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Vailima

UNA MIRADA

UNA MIRADA

María salió de su cuarto calzándose el zapato, parecía que tenía prisa, una parada en el espejo de la entrada para retocarse esos rizos rebeldes que la gomina no había querido sujetar y un ajuste de su vestido de lycra subiéndose el pecho y colocando las caderas dieron por finalizado su rito antes de abrir la puerta para encontrarse con su deseo.

La noche prometía con una luna en cuarto creciente alumbrando la calle donde saltaban los resplandores de las farolas, sus tacones resonaban con ritmo entre las paredes de la calle y las luces de neón se vislumbraban en el horizonte.

El movimiento felino de sus caderas habría levantado a los muertos si estos hubieran conservado los ojos y las piernas para seguirla.

El balanceo de sus brazos, su altivez en la cara, la mirada penetrante hacia todo el que se le cruzaba obligaba a posar los ojos en ella hasta que la rotación de la cabeza no daba más de si.

María sabía que hoy la magia le acompañaba.

Entró en el local donde la música tamborileaba en sus oídos, sus pasos le abrieron paso entre la masa de gente convulsionada por el ritmo, pero ella mantenía su mirada fija en la lejanía como si nadie existiera a su alrededor mientras dejaba que el compás tomara el mando de sus músculos.

Con movimientos sinuosos, como la serpiente de los fakires, inició un baile consigo misma hipnotizando a todo aquel que se le acercaba, sus manos acariciaban lentamente sus muslos subiendo hasta su abdomen y prometiendo una ruta por las zonas sobresalientes de su anatomía, y unos ojos que no fijaban la vista en sus manos se encontraron con los de ella, parando de repente el mundo

Como imanes de polos distintos la separación fue menguando, paso a paso, sorteando obstáculos, sin romper el invisible hilo de la vista hasta que entre ellos no había nada que les estorbase. Girando en un circulo, se estudiaban como guerreros dispuestos a la lucha, la percusión aceleró el ritmo del corazón, y la música marcando la dirección de sus ojos en un arriba y abajo del cuerpo masculino, la obligaba a reducir el espacio que les separaba hasta que respiró el aire que él sacaba de sus pulmones.

Su contoneo se hizo uno con él, manteniendo una distancia equidistante entre cada punto de su piel como si una fuerza extraña les atrayera pero a su vez les conservara una zona muerta no conquistada aún. Eran dos dibujando una figura imposible en la pista.

Las manos, el pecho, las pelvis estaban a penas tres centímetros de mezclar su sudor, los músculos engañaban, en la flexibilidad del baile, la tensión a la que estaban sometidos.

Los ojos recorrían ahora cada detalle de aquel que tenía tan cerca, bajando los párpados en un acto de coquetería refleja, mientras aspiraba el olor de su cuello y las aletas de su nariz se abrían imperceptiblemente recogiendo todas las sensaciones que revoloteaban a su alrededor.

El roce de una pierna, la mano acariciando la espalda apenas un instante, un giro inesperado y la mirada invitadora de un "sígueme", cambiaron el escenario de la pista por la habitación de un hotel para continuar el baile.

Unas sábanas arrugadas, dispuestas estratégicamente sobre el cuerpo desnudo del hombre y los mechones negros en su cara tapando esos ojos que unas horas antes la habían conducido hasta allí, le dejaban la última imagen que vería antes de cerrar la puerta tras su espalda.

Y María se alejó de allí canturreando una melodía que tardaría días en olvidar.

autora: Damablanca

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7 comentarios

Vailima -

Bueno, Luis, el relato no es mío sino de nuestra estimada Damablanca que ha colaborado para la muestra.
Gracias, no obstante, por tus cálidas palabras. Me daré una vuelta por tu blog.
un saludo

LUIS ROSER -

que sensualidad, estoy tan voluptuoso que me salgo, te leo desde hace tiempo, da gusto un blog tan interesante
¿ te puedo enlazar almio?
date un paseo acabo de comentar crimen y castigo de DOVSTOIESKI, espero que te guste, además mis relstos sobre el enamoramiento no tienen desperdicio EL FLECHAZO CERTERO

me gustaria saber tu opinión

http://literaturaycomentarios.blogspot.com/

peggy -

exotico y caluroso

Vailima -

Tiene razón roccomejia: pasión tanguera. Decisión controlada y un adiós en medio de la música.
A veces, con una mirada basta...
Gracias Damablanca.

roccomejia -

Respiro un cierto aire de pasión tanguera.Voluptuosidad acompasada y giro sensual.Pasión ardorosa sin palabras; sólo movimiento.

anarkasis -

a mi tambien me gusta, ni cubatita, ni ostias
sin preambulos, aqui te pillo, y allí te mato porque no digan.
- ¿María donde andas?

ladydark -

Me gusta esa María "cazadora", eligiendo y decidiendo, dejándose llevar por el baile y arrastrando con ella a su pareja de danza. Magnífico relato Damablanca, jugando con la tensión que siempre acompaña al deseo.
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