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EL LEGADO DE KANT

EL LEGADO DE KANT En el capítulo primero de La Fundamentación de la Metafísica de las Costumbres, Kant nos dice que ni en el mundo ni fuera de él es posible pensar nada que pueda considerarse como bueno sin restricción, a no ser la buena voluntad. Todas las cualidades del temperamento como el valor, la decisión etc., pueden llegar a ser extraordinariamente dañinos si la voluntad que debe de hacer uso de ellos debido a su carácter, no es buena.
Recuerdo que Fernando Savater ilustraba este concepto con el siguiente cuento africano:

Un escorpión que deseaba atravesar un río le dijo a una rana que por allí estaba:
- llévame en tu espalda.
- ¿qué te lleve sobre mí?, ¿estás loco? Me picarás y me matarás.
- ¡pero no seas tonta! ¿no ves que si te pico te hundirás y yo, que no sé nadar, me hundiré contigo?

Tras una larga discusión, la rana persuadida por el razonamiento del escorpión decidió cargarlo sobre su espalda resbaladiza y atravesar con él el río. A mitad de camino, el escorpión que estaba fuertemente sujeto, picó a la rana con su agijón.
- ¡pero qué has hecho! Dijo la raja mientras sentía que el mortal veneno recorría su cuerpo, ¿no te das cuenta que ahora nos moriremos los dos?

A lo que el escorpión contestó:
- ¡qué le voy a hacer! Así es mi carácter.


Estaremos de acuerdo en que comprendemos mejor la actuación del escorpión que la de la rana. Incluso nos preguntamos por aquello que llevó a la desdichada a acceder ante semejante petición. Es más, consideramos que la rana fue tonta.
En nuestra vida cotidiana estamos acostumbrados a confundir buena voluntad con estupidez. Deseamos que nuestros hijos sean buenas personas pero no tontos. Decimos que fulano es bobo porque se aprovechan de él, pero nuestra crítica no va dirigida, al menos, en un primer momento al causante de su desdicha sino al sujeto que la padece e incluso, lo despreciamos por ello. ¿cuántas veces disculpamos, entre comillas, el comportamiento de un ser despreciable alegando a su carácter? Señores, no somos escorpiones, no podemos permitirlo.

Esta tarde paseaba por mi ciudad. Hacía un frío de muerte y los transeúntes estaban convenientemente abrigados. Mi marido me ha hecho un comentario que me ha dado qué pensar:

los esquimales se visten con pieles. La piel de sus abrigos van por dentro, para abrigarles. Nosotros, sin embargo, las llevamos por fuera. Somos una especie de mierda.
Nos merecemos desaparecer.


Os deseo un buen fin de semana.
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