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MELANCOLÍA O CUANDO LAS ALAS YA NO AGUANTAN

En uno de sus escritos Albrecht Dürer (Durero para nosotros) advertía del peligro al que se ven expuestos los aprendices de pintor cuando practican en exceso puesto que “pueden ser presa de la melancolía”.



Éste es el tema de uno de los grabados más famosos de la historia del arte. El motivo de la cabeza apoyada en la mano no sólo se asociaba a la melancolía sino también a la acedia, concepto éste de la vida monacal de la Edad Media por la que el individuo era presa de una apatía espiritual que le impedía elevar su alma a Dios. No sólo se consideraba como una tentación sino que también era pecado mortal. La acedia constituía la forma más severa de melancolía, y no era tanto por ser una turbación del estado de ánimo sino por manifestarse como aquel impedimento para desear o realizar algo. En definitiva y, en términos actuales, lo que nosotros denominaríamos una depresión.

Tanto el vocablo melancolía como su representación (la cabeza apoyada en la mano) fueron utilizados como expresión de uno de los cuatro temperamentos.
Esta doctrina, recogida de la Antigüedad Clásica por los humanistas, sostenía que el cuerpo y el temperamento o manera de ser vienen determinados por cuatro humores distintos.
En el individuo ideal, los cuatro se encuentran en perfecto equilibrio, aunque en el hombre concreto no es así. El de temperamento sanguíneo (sanguis) es aquel que posee demasiada “sangre roja” y es el más dichoso. Quien tiene demasiada “mucosidad” (phlegma) es el hombre de temperamento flemático. Ése que posee demasiada “bilis amarilla” (cholé) es un colérico y el sujeto con demasiada bilis negra o atrabilis (melaina cholé) es el hombre melancólico, el peor de todos: huraño, sombrío, avaro, indolente, perezoso y con un rasgo físico característico: su tez oscura que contrasta con el blanco de sus ojos).

Además del cuerpo y del temperamento, había otros factores que intervenían en el estado de ánimo dominante. En el grabado de Durero se representan por lo menos dos. Por un lado, el elemento vinculado a la melancolía era la tierra, la aridez y para combatir sus repercusiones había que aplicar plantas de zonas húmedas como los berros y el ranúnculo, presentes sobre la cabeza del personaje central del grabado. Por otro, el momento del día atribuído al melancólico era el anochecer y, así comprobamos en el grabado que comienza el crepúsculo a través del cometa y del murciélago que porta el rótulo del título de la obra.
Con respecto a este último, comentar que varias son las interpretaciones que se consideran para explicar el I que aparece tras la palabra. Podía ser que Durero pensara en realizar una serie de grabados sobre los humores del cuerpo, y éste fuera el primero de la serie o, que en lugar de un número, fuera la letra mayúscula “i” por lo que en tal caso la traducción del título sería. ”Melancolía, ¡márchate!”. Cada uno que piense lo quiera según su temperamento.

Observen en el grabado, la cantidad de detalles que Durero plasma en él. Incluso podríamos considerar que está sobrecargado y un tanto caótico de tanta minuciosidad. Pues bien, esto también tiene su explicación. Para el sujeto melancólico, el mundo se le muestra lleno de interrogantes opresivos, y de detalles carentes de orden que le impiden precisamente actuar.
Para finalizar (que lo mismo se me pasan ustedes de un temperamento sanguíneo a otro colérico por la extensión del post) comentarles dos detalles más del grabado. El mundo ya no se percibe simplemente como jardín de Dios sino también como algo que el ser humano es capaz de calibrar. Esta corriente de pensamiento que se impuso al comienzo de la Edad Moderna se refleja en los diferentes instrumentos de medición que aparecen en la obra: un reloj de arena, un reloj de sol, una campana para las horas, una balanza y una escuadra.
En contraposición a éstos, vemos en la parte superior derecha del grabado un elemento que pertenece al mundo antiguo, a la Edad Media. Se trata de un cuadrado mágico o tabula Iovis. Los números no sirven para comprender la realidad sino que aluden a un juego de ingenio, a una representación simbólica, a la magia.
La peculiaridad del cuadrado reside en que todas las verticales, las horizontales y las diagonales suman lo mismo: 34. Durero añadió otras alusiones al cuadrado, porque la inversión de la suma da 43, su edad en el momento de realizar el grabado; el año de la ejecución del mismo 1514 (véan la parte inferior central), el mismo año del fallecimiento de su madre, en el mes de mayo: quinto mes con el que se alude con el 5 situado encima de la cabeza de la segunda fila.
En fin, espero que les haya resultado interesante este paseo por la Melancolía y sus humores y, que sus alas, al contrario que ocurre con las del personaje central del grabado, les levanten el espíritu y el ánimo.

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2 comentarios

Silgra -

Estupendo!!! Aprendí un montón!!... espero más
Gracias

Avelino -

Interesante, sí señor.
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