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FINIS TERRAE

A Tio Petros, como pago de una doble deuda: la primera, para dar respuesta a su pregunta sobre el centro de equilibrio; la segunda, por ser mi centro de equilibrio y dar respuesta a mis días.



La Última Cena es un fresco de 480 x 880 cm que Ludovico el Moro, Duque de Milán, encargó a Leonardo para adornar el refectorio del monasterio de Santa María delle Grazie que, por aquel entonces, era la capilla familiar de los Sforza. El Duque tenía por costumbre cenar allí, todos los jueves, con el abad y de ahí el motivo del emplazamiento de la obra.

La composición de la obra es perfecta. Ningún trazo es superficial ni anecdótico ni ningún aspecto pictórico está desunido.
No olvidemos que esta obra, aunque de tema sagrado, se enclava en plena efervescencia renacentista en la que, frente al medievo, el hombre es el centro del universo y medida de todas las cosas. Todas las figuras se encuentran en el mismo plano formando grupos de tres. La figura de Cristo, en particular la cabeza, se encuentra como bien dice Tio Petros, en el punto de fuga, es decir, en aquel punto en el que todo converge y hacia donde nuestra mirada es conducida. Las líneas de fuga del techo y la pared, los bordes superiores de los cuadros etc., se encargan de transportar el espacio hacia ese punto. Además, si con esto tuvierámos poco, el juego de luces que se ven alternadas en la distancia nos llevan por el mismo camino.
Sin embargo, lo sorprendente de La Última Cena es que, como diría Nicolas de Cusa, cualquier punto del espacio pictórico, puede tomarse como centro.
Tatachán, chan, chan

Por lo general, estamos acostumbrados a que el punto de fuga coincida con la intersección de los ejes vertical/horizontal. A este tipo de perspectiva se le denomina perspectiva lineal, sin embargo, existen otros tipos de organización del espacio, otros tipos de perspectiva que pueden superponerse a ésta. En su Tratado de la Pintura, Leonardo dice lo siguiente:

”La ciencia de la pintura comprende todos los colores de la superficie y las figuras de los cuerpos que con ellos se revisten, y su proximidad y lejanía, según proporción entre las diversas disminuciones y las diversas distancias. Esta ciencia es madre de la perspectiva, esto es, de la ciencia de las líneas de la visión, ciencia que se divide en tres partes; de éstas, la primera solamente comprende la construcción lineal de los cuerpos (perspectiva lineal); la segunda, la difuminación de los colores en relación a las diversas distancias (perspectiva de color); y la trecera, la pérdida de determinación de los cuerpos en relación a las diversas distancias (perspectiva menguante) (...)”

Este juego de perspectivas que podríamos llamar ilusoria, está basada en las reglas de la proyección central, pero el artista tiene que echar mano de otros recursos para hacer pasar por reales aspectos que no lo son, de manera que tiene que utilizar varios puntos de fuga (algo así como la tarea del mago que saca el conejo de la chistera). Incluso, y de esto los manieristas fueron grandes maestros, el artista puede tomarse la licencia de crear puntos de fuga fuera de la obra misma.

¿Qué ocurre pues, con el fresco de Leonardo?

¿Se acuerdan dónde estaba emplazado?

En la mayor parte de las composiciones podemos determinar dónde está el centro porque viene dado por los límites del esquema. La frontera, el marco, nos indica qué es lo que pertenece a la obra y lo que no. Una vez que definimos el territorio, organizamos los elementos de una composición en torno a su centro.
En el caso que nos ocupa, el fresco es autónomo y a la vez, es parte integrante de todo el entorno donde se halla emplazado. La pintura se halla enclavada justamente en el eje del refectorio con lo que la obra de Leonardo se inserta perfectamente en el marco arquitectónico (que a su vez sería su propio marco) que lo rodea.
Si tomamos como premisa que La Última Cena es parte de ese todo: ¿dónde está el centro? Porque si tomamos la obra como una composición autónoma e independiente, está claro que el centro de equilibrio y el punto de fuga coinciden pero si la contemplamos como un todo, la cosa no está tan clara.

Como he dicho más arriba, el punto de fuga puede encontrarse incluso fuera de la propia obra, por lo que también debemos aprender a contemplar la obra de otra manera, fuera de la cómoda estructura de la perspectiva central y esto no significa que sea “técnicamente incorrecto”, sino que es “técnicamente original”, ya que se nos ofrece una experiencia visual que en el mundo real no podemos ver.
En mi opinión, no hay desequilibrios, Tio Petros. Todo está perfectamente equilibrado dependiendo del sistema de reglas y del cuerpo teórico que el artista utilice.
¿Acaso 1+1=2 en un sistema binario?
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2 comentarios

carapene -

Quiero que pongas los elementos basicos de este maravilloso cuadro!!!!

neyra -

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