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Vailima

Pietro Aretino

VIERNES ARETINO

VIERNES ARETINO

Hoy, amigos, además de ser viernes es el día más importante de las fiestas de mi pueblo, Hondarribia (o Fuenterrabía todavía para muchos). Como en todas las celebraciones, que cada uno haga lo que más desee. Yo por mi parte haré lo propio.

Les deseo un buen fin de semana. Aprovéchenlo al máximo y por supuesto, séanme felices.

HORROR VACUI

RETRETE ABISMAL

Miedo al vacío, al abismo, a la pérdida. Nuestra vida no deja de ser un acto de voluntad en el que amar es irremediable. Como otras cosas…

Pasen un buen fin de semana y rellenen los huecos que tengan vacíos. Como lo inevitable, como lo necesario y, por favor, séanme escrupulosamente felices.

TANGERE, TANGERE

Vielha badajos 06

Debo de reconocer que hice esta foto pensando en los viernes del blog.

Largos, esbeltos, tersos, tensos, duros, compactos y bien proporcionados. Su manipulación estimula hasta el punto de oír campanas de gloria. Después de fotografiarlos en la iglesia de Sant Miqueu de Vielha pensé: qué extraño. Si no fuera porque se trata de un par de penes hubiera jurado que se parecen mucho a dos badajos.

Era sábado y el azote de Aretino volaba sobre nuestras cabezas.

Tañan las campanas pues, amigos míos, en su segunda acepción del diccionario: ejerciten el sentido del tacto y escucharán alguna que otra melodía celestial.

 

Pásenme un buen fin de semana y séanme lujuriosamente felices.

LOS JUEGOS DE LA CARNE

LOS JUEGOS DE LA CARNE

Hoy es viernes. Agosto de 2006. Todo un fin de semana por delante para sucumbir a los placeres de la carne. Calor, sudor, aromas a piel.

No es románico pero me apasiona también. La naturaleza se yergue y se despliega en juegos.

Somos carnívoros, no lo olvidemos.

Pasen un buen fin de semana y seánme lujuriosamente derrochadores. Ya vendrá la segunda ley de la termodinámica y hará lo único que sabe hacer: joder. Por esta última cuestión hay que coger ventaja y hacerlo nosotros antes ¿no les parece?

ISMOS

JABON RESBALADIZO

La imagen de hoy más que ser una obra de arte en sí, está dedicada al artista anónimo y su pincel. Los riesgos del arte son muchos y hay que estar bien preparado para afrontarlos. Amigos, tienen todo el fin de semana por delante para indagar en los secretos más íntimos, más inexplorados del mundo de lo bello. Cojan sus pinceles y practiquen, practiquen. Les aseguro que el resultado puede ser muy satisfactorio. Así pues, les detallo las condiciones para los próximos días: tema y modalidades libres, soporte a elegir, en estudio o en plein air, técnica a escoger (se admiten todo tipo de variantes).

En la noche de San Juan, cualquier jabón puede resultar resbaladizo.

Pásenme un buen fin de semana, no se vayan a quemar demasiado y sobre todo, séanme felices.

HIC HABITAT FELICITAS

POST VIERNES

No se trata de un cucurucho de helado al revés, ni de un trébol al que le falten las hojas. Es, nada más y nada menos, que el primer ejemplar de un micrófono concebido por el hombre. Se encontró en una excavación en Pompeya y se cree que fue utilizado en el primer Mundial de Fútbol de la Antigüedad.

“Hic habitat felicitas” (Aquí habita la felicidad) es la consigna que reza como eslogan. Pues eso, que pasen un buen fin de semana y como siempre, desearles que sean felices: ellos con el fútbol; ellas con el resto del universo… que no es poco.

 

nota: mi agradecimiento a anarkasis por ofrecerme las imágenes de su magnífica página . Gracias, amigo.


 

EL PODER DE LA MARISMA

Rudolph_Tegner_leda_1902

“Ven no con besos

ni con caricias

de manos y besos y susurros,

acércate con un ruido de alas

y ese pico mojado en mar

y pasos de pies húmedos y membranosos de tanto bregar con olas

hasta entrar en el vientre blando como una marisma”.

D.H. Lawrence

Espero amigos que este fin de semana se conviertan en cisnes de súbito aleteo, y las Ledas del mundo sucumban al dios abandonando su nuca y su aliento.

Llega el fin de semana, el tiempo de muslos halagados. Séanme felices.

LA LLAVE INMORTAL

guy bourdin higiénico

¿Querrían guardar algún secreto inconfesable?

Llega el fin de semana. El momento de hacerlo. Recuerden que aunque crean que lo han cerrado a cal y canto, siempre habrá una llave en algún lugar que consiga abrirlo de nuevo.

Séanme secretamente felices.

LA NOVIA DEL VIENTO (RELATO ERÓTICO)

LA NOVIA DEL VIENTO (RELATO ERÓTICO)

“He pasado demasiado tiempo observando mi reflejo en el espejo del pasado”- pensó Alicia cuando se le encogió el corazón.Los años, traidores, le habían tratado mal. Momentos dulces, momentos agrios, desesperación y vergüenza se mezclaban al antojo en su cabeza oxidada por la culpa.

Pero él la querría, a pesar de todo.

Ella lo sabía. Corrió en su busca. Tal vez las sombríos prejuicios de los demás no apreciaran su carrera desesperada, no la respetaban, no la recordaban.

Pero él seguro que aún la querría, a pesar de todo.

El espacio se volvió confuso, el pasado volvió al presente, el tiempo se detuvo.

Él la abrazó con cariño y ternura, le removió la melena blanquecina y le susurró al oido.

Alicia cerró los ojos, notó como sus largos dedos le acariciaban los párpados, los labios el cuello...para abrirse paso por debajo de su bata. Dejó caer el cinto y él le besó todo el cuerpo. Besos suaves, casi imperceptibles, rozaron cada pliegue de su piel, cada lunar, cada cicatriz, cada sueño roto.

De nuevo le miró a los ojos y suspiró honda y profundamente, Alicia se estremeció de placer al sentirse de nuevo amada y perdió el control.

Unidos alzaron el vuelo, bailando al compás del latido de sus corazones. Dulce sensación de ser uno, de ser respirado por el otro. Un baile dibujado por las hojas del otoño recordando que hubo una primavera en la que eran felices. Rota de placer Alicia expiró su último aliento.

novia del viento

Autora: Luna

(Imágenes de la autora)

PASIÓN DIVINA (RELATO ERÓTICO)

angel caido

Hasmael, siervo apasionado, ángel curioso, siempre cerca de los humanos, siempre rozando el límite de lo permitido. Ksiel, inflexible, cumplidor, obediente. Una noche como tantas otras, otra conversación más. A Ksiel le gustaba sentarse a hablar con su amigo aunque su inconformismo, su continuo cuestionar de las normas le irritaba. Una noche más, una conversación como tantas otras…

¿Por qué amigo Ksiel

a los ángeles nos han negado

el placer de amar sin querer,

de querer sin pretender

más placer que el disfrutado?

No debe ser duda para ti

Los ángeles tenemos poesía y con eso basta

que en el cielo de los hombres toda raza es casta

y nosotros ya estamos aquí

Pero...

¿acaso por mortal es menos divino

este deseo de amar,

de quererse con la piel

sin que el alma permanezca fiel

ni pretenda conquistar?

Somos guardianes y emisarios

de los ángeles la poesía es el sexo

y no hay miembro cóncavo ni convexo

para esos menesteres

pues en nuestros deberes

nada de eso es necesario

Yo los observo Ksiel, los espío y me recreo,

y en su momento de más placer

cuando las almas se disparan

aunque ellos no miraran

juraría me pueden ver

Sandeces, Hasmael, sandeces

nada tiene de especial

eso que tanto admiras

Que me arranquen la piel a tiras

si tiene algo más de mortal

lo que observé una y mil veces

Los humanos no pueden vernos

porque no somos de este mundo

y debe ser placer inmundo

si por única unión hay dos cuerpos

Escucha Ksiel mi relato

de dos amigas de prestanza

que en un momento de amistad

lo verás con claridad

convirtieron la confianza

en pasión de un arrebato

…risas, complicidad

y un simple roce desata

ese placer que te mata

si reprimes su libertad...

Basta Hasmael!!, no quiero escucharte

tu imaginación quiebra el sentido,

no debe estar permitido

tal forma de abandonarte

Pues entonces, ven, míralo tú mismo

observa aquellos dos de abajo

verás como no cuesta trabajo

entregarse al erotismo

Vamos, corre, mira esa pareja

ven y verás que no miento

en nada sobre este juego

y ya me dirás luego

si de todo lo que cuento

de la realidad algo se aleja

En la habitación torpemente iluminada reinaba el silencio, un vacío frío y agobiante atenazaba cualquier pensamiento. El hombre se había desnudado ya y esperaba tumbado en la cama. La mujer se acercó por los pies despojada de todo y gateó lentamente hasta llegar a su cintura. No se miraron ni se dijeron nada, en aquel juego las reglas estaban muy claras. El hombre miraba al techo, suspiraba intentando inútilmente vaciar de pensamientos su cabeza cuando notó el frío tacto de las manos de ella aferrando su miembro y la calidez de su lengua recorriendo juguetona el contorno. Su respiración se hizo ruidosa, el corazón se le aceleró y comenzaron a tensarse los músculos. El suave ir y venir acabó dando paso a un subir y bajar con la boca. Notaba la presión de sus labios y como la lengua aún jugueteaba con dificultad en su interior en cada batida. De vez en cuando la mujer retiraba un momento la cabeza para coger aire y le agitaba el alma al compás de la mano acelerando un poco el ritmo. Ni siquiera entonces se miraban. Después volvía a inclinarse retomando la tarea. El hombre se aferraba con fuerza a las sábanas, como si la succión de su miembro le arrastrara entero hacia los pies de la cama. Ya no pensaba en nada.

Ksiel observaba en la distancia, atento, intentando entender las palabras de su amigo que seguían sin encajar con lo que veía. No se percató que Hasmael se había colocado detrás suyo y se sobresaltó ligeramente al notar sus labios en el cuello. Un segundo beso le produjo un cosquilleo que le recorrió la columna entera. Se dejó hacer, quizá experimentando lo que estaba viendo llegara a comprender. Hasmael desplazaba lentamente sus húmedas caricias hacia el hombro. Lo abrazó con fuerza, un brazo rodeó su cintura y el otro acarició su pecho perfectamente moldeado. Ksiel recogió un poco más sus alas para facilitar el acceso de su amigo. Seguía mirando a aquella pareja, notaba la tensión del hombre, la excitación, casi imaginaba tener un miembro como aquel mientras sentía las caricias de Hasmael, sus labios, su lengua, su rostro. Dios, deseaba tener uno. Poco a poco su atención se centraba más en Hasmael y menos en aquella habitación. Los movimientos se hicieron rápidos, ya no había suavidad, era como si el tiempo jugara en contra de la necesidad. Se encararon bruscamente y buscaron sus lenguas en un beso desesperado. Se abrazaban, se recorrían el cuerpo sin orden en un frenético ir y venir de brazos y manos.

En el torso una caricia

y un mordisco en el pezón,

se besaron con avaricia

sin entregar el corazón

Ksiel aceptó su osadía

se le escapó un gemido

se le erizaron los pelos

y quitándose el velo

de lo que estaba prohibido

pensó que aquello era poesía

Con sus alas lo envolvió

le agarró el pelo con tiento

y casi le falta el aliento

cuando el éxtasis llegó

Caída en espiral

lento descender

de dos figuras aladas,

un cruce de miradas

les hizo entender

que llegaba su final

El hombre jadeaba extasiado, aún desnudo y estirado sobre las sábanas. Mientras recuperaba poco a poco el ritmo normal de su respiración le envolvió otra vez ese sentimiento de culpa y otra vez se preguntó por qué acudía a aquella habitación semana tras semana. Se incorporó y se sentó en el borde de la cama. Miró a la mujer que había comenzado a vestirse y clavó su mirada en el suelo.

-Me ha pasado algo… muy extraño -Hizo una pausa indecisa, no sabía si seguir- He visto... dos ángeles besándose… He visto… he visto…-trataba de encontrar las palabras evocando otra vez esa imagen- … poesía -Y esta palabra le vino a la mente como caída del cielo.

-¿De veras? – Preguntó la mujer sin demasiado interés.

El hombre levantó la mirada. Ella estaba fumando a lado de la ventana, apoyada en la pared, observando la oscuridad del exterior. No había continuidad en el momento, para ella todo acababa con la eyaculación de aquel hombre, o de cualquier otro. Él prefirió no seguir hablando del tema y comenzó a vestirse.

-No sé si podré venir la semana que viene, es posible que mi mujer y yo nos marchemos de viaje. ¿Prefieres que te avise si no vengo?

-No hace falta, si no vienes me tomaré un descanso. Estoy trabajando mucho últimamente… -Y esto último fue casi un susurró para ella misma, un rápido resumen a su asquerosa vida.

-Está bien… pues… me voy ya. Se me está haciendo tarde.

La mujer se giró esta vez para hacer un gesto desganado con la mano y siguió mirando por la ventana envuelta en el humo de su propio cigarro y perdida en las brumas de su amargura. El hombre salió de la habitación y antes de cerrar la puerta echó una última mirada al interior, a la mujer, a la cama deshecha y volvió a sentir ese sentimiento de culpabilidad.

Salió a la calle. Hacía frío. Comenzó a andar lentamente recordando el orgasmo tan extraño que había tenido. ¿Sería real lo que vi? pensó. Le hubiera gustado explicarlo a su mujer, pero claro, eso era imposible. Cómo justificar un orgasmo fuera de casa…

-Qué tontería, los ángeles no tienen sexo… -Y se rió de las ideas absurdas que estaba teniendo. Aceleró el paso, era tarde y tenía ganas de llegar a casa.

Ksiel se cubría el rostro con las manos. Lloraba. Levantó la cabeza y dijo entre sollozos:

-Hasmael, hemos perdido las alas…

Hasmael estaba a su lado, tranquilo, satisfecho del momento. Se giró hacia él y lo abrazó. Le acarició la mejilla con el dorso de la mano limpiando las lágrimas, le besó y hundió sus dedos en su densa cabellera.

-Sí Ksiel, hemos perdido las alas –y le sonrió cariñosamente – Pero hemos aprendido a volar.

Autor: Jafatron

LOS JUEGOS GALANTES (RELATO ERÓTICO)

LOS JUEGOS GALANTES (RELATO ERÓTICO)

Se da el caso de que yo nunca he escrito una historia erótica, ni jamás había pensado en hacerlo, pues me considero poco hábil en el arte de la escritura y más aún en la narración de sucesos que pueden sonrojar el rostro de personas de natural tan tímido como lo soy yo. Sin embargo, las solícitas invitaciones de mis muy apreciados amigos bitacoreros, encabezados por la promotora Vailima, han terminado por tentar mi ánimo y empujarlo a participar, de algún modo, en tan festiva convocatoria.

Dicho lo que antecede, el lector comprenderá que lo que a continuación expongo no sea una narración fantasiosa inventada por mí, sino que aprovechando la ocasión voy a darles a conocer el texto de dos cartas, nunca traducidas a nuestro idioma, que el señor de Lupiac, Antoine de Bonfils, y su esposa, Madame de Lupiac –Marie Desgrenouilles, de soltera-, intercambiaron entre ellos, y cuyo contenido considero que bien podría tener lugar en esta alcoba a la que me invitáis a pasar.

Sepan los que no conocen a los personajes, que éstos vivieron en Paris allá por la segunda mitad del siglo XVIII, y que su relación, como fue con alguna frecuencia en aquel contexto, era de total permisividad y licencia, llegándose al punto de regocijarse uno y otro de los esposos en contarse vía epistolar sus progresos en el “ars amandi” del que tanto aprendieron en el rijoso Ovidio.

La primera de las cartas está fechada en París el 14 de marzo de 1783, y dice así:

Carta de Antoine a Marie

“Querida esposa:

Me pedís que elija a mi favorita, que os diga cuál de las tantas mujeres con las que he tenido trato de intimidad en estos últimos años, ha sido la que de mejor forma ha complacido mis deseos. Imposible de decirlo Señora, pues todas ellas han demostrado tener dotes más que suficientes para hacerlo…

De la Marquesa de C., adoro esos maravillosos senos que parecen querer recuperar en el amor aquello que perdieron alimentando a sus niños. Su piel parece estar pidiéndolo, pues es blanca y suave, y su caricia delicada como la de una flor. Mi amigo todavía se emociona recordándose sumergido en medio de esa enorme marea encabezada por dos gigantescos y deliciosos pezones.

La joven Mmlle. D. parece inocente por su edad, y gusta de encontrarse conmigo a espaldas de sus padres, excusando ante ellos ir a montar al bosque… ¡Y vaya si lo hace! que su inocencia se desata, como hace con sus coletas, en cuanto me empuja a la espesura, y sin esperar a estar del todo desprendidos de nuestras ropas, salta sobre mí lanzando terribles alaridos que asustan a nuestros propios caballos.

Es conocida la afición de M. por el clavecín, lo que no es tan sabido es el gusto que tiene por tocarlo aún cuando está disfrutando de los placeres de Venus. No le importa dar la espalda a su amante, y éste no pone impedimento en ello, si con eso adorna con música los momentos de amor.

Por desgracia o por fortuna, que de ambos hay en este negocio, es poca la música que puede salir de ella: a medida que avanza nuestra pasión las teclas suenan cada vez peor, pues no es con la rodilla el modo más adecuado de hacer sonar la clave, ni con las dos a la vez, y menos aún teniendo este pequeño instrumento que soportar el peso de un cuerpo, el empuje de otro y el golpe ocasional sobre sus teclas de mi puño.

¿Queréis seguir sabiendo, querida esposa?; pues os diré que también recurrí a los servicios de la Bachantte, la más famosa y experimentada cortesana que tiene París, aquella a quien el Señor de Mirabeau dedicó estos versos:

                                         Vous ne vous agenouilliez pas Madame

                                         Que vous vous allez souiller vous

                                         ne vous agenouillez pas…

                                         que vous vous allez souiller la moustache

Como él, yo también disfruté del plato más conocido de tan afamada cocinera, en el que con la sola prenda de una manzana en la mano y un arco en la otra, simula ser la estatua de una Diana cazadora, avanzando con su pie hacia su presa.

El juego, como ya sabréis, consiste en gozar de los más variados placeres con dicha estatua, mientras ella permanece inmutable en esa posición, no pudiendo evitar el exhalar por su boca, levemente abierta, suspiros imperceptibles acompañados de placenteras vibraciones en la mirada. Nadie debe oirla gozar por mucho que se le haga, pues su ahijada –que nos acompaña en la habitación tocando la viola de gamba con los ojos vendados-, cesará cualquier música al menor gemido, y eso será señal de que nuestra deseada Bachante no cobrará por sus servicios…

Temo aburriros si continuo mi narración pero os diré, querida esposa, que con esto no he hecho sino empezar a describir las virtudes de aquellas que conmigo han compartido los placeres del amor.

Continuaré en otra ocasión, pues he de prepararme para recibir a la viuda de C. que, como sabéis gusta del amor artificioso, acompañado de disfraces y las más inimaginables fantasías… “


A esta carta responde al día siguiente su mujer con otra, en la que dice lo que sigue:

Carta de Marie a Antoine

“Mi querido esposo:

Sabed que tampoco yo quedo en mal lugar, y como esposa vuestra, también he dado oportunidad a la galantería, sin que haya tenido motivo para arrepentirme de ello, sino más bien todo lo contrario.

Mucho me solicitó aquél joven cadete a quien conocí en el salón de Mme. L. y que no pudo esperar a llegar a mi casa para requerirme en amores. En el mismo coche –gracias a Dios era cubierto-, levantó mis ropas y, sin pedir ninguna licencia, comenzó a deslizar su mano por aquel lugar donde se pierde la inocencia, mientras me besaba con toda la pasión de la juventud.

Al llegar a casa mandó retirarse al servicio, y en la mitad de la escalera, sin poder esperar más, me tomó mientras aguantaba todo mi cuerpo con sus brazos y apoyaba mi espalda contra la pared.

Monsieur H. es más delicado, y gusta más del refinamiento. Le recibo vestida a la manera romana, y entretiene mucho su tiempo en mirarme, solicitar que recorra mi cuerpo con mis propias manos, y observar cómo a medida que lo hago, me voy arqueando y el vestido pegándose a mi talle. Llegados a esto acaricia con su mano la marca que dejan los pezones en el vestido, mientras recorre con su boca cuello y labios, y nuestras manos juegan las unas con las posesiones del otro…

¡En fín, querido esposo! Podría contaros lo que he gozado en tantos encuentros que no terminaría de escribir en muchos días, así que si os parece os emplazo a que en próximas cartas continuemos relatándonos nuestras galanterías. Ahora he de dejaros pues debo salir a encontrarme con un conocido capitán de la armada de su majestad.

Vuestra esposa que os ama

Marie”

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De la lectura de estas dos cartas, incluidas en su obra “Juegos galantes” se evidencia tanto por parte de Antoine de Bonfils como de su esposa, una perfecta y modélica complicidad que llega al extremo de traducirse en un hermoso intercambio epistolar en el que uno y otra se narran sus diferentes aventuras galantes.

He seleccionado estas dos cartas para dároslas a conocer con motivo de la muestra convocada por nuestra amiga Vailima por dos motivos: el primero, por considerar que en cierta medida sus contenidos cumplen con lo que se pide; en segundo lugar, porque con fecha 15 de marzo de 1783, Antoine de Bonfils anotaba en su diario, al pie de una transcripción resumida de la carta de su esposa:

“… y aquella noche, la viuda de C. disfrutó de los placeres del amor con un capitán de la armada de Su Majestad, como en otras ocasiones lo había hecho Monsieur H. con la Bachantte, o aquél joven cadete con la Marquesa de C. …”

 

Autor: Charles de Batz

ANÁBASIS RUNNER (RELATO ERÓTICO)

ANÁBASIS RUNNER (RELATO ERÓTICO) Queridos amigos:

Yo he visto cosas que vosotros que la conocéis bien no creeríais. Yo he visto brillar sus ojos en la oscuridad, más allá de mis manos atenazando su cuello firmemente mientras ella se abandona a su cuarta, quinta o sexta oleada de placer.

- ¿Quieres más?

- Sí.

He visto abrirse sus pétalos rosados como lo hacen las flores al amanecer cuando aparecen las primeras luces y el rocío perla sus terciopelos. Yo he saboreado su néctar húmedo una y otra vez mientras Ella apaga mi sed.

- ¿Quieres más?

- Sí.

He oído, saboreado y olido su materia vibrante bajo mi cuerpo en una batalla de complicidades, día tras día, hasta caer agotado.

- ¿Quieres más?

- Sí.

He conocido su ausencia, la lejanía de tales humedades; que provoca un dolor tan sólo conocido por el marinero que ha atravesado un desierto.

Todos estos recuerdos permanecerán como las gotas de lluvia permanecen en el mar: eternas e inmutables, formando parte de mi esencia.

Es hora de regresar al hogar. Es hora de abandonar el desierto y volver a ver el mar. Con el ansia de diez mil guerreros percibo ya el salobre olor.

Thalassa!

Thalassa!

 

Autor: Raschid

EN CONDICIONES (RELATO ERÓTICO)

EN CONDICIONES (RELATO ERÓTICO)

Todavía no eran las dos y nunca se dormía antes de esa hora, pero el tren no era lo suficientemente cómodo como para que Paula estuviera mucho rato leyendo con esa luz tenue que tenían cada una de las cuatro literas del vagón ocho. Leería un par de páginas y el día siguiente se despertaría en la estación de Sants. Aquel concierto en Barcelona prometía. Dobló la almohada por la mitad y se la puso bajo la cabeza, no pasó del primer párrafo y apagó la luz. Al poco rato, cuando casi estaba dormida, vio que una sombra subía a su litera, despacio, sin hacer ruido. " Vengo a darte las buenas noches en condiciones". Paula primero sonrió y después miró a las literas de abajo: una estaba recién abandonada y en la otra dormitaba una señora mayor. La otra litera de arriba estaba vacía. Cuando se dio cuenta le estaban desabrochando los vaqueros suavemente. Era una novedad que se los desabrochara así pero la situación lo requería. Le bajó el pantalón mientras amontonaba la manta al final de la litera. Paula se incorporó y le dejó espacio, pero ya empezaba a no ser muy consciente de dónde estaba, cerró los ojos y respiró a fondo.

El hecho de tener a la señora mayor ahí acentuaba el morbo de follar en un tren. Cada segundo que pasaba estaba más mojada y la situación empezaba a ser irreversible. Notaba el calor y el casi dolor que le producía tener tan cerca esa piel, esa boca, esa lengua. Sintió cómo unos dientes le quitaban el tanga empapado, dejándoselo por las rodillas y se abandonó a la presión que sentía entre las piernas, sin más vocación que moverse en un juego de lengua y manos. Sentía caer el sudor por el pecho mientras movía sus caderas lentamente al ritmo impuesto. Al poco rato apretó las rodillas contra su cabeza y se tapó la boca para acallar un grito mientras dejaba de respirar durante unos segundos. Notó cómo sus piernas eran acariciadas a oscuras mientras se colocaba a su lado y la besaba.

-Uf, cariño, ha estado genial…

-Je, je, me alegro. Oye, Paula, no podía aguantar más ahí abajo… me quedo a dormir contigo aquí, ¿vale?.

-Claro Lucía… Por cierto… Me gustaría darte las buenas noches en condiciones…


Autora: Lola

FUGIT AMOR (RELATO ERÓTICO)

 


 

 

El hombre, sus brazos musicales, su cuello y su torso se alargan en un desesperado gesto imposible de asir el Amor. Sus manos de mármol emergen del seno y del hombro del cuerpo del que nunca debieron separarse, y al que siempre pertenecerán. La perfección de la anatomía esculpida —cada músculo vivamente acariciado, besado, cuidado con infinito mimo— es fiel reflejo de la profundidad del intenso deseo, que el cincel respetó. La mujer alberga en su mente el dolor, el ansia, la sed devoradora del hombre al que quiso permanecer unida en total comunión y cuya separación la llevó a la locura. El silencio que rodea los cuerpos es palpitante. Cerrando los ojos, en el museo parecen escucharse sus voces de placer, de insomnio, de melancolía, el acento alegre en las palabras osadas, como si un viento cálido entrase bruscamente en la estancia. Y los lamentos, los jadeos, las risas, los sollozos, la música del Amor. Igualmente se percibe el perfume de los dos cuerpos que, al unísono, transpiran pasión, luz, vida. Ondas. Partículas. Emotivos mármoles vivientes de desnudez perlada: Camille Rodin, Auguste Claudel.

Autora: migratoria

 

p.d. Gracias Tio Petros por tu dedicación y esfuerzo sin los cuales hubiera sido imposible entrar en esta casa de nuevo. Gracias por estar a mi lado. Como tantas veces...

 

EN EL TALLER (RELATO ERÓTICO)

EN EL TALLER (RELATO ERÓTICO)

 

 

Cuando caminaba o casi corría en la fresca tarde otoñal hacia su taller, con las hojas secas de los plátanos arremolinadas por el viento, sentía una leve aprensión mezclada con la excitación que me había tenido en vilo todo el día.

Auguste me recibió solo en su taller vestido con una amplia bata de trabajo. Era bajo, cuadrado, tenía una cabeza poderosa, con el pelo rapado y una barba muy abundante...A veces murmuraba los nombres de las estatuas, pero tenía la sensación de que los nombres significaban poco para él. Pasaba las manos por ellas acariciándolas. Recuerdo que yo pensaba que al contacto con sus manos, parecía que el mármol se derretía como plomo fundido. Finalmente, tomó una pella de arcilla y la apretó entre las manos. Respiró profundamente al hacerlo...En un momento había formado un pecho de mujer...Luego yo me detuve para explicarle mi teoría para un nuevo ballet, pero me di cuenta de que no estaba escuchando. Me miró con los ojos entornados y resplandecientes y luego, con la misma expresión que tenía ante sus obras, se acercó a mí. Deslizó las manos por mis caderas, mis piernas desnudas, mis pies. Empezó a moldear mi cuerpo como si fuera arcilla, dibujando las curvas de una Venus desnuda, mientras que del suyo emanaba un calor que me abrasaba, me derretía. Sólo deseaba entregarle todo mi ser, ya convertido en cuerpo de talco y miel, cisne descalzo de curvas para el deseo abiertas. Me abrazó, sentí contra mí su miembro como un escoplo y recordé con un estremecimiento el “Monumento a Balzac” en el que el gabán se deforma por lo que parece una enorme erección y en el que según se dice, se usó como modelo. Susurraba mi nombre roncamente mientras sus manos me recorrían con dilación, pero cada vez con más fuerza y yo me sentía licuar. En un momento, me sentí atenazada, sin poder moverme, como una gacela asida en una trampa y mi cuerpo se rebeló. Le di, no sé como, un violento empujón y salí corriendo del taller.

Nada más salir a la calle una ráfaga de viento produjo un escalofrío en mi cuerpo, cráter de un volcán no apagado, que pedía a gritos volver, pero yo seguí andando a buen paso. Las farolas recién encendidas iluminaban las hojas que seguían cayendo.

Adaptado del diario de Isadora Duncan.

Autores: Vere y Herri

SIÉNTATE (RELATO ERÓTICO)

SIÉNTATE (RELATO ERÓTICO)

Siéntate en esa silla. Cierra los ojos y escúchame. Sólo soy un susurro en tu oído de caracola. Me desvisto para ti. El ruido de la seda de mi blusa, como un leve rasgueo, los botones, despacio, empiezo por abajo, hasta llegar  al escote. Se desliza por mis hombros, por los brazos. ¿Oyes como cae el suelo? Pero no abras los ojos, lo prometiste. La cremallera de mi falda, corre por los enganches, ahora bajo la falda por mis caderas, antes dijiste que era encantadoramente estrecha. No te muevas, casi ni respires. Apoyo mi pierna  derecha en tu muslo, ¿Sientes el tacón de mi zapato? Ahora ya no, sólo un instante, y el otro zapato, que suena como libro lanzado al aire. Hoy me he puesto medias por ti. Volveré a apoyar mi pie en tu muslo, liberado de zapato. Pero no te muevas, no me toques, no abras los ojos. Estoy quitándome la media, mis dedos se apoyan en el comienzo, en cuanto baje mis manos un poco hacia a la rodilla, la media caerá. Entonces, suavemente, rozo mi muslo, amagando una caricia, imaginando tu mano. Ya no notas el peso de mi pierna. Apoyo la otra y delicadamente me bajo la media. Me retiro un poco de tu lado, ahora apenas oyes mis pasos sin zapatos, un leve crujir de la madera. Estoy desabrochando mi sujetador, puede ser como tú quieras, blanco, rojo o negro, pero mantén los párpados cerrados. Mis pechos quedan libres, sé que te gustan. He observado tus miradas a mi escote, como retiras la vista rápidamente cuando me doy cuenta, como un niño pillado en falta, y un leve rubor asoma a tus mejillas, como ahora. Esta situación me excita y mis pezones pétreos te desafían en la corta distancia que nos separa. Pienso en como será tu lengua, en la humedad de tu boca, en sentirlos atrapados entre tus dientes. No abras los ojos, sólo escucha mi voz, ahora ronca por el deseo. Mis manos se quedan por un instante en mi cintura. ¿Cómo serán tus brazos alrededor de mi cuerpo? ¿De qué manera se aferrarán tus manos a mis caderas? Me quito el breve tanga, mojado de anhelos. Ya no lo hago parsimoniosamente, ¡Tengo tanto deseo que me apresura! Estoy desnuda. No te muevas, no digas nada, no abras los ojos. Me acerco a ti, sientes el calor de mi cuerpo a tu lado. No te he rozado, pero sabes mi presencia cercana, muy cercana. Acerco mi cara a la tuya. Mi aliento cálido llega a tus labios. Voy a besarte, pero recuerda que eres mi estatua, no abras la boca, ni intentes agarrarme, tus ojos seguirán ciegos. Pasaré mi lengua por tus labios, los mojaré con mi saliva, saboreándolos. Jugaré con tu labio inferior y mis dientes continuarán mordisqueándolo  levemente. Notarás mi boca húmeda y mis labios carnosos queriendo comerte. Déjate, porque el mundo empieza en este beso y cuando me retire podrás mirar, acariciar, morder, abrazar, musitar o gritar. Déjate porque entre tu boca y la mía sólo cabe ya una brizna de hierba y te besaré. Ahora.

Autora: Ladydark

1ª MUESTRA DE RELATOS ERÓTICOS “PIETRO ARETINO”

1ª MUESTRA DE RELATOS ERÓTICOS “PIETRO ARETINO” Amigos, tal y como anunciaba la semana pasada, queda convocada la primera edición de los premios de literatura erótica PIETRO ARETINO. Los participantes podrán enviar sus cuentos (tantos como quieran) a mi dirección de correo electrónico vailima(arroba)gmail.com para que puedan ser publicados en el blog. Si lo consideran oportuno, podrán especificar en el email si desean el anonimato,  de lo contrario se editará el nombre del autor. El erotismo tiene los límites del propio erotismo, a saber, los límites que ustedes quieran ofrecer a sus lectores. Existe un premio por cada relato publicado: el placer de enredar entre palabras al placer mismo.

Para que comprueben que sigo al pie de la letra aquello de predicar con el ejemplo, a continuación les dejo con mi relato. Espero que les guste.

MARIPOSAS BUSCO QUE DUERMEN ENTRE LOS TRIGOS

Habíamos cerrado ya la venta de la casa incluyendo todo su contenido tal y como el caprichoso señor C. había puesto como única condición. A esas horas de la tarde el sol lo inundaba todo como una gran masa de aceite aprovechando su poder para traspasar toda materia que se interpusiera en su camino. Cerré la contraventana de lo que había sido mi dormitorio hasta entonces. El sol se resistía a abandonarse y  mostraba sus afilados cuchillos entre las rendijas de madera.

 Ésta será la última vez –pensé-.  Y uno frente al otro nos miramos a sabiendas de que nunca más podríamos estar tan cerca, tan íntimamente cerca. Me tumbé en la cama. Me sonrió. Yo también lo hice. Me dijo que me soltara el pelo que llevaba recogido con una horquilla en forma de libélula. La dejé caer, lo dejé suelto, como a él le gusta: enmarcando mi rostro al igual que agitadas serpientes de medusa. Me fui desabrochando el vestido, lentamente, y él me observaba atento, sin perder un detalle. Cada botón un pellizco, suave, trasnochado. Mis pezones se erguían valientes al contacto de mis muñecas, saboteando –a su modo- el calor que tiritaba en la habitación. Cumpliendo sus deseos me quité el vestido. No llevaba ropa interior, cuando estoy en la casa nunca la uso. No me avergonzaba mi desnudez ni el sudor que empañaba mi piel ni el deseo con que él contemplaba mis senos todavía tersos y desafiantes. Déjate hacer, me susurraba y yo no se lo impedía mientras los rayos de sol asaetaban mi cuerpo perlado de diminutos alfileres de luz. Con la mano recorría mi cuerpo, casi sin tocarme como la brisa que regalan los árboles del jardín. Describía pequeños círculos alrededor de mi cuello, de mis hombros y mis pechos indefensos se resistían a la orfandad de no ser acariciados. El vientre. Él siempre descansa cuando llega al vientre, fértil límite de ensueños, frontera invisible. Hacía calor y mis pies resbalaban entre las sábanas como inocuos acantilados. Nos mirábamos, ¡cuánto nos mirábamos! con detalle de orfebre, con ojos de miope escribano mientras la saliva humedecía mis labios hinchados que apenas me permitían respirar. Me resistía a cerrar los ojos y sumergirme en el deseo, en el momento tan esperado. Abrió mis piernas con delicadeza, de forma pueril, y me acariciaba los muslos de arriba abajo como si fuera la cola de un gato mimoso en busca del afecto de su amo. Con cada movimiento se iba acercando más y más, deshaciendo el camino y retomándolo después para llegar a casa, su casa. Me apartó un mechón de pelo de la cara. Le gustan mis ojos verdes, entreabiertos y rasgados. Siempre ha sabido el momento oportuno en el que los encuentra así. Estábamos sudando pero ya hacía tiempo que habíamos olvidado el calor. Nada existía salvo él y yo. Apenas podía ya visualizar su imagen. El hogar, caliente y húmedo como la piedra de una fuente en las tardes de verano. Navega al compás de las olas, muévete suave, como el barco de papel frágil y delicado ignorante de que va a ser devorado por la irremediable inmensidad del mar. Ahora sí, ahora sí: vuelve a casa a galope lejano mientras el estómago lucha por no hacerse añicos en mitad de la montaña. Mírame a los ojos y háblame, di mi nombre…

-¡Alicia, Alicia! El señor C. te espera en el jardín junto a tus hermanas. ¿Se puede saber qué hacías frente al espejo? No cambiarás nunca.

FEARLESS

FEARLESS

Un amigo me ha pasado esta dirección. Pongan el audio y pasen las páginas del libro sosegadamente, de lo contrario se romperían. Pero antes de todo, si me permiten, una sugerencia para el fin de semana. Se titula Ansiktet y es uno de los 151 poemas que forman Amor en vilo de Pere Gimferrer. Dado que esta semana ha sido muy intimista para muchos (incluyéndome a mí y mi regalo), no se me ocurre nada mejor que ofrecerles: palabras hermosas.

Séanme audazmente felices.

Nadie verá este rostro en tus fotografías.

Si sonríes, sonríes este instante tan sólo;

si tus ojos me retan, por tus ojos me asolo;

este pliegue en tus labios es fulgor que me envías.

 

Ni tu mirada ni tu sonrisa son mías;

yo soy, en cambio, tuyo, y a tu rostro me inmolo:

nunca verá la cámara lo que veo yo solo,

lo que tú sola ves si al espejo te fías,

 

pero sólo este instante, sólo cuando enlazados

como en versos antiguos van  la vid y el jazmín

cabalgando me miras en la luz de los hados:

 

tanto habremos vivido para vernos al fin

y deslumbrados somos yesca como alumbrados

en el oscuro fuego que nos quema el jardín.

SERÁN CENIZA...

SERÁN CENIZA...

Amigos, hasta aquí una semana que se cierra en banda. Les deseo que disfruten al máximo y procuren relajarse. Para ello, no se me ocurre nada mejor que sugerirles este par de formas tan apetecibles: ustedes sabrán cómo se las comen.

Un abrazo y séanme lujuriosamente felices. Que toca.

COMO ULISES AL VOLANTE

SEXUALIDAD AUTOMOVILISTICA

Desearles como siempre un buen fin de semana. Si van a coger el coche, precaución. Utilicen los cinco sentidos en todo momento y no se dejen atraer con cantos de sirena.

A lo dicho y séanme condenadamente felices.