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Vailima

EL PERVERSO INGRISMO DE TAMARA DE LEMPICKA (2)

“No hay nada tan excitante, tan sutil, tan ´ingresco´ como el momento en que se establece una perfecta armonía entre un cuello y un collar, entre un terciopelo y un trozo de carne desnuda, entre un chal y un mechón de pelo; como la línea de encuentro entre un comienzo del pecho y un escote, entre un brazo y un guante alto. Si los retratos de mujeres tienen una irradiación particular, es porque, como los desnudos –si bien con menos franqueza- proceden de la luz del deseo”
Gaétan Picon

TAMARA LEMPICKA_Mujeres bañandose 1929

Tamara de Lempicka: Mujeres bañándose, hacia 1929

Los cuerpos desnudos femeninos tanto de Ingres como de Lempicka ignoran el deseo que suscitan. Las miradas, las zonas desnudas del cuerpo o las ropas ceñidas fundidas en una segunda piel despiertan el deseo sin saberlo. Ambos artistas impregnan sus trabajos con una gran dosis de erotismo y de sensualidad, pero mientras que Ingres disimula constantemente la suya propia, Tamara la proyecta.
El poder de la carne se mezcla con la tela; los hombros y los brazos resultan tan sutiles como los terciopelos y las sedas y, los pliegues de los tejidos se confunden con los pliegues de la piel. Parafraseando al célebre Picon, podría decirse que no es tanto el cuerpo quien parece querer manifestarse en cualquier momento sino que es el vestido quien, a punto de caer, retrocede a la vista de su aparición triunfante.

El perverso ingrismo de Lempicka invade muchas de sus obras: retratos de mujeres en los que uno no sabe dónde comienza la carne y dónde termina el vestido como en el caso de Retrato de Ira P. o en los que la modelo parece tatuada por los encajes transparentes que la envuelven al igual que una criatura de Botticelli como en el caso de Nana de Herrera . El vestido de tirantes del retrato de Mrs. Alan Bott nos revela más que lo que oculta y la consonancia plástica que Tamara tan bien maneja queda patente entre el respaldo del sillón y el cuello de piel de la baronesa Renata Trévès .

INGRES_El baño turco1862

J.A. Ingres: Baño turco, 1862

Por su parte, Ingres, burgués y decoroso, defensor de la tradición y del orden establecidos se llevaría las manos a la cabeza si hubiera sabido que la desvergonzada polaca, la marginada como gustaba proclamarse, se habría sumergido en su Baño turco para inspirarse en sus grupos de desnudos. Su obra maestra, pintada a la edad de ochenta y dos años, constituye el erotismo puro tanto en su forma como en su contenido: cuerpos desnudos de mujer formando una masa compacta y circular. Sensualidad cerrando un círculo como un himen inmenso.

Hasta mañana.

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7 comentarios

Xaramilo -

me parece estupendo el análisis que haces de la obra de tamara hiciste algun comentario de la obra el origen del mundo de courbet? tienes algun analisis de la tecnica de Degas?

Vailima -

Comprendo que te traiga buenos recuerdos... En la próxima reunión no faltes, que nos tienes que contar el viaje a Miami.
un abrazote

ELENA-Mata Hari -

.... esto del baño turco, aparte de muy artístico me trae muy buenos y exóticos recuerdos... que ya comenté contigo :D

El cuadro no hace sino conseguir asociar aún mis recuerdos a mi experiencia

Juan Cosaco -

Curiosos cuadros para ver el 8 de Marzo.
Es una pena que a la una de la madrugada se junten mi sueño y mi incultura...
pero prometo volver con fuerzas renovadas... mañana.
Agur.

Calamity -

Hola Vailima.
Definitivamente creo que sí que me dejé llevar por el espíritu romántico de las cosas, por el amor en todo, incluso en el trabajo, al margen de su utilidad... Será porque estoy rodeada de gente que sólo actúa por y para el dinero (ya sabes márketing y ese tipo de cosas) y cada vez que veo a alguien movido por el dinero -aunque realmente sería más bien un instinto de supervivencia (qué haríamos sin dinero)- me da un poco grima.

De todas maneras, me gusta. Siempre que veo un cuadro, una reproducción vaya, de Lempicka, me quedo medio tonta mirando. Es cierto eso de la seducción que provoca cada imagen de la pintora. Son mujeres, pero en esas mujeres son pura y dura provocación, por muy recatadas (Renata Trévès) que quieran ser.

Besitos. Como siempre, un gusto leerte. C.

CM -

Tamara debería estarte agradecida.

Me gustaría que un día, tal vez un viernes, nos hablases de «L\'origine du Monde» de Gustave Courbet.

Un placer leerte, VAILIMA.

Palimp -

Es curiosos como el estilo cubista otorga a las mujeres de Tamara la misma rotundidad de carnes que tienen las pinturas de Ingres.

Otra coincidencia que veo -desde mis ojos de profano- es una elegancia casi aristocrática en las mujeres representadas.

Leer tus entradas un placer, como siempre.
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