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LOS ABISMOS DONDE CAEN LOS GENIOS: APOLO

LOS ABISMOS DONDE CAEN LOS GENIOS: APOLO

Si ayer decíamos que Dioniso constituía lo romántico de lo clásico, Apolo es lo clásico de lo romántico: la luz frente a la noche del hombre. Si Dioniso nos obsequia con el desorden de elementos dolorosos y placenteros de lo trágico, Apolo, por el contrario, los recoge otorgándoles una dimensión heroica. Frente a la primacía de los sentidos que disgregan la realidad en el primero, la fuerza “articuladora” de la voluntad en el segundo. Dioniso es el portador de la devastación mientras que Apolo representa el retorno de la acción individual, aquella que en la búsqueda de su propia identidad, intenta salvar al hombre sumido en su experiencia trágica. La universalidad frente a la individualidad, pero el hombre no puede perderse entre turbulencias sensuales y oníricas que lo transporten irremediablemente hacia el abismo de ahí que, en un acto de voluntad, se vuelva hacia sí mismo para ordenar las fuerzas oscuras de la naturaleza y salvarse.

Apolo “nace según una ley dialéctica de la belleza (…) y su nacimiento, es, paradójicamente, una agonía en la vida” nos dice Argullol por eso no podemos considerar a Apolo al margen de Dioniso. El Yo heroico-trágico de la razón romántica no puede entenderse sin la unidad entre ambos dioses. Los dos proceden de un tronco común en el que Apolo puede ser, como Dioniso, fuente de dolor. Para el pensamiento romántico no cabe duda de que “la belleza es trágica y lo trágico es necesariamente bello”. Pero ¿por qué consideramos a Apolo fuente de dolor? Si hilamos razonamientos encontraremos la respuesta: Apolo es despertar, el despertar del sueño, de la embriaguez; la vuelta a la soledad tras un estado de ilusión donde la individualidad se ha visto quebrantada. ¿Acaso la resaca onírico-sexual del hombre no produce dolor? Quizás el mayor de los posibles, la certidumbre de la muerte. Ante ella, la voluntad del hombre trágico se erige triunfante gracias a su identidad individual y su subjetividad autoordenada ante el mundo que la disgrega y debilita. El poeta, el héroe romántico reconciliador podrá entonces proclamar: “El enorme conocimiento hace un Dios de mí”, porque a través del conocimiento las sensaciones oscuras no producen horror.

El juego ha terminado, los dos impulsos constituyen el embrión de la condición humana. Podrán ser negados pero aquel que los acepte tendrá en su mano la fuerza motriz del quehacer trágico. La belleza es sublime, es separación y reencuentro.

Más allá del dolor reside la gran esperanza del poeta: hacer prevalecer por encima del triunfo de la muerte, el poder de la palabra.
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9 comentarios

juanito esbellotragarte -

Bonita inesperada agresión.
No entendiste, no explico: dueño de mí que me zampo, no soy tema.

anarkasis -

Mire buesa merced, que parece que biene como el que se tragó unas trébedes. o Marsías le ganó la apuesta, o anda buscando el arco para cargarse medio ejercito griego, Yo por si las moscas lo ponía de espaldas no vaya a salirse del blog, y nos despelleje, o nos mande la gripelpollo... queste de Apolíneo, la raiz mas bien cabreadíneo,
¡¡dios, que dios¡¡

juanito esbellotragarte -

Pues salieron. No me libro.
(perdón porque como un cómo y digo como)

juanito esbellotragarte -

Ayer andaba buscando cosas sobre Leonardo y encontré tu blog, Vailima. Pasé entonces un rato espiando, escondido, asomado a una rendija. Me gustó. Mucho.

Hoy me atrevo a presentarme. Hola.

¿Prevalece la belleza por encima de la muerte? ¿Cómo, si nuestra derrota es segura? Pero no te contradigo, ni en una palabra siquiera: respondamos a la nada con vida y al horror con belleza, eterna mientras dure.


Y no atribuyamos a los Dioses (pero sí a los dioses, como tú haces) lo que es creación humana.
(Por cierto, si supiera como hacer un punto y aparte sería totalmente responsable de este comentario).

Vailima -

Yo creo, Calamity, que ambos se lo pasaban muy bien. Cada uno a su manera y al ritmo marcado por su propia naturaleza. En lo que discrepo contigo es en asignar los días laborables a uno y los güiquens al otro. Yo prefiero que se vayan intercalando a lo largo del día y confieso que adionisarme a media mañana me sienta fenomenal.
un abrazote

Calamity -

Me gusta mucho esta mini serie que has comenzado sobre dioses helenos (concretamente cuatro. Oye, ¿Prometeo era un dios? Perdona mi ignorancia, 30 años creyendo que era humano y eso que me fascinan las obras clásicas).

Lo que me gusta, además de leer tus magníficos textos, son los comentarios que los siguen. Me quedo leyéndolos de la misma manera que las vacas miran al tren cuando pasa.

Desde mi humilde (y posiblemente erróneo) punto de vista hay que tener en cuenta que el señor Apolo residía en el Monte Parnaso rodeado de la bellísimas musas y si bien de Dionisos y su cohorte de bacantes y faunos nos han llegado fragmentos de literatura, de Apolo y, ejem, sus chicas no sabemos nada... Anda que no se harían orgías báquicas allá arriba.

Perdón por la frivolidad del comentario. Yo me quedo con Dionisos para los fines de semana y las vacaciones y con Apolo para el día a día. Qué cosas. ;)

Muchos besos, bella Vailima.

Vailima -

En efecto, como apuntáis, en Nietzsche se encuentra esta complementariedad obligatoria en el sentido de afirmar que todo pensamiento no trágico, es decir, aquel que distingue y mantiene alejados las luces y las sombres, hace necesariamente que ambos dioses sean desconocidos entre sí. Tanto el pensamiento que no acierta a ver la luz de la sombra (ilustrado, empirista, racionalista) como aquel que no aspira a cobijarse a la sombra de la luz (resignado, nihilista). A este respecto, Nietzsche lleva razón cuando acusa a Schopenhauer de antitrágico:
"¿Cómo pensaba, en efecto, Schopenhauer acerca de la tragedia? Lo que otorga a todo lo trágico empuje peculiar hacia la elevación es la aparición del conocimiento de que el mundo, la vida no pueden dar una satisfacción auténtica, y, por tanto, no son dignos de nuestro apego: en esto consiste el espíritu trágico, ese espíritu lleva, según esto, a la resignación"

Charles de Batz -

Interesante segunda entrega de los albores trágicos de nuestra cultura, digna -como la anterior- de una lectura sosegada y paciente, para captar en lo posible todo lo que en ella se encierra.

Por un lado, Apolo y Dionisos representan los dos principios fundamentales de la naturaleza humana: el instinto y la razón. Lo dionisíaco y lo apolíneo se oponen, y a la vez se complementan. Nietzsche ve en esa eterna complementariedad el nacimiento de la tragedia.

Pero por otro,leí hace un tiempo un artículo en el que se desarrollaba el hecho de contrastar esta visión Nietzschiana, con la que nos ofrece de Dionisos Eurípides en una de sus últimas tragedias: "Las Bacantes", única obra conservada en la que este dios es protagonista. En ella nos los representa, a un Dionisos menos emocional, más frio y calculador y con actitudes, en determinados casos, que rozan lo apolíneo.

¿Estamos adaptando los significados de todas estas mitologías a las necesidades espirituales y culturales de cada momento?.

Este juego de engaños, diferencias y complementariedades se da hasta en el propio origen de los personajes: resulta curioso que un dios tan aparentemente helénico como Apolo, sea de procedencia oriental; mientras que Dionisos, de quién ya en aquellas remotas épocas se hablaba de su venida de oriente, esté ya presente en los panteones más arcaicos de la Hélade.


De cualquier manera, incluso lo poco que sabemos de ellos es en sí una tragedia, pero como decía decía Unamuno:

“la vida es tragedia, y la tragedia es perpetua lucha, sin victoria ni esperanza de ella”

ladydark -

Poco puedo añadir al estupendo post de Vailima, perfectamente encajado con el de ayer. Nietzsche en "El nacimiento de la tragedia" da la clave de la dualidad dionisiaca-apolínea. Son los aspectos que componen el arte en general. Eso no es óbice para que existan determinados artes más ligados a uno u otro concepto, asi la pintura estaría mas cerca de lo apolíneo y la música de lo dionisiaco. De hecho se pregunta "¿Qué efecto estético surge cuando aquellos dos poderes artísticos, de suyo separados, de lo apolíneo y de lo dionisíaco, entran juntos en actividad? ¿Qué relación mantiene la música con la imagen y con el concepto?" Su respuesta es la lírica que engloba los dos aspectos,la tragedia griega, que como muy bien nos dice Vailima, es en esencia, poesía.
De ahí a su concepto de "superhombre" o ideal humano, donde se integran y sintetizan los dos aspectos, hay un liviano paso.
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