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DIVIDIR EN DOS

No, no voy a hablarles de matemáticas, para eso visiten a Tio Petros y encontrarán matemática de la buena y contada de forma excelente...
Yo quiero hablarles de cómo contemplar una obra de arte en cuanto a la organización de su espacio.

La vertical central de un cuadro supone el soporte de la columna vertebral de la composición del mismo. Pero al mismo tiempo, cumple una función contraria, a saber, la de señalar la línea a lo largo de la cual es más fácil dividir en dos mitades la composición. No se preocupen, que me explico.

La subdivisión de un todo en sus partes viene determinada por su estructura.

En un rectángulo, la separación asimétrica, no puede dividir en dos la estructura de forma eficaz, porque el área de mayor superficie tiende un puente sobre el centro y con ello mantiene la unidad del rectángulo.





Sin embargo, en la figura siguiente se escinde con facilidad a lo largo de la fisura estructuralmente prescrita, con lo que el rectángulo queda simétricamente dividido en dos partes iguales.




Para ilustrar mejor lo que les quiero decir, recurriré al célebre cocinero del filósofo chino Chuang Tzu. El maestro restaurador (como se les llama actualmente) no necesitaba afilar nunca su cuchillo, porque había estudiado la anatomía del esqueleto de los animales de tal modo que un simple toque de cuchillo en el lugar adecuado bastaba para que las articulaciones se separasen por sí solas. Pues más de lo mismo pero en lugar de un pollo, tenemos un cuadro.
En el momento en que dividimos por la mitad un espacio compositivo, su estructura cambia. Consta de dos mitades cada una de las cuales se organiza ahora sobre su propio centro. El espacio resultante representa una pareja simétrica dialogando entre sí, manteniendo el equilibrio a lo largo de su línea de contacto. Tenemos, pues, un todo separado entre sí parcialmente, tendiéndose un puente sobre la línea que los separa.
¿Qué mejor ejemplo que La Anunciación de Fra Angelico?



La pintura aparece subdividida por una columna frontal que separa el reino de Dios (ángel) del reino terrenal (virgen). Pero la división queda contrarrestada por la continuidad del espacio que hay detrás de la columna. La vertical del primer plano separa, pero no interrumpe el espacio. A este recurso, se le denomina pasador.
Otros ejemplos conocidos de este tipo de recurso pueden ser las representaciones de Adán y Eva (recuerden la versión de Tintoretto), en la que el árbol ocupa el centro de la composición como si se tratase de una columna que separa a la mujer tentadora del hombre tentado. Del mismo modo, La cita de los gatos de Manet es otro claro ejemplo de la delicadeza necesaria para equilibrar adecuadamente separación y conexión. Fíjense que a pesar de la farola, la cabeza del negro y la cola del blanco se adentran en el espacio del otro para dar ese sentido de continuidad, de diálogo, del que estábamos hablando.



La subdivisión de una imagen, pues, en dos mitades permite explicar las variantes en que se pueden relacionar mutuamente los diferentes centros: como amigos o enemigos, complementándose o combatiéndose.

Como tarea, les propongo que descubran “el pasador” y traten de averiguar su interpretación, en las siguientes obras de arte:

“La educación de la Virgen” de Georges de la Tour
“El violinista y la muchacha” de Edgar Degas
“Minotauromaquia” de Pablo Picasso.

Hasta mañana.
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