrino de este iluminador de mentes nos sigue diciendo:

“ESTAS LEYES JUSTIFICAN QUE LA LEY DE LA RELATIVIDAD DE EINSTEIN ES UNA LEY NO SOLAMENTE INFANTIL SI NO QUE CARECE DE INTELIGENCIA”

El que avisa no es traidor. Y yo empiezo a pensar que este hombre tiene más razón que un santo porque SI NO para qué tanto desperdicio evolutivo y sigo leyendo porque mi sexto sentido se ha puesto alerta con tanta ciencia y continúo leyendo:

“ESTAS SON ALGUNAS LEYES QUE REVOLUCIONARA LA ASTROFÍSICA Y DARA UN VUELCO DE 360º”

¡ah! Lo de la concordancia no era un lapsus científico, compruebo con tristeza y tampoco esa ausencia de tildes que suena tan a castellano antiguo una licencia poética, pero lo que hace que me cague definitivamente es cuando el vuelco me arrolla y me precipito 360º y me empieza a subir la fiebre. Incluso creo que el vuelco me deja en el mismo sitio. Dios, qué alucine...qué delirio.

Tio Petros tiene que sujetarme y devolverme al mundo sin sentido e ignorante donde vivimos y atacado por una fuerza suprema de inteligencia me invita a leer la última, de verdad, perla peregrina de este sonao:

“La solución a esta cuestión le costara a la ciencia mil millones de pesetas, de lo contrario dejaré a la ciencia en la ignorancia”

Y nos veremos sumidos en el peor de los mundos imaginables, que no puede ser otro, que aquel gobernado por humanos de éste y este pelaje. Que la inteligencia nos pille confesados y prevenidos.

Y SIGUE LA PENITENCIA

 

Vailima deja de fumar y se le pone este careto

 

Éste que contemplan ustedes es el verdadero rostro de la desesperación. Se parece a mí pero no soy yo.

La foto está tomada por Tio Petros el sábado pasado en Hondarribia, mi pueblo natal. Contemplen ese mar gris y ese cielo que enmarcan con tanta mala leche el careto desencajado de una que, como decía, se parece a mí pero no soy yo, porque hasta hace un poco más de una semana, yo era fumadora.

Se me olvidaba. Estoy a un tris de cogerle el taburete al niño del video de abajo y propinarme unos cuantos cabezazos gratuitamente y sin compromiso.  

DECONSTRUCCIÓN II: ARDO YO

 

 

 

Lean atentamente el siguiente texto:

Marina Núñez abre las puertas oscuras de un universo reversible, en el que la alienación identitaria, encarnada en la opresión de lo femenino y/o natural, hace las veces de lencería mental”.

No, han leído correctamente. No se preocupen. Compruébenlo:

Marina Nuñez abre las puertas oscuras de un universo reversible, en el que la alienación identitaria, encarnada en la opresión de lo femenino y/o natural, hace las veces de lencería mental”.

No les voy a volver a copiar el texto porque tantas veces lo hiciera, otras tantas que no iban a entender nada. Yo lo único que he sacado en limpio es que alguien se encuentra en un sitio sin luz con unas bragas a las que se le puede dar la vuelta y que no sabe muy bien quién es porque presa ella de un ambiente campestre no tiene claro qué sujetador ponerse.

No se rían que hablo en serio. Este texto es la introducción con la que Ricard Mas se hace eco en la revista Descubrir el Arte, de la exposición que presenta la artista Marina Núñez en el Centro de Arte La Panera en LLeida.

Leo absolutamente todos los artículos que este crítico de arte escribe en la revista. No vayan a pensar que juzgo a la ligera porque la línea siguiente al texto introductorio, Mas escribe lo siguiente:

“Tras tan embrollada presentación, creo que se hace necesaria, como muestra de gratitud al lector, una o varias aclaraciones”

¡Dios, menos mal que existe justicia en el mundo! Porque yo soy de esos lectores a los que hay que mostrar gratitud y aclararle una o varias cosas.

A mí me gusta la obra de Marina Núñez pero no comprendo la razón por la que se la tiene que definir con esa forma “tan embrollada” y encima, decir después que para entender lo escrito y encima gratis, te va a explicar unas cositas.

¿Por qué un lenguaje tan enrevesado? ¿qué necesidad cubre? ¿el mensaje va destinado a un público culto y además superdotado? ¿Cuanto menos se le entiende a uno, más alto está el rasero o el nivel intelectual al que pertenece quien emite el mensaje?

Mi profesor de Filosofía del Lenguaje, Víctor Sánchez de Zavala, nos repetía una y otra vez que una idea no expresada con claridad, denotaba que la idea no estaba “bien sujeta” en nuestra mente por lo que el recurso ad hoc es utilizar un lenguaje enrevesado y embrollado con el fin de diluir y disimular nuestra propia ignorancia.

No creo que éste sea el caso del señor Mas al que se le entiende perfectamente lo que quiere decir en el resto del artículo. Simplemente pienso, que este tipo de discursos debían de estar prohibidos por uno mismo máxime cuando uno quiere ser respetado por lo que dice y desea (porque todos lo deseamos) que se valore su trabajo.

Reivindico la importancia de la divulgación y el esfuerzo de todos aquellos que, en cualquier ámbito del saber, intentan llevar el conocimiento de manos de la sencillez, de la simplicidad y, por ende, de la elegancia.

Tengamos buen gusto.

DECONSTRUCCIÓN I: ARDE POMPEYA

DECONSTRUCCIÓN I: ARDE POMPEYA

Excavar en la memoria de objetos, edificios e imágenes que aún siguen a la vista, que no fueron enterrados por el paso de siglos, es también una disciplina de la arqueología, y una corriente del arte contemporáneo que utiliza sus métodos para investigar en la comunicación del pasado con el presente. De esta forma, Lara Almarcegui apila los escombros de una casa derruida en el mismo sitio donde se ubicó en su origen y establece una línea ininterrumpida en el tiempo, que se inspira en los arqueólogos que reconstruyeron Pompeya.”

Esto que ustedes acaban de leer es la introducción con la que se anuncia, en el último número de la revista Descubrir el Arte, la muestra de arte contemporáneo con la que el PAC de Murcia se estrena.

He de confesarles que no sé por dónde empezar. He contado hasta veinte, unas cincuenta o sesenta veces y tecleo estos caracteres en el ordenador con manos temblorosas.

¿La montaña de escombros es una obra de arte que responde a “una corriente del arte contemporáneo que utiliza…”?

¿Esta cosa necesita de un discurso como el que encabeza el post para que sea una obra de arte? Por lo tanto:

¿Son discursos como éste los que llenan no sólo el vacío conceptual sino artístico de este tipo de productos?

¿Creen ustedes que los arqueólogos están entusiasmados con el “hecho” de que se les compare con los artífices de esta particular “comunicación del pasado con el presente”?

Evidentemente, me dirán, uno puede inspirarse como quiera y dónde quiera. De ahí la libre naturaleza del arte que llamamos contemporáneo. Desde la ignorancia con la que mi mirada estética contempla determinadas manifestaciones denominadas por los entendidos “artísticas” surgen todos esos interrogantes a los que no encuentro una respuesta digna y cabal. Quizás la comprensión de este tipo de obras pase por no plantearse este tipo de cuestiones o, simplemente, que esa libertad intrínseca se proyecte también al espectador de tal modo que pueda contestarlas ad libitum.

Lo que sí entiendo es que puestos a hacer paralelismos entre arqueología y escombrera, cualquiera pueda pensar que tan periodistas son los profesionales del periodismo como el vendedor de periódicos o como el personaje televisivo que ha obtenido su licenciatura a base de hincar las ingles en honoris causas como es una verga rentable. Claro, que cada uno vende lo que quiere y puede: sólo es cuestión de elegir y que te dejen y si no, que se lo pregunten al diario El País por su colección dedicada al gran científico español y contemporáneo, Iker Jiménez.

CERRADO POR ENFERMEDAD

CERRADO POR ENFERMEDAD

EL LAMENTO DE LA NINFA

De nuevo, cargada voy de mí –como en el verso- y no paro para evitar la caída. Como Sísifa agónica de destino inevitable o como escarabaja patatera que transporta un peso sobrehumano (con propiedad, sobrescarabajero). Heroína de papeles y fogones, de vuelta al cole y notarías, al fin y al cabo, una pringada con deseos de retomar este hijo o este amante y hablar de arte.

Mientras tanto, la música que no ocupa espacio y a la vez me llena estos vacíos míos tan despiadadamente cansados, mientras subo y bajo la montaña maldita del día a día.

Espero que les guste este Il lamento della Ninfa que Monteverdi compuso para el deleite de la humanidad. Comienza al minuto y cuarenta y cinco de esta grabación que les presento y, por favor, apiádense de mí cuando escuchen mi lamento.

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LO BELLO Y LO CRUEL

El siguiente relato no tiene nada de banal. Pónganse en situación. Una jauría de perros está atacando a un cocodrilo cerca de Cairns, Australia y, aunque la naturaleza parezca ser muy cruel en ocasiones, también está dotada de una belleza bruta sin igual y de cierta justicia manifiesta en esa crueldad.

El cocodrilo es uno de los mejores y más poderosos depredadores y aún así, puede caer víctima de la estrategia de equipo implementada, hecha posible por la unión tan cercana de la estructura social y el instinto de supervivencia del equipo que evolucionó en los caninos.

Observen cómo el perro “alfa” sostiene al cocodrilo con el hocico impidiéndole respirar mientras otro sujeta la cola impidiéndole golpear. El tercer perro ataca la zona del vientre que es más vulnerable. La escena es estremecedora.

Ya lo decía Rilke. Lo bello no es más que el comienzo de lo terrible que aún podemos soportar. Agradezco a la revista Nature Magazine su cortesía por haberme proporcionado el siguiente documento gráfico .

REFRANERO

REFRANERO Cuando las barbas de tu vecino veas pelar...

EL TERATOLÓGICO CASO DEL ALCALDE DE SEVILLA

EL TERATOLÓGICO CASO DEL ALCALDE DE SEVILLA

Sevilla estrena la Avenida de la Astronomía. El primer edil y el consejero delegado del promotor de esta iniciativa empresarial han inaugurado el enlace de la avenida de la Astronomía con la prolongación de la calle Torneo, un acto en el que Alfredo Sánchez Monteseirín ha ofrecido un discurso en el que ha reconocido la iniciativa de Vilamar y el Grupo Banco Pastor como "locomotora" de esta zona "degradada" de la ciudad hispalense, entendiendo que este proyecto es un buen ejemplo del urbanismo "productivo" que, según dijo, promueve el Ayuntamiento frente al urbanismo "especulativo".

Extraemos parte del discurso de inauguración pronunciado por el citado alcalde de Sevilla, Alfredo Sánchez Monteseirín:

Es muy bueno que haya astrónomos.

Estamos en la Avenida de la Astronomía.

Está bien que haya astrólogos, pero es fundamental que haya astronautas.

Porque ¿qué sería de nosotros los astronautas si no nos dijeran los astrólogos o los astrónomos cómo son las cosas?

¿Qué nos podemos encontrar allí, en el más allá?

¿O qué podemos hacer, o qué podríamos desarrollar nosotros, los que estamos allí, los que nos pisamos el suelo de la realidad de las cosas?

¿Qué sería de nosotros si no existieran los astrónomos y los astrólogos? pero ¿qué sería de todos nosotros sin la tarea de los astronautas?

 

¿No me lo creen?, vean por ustedes mismos, y sientan vergüenza: 



(vía http://cerebrosnolavados.blogspot.com/2007/04/astrologos-astronautas-astronomosque.html)

La astronomía: antigua, actualísima e imprescindible ciencia que vio su nombre lógico robado por su hermanastra bastarda y corrupta, la astrología, vuelve a ser confundida con ésta última. Que la confusión venga de la bruja Lola, de Paco Porras o de algún subproducto casposo y desechable al uso está dentro de lo normal, entendiendo la normalidad en el triste sentido estadístico de una de sus acepciones, pero del alcalde de Sevilla, pues ¿qué quieren que les diga?

A lo mejor es que antes de la inauguración hubo un cóctel, o en el mejor de los casos pudiera ser que el señor alcalde de Sevilla sea un salao.

Pero no. En el fondo ustedes y yo sabemos que la realidad es otra. Este alcalde (bloguero además: http://smsevilla.wordpress.com/ ) confunde el espacio exterior con el más allá, la astronomía con la astrología, y a los sevillanos y a sí mismo con astronautas.  No sabemos si confundirá su bella ciudad con Cabo Cañaveral y la Giralda con un Saturno V.

Hace pocas décadas teníamos algún alcalde que hacía bandos que parecían escritos por Quevedo. No pediremos tanto en estas épocas oscuras para la cultura. Sólo pedimos que no se nos caiga la cara de vergüenza cuando nuestros electos personajes abren la boca para vomitar sus estupideces. Sucesivas reformas educativas han asolado el panorama cultural español hasta límites difícilmente concebibles y estamos donde estamos. En un mundo hiperdevaluado donde la putita de un famosillo, el putito de una famosilla, un charlatán, un ladrón o un jovenzuelo haragán tiene una cuota de pantalla infinitamente mayor que cualquier persona con capacidad de transmitir ideas verdaderamente potentes, logros interesantes o simplemente reflexiones válidas: en un mundo así pasan estas cosas.

Bienvenidos al circo. Bienvenidos a la mediocridad más abyecta, al todo vale. Pero no se preocupen nuestros amigos sevillanos: cuando llegue el momento de pedir el voto para continuar en su puesto ya verán cómo afina más.

Y es que ustedes los astronautas son la hostia, señor alcalde…


COMO EN EL RÍO VECHT, CERCA DE NIJENRODE

COMO EN EL RÍO VECHT, CERCA DE NIJENRODE

Es la noche del 15 de mayo de 1940. Jacques Goudstikker viaja junto a su esposa Desi y su hijo Edo a bordo del barco holandés SS Bodegraven. Huyen porque son judíos, como tantos otros, porque la muerte tenía con ellos una cita en su país y han decidido burlarla pagando un precio muy alto. Me dicen que el sr. Goudstikker es marchante de arte. El coleccionista de belleza no viaja en primera, sino como las reses que pintara Salomon van Ruysdael, hacinadas, esta vez, en la bodega de un barco con destino incierto. Inglaterra les niega sus aguas y el océano les conduce a Estados Unidos. Lo han dejado todo atrás, como en un profundo sueño y su despertar se torna pesadilla y desolación.

 

- ¿sabe? He tenido esa obra de arte mil veces entre mis manos. La he observado con detenimiento y conozco con detalle cada una de sus libres pinceladas, pero nunca hubiera creído que, un día, mi familia y yo formáramos parte de ella.


Alois Miedl, banquero alemán afincado en Holanda, se apropia de la galería de arte del judío. Las aves de rapiña no han tardado en llegar. Hermann Goering reclama su parte del botín: la venta de setecientas ochenta obras de arte se realiza por un tercio de su valor. La ley del más fuerte se impone sin rechistar. La mujer del banquero también es judía. Como consuelo, el mariscal le revende las obras impresionistas, expresionistas y cubistas que le producen vómito.

- aquí no hay quien respire –dice el holandés errante-, necesito un poco de aire fresco.

Su esposa le recrimina por su deseo. Nos lo han prohibido expresamente. No podemos salir de la bodega. Pero Goudstikker se revuelve y quizás no sea el aire fresco de esa noche de 1940, quizás sólo quiera ver reflejada su existencia en las aguas que nunca más ha de volver a ver.

Sale a cubierta y se equivoca de puerta. Se desliza por la barandilla y cae al suelo. El coleccionista de belleza se ha roto el cuello y muere imaginando aquella barcaza con ganado en el río Vecht, cerca de Nijenrode.

Es extraño –piensa la muerte-. Hubiera jurado que este judío debiera haberme esperado en Amsterdam.

EL DEVENIR DEL EGO: PATAKYS Y YOIDADES

EL DEVENIR DEL EGO: PATAKYS Y YOIDADES

La belleza física es un regalo de la madre naturaleza y por su carácter gratuito nadie posee por ello ni mérito ni desmérito. Te ha tocado en suerte ser como eres y sólo los cirujanos pueden, como las hadas buenas en el cuento de la Bella durmiente, remendar lo que en tu físico nació como irremediable.

A medida que pasa el tiempo y, justo en el momento en que uno se acepta tal y como es, justo –digo- empieza la segunda ley a hacer de las suyas. Entonces es cuando, frente al espejo, uno se enfrenta a sí mismo y emerge la madurez que hayamos podido adquirir. Sin embargo, hay golpes en la vida, yo no sé, en los que la naturaleza vuelve a despertar, como un renacer de la memoria, y te ataca con un catarro descomunal por el que corren ríos de mocos, lagrimeo constante y tos machacona a ritmo de batuka. A fuerza de eliminar esas secreciones resbaladizas y pegajosas, la nariz se va transformando en anejo incómodo mientras su volumen aumenta de forma vertiginosa y su color adquiere una tonalidad vespertinamente cazallera. En este punto, cualquier humano se asemeja a un trol porque además, una vez perdidos olfato y gusto, y el oído parcialmente (tan grande es la invasión), no te queda otra que dejar brotar tu malestar y mala leche allá por donde vas. Cuando uno cree que esta fase está siendo superada, la naturaleza de nuevo te recuerda que eres objeto de estudio antropológico y descarga sobre ti y sobre tu labio superior (el de la boca, matizo) un peazo pupón que hace de los labios de la Cañadas una mariconada comparada con semejante carnosidad en efervescencia.

Entonces, una se defiende con el sentido de la vista y sabiéndose arrebatadoramente horripilante frente al espejo, echa mano de los medios de comunicación más que nada para evadirse de la autoconciencia de fealdad demoledora que atraviesa. Y joder, Santo Tomás, qué difícil nos lo pusiste, que veo a la Pataky toda buena ella, sin mocos, sin fiebre, sin lágrimas, sin pupas, sin ese rabiar que toca los cojones, seguro que sin la regla, ni ovulaciones ni nada, que la veo –repito- en todos sitios y por doquier, chupando un peazo polo magnum parabellum como quien se deleita en una también buena mamada de forma descarada y siento envidia y odio claramente humanos y femeninos, muy femeninos. Y me fumo un cigarro por el único hueco de la boca que permanece incólume y pienso que esto de la belleza física es un regalo de la madre naturaleza y que coño, que menuda mala suerte he tenido, que la estrella de las portadas podía haber sido la Rossy de Palma chupando un grifo minimalista y yo me hubiera encontrado mucho mejor. Pero claro, lo que es gratis es gratis y yo me voy el fin de semana a Madrid con mis pañuelitos y mi pupón y eso, que el sábado a las nueve y cuarto de la mañana estaremos Tio Petros y una servidora en la Terminal 4 con toda la mañana por delante y si alguien quiere tomarse un cafecito, pues que lo diga o que me mande un email. Lo mismo yo tiro la casa por la ventana y me como un polo como el de la Pataky porque una vez de estar en la capital del imperio quiero sentirme como una reina.

Lo dicho.

UN MOMENTO, ¿QUÉ ESO?

UN MOMENTO,  ¿QUÉ ESO?

En un determinado momento, Holmes, uno de los hombres más astutos de la historia de la literatura, le dice a su estimado amigo Watson:

- “(…) El mundo es suficientemente grande para nosotros. No necesitamos fantasmas”.

Esta afirmación del celebérrimo detective podría convertirse en máxima vital para todos nosotros porque a lo largo de nuestra vida, en un momento u otro, quien más o quien menos se ha enfrentado a uno de ellos. Combatir el miedo con la razón es la única arma eficaz cuando, paradójicamente, es la razón misma lo primero que el fantasma nos invade.

Desde el punto de vista de la belleza, el vampiro es uno de los fantasmas más representados en el arte. Goya, Warhol, Bourdin, Munch, Arroyo, Kubin, Séguin, Csók, Rops y otros nos han dejado buena muestra de ello. Todas ellas representaciones hermosas del vampiro “del que se dice que sale de la tumba y vaga por la noche chupando la sangre de las personas dormidas”. Sin embargo, la pesadilla nos la producen otros fantasmas y otros vampiros que cruzando el umbral hasta nuestro nivel de realidad, conviven día y noche con nosotros. Sus rostros, a veces, tienen la imagen de un humano (tanto como nosotros) y, otras, adquieren la forma de un pegajoso recuerdo, de un parásito tan maligno, que nos paraliza la razón y nos hace suyos. Los de esta categoría sí que me dan miedo porque mi espanto garantiza su alimento y una vez que mi retina ha sido traspasada por sus ojos, no existe espejo en que el horror no pueda reflejarse.

Ellos despiertan cuando nos encontramos a solas con nosotros mismos, en la noche de nuestra razón y cuando el mundo que nos rodea parece no haber despertado. Es entonces cuando armados con la daga del conocimiento hemos de ser capaces de hundirla hasta que broten las primeras gotas de sinrazón.

Se creen inmortales hasta que, sin saberlo, se vuelven –como dice Mario Benedetti- abstemios de sangre.

ENTROPÍA DEL ARTE

ENTROPÍA DEL ARTE

En un librito titulado Arte de hoy, los editores Riemschneider y Grosenick ofrecen una visión sobre un conjunto de 87 artistas de la actualidad. Actualidad entendida como aquella que data de los últimos veinte años hasta ahora. Se trata de una obra perfecta para esos momentos en los que a uno le entra un apretón y no encuentra otra cosa a mano, dicho de otra forma, es como un cagarse a dos tiempos donde uno desconoce quién impulsa el acto mismo: o la naturaleza o el arte. No obstante, ustedes comprenderán que a todo hay que dedicarle su merecido espacio y me ha parecido oportuno dedicárselo hoy a una artista japonesa de metafórico nombre: Mariko Mori.

La Mori comienza su andadura en el mundo del arte allá por los años noventa. En sus obras (fotografías) se representa a ella misma ataviada como un personaje de cómic. Los trajes (y esto es cojonudo) son guardados, después de cada sesión de performance, en cápsulas selladas de plexiglas que se abrirán de nuevo dentro de 25 años. Dicen los autores de la biografía, que su arte es cada vez más complejo (a esto no voy a hacer ningún comentario) y que –y cito textualmente- “partiendo de su papel de estrella se va transformando últimamente en una especie de ser sobrenatural, rodeado de pequeños budas flotantes”. Si acaso esto no fuera lo bastante significativo para abofetearles el espíritu, todavía nos queda por conocer su mensaje. Ahí va y sin preservativo: la necesidad de la fe en utopías. Porque amigos, su trabajo no se puede calificar ni de ingenuo ni de irónico, sino que bajo una perspectiva del optimismo más absoluto, sus obras nos dicen lo absurdo de querer detener el tiempo. Eso sí, absurdo pero divertido.

Una vez que yo me he divertido un huevo con la Mariko, ella en su sobrenaturalidad y acompañada de budas ingrávidos nos confiesa abiertamente y sin pudor:

“Mi trabajo es una revelación del pensamiento. Para mí es un verdadero placer proyectar la postura esotérica por el mundo interior”.

Si Kant levantara la cabeza…

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CONSCIENCIA DE LO INTOLERABLE


Leía en la prensa el fin de semana pasado la noticia de la inauguración de la capilla arcillosa de Miquel Barceló sita en la Catedral de Palma. Por supuesto, sus majestades se habían desplazado hasta allí para darle más empaque al evento. En éstas estaba yo (no les voy a contar nada que ustedes no sepan ya) cuando en una asociación de ideas recordé un hermoso libro de Carlos Reyero titulado La belleza imperfecta. En uno de sus capítulos se habla de la repulsión y curiosidad hacia lo monstruoso que voy a intentar resumirles en este espacio de hoy.

El autor comienza hábilmente trayéndonos la primera acepción del vocablo “monstruo” si uno consulta el diccionario de María Moliner:

“Ser deforme. Ser que tiene alguna anormalidad muy notable y fea”

En la introducción hacia la deformidad, el autor echa mano del derecho romano, donde se distinguía incluso dos categorías al respecto, a saber, la de lo deforme o defectuoso y la de lo monstruoso en estado puro, pasando por la Edad Media hasta el siglo XVIII, donde como saben, el monstruo se define como la conjunción entre dos reinos (el humano y el animal), de dos especies, dos sexos etc. mezclas que El Bosco ya se encargó de mostrarnos como nadie. Sin embargo, existe un tipo de monstruosidad particularmente repulsiva: la deformidad física natural que provoca en quien la contempla una mezcla –también- de curiosidad y miedo a la vez. “La personificación del terror es, de hecho, la vertiente más identificada habitualmente con la idea de monstruo” apunta Reyero. Efectivamente, representa algo que nos repele porque en tanto que personificación, no lo queremos ser pero somos conscientes de que hubiera cabido la posibilidad de que lo hubiéramos sido o de que incluso lo pudiéramos ser. Es ahí entonces donde surge nuestra curiosidad. Lejano y cercano simultáneamente de tal forma que lo primero nos disgusta y desagrada y lo segundo nos produce miedo. La ambigüedad de su propia naturaleza es lo que llega a descolocarnos para enfrentarnos a lo monstruoso al tiempo que reafirmamos lo que somos.

En este sentido el hombre de hoy, tan preocupado por su imagen, no tolera los monstruos ni concibe –como en tiempos pasados- una belleza imperfecta que sea motivo de desagrado o miedo. Tendemos a dulcificar lo monstruoso y lo convertimos en bellas metáforas que apaciguan nuestras conciencias.

Les voy a confesar algo: si encuentro bello el retablo de Barceló es, precisamente, por lo feo que es.

MÁS ALLÁ HAY DROOGONES

MÁS ALLÁ HAY DROOGONES

No me he confundido, no. A pesar de ser lunes. Por ser lunes, precisamente, les presento un vocablo que no podrán encontrar en el Corominas y que suena a arte contemporáneo. La palabrita es droog y viene del país de los tulipanes. Significa “seco” y según se cuenta en Descubrir el Arte, no se trata de un estilo sino de una nueva mentalidad y acercamiento de entender el acto creativo.

Si un diseño emplea y examina materiales ya existentes para crear objetos prácticos, sencillos –y si el concepto es a la vez revelador e inspirador- entonces se trata de un droog”, definición que nos regala Renny Ramakers, fundador junto a Gijs Bakkers, del Droog Design. Un objeto droog puede ser ingenioso o no serlo, puede ser políticamente correcto o subversivo pero “el proceso de su creación nunca dejará de ofrecer un comentario afilado sobre cómo los seres humanos interactúan unos con otros y con el entorno”. Me descojono viva, con tanta profundidad ontológica y capto su significado de refilón, que para eso soy licenciada en Filosofía. El ser y el no ser, la esencia, la sustancia, todo un universo del diseño leibiziano encerrado en unas monadas que componen la muestra titulada: simple droog, 10+3 años de innovación creadora y discusión y que el Museo de Artes y Diseño de Nueva York tiene el gusto de exponer. Si fuéramos pocos, parió la abuela, que diría mi madre: Lo del “10+3” para evitar el fatídico número que no tiene la culpa de nada, colma el vaso de mi paciencia y de mi buena fe. Y hasta aquí llego con este post antes de que mi incontinencia verbal se convierta en diarrea vigorosa y el concepto de seco pase a ser objeto líquido de proctomancia artística.
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