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Vailima

CON LOS OJOS BRILLANTES

 Benjamin Zander nos conduce "sobre una nalga" hacia la pasión por entender la música clásica. Su final, didáctico y humano, es un buen comienzo para esta nueva primavera que hoy se estrena. Fabuloso.

 

 

 

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HIJA, A TU EDAD...

"hija, a tu edad..." me dice mi amantísima madre cuando me ve hecha un guiñapo por los nervios del estudio. Y me vuelvo a casa, repitiéndome una y otra vez -en la intimidad más silenciosa- que "pa qué". Menos mal que el ser humano dispone de ciertos recursos, redentores ellos, que te quitan la tontería de un plumazo. Eso es lo que esta señora, una intelectual, una mística, quizá la primera humanista del siglo XXI (como dice un amigo mío), ha hecho conmigo: redimirme en mi mismidad.

Espero, francamente, que os pueda ayudar. Yo por lo pronto creo que voy a ovular, o a menstruar, o las dos cosas a la vez que una cuando se pone...

 

CULTURA DE INTERCAMBIO

CULTURA DE INTERCAMBIO

Para que luego digan que España no está a la cabeza de la intelectualidad mundial. Si es que la gente habla por hablar.

 

p.s. bueno, precisamente a la cabeza, no.

POR TIERRAS DE SORIA

 

Como saben los lectores habituales de este blog, Vailima y un servidor decidimos hace ya bastantes años dedicar las vacaciones de cada  verano a conocer el interior de España. Y claro, dado que el territorio es finito y que las peculiaridades de nuestro gusto nos hace huir de las costas, la posibilidad de repetirse es relativamente grande.

Este año repetimos Soria. Siempre nos hemos enamorado de las tierras que hemos visitado. En parte porque cuando vamos lo hacemos con la ilusión de quien va a Indonesia, a Nepal o a Australia. O más. En parte porque llevamos nuestro viaje pormenorizadamente preparado (bendita web), y así maximizamos las posibilidades de encontrar la belleza que nos espera, y en parte porque esta forma de pasar nuestras vacaciones es exactamente la que nos gusta. Con Soria también ocurrió lo mismo, hace casi diez años. Por eso hemos decidido repetir.

Visitaremos el románico Soriano, pasearemos otra vez por el cañon del río Lobos, cenaremos en Calatañazor, disfrutaremos de bellezas románicas escondidas en Fuentesauco, Tozalmoro, Omeñaca, Andáluz, Caltójar, Caracena, El Burgo de Osma, San Esteban de Gormaz, sin olvidar la propia capital. Y comeremos y beberemos magníficamente; como la última vez que estuvimos en tierras sorianas. Y haremos una visita a los pueblos de arquitectura negra de Guadalajara. 

El panorama sólo podría ser aún mejor si algún lector pertenece a la zona y quisiera aceptar de nosotros unas cervezas. Sirvan los comentarios a tal fin.  Comprobar que tras los trazos en la pantalla existen personas es otro de los placeres que nos hace  disfrutar de nuestros viajes. A la vuelta les prometemos contar nuestras aventuras, como hicimos con París.

Tio Petros.

 

 

 

SABU

Gracias a todos por vuestras felicitaciones y palabras de ánimo. Estaba tan contenta con la calificación que -aunque el Petros me ha puesto verde por ello- no dudé en colgarlas para compartir mi entusiasmo. Entre el trabajo, la casa, la familia y las crisis de vértigo que me tuvieron más de mes y medio anulada completamente, el esfuerzo ha sido recompensado. Además, nuestra familia se ha visto incrementada con un miembro más de nombre Sabu, que aunque se empeñe en parecer un cachorro de boxer, nosotros sabemos que se trata de un cruce entre un cocodrilo y un velocirraptor. Juzguen ustedes mismos a este monstruo de tres meses.

RESULTADOS

Ya saben  que una servidora decidió en su día emprender la aventura (¡a mi edad!) de matricularse en (ahora con Bolonia) Historia del Arte. Bueno, sólo quería decirles que creo que he cumplido con la asignatura de Arte Antiguo a la que me he presentado este año (sí, sólo una pero densa y sustanciosa). Les dejo el comprobante del resultado con el que estoy tan contenta que pego uno y otro bote de alegría:

nota final

AJOS BRITÁNICOS Y OTRAS RISTRAS: EL MARAVILLOSO MUNDO DE VICTORIA ADAMS

AJOS BRITÁNICOS Y OTRAS RISTRAS: EL MARAVILLOSO MUNDO DE VICTORIA ADAMS

Es una lástima que con nombre de reina y apellido de afable familia sea tan gilipollas.
Es una lástima que con individuas como ella, una sienta vergüenza no sólo de pertenecer a su misma especie (sapiens), sino incluso, a su mismo género en cualquiera de sus dos acepciones (Homo o mujer).
Hoy es viernes y estoy tocapelotas, mira tú. Y a esta vedette venida a más y, lo que es peor, venida a mi país, le tengo yo ganas.
Una se puede volver imbécil con la fama y con el dinero; incluso pueden perdonársenle ciertos aires (británicos naturalmente) cuando mira por encimilla de su hombrillo al personal tocapelotas que la persigue por doquier; puede que además dé lástima cuando sufre en silencio (como las almorranas –británicas claro-) las infidelidades de un querido esposo que más que a fútbol juega al esqueleto (tú te agachas y yo te la meto)...
Pues sí, la Adams ha entrado a formar parte de mi selecto club “se te desarrolló el cuerpo a expensas del cerebro” y compite con la inefable Tita Cervera para el puesto de presidenta. Estamos en ese impas en el que una no sabe qué es peor: si estar forrada de dinero y ser una experta en arte cuando el único calificativo que sabe es “bonito” (poniendo en tela de juicio que a priori sepa qué es un calificativo) o estar forrada de dinero y que se te escape (como el pedo de una solterona en misa) que no has leído un libro en tu vida.
¡Qué hijaputa! (entiéndase el vocativo cariñosamente) ¡Qué buenos asesores tiene que tener! porque mira por dónde la británica hija de su madre suelta este comentario sin importancia y en quince días solamente rectifica, mejor dicho, corrige su declaración diciendo que no es que no haya leído nunca un libro sino que nunca ha podido terminar uno. “Falta de tiempo” –argumenta la catedrática-, “comienzo a leerlo, me distraigo y lo dejo”. ¡Pena del espermatozoide que te trajo, no se distrajera con otro hablando...!

Sí, decididamente, lo de esta golfa es motivo para concederle la presidencia del club y, si me apuran, la de su propio país, tan inglés él y sin olor a ajo como éste. Y es que somos unos asquerosos, ya lo ha dicho el Bronw de El Jódido da Vinci, entre el ajo y las fritangas de una y los orines del otro, no sé cómo puede vivir entre nosotros la putánica victoriana o forrarse a vender libros el americano éste de los huevos al que nuestro dinero no debe de olerle mal por lo visto. Pero bueno, tampoco dramaticemos porque Viqui (con “qu” que seguro jode) va a comprar a Loewe y allí no huele a nada; como inodora debe ser su británica mierda cuando defeca (eso sí, en un inodoro español instalado en un chalet español de un barrio exclusivo español) o como inodoro debe de resultarle el semen que esparce su futbolístico marido sobre los vientres de las putas patrias también.

¡Tendrá ella necesidad de leer libros teniendo como tiene un cerebro de ameba, un hocico de oso hormiguero y un conejito que pare y pare y pare duracellmente y sin secuelas físicas ni mentales...!
Mirad lo que os digo: si Lewis Carroll la hubiera conocido, sin duda tendríamos con nosotros a la protagonista de una nueva obra maestra de la literatura universal: Ya veo el libro en las estanterías de El Corte Inglés, desbancando a unos anodinos ángeles y demonios made in USA; ya veo al gran Palimp redactando maravillosamente la reseña sobre el maravilloso mundo de la hueca Alicia de Carroll; ya veo a Spielberg llevando el libro a la gran pantalla y a todas las angelinas bonitas en francés tirándose de sus pelos pantene; ya veo a la británica recogiendo el Nobel de literatura de manos de unos monarcas ante los que no se inclina porque no son ingleses... Ya veo la historia en grandes titulares prologada por Madonna o la Duquesa de York:

La caprichosa historia de la larva que de pura imbécil se quedó en capulla.

En fin, que de todo hay en la viña del Señor, y que la Fétida Adams tenga cuidado que no vaya a ser que se distraiga mucho, mucho y se la folle un pez o la ballena que se tragó a Pinocho; o se le rompa el cántaro y se le pierda la gallina de los huevos de oro o la encuentre el Lobo y se convierta en señora de Feroz.
Pobre... ¡qué sóla debe sentirse su neuronita! ¡Es que torcer el morrito es tan duro... y tan, tan, tan distraído!

CHUCK CLOSE: El Durero del siglo XX

”La fotografía no es un recurso de la pintura, sino que la pintura es un recurso para una fotografía realizada con medios pictóricos”

Por un momento abandonemos mi querido cambio de siglo y adentrémonos (con grandes pinceladas) en el siglo XX. Hoy quiero hablarles de un tipo de realismo que a mí me fascina particularmente y que tiene al norteamericano Chuck Close uno de sus máximos exponentes.
Fíjense en la obra siguiente:



Seguramente que, si no conocen al autor, piensen que se trata de una fotografía. Su título Gran autorretrato no nos dice lo contrario. Sin embargo, esta obra de grandes dimensiones (como es costumbre en este artista) 274 x 213 cm., está ejecutada en pintura acrílica sobre lienzo. Por lo tanto, no es una fotografía en el sentido estricto sino que estamos ante “una fotografía realizada con medios pictóricos”.
El arte de Close consiste en reproducir reproducciones a partir de fotografías generalmente de conocidos y de sí mismo. La objetividad, como bien puede comprobarse, es su meta, trasladando a estos lienzos de grandes dimensiones proyecciones reticuladas muy ampliadas de tal modo que la fidelidad en los detalles es absoluta.
Esta obra que hoy les presento fue realizada en 1968 y está ejecutada con una precisión de cirujano. Sobre la cara descienden mechones grasos de cabellos que enmarcan la cabeza, en principio, de forma descuidada. Se distingue cada cañón de la barba; se pueden observar los pelos del pecho y una afilada nariz brillante de grasa.
Close trabaja a partir de varias fotografías y reproduce con exactitud los fallos específicos del modelo como puede apreciarse en las orejas, que aparecen con falta de nitidez, tal y como una cámara no es capaz de captarlo todo con la misma profundidad de campo.
A los que denominaron al realismo del siglo XIX como de “espejo muerto” por reproducir la naturaleza con tanta fidelidad negando en la figura representada cualquier atisbo de individualidad(1), el realismo fotográfico de Close:

”La cámara es objetiva. Cuando capta una cara no adopta decisiones jerárquicas acerca de si la nariz es más importante que la mejilla. La cámara no es consciente de lo que ve. Registra todo. Quiero enfrentarme a la imagen que ha captado, que está en blanco y negro, es bidimensional y está llena de detalles de superficie”

Como les decía más arriba, Close utiliza diferentes fotografías para las distintas partes del cuadro, de modo que el procedimiento analítico se combina con un método sintético que opera en diversos focos interrelacionándolos entre sí, de ahí que su técnica se haya denominado sharp-focus realism.
Tenemos, pues, a un artista que define su método como aquel intento de filtrar sus ideas a través de la cámara, mimando, en última instancia, no la ilusión sino la artificiosidad.

(1) La cita de Close es la contestación a una crítica mordaz al realismo en la que Friedrich Hebbel (1859) afirmaba lo siguiente:
el realismo...”romo que concede la misma importancia a la verruga que a la nariz en que se encuentra”

EL SEGUNDO DE TRES: CHARLES BELL Y LOS REFLEJOS DE LA PERSEVERANCIA

”Bell siempre estuvo entre los pocos artistas que siguió rigiéndose por los estándares tradicionales de calidad en el arte”
Louis K. Meisel



Él mismo decía que aunque sus cuadros parecían reales, no dejaba de ser una realidad subjetiva. Sin duda que es así, pero no me negarán que tan sólo nos falta la moneda para poder meternos a la boca un chicle de su máquina. La obra que hoy les presento se titula Gumball XV (Máquina de chicles) y forma parte de una serie de naturalezas muertas de estilo hiperrealista que el pintor inicó en 1973 junto a sus también conocidos cuadros de pinballs (petacos para nosotros) y juguetes de lata.
Este óleo sobre lienzo (226 x 155 cm) fechado en 1983 está pintado con la minuciosidad de un orfebre: fíjense en la laca roja que recubre la máquina, sus desconchados, la ranura metálica parece albergar aún el eco de la última moneda... El contenido, amén de brillante, es tentador: bolas de chicle de diferentes colores, regalos sorpresa, un colgante en forma de elefante, un chiflo, lo que podría ser un yo-yo y dos anillos que convertirían en princesas a las niñas que los pudieran conseguir. Además, a modo de guiño estético, un elemento que simboliza el concepto de vanitas renacentista. ¿Lo identifican?
Todos los elementos del contenedor de vidrio están dispuestos de tal forma que es imposible que el espectador no evoque su infancia, el poder de atracción de una máquina como ésta y el sabor y la textura de la bola en el interior de la boca.
Bell parte de la fotografía para realizar su cuadro, sin embargo, todo elemento está donde tiene que estar y el caos aparente no responde a otra cosa que no sea orden. El orden de la mirada del artista.
El tema no es nuevo en el arte norteamericano, ya Wayne Thiebaud nos había presentado su Máquina rompemandíbulas



Idéntico motivo: una máquina de chicles de vivos colores representada frontalmente pero ante un fondo neutral. Bell pinta los reflejos del cristal y sus efectos sobre los objetos con tanta delicadeza que bien podríamos levantar las tapas y, clandestinamente, robar unas piruletas o unos cuantos cacahuetes.
Esta pasión por las superficies también fue tratada por Audrey Flack



El tratamiento del pigmento en el lienzo parece convertir, por arte de magia (o por la magia del arte), una imagen en un trozo de tarta de fresas tan real y opulenta que uno se imagina con los labios y dedos pegagosos por la mermelada transformada en gelatina.
Todo un lujo de detalles para los sentidos; realidades creadas desde la subjetividad y, sin embargo, ausencia de un lenguaje simbólico que nos diga “esto no es un chicle” o “esto no es una tarta”.
Prueben, prueben a meter una moneda...

Hasta mañana.

LUCIAN FREUD: El alumno de Courbet, el maestro del origen de los mundos

LUCIAN FREUD: El alumno de Courbet, el maestro del origen de los mundos

Es uno de los artistas más vendidos y ha estado presente en la Bienal de Venecia de este año. Lucian Freud nació en Berlín en 1922 y, como les podrá sugerir su apellido, es nieto de Sigmund Freud. Considerado como “el mejor pintor realista vivo”, sus desnudos (naked portraits) nada tienen que ver con los desnudos convencionales.
Hoy les propongo un paseo por una obra apasionante, a través de la cual podremos conocerle mejor.
La obra en cuestión, un óleo sobre lienzo de 182 x 228,5 cm, lleva como título Desnudo con una pierna levantada (Leigh Bowery) Nude with Leg up-L.B. ejecutada en 1992 y nos va a servir para ilustrar otro tipo de realismo que no tiene que ver con la reproducción minuciosa de un Chuck Close como vimos ayer, sino con un modo de transformación artística muy personal.
Degústenla a placer (con todos mis respetos):



La persona representada es Leigh Bowery, legendario actor de performance y del arte del disfraz, diseñador de moda y líder de un grupo musical que murió de sida en 1994 con tan sólo 33 años. Freud lo apreciaba muchísimo y le sirvió de modelo en más de una ocasión.

El personaje se convierte en soberano del lienzo. Sus conocimientos en danza y su gran personalidad se ponen de manifiesto en el cuadro y el artista deja que “acampe” a sus anchas: a Freud no le gusta imponer poses sino que se deja dirigir por el personaje que le incita tanto como al espectador.
Recorramos la obra:
Bowery se nos presenta tumbado en un suelo de madera con su pierna derecha, en ángulo marcado pero relajada, reposa sobre el colchón de rayas de una cama metálica. El resto de su cuerpo descansa sobre una amalgama de telas, escenario que se repite más de una vez en los lienzos de Freud. A pesar de su desnudez, Bowery no mira al pintor, no nos mira a nosotros, sino que la pierde en un punto que no vemos con una gran naturalidad. Sus piernas abiertas al mundo dejan al descubierto su sexo, tal y como la modelo de G. Courbet lo hiciera en el lienzo titulado El origen del mundo (1866) y que encabeza el post de hoy.
A diferencia de éste último, el desnudo de Freud no parece atacarnos (si me permiten el término) ya que la naturalidad de lo representado de la que hablaba más arriba va acompañada de cierta carga erótica pero en ningún caso de forma descarada.
El tratamiento de la piel nos muestra una gran variedad de tonalidades que la plagan de matices. Para pintarla, Freud utiliza el blanco cromo con el fin de dotar de materialidad y pastosidad a las capas de pigmento.
Es curioso que con este lienzo Freud quiera representar desnudo a un rey de las máscaras y del disfraz creando una fuerza que irradia desde el personaje mismo logrando traspasar la tela hasta la retina del espectador. Una obra espléndida, espléndidamente tratada.
Bien, espero que les haya gustado y sepan un poquito más de este gran artista. En mi caso, para demostrar al bueno de Palimp que también me apasiona el arte después de Gauguin.
Nos vemos pronto. Durante estos días (hasta la semana que viene) mi pueblo, Fuenterrabía (Hondarribia en euskera) celebra sus fiestas.
Yo también soy humana.

MAX ERNST: IRREVERENCIAS DEL SURREALISMO

MAX ERNST: IRREVERENCIAS DEL SURREALISMO

No, no se preocupen. Están viendo la Piedad de Miguel Angel. Ni les engañan los sentidos ni les engaño yo. Les cuento.
Existe una larga tradición en la representación de la Virgen María con el cuerpo de su hijo muerto sobre sus rodillas y la más conocida seguramente sea la que ilustra el encabezamiento del post de hoy. Max Ernst aporta su granito de arena a esta tradición con su obra titulada Piedad, o La Revolución de la noche, un óleo sobre lienzo fechado en 1923.



Como ya habrán podido comprobar, los personajes tienen que ver muy poco con la idea que tenemos de la piedad. Reemplazando a María por un burgués bien ataviado, el artista no desea tanto representar sin más una simple crítica anarquista sobre la clase media de su tiempo como aludir de forma más marcada a la Revolución, siguiendo el dictado de Karl Marx de “cambiar el mundo”. Sin duda, su pretensión queda plasmada en el cuadro.
A pesar de su simpatía por el comunismo, Ernst procedía de una familia de clase media.
Sobre un fondo oscuro en el que trabaja con superficies planas de color, se nos muestra un hombre que reposa en los brazos de la burguesía aunque despierto y en alerta. El estilo de la obra es casi pueril, de factura simple, con colores lisos y un diseño dépouillé (despojado, desnudo), elementos que, sin embargo, consiguen un efecto rebuscado del conjunto.
En fin, amigos, una breve reseña de una obra que me viene al pelo para pedirles disculpas por estos dos últimos días en los que blogia ha estado prácticamente inactivo. Así pues, piedad.
Hasta pronto.

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EL COFRECILLO ROJO (y 3)

Cuando algún alma despiadada y con hambre se siente preparada para ejercer de sacamuelas bastan unas pocas monedas para hacerse con todo el material necesario: botes, vasos, papeles y, fundamentalmente, los medios para una medicina denominada “teriaca” que se supone que ayuda contra la pestilencia y demás ponzoñas y un agua azul contra el escorbuto, la caries y el dolor de ojo. La venta de estos “medicamentos” constituye la mayor parte de los ingresos de un médico respetable de esta calaña. Los remedios se guardan en cajas como el cofrecillo rojo que Tiépolo situa sobre el paño azul. Bajo el mismo, un gran baúl que, junto al caballo y al carro engloban el total de pertenencias de estos charlatanes.
Además de los medicamentos, comercian con otro tipo de productos como tintes de belleza y juventud o elixires de la vida o filtros de amor. Si alguien tiene reparos a la hora de comprar estos milagros no tiene más que plantarse una máscara para conseguir el anonimato deseado.
Ya ven ustedes que el siglo XVIII no difiere gran cosa del nuestro en cuanto a magufería milagrera se refiere. Incluso, como en la actualidad, estos charlatanes disfrazos de ciencia, garantizaban su eficacia mediante alusiones a su éxito en otros lugares, aportando un documento sellado como el que el pintor nos presenta junto al cofrecillo rojo. Por si esta “garantía” nos pareciera insuficiente, se repartían folletos publicitarios ensalzando la profesionalidad y eficacia del charlatán y sus medios. Como hoy en día también, la facilidad de palabra y la improvisación (como los del personaje que levanta su mano sujetando unas tenazas con una muela) eran condición sine qua non dentro de este mundo del médico sacamuelas charlatán que, a modo de actores, lograban engañar a la población incauta e ingenua, en nombre de la razón y de la ciencia. Piensen ustedes que el vocablo charlatán proviene del verbo ciarlare, que además de “hablar” significa “engatusar”.
El lienzo de Tiépolo ofrece al espectador todo un lujo de detalles. Desde el mono hasta el estandarte, la pompa y el barullo: ruido y animales exóticos despiertan la curiosidad del populacho y la apariencia de haber conseguido el éxito en otros lugares y haberse enriquecido otorgan al charlatán la confianza suficiente. Sobre los incautos pacientes, se erigen tres actores que componen además el elenco de pertenencias (a modo de séquito) del engañador. En el cuadro los vemos: un arlequín con máscara oscura gesticulando, una joven abanicándose y una dama que nos da la espalda y que sujeta sendos pañuelos que, a cambio de dinero, recogen de las víctimas una vez que han suministrado sus milagrosos medicamentos.
Ya ven, sacamuelas, charlatanes, exotismo, actores, músicos y mucho marketing: todo un “Crónicas marcianas” en la Venecia del dieciocho con el pudor que las máscaras regalan a su portador. Eso sí, por encima de todo y en todo se encuentran la Ciencia y la Razón.
Pónganles, si ustedes lo desean, nombres y apellidos a los personajes de este lienzo de Tiépolo. Comprobarán que no resulta tan difícil.
Hasta pronto
p.d. no lo saben, pero mañana viernes tengo mi cita trimestral con mi cirujano periodontólogo. Después de esta serie de post, quizás le mire con otros ojos aunque ahora, en el siglo XXI, quien se ponga la máscara verde sea él y no yo. Deséenme suerte.

LAS APARIENCIAS ENGAÑAN



Pasen un buen fin de semana y séanme felices.

CUESTIÓN DE ALAS



“Era bello el rostro en el estanque, pero no el mío-
con su mirada altiva, como todo en él,
y yo sólo veía peligros: palomas, palabras,
estrellas y lluvias de oro -¡concepciones, concepciones!
Recuerdo el ala blanca y fría
y al gran cisne de terrible figura,
cayendo sobre mí, como un castillo, desde lo alto del río.”

Me han mostrado en la pintura y en la poesía de todos los tiempos.
¿Sabríais decirme quién soy?

BRUEGHEL Y SUS TORRES DE BABEL (y 2)

En el post de ayer terminábamos apuntando sobre una diferencia de carácter narrativo entre ambos lienzos. Pues bien, en el cuadro vienés, Brueghel pinta una ciudad (Amberes) a los pies del edificio. En la parte inferior izquierda aparece, en primer plano, el rey Nimrod (ver detalle):



Observen cómo los picapedreros se arrodillan ante él. En tiempos del pintor, una genuflexión simple bastaba para mostrar respeto y sumisión al soberano. En el cuadro, Brueghel nos informa con este gesto del origen oriental de un monarca cuya presencia simboliza la soberbia que terminará provocando la ira de Dios.



En el cuadro de Rotterdam, sin embargo, falta el rey. En su lugar puede observarse (1) (ver detalle arriba) un palio rojo en medio de una procesión. Bajo el palio marcha algún dignatario de la iglesia católica. El paralelismo rey-iglesia en ambos lienzos nos induce a pensar que Brueghel tampoco consideraba al clero inmune al pecado de soberbia, aunque la diferencia de tamaño de una y otra escena pueda considerarse como un signo de la opinión del artista.
Ya ven, amigos, el panorama es el mismo en las dos versiones independientemente del papel que ocupe el inculpado. Nada sabemos de la tercera versión.
¿Quién sería el comitente que encargara al pintor cualquiera de estas tres obras?
Hasta mañana.

(1) La falta de nitidez de la imagen (aunque la he aumentado todo lo que he podido) no lo permite ver con claridad, pero está situado justo en la mitad del eje N-S, en la tercera rampa comenzando desde abajo.

BRUEGHEL Y SUS TORRES DE BABEL


La construcción de la Torre de Babel

Se desconocen la fecha y el lugar de nacimiento de Brueguel pero la primera mención escrita de Peeter Brueghels data de 1551, al ingresar como maestro al gremio de San Lucas de Amberes.
Hablar de Brueghel es hablar de esta ciudad, por entonces la población más próspera de Occidente. Las nuevas rutas marítimas propiciaron su desarrollo y su emplazamiento, a mitad de camino entre el norte y el sur, favoreció el comercio de la seda y las especias de Oriente, los cereales del mar Báltico y la lana procedente de Inglaterra.
En una ciudad tan fértil económicamente es fácil pensar que artistas y artesanos también sacaran provecho, tanto es así que trabajaban 360 pintores en Amberes (uno por cada 250 habitantes). La expansión económica trajo consigo un considerable aumento de la población en pocos años, duplicándose incluso, de la cual un número importante eran extranjeros con lenguas y costumbres extrañas y, sobre todo, religiones diferentes: católicos, calvinistas, luteranos y anabaptistas que hacían de Amberes una ciudad multicultural en la que el entendimiento era difícil.
Esta situación impulsó sin duda a Brueghel a inspirarse en el relato bíblico de la Torre de Babel para trabajar sobre el tema nada más y nada menos que en tres ocasiones. Hoy en día sólo se conservan dos: La construcción de la Torre de Babel y La pequeña construcción de la Torre de Babel; la primera en Viena y, la segunda en Rotterdam.


La pequeña construcción de la Torre de Babel

En ambas obras la torre adquiere proporciones gigantescas respecto a cualquier dimensión humana y la acción se desarrolla no en un tiempo remoto sino en época del artista donde un sinfín de detalles realistas dan buena cuenta de ello: grúas capaces de soportar el peso de grandes piedras, contrafuertes tomados de las catedrales góticas, barracas para cada gremio de trabajadores, etc.
Además de las diferencias obvias entre una y otra obra tales como el tratamiento de la luz o el tono pictórico predominante en una y otra, existe una importante, relacionada con la narrativa de ambos lienzos pero que les mostraré mañana para que no se aburran. Hoy es lunes y hay mucho que hacer.
Saludos

EL TERCERO DE TRES: RICHARD ESTES

RICHARD ESTES: EL URBANISMO QUE SURGIÓ DEL PINCEL



Richard Estes es un mago. Desde su mirada interior diseña paisajes urbanos que luego construye en el lienzo con la ayuda de los pigmentos de su paleta y la dedicación prerrafaelita de su pincel. Me lo imagino pintando en su taller con la misma delicadeza con la que se abraza a un recién nacido.
Considerado uno de los principales hiperrealistas de la primera época junto con Audrey Flack y Chuck Close, fue en 1967 cuando encontró la veta de su arte: los paisajes urbanos de finales del siglo XX.
Sus pinturas son el producto de los modelos fotográficos tomados por él mismo. Su interés no incluye al ser humano. Sencillamente la gente no le interesa y sus obras así lo corroboran. Todos y cada uno de los elementos de sus cuadros están ejecutados con precisión y exactitud, cuestión que responde a la filosofía del artista:

”No me gusta que ciertas cosas aparezcan desenfocadas y otras enfocadas, ya que ello marca de forma muy específica lo que se supone que uno debería mirar, cosa que intento evitar. Quiero que uno lo mire todo. Todo está en el punto de mira”



Por lo tanto, la obviedad de lo representado en su vertiente hiperrealista tiene su equivalente en la estructura total de la pintura abstracta ya que en ambas no se concibe una jerarquía de la mirada. Sin embargo, no debemos caer en el error de pensar su obra como una mera copia de la realidad y de identificar esa obviedad de la que hablo con la simple ampliación de una fotografía. Lo que mueve a Estes no es reproducir de forma idéntica algo que ya existe sino de mostrar una realidad ideal (ideal reality) cuya estructura ordenada pueda interiorizarse con nuestra realidad más allá de lo puramente observado.
Retomando la tradición del trompe-l´oeil, sus cuadros son ilusionistas desde el momento en que nos parecen surgidos de una fotografía gracias a los efectos pictóricos empleados aunque, a veces, la vista global carezca de la perspectiva correcta. Aún y todo sus obras convencen y nos conducen a una suprarrealidad que las distingue a pesar de una renuncia expresa a cualquier elemento narrativo.
El efecto de los reflejos, los paisajes urbanos sin seres humanos y la mirada simétrica (“todo está en el punto de mira”) de un artista de lo real: así se da Richard Estes; de ello trata su realidad ideal.

EL PRIMERO DE TRES: CAGNACCIO DI SAN PIETRO

”El pintor perfecto debe estar en condiciones de rascar su mejor cuadro y volver a pintarlo diez veces una tras otra para demostrar que no depende ni de los nervios ni de la casualidad”
G. Courbet

Para qué nos vamos a engarñar: los artistas que son y que del mundo han sido, son muchos y muy buenos. Pero como en todo (deporte, música, etc.) una tiene sus favoritos, aquellos ante los cuales se inclina con total devoción y, que conste, que quizás se trate, a veces, de admiración sólo ante una obra de ese artista, como si ella fuera justificación suficiente para subirle a los altares.
Como han podido apreciar en los últimos post (excluyendo el dedicado a la devoradora de libros británica, naturalmente) he escogido el realismo como tema de los mismos. Si alquien, en un afán psicoanalizador, piensa que mi elección es producto del término del período vacacional y su consiguiente “vuelta a la realidad”, puede pensarlo: hay que sacar provecho de nuestra vida cotidiana.
Lo que quiero decirles con este preámbulo es que me gustaría presentarles a tres de mis artistas favoritos que han concebido sus obras dentro del realismo o del hiperrealismo: Cagnaccio di San Pietro, Charles Bell y Richard Estes.
¿Me acompañan?

CAGNACCIO DI SAN PIETRO: LA TENSIÓN ENTRE LA IDEA Y LA REALIDAD

El nombre con el que fue bautizado era Natale Bentivoglio Scarpa y en 1920 decidió sustituirlo por el que hoy conocemos al artista que tras alguna incursión en la pintura de salón y el futurismo, se le considera como el representante del realismo (nueva objetividad, quédense con el término) italiano.



Después de la orgía (Dopo l´orgía) es la obra que quiero mostrarles hoy. Ejecutada en 1928, este óleo sobre lienzo de 140 x 180 cm, está considerado como ejemplo del sugestivo (y en cierto modo sugerente) realismo mágico made in Italy.
Como en casi todos los cuadros, nuestra mirada tiene que abarcar varios frentes. El primero de ellos respondería a la cuestión de qué estamos viendo. La pregunta no es en modo alguno banal. Féneon, el crítico apologista del impresionismo decía, en referencia a los hábitos visuales del público que, quien pega sus narices a un cuadro queda cegado por la luminosidad, lo mismo que no es aconsejable sentarse en medio de los metales cuando uno quiere oir una sinfonía y este planteamiento vale tanto para una obra impresionista como para otra realista como en nuestro caso.
A primera vista aparecen ante el espectador tres mujeres que duermen su sueño (permítanme la transitividad) en diferentes posturas. Sin embargo, no se trata de tres mujeres sino de la misma mujer.
Su piel, su pelo, su constitución y el dibujo de sus músculos nos hacen pensar en la misma modelo y en tres visiones de la misma persona agotada. Cada figura mantiene una posición diferente dentro de un ambiente que pudiera ser un escenario. El telón semiabierto, el pavimento aparentemente aterciopelado acogen para sí los restos del libertinaje de esa burguesía italiana de los años 20 que esperaba el apoyo de Mussolini. Dos copas, un sombrero hongo sobre unos guantes de cabritilla blancos, naipes, un cubrepuños y en un trozo de papel, la firma del autor.
El escenario resulta más deprimente que voluptuoso. La precisión de los detalles y, por sobre todo la luz, crean una atmósfera de decadencia que se convertirá en desencanto cuando las figuras despierten.
Podría decirse que las tres mujeres representan tres momentos de la misma persona en el que el repliegue hacia sí misma comienza con la distensión de la figura de nuestra derecha, pasando por la que se encuentra encima de la alfombra, para terminar en la que de espaldas al espectador se repliega sobre sí misma en actitud defensiva.

La representación femenina que Cagnaccio nos muestra está sola. Huir de la realidad sólo comporta soledad.
Tres figuras, dos copas, ningún hombre, un sueño.

Hasta mañana.

PENITENCIA

Hay veces que me digo: “algo habremos hecho para merecernos esto” y aquí estoy yo, repasando y repasando hasta donde alcanza mi memoria y no encuentro nada proporcional. No es que sea perfecta, para qué les voy a engañar, tengo mis defectillos como todo el mundo pero en cuestión de pecados, del montón, oiga. Es más, ni son pecados a la antigua usanza porque a ver qué tienen de malo los pensamientos impuros con lo divertidos que son. Esto me recuerda que tengo que enviarle un preservativo al papa.

Pues lo dicho, que hago acopio de actos y vivencias y reconozco que lo que les traigo no tiene nombre. Bueno, sí lo tiene pero mejor lo olvidamos. Para todos aquellos amantes de la música sin mácula, melómanos tiñosos. Va a ser que los pecadores son otros y nosotros los penitentes, y si no escuchen (que ni falta que hace que me afinen el oído).

CADENAS IMAGINARIAS

CADENAS IMAGINARIAS

 

Hoy he acudido al dentista y ha utilizado un aparato similar a éste para calentar un clavo que luego ha introducido en mi boca. Mientras lo hacía, me he imaginado que sonreía al tiempo que una servidora, cual cerdo trufero, no paraba de menear la nariz a causa del olor a carne quemada. Si el soplete lo hubiera manejado el Ferrán Adriá no hubiera sido lo mismo, claro está. Sin embargo, por esas cosas que incluso se le escapaban al bueno de Kant, el dentista sigue siendo, aún fuera de la consulta, un querido amigo que como él dice, me hace endodoncias glassées.

Quien bien te quiere, te hará llorar reza el refrán patrio y si viajamos un poco más, existe una patología en Estocolmo convertida en síndrome que me viene al pelo: acudo al dentista en contra de mi voluntad, me tortura y al cabo de tres cuartos de hora retenida en un límpido habitáculo, le pago lo que su también sonriente compinche me pide.

 

   Tio Petros, en uno de esos post que nos ha regalado últimamente, ya apuntaba –incluso de forma gráfica- la emoción de un encuentro estético tan esperado para mí tras meses de estudio. Para ser franca, fueron varios los encontronazos, si me permiten el término, que provocaron algo muy parecido a otra patología que muchos ahora conocen gracias a un anuncio publicitario. Sí, han acertado, me refiero al síndrome de Stendhal en el que de nuevo soy víctima que sufre una especie de vértigo, llanto, dolor en la boca del estómago y taquicardia. Créanme, no les miento ni exagero. Como las hijas de Elena, tres eran tres, las obras de arte con las que me faltó el aliento; con las que creí que se me iba la vida. La primera ya la conocen ustedes, la Estela de Naram-Sím, cuyo nombre ya sólo al pronunciarlo se me deshace en la boca. La segunda, las estatuas sedentes de Gudea de Lagash, el príncipe constructor de templos y, la tercera, los lamassus asirios de Sargón II, de los que hablaré, si ustedes quieren, próximamente.

Les echo de menos.

A ellas también.

 

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