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Vailima

CUALQUIERA TIEMPO PASADO...



La ciudad de San Sebastián ha sido siempre ensalzada por ser una ciudad hermosísima donde las haya. Sus edificios elegantemente importantes, ese mar caprichoso siempre vivo y revuelto declarando autoridad, sus puentes, su gastronomía, etc. El lugar de veraneo de monarcas y cortesanos por antonomasia (antes de que los mallorquines nos expulsaran del podium) y espacio de divertimento de la clase alta de la sociedad.
Tanto es así, que la Bella Easo disfrutaba incluso de una compañía telefónica propia: La Compañía Telefónica Municipal de San Sebastián, último reducto sin monopolizar, algo así como el territorio de Asterix y Obelix pero en el terreno de la comunicación.
La presentación anterior viene dada por el comentario de un amigo coleccionista éste de toda clase de información y materiales concernientes al mundo de la telefonía.
De todo lo que pudo referirme en un charla muy agradable que mantuvimos días pasados, me llamaron la atención dos –pudiéramos decir que “anécdotas”- muy curiosas que me gustaría compartir con ustedes.
La primera, está relacionada con el encabezamiento de este post. Verán. Cuando allá por los años 20 la flor y nata de la sociedad se acercaba hasta esta bella ciudad a disfrutar del mar, circulaba una guía de números de teléfono editada por la propia compañía municipal. La guía agrupaba los números por nombres y en un folleto aparte aparecían lo que ahora pudiéramos llamar “páginas amarillas” en las que uno podía encontrar el profesional de turno para una necesidad.
Pues bien, en este último, se recogían, por orden alfabético, los títulos nobiliarios que disponían de número de teléfono en sus mansiones de veraneo. Así, uno podía encontrar debajo del epígrafe “CONDE” todos los individuos a los que pertenecía por derecho este título. También podíamos encontrar “MARQUÉS” o “DUQUE” , después de “MARISQUERÍA” o “DESATASCADORES” respectivamente.
¡Eso sí que era una sociedad igualitaria y múltiple! porque claro está, ser fontanero o escayolista y aparecer en la misma lista que estos ilustres de España... no me dirán que no es un caramelo. Y además práctico: ¿que el albañil les está colocando un falso techo? pues se le llama al noble que uno quiera para amenizar la espera. ¿qué uno se está comiendo unas aceitunas? Pues se le llama al Conde Duque de Olivares y terminas el domingo como un señor.
Si es que eso de las clases sociales es un bulo que han inventado los rojos...

Y hablando de rojos, el segundo chascarrillo como diríamos en mi tierra, va de eso, de rojos y de los Otros. Allá por los años 50 podía encontrarse en la guía telefónica de San Sebastián un número que el Servicio de Inteligencia (a todas luces “artificial”) del Generalísimo no se había molestado ni en camuflar. Este número correspondía a las siguientes siglas: C.I.R.
No crean que se trataba de un Centro de Intrucción de Reclutas, ni que hacía referencia a la Capacidad Intelectual del Régimen ni que simbolizaba ningún Canecillo Itifálico del Románico ni nada parecido. Desde luego, no hay nada más efectivo que la verdad cuando tratamos de esconder algo. La jodida mente humana no es capaz de ver lo más simple. El Servicio Secreto de Franco nos lo ponía en bandeja. Entre paréntesis después de las siglas se podía leer: Centro de Interferencias Radiadas. O séase, que en la famosa guía aparecía en su lugar correspondiente, el número de teléfono de la central encargada de dificultar la recepción de las radios antifranquistas francesas, entre ellas la famosa, Radio Pirenaica. “Desde Igueldo con amor” que diría un célebre espía cinematográfico.
Para que ahora nos vengan con las polisinfonías de móviles y chorradas ad hoc. Si es que alguno ya dirá que cualquiera tiempo pasado fue...

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2 comentarios

miguel -

Una anécdota parecida, nos la contaba un profesor de la universidad: decía que en tiempos de la dictadura las cosas se camuflaban mucho menos. Se refería, en concreto, al nombre de los Ministerios: del Ministerio de propaganda se pasó al Ministerio de información. Hoy se le llama Ministerio de Cultura (y para más cachondeo, le añaden la educación...)

Avelino -

¡Muy interesante! Enhorabuena una vez más, Vailima.
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