Blogia
Vailima

La caja negra o la recuperación de la memoria.

La caja negra o la recuperación de la memoria. Hace unos meses mi librera, una gran profesional por cierto, me recomendó la lectura de Soldados de Salamina, tan de actualidad, a pesar de que la novela se apartara de mis preferencias habituales. No la leí de inmediato, al contrario de lo que suelo hacer, porque había algo que me frenaba y me distanciaba de ella.

Entre un libro y su lector debe de existir una confianza tal que uno y otro se entreguen como amantes. El placer que me ofrece será recibido con todos mis sentidos:
con la vista abarco a mi compañero en plenitud y me voy cayendo poco a poco en los detalles; con el tacto determino su forma, la textura de las hojas, la expresión del papel y lo recorro de arriba hacia abajo como en el juego del amor; con el olfato (confieso que me encanta oler sus hojas, en profundidad, a la manera que los perros se huelen entre sí) nos acercamos y nos presentamos, nos fundimos y se desprende de parte de sí mismo (sobre esta cuestión, os recomiendo un libro titulado Lo que Einstein le contó a su barbero, precioso por su frescura y su inocencia donde su autor, Robert L. Wolke, responde a un sinfín de cuestiones sobre fenómenos cotidianos que por serlo, creemos sabidos y cuya comprensión se nos escapa de las manos, al menos a esta humilde servidora). Con el devenir de sus páginas, mi oído evoca el susurro de mi playa en invierno y con el gusto... bueno, he de confesaros que todavía no he chupado ninguno pero me relamo con voluptuosidad y el estómago se me encoge.

Como todo acto amoroso, el comienzo de la lectura de un libro es un tanteo entre fuerzas, un entregarse lentamente, una ausencia de tiempo hasta que la historia te envuelve de tal forma que sucumbes precipitada e irremediablemente ante ella. Cuando llega el final, el vacío y la tensión te hacen dormitar. En mi caso, tiene que pasar un tiempo hasta que vuelva a enamorarme de otro. “Pasó el efecto...” suelo pensar.

Quizás eso es lo que me ocurrió con Soldados de Salamina , quizás no se me había pasado el efecto. Cuando un domingo (¡qué crueldad de día!) resolví acogerlo, ya no pude abandonarlo más. Me sorprendió porque se me ofreció una historia de vencidos y de desencanto, una historia que no esperaba encontrar: como la que he descubierto esta misma semana sobre mi propia historia.

Soy la menor de cuatro hermanos y la menor también de una trole de primos y por esta razón, pienso, siempre se ha tenido cuidado conmigo. De mi abuelo paterno sólo he sabido que murió junto con su primogénito después de la guerra. El desencadenante de que haya recuperado mi caja negra ha sido la publicación de un ensayo sobre el avance de las tropas franquistas desde Sevilla hasta Badajoz. La columna de la muerte se titula. En un listado infinito, de esos aleph-cero de los que habla mi marido, leo la relación de muertos, de personas anónimas, panaderos, jornaleros, albañiles, amas de casa... y encuentro los nombres de mi abuelo y de mi tío, un muchacho de 22 años al que fusilaron tres días después que a su padre una vez de haber sido ambos torturados.
Fueron enterrados en una fosa común.

Esta vez mi amante me ha dado una mala noticia, de ésas que sólo saben darte los amigos de verdad. Sin embargo, me ha regalado algo: la caja negra, la que no pudieron tener ni mi tío ni mi abuelo.

2 comentarios

david -

Amanda -

A mí también me enganchó "Soldados de Salamina". Es una buena historia, contada desde el ángulo del investigador y no de una de las dos partes involucradas en aquella acción española.
No obstante, he leído críticas literarias en las que se hace alusión a la ideología que subyace de fondo en la historia.
Sirvió además, para sacar un poquito más a la luz, la figura de Sánchez Mazas.
En fin, una buena novela, aunque criticada en el círculo literario.
Desde el punto de vista lector, nos engancha, y cuando una historia sabe hacerlo es porque hace gala de unos recursos literarios buenos.
Saludos.