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Vailima

Ecce Homo

CULTURA DE INTERCAMBIO

CULTURA DE INTERCAMBIO

Para que luego digan que España no está a la cabeza de la intelectualidad mundial. Si es que la gente habla por hablar.

 

p.s. bueno, precisamente a la cabeza, no.

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VAMOS QUE NOS VAMOS

 

-         Te digo que t´estés quieta.

-         Es que me pesa el instrumento éste y tengo mucho qu´hacer en casa.

-         No tuerzas tanto la cabeza que se te ve mucha freeeente.

-         ¡Que mira que se me queman las paaaaaaaapas…!

-         Que no me cierres los ojos qu´entonces no hacemos ná.

-         Como vengan los niños del cole con hambre me vas a oir..

-         ¡Cansina es ella, madre! Anda, pues, achorrá, amonos. ¿Qu´has dicho q´hay pá comer?

 

NOTA: mi agradecimiento a mi amigo Txema por la información.

SI ARISTÓTELES LEVANTARA LA CABEZA

 

Hoy les traigo una mala noticia. Y digo mala porque cualquiera se atreve a lanzar la primera piedra. Quien más y quien menos sabe trazar una frontera entre lo perfecto e imperfecto estéticos.

Naturalmente que las cosas han cambiado desde ese academicismo decimonónico volcado en representar una belleza ideal del cuerpo humano. La Ilustración ya se encargó de poner las cosas en su sitio y contemplar y explorar, empíricamente, aquellas contradicciones de la naturaleza. Pero el  hombre, en su esfuerzo por ser homo esteticus y de paso quedar como el aceite, se ha permitido esa igualdad que asocia la belleza con la bondad. Todavía ahora, o ahora más que nunca, nuestros jóvenes (y no tan jóvenes) miran a la Pataky y piensan “qué guapa, qué buena está”. Pues no, no les hablo de ese tipo de bondad, sino de la que tiene que ver con la ética.

Hacemos de la belleza un sinónimo de virtud y excluímos de nuestro “gusto” al deforme otorgándole sin más la categoría moral de indeseable. Belleza y bondad, fealdad y asco. Y en nuestro afán de ser hombres a manos llenas jugamos a ser dios y nos redimimos diciendo: si es que a la pobrecilla la hicieron así pero a ti, a ti no te perdonamos. Eres un dejao.

Malo más que malo.

LLORANDO A MIL PUPILAS

 

Alguien nos dijo que las piedras que encontraríamos sobre las lápidas del cementerio judío de Praga (y en general de cualquier cementerio judío) tenían el mismo significado que nuestras flores. A priori, me gusta más.

Hasta las piedras pequeñas juegan con su materia a la eternidad. De eso se trata. Estamos en un cementerio, al fin y al cabo.

Las flores se marchitan y se pudren y son tan inmediatas y tan frágiles. De eso se trata.

Estamos en un cementerio, al fin y al cabo.

 

Nos llamó la atención un trozo de papel, bien doblado y cerrado con un clip. Lo veo desde varios metros antes de llegar a la lápida. Es una hora rara (turísticamente hablando) y apenas hay un grupo de tres o cuatro personas a la entrada. Desde que mi cerebro procesa que se trata de un trozo de papel sobre la parte superior de una lápida, pasando por la deducción por la que el trozo de papel ha de contener un mensaje y terminando por cogerlo, no sin antes avergonzarme por mi falta de respeto a un muerto y mi casi profanación de una tumba, pasan apenas unos cuantos segundos.

Lo he hecho, lo he cogido tan rápido como he podido. Ahora lo tendré que leer. Encima.

Con manos torpes y dedos atropellados, desdoblo el papel y leo:

“Álvaro y Laura, amor for ever”

Tal cual.

¡Dios!, qué asco de humanidad pero sobre todo, pena. Mucha pena y esa lástima de no haber visto quiénes eran ese Álvaro y esa Laura, y apedrearles las sienes, aun llorando a mil pupilas, para quedarme en paz. De eso se trata.

Estamos en un cementerio, al fin y al cabo. Sobre todo al fin.

BARTLEBY

 

 

 

Jean Rustin se autodefine como un pintor de la soledad. Pero la soledad de Rustin nada tiene que ver con aquella que definiera a Hopper. La del francés es terrible y parece no tener consuelo. En sus obras, la soledad tiene un componente de necesidad trágica, de ésa en la que el héroe nada puede hacer sino esperar sentado su destino.

 


 

Los héroes de Rustin son aliviados edipos que ya se sacaron los ojos y en los límites del “otro” viven una sexualidad inocua también en soledad. Desde su animalidad, los protagonistas husmean el mundo que les rodea. Les da asco.

 

 

 

¿Creen ustedes que esperan algo? Sus rostros miran al espectador como ratones enjaulados aunque “preferirían no hacerlo”.

Tienen consciencia pero no sufren. Sólo sufre quien los contempla.

Son como Bartleby, el escribiente que soñara H. Melville.

APÁRTATE DE MÍ, SATANÁS

Conozco este video desde hace tiempo y no he visto cosa igual. Transcurridos 20 segundos comienza la diversión protagonizada por un niño que parece estar poseído por el espíritu satánico de un guiñol. Ojo a la tortura que comienza propinándole al compañero y que termina infringiéndose él mismo. Para mearse, señores. Yo lo he hecho.

 

GRATITUDES Y TRATAMIENTOS

Lo primero de todo, quiero agradecer las muestras de afecto que todos vosotros me habéis mostrado tanto en los comentarios del blog como a mi cuenta de correo. Lo segundo, pido disculpas por el cáustico y parco cierre con el que me dirigía a vosotros ya que ha provocado que muchos me escribierais preocupados. Lo que comenzó con lo que yo creía un simple constipado (los francófonos que no se confundan con la estrepitosa cagalera, silvuplé), ha derivado en una neumonía de la que prácticamente estoy repuesta.

Como pago por mi descortesía os dejo una medicina muy especial: aligera las tripas hasta el punto de que si uno no dispone de un buen protector de estómago, las consecuencias pueden ser, incluso, mortales.

MAL DE MUCHOS, EPIDEMIA

El hombre es, a veces, dolorosamente humano. De forma incomprensible su naturaleza, con un golpe de gracia, le regala grandes pensamientos, históricas hazañas y, en definitiva, una innigualable capacidad para transformar, modificar y recrear el mundo para la humanidad.

Somos afortunados al poder contar entre nosotros con semejantes familiares que han dedicado su vida a convertir la nuestra en un camino más transitable. Pero no se engañen, amigos míos, hablo de individualidades, de gotas en el océano porque con lo que verdaderamente cargamos en nuestro día a día es con la otra cara de la moneda, con la enfermedad intrínseca a la colectividad, con la lacra de la masa, con la otra vertiente de la naturaleza humana que es la hipocresía, la estupidez y la ignorancia.

Enciendo la televisión y me encuentro una gran hermana de culo terso que participa en un programa que alimenta este mal vírico y en el que se dedica, mejor que nuestro Fernando Alonso, a calentar los motores de todo quisqui del sexo masculino sin que ellos, incautas hormonas con patas, sepan nada sobre el trozo de verga (no entro en tamaños) que el susodiche esconde con gran maestría entre sus piernas.

Todo esto lo sé, porque en otro programa de televisión descubren el tomate pollil entre altos pensamientos de una baronesa que no quiere ser la suegra de una mona arribista y el desasosiego que nos impide dormir por el silencio mediático de una tonadillera que no sabemos si ha roto o no su relación sentimental con un chorizo encarcelado que adelgaza a pasos agigantados.

En ocasiones, la masa me da asco. Siento la crudeza de la afirmación. Y lo siento porque me duele y me entristece de manera terriblemente humana; un dolor casi físico que intento aliviar sin conseguirlo cual trabajador inútil de los infiernos. Ahora me dirán ustedes que yo también formo parte de ella y por esa razón, estimada Vailima, tú también eres hipócrita, estúpida e ignorante y digna del mismo desprecio con el que ves a los demás. Pues sí, amigos, pero esto no es lo que me hace más desgraciada sino lo que verdaderamente me duele es tener que vivir con la pesada consciencia de que no puedo hacer nada para evitarlo. Y llegados a este punto, soy consciente de mi libertad y me alivio -my way- escribiendo estas líneas.

“Mal de muchos, epidemia” decía mi hermano M., que entrados ya en un melancólico otoño y camino de un frío invierno, hay que ir pensando en vacunarse. Y la Comunidad de Madrid ya ha puesto pies en polvorosa y nos invita a ello, mediante una campaña publicitaria sin parangón, mostrándonos los avances de la humanidad a través de la figura de un atlético y fornido David de Miguel Ángel que les muestro a continuación junto al original:

epidemia

Dolorosamente humanos. Tanto, que al escultórico personaje en cuestión le plantamos una hojita de parra para tapar sus vergüenzas y, la masa, mientras tanto, no ve la aberración porque se tapa las suyas con una venda en los ojos de la consciencia. Soy tonta porque me llaman tonta y de tanto que me lo repiten, más me lo creo y más tonta soy. Necesito vacunarme, sí. Contra la irracionalidad.

No es cuestión de arte, sino de decencia bien entendida.

 

Fuente imágenes campaña gripe: Desbarradas de Akin

Y ROMPIÓ AGUAS Y NO ECHÓ NI GOTA

Y ROMPIÓ AGUAS Y NO ECHÓ NI GOTA

Hace unos días leía en una publicación semanal el creciente interés de cierto sector de la sociedad por el culto al agua. Aguas de marca y pedigrí dispuestas en carta individual ad hoc en los restaurantes de lujo. Lo de la Solares o la Fontvella son vestigios del pasado cañí, vamos, que ya no interesa que sepa sólo a agua o que venga como anillo al dedo si uno está estreñido.

La estupidez humana, confirmo una vez más, no tiene límites. Señores, amigos todos, lo más in de lo in (in-ri, desde mi punto de vista) es acudir a París (o en un futuro inmediato a nuestra Valencia arrocera) y solicitar a un experto catador en aguas sus servicios. Sí, el bar de aguas existe y en lugar de beberte un Cheval Blanc de 1947 o un Richebourg de 1959, te metes entre pecho y espalda una botellita de Ogo que contiene, la condenada, la exquisitez de 9.750 gotas de agua de Tasmania o una Bling, cuyo precio asciende a 400,00 euros la botella, que contiene además del líquido elemento, incrustaciones de cristal swarovski. Vamos, que si no te atragantas con los cuatrocientos euros lo haces al rato con los cristales de las pelotas. Digo yo que te los podrás llevar a tu casa.

Pero no se preocupen, estimados lectores, siempre queda el remedio del ingenioso y puestos a elegir, prefiero recoger en un tapergüere un litro de chuzos de punta de mi tierra y dársela de beber a mis plantas que así las tengo, sanas, lustrosas y sin amariconar.

Estas chorradas de determinados individuos de mi misma especie me sacan de quicio o, si quieren, del umbral donde mi voluntad ya no controla mi razón y es tal mi cabreo que diríase que es un parto seco donde aun rompiendo aguas no echo ni gota.

Asco de humanidad.

ERRE QUE ERRE

¿me estaré convirtiendo en esto?

APOLOGÍA DE WITTGENSTEIN

Cuando un individuo llega a la edad adulta ya se ha liberado de ciertas cargas como aquella de echarse un ligue y follar en el asiento trasero de un seiscientos en lugar de dar rienda suelta a la fantasía encima o debajo o junto a una cama que, como todos sabemos, ofrece amplias posibilidades. Otra de las cargas de las que se supone hemos de liberarnos con el paso del tiempo es la de emborracharse como un piojo porque es fin de semana y toca y además no vas a ser el único que se mantenga sobrio. Bien es verdad, que de vez en cuando, a modo de juego, podemos vivir estas experiencias y meter mano y alguna otra cosa, herviditos de alcohol, en nuestro utilitario que por lo demás es más espacioso que el mencionado anteriormente (amén de que ya no existen en el mercado). Pero de entre todas las cargas que podamos mencionar existe una de la que un adulto debe alejarse como de la peste: opinar sobre lo políticamente correcto cuando el tema es para empezar subjetivo y cuando la opinión de uno difiere de la del resto (pero claro, eso sólo lo sabemos nosotros).

En el ejemplo que les quiero ofrecer hoy, denominaremos "resto" a la famosa exposición patria ARCO de arte contemporáneo. Para una que no es una entendida, el "resto" me provoca, cuanto menos, risa (ya saben que la ignorancia es atrevida) y en un esfuerzo por profundizar más, vómito. Estarán conmigo que a medida que uno pierde juventud es consecuente que gane en dignidad. Partiendo de esta premisa cuando un tipo decente se planta ante un objeto del que se dice es una obra de arte actual, pueda -con toda libertad- afirmar que le gusta o no, que sus formas le resultan atrayentes, que sus colores son luminosos o apagados o que la composición (aunque no sabemos qué significa ni falta que nos hace) es armoniosa en su conjunto. Vamos, digo yo, que no cometemos un delito cuando abandonamos metáforas y eufemismos estéticos y confesamos rotundamente que el bodrio que nos presentan es una mamarrachada, no nos gusta, que no le vemos pies ni cabeza (entre otras cosas porque carece de ellos), y que no llegamos a comprender porqué unos cuantos han decidido que "eso" es digno de admiración.

Mi especie, a la que pertenecen también ustedes queridos lectores, es compleja y arbitraria e ignorante cuando se esfuerza en hacer de lo subjetivo una ley universal. Kant ya nos dijo que esto no podía ser y que lo único que podía la humanidad es intentar que lo sea, lo mismo que el chiste aquel del búho que no podía hablar pero ponía cara de interés. Después del maniático filósofo vino otro -de ahí el título del post- que en una frase resumía lo que he intentado comunicarles hoy: De lo que no se puede hablar mejor es callarse.

Yo, por mi parte, quisiera (dentro de la más absoluta de las humildades) rematar la faena filosófica con mi pequeña aportación heredada de Aristófanes: cuando demos nuestra opinión sobre estos asuntos alejémosnos de la estupidez pretendiendo hacer imperativos categóricos imposibles y desde la honestidad reconsideremos la idea de que lo que verdaderamente nos hace grandes es nuestra propia dignidad y, eso, ni nos la da ni nos la puede quitar nadie. Hablen y opinen pero sean sinceros. Hagan la prueba, verán cómo no les va a pasar nada. Es más, se sentirán mucho mejor.

Ahora vean de qué les hablo.

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SAN VALIENTÍN

CONCHABING

CONCHABING

Ya me ha pasado varias veces, y a Tio Petros también. Resulta que una, cuando coloca un enlace en su blog, no está esperando correspondencia alguna sino que pretende hacer un servicio a sus lectores. La web está ya suficientemente llena de redundancias y de tontería como para que aceptemos de buen grado el mercantilismo linkero. Se da la circunstancia de que muchos de mis links llevan a páginas que a su vez tienen un enlace a la mía. No hay conchabeo alguno en ello, sino camaradería, afinidad y mutuo reconocimiento.

Acabo de recibir una lindeza que paso a copiar literalmente, obviando datos personales del remitente por motivos que no hace falta explicar:

“Hemos listado su blog en el directorio de blogs de arte en la primera pagina de nuestro www.xxxxxxxx.com. Así apoyamos la divulgación de Vuestra pagina y con el link direto con el numero incluido aumentamos el pagerank de Vuestra website.
Se lo agradeceriamos si también Usted podría poner un link de nuestra plataforma de arte de más de xxxxxx obras originales en Su primera pagina. Así se puede aumentar la divulgación mutuamente y el pagerank también.

Muchas gracias y buena suerte con Su blog de arte interesante.

X.X, xxxxxxxx..com

P.S. En caso de falta de interés en este tipo de colaboración (hacer links mutuamente) vamos a borar Vuestra pagina de nuestro directorio dentro de breve tiempo”.

Paso a contestarla en abierto:

Estimado Sr:

Bore, bore usté Nuestra página de la Suya.
Ignoro si su dirección incluye información relevante, interesante, preferente o ilustrativa sobre arte pero dadas sus maneras ni lo voy a comprobar, de manera que nunca figurará un enlace a la suya desde la mía. Me trae al pairo el aumento de mi pagerank a costa del mercadeo de enlaces, cosa que nunca he hecho ni haré. Me quedo con mis lectores fieles, ganados tras más de tres años de relación con ellos.

Eso sí, le agradezco la oportunidad que me ha dado de empezar la semana con un punch de mala hostia, que me hará a buen seguro ser más productiva, más afilada y estar más alerta.

HISTORIAS DE LA MALA SUERTE

HISTORIAS DE LA MALA SUERTE Decía Camus que “todas las grandes acciones y todos los grandes pensamientos tienen un comienzo irrisorio”. Lo mismo que el mundo del absurdo “extrae su nobleza, más que ningún otro, de este nacimiento miserable”.

A pesar de esta singular procedencia de actos y pensamientos humanos, estarán de acuerdo conmigo, que no existe parto sin dolor. Y la crueldad que subyace en la existencia del Hombre es más dolorosa cuanto más cómica sea, cuanto más tenga de comedia. La comedia y la tragedia poseen una fina ligazón, apenas perceptible, que las convierte en hermanas de sangre. El destino nos aplasta implacable en forma de tragedia cuando estamos condenados a empujar una roca hasta lo alto de la montaña desde donde la piedra vuelve a caer por su propio peso y en forma de comedia cuando un hombre es aplastado por una gran roca mientras discretamente y bajo el amparo mismo de lo que le acarreará su muerte, se folla a una gallina (1).

En nuestros días, Sísifos y zoofílicos de miserables e irrisorias acciones caminan por diferentes sendas para llegar al mismo destino: la falta de esperanza. Y ésta es la que precisamente nos empuja al sueño. ¿Qué Hombre no sueña alguna vez? Incluso el que todo lo tiene sueña porque el deseo es un ave que constantemente nos come el hígado sin piedad y con lascivia. En nuestra inhumanidad construye su nido el deseo y su voraz apetito nos hace frágiles. Deseos y sueños nos convierten en presas vulnerables y el coro de figurantes llora y aplaude haciendo de lo humano un espectáculo. Nuestras pasiones y nuestros tormentos nos señalan como héroes del absurdo, como personajes indiscutibles de historias de la mala suerte.

En 1932 Picasso pinta Le rêve y en 1997 el sueño del artista se convierte en el sueño de un magnate de Las Vegas llamado Steve Wynn. Hace un par de semanas el millonario había cerrado el trato: vendería su sueño por 139 millones de dólares. Pero el deseo siempre tiene problemas de visión y en la historia que nos ocupa se llama retinitis pigmentosa, enfermedad que daña la visión periférica. Comienza el espectáculo y el público está expectante. El sueño se convierte en pesadilla y las hermanas de sangre se unen en su magistral representación del destino. Wynn explica a unos amigos detalles del lienzo, en concreto, les advierte sobre el pene que forma parte del rostro de la amante de Picasso y en ese fatídico momento el codo del magnate retrocede de tal forma que provoca un agujero en el cuadro del tamaño de un dólar de plata.El honrado soñador ha deshecho la venta. Los dioses castigaron a Sísifo, la caprichosa naturaleza al follador de aves galliformes y la pigmentosa torpeza al cazador de sueños.

Goethe decía: “mi campo es el tiempo”. Sin embargo, el Hombre no ha aprendido nada. Seguiremos arando ese campo como trabajadores inútiles del infierno.

 

(1) noticia aparecida en la revista Interviú hace años de la que no poseo datos de publicación pero que guardo en mi memoria por el público final de aquel peculiar amante de la naturaleza y los seres vivos que no llegó a comprender nunca el mensaje que lanzaba en sus documentales nuestro estimado Félix Rodríguez de la Fuente.

¿QUÉ ES ESO?

“Confieso que encaro la extraña narración que estoy a punto de relatar con considerable timidez. Los sucesos que pretendo detallar son de una naturaleza tan extraordinaria que estoy del todo preparado para enfrentarme con una inusual cantidad de incredulidad y escarnio. Lo acepto todo para enfrentarme al escepticismo. He decidido, después de una madura consideración, contar de la manera más sencilla y directa posible algunos hechos de los que fue testigo el pasado mes de …, y que en los anales de los misterios de la ciencia física no tienen igual”.

Así comienza el relato de terror escrito por Fitz-James O´Brian titulado “¿Qué es eso?” e incluido en su obra “La lente de diamante y otras historias de terror y fantasía”. Las palabras de O´Brian se ajustan con exactitud al pensamiento o reflexión del que quiero hablarles de ahí que las haya escogido para introducir el post de hoy.

Hay ocasiones en las que el ser humano se sale de puro bobo. Bobo es el insulto más cruel que conozco, mucho más que cabrón, hijo puta o gilipollas. Les diré porqué. El bobo denota una flojera de espíritu tan ilimitada que un ser racional se ve incapacitado para enfrentarse a un tipo así. La flojera del bobo se traduce en una ausencia de ánimo tal que su humanidad queda en entredicho. Esto es así porque la ausencia de alma hace al bobo el más feliz de los hombres. Por definición. Su grado de concentración en sí mismo es inconmensurable y no es capaz de estructurar ni de distinguir los más mínimos preceptos del bien o del mal. Su ensimismamiento social no debe confundirse con ningún tipo de egocentrismo y tampoco debemos pensar que se trata de un espécimen asocial. Todo lo contrario. Al bobo le importa la gente y mucho porque en la sociedad encuentra no el espejo en donde reflejarse sino el reflejo de sí mismo, que desde su punto de vista es el que rige (y no he dicho “debería regir”) el mundo.

El bobo comparte con el caballo esa capacidad de cagarse y cagarla por doquier y con la hiena (que no con la Gioconda ni con Mari Trini) esa sonrisa constante de “jode, jode” por la que su entorno y la tierra entera, ¡qué digo! el universo entero le rinde pleitesía por el mero hecho de existir.

Es difícil creer que existen individuos así, de ahí que como en el relato de O´Brian, tengamos que prepararnos para enfrentarnos a ellos con esa cantidad de incredulidad y escarnio. Pero yo les aseguro que existen estos seres, disfrazados de hombres y mujeres y viven en nuestros edificios y comen en los mismos restaurantes y pasean por las calles de nuestra ciudad de forma anónima hasta que el destino o la casualidad hacen que nos topemos con uno de ellos. Y es precisamente nuestro ánimo primero y nuestra educación después y entiéndase esta última como el compendio de conocimientos, valores morales y sociabilidad, el que hace que no nos los podamos quitar de encima con la presteza y el entusiasmo con el que aplastamos un mosquito molesto e infecto.

El bobo también dispone de un recurso que maneja a la perfección: va a contracorriente. Y esta característica es lo que lo convierte a su vez en imbécil. El imbécil considera que todo lo que dice es gracioso y que todo lo que hace sienta cátedra. Aunque saben, amigos lectores, que la imbecilidad no tiene cura, el imbécil no toma nunca consciencia de su enfermedad porque comparte con el bobo y el estúpido la ignorancia suficiente como para creerse el rey del mambo, rey que, como todos ustedes conocen, gobierna más allá de cualquier ley escrita por la naturaleza o por el hombre. Pero basta ya de tanta palabrería y contemplen in situ y en todo su esplendor, a un bobo, a un imbécil superlativo actuando de tal forma que me atrevería a afirmar que en los anales de los misterios de la ciencia física no se ha visto cosa igual.

siemprehayunoquelacaga

LA VIRGEN DANDO UNA ZURRA AL NIÑO JESÚS DELANTE DE TRES TESTIGOS


”Fais-moi le plaisir
d’entrer et de sortir
sur la pointe
des
pieds”.

Paul Éluard, Le jugement originel , extracto


Hace un tiempo ya nos visitaba Max Ernst para mostrarnos su particular visión de la Piedad. Como les prometí, el artista ha vuelto y esta vez con una obra, por lo menos, intrigante. El lienzo que hoy nos ocupa se titula La Virgen dando una zurra al Niño Jesús delante de tres testigos y fue ejecutada en 1926. Observen:


La Virgen dando una zurra al Niño Jesús delante de tres testigos


Aunque les parezca mentira, se trata de un autorretrato. Los tres personajes situados detrás de la pared, en un discreto segundo término, son André Breton, Paul Éluard y el artista mismo. La obra tiene por tema un motivo recurrente (pero por entonces no violento) de la historia del arte. Como es de suponer se han querido ver, en esta metáfora cristiana de Venus y Cupido, referencias ocultas a una posible relación sexual inmersa en un episodio traumatizante . Se trataría de una escena turbadora donde se muestra a una madre infligiendo un maltrato a su hijo desnudo. Ernst no deja lugar a dudas sobre el carácter religioso subyacente del tema, con los retratos de la Virgen (vestida de la forma tradicional en azul y rojo) y del Niño Jesús. Sin embargo, al contrario de lo que pueda pensarse, no se trata de una Adoración de los Magos. Los tres observadores adoptan una actitud neutral y hasta descortés más que mostrársenos impresionados o respetuosos como debería ser.

En esta obra, el artista se vio inspirado, más por su severa educación cristiana que por la mitología, produciendo una imagen que incita controversia. De ahí que podamos dilucidar el espíritu iconoclasta que resultaría de suma importancia en el movimiento dada y en el surrealismo. A este respecto, el lienzo contiene una dosis turbadora de simbolismo:

La aureola caída en el suelo del Niño Jesús sugiere humillación y desesperanza; el movimiento que viene determinado por la mano que golpea expresa una gran cólera; el interrogante por la presencia de los tres personajes añade un elemento de diversión. Y yo me pregunto:

¿Acaso los tres curiosos aprueban el acto que están contemplando? Quizás, como sugiere Éluard, “hazme el favor de entrar y salir de puntillas”.

Hasta mañana, amigos.


MAX ERNST: IRREVERENCIAS DEL SURREALISMO

MAX ERNST: IRREVERENCIAS DEL SURREALISMO No, no se preocupen. Están viendo la Piedad de Miguel Angel. Ni les engañan los sentidos ni les engaño yo. Les cuento.
Existe una larga tradición en la representación de la Virgen María con el cuerpo de su hijo muerto sobre sus rodillas y la más conocida seguramente sea la que ilustra el encabezamiento del post de hoy. Max Ernst aporta su granito de arena a esta tradición con su obra titulada Piedad, o La Revolución de la noche, un óleo sobre lienzo fechado en 1923.



Como ya habrán podido comprobar, los personajes tienen que ver muy poco con la idea que tenemos de la piedad. Reemplazando a María por un burgués bien ataviado, el artista no desea tanto representar sin más una simple crítica anarquista sobre la clase media de su tiempo como aludir de forma más marcada a la Revolución, siguiendo el dictado de Karl Marx de “cambiar el mundo”. Sin duda, su pretensión queda plasmada en el cuadro.
A pesar de su simpatía por el comunismo, Ernst procedía de una familia de clase media.
Sobre un fondo oscuro en el que trabaja con superficies planas de color, se nos muestra un hombre que reposa en los brazos de la burguesía aunque despierto y en alerta. El estilo de la obra es casi pueril, de factura simple, con colores lisos y un diseño dépouillé (despojado, desnudo), elementos que, sin embargo, consiguen un efecto rebuscado del conjunto.
En fin, amigos, una breve reseña de una obra que me viene al pelo para pedirles disculpas por estos dos últimos días en los que blogia ha estado prácticamente inactivo. Así pues, piedad.
Hasta pronto.

CUESTIÓN DE SEXO

CUESTIÓN DE SEXO Sexo, sexo, sexo, sexo,
más sexo por favor,
que todo en la vida es sexo,(bis)
y, los sueños...
sexo son

cosecha propia con permiso de Calderón de la Barca y Aute

Por lo general, no suelo comulgar con las formas feministas que, entre otras cosas, abanderadas desde la estética de lo masculino (como si el no depilarse los sobacos legitimara sus teorías u otorgara más credibilidad a sus propuestas) irrumpen en la vida de cuatro tetonas que deciden acostarse con todo el Real Madrid como si tuvieran que rendir tributo al resto de su género por ejercer con su chichi y con su dignidad (más bien con el primero que con la segunda) actividades de este pelo. ¿Acaso tengo yo que rendir cuentas a nadie de lo que hago o dejo de hacer con los míos?

Cuando escucho o leo a mi lehendakari, Sr. Ibarretxe disertar sobre cualquier tema concerniente a vascos y a vascas, a chicos/as vascos/as, contribuyentes y contribuyentas, amas y amos de casa, muchachos/as y una infinita ristra de arrobas para que no se le escape nadie de nuestro amado País y su disertación sea del todo/a correcto/a, me llevo las manos al corazón y golpeándolo con frenesí entono un “mea culpa” por no haber puesto más atención a las clases de Semántica Desarrollada que mi buen maestro Víctor Sánchez de Zabala se propuso inculcarnos. Entre tanto/a “o/a”, “os/as”, uno/a pierde el hilo del discurso y tiene que recurrir, la mayoría de los casos, a efectuar un rápido análisis de la estructura profunda del texto para comprender el contenido.

Sin embargo, como ya saben, en esta vida hay toda una gama de tonalidades entre el blanco y el negro. Y en ésas me encontraba yo cuando me comentan que un grupo feminista ha hecho un estudio sobre el diccionario de la RAE.
Me imagino que en un afán oportunista, vieron la ocasión para psicoanalizarse y encontraron el modo de economizar medios y recursos. Como los niños y preadolescentes de todas las épocas para los que buscar en el diccionario significa encontrar los vocablos “polla”, “tetas”, “culo” y “follar”, ellAs, las de vello (que no bella) en ristre, han descubierto, mire usted, dos definiciones que me joden. Utilizo el verbo “joder” de la misma forma que el Pérez Reverte, para significar la rotundidad de mi malestar, para provocar en el lector el mismo sentimiento de fastidio que viven mis carnes y para resaltar el paradójico significado de este término, muy apropiado para el tema que nos ocupa: es a la vez lo que más y lo que menos nos gusta a los humanos y humanas.

Pero bueno, vayamos al grano. A continuación les dejo con las dos acepciones de marras y que me han servido como inspiración para el post de hoy viernes (gracias chicas...):

padre.m. Varón o macho que ha engendrado

madre.f. Hembra que ha parido


Fíjense ustedes que desde ayer me estoy buscando la señal a fuego con la que fui marcada para determinar la ganadería a la que pertenezco. Y no la encuentro oye...

Amigos y amigas, blogueros y blogueras, pásenme un buen fin de semana.
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LOS HOMBRES MUEREN Y NO SON FELICES



”Pasa. La sangre, pasa. Boca arriba.
Como los muertos. Como todo. Pasa”.
Tabla rasa. Blas de Otero

Todo a mi alrededor habla de muerte. Ya saben, ésa que no puede tragarse cuando otros deciden acabar con los sueños de alguien. Por eso, cuando uno se siente trágicamente humano, acude sin remedio y sin esperanza de redención a consolarse entre los suyos y, llora. Llora Blas de Otero cuando lo he abierto en su Redoble de conciencia; llora Vivaldi cuando a mis oídos han llegado los primeros compases de Et in terra pax hominibus o llora Mantegna cuando contemplo su Cristo muerto.

Como nos recuerda el poeta, “la sangre, pasa. Boca arriba. Como los muertos...” De este modo nos presenta Mantegna su muerte. La del hombre, no la del Mesías. La muerte a la que tan humanamente se le teme. Boca arriba.
El arte no sólo es técnica. Es imaginación, ruptura, transgresión. Frente a las normas establecidas, la tarea del creador.
Esta obra no sólo supuso una revolución de la perspectiva al lograr ese grado de dramatismo, de realismo inusual que contemplamos con el Cristo yacente sino que el artista nos ofrece una visión humana de Cristo. Contemplen el cuadro. Se nos ofrece el escorzo de un cadáver tomado a vista de pájaro. ¿De qué otra forma podemos ver la muerte de otro ser humano sino a vista de pájaro? Somos espectadores de la muerte de un hombre, del dolor de una familia, del sufrimiento –ya pasado- de una víctima a manos de verdugos, hombres como él.
Sorprendentemente, si ustedes recuerdan y han visto la galardonada película “Mar adentro” (por cierto, título de otro poema de Blas de Otero), se nos ofrecen un par de fotogramas, a lo sumo tres de un escorzo idéntico al de Mantegna. Como Jesús, el protagonista se nos muestra levemente cubierto por una sábana blanca. La misma que cubre al adolescente que salta al vacío. Como Jesús el hijo, la muerte le redime con el mundo. Tres hombres, un solo dolor, el mismo dolor con el que se consigue la eternidad. Inmortalizar el dolor del hombre. El rostro que ya no sufre. Las manos yertas, los ojos cerrados .Ya no hay sangre en el sudario. La sangre, pasa. Boca arriba.
El dolor se nos acerca para hacer redoblar nuestra conciencia. Dolor de Humanidad.
Descansa, Jokin, en paz.

EL CABALLERO DE LA TRISTE FIGURA

EL CABALLERO DE LA TRISTE FIGURA Pasad un buen fin de semana. Sed buenos y felices.
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