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ILLUMINARE (2)


Salterio de San Luis

SALTERIOS

El salterio contiene exclusivamente los ciento cincuenta salmos del Antiguo Testamento, la mitad de los cuales se atribuyen al rey David.
Tenemos salterios desde la época carolingia y su lectura, además de servir para orar en privado, constituía un punto fundamental de la Santa Misa y de las horas canónicas de los monjes.
Como dato curioso, decir que eran las mujeres las que solían rezar con el salterio.

LIBROS DE EVANGELIOS, EVANGELIARIOS Y LIBROS DE PERÍCOPAS

El libro de los Evangelios contiene el texto completo de los cuatro evangelistas en su orden de sucesión canónica y, entre los libros litúrgicos, estas obras eran consideradas por mucho, como las de rango más elevado. Tanto era así que en los concilios eran exibidas en un trono, se sacaban en las procesiones solemnes y se prestaban juramentos sobre ellas.
Una parte de su disposición gráfica la constituían las tablas de concordancia, compuestas por unas arcadas bajo las cuales se presentaba la concordancia entre los contenidos de los evangelios y los números de capítulo, además de una representación Majestas Domini e imágenes de autor de los evangelistas.
Este tipo de libros eran los que recibían una encuadernación más lujosa e incluso, dependiendo del propietario al que hubieran pertenecido, se consideraban como una reliquia.
A diferencia de éste, el evangelario o el libro de perícopas sólo contenían fragmentos (perícopas) de los cuatro Evangelios y, siguiendo el orden del año eclesiástico, se leían en la liturgia solemne y durante las vigilias de los monjes.

SACRAMENTARIOS Y MISALES

Los sacramentarios son de uso exclusivo para los sacerdotes y eran habituales desde el siglo VII. Contienen las oraciones y los textos que sólo leen los celebrantes durante la misa. Ocasionalmente, se le anteponen los calendarios.
Los adornos principales, entre ellos el crucifijo que hoy en día la Iglesia sigue manteniendo, se hallan en los puntos en los que la oración es más elevada. Se trata del llamado canon missae, es decir, el inicio del prefacio y el inicio del auténtico canon.
A finales del siglo XI, este tipo de libros fue sustituído por los misales, libros que contienen todas las lecturas, incluso las reservadas a los no liturgistas durante la misa, así como oraciones y otro tipo de textos.

Mañana, estimados blogueros, nos pasearemos por los libros temporales, los breviarios, los graduales y antifonales y mis preferidos: los libros de horas.

Hasta entonces, sean buenos.

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