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OJEPSE LED ODAL ORTO LA

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Charles Lutwidge Dodgson nació el 27 de enero de 1832 en una población inglesa llamada Daresbury. Quizás este nombre no les diga nada, pero si tomamos los compuestos de sus nombres de pila (Lutwidge/Lewis y Charles/Carroll) tenemos Lewis Carroll, nombre que utilizó para firmar sus obras literarias y, éste ya nos suena más.

El padre de Carroll, el reverendo Dodgson, tuvo once hijos: todos zurdos y todos tartamudos.
El primero de estos “defectos” (porque como defecto era considerado en la época) sería la causa por la que Carroll viviera, literariamente, obsesionado por la inversión. Si pueden, echen un vistazo al poema “Jerigóndor” en “Al otro lado del espejo”: la primera de las estrofas está escrita al revés y debe emplearse un espejo para su lectura. En la misma obra, también, encontramos pasajes en los que a la reina le duele una herida antes de que ésta se produzca o en los que le sangra el dedo antes de que se pinche con el alfiler.

El segundo de los defectos de familia era, como decía más arriba, la tartamudez. Gracias a ella, mejor dicho, al empleo literario que Carroll supo hacer de ella, debemos las famosas palabras "maletín”, mezcla de palabras o palabras con doble significado tan características en su obra. En su poema “La caza del Snark” lo comprobamos claramente: traducido al castellano sería algo así como “la caza del serpón”, es decir, la caza de un monstruo fantástico mitad serpiente mitad tiburón.

Sin ninguna duda, Carroll nos dejó como legado uno de los personajes más fascinantes que se han creado en literatura: Alicia.
En 1850, Carroll ingresa en el Christ Church de Oxford donde vive hasta su muerte (por cierto, murió de un vulgar catarro que derivó en bronquitis a la edad de 66 años). Hasta 1857 trabaja como sub-bibliotecario en la universidad de donde el doctor Liddell, padre de Alicia Liddell, era decano. Desde su mesa de trabajo, Carroll, día tras día, contempla cómo juegan las hijas de los Liddell en el jardín. Este es su primer contacto con la niña.
Transcurren los años y la relación de Carroll con las tres hermanas Liddell, sobre todo con la mediana, Alicia, se consolida hasta tal punto que de sus paseos por el campo y por el río nace Alicia en el País de las Maravillas. En palabras de Alicia Liddell, esta obra universal habría surgido de la siguiente manera:

La mayoría de las historias del señor Dodgson nos fueron explicadas durante las excursiones que hacíamos con él por el río hasta Nuneham o Godstow, cerca de Oxford. Mi hermana mayor,(...), era “Prima”, yo era “Secunda” y mi hermana Edith era “Tertia”. Creo que el principio de Alicia nos lo contó una tarde de verano en que el sol quemaba tanto que tuvimos que poner pie en tierra en medio de los prados del camino de vuelta, abandonando la barca para refugiarnos en el único trozo de sombra que pudimos descubrir, que se encontraba bajo una hacina de heno recién cortado. Fue allí donde las tres le hicimos la habitual petición: “Cuéntenos una historia”, y así empezó el cuento deliciosamente inmortal.



Aunque el mundo de Alicia lo conocemos fundamentalmente por dos obras, Alicia en el País de las Maravillas y su continuación, Al otro lado del espejo, existen otros textos que merecen ser recordados por formar parte integrante también del ciclo:

- Las aventuras de Alicia bajo tierra, texto primigenio del que Carroll arranca.
- Alicia contada a los niños, versión infantil que tuvo que escribir.
- Alicia en la escena, texto explicativo de los caracteres de los personajes.

Para la literatura universal, Carroll convirtió a la niña que veía jugar desde la ventana de su despacho, en un homenaje al desafío de la razón dentro de la razón misma, al sueño del ser humano (¡qué mejor ejemplo que la infancia, cuando es ésta el mundo de la inversión por definición!), a la capacidad de rechazar la lógica lógicamente.
Es el juego de la lógica y el absurdo el que nos abre nuevas posibilidades cara a nuestra imaginación: la realidad puede captarse de formas diferentes, tantas como normas ponga la persona que vive esa realidad, tan válidas y lógicas como aquellas universalmente establecidas.



“Minino de Cheshire” –empezó a decir en tono tímido, porque no estaba del todo segura de que ese nombre le gustara, sin embargo el gato amplió más su sonrisa: Bueno, parece que le está gustando –pensó Alicia, y prosiguió-: ¿Podrías decirme, por favor, qué camino debo tomar desde aquí?
-Eso depende en gran medida de adónde quieras llegar –dijo el Gato.
-No me preocupa mucho adónde...-dijo Alicia.
-En ese caso, poco importa el camino que tomes –dijo el Gato.
-...con tal de que llegue a alguna parte –añadió Alicia a modo de explicación.
-Puedes estar segura de que llegarás a alguna parte –dijo el Gato- siempre que camines mucho rato.




Lewis Carroll sí que nos dejó un gran regalo, a niños y grandes. Como estamos ya cerca de esos días en los que se desea lo mejor al prójimo y uno se plantea para el año que está en puertas buenas voluntades, les propongo seguir el ejemplo del Gato de Cheshire: vamos a caminar, siempre adelante, pasito a pasito, seguro que llegamos a algún sitio.
Un abrazo a todos

FINIS TERRAE

A Tio Petros, como pago de una doble deuda: la primera, para dar respuesta a su pregunta sobre el centro de equilibrio; la segunda, por ser mi centro de equilibrio y dar respuesta a mis días.



La Última Cena es un fresco de 480 x 880 cm que Ludovico el Moro, Duque de Milán, encargó a Leonardo para adornar el refectorio del monasterio de Santa María delle Grazie que, por aquel entonces, era la capilla familiar de los Sforza. El Duque tenía por costumbre cenar allí, todos los jueves, con el abad y de ahí el motivo del emplazamiento de la obra.

La composición de la obra es perfecta. Ningún trazo es superficial ni anecdótico ni ningún aspecto pictórico está desunido.
No olvidemos que esta obra, aunque de tema sagrado, se enclava en plena efervescencia renacentista en la que, frente al medievo, el hombre es el centro del universo y medida de todas las cosas. Todas las figuras se encuentran en el mismo plano formando grupos de tres. La figura de Cristo, en particular la cabeza, se encuentra como bien dice Tio Petros, en el punto de fuga, es decir, en aquel punto en el que todo converge y hacia donde nuestra mirada es conducida. Las líneas de fuga del techo y la pared, los bordes superiores de los cuadros etc., se encargan de transportar el espacio hacia ese punto. Además, si con esto tuvierámos poco, el juego de luces que se ven alternadas en la distancia nos llevan por el mismo camino.
Sin embargo, lo sorprendente de La Última Cena es que, como diría Nicolas de Cusa, cualquier punto del espacio pictórico, puede tomarse como centro.
Tatachán, chan, chan

Por lo general, estamos acostumbrados a que el punto de fuga coincida con la intersección de los ejes vertical/horizontal. A este tipo de perspectiva se le denomina perspectiva lineal, sin embargo, existen otros tipos de organización del espacio, otros tipos de perspectiva que pueden superponerse a ésta. En su Tratado de la Pintura, Leonardo dice lo siguiente:

”La ciencia de la pintura comprende todos los colores de la superficie y las figuras de los cuerpos que con ellos se revisten, y su proximidad y lejanía, según proporción entre las diversas disminuciones y las diversas distancias. Esta ciencia es madre de la perspectiva, esto es, de la ciencia de las líneas de la visión, ciencia que se divide en tres partes; de éstas, la primera solamente comprende la construcción lineal de los cuerpos (perspectiva lineal); la segunda, la difuminación de los colores en relación a las diversas distancias (perspectiva de color); y la trecera, la pérdida de determinación de los cuerpos en relación a las diversas distancias (perspectiva menguante) (...)”

Este juego de perspectivas que podríamos llamar ilusoria, está basada en las reglas de la proyección central, pero el artista tiene que echar mano de otros recursos para hacer pasar por reales aspectos que no lo son, de manera que tiene que utilizar varios puntos de fuga (algo así como la tarea del mago que saca el conejo de la chistera). Incluso, y de esto los manieristas fueron grandes maestros, el artista puede tomarse la licencia de crear puntos de fuga fuera de la obra misma.

¿Qué ocurre pues, con el fresco de Leonardo?

¿Se acuerdan dónde estaba emplazado?

En la mayor parte de las composiciones podemos determinar dónde está el centro porque viene dado por los límites del esquema. La frontera, el marco, nos indica qué es lo que pertenece a la obra y lo que no. Una vez que definimos el territorio, organizamos los elementos de una composición en torno a su centro.
En el caso que nos ocupa, el fresco es autónomo y a la vez, es parte integrante de todo el entorno donde se halla emplazado. La pintura se halla enclavada justamente en el eje del refectorio con lo que la obra de Leonardo se inserta perfectamente en el marco arquitectónico (que a su vez sería su propio marco) que lo rodea.
Si tomamos como premisa que La Última Cena es parte de ese todo: ¿dónde está el centro? Porque si tomamos la obra como una composición autónoma e independiente, está claro que el centro de equilibrio y el punto de fuga coinciden pero si la contemplamos como un todo, la cosa no está tan clara.

Como he dicho más arriba, el punto de fuga puede encontrarse incluso fuera de la propia obra, por lo que también debemos aprender a contemplar la obra de otra manera, fuera de la cómoda estructura de la perspectiva central y esto no significa que sea “técnicamente incorrecto”, sino que es “técnicamente original”, ya que se nos ofrece una experiencia visual que en el mundo real no podemos ver.
En mi opinión, no hay desequilibrios, Tio Petros. Todo está perfectamente equilibrado dependiendo del sistema de reglas y del cuerpo teórico que el artista utilice.
¿Acaso 1+1=2 en un sistema binario?

EL CENTRO DE EQUILIBRIO

Soy de los que opinan, que cuanta más información dispongamos a la hora de contemplar una obra de arte, mayor es el grado de disfrute sobre la misma. Y no me refiero solamente al conocimiento sobre el artista y su época, o sobre la temática de la obra. La técnica con la que ha sido creada o parida la obra me confiere igualmente un placer semejante al que me ofrecen los sentidos.
Por la razón anteriormente expuesta, permítanme que les muestre un aspecto técnico de la obra de arte que, aunque lo normal sea que pase inadvertido, inconscientemente y sustancialmente nos permite y nos hace posible el disfrute sobre lo que contemplamos. ¿Me acompañan?

En una obra de arte, el centro de equilibrio viene dado por la disposición de las formas que constituyen la obra. Más o menos, sería algo así como el lugar donde se compensan los pesos “visuales”. Sin embargo, y de forma recíproca, el centro es el que da sentido de composición a cada componente, en la medida en que el significado de las formas depende de su posición en relación al todo de la obra.
El artista, pues, tiene que tener en cuenta estos dos factores en su proceso creador: por una parte debe equilibrar los componentes de manera que mantengan un equilibrio en torno al centro de la composición global, o sea, debe determinar la función de cada componente en su relación al centro y, por otra, bastante difícil por cierto, debe justificar la desviación con respecto al centro de todo aquel elemento no ubicado en el mismo. Vamos a ver si me hago entender poniendo un ejemplo.

La dinámica visual de un obra de arte es análoga a la dinámica de la música diatónica. Me explico: en un sistema tonal la expresión y significado de todo tono o frase se desprende de la fuerza con la que se eleva o desciende por encima o por debajo del nivel de la tónica. Del mismo modo, en una composición visual, el centro de equilibrio sirve de base “tonal” a la “melodía” de la obra.

La composición de una obra de arte puede estar distribuida en torno al centro de diferentes maneras. En muchos casos, podemos ver que el centro de equilibrio de un cuadro está representado por una forma o acción que resume “en pequeño” el tema de toda la obra, pero la verdadera función del centro es hacer de núcleo de toda la obra.
De esta manera, el grado de tensión de la composición será más alta o más baja en función de la orientación espacial de las formas o vectores principales de la obra. Cuando estos vectores se refieren básicamente a las direcciones del sistema de referencia vertical/horizontal e interactúan en ángulos rectos, decimos que el nivel de tensión es bajo. Por el contrario, cuando éstos se desvían del sistema de referencia básico, tomando direcciones oblicuas, decimos que el grado de tensión es alto. Ilustrémoslo con un simple ejemplo:
Imagínense dos adversarios que se encuentran ambos sobre la misma base horizontal; su posición espacial los equipara. Sin embargo, imagínense ahora estos mismos adversarios uno por encima del otro (¿recuerdan la escena de la barbería de Chaplin en “El gran dictador”?) con respecto a esa base. Evidentemente en una composición vertical, el que un componente esté por encima de otro constituye una ventaja. ¿Por qué? Pues porque estar por debajo supone tener que vencer la atracción gravitatoria además del empuje del oponente.

Si, por lo general, es la verticalidad la dominante en muchas obras de arte, no por esto desmerece el eje horizontal que cruza horizontalmente el centro de equilibrio y divide el espacio pictórico en dos mitades, una superior y otra inferior.
Para ejemplificar esta cuestión, me voy a basar en el cuadro atribuido a Caravaggio, ”Narciso” para que visualicemos el concepto en cuestión.



Este cuadro nos sirve para aplicar el esquema de las mitades simétricas a la figura humana. Fíjense cómo el borde del agua está situado justo por debajo del centro geométrico. Con esta distribución del espacio obtenemos que el peso visual dominante sea la mitad superior del cuadro. Como dijimos más arriba, la horizontalidad nos garantiza igualdad de oportunidades entre los miembros del diálogo y exige, por eso, que elementos suplementarios decidan cuál de las dos formas consigue mayor peso. En el cuadro que nos ocupa, la división transversal da superioridad al Narciso real y no a su reflejo. Trucos del marierismo que convierten la temática en paradoja: la distribución de pesos es tal que, en contra de la importancia que se le atribuye al reflejo, es por contra, el objeto de atención del personaje principal (Narciso).
Como vemos, la asimetría es un elemento intrínseco a la división transversal, y tiene tanta fuerza que ni siquiera un tema simétrico como el de Narciso y su reflejo, puede superarla.

Bueno, por esta vez, hasta aquí hemos llegado. Les recomendaría que la próxima vez que tengan la oportunidad de contemplar una obra de arte, tengan en cuenta aspectos como el que hoy he tratado en el post. En un ejercicio mental, que les llevará poco tiempo, intenten descubrir dónde se encuentra el centro de equilibrio, qué componentes nos llevan a él, qué sucedería si el artista (ahora nosotros mismos) hubiera trastocado los pesos “visuales”, cuál es el eje geométrico –horizontal o vertical- que divide la composición... en fin, podemos “dibujar” en nuestra mente otra obra de arte partiendo de la que contemplamos). Al igual que yo, llegarán a la conclusión de que lo que vemos es, parafraseando a Leibniz el mejor de los posibles..., pero seguro que a su momento de gustirrinín estético le habrán añadido unos granitos de pimienta.

UN APUNTE, NADA MÁS

UN APUNTE, NADA MÁS

(El JOVEN ESCIPIÓN pasa por detrás de CALÍGULA y se acerca, vacilante. Extiende una mano hacia CALÍGULA y la apoya en su hombro. CALÍGULA, sin volverse, la cubre con una de las suyas.)

EL JOVEN ESCIPIÓN
Todos los hombres tienen algún dulce consuelo en la vida. Eso les ayuda a continuar. A él recurren cuando se sienten demasiado gastados.

CALÍGULA
Es cierto, Escipión.

EL JOVEN ESCIPIÓN
¿No hay, pues, en la tuya nada semejante? ¿La llegada de las lágrimas? ¿Un refugio silencioso?

CALÍGULA
Sí, a pesar de todo.

EL JOVEN ESCIPIÓN
¿Y qué es?

CALÍGULA (lentamente)
El desprecio.

TELÓN

Camus, A.:Calígula, ed. Alianza Losada, 1981, p. 62


En 1904, Kafka escribe una carta a Oskar Pollak en la que dice:

”Si el libro que leemos no nos despierta de un puñetazo en el cráneo, ¿para qué lo leemos? ¿Para que nos haga felices, como tú dices? (...) Lo que necesitamos son libros que hagan en nosotros el efecto de una desgracia (...), como si fuésemos arrojados a los bosques (...), un libro debe ser el hacha que rompa el mar de hielo que llevamos dentro".

No hace mucho tiempo oí a un adolescente que comentaba orgulloso:

- El profe de literatura nos ha mandado hacer un trabajo sobre La Regenta. Voy a ir al videoclub cagando leches.

El muchacho no se había confundido, no. En COU, uno ya sabe diferenciar entre librería y videoclub sin necesidad de visualizar ningún capítulo de Barrio Sésamo.
Quizás, como suele decirse, la naturaleza es sabia. Si como dice Kafka un libro tiene que provocarnos el efecto de una desgracia, imagínense ustedes el efecto devastador en este muchacho.
La desgracia ya la lleva puesta de antemano."

MEQUETREFE

MEQUETREFE

1625, ´sujeto entrometido, bullicioso y de poco provecho´. Probte. palabra portuguesa, compuesta de meco ´hombre libertino´, ´sujeto astuto y malicioso´, 1547, y trefe ´travieso´(o trefo), 1495. Aquél parece ser vocablo de creación expresiva, si bien apoyado en el lat. moechus ´adúltero´. Trefe, que además significa ´delgado, flojo, tísico´, viene probte. del hebr. ´carne echada a perder´, propte. ´carne prohibida´.

Merca, mercachifle, mercader, mercadería, V. mercado


¿A cuántos conocemos que responden a esta definición? Lamentablemente, a muchos. Hay algunos que, parafraseando al anuncio televisivo, no deberían volver en navidad. O quizás, deberían atragantarse con un mazapán de soto o perder el sentido (el poco que tienen) con una burbuja freixenet.
Estos sujetos deberían ser abandonados en verano, cuando la familia decide disfrutar de sus vacaciones: solo en la carretera bajo un sol insufrible con esas gotas discurriendo sobre su frente (¿recuerdan el reguero de tinte que caía sobre la frente de Dick Bogarde en Muerte en Venecia?. Eso sí que era abandono...)

El domingo pasado volví a sentir lo mismo que cuando ví por primera vez la película de Visconti. Una mezcla de abandono, decadencia estética y felicidad casi absoluta. Desde las ocho de la noche hasta las diez y media (curioso esto de acotar el tiempo cuando creemos que somos felices). El Rotary Club organizaba un concierto para recaudar fondos para un geriátrico (colchones antillagas cuyo precio asciende a más de 600,00 € cada uno): El Mesías de Haendel (parte de él naturalmente, no suele interpretarse por completo). Un entorno maravilloso (una iglesia católica), con una acústica envidiable, un coro reducido pero lo suficientemente compacto, una orquesta de cámara que sintió de forma excelente el sentimiento barroco en su agilidad, un buen director y los solistas.
Era la primera vez en mi vida que tuve la oportunidad de contemplar y escuchar en directo la voz maravillosa de un contratenor. Un dominio perfecto de la técnica vocal, una voz empostada y una sensibilidad deslumbrante. Hasta en las notas más graves su voz no perdía el empaque. Asombroso.
El día anterior asistí al ensayo general y me acerqué hasta él para felicitarle. Un amigo que ambos compartimos con una educación concentrada en el mismo lugar donde se sienta, comentó a viva voz:

- y de marica nada, eh! Que tiene cuatro hijos y todos varones.

Escojan ustedes la acepción de “mequetrefe” que prefieran para esta persona. Yo me quedo con la derivada del hebreo.
Al día siguiente, antes de comenzar el concierto, la persona del público que se sentaba detrás de mí comentó a su acompañante:

- me han dicho que es un castrati.


¡Dios mío! pensé. Con agrado donaría dinero al Rotary Club para la compra de bozales. Pero de los que se ponen y no se quitan.

NODO

NODO

Una advertencia: la de la foto no soy yo.

“Los tiempos cambian que es una barbaridad” decía la letra de una zarzuelísima nuestra. Y no es para menos y si no, vean por curiosidad uno solo de los capítulos de la exitosa serie de televisión “Cuéntame”. Apenas han transcurrido tres décadas y parece que de un momento a otro van a parecer dinosaurios en la pantalla. Quizás para algunos que lean este post no signifiquen nada el papel higiénico del elefante con ese color tan, tan, real (tanto que parecía recién usado); o los sofás de escay, los vasos de duralex en ámbar fosilizado, los cristales de las puertas o los armaritos del baño.
En esa época, al igual que Carlitos, yo era una niña y me impresionaba ver a mi hermana (tiene dieciséis años más que yo) con esos pañuelos por la cabeza al estilo pirata, las cejas como finos hilos de tanta depilación y los zapatos de plataforma que te elevaban del suelo como cohetes propulsores. Una cosa más: los pantalones de pata de campana jugando con la estrechez del muslo.
Al contrario de lo que sucede ahora, había colores incompatibles que una nunca, he dicho bien, nunca debía compaginar en el mismo atuendo: el marrón y el negro, el rojo y el amarillo, el rojo y el naranja, el verde y el azul, por poner unos ejemplos. Con el nuevo milenio, Ágatha Ruiz de la Prada, diseña tulipanes y corazones al son de “mis mezclas” de colores prohibidas y se llena la saca de euros comunitarios.

Cuando yo era adolescente, pantalón tubo y tacones igual a puta barriobajera. Los chicos no podían saber que empezabas a llevar sujetador (por cierto, mi primer sostén me lo regaló mi hermano mayor y era de la marca Peter Pan. Jamás se lo perdonaré) y mucho menos verte las bragas, bragas que por otra parte sólo eran de color blanco o beige. Las de color negro sólo se las ponían las del oficio. ¿Qué tenemos ahora? Las bragas ya sólo las utilizan las parturientas y las abuelas. Braguitas de todos los colores del arco iris que no sobrepasan el hueso de la cadera en ningún caso salvo en el de los tangas que tienen más tela en la cintura que en la cuerdecilla esa que sigue el sendero del culo y se oculta debajo del mismo como si del Guadiana se tratara. Eso sí, entre el tanga y la cintura del pantalón un buen trecho para que al personal masculino le dé un calentón en clase. Es curioso que el gobierno francés haya prohibido este tipo de exhibiciones en sus aulas con la fama de liberales que han tenido siempre.

Fin del colegio. Llega el verano y todos los días a la playa. Bueno, todos no, porque cuando te bajaba la regla no podías bañarte porque la compresa se te escapaba del bañador y claro, excrementos infantiles (y a veces no tan infantiles) flotando en el agua sí, pero compresas ni muerta de risa. Así que cuatro días metida en casa con la excusa tan recurrente del dolor de tripa y a esperar que la depuradora ésa deje de echar vertidos moscovitas para ir de nuevo con tus amigos. Sin embargo ahora no tenemos esos problemas. Para empezar a ninguna chica le importa nombrar lo innombrable. Tengo la regla, eh, qué pasa tío. Encima con el recochineo de que no tiene necesidad de nombrarla porque con los tampones, compresas con alas, sin alas, adherentes, perfumadas y para tangas ¿para qué se van a quedar en casa muertas del asco?

Y del sexo, ¿qué me dicen del sexo?. Colegio de monjas, sólo chicas. Llega la madre superiora y dice:

- este próximo trimestre vamos a hablar del tema de la reproducción humana.

y todas nosotras locas de contentas con la ingenua esperanza de que por fin nuestras plegarias han sido oídas que para eso vamos a un colegio religioso y encima de pago. Nos miramos cómplices las unas y otras, apretando el culo de la emoción sin que se note demasiado que nos tiemblan las piernas. Entonces la hermana x comienza su discurso:
- Dios Padre, la Virgen María y el Espíritu Santo...

¿qué he oído? No, no, deben ser los nervios... SEXO, SEXO, SEXO sí, hermana, ya sabe, lo del mete y saca, lo de los niños, nada del ojo divino, lo del ojino. Joder, esta monja no se entera de nada. No os pongáis histéricas, chicas, que seguro que no hemos oído bien:

- gracias a la intervención del Espíritu Santo, el Arcángel San Gabriel, anunció a María...

y ¿José? ¿Al menos no nos va a hablar de lo mal que lo tuvo que pasar?. Madre, ¿qué es masturbarse? No, mejor no lo pregunto que luego me coge manía.

Me encantan los tangas, las playas nudistas, el sexo y los colores chillones.

NOMEN, NOMINIS

NOMEN, NOMINIS

El domingo pasado mientras desayunaba escuchaba en la radio “Los desayunos de la Ser”, espacio que abre el programa de Fernando Delgado “A vivir que son dos días”. El enviado de la cadena de radio en USA comentó la moda que comienza en Estados Unidos de poner a los hijos nombres de marcas de los más variopintos productos. No me lo podía creer. Dijo, por ejemplo, el número de niños que se llamaban Infinity o Chevy por las marcas de coche de moda. Había no sé cuantas niñas con el nombre de Lóreal, vamos, en versión española “Heno de Pravia Rodríguez”. Un ser despiadado había elegido para su hijo el nombre de una cadena de deportes estadounidense, como si un forofo del deporte le pone a su hijo “Eurosport García Romerales”. Incluso habló de un número considerable de infantes que tenían nombre de marca de zapatos y otros infelices que respondían por Canon: que no sé yo si por las cámaras de fotos o por las fotocopiadoras.

Deplorable a todas luces, pero bueno, tampoco es tan raro. Parece ser que estamos abandonando la moda (que para eso lo es) de crucificar a nuestros vástagos con nombres como Jessica Vanesa Morales, Cámeron Fernández o Washington Gutierrez y ahora nos decantamos por nombrar a esos pequeños infelices con significantes que encontramos en el mercado y en los medios de comunicación. Y es que no se trata de consumismo, sino de un grado de gilipollez tal que no tengo por menos que aborrecer a los miembros de mi misma especie. En ciertas cosas, nos merecemos lo peor. Así, por las buenas, como si se tratara de un juicio divino o un imperativo categórico.
Tengo una amiga trabajando en el departamento de un organismo público donde se inscribe un buen número de personas por razones que no vienen al caso. Me contaba no hace mucho que a raíz de la muerte de Lady Di, se habían registrado un sinfín de nombres evocando a la princesa santa teresa de cabello rubio. Lo curioso es que la forma de este nombre que más abunda es Leididaiana. Escrito tal cual, sin medicación, sin tranquilizantes ni preservativos. Pa joderse. ¿Se puede rizar el rizo aún más?

¿Se imaginan ustedes una valenciana llamada “SOS Casals” o el hijo de un panadero burgalés que responda por “Bimbo Sancho”?
¿Hacemos una apuesta sobre las niñas que se van a llamar LetiZia a partir de ahora?
Lo dicho, que recaiga la ira de dios.

LOS PECHOS QUE TE HICIERON VER LAS ESTRELLAS

No, no se confundan. No voy a hablar de sexo ni pornografía. Quizás en cierto modo de erotismo, pero enmarcado en un lienzo de Tintoretto titulado El origen de la Vía Láctea. Primero, para hacer boca, les recomendaría que probaran el primer plato:

Unos canapés de mitología clásica bañados en crema de sed de inmortalidad.

Ya saben ustedes cómo se la gastaban nuestros dioses en materia de calentones. Con tanto tiempo libre, contemplaban a una bella mortal e inmediatamente la tenían que hacer suya. El idilio duraba poco tiempo pero el tiempo suficiente para haber degustado de un buen revolcón sin temer la furia de unos padres encolerizados por la infamia cometida por el dios. Por supuesto, Zeus, el padre de los dioses no iba a ser menos. De su unión con Alcmena (es gracioso, el marido de ésta se llamaba Anfitrión) nació nuestro famoso Hércules. Los dioses y diosas, al contrario de la que suscribe, podían disfrutar de unas maravillosas siestas sin ser interrumpidos: salvo Hera, la esposa de Zeus. Aprovechando que la parienta dormitaba en su lecho de nubes, sedas y algodones, el dios quiso amamantar a Hércules con la leche de la diosa (dormía desnuda, claro está. Aunque donde esté una cabezada en el sofá con el sonitico de la caja boba y en pijama...que se quiten las nubes).
Pues como decía, Zeus aprovechando que su esposa dormitaba, acercó al pequeño Hércules al pecho de ésta para que su vástago consiguiera la inmortalidad. Evidentemente, por muy profundo que fuera el sueño de una diosa, se despertó sobresaltada y algunas gotas de leche salpicaron el firmamento convirtiéndose en estrellas (que en versión marital mortal se traduciría en una leche al cónyuge que le hiciera ver las estrellas, pero bueno, esa es otra historia).
De esta manera explicaba el bibliotecario del emperador Augusto el origen de la Vía Láctea (seguro que lo narró de forma más hermosa pero me he permitido el lujo de concederme ciertas licencias en clave de humor, que para eso soy el ama de este blog).

Una vez que les he puesto en antecedentes, voy a proceder a ilustrarles el contenido con el lienzo del que les hablaba al comienzo del post:



Una vez degustado el primer plato (que espero hayan disfrutado ), les sugiero que vayamos con el segundo:

Delicias de dioses a la tintoretto sobre lienzo a la veneciana

Jacopo Robusti, conocido por todos como Tintoretto, representa en el cuadro con un sublime estilo dramático (por teatral no por trágico), el momento culminante en el que Zeus se abalanza sobre la diosa con Hércules entre sus manos. Hera se halla reclinada y desnuda en lo alto del cielo reposando sobre un lecho de nubes. Rodeando a los dioses y revoloteando en torno a ellos, aparecen cuatro querubines.

El pintor estaba especializado en representar motivos cristianos basados en episodios de la Biblia, por esta razón es curioso encontrar escenas eróticas de la mitología pagana como la que nos ocupa. Durante la época en la que se data la pintura (1578-1580), Tintoretto no podía hacer frente a los encargos oficiales que le reclamaban y frecuentemente tenía que ser ayudado por sus alumnos. Sin embargo, La Vía Láctea fue ejecutada por el propio maestro. Lo anecdótico es, que no sólo pintó el cuadro una vez, sino dos veces.
¿Por qué sabemos esto?
Porque con motivo de una restauración del lienzo en 1972 por la National Gallery de Londres pudo comprobarse gracias a las radiografías que debajo de la superficie pintada existía una primera versión del cuadro. Mismo tema pero menos perfeccionado aunque con el trazo rápido e impulsivo que caracterizaba al veneciano.
¿Qué podemos deducir de este hecho?
Pues nada más y nada menos que el cliente que encargó la pintura en un principio no era el mismo cliente que cuando la obra se hubo acabado (Je, je, ¡pero qué listos son los historiadores, madre mía!). Además podemos aventurarnos a afirmar, que el segundo cliente, el que adquirió el cuadro, no era un pringaíllo cualquiera sino una personalidad en posición de exigir el máximo.

Como quizás, a estas alturas del post, ya estén cansados del relato que parece una mariscada de pulgas, me van a permitir dejar como postre el climax del mismo y degustarlo en un próximo e inmediato post que colgaré cuando mi marido deje de mirarme con ojos extraños por haber acaparado el ordenador toda la tarde.
Perdonen las molestias y hasta pronto.

CAPRICHOS Y REBUZNOS LINGÜÍSTICOS



Caprichos del sujeto:

Como muestra de la personalidad del ilustre matemático Paul Erdös, a continuación paso a detallaros algunos vocablos que formaban parte de su vocabulario:

- marido = esclavo
- esposa = jefe
- matrimonio = captura
- divorcio = liberación
- música = ruido
- alcohol = veneno
- dar clase = predicar
- Dios = Supremo Fascista
- abandonar las matemáticas = morirse
- morirse = dejarnos
- niños = epsilones

Uno puede estar de acuerdo con él en todo o en parte. De lo que no cabe duda es que tenía muy clara su idea del matrimonio y del papel que desempeñan sus componentes sin necesidad de demostrar teorema alguno. Todos sabemos que las mujeres, como jefas de la tribu, capturamos sin miramientos al esclavo que elijamos y a eso se le denomina Ley Universal allá donde vayas –que para eso es universal-, (en fin, ya me podéis perdonar, pero no he podido resistirme...).

Ignoro porqué el famoso matemático tendría semejante idea del matrimonio (emplazo a Tio Petros a que nos lo desvele).

Schopenhauer también poseía una particular manera de llamar a su perro cuando se enfadaba con él y por eso le decía:

-hombre, más que hombre.

Pobre animal. Si se hubiera imaginado lo que le estaba llamando su dueño...

Con estos dos ejemplos hemos visto ciertos caprichos del sujeto a la hora de utilizar el lenguaje pero no tenemos duda alguna de que se produjeron de forma voluntaria y hacen referencia al significado.

Rebuznos del sujeto

Como os decía en el post anterior dedicado a la etimología del vocablo “busilis”, este término procedía de una confusión lingüística, es decir, de la expresión latina “in diebus illis” se había pasado a “busilis” por la ignorancia o quizás atrevimiento de un sujeto del que, aunque no ha quedado su nombre en la historia, sí nos dejó este vocablo tan peculiar.
Independientemente del encanto que este “error” pueda sugerirnos, hay atrevimientos del populacho parlante que claman al cielo y que tienen que ver con el significante. Expresiones como “a grosso modo” en la que sobra la preposición o el “venga que” en lugar de “venga a”. Un “coup de pied” muy frecuente en el País Vasco es utilizar el verbo “buscar” en lugar de “encontrar” no porque no se sepa diferenciar el significado de ambos términos, sino porque confunden los significantes.
Un rebuzno muy divertido que se maneja desgraciadamente demasiado (incluso por los especialistas del oficio) es utilizar la expresión “tubo (bote) sinfónico” en lugar de “tubo sifónico”. Como si Karajan dirigiera nuestras cañerías y sumideros con una batuta desengrasante al ritmo de un vals vienés.

Como llega el fin de semana, largo por cierto, aquí os dejo una frasecita en la que hay un error. Por supuesto que no sólo hay que decir dónde se encuentra sino que hay que proponer la solución y explicar de dónde viene el error.


Eran demasiado pesadas. Inclusive los más fuertes tuvieron problemas para levantar estas cajas de libros

BUSILIS

BUSILIS

”punto en que estriba la dificultad de una cosa”, 1615. Extraído de la frase latina in diebus illis “en aquellos días”, mal entendida por un ignorante que, separando in die, se preguntó qué significaba bus illis

Búsqueda, V. Buscar

Uno de los inconvenientes de tener un carácter como el mío se refleja en la necesidad de hacerlo todo lo mejor posible. Cuando comienzo cualquier empresa vuelco todas mis posibilidades y aptitudes en ello. Eso es lo que me ocurre con este blog. La cosa no es fácil. Además de todas las obligaciones domésticas, familiares, laborales, tengo un blog. Algo así como el hijo tonto del dicho. Y es que este hijo tonto necesita que le dedique tiempo, no sólo para recoger la documentación de la que se nutre, sino para superar la que es sin duda una de las mayores dificultades con la que me enfrento: la inspiración.
A pesar de no tratarse de un blog dedicado a un tema específico, tiene ciertos límites que me hago auto-respetar. Y esto reduce posibilidades aunque siempre quedará París y pasar a la historia de los blogs como heredera del ignorante antes citado. Cuestión de principios.
En fin, siempre podremos hacer “vida marítima” en lugar de “vida marital” o evitar un cólico de “basílica balear” en lugar de “vesícula biliar”. Cuestión de gustos.

Por cierto, aprovechando el tema de este post, quiero recordarle a Tio Petros que tiene una cuestión pendiente conmigo. Quizás el vocablo del que hoy escribo le venga como anillo al dedo.

AU CITOYEN MARAT

Los hechos

La tarde del 13 de julio de 1793 era apuñalado por una joven aristócrata el diputado y periodista parisino Jean-Paul Marat cuando se estaba bañando en su domicilio para encontrar alivio de la enfermedad cutánea que padecía. En el momento de su muerte corregía unas pruebas para su periódico.



La víctima

Marat nació en 1743 en el señorío de Neuchâtel, un enclave prusiano en Suiza. Su madre era suiza y su padre, que había sido monje, era natural de Cerdeña.
Estudió medicina y física, pero su trabajo científico no obtuvo el éxito que él hubiera esperado. Su situación económica era lamentable y siempre se sintió perseguido y envidiado por sus colegas. Trabajó mucho y este hecho afectó de forma considerable en su estado de salud.
Además de por su trabajo científico, sus contemporáneos también le negaron su reconocimiento por las ideas políticas radicales que mantenía. En 1789 fundó el periódico “L´Ami du Peuple” que le serviría para censar, vigilar y seguir de cerca los pasos de la Asamblea Nacional y controlar también sus decisiones. Para Marat el Terror era el instrumento legítimo de la Revolución; el periodista luchaba contra los revolucionarios burgueses que querían aprovecharse de ésta y escribió:

”¿Qué hemos ganado nosotros con destruir la soberanía de la nobleza si es reemplazada por la soberanía de los ricos?”

En 1791 fue nombrado diputado de la Convención, una vez que el rey había huído por lo que este acontecimiento suponía el fin de los partidarios de la monarquía institucional.



Pues bien, como vemos Jean-Paul Marat era uno de los revolucionarios más populares del momento. Por una parte, era adorado por los pobres a los que defendía en su periódico y por otra, era odiado por los realistas y los revolucionarios moderados.
Fue responsable de la masacre en la que se ejecutó a aquellos críticos de la Revolución que estaban encarcelados y votó, por supuesto, por la ejecución del rey en enero de 1793.

El día de su asesinato, Marat era un hombre enfermo desde hacía tiempo. Ya no podía acudir a las sesiones de la Convención y escribía los artículos del periódico desde su casa: mejor dicho, desde su cama o en la bañera. Constantemente tenía fiebre y su enfermedad cutánea le hacía volverse loco. El agua le amortiguaba los picores: cubría su cabeza con paños impregnados en vinagre, sólo se alimentaba a base de líquidos y tomaba litros y litros de café solo.

Su muerte violenta hizo que desde entonces se le viera como un héroe de la Revolución.

La asesina

Marie-Anne Charlotte de Corday d´Armont tenía tan solo 24 años cuando comete el crimen. Pertenecía a una familia noble venida a menos y fue educada en un prestigioso convento de Francia. Prometida con un joven partidario del rey, prefirió quedarse en su país antes que huir con él y rehacer su vida.



Su padre y su tío huyeron. Su hermano y su novio corrieron peor suerte: fueron guillotinados. Estos acontecimientos y el hecho de que en su pueblo natal, Caén, estuviera totalmente sóla hicieron que la joven, de ideas moderadas, radicalizase su postura en contra de hombres como los que Marat representaba.

Cuando en su pueblo se refugian una serie de revolucionarios moderados e intentan reclutar partidarios, la muchacha no se lo piensa dos veces: compra un par de zapatos cómodos y se dirige a París para aprovechar una de la sesiones de la Convención y asesinar allí mismo a Marat. Sin embargo, cuando llega y no le encuentra, su decepción es grande, aunque le dura poco tiempo. Decidida, se encamina al domicilio del diputado. Tras un primer intento por la mañana, en el que le deniegan la entrada a la vivienda, por la tarde, es la propia víctima la que, escuchando su petición, le permite la entrada y la visita.
Marat y la joven mantienen una breve conversación. Al final de la misma y como desencadenante de lo que sucedería después, Marie-Anne le interroga sobre el destino de los refugiados moderados en Caén. El periodista le responde que todos serán guillotinados.
Jean-Paul Marat fue apuñalado momentos después en su propia bañera.

La muchacha es arrestada inmediatamente. Cuatro días después, comparece ante el juez por la mañana y esa misma tarde es conducida al patíbulo. Se dice que introdujo su cabeza en la guillotina con la misma sangre fría con la que había asestado la puñalada a su adversario político.

El director de marketing de la Convención

Jacques-Louis David había seguido los pasos políticos de Marat. No sólo era pintor sino que se encargaba de organizar todas las fiestas y eventos revolucionarios que servían como elementos propagandísticos de la Revolución.



David fue el encargado, por supuesto, de organizar el funeral del diputado radical: El cuerpo fue expuesto en una antigua iglesia con el pecho desnudo para que todos los asistentes contemplaran la herida mortal. También fueron trasladados hasta allí, donde serían colocados delante de un pedestal, la bañera y la caja de madera que servía al periodista de mesa, junto con el tintero y la pluma con los que realizaba su trabajo.
Toda una puesta en escena que reafirmaba el gusto por lo sublime francés que caracterizaba al pintor. Todo lo que había aprendido y experimentado con los temas antiguos, lo plasmó magistralmente en el cuadro sobre el asesinato de Marat que la Convención le encargó públicamente pintar.

David convirtió, gracias al lienzo, a Marat en un héroe del pueblo, omitiendo todas las imperfecciones de la piel del periodista y dispuso el cuerpo en un espacio imaginario que por su austeridad y ascetismo simbolizaba la eternidad.
Para dar más realismo a la composición, el pintor encargó una máscara mortuoria del difunto e hizo que le llevaran a su estudio la bañera, el tintero y el cuchillo que le provocó la herida.
La víctima reposa, como puede comprobarse, al modo que se representaba a Cristo en su descenso de la cruz: el brazo colgando, con una inclinación de cabeza sostenida por el hombro y los paños blancos.

Sobre su mano izquierda se representa una carta de la asesina (carta que por otra parte no recibió nunca Marat). En ella puede leerse lo siguiente:

13 de julio de 1793
Al ciudadano Marat
Es suficiente que me sienta tan desdichada para tener derecho a vuestra benevolencia


Como si de verdaderas reliquias se tratasen, sobre la caja de madera el pintor destaca un tintero, una pluma, una carta y un billete.



Estos dos últimos objetos jamás aparecieron en el lugar del crimen. Quizás David quisiera con ellos reivindicar el carácter altruista del diputado que escuchaba las quejas y las peticiones de una gran cantidad de infelices que se había encomendado salvar. En la carta se dice:

Entréguese este billete a la madre de cinco hijos, cuyo marido ha muerto por defender la patria

Para destacar aún más, si cabe, la nobleza de Marat, David pinta en lugar de una mesa, una caja de madera (en la que escribe una pequeña dedicatoria y como fecha, "el año dos” del nuevo calendario revolucionario), y aparece un remiendo en la sábana sobre la que reposa el difunto.

El lienzo, de gran formato, fue colgado en la sala de sesiones de la Convención.

Con los cambios de gobierno, David se olvidó de sus ideales políticos (¡como para no olvidarse después de ver cómo Robespierre fue guillotinado!) y fue acomodándose a los tiempos, tanto es así, que incluso llegó a glorificar al emperador Napoleón (tránsfugas ha habido siempre, ya lo véis).

Fin del sumario contra Marie-Anne Charlotte de Corday por el asesinato del periodista y diputado Mensieur Jean-Paul Marat

LA MANO AM-PUTADA DEL MARQUÉS DEL VALLE, VIZCONDE DE VIEXIN Y SEÑOR DE CARAMIÑAL

LA MANO AM-PUTADA DEL MARQUÉS DEL VALLE, VIZCONDE DE VIEXIN Y SEÑOR DE CARAMIÑAL

Cuentan las crónicas de la época, que en 1889, Ramón María del Valle-Inclán tuvo una pelea en la madrileña Puerta del Sol con el crítico y escritor Manuel Bueno. Éste le propinó tal bastonazo en la muñeca izquierda que uno de los gemelos que Valle-Inclán llevaba en la camisa se clavó de tal modo en la piel que le causó una profunda herida. Por descuido y dejadez, nuestro ilustre escritor no se preocupó por curarse la herida, infectándosele hasta tal punto que le tuvieron que amputar la mano.

Según testimonios de amigos del escritor, éste solía contar la historia de que luchando contra un león, había sido el animal el que de un bocado le había comido la mano. Esta historia la contaba por cuantos cafés de Madrid frecuentara, y la contaba tan orgulloso, comparando su manquedad con la de Cervantes, que se dice que en una ocasión Jacinto Benavente le replicó:

- “Vamos, Ramón, que eso no fue en Lepanto”

Yo os digo una cosa: creo que verdaderamente se la amputeó un león.

CRETINO

CRETINO

“el que sufre de cretinismo”, 1884. Del francés crétin íd., a su vez tomado de un dialecto de la Suiza francesa, donde es la forma local de la palabra francesa chrétien “cristiano”, aplicada allí a los cretinos como eufemismo compasivo.
DERIV. Cretinismo “enfermedad degenerativa que causa alteraciones de la inteligencia y vicios de conformación del cuerpo”.


Habrá que reconocer que se trata de una enfermedad muy extendida y hasta contagiosa en grado sumo que en nuestra sociedad padecen personajes de la vida pública, de cualquier ámbito que de esta última se deriven.
Como ejemplo ilustrativo de afectados por la enfermedad de forma crónica e irreversible, tomemos a todas aquellas hembras del mundo del corazón (y de zonas más bajunas) que no saben hacer la “o” con un canuto porque emplearon su inteligencia para redondearse las tetas con el fin último de que el canuto penetre en mejores condiciones.

En fin, una enfermedad ésta, que desgraciadamente, nunca podrá ser erradicada.

DIO SU REVÉS LA LUZ. Y NACIÓ EL NEGRO

DIO SU REVÉS LA LUZ. Y NACIÓ EL NEGRO

Este pasado fin de semana me ha sucedido algo extraordinariamente raro: he recuperado un libro prestado.
No sé vosotros, pero para mí el hecho de “ofrecer un libro a un amigo con la esperanza de recobrarlo” es un acto de fe y produce una herida en algún sitio de mi corazón. A medida que pasa el tiempo, como en todas las cosas, la herida cicatriza y se cierra. Pero es un cerrarse en falso, porque cuando vas a buscar ese libro a la estantería de casa, no lo encuentras, piensas que la última vez que lo cogiste no lo debiste poner en su lugar acostumbrado, que no, qué tonta, que cenando un día con futano te lo pidió y tú con dolor de corazón, se lo ofreciste con una sonrisa, no hay prisa, no hay prisa, devuélvemelo cuando quieras...

En Memorias de África hay una escena que recuerdo con cariño y que viene a decir que quien no devuelve un libro prestado, se queda con un libro más y con un amigo menos. El que presta el libro, sólo pierde el libro.
Yo, por mi parte, todavía no he llegado a ese extremo, entre otras cosas porque he aprendido a mentir con los años y porque mis amigos, los de verdad, esos a los que presto mis libros, tienen, como los buenos cuadros, las dosis justas de sombras y luces, de claros y oscuros que hacen que el conjunto sea atractivo y armonioso.

Pues bien, el libro que ha vuelto a su casa es el que Rafael Alberti dedica a la pintura.
La cuestión no está en que sea difícil o imposible encontrarlo en el mercado, que no lo es. Incluso en mejores ediciones que la mía. Pero es que la que yo tengo, es una edición del año 78, publicada por Seix Barrall y comentada, subrayada y cochineada por mí.

Como homenaje a esos amigos que devuelven los libros prestados a sus dueños, dedico estos versos surgidos de la mano del poeta gaditano con los que he vuelto a soñar este fin de semana en el que me ha sucedido algo extraordinariamente raro: he recuperado un amigo abandonado.

AL CLAROSCURO

A ti, nocturno, por la luz herido,
luz por la sombra herida de repente;
arrebatado, oscuro combatiente,
claro ofensor de súbito ofendido.

A ti, acosado, envuelto, interrumpido,
pero de pie, desesperadamente.
Si el día tiembla, tú, noche valiente,
si la noche, tú, día enardecido.

A ti, contrario en busca de un contrario,
adverso que al morder a su adversario
clava la sombra en una luz segura.

Tu duro batallar es el más duro:
claro en la noche y por el día oscuro.
A ti, Rembrandt febril de la Pintura.

T. ADORNO Y L. VAN BEETHOVEN: UN PASEO DE LA MANO DE GERARD VILAR

Me permito recomendaros un excelente y hermoso ensayo del fisósofo catalán Gerard Vilar titulado El desorden estético , ed. Idea Books.
El autor defiende la tesis de que el arte contemporáneo y las formas de experiencia estética ligadas a él, al contrario con lo que ocurría con el arte clásico, crean desorden, alteran nuestros esquemas de percepción, de experiencia y de lenguaje. A cambio, tenemos una nueva visión de ver y entender el mundo, incluso, nos ofrece la posibilidad de crear otro diferente. Y esta propiedad creadora va ligada a la sociedad en la que vivimos, esa sociedad que continuamente se transforma social, tecnológica y culturalmente. Por lo tanto, concluye, el desorden estético forma parte necesariamente del orden social.

En el capítulo 7, Vilar se detiene para hablarnos de la filosofía de la música dedicando el artículo a Theodor Adorno y Beethoven.



La importancia que concedió el filósofo de la Escuela de Frankfurt a la música como objeto intelectual tiene más importancia que la que se pueda pensar. De hecho, sus escritos musicales suponen la mitad de los volúmenes editados por el autor. En concreto, aquellos dedicados a Beethoven, publicados después de su muerte, son una recopilación de materiales que fue reuniendo a lo largo de más de treinta años para confeccionar una monografía sobre el músico. El trabajo está dividido en seis secciones, a saber, los escritos fragmentarios e inacabados (3 volúmenes), las notas filosóficas (5 volúmenes), los ensayos poéticos (1 volumen), las lecciones (16 volúmenes), las conferencias improvisadas (2 volúmenes) y las conversaciones y entrevistas (3 volúmenes).
W. Benjamín escribió que para los grandes hombres, las obras concluídas tienen menos peso que aquellos fragmentos en los cuales trabajan a lo largo de toda su vida. ¿Qué no habría sido de la obra que nos ocupa de haberla finalizado el filósofo? Casi ná.

Desde Pitágoras a Platón la música siempre ha estado presente en el pensamiento filosófico y, en la tradición alemana tenemos nombres como Schopenhauer y Nietzsche por lo que el interés de Adorno por este objeto de pensamiento no es único, ni lo hace singular por ello. Sin embargo, han sido muy pocos los pensadores que se han ocupado de la música de forma tan seria y sistemática como él.

El interés de Adorno por Beethoven no es casual: este músico representaba para Adorno la culminación de la tradición musical occidental como en el campo filosófico Hegel la representaba a su vez. En la obra de Beethoven se halla todo lo que luego habrá de venir de la mano de Schönberg y Weber. (Por cierto, os tengo que contar la interesante relación del primero con Loos y Kandinsky, pero eso me da para otro post, así que habrá que esperar).



Para Adorno la música es la expresión del espíritu humano. Además de sostener una concepción expresivista de la música y de su origen, mantiene la teoría de que toda composición es la materialización de una interacción de fuerzas entre la lógica que imana de la música y la sociedad. Existe una relación, pues, entre la obra musical y la sociedad, pero no de reflejo, sino de refracción. Beethoven es el paradigma musical de la burguesía revolucionaria y su música está estructurada como dicha sociedad. Así, esa relación de refracción se produce a partir de la autonomía de la obra. La música no es imagen de otra realidad, es conocimiento sin conceptos de la sociedad.
La música está, a un mismo tiempo, cerca y lejos del lenguaje. Cerca, como en Bach, pues se trataría de un lenguaje discursivo puramente musical y, lejos, como en Beethoven, porque su música puede hablar “sin palabra, imagen o contenido”.

Por otro lado, nos dice Adorno que la música occidental lleva un camino paralelo de racionalización como otros ámbitos de la esfera cultural. Si con Newton despega un proceso de dominio de la naturaleza, con Bach comienza el proceso de dominio de la naturaleza musical aunque diferenciándose del primero en su carácter no subordinador: existe una oposición entre la racionalidad estética o mimética y la mera racionalidad instrumental.
La tonalidad tradicional es sólo una etapa del desarrollo de la música y es la tonalidad, el material con el que Beethoven lleva al extremo la racionalización musical llegando a un punto de no retorno al que llamamos atonalismo. Lo sublime artístico que caracterizará a la música de vanguardia está presente en la obra beethoviana: carencia de imágenes o imágenes de aquello que carece de imagen, la desmitologización de la música, la autonomía musical. Como en la filosofía hegeliana, la música de Beethoven sólo expresa su contenido como palabra y concepto mediadamente, como filosofía, como lógica formal ya que “la reproducción de la sociedad como un idéntico es insuficiente, incluso es falsa”.



El concepto de sistema hegeliano queda representado en la música de Beethoven por la tonalidad; el concepto de negación viene dado por la fractura melódica antes de que ésta culmine como nos lo muestra en el comienzo de la Heroica o en el primer movimiento de la octava Sinfonía.
El arte y la filosofía van estrechamente cogidos de la mano. Para Adorno, la verdadera experiencia estética tiene que convertirse en filosofía o no es absolutamente nada.
”Toda obra de arte, aún la más hermética, habla con el lenguaje de su forma más allá del pensamiento, por muy rudimentario que sea, y, como éste no se queda quieto, necesita también de la filosofía como proceso pensante, pero de modo que no lo deshaga todo guiada por prescripciones normativas. Y como el pensamiento es universal, toda reflexión nacida de la obra de arte le será exterior y su fecundidad se medirá por la luz que arroje al interior de la obra”

PUCCINI Y LA SOPRANO DE CANTO RODADO

PUCCINI Y LA SOPRANO DE CANTO RODADO

Ya sabéis, como hoy es viernes y se me presenta por delante un espléndido fin de semana (esto no lo sabéis pero yo os lo digo), aquí os dejo una anécdota musical.

Puccini tenía fama de ser muy duro con sus cantantes femeninas. Se dice que incluso les exigía que se levantaran de madrugada para ensayar y les pedía que sus agudos fueran perfectos.
Cuentan que preparando Tosca, el compositor había ideado que la protagonista cantase el “Visi d´arte” sentada en un sillón, sin embargo, lo más frecuente es que ésta lo interprete tumbada en el suelo boca abajo. ¿Por qué este capricho genial?
Pues todo tiene una explicación:
en uno de los ensayos en Viena al que asistía el músico, el cantante masculino propició tal empujón a la soprano que la tiró al suelo, haciéndola rodar por el entarimado, quedando ésta boca abajo. La cantante, con toda la profesionalidad del mundo, continuó cantando. Puccini quedó impresionado por el efecto y decidió que ésa era la mejor posición que hubiera podido ocurrírsele jamás.

Así que dicho esto, tened cuidado, que no sé yo si es bueno tener un genio cerca.

Hasta la próxima. Os deseo un buen fin de semana.

EL CARRO DE HENO O LA CONDENACIÓN DE LA HUMANIDAD

Esta semana me toca la vena sensible y artística y he decidido pasear con vosotros a través de una obra que siempre me ha llamado la atención. No se trata de la obra más conocida del autor pero no deja de ser, por ello, menos interesante.
¿nos vamos?

Hieronymus van Aken, más conocido por su nombre artístico, El Bosco pintó entre 1485 y 1490 (se desconoce la fecha exacta de su ejecución) un insólito tríptico repleto de personajes y objetos que, en apariencia, no guardan relación entre sí, aunque este hecho no debiera de sorprendernos en las obras de este personaje tan surrealista.
La obra, titulada El carro de heno, es un tríptico compuesto por tres tablas donde, al cerrar las dos laterales, aparece un pasaje titulado El Camino de la Vida en el que se representa a un viandante -posible Hijo Pródigo- envuelto en los peligros del viaje (para que luego hablen del Ave Zaragoza-Lleida...)
Veámoslo:



Una vez abiertas las tablas, el postigo izquierdo está dedicado a la Creación, el Pecado Original (por algo nunca me han gustado las manzanas) y la consiguiente expulsión del Paraíso de Adán y Eva. A lo lejos vemos a Lucifer precipitándose al vacío acompañado de otros colegas (los ángeles rebeldes son representados como insectos, con rabo en su mayoría), amantes también de los deportes de riesgo como éste de caída libre.

Aquí lo tenemos:



En el postigo de la derecha se nos presenta el infierno, con la construcción de una torre y el castigo de los pecados. La verdad es que hay mejor ambiente que en la tabla anterior, pero mejor no nos fijemos en los pequeños detalles que allí se reproducen porque entonces una no coge postura en el asiento mientras escribe esto.
Para que lo comprobéis vosotros mismos, voici les faits:



Una vez que os he presentado las dos tablas laterales, me gustaría que nos centrásemos más en el postigo central que tiene tela. La obra, en su conjunto, parece un retablo, pero si normalmente la figura central es un Cristo en la cruz, El Bosco pintó un carro de gran tamaño directamente proporcional a la superficie pictórica disponible.

Del carro, cargado de heno, surge un matorral. En este espacio, por encima de todos, encontramos tres personajes ignorantes de la movida, dedicados a la música y flanqueados por un demonio y por un ángel que, para qué negarlo, es el único que dirige su mirada al cielo, donde se encuentra Cristo mostrando las heridas de la cruz con gesto de desamparo. Tras estas figuras, dos amantes vigilados de cerca por un voyeur redimido por el matorral. Diferentes formas de comunicación, como vemos, unos a través de la música, otros a través del amor.

El paisaje de fondo, difuminado, bueno, muy difuminado, contrasta con el paisaje que se nos presenta a primera vista. Es como si con el primero, tan hermoso y apacible, se quisiera reconciliar al espectador con el caos y la aridez del segundo. Perdonad, todavía no os lo he mostrado. Cachis...:



Detrás del carro y a caballo, aparecen el emperador (Maximiliano de Habsburgo), el rey (soberano de las provincias flamencas) y el Papa, como si fueran escoltando la hierba. La acumulación de riquezas, representada por los dos primeros, es un tema de actualidad en los tiempos de El Bosco tanto como la decadencia de la Iglesia Católica, representada por el tercero. La importancia de lo material sobre lo espiritual queda reflejada con maestría por el pincel del flamenco. Y no sólo la cabeza de la Iglesia queda en entredicho, también la opulencia y el bienestar material salpica a clérigos y monjas como podemos observar en la parte inferior derecha de la tabla.

Alrededor del carro se nos muestran hombres y mujeres que utilizando sus propias manos, ganchos, horcas y otros útiles intentan arrancar el heno ignorando la escasa estabilidad del carro. Es tal la algarabía que se produce que vemos algunos personajes debajo de las ruedas (¿no os recuerda esto a una deliciosa tarde de domingo disfrutando del deporte nacional en un estadio abarrotao?).
Todos desean apoderarse del heno.

El carro está tirado por extrañas criaturas mitad humana, mitad pez una, y otros con aspecto típicamente demoníaco. Aunque en un primer momento podamos pensar en estos personajes como caprichos del pintor, no olvidemos que Dios separó las especies y estos híbridos no hacen más que recordarnos su oposición al orden divino. Han salido del infierno. Satán, según el Apocalipsis, es el seductor del mundo entero. Sus ayudantes seducen al hombre orgulloso y avaro con el heno. Detrás, un grupo de personas se amontona intentando salir de una trampilla de madera.
Lo sorprendente de la imagen central del tríptico no sólo es la carga de heno, sino el movimiento progresivo del carro. El hombre medieval sabe que la humanidad se dirige a un fin último, a la resurrección de los muertos, al Juicio Final. Cuanto más heno recopilemos mejor. Morimos, incluso, por ello; quedamos sepultados en el camino, bueno, todos no. Los soberanos cabalgan tranquilos, evidentemente, la carga les pertenece por derecho. Fijáos también en lo fácil que obtienen el heno las monjas de la parte inferior de la tabla: sólo tienen que introducirlo en un saco mientras el abad solicita más bebida (se habrá quedado seco el tío de dar tantas órdenes).
Junto con los personajes que reposan sobre el carro, los de esta parte inferior del “retablo” son los que aparecen con una sorprendente actitud de reposo. Son los pendencieros y codiciosos. Observad cómo, en la parte inferior izquierda, una especie de titiritero porta un bebé en sus hombros y habla con un niño, ambos raptados. Junto al hombre, una gitana lee la buenaventura a una dama, mientras el hijo de la primera registra los bolsillos del vestido de la señora (¡cómo si estuviéramos en el Rastro, señores...!). A la derecha, un curandero maltrata a un paciente (y luego nos quejamos cuando vamos al ginecólogo; vamos, puro vicio) y cerrando el círculo, una monja intenta agarrar a un diablillo que toca la cornamusa, símbolo del miembro viril (no entiendo bien para qué lo querrá la hermana, cosas de la abstinencia...supongo).
Por encima de todos estos últimos personajes, muerte y asesinato.

La avaricia es el pecado principal que se representa en el tríptico. También la gula queda suficientemente ilustrada. La posesión es peligrosa.
¿No os parece que los hombres de nuestro tiempo no son tan diferentes a los personajes que nos pintó El Bosco?
¿no os parece que lo que estamos haciendo con nuestra naturaleza se asemeja cada vez más al paisaje árido, sin agua y sin plantas que domina la tabla central?
¿estamos tan lejos, como el espectador del cuadro, de ese paisaje del fondo que nos muestra un mundo en desaparición?
Ya sabéis, los únicos paraísos que existen, son los paraísos perdidos.

HOMO CABREATIS VERSUS HOMO GENIALIS

HOMO CABREATIS VERSUS HOMO GENIALIS

Se cuenta que el genial compositor Ludwig van Beethoven tenía dos hermanos con los no mantenía muy buenas relaciones. Además de no sentir por él ningún tipo de amor fraternal tampoco sentían admiración alguna por su música.
Uno de sus hermanos, Johann, poseía una farmacia con la que se enriqueció en las guerras de Napoleón contra Austria. Con ese dinero (y con mejor resultado que en el cuento de la lechera), compró Johann varias tierras que le resultaron muy rentables.
Una navidad, su queridísimo, le envió una felicitación que firmaba de esta manera:

Johann van Beethoven
Terrateniente


El famoso compositor, haciendo acuse de recibo, respondió a su hermano con otra felicitación navideña que firmó así:

Ludwig van Beethoven
Cerebroteniente


Como podemos comprobar, la genialidad del compositor, no se limitaba sólo a la música. Con buen ritmo, a tempo, in crescendo y sin calderones, puso firme al hermanito. Y es que hay algunos que se les desarrolla el cuerpo a expensas del cerebro.
Pobres...

Que paséis un buen fin de semana, eso es, eso es, eso es todo amigos.

RIPIO

RIPIO

“Cascajo empleado para rellenar huecos en albañilería”, 1589, de donde “relleno de un verso”, 1599, y en América “grava, guijo”. Origen incierto. Es poco probable que venga del griego eréipon “escombros”, voz que no ha dejado huellas en latín ni en otras lenguas romances. Más bien se tratará de una forma mozárabe afín al mozárabe rípel “cascajo”, catalán reble “ripio”, portugués rebo “guijarro”, que proceden del latín replum, derivado de replere “rellenar”.

Bloguero y bloguera paseante
Que me hacéis emocionante
Este viaje del escribir
Sin, a cambio, nada recibir.

Que yo os diga qué es “cascajo”
Quizás os importe un carajo.
Y que “ripio” tenga de albañil
Lo que yo de guardia civil.

Pero como dice el refrán popular
Que yo en política no quiero pulular:
Acostarte no has,
sin saber una cosa más.

POR PRESCRIPCIÓN FACULTATIVA

POR PRESCRIPCIÓN FACULTATIVA

No tengo otro remedio. Mi marido se ha partido de risa hasta reventar. Después de humillarme con el título que había elegido para uno de mis temas, a saber, La torre de Segismundo, el viernes pasado viene, con actitud cariñosa por si las moscas, y me dice:

-qué gongoriana eres. ¿No podías haber dicho de forma más simple en tu último post que lo que te ha pasado es que has vuelto a perder las estadísticas del blog?

Me está haciendo luz de gas, lo sé, estoy prácticamente convencida. Pero bueno, que por mí no quede, señores:

El viernes desparecieron por segunda vez las estadísticas de mi blog. STOP
Me joroba mucho el haberlas perdido. STOP
Visité otros blogs y comprobé que éstos también las habían perdido. STOP
Hay que hacer copias de los post porque un día pueden desaparecer también. STOP
Espero que mi marido se quede tranquilo. STOP
Hoy se tendrá que hacer solito la comida. STOP
venganzas gongorianas...STOP