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Vailima

ITIMAD

Caminando por los Reales Alcázares, entre buganvillas y jacarandas y el derramarse del agua de las fuentes con esa gratitud con la que sólo sabe darse el agua en Sevilla, caminando –digo- contemplábamos la belleza de otros tiempos. Tiempos en los que el amor se dibujaba en filigranas, entre las luces y las sombras donde sólo él se cobija; tiempos en los que el amor, con su sonrisa geométrica, recorría los muros enredándose entre verdes, azules y blancos brillantes.

El fresco de aquella hora de la mañana había sido cortesía del Río. Río Grande, Guadalquivir, acercándose a nosotros con su vaivén de palmeras, de olores a jazmín y ungüentos. Los turistas se agolpaban alrededor de los guías con cara de niño muerto, negándose a sí mismos –pegado el ojo a la mirilla de la cámara- el placer de soñar un pasado por el único propósito de capturar un solo instante de su marchita vida. Los viajeros, sin embargo, en soledad disfrutan de un momento que se hace uno: el pasado, el presente y el futuro de lo vivido entre los adornados muros de aquel recinto.

Fuimos buscando los rincones de los jardines en silencio, como quien busca un pensamiento hermoso. Y escuchamos bellos adagios de tintineo de aguas, contemplamos los resignados bancos de piedra, y el narcisista esplendor de las rosas y jazmines delicadamente atrapado en los estanques de verde quieto. ¡Cuántas palabras bonitas aquí se habrán dicho!

Entonces fue cuando la vimos. Con sus ojos cerrados, intentando atrapar –estamos seguros- aquel pensamiento hermoso que alguien dejó escrito en un friso. Nos sentamos junta ella, morena y guapa, con ojos tan profundos como la negra herida de algo amado y perdido.

“En el agua de este estanque se ahogaron mis suspiros. Los de Rumaykiya, mi primer nombre: el de la esclava de un arriero. Los de al-Sayyidat-al-Kubra, por todos conocida: la Gran Señora. Pero busco aquí, en la que fue mi casa, las palabras que a Itimad le dijera su marido, aquél que de tanto amar me hizo reina de Sevilla, aquél al que un día pedí contemplar la nieve y sembró de almendros las laderas de la sierra. Todavía recuerdo mi nieve de blancas flores y su apasionado beso que yo calmé con poesía…

Por eso me siento aquí todos los días, en este banco de piedra a contemplar el narcisista esplendor de las rosas y jazmines que en los estanques de verde quieto duermen como las palabras que a Itimad le dijera su marido.”

Se hace tarde. Los viajeros también deben comer. Volvemos a Santa Cruz donde nos alojamos y entre las luces y las sombras donde sólo él se cobija, creemos ver –entre el calor y la fatiga- las palabras dormidas que viven en un estanque:

ITIMAD

Miré a al-Mu´tamid con pasión y él, a cambio,  me hizo Reina de Sevilla.

Hasta mañana. 

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10 comentarios

ladydark -

Vailima, compañera, un día para olvidar... ¿hoy que era? Ya estoy perdida en Sevilla, eso es lo fantástico de tu cuaderno.

migratoria -

Sevilla se habrá alegrado.

Un placer, Vailima.

Rumaikiyya y Al Mutamid Ibn Abbad también te han leído desde su exilio.

Y Adonis, el gran poeta árabe.

«...Así
la hembra se conoció a sí misma también
el macho se reconoció.
Los dos se unían con el deseo de la carne y
de los huesos
para entregar el agua a su
fuente.
El agua se precipitaba ——> poesía
un oído que se llenaba con las ondas de la voz
unas uñas que llevaban al lugar donde se rasca
un pulmón un abanico para el calor del corazón
unos huesos estacas para dirigir el movimiento
una nuca una torre de vértebras
para perpetuar la expresión de la sabiduría.»

Poema extraído de «Singulares»
Alí Ahmad Said Esber: Adonis

Vailima -

Lady hoy te leemos tarde, pero te leemos por fin. Ya tenía yo un cargo de conciencia histórico por el cachondeo de ayer con Jafatron. Veo que tus obligaciones te lo han impedido hasta este momento. Mañana es viernes.

ladydark -

Precioso Vailia, como siempre nos llevas de tu mano, hoy al sol y los jazmines, a la poesia de Sevilla, que vemos con tus ojos, cuenta la leyenda que Al-Mutamid e Itimad se conocieron en dos frases:
"¡El viento tejiendo lorigas en las aguas!"
" ¡Qué coraza si se helaran!"
Gracias por las bellisimas palabras y por tu sensibilidad una vez más.

Vailima -

Gracias a todos por vuestros comentarios y buenos deseos. Estoy segura de que cada uno de nosotros llevamos dentro una Itimad o un al-Mu´tamid. Es irremediable, es Sevilla.
Amigos, desde aquí quiero recomendaros la magnífica página que Anarkasis nos regala:
http://www.anarkasis.com/eroticon/
un saludo

Anarkasis -

agüita de azahar rellora tu blog..
(mestoy quedando enganchao)

Lola -

se me cae la babilla... yo de mayor (:P) quiero ser como vosotros...

Luna -

Preciosas lineas!
Y que bonita la descripción de Sevilla, realmente tiene un olor especial e inconfundible.
Que envidia sana me dais! A ver si pronto me puedo hacer una escapadita viajera y buscar yo también a la Reina de Sevilla entre sus rincones!

Jafatron -

Vailima, buena distinción, turistas y viajeros. El primero intenta llevarse la imagen para hacerla recuerdo, el segundo proyecta allí mismo las suyas para vivir su historia.

Supongo que habrá quien prefiera ser turista pero yo me pregunto ¿acaso una Nikkon puede hacerte Reina de Sevilla?

Qué envidia dais!!! Desearía uno llegar a Sevilla y encontrar otro mural de baldosas con vuestro recuerdo complementando al de Itimad, y que ambos sirvieran como punto de partida para crear el nuestro a continuación.

Vere -

Me alegra mucho que disfrutaseis de Sevilla y del placer del agua y del frescor del jardín cuando hace calor y milicia. Esperamos tus posts que suponemos llenos poesía y refinamiento.
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