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Vailima

LA COMILONA

veronés. bodas de canaá

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Paolo Caliari, conocido como el Veronés, pintó este magnífico lienzo por encargo de los monjes del claustro veneciano de San Giorgio Maggiore allá por 1563. La pintura tiene unas dimensiones gigantescas (6,69 m x 9,90 m), exactamente las mismas que el muro frontal del nuevo refectorio al que iba destinado.

En el siglo XVI, Venecia era la ciudad de la opulencia donde se construían espléndidos palacios y donde el arquitecto Andrea Palladio, inspirándose en los templos de la antigüedad, construiría el refectorio benedictino que lo haría famoso.

Pinceladas arquitectónicas palladinas pueden contemplarse en, ésta también, opulenta obra del Veronés que lleva por título, todavía no se lo había dicho, Las bodas de Canaá. Las columnas según el modelo antiguo enmarcan la plaza donde se celebra el gran banquete nupcial. Los sirvientes van de un lado para otro y en primer plano se nos presentan los invitados que dan debida cuenta de las viandas.

Si se fijan en el personaje ricamente ataviado situado de pie en la parte inferior derecha, ¿lo ven? ¡el de nariz aguileña!, sí ése, pues no es otro que el hermano del pintor, Benedetto Caliari, responsable de la composición de esta obra “de taller” y modelo ocasional haciendo las veces de maestro de sala o catador. Porta en su mano la copa donde se materializa el milagro de la transformación del agua en vino según el Evangelio. Es curioso, estos venecianos eran la leche. Apenas se consumía agua en la ciudad del agua y ¡cómo no! con gran tino y sabiduría, el vino era la bebida por excelencia. Observen ustedes la forma de mirar la copa que tiene el Benedetto. Precisamente cara de contemplar un milagro no tiene. Por el contrario, parece estar examinando con detenimiento el color, el gusto y la añada del vino. Si desplazan una vez más su mirada hacia el centro, el espectador avispado se encuentra con la figura de un Jesús que pasa inadvertido ante el animadísimo convite. Como no podía ser de otra forma, en Venecia prevalecía lo terrenal frente a lo espiritual y no conformándose con manteles adamascados, cubiertos de oro y plata, copas y fuentes de fino cristal, utilizaban incluso palillos de oro como el que se lleva a la boca esta discreta dama que parece aburrirse enormemente entre el caballero con cara de marido de su izquierda y el caballero cotilla que escucha la conversación ajena de su derecha.

detalle mondadientes oro

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Lo más pintoresco de esta obra, en mi opinión, es el detalle que les cuento a continuación. Como ya sabemos, en toda boda que se precie no puede faltar una buena orquestina. En las bodas que nos ocupan, tampoco. Pero lo curioso es que tenemos ante nuestros ojos a unos músicos sin igual. Un segundo que se los acerco para que no se me estropeen la vista. Ya está.

detalle músicos

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Aunque teoría poco probada, peregrina ella pero llena de gracia y atractivo, nos hallamos frente a una orquesta formada por tres magníficos venecianos que no se dedicaban precisamente a deleitarnos el oído sino los ojos. Nada más y nada menos les presento al contrabajista conocido por Tiziano, ataviado con un atuendo rojo; al violoncelista de manto blanco, llamado el Veronés y, a su lado y por último –como no podía ser de otro modo- al gran Jacopo Tintoretto. Los tres músicos del color reunidos para hacer las delicias de quienes hoy contemplan esta obra imaginándose el gozo de los monjes benedictinos que, digo yo, quebrantarían la ley de la orden y, de vez en cuando, levantando los ojos del plato degustarían unos imaginarios manjares al son de la música de los tres grandes. El cielo.

¡salud!

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14 comentarios

Vailima -

Me imagino que serán los dos personajes que aparecen en el extremo izquierdo (según el espectador) de la mesa. Están más ricamente ataviados que el resto y la dama mira fijamente al espectador. Claro está, que en el lugar central de la mesa están Jesucristo y su madre, como no podía ser de otra forma: terrenales sí, pero no irreverentes.
un abrazo

isabelbarcelo -

¿Se sabe dónde están los novios? Encantador post, querida amiga. Besos.

mizo -

El universo se reajusta. Bien por el Veronés.
Paseis buen día.

roccomejia -

Bienvenida como siempre. Revitaliza los sentidos.
Saluditos.

ladydark -

Me uno a las felicitaciones, pero basicamente me felicito a mi misma por poder disfrutar de nuevo de las lecciones de la niña Vailima. Y que mejor que empezar curso con el Veronés y su arquitectónica obra, impresionante y tan minucioso. Me he quedado colgada de las aves en el fondo, hasta ese mínimo detalle. Muy bien Vailima¡qué gusto volver a leerte!

Vailima -

pues tú también tienes que tener hambre, jardinero, que te has comido una ache. juas, juas

Vere -

¿Quien dijo melancolía? Vailima a vuelto y ¡con que aperitivo!

Vailima -

jaja, Brujo, con hambre... pues la verdad es que sí, pero como todo, es mejor no engullir e ir masticando poco a poco.
Jafa: este no es que sea un cuadro de gran formato, es simplemente monumental, casi cincuenta metros cuadrados de color. Casi ná.
por cierto, cuando nos tomemos la cañita, te echarás unos cigarros ¿no?

Jafatron -

Se te echaba de menos Vailima.
Siempre me han impresionado los cuadros de gran formato. Este es uno de esos que apetece sentarse a contemplar tranquilamente, fijando la mirada en cada detalle, levantándose una y otra vez para apreciar de cerca algo que nos llama la atención...
Y siempre es un placer verlos aquí, en tu casa, con tus explicaciones.
Cuenta con esa cervecita ;-)
Un beso

Vailima -

carne al dente o al delantal...

Salamandra -

Otro detalle: los carniceros justo encima de los invitados, garantía de frescura y de ropa manchada.

Vailima -

Gracias, Oger. Así sí que da gusto. A ver si me centro y dedico a este blog (o sea, a vosotros) el tiempo que se merece.
un saludo

Oger -

Da gusto levantarse por las mañanas y leerte. El día se presenta de otra manera.
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