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Vailima

EL PINTOR DE CRISTIANÍA

Música recomendada: Cantique de Jean Racine de Fauré.

”Sin el miedo y la enfermedad mi vida sería como un bote sin remos”

Con estas palabras resumía Eduard Munch el sentido de su pintura. Al igual que otros artistas, el dolor y el sufrimiento marcaron de tal forma su vida que el pintor nunca pudo deshacerse del hombre que lo envolvía. Como aquel Vincent Van Gogh, contemplando día tras día la lápida del cementerio en la que podía leerse su nombre... así Munch desde las luces del norte de Europa alimentaba de recuerdos los pigmentos de su paleta.
”Yo no pinto lo que veo, sino lo que vi” nos dice. Y lo que vio fue plasmado en su pintura como una percepción momentánea de una escena de la existencia humana.
Quizás estemos acostumbrados al dolor, al dolor en soledad. Imagínense ahora, durante apenas un instante, lo irremediablemente difícil que sería expresarnos desde cualquier técnica artística obviando el sufrimiento, la melancolía y la soledad del dolor. Como un acto agónico, como el protagonista de una tragedia griega, Munch pinta lo que vio: un grito callado desde la cama, un marco inamovible de blancos radiantes, un soporte para la composición del lienzo y de su vida. Munch, el pintor de almohadas.
Desde su niñez, la muerte y la enfermedad ocuparon un lugar central en su vida. Con cinco años ve cómo su madre muere de tuberculosis, enfermedad que se llevará también a su hermana Sophie a la edad de 15 años. En noviembre de 1889 muere también su padre.
Si alguien nos habla de Munch, inmediatamente visualizamos El grito, pero a mi juicio, pintó una obra anterior a ésta que produce en mi espíritu un sentimiento que me perturba por su alto grado de realismo desgarrador: crudo realismo desde el impresionismo. Su primera obra maestra: La niña enferma. Véanla conmigo:



¿Recuerdan las palabras del padre de Ramón Sampedro en la galardonada y oscarizada “Mar Adentro” ? sonaba algo así:

”Hay algo peor que la muerte de un hijo. Y es que ese hijo se quiera morir”

De esta forma veo yo este lienzo pintado entre 1885 y 1886. La niña enferma (por supuesto evocando la enfermedad de su hermana Sophie) está sentada en la cama, enderezada por una gran almohada de plumas que la sujeta. Su cara vuelta hacia el lado donde una mujer sin rostro parece estar sentada o arrodillada. En la parte izquierda, una cómoda en la que reposa una botella nos da pie a pensar en un estrecho espacio; un trozo de pared que parece confundirse con la almohada; en la parte derecha, una superficie verdosa, quizás una cortina cerrada y en primer plano, una mesita con un vaso de agua. Ese es el mundo del dolor: cerrado, sin respiración, sin esperanza. Como peces en un acuario –se diría después-.
El dolor incontenible de una madre sin rostro inclinada ante lo irremediable, ante el respeto que nos produce la muerte y, entregada (las manos de ambas están entrelazadas) a una hija que la contempla con resignación y paciencia. El dolor del que produce dolor. Fíjense en los ojos de la niña. Su mirada tranquila y sosegada. La mirada de la aceptación, del peor dolor del otro: querer morirse.
A pesar de lo que pueda sugerirnos este lienzo, fue fuertemente criticado cuando en 1886 fue exhibido por primera vez durante la Exposición de Otoño de Cristianía. Ni el tema ni la composición eran motivo de escándalo. La forma que fue ejecutado con sólo esbozos escarbados en el lienzo y los surcos que parecían arañar la tela poniendo de manifiesto una intensa agitación nerviosa pueden explicar el desasosiego de los críticos. Ahora, les invito a que lo contemplen con los ojos de Munch. Los múltiples retoques, los rasguños que penetran en todas las capas de pintura, las sombras capaces de modelar los cuerpos y, la luz. Una luz que no incide desde fuera sino del interior de las figuras, de la gran almohada y del rostro trasparente de la niña enferma.
El cuadro no es un garabateo ni una obra inconclusa. Nada en Munch queda inacabado. Una obra de arte está completa cuando el artista ha dicho todo lo que tenía en su corazón. Y en “La niña enferma” no quedó nada por decir.

En 1930 escribe Munch al Director de la Galería Nacional de Oslo:

”En cuanto al niño enfermo, se vivía entonces en un tiempo que yo he llamado la época de las almohadas. Muchos pintores representaban en sus cuadros niños enfermos con una almohada detrás...”

A este propósito cabría mencionar a Christian Krohg tan estimado por Munch. Su Niña enferma nos hace estremecer.



La niña mira al espectador a los ojos desde su mecedora. La almohada donde se apoya sirve de marco a la cabeza y al busto. Como las aureolas medievales, distintivos para las personas que fueron santas en vida, la gran aureola cuadrada nos manifiesta la “pasión” en vida de la hermana del pintor. Una rosa se deshoja en sus manos, expresión inequívoca de que su tiempo termina. La niña nos mira fijamente y con temor, recostada entre las plumas que, irremediablemente, la harán volar hacia la muerte.

“Pintores de almohadas” que han pintado el dolor, la enfermedad y la muerte. Pintores como Tissot



como Millais



como Hale



como María Blanchard



como Gwen



que al igual que Munch dirían:

”Cuando paseo bajo el brillo de la luna -entre viejas construcciones cubiertas de musgo, que entre tanto me son familiares- me da miedo mi propia sombra. Cuando enciendo la lámpara, veo de repente mi propia sombra proyectada sobre la pared y el techo y en el gran espejo que cuelga sobre la estufa me contemplo a mí mismo ,mi propio rostro de fantasma. Y vivo con los muertos, con mi madre, con mi hermana, con mi abuelo, con mi padre –sobre todo con mi padre-. Todos los recuerdos, los más pequeños detalles, desfilan ante mis ojos.”

Hasta mañana.
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12 comentarios

Vailima -

Me alegro de que lo que has leído te sirva para algo. Ya sabes que puedes volver cuando quieras.
un saludo

trovert -

Hola, soy un joven de 16 años que estoy haciendo un trabajo sobre Paula, un libro de Isabel Allende. Gracias a este post he encontrado a "La niña enferma", ya que tengo que relacionar un cuadro con las sensaciones que percibo del libro. Concretamente,esa valoracion tuya sobre el cuadro me podra ayudar a explicar el porque de mi eleccion. Por cierto, gracias al trabbajo y a esta web me he adentrado sin quererlo en el mundo de Munch, y la gran cantidad de mensaje de sus cuadros, no solamente el Grito, como indicas mas arriba. Gracias

Hernan Vazquez -

Excelente, para gente que no es amante de la pintura es un excelente lugar para aprender sobre ella. FANTASTICO. FELICITACIONES

Anónimo -

Palimp -

Como ya han dicho otros, ha sido un post para leer y releer, que es lo que acabo de hacer ahora con gran placer, pese al dolor de los cuadros.
Cierto es que, como dice Carl Philip, las minorías están llenas de personas, y consuela mis sueños el haberlas encontrado.

Vailima -

gracias Carl por tu contribución. Aquellos que no la conozcan podrán hacerse una idea. Los que no sólo la conocemos sino que además la hemos cantado sabemos hasta qué punto es bella.
Un saludo

Carl Philip -

Por cierto, mi contribución

http://choeurdesmarais.free.fr/mp3/CDM-Faure-Cantique%20de%20Racine.mp3

Carl Philip -

La motivación suplanta a la voluntad. El romanticismo peliculero al amor. Los datos —al uso y a la moda, es la cultura pop— a la sabiduría. Triste imagen. Suerte que vivimos en un mundo amplio y las minorías están llenas de personas.

Vailima -

Me alegra que el post te haya gustado, diletante. Y por supuesto que puedes copiar lo que quieras.
Un saludo

Un diletante -

Exquisito post -la mayoría de las obras no las conocía, y cuando tenga un poco de tiempo, me las copiaré, con tu permiso.
Dolor y Arte, la más exquisita conjunción de realizaciones vitales.
Un saludo.

Vailima -

Algún filósofo español decía recientemente al hilo sobre un programa de educación que vivimos en una época en la que la motivación ha suplantado a la voluntad. Tener voluntad supone un esfuerzo, un sufrimiento al fin y al cabo. También la sociedad que vio nacer la obra de Munch hubiera sido carnaza para el artículo de Pérez Reverte. Desgraciadamente, como bien apuntas, escondemos el dolor bajo barnices de tontería. Quizás, a veces, moviendo el motor del progreso tecnológico nos olvidemos de nuestra humanidad.
Lástima.
Un beso

Tio Petros -

Te ha salido un post espléndido, de esos que apetece leer en voz baja. Ayer Pérez Reverte hablaba en el semanal de la civilización cochambrosa, estúpida y superficial que hemos montado entre todos, escondiendo el dolor bajo barnices de tontería... hasta el punto que ya dejamos de estar preparados para el surfimiento, para el dolor y para la muerte.

Sin embargo esa es la otra cara de la vida, y por lo visto Munch lo sabía bien.
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