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Vailima

CUESTIÓN DE BUENOS MAESTROS

FRONTAL DE DURRO

(pinchar en la imagen para ampliar el escalofrío)

 

La imagen que encabeza el post de hoy data del siglo XII. Se trata de una pintura al temple sobre madera y procede de la Ermita de Sant Quirze y Santa Julita de Durro (valle de Boí, Alta Ribagorza). Si ustedes quieren contemplarla no tienen más que acudir al MNAC, pagar unos eurillos que merecen la pena y pasar una espléndida mañana –que se hace corta- sólo contemplando buen románico catalán. Eso sí: románico catalán original.

Es imposible que nadie quede indiferente mientras observa este frontal tan magnífico. Perfectamente estructurado en cuatro cuadrantes y una mandorla central, lo primero que nos llama la atención son sus colores, sobre todo ese pigmento de origen mineral (la hematites ) que produce ese rojo intenso casi de sangre.

Ligado al color, enseguida nos fijamos en el tema. La sangre de un martirio que nos sorprende por su realismo y crudeza. Madre e hijo enarbolando el sufrimiento que le infieren individuos de su misma especie. Dolor humano infligido por humanos.

En el cuadrante superior izquierdo se representa a la santa desnuda de cintura para arriba, con los brazos en alto en señal de desprotección, mirando al frente (con la dignidad propia de una santa) mientras dos hombres, a derecha e izquierda, la cortan con una sierra en dos mitades iguales comenzando por la cabeza. Cuando uno ve esto y se pone en la epidermis de la mártir, no puede por menos que sentir el primer escalofrío de tantos otros que le siguen a continuación. La mujer sigue consciente, de pie, y con la sierra (que ya quisieran los de alguna matanza de Texas) por la altura del pecho. Me crucé de brazos y sentí una punzada en la sien.

Más abajo, la santa y su hijo son literalmente guisados en un amplio caldero a manos de los mismos hombres, cocineros ahora, leñadores arriba, que azuzan el fuego y remueven sus presas con dos varas que parecen incandescentes. No me negarán que este martirio resulta “mas higiénico” que el anterior y el efecto que nos produce, al menos a mí, no es tan hiriente, quizás motivado por la ausencia de sangre. Comienza a incomodarme la elevada temperatura de conservación del museo.

En el cuadrante superior derecho se nos representa a Santa Julita sufriendo el martirio de los martirios. Imagínense ustedes siendo atravesados una y otra vez por sendos clavos incrustados en su cabeza a base de martillazos. Son otros los hombres y maniatada y sujeta por uno de ellos, la madre soporta con las rodillas apenas flexionadas un ápice, el dolor de un clavo (en el sentido literal del término) en cada ojo, otros dos en los oídos, otros tantos en la nariz y en la boca. Eso es un martirio en toda regla, después de haber sido aserrada y guisada, todavía se mantiene en pie en su fe, como un clavo –digo- para terminar siendo atravesada una y otra vez por las afiladas espadas de otros dos carniceros masculinos que han relevado en su quehacer martírico a los carpinteros del cuadrante anterior. Se me han taponado los oídos, apenas puedo hablar y tengo los ojos cansados. Siento un noséqué en el estómago. ¿Tendré hambre?

Una vez que una ha visto semejante dolor, decido que no quiero ser santa, que no merece la pena tanto sufrimiento, tanto dolor, tamaño desasosiego; ese despegarse de uno mismo oliendo a chamusquina de fogones, siendo consciente en una esquizofrenia somática de tu mitad derecha y tu mitad izquierda; ese no tener las cosas claras con el clavo sin resaca y ese trozo de carne de a  cuarto y mitad que se te queda tras tanta herida.

No, yo no quiero ser santa ni recibir martirio alguno. No tengo miedo al infierno porque, como ustedes han podido comprobar, se hace más verdad que nunca eso de que el infierno son los otros. Y mientras marcho a deleitarme con la figura ausente y anodina de San José del frontal de la Iglesia de Santa Maria de Avià , me libero del dolor que he presenciado y, por esos recursos que tiene el ser humano para recobrar la estabilidad espiritual, imprimo en mi memoria el siglo V d.C. e, incluso si me apuran, el XII que tanto me apasiona. Y por esas cosas que tiene la mente, también se remueven ciertos hombres –tan de actualidad- que en nombre de un altísimo (o de una altísima idea) son capaces de cometer las mismas fechorías.

Mientras me fumo un cigarro que me sabe a gloria junto a Alba y Tio Petros, caigo en la cuenta de que en todos sitios han cocido habas y que el que esté libre de culpa, tire la primera piedra. Porque buenos maestros, sí que han tenido ¿no?

 

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5 comentarios

Meldelen -

Bueno, este frontal de altar es bastante exagerado, realmente no se le puede hacer todo eso a una sola persona y seguir con vida. Las dos escenas de arriba son el martirio del niño, y se lee de izquierda a derecha, lo de la sierra, como es lógico, es el final. Abajo es el martirio de la madre.

vaninavainilla -

Si, es que santos tan resignados como los de antes, ya no quedan.
Independientemente de lo sanguinolento del asunto, me relamo, cual gato con sardina, pensando en el estupendo uso que daríamos Vailima y yo, a tal obra de arte.

Koke

Vailima -

si es que nos estamos volviendo blandos y amariconaos con tanto mundo sostenible y equilibrios varios... mira la santa, to el rato de pie y sin decir ni pio.

Quédate la imagen si os complace que no vas a encontrar en la internet otra mejor que ésta.

anarkasis -

me cago en la leche que muerte,

tales tratamientos radicales para el cutis solo se lo deseo a ciertos beatos de hacienda, que habría que santificarlos.

(me quedo la imagen palacole)
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