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Vailima

EL LIBRO NEGRO

EL LIBRO NEGRO En primer lugar, dar las gracias a Iñaki por su comentario al post sobre la carta que supuestamente escribió Pablo Picasso a su amigo Giovanni Papini.
Como señalaba en el citado post, la información sobre el controvertido escrito la encontré en un recorte de prensa del que especificaba su fecha de publicación en el diario ABC. Gracias, como he dicho, al comentario de Iñaki, he obtenido más información con respecto al origen de las declaraciones del pintor malagueño. Bien es verdad, que antes de colocar el post anterior, husmeé en Internet y sólo encontré referencias a la mencionada carta en las revistas universitarias que yo mencionaba. Sin embargo, y sin querer entrar ahora en la discusión “en internet está todo: todas las verdades y todas las mentiras”, hoy he descubierto El libro negro.

EL LIBRO NEGRO es una obra del escritor italiano Giovanni Papini donde éste recrea, a través de una serie de capítulos o conversaciones, historias y situaciones con los más variopintos personajes tanto reales (Picasso, Wright, Dalí, Hitler, Valery, etc.) como imaginarios donde se tratan temas políticos, sociales, morales y de otra índole.
Al comienzo del libro, después de la introducción, el autor advierte, a modo de justificación, que ”le puse ese título, elegido exclusivamente por mí, porque las hojas del nuevo diario corresponden casi todas a una de las edades más negras de la historia humana, o sea a los años de la última guerra y del postbélico”.

A continuación transcribo la conversación, supuestamente imaginaria, entre los dos supuestos amigos.

Conversación 49
VISITA A PICASSO
(O ACERCA DEL FIN DEL ARTE)
Antibes, 19 de febrero.

Hace muchos años había comprado en París seis cuadros de Picasso, no porque me gustaran, sino porque estaba de moda y podía utilizarlos para hacer regalos a las señoras que me invitaban a comer. Pero ahora, hallándome solo en la Cóte d'Azur y no sabiendo cómo pasar los días, me vino el deseo de ver personalmente al autor de aquellas pinturas.
Vive cerca de aquí, en una villa marítima, en compañía de su esposa, mujer muy joven y florida; Picasso según creo tiene sesenta y cinco o sesenta y seis años de edad, pero conforme a su buena sangre española es hombre fuerte y bien formado, tiene un hermoso color y goza de buen humor.
Al principio conversamos acerca de algunos conocidos comunes, pero muy pronto el tema se circunscribió a la pintura. Pablo Picasso es no sólo un artista feliz, sino también un hombre inteligente, que no tiene miedo de sonreírse, a su debido tiempo y lugar, de las teorías de sus admiradores.
- Usted no es ni crítico ni esteta, me dijo, y por lo tanto puedo hablar con usted libremente. Cuando era joven tuve como todos los jóvenes la religión del arte, del gran arte. Pero más adelante, a medida que pasaron los años, me di cuenta de que el arte, tal cual fue entendido hasta el siglo XIX inclusive, ya está concluido, moribundo, condenado, y que la llamada «actividad artística», con la misma abundancia que ostenta, no es más que la multiforme manifestación de su agonía. A pesar de las apariencias en contrario los hombres pierden más y más el afecto hacia las pinturas, las esculturas y la poesía. Los seres humanos de ahora han puesto su corazón en cosas completamente diversas: máquinas, descubrimientos científicos, riquezas, dominio de las fuerzas naturales y de las extensiones de la tierra. Ya no sienten el arte como una necesidad vital, espiritual, como sucedía en los siglos pasados. Muchos de ellos continúan actuando como artistas y ocupándose del arte, pero lo hacen por razones que poco tienen que ver con el verdadero arte, lo hacen por espíritu de imitación, por la nostalgia de la tradición, por la fuerza de la inercia, por amor a la ostentación, al lujo, a la curiosidad intelectual, por seguir la moda o por cálculo. Por hábito o por «snobismo» viven todavía en un pasado reciente, pero la inmensa mayoría, tanto de la clase elevada como de la inferior, no siente una sincera y cálida pasión por el arte, al que considera, a lo más, como una expansión, una diversión o un ornato. Poco a poco, a medida que las nuevas generaciones se enamoren de la mecánica y de los deportes, se vuelvan más sinceras, mas cínicas y más brutales, dejarán el arte en los museos y bibliotecas, como restos inútiles e incomprensibles del pasado.
» ¿Qué puede hacer un artista que, como me ha sucedido a mí, ve con claridad ese próximo fin? Sería un partido demasiado duro cambiar de ocupación, y además, peligroso desde el punto de vista alimenticio. Para él no quedan más que dos caminos: procurar divertirse y procurar ganar dinero.
»Desde el momento en que el arte no es más el alimento que nutre a los mejores, el artista está en libertad para desahogarse según su talento en todas las tentativas de fórmulas nuevas, en todos los caprichos de la fantasía, en todos los expedientes del charlatanismo intelectual. El pueblo ya no busca en el arte consuelo y exaltación, pero los refinados, los ricos, los ociosos, los alambicadores de quintaesencias, buscan lo nuevo, lo extraño, lo original, lo extravagante, lo escandaloso. A partir del cubismo yo he contentado a esos señores y a esos críticos con todas esas mudables singularidades que me han venido a la cabeza, y cuanto menos las comprendían más las admiraban. A fuerza de sobrepasarme en esos juegos, con esas cosas funambulescas, con los rompecabezas, arabescos y demás cosas, llegué a ser célebre bastante rápidamente. Para un pintor, la celebridad significa ventas, ganancias, fortuna, riqueza. Ahora, como ya lo sabe usted, soy, célebre y soy rico. Mas, cuando estoy a solas conmigo mismo no tengo valor para considerarme un artista en el sentido grande y antiguo de la palabra. Verdaderos pintores fueron Giotto y Ticiano, Rembrandt y Goya; yo no soy más que un amuseur public , que ha comprendido su tiempo y ha aprovechado lo mejor que ha sabido hacerlo la imbecilidad, la vanidad y la ambición de sus contemporáneos. Esta que le hago es una amarga confesión, más dolorosa de lo que le pueda parecer, pero tiene el mérito de ser sincera.
» Et aprés ça - concluyó por decir Picasso -, allons boire ».
La conversación no terminó ahí, pero no tengo la paciencia necesaria para consignar las otras desprejuiciadas paradojas que brotaron de los labios del viejo pintor catalán.


Ustedes mismos: pasen y vean.
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4 comentarios

yanet -

me encanto este libro por que dice muchas cosas reales que aunque parescan dificiles de creer suceden hoy en dia y con mucha frecuencia

Vailima -

Carmen, creo -por la información que pude obtener para confeccionar el post- que todo es una gran mentira. No obstante, no me extrañaría nada que Picasso hubiera podido hacer esa afirmación. En fin, sé que no te he solucionado nada, pero encantada de saludarte.

Carmen -

Ups,He enviado tres veces el mismo mensaje sin darme cuenta, perdón

Carmen -

Yo también llevaba un tiempo detrás de este libro, y he podido leer algunos fragmentos. Me gustaría saber si las palabras de picasso son ciertas o no. No es fácil obtener información fiable sobre el tema
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