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JOHN CAGE O NO LEA ESTE POST PLAGADO DE TACOS Y EXABRUPTOS SI USTED ES UNA PERSONA SENSIBLE ...Y DECENTE

organo de halberstadt

Mi querido cuñado E. es un magnífico organista. Ambas afirmaciones son veraces. Sé que mi querido cuñado E. me quiere y, sobre todo, me conoce. Mi querido cuñado E., educado musicalmente hablando en un país vecino de costumbres refinadas donde al queso se le llama fromage, que ofrece conciertos en USA y como ya les dije recientemente en Notre Dame de Paris, me envía un correo electrónico con una noticia que les paso a detallar y cuyo título es el siguiente: El concierto más largo del mundo cambia de acorde.

HALBERSTADT, Alemania (AFP) - El concierto más lento y más largo del mundo, que debe terminar en el año 2639, cambió este jueves a un nuevo acorde, que deberá tocarse varios meses en el órgano de una iglesia de Halberstadt, en Alemania.

En esta iglesia abandonada tiene lugar desde el 5 de septiembre de 2001 el recital de una obra del compositor experimental estadounidense John Cage (1912-1992) titulada ’organ2/ASLSP’, las siglas de ’As SLow aS Possible’, que traducido quiere decir ’Lo más lento posible’...

Este jueves, un acorde compuesto por un la, un do y un fa sostenido, ha sustituido al acorde compuesto por un sol sostenido y un si tocado desde el 2 de febrero de 2003. Dos mi de una octava de intervalo están siendo tocados desde julio de 2004 y seguirán hasta el 5 de mayo. Las teclas del órgano son mantenidas en las notas con pesos durante la duración necesaria. El próximo cambio de notas, a menos que intervenga el músico que toca, tendrá lugar en 2008.

La primera parte de la obra, entre 2001 y 2003, se componía de un largo silencio.

John Cage creó esta parte en 1985, antes de hacer una versión de 20 minutos para piano, que reescribió para órgano en 1987 en una versión totalmente teórica que deberá ser tocada durante 639 años.

Los responsables del proyecto del John Cage Organ Project decidieron tocar ésta última parte en el órgano Blockwerk de la iglesia de Halberstadt, un instrumento construido en 1361, justo 639 años antes de que el proyecto se decidiera hacer, en el año 2000.

Varias celebridades locales ya han reservado su sitio para los próximos cambios de nota, cuyos beneficios recaudados irán a la restauración del órgano. Los años 2064 y 2222 ya están reservados, por tanto, igual que el final de la obra, en 2639. Una alemana desea festejar allí su 667 cumpleaños.

John Cage, alumno de Arnold Schonberg, es el autor de ’4’33’, una obra para orquesta de cuatro minutos y 33 segundos... de silencio.

Cuando una se cabrea como una mona debe mantener su lengua (en estos casos bicéfala y no viperina) a buen recaudo para que en el caso de automordedura no fallezca por el veneno que contiene. Pero ya me conocen ustedes, y en ese período de ovulación neuronal espontánea como es este caso, la constricción se convierte en utopía. Leo la noticia y no me lo puedo creer (de lo que se deduce que mi capacidad de sorpresa sigue en vigor y vigorosa).

El John Cage ya me caía mal de cojones con sus “cuatrominutosytreintaytressegundos ” de impagable silencio a pesar de que Palimp tratara de convencerme de lo contrario y sin ningún resultado a las tres de la madrugada en un pub donostiarra frente a mi chupito de orujo blanco. La monarquía me pone casi hasta llegar al orgasmo republicano, Tita Cervera desarrolla su función en el mundo del arte tan eficazmente como el escarabajo pelotero transporta sus bolitas de mierda de aquí para allá; el Barceló desparrama vómitos de perra marina en la catedral de Palma, pero nada ni nadie –en mi universo particular de apestados- llega a la suela del zapato al mister Cage. Debe de ser apasionante, orgiástico, afrodisíaco y, sobre todo, laxante el poder ser testigos de esta obra de arte musical que entrará en el libro de los récords no sólo por ser la más lenta del mundo, la más larga del mundo sino además, por haber sido parida, vomitada, cagada u orinada por un tipo que, sin conocerme, se ríe -después de muerto- de mí en mi cara y que, a más INRI, su proyecto es financiado por unos perritos falderos que con sumo placer consentirían –visto lo visto-, en introducirse por el ano, uno por uno, el la, el do y el fa sostenido de un acorde cagiano.

Eso sí, ojalá que a la alemana que ha pagado por festejar allí su 667 cumpleaños, le suene para toda la eternidad el puto acorde de los cojones y que no disponga, allá donde esté, ni de tapones para los oídos, ni papel para limpiarse el culo.

He dicho.

post data: por si alguien quiere ver el programa completo aquí les dejo la página donde, desde su casa, podrán proferir insultos gratuitamente.


WILLIAM TURNER: PAZ. FUNERALES EN EL MAR

“La Tierra tiene bordes de féretro en la sombra.”

César Vallejo, “La copa negra” en Los heraldos negros


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El 1 de junio de 1841 fallecía a bordo del vapor que le traía de regreso de su viaje a Palestina, David Wilkie , gran amigo y colega de Turner. Llegado al puerto de Gibraltar, el navío se ve obligado a seguir su camino de muerte y no puede atracar por la negativa de las autoridades ante el temor a la peste que está haciendo estragos en el Próximo Oriente. El cadáver del escocés es sepultado, esa misma noche, en el mar.

En 1842 pinta Turner este óleo sobre lienzo a modo de elegía por la muerte de su amigo. La escena está dominada por una luz turbia y mortecina que cielo y agua recogen con la fría claridad de la muerte. Sólo un punto cálido se concentra en el centro mismo del cuadro coincidiendo con la sepultura de su gran amigo, al descender su cuerpo al agua, iluminado por el fuego de las antorchas.

El luto del casco del barco se rompe en dos por el cono de luz. Como el corazón de Turner. Como el corazón de cualquiera de nosotros ante cualquier tipo de orfandad y abandono. De todo el cuadro, las dos velas negras de proa se destacan de forma especial. Su nítido contorno contrasta con la difuminación de todo aquello que vemos. El reflejo de la embarcación en el agua se extiende peligrosamente hacia nosotros, espectadores mudos del velatorio: la muerte vendrá a recogernos tarde o temprano porque la tierra tiene bordes de féretro en la sombra.

GERARD TERBORCH: LA CARTA REHUSADA

Hoy les presento una historia inacabada. Entiéndanme, no se trata de que la obra –en este caso un óleo sobre tabla- no esté terminada, sino de que la historia que narra queda en suspenso. Pero si les parece, hablemos de esto un poco más tarde, tras una breve introducción.

Gerard Terborch pertenecía a la generación de Vermeer, magnífico artista del que ya hemos hablado en más de una ocasión, y encarnó la última fase importante de la pintura holandesa de género. A partir de mediados del siglo XVII, el cuadro holandés de género y sociedad experimentó ciertos cambios. Desde el punto de vista formal la importancia dada a los materiales y al tratamiento de superficies era prioritaria y, desde el plano temático, se observa una preferencia por los ambientes nobles, prácticamente cortesanos. Desde este punto debemos contemplar hoy La carta rehusada, ejecutada por Terborch hacia 1655.

gerard terborch la carta rehusada

Como es nuestra costumbre, pasemos a detallar qué vemos: un hombre joven, ataviado con un pintoresco uniforme de soldado, ha sido recibido por una dama en una estancia burguesa para entregar una carta. Se trata de un mensajero, sin lugar a dudas. Si nos ocupamos en contemplar el gesto de la dama, pronto advertimos que éste no deja de ser un tanto extraño: la mujer retrocede ligeramente y esconde la mano en lugar de adelantarla para coger la carta. La criada muestra su sorpresa, expectante ante la actitud de su señora. El perro, cómodamente tumbado entre terciopelo, ladra al mensajero.

Si perteneciéramos a la sociedad de la época, podríamos interpretar las claves sin dificultad. Se trata, a todas luces, de una carta de amor. Nos lo dice un objeto presente en el fondo del cuadro: la cama. A pesar de ello, nuestra joven dama camina por los senderos de la virtud, como demuestran los objetos que se encuentran sobre la mesa: el lavabo y el cepillo simbolizan limpieza y pureza aunque, el espejo y el collar de perlas nos dicen que la dama no carece de un puntito de vanidad.

Como expertos observadores que somos ya, no se nos puede escapar que este óleo nos está contando una historia, pero la narración se ha convertido en cuadro en un momento de la acción en que se ha producido una pausa; como si Terborch jugara con nosotros, espectadores ávidos de información, y hubiera congelado la imagen de su película.

¿Qué hará el mensajero con la misiva? No lo sabemos, la dama se encuentra reticente a aceptarla y la criada espera expectante la decisión de su ama. Dada esta situación, el climax de la historia no se ha podido alcanzar y en este punto podríamos hablar de un “punto de naturaleza muerta” característica de la pintura holandesa en la que todo, objetos y personajes, parece haberse detenido.

Dejemos, pues, que la narración continúe en cada uno de nosotros, mientras tanto, mantengamos los cinco sentidos atentos y despiertos.

Si me lo permiten, para que el desenlace sea más sugerente, yo por mi parte estoy convencida de que la dama no va a coger la carta. Su fidelidad queda demostrada por algo que Terborch se encarga de colocar en el cuadro mismo. ¿Saben de qué les hablo?

Miércoles 18 de enero: efectivamente, como apuntaba ayer en su comentario Francisco, se trata del perro. No deja de ser una interpretación propia... El perro desde la Edad Media, se ha considerado símbolo de fidelidad y ha sido asociado, en la mayoría de los casos, a la figura femenina (fidelidad conyugal). Si observan con detenimiento, el perro ladra al mensajero de la misiva de amor, pero está seguro dentro de la estancia: continua acostado sobre el taburete de terciopelo aunque avisa, con sus ladridos, al intruso. En fin, amigos, el amante en cuestión tendrá que esperar por más tiempo a su amada.

 

TIO PETROS

chus


Ayer se despidió Tio Petros de todos nosotros con un último post que -les aseguro- le costó escribir más que ningún otro. Me sumo, como lectora de su magnífica bitácora, a la expresión de orfandad que muchos han plasmado en sendos comentarios y en sus propios blogs. Como esposa y amiga, haré todo lo que esté en mi mano para que retome esos paseos por la belleza de la matemática lo antes posible.

Por él, por mí, por todos nosotros.

Gracias.

EL CÍRCULO DE LA SABIDURÍA (desenlace)

Aquella noche, el pintor apodado Botticelli, ya tenía los bocetos perfectamente diseñados del encargo que generosamente abonaría Giovanni Tornabuoni, tío de Lorenzo el Magnífico y director de la importante filial romana del banco Médici. Sin más dilaciones y tras una larga noche sin descanso, el artista se dirigía a Villa Lemmi con todos los materiales necesarios para hacer sus obras realidad. Al final de aquel día, el artista, agotado, había finalizado el primero de los frescos, aquel cuya protagonista fuera la hermosa Giovanna, perteneciente a la vieja familia de los Albizzi.

Venus y las musas regalando flores a Giovanna

La novia aparecía ataviada, en la parte derecha del fresco, con un rico atuendo. Frente a ella, Venus, quien la recibe echando rosas como símbolo de belleza y amor; rosas que la muchacha recoge con el paño blanco que sostiene entre sus manos. Tras la diosa, las Gracias y un angelote que sostendría uno de los escudos de cada una de las familias de los contrayentes.

- Magnífico trabajo, maestro –apuntó Giovanni Tornabuone al punto que contemplaba el fresco-. Si lo deseáis, podéis ocupar uno de los dormitorios de palacio a fin de que no perdáis tiempo en viaje alguno. Si precisáis de algún material, pondré un sirviente a vuestra disposición.

Alessandro no lo dudó un instante y aceptó con agrado la invitación de su cliente. Cuando el sol comenzara a desperezarse al nuevo día, él ya lo tendría todo dispuesto para trabajar con el segundo de los frescos.

Así pues, el artista, apodado Botticelli, concentró todos sus esfuerzos y apenas si se había ocultado el sol del siguiente día, ya podía contemplar su magnífica obra terminada.

lorenzo tornabuoni en el circulo de la sabiduria

En el segundo de los frescos podía verse a Lorenzo Tornabuoni siendo introducido por la personificación de la Gramática en el círculo de las siete artes liberales, sobre la que se encuentra entronizada la Sabiduría. Como mandaban los cánones de la Antigüedad, se podía reconocer a cada una de las artes por los atributos que portaban: la Retórica, en el fondo a la izquierda, con el rollo, la Dialéctica con el escorpión, cuyas tenazas representan las posiciones contrapuestas del pensamiento dialéctico, la Aritmética con una hoja de fórmulas matemáticas. Sobre un trono elevado sigue la Sabiduría; a continuación, la Geometría con una escuadra, la Astronomía con la esfera celeste y, por último, la Música con un pandero y un pequeño órgano portátil. Contemple, paciente lector, cómo había ideado la obra el maestro, ya que no había olvidado detalle alguno: la Gramática se representaba tradicionalmente siendo acompañada por un niño y en este caso, además, por el mismo Lorenzo Tornabuone quien iba a ser presentado al resto de las artes.

La Sabiduría saluda al joven muchacho levantando su mano derecha mientras que con la izquierda sostiene una rama de olivo, símbolo de la concordia reinante entre las artes.

Una vez hubo mostrado el artista a los novios el significado de cada uno de los frescos, éstos se miraron tiernamente, como sólo los enamorados saben hacerlo. Tras un leve roce entre sus manos, un silencio atronador se apoderó de los corazones de ambos, hasta tal punto que las lágrimas corrían por sus mejillas huérfanas de consuelo alguno.

- ¿Qué os ocurre muchachos? ¿acaso mi obra os ha defraudado? –apuntó Alessandro-.

- No es eso, señor, -replicó Lorenzo-, es que hace un par de noches ambos vivimos un extraño sueño que paso a relatarle. Una extraña luz hacía añicos los cristales de la ventana de nuestros dormitorios y justo en el centro de la estancia, un hombrecillo nos hablaba: “Pedidme un deseo y os lo concederé. A cambio sólo os exigiré que carguéis el resto de vuestros días con él”. Y acto seguido, señor, Giovanna deseó en su dulce sueño amarme eternamente y yo… yo… dedicarme en cuerpo y alma al estudio de las artes, y entre ellas a la más querida para mí, la Aritmética. Fijáos en vuestra propia obra, mi futuro se refleja en ella. Contemplad su belleza: es la única de todas ellas que me mira con detenimiento y alza su tímida mano para darme la bienvenida. En ello consiste mi desesperado deseo, en entregar todo mi ser a alcanzar la Sabiduría.

Y dirigiéndose a la muchacha, le habló con estas palabras:

- Esta mañana, muy temprano, he comprendido que no te haría feliz, amada mía, pues la Sabiduría es amante ingrata: cuanto más me acerque a Ella, más se alejará Ella de mí; cuanto más feliz Ella me haga, más infeliz te haré yo a ti.

De este modo se deshacía un gran amor entre dos deseos. Así los muchachos quedaban condenados, al igual que ambos frescos, a mirarse el uno frente al otro, ante una única barrera que no era otra que sus propios anhelos.

Una vez que Giovanna, la que nunca pertenecería a la vieja familia de los Tornabuone, hubo abandonado la estancia, el joven Lorenzo interrogó de esta manera al pintor:

- Decidme, maestro, a vos ¿qué os pidió?

- Al igual que a vosotros, el hombre de los cipreses me interrogó acerca de aquél de entre mis deseos que de hacerlo realidad me hiciera imposible conseguir uno cualquiera de los demás. Me faltó tiempo para que de mi boca brotaran las palabras, "inspiración", "prestigio" y "fama para siglos venideros". Sin embargo, le faltó tiempo a mi corazón para que mi boca pronunciara las dos únicas palabras que hasta ese día habían movido mi deseo de vivir: Simonetta Vespucci.

El círculo de la Sabiduría se ha cerrado, estimado Lorenzo, y ambos nos hemos quedado encerrados dentro.

EL CÍRCULO DE LA SABIDURÍA

Hoy, me van a permitir que les cuente un cuento. Como todos los cuentos, está inspirado en lo que algunos vienen a llamar la realidad; como todos los cuentos, la ficción habita donde le place. Como todos los cuentos, tiene un desenlace: que sea feliz o no, lo decidirán ustedes. Como en todos los cuentos, usted, Sr. lector, será movido por el mismo mecanismo que movió a los protagonistas: el deseo.

Todo comenzó allá por 1486, cuando en Villa Lemmi, cerca de la ciudad de Florencia, se ultimaban los preparativos de la boda de Lorenzo Tornabuoni y Giovanna degli Albizzi. El padre del novio, Giovanni Tornabuoni, era tío de Lorenzo el Magnífico y director de la importante filial romana del banco Médici. Giovanni había deseado siempre lo mejor para su hijo y quería demostrárselo de una forma original: encargó pues a un pintor famoso apodadoBotticelli , que con ocasión de la boda de su hijo Lorenzo, pintara para él dos frescos cuyos protagonistas fueran respectivamente su amado hijo y su hermosa prometida Giovanna, perteneciente a la vieja familia de los Albizzi.

A pesar de la buena cantidad de dinero que recibiría como pago del encargo, el tiempo límite que don Giovanni había impuesto para ejecutarlo le resultaba insuficiente al maestro y así se lo hizo saber. El comitente, acostumbrado como estaba por su oficio a que sus órdenes fueran cumplidas, le hizo saber que no transigiría en un solo día más de lo pactado. “A cambio, maestro, os permitiré, avalado como estáis por la fama que os antecede, que seáis vos mismo quien escoja el tema de las obras”.

De este modo transcurrían los días y las noches, y el pintor, cuyo nombre de pila era Alessandro, no había tocado aún pincel alguno. Acuciado por el tiempo, decidió pues llamar a los novios para conocerlos mejor, a fin de obtener de ellos alguna idea en la que inspirarse.

Habiendo escuchado atentamente a los jóvenes durante el transcurso de un sosegado y hermoso paseo por palacio, el famoso pintor apodado Botticelli, miraba, a la mañana siguiente, absorto, por la ventana de su taller. La falta de sueño, la fatiga y el peso ya insoportable del poco tiempo disponible para ejecutar su encargo, contribuyeron a que los hechos que a continuación voy a relatarles, transformaran el curso de los acontecimientos. El maestro, cuyo nombre de pila era Alessandro, se encontraba pues mirando por la ventana de su taller con la vista fija en un punto del horizonte donde dos cipreses magníficos parecían insultar a Dios con su esbeltez y fortaleza. Entre sus ramas, una luz brillante, impropia de esa hora del día, se acercaba a la ventana del pintor irradiando una energía tal que le hizo apartarse de inmediato del mirador. Con la fuerza de un rayo, un hombrecillo misterioso surgió en el centro de la estancia. Aunque parezca mentira, el maestro no tuvo miedo pues aunque misterioso, el aspecto de aquel ser sólo le ofrecía confianza.

- Dime, hombre extraño, ¿quién eres? –preguntó Alessandro-.

- Mejor te diré qué negocio me trae hasta aquí –contestó el hombrecillo-.

- Habla, pues, que todo negocio ha de ser de alguna manera beneficioso para ambas partes. Te escucho…

…continuará.

UN EPISODIO DE MI VIDA

UN EPISODIO DE MI VIDA

El siguiente relato data de 1903. No, no vayan a pensar por el título que pueda tratarse de un episodio mi vida (una intenta conservarse pero no hasta este punto), sino de la vida de Adolf Loos, artista admirado con el que quiero comenzar el año postero.

Como repetía la protagonista de Desayuno con diamantes, en el mundo existen los canallas y los supercanallas. Permítanme que corrija la clasificación de la dulce aristócrata y añada de cosecha propia lo siguiente: en el mundo existen los gilipollas y los no gilipollas. Es evidente que formo parte del segundo grupo, afirmar lo contrario me haría formar parte de otro subgrupo denominado de los imbéciles. Bien, comprueben ustedes hasta qué punto nuestra sociedad, nuestro modus vivendi no ha cambiado tanto desde que Loos protagonizó la anécdota que les voy a contar a continuación; comprueben ustedes qué fácil resulta desenmascarar al supercanalla, al gilipollas, al imbécil.

En ocasiones no es necesario ni poseer, para combatirlos, una gran destreza. Juzguen por sí mismos.

“Me encuentro por la calle al famoso decorador moderno X.

Buenos días, le digo, ayer vi una vivienda decorada por usted.

¿Ah, sí? ¿Cuál?

La del doctor Y.

¿Cómo? ¿La del doctor Y? Por amor de Dios, no mire una porquería semejante. La hice hace tres años.

¡Qué raro! Ve usted, querido colega, siempre he pensado que entre nosotros existía una diferencia fundamental. Ahora veo que sólo se trata de una diferencia de tiempo, que puedo expresar en años. ¡Tres años! Por aquel entonces yo ya afirmé que era una porquería y usted lo hace sólo hoy.”

Loos, A., "Ornamento y delito y otros escritos", Ed. Gustavo Gili, Barcelona, 1980, p.155

Hasta mañana.

EL HERMOSO PRESENTE DEL REY PALIMP

Hay deseos que nadie plasma por escrito en su carta a los Magos. Deseos no solicitados expresamente pero al fin y al cabo deseos. Un año más, sin pedirlo, el Rey Palimp , aquél que vive en Oriente, me ha dejado un presente. Un hermoso regalo de amistad que no se encontraba debajo del árbol, sino dentro de esta máquina que nos acerca a todos. Mientras escucho Moon River interpretado por Louis Armstrong cuelgo este mensaje de gratitud y les hago partícipes del presente. Los que me conocen sabrán leer entre líneas .

Gracias a todos por vuestras felicitaciones, gracias a tí, Palimp, por lo que nos regalas a todos, todos los días.

nota: para que nadie ponga en duda la magia y la inteligencia de este Rey, les haré una confesión: la performance data del mismo año de mi nacimiento.

¡Eres un mago y un genio!.

Regalo de Palimp

LA MARCHANDE D´AMOURS

la marchande d´amours

Este óleo sobre lienzo fue ejecutado en 1763 por Joseph-Marie Vien como encargo directo de Madame Pompidou. Es una obra cuya temática me sorprende y conmueve. Espero que los Magos dejen un cestillo como ése a quien haya solicitado este regalo, mientras tanto les dejo la imagen para su disfrute.

Yo, por mi parte, obtendré de los tres Reyes un regalo que no quiero dejar de recibir: un año más.

Soy afortunada… me lo traen de muy, muy lejos.

Séanme buenos, que los tres de Oriente todo lo ven.

Un abrazo

BUENOS DESEOS

BUENOS DESEOS

Les deseo lo mejor para el nuevo año que está en puertas.

ENCUENTROS POR NAVIDAD

ENCUENTROS POR NAVIDAD

Hoy, veintinueve de diciembre, mientras escucho Les avions en papier escribo estas líneas para decirles que esta tarde recibo un regalo –a modo de encuentro- de Navidad. No concibo mejor regalo ni mayor alegría.

Hoy, veintinueve de diciembre, voy a conocer a Palimp .

LIBIAMO, LIBIAMO (4/4)

caballero y dama tomando vino-vermeer

Hoy finalizamos con la serie de post dedicados al vino en la obra de Vermeer. La obra que hoy vamos a contemplar se titula Caballero y dama tomando vino y observen cómo el artista nos obliga, como testigos mudos de nuevo, a alejarnos aún más de la escena representada de tal forma que las figuras que la componen no advierten nuestra presencia. Dejémoslo estar…

La distancia a la que hago referencia arriba nos permite contemplar en esta ocasión el suelo de la estancia. Se trata de un embaldosado que forma un tablero de ajedrez tan famoso en la obra de Pieter de Hooch que sin duda el pintor de Delft se inspiró en ellos cuando ideó la obra de hoy (les dejo cuatro ejemplos para que puedan comprobarlo: uno , dos , tres y cuatro ).

En el lienzo de hoy, es el caballero quien sirve vino a la mujer para que ésta, y permítanme ser mal pensada, relaje su resistencia. Su mano sostiene el asa de la jarra, de una jarra de porcelana que es leitmotiv en tantas otras obras de Vermeer como En casa de la alcahueta, Joven durmiendo, La clase de música (Caballero y dama tocando el virginal), La muchacha con el vaso de vino (La dama con dos caballeros) o La clase de música interrumpida . En la escena que hoy contemplamos, la jarra se sitúa en el centro del cuadro (hagan dos ejes imaginarios y compruébenlo) y es imposible ignorarla. El caballero contempla a la joven dama que ya se ha llevado a la boca la fina copa de cristal que cubre su rostro a modo de máscara.

Por los objetos que se encuentran en la sala podemos deducir que está a punto de comenzar una deliciosa velada musical. El laúd sobre la silla y las partituras sobre la mesa nos dan fe de ello. La penumbra parece adueñarse de la habitación gracias a una contraventana cerrada situada al fondo a la izquierda. Aunque este detalle pueda parecernos de escaso interés, todo en Vermeer tiene un sentido y contiene una clave que debemos descifrar. En La tasadora de perlas el artista confiere al cuadro la misma intensidad de luz utilizando idéntico recurso. Parece ser (ya saben que esto no es ciencia como mi querido Tio Petros quisiera), que con él se alude al Libro de los Proverbios 4,19 en el que se dice que el camino de los impíos es tenebroso. Es decir, aquí está ocurriendo algo que ha de ocultarse a la luz del día. Esta explicación también tiene su base en el Universal Lexikon de Zedler, donde se asocia la oscuridad de una habitación con la infidelidad conyugal basándose a su vez en Job 24,15 :

“El ojo del adúltero el crepúsculo espía: ningún ojo –dice- me divisa”

Si ahora dirigimos nuestra discreta mirada y recuerden, silenciosa, hasta el foco de luz de la estancia, es decir, la ventana, en ella, semiabierta (tal y como la joven dama debe de empezar a estar), podemos ver un cudrilóbulo que alberga un contenido moral bastante especial. Además de la figura del escudo de Jannet-je Vogel, fallecida en 1611, primera esposa de Moses J. Nederveen, vecino éste de Vermeer, encontramos un motivo simbólico que se remonta a una ilustración del libro de emblemas de Gabriel Rollenhagen de 1611 titulado Nucleus Emblematum donde se representa a la templanza con sus dos atributos: la escuadra como símbolo del recto obrar y la brida, símbolo del control de los afectos. Si además de estas claves, atamos cabos escénicos, podemos observar cómo la ventana se encuentra exactamente en el eje visual de la muchacha, sin duda, a modo de prevención y de guía del camino que debe seguir.

Podríamos hablar más extensamente de los tipos de bebidas o “filtros de amor”, incluso del poder de la música imprescindible en estos lances amorosos, pero descansemos, y dejémoslos para otros post, cuando la Musa duerma, ahora, amigos, a disfrutar, y por supuesto, a beber.

Como comprenderán, una vez que las fieras diminutas, es decir, mis hijos, comiencen el período vacacional, mi ritmo de posteo bajará hasta cotas insospechadas pues la infancia de la que soy responsable tiene la virtud de transformar todo mi tiempo en un agujero negro, incluso –y no me malinterpreten- en un himen inmenso (parafraseando a algún poeta al que admiro) que todo lo traga: hasta la vida de este blog. Así pues, hasta que me dejen.

Un abrazo.

LIBIAMO, LIBIAMO (3/4)

El soldado y la muchacha sonriendo

Si en el post de ayer abandonábamos a una joven dama en los brazos de un delicioso sueño, en la obra que hoy quiero mostrarles la muchacha, aún despierta, es seducida mediante el vino. En El soldado y la muchacha sonriendo, Vermeer retoma la temática de La joven durmiendo . Así como en esta última obra la situación aparece aislada de cualquier contexto narrativo, en El soldado y la muchacha sonriendo, el artista representa sin escrúpulos el proceso de la seducción gracias al vino.

Un caballero con sombrero de ala ancha se encuentra sentado ofreciéndonos su espalda y una parte de su rostro aparece oscurecida por la sombra. La mano derecha, apoyada en su cadera, sueña seguro con posarse en otro lugar propiedad de la joven. No nos precipitemos, todavía está conversando con una muchacha que le sonríe con la luz que la pañoleta blanca confiere a su rostro. El tamaño del caballero comparado con el de la muchacha, otorga al galán un punto de dominio: Su poder acaba de servirlo en la copa que la dama sostiene en sus manos. Las sombras proyectadas en uno y la luz de la ventana y el pañuelo sobre la cabeza de ella nos hablan de las intenciones del caballero: el poder de uno; la pureza y la ingenuidad de la otra. Pero dejémosles solos, nuestra cercanía puede perturbarles…

Si me lo permiten, acompáñenme a otra estancia contigua de la casa. Esta vez guardaremos una distancia respetable y contemplaremos una situación más explícita si cabe de la seducción mediante el vino.

La muchacha con el vaso de vino Vermeer

En La muchacha con el vaso de vino o La dama con dos caballeros presenciamos una escena similar a la que Vermeer nos describía en En casa de la alcahueta con la diferencia de que en esta ocasión, la persona que presta los servicios de alcahuetería es el caballero sentado al fondo. La situación representada no difiere mucho de lo que hemos visto hasta ahora, pero se dan varios detalles que hacen de este lienzo algo especial.

Lo primero, advertir que, aunque a distancia (los personajes no aparecen recortados en la composición), nos encontramos –nosotros, los espectadores- en la misma estancia que los representados y, como testigos de la historia que se narra, la joven nos mira, sonriendo, mientras que con su mano derecha sujeta la copa de fino cristal y sus oídos seguro se deleitan con las palabras que le susurra el caballero. ¿Por qué nos mira?, ¿acaso espera nuestro beneplácito?

El segundo detalle y que puede pasarnos desapercibido, es la presencia de otro personaje más en la sala. Quizás la muchacha tampoco se haya percatado de ella, quizás la muchacha nos sonría porque sepa que está ahí presenciándolo todo.

La figura a la que me refiero es la representada en el cuadro colgado en la pared solitaria: el marido. Ausente en la realidad pero presente y admonitorio en el cuadro. ¿Será casualidad que su mirada se dirija a la joven dama? Fíjense bien y hagan sus conjeturas.

Les espero mañana.

LIBIAMO, LIBIAMO (2/4)

joven durmiendo


Una muchacha borracha durmiendo nos presenta a un ama de casa y no a una criada, a juzgar por el elegante vestido, con el gesto de apoyar la cabeza en la mano siguiendo la tradición de la acedia, de la ociosidad como consecuencia del vicio de la bebida al que alude la jarra que el pintor coloca en primer término.

Observen la forma en que Vermeer trata la composición del lienzo: pocos objetos, ninguna figura más. Sólo la mujer aislada de cualquier actividad y silencio, mucho silencio. Si bien podríamos imaginar que la mujer se encuentra melancólica o pensativa, la copa que tiene ante sí nos aclara este punto. El tema de la acedia se explicaba en la teología de la Edad Media como uno de los vicios del ser humano, considerándolo, incluso, como pecado mortal. Las autoridades eclesiásticas, en esa época, promulgaban un principio ético de trabajo estricto y de alguna forma ascético, con normas que también se proyectaban al trabajo casero. La violación de estas normas por las amas de casa como la de nuestra obra, era considerada un pecado contra la ley divina.

La acedia era una de las consecuencias de la embriaguez. El sueño, consecuencia de –y permítanme la expresión- levantar el codo, provocaba el descuido de los deberes y el orden “divino” de la casa se encuentra fuera de control. De nuestra ama y señora de Vermeer, sabemos algo más. Celebrando un sueño reparador fruto del vino de la jarra colocada en primer término, el ama de casa guarda un secreto: un secreto de amor extramatrimonial. El cuadro que cuelga de la pared, aunque difícilmente reconocible por la sombra, hace de clavis interpretando, ofreciéndonos un indicio del contexto erótico. Vermeer pinta (el cuadro dentro del cuadro ¿les suena?) un lienzo de Cesar van Everdingen que representa un angelote o un Eros en miniatura con una máscara, símbolo de la simulación. La consigna se remonta a otro emblema de Otto van Veen que decía así: “El amor requiere rectitud”.

Otro elemento que apunta al carácter erótico del cuadro es la bandeja de frutas a modo de naturaleza muerta (las frutas del mal) y el huevo que aparece junta a ella, envuelto entre telas, símbolo de que hay que frenar la líbido. Sin duda, el artista conocía estas claves gracias a la literatura antigua, claves citadas por literatos de su época con fines pedagógicos. Entre ellas se citaba un antiguo refrán que, amigas, no tiene desperdicio:


Mulier si temetum biberit domi ut adulteram puniunta


que, sin apenas conocimientos de latín, podemos traducir como “si una mujer bebe vino en casa, ha de ser castigada como una adúltera”.


En fin, amigos lectoras y lectores, aplíquense el cuento y tengan en cuenta las primeras que no deben beber del dulce vino en casa propia ni ajena porque atentarán contra la ley de Dios y, los segundos, que si vienen de trabajar y encuentran a su esposa de esta guisa, lo mejor que pueden hacer es calentarse la comida en el microondas y regarla con el escaso vino que encuentren en la jarra. Aunque yo les confieso una cosa: si el placer del vino se comparte con el otro no habrá frutas ni huevos entelados que puedan frenar nada porque el sueño llegará a ser más que reparador.

Hasta mañana.

LIBIAMO, LIBIAMO (1/4)

Libiamo, libiamo ne’lieti calici                        
che la belleza infiora.                       


Durante la pasada semana, ya saben, ese puente infinito de infinitas posibilidades, Tio Petros y una servidora estuvieron en Valladolid. Una de las mañanas, la dedicamos a visitar y conocer las entrañas de una bodega de vinos de la Ribera del Duero. El vino nos apasiona. La buena comida debe ir acompañada siempre de un buen vino: La conversación fluye por sí sola, el talante (¿dónde habré oído yo esta palabra…?) se suaviza y el temperamento se dulcifica. El vino, además, nos produce un estado de atontamiento tal que puede hacer que empresas en principio arriesgadas, lleguen felizmente a buen término. Vermeer trató el tema del placer que proporciona el vino en varias de sus obras y me gustaría compartirlas con ustedes, amigos míos, sirviéndonos una copa invisible digna del mejor traje del rey ideado por Molière.

en casa de la alcahueta-vermeer

En casa de la alcahueta, nos muestra la venalidad del amor. La mujer de mejillas sonrojadas por el vino, está abriendo la mano para recoger las monedas del pago por los servicios prestados al caballero con sombrero de plumas y jubón rojo bermellón. Tras él, la alcahueta vestida de negro sigue con atención el desenlace de su intermediación. “Va por buen camino…” pensará la anciana, y si no, fíjense en la mano izquierda del caballero que paga. Sin duda alguna, el vino ha hecho que se le caiga la mano… y esperemos, por el bien de la empresa, que no se le caigan miembros más imprescindibles en estos lances. Nunca se sabe…

KUNIYOSHI

findesemanadeKuniyoshi

Simpática la anciana. Pero ¿cómo?, ¿en qué estará pensando la muy ladina?

Cuenten, hagan números, los ojos nos dicen una cosa y el arte otra.

Mañana Tio Petros y una servidora van a pasar el puente a Valladolid. Esperamos pasarlo bien, esperamos que ustedes lo pasen bien. Hasta la vuelta.

PERSISTENCIA DE LA MEMORIA

Ejercicio de agudeza visual.

Hallen las siete diferencias si se atreven.

dali-simpson

PERSISTENCIA DE LA MEMORIA

ESPEJO, ESPEJITO MÁGICO

Como hoy es viernes, un post refrescante para terminar la semana con buen ojo. Les presento una curiosidad en arte. Nada más y nada menos que una preciosidad del siglo XVI, de un artista, por lo menos, ingenioso. Se trata de un óleo titulado Autorretrato con espejo convexo y es obra de Parmigianino. ¿Dónde está lo sorprendente? pues que el muchacho se autorretrata a través de un espejo convexo como su propio título indica. Aquí les dejo la imagen. Sin duda, les gustará o no dependiendo del cristal con que lo miren.

AUTORRETRATO EN ESPEJO CONVEXO

Pasen un buen güiquen, que la semana próxima es especialmente festiva.

DESTRUYENDO EL MITO DE SALOMÉ

“Los gatos se rozan con mis piernas y se sienten tigres hasta el sexo. Los pájaros sonoros se callan cuando paso, y las altas rosas me rozan el rostro porque tengo el privilegio de los caminos”.

Fernando Pessoa: El privilegio de los caminos


SALOMÉ

FRANZ VON STUCK


Que las mujeres somos bichos malos, nadie lo duda. Pero como en todo, hay niveles y de ahí que podamos distinguir entre malas cotidianas y malas históricas. De las primeras, nada he de decir porque como su propio nombre indica, lo cotidiano es sinónimo de aburrimiento. De las segundas, un poco de historia: la primera mala fue Eva, la segunda, Salomé. Sin embargo, siendo ambas malas, muy malas, el origen de su pecado es contradictorio. Eva pecó por desobedecer al Padre y Salomé , por obedecer a su madre.

Salomé estaba buena, muy buena. Bailaba como ninguna otra la danza de los siete velos babilónica, dejándolos caer uno a uno en voluptuosos giros seductores. ¿Quién es capaz de resistirse a los encantos de una hermosa mujer, bien formada y experimentada bailarina?

La pregunta tiene nombre: Juan el Bautista. El hombre que una y otra vez la rechazó y que además, ¡oh atrevimiento!, osaba recordarle su vida pecaminosa.

¡Qué mal hiciste, Juan!

¡Cómo se nota que conocías poco a las mujeres!

¡Se te subió el agua bendita a la cabeza y la perdiste precisamente por una de ellas!

Y es que si hay algo peor que una mala mujer es una mala mujer con madre incorporada.

Hasta aquí, chapeau por la Salomé , pero dejarse embaucar de tal forma por su madre… no sé, me confirma la sospecha (casi teoría) de que su voluptuosidad nacía del cuello para abajo.

Salomé, en resumidas cuentas, no deja de ser la buenorra que más que artífice es víctima de una venganza: del complot de una madre (Herodiades a más señas) deseosa de librarse de los reproches que, la voz de una conciencia llamada Juan el Bautista, no le dejaba vivir en paz (entiéndase “paz” como sinónimo de “con su cuñado”).

Por último, repasen ustedes esta historia bíblica de pasiones e intrigas, que tantos y tantos artistas de todos los géneros han tocado con su arte y díganme, en este año del Señor de 2005, si esto del amor de Salomé por su madre no tenía algo de incestuoso, como incestuoso era el amor de Herodes por la mujer de su hermano y al mismo tiempo por su hija adoptiva…, sí, díganme, ¿esto no es un culebrón ? Y hablando de culebrones, ¿No les parece magistral el papel de la actriz que interpreta a la bella Salomé en la imagen que les dejo a continuación?

SALOMÉ

AKTIONISMUS: EL ASCO, LA NÁUSEA Y OTROS CUENTOS ABERRANTES

günter brus


Ésta ha sido una larga noche. Mi hijo de 9 años no paraba de vomitar a intervalos escalofriantemente regulares de media hora. Ahora duerme (son casi las 13:00 h) y aunque una servidora tendría que hacer lo propio, no he podido resistir la tentación de dedicar, al menos unos minutos, a este otro hijo o criatura a veces infernal y dependiente, que es el blog.

Cuando se alimenta casi a diario una bitácora, hay que estar muy pendiente de lo que ocurre a tu alrededor porque cualquier cosa puede ser motivo de inspiración postera. Así como mi pequeño J. me ha robado horas de sueño, así me las ha devuelto: sus vómitos me han sugerido el post de hoy. Por este motivo, qué mejor comienzo que un extracto de La náusea de mi estimado Sartre:

“ Y yo también he querido ser. Es lo único que he querido; esta es la clave del asunto. Veo claro en el aparente desorden de mi vida: en el fondo de todas esas tentativas que parecían inconexas, encuentro el mismo deseo: arrojar fuera de mí la existencia, vaciar los instantes de su grasa, torcerlos, desecarlos, purificarme, endurecerme, para dar al fin el sonido neto y preciso de una nota de saxofón”.

 

 

En Viena no siempre ha sonado un vals. En los años setenta y ochenta, cuatro artistas, Günter Brus, Otto Mühl , Rudolf SchwarzKogler y Hermann Nitsch , fundaron lo que se ha dado a conocer como el accionismo (aktionismus) vienés. Ricard Mas los define como “pequeños suicidios”; mi visión es menos poética y más realista, por su literalidad, con este movimiento: una mierda. Les cuento.

“Estos artistas (y recojo la información que la revista “Descubrir el Arte” ha publicado en su último número) y sus agresivas intervenciones incluyen automutilación, onanismo, defecación, vómito, etc. Se trata de un arte orientado a herir sensibilidades, cuyo contenido visual no se diferencia tanto de las sádicas snuff movies”. El artículo (con dos ilustraciones que no he podido encontrar en la web) responde a la antológica que Günter Brus presenta hasta el 15 de enero en el MACBA (Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona). En su afán de “querer ser” al estilo camusiano, este artista encontró el fundamento de su obra en su teoría (más bien expresión) de la tridimensionalidad en la pintura. Como buen experimentador, descubrió que debía abandonar la pintura y centrarse en su propio cuerpo puesto que “mi cuerpo es la intención, mi cuerpo es el suceso, mi cuerpo es el resultado”. De esta forma, su cuerpo se convierte en material y medio de denuncia social, política y religiosa de la sociedad occidental. Sus obras, denominadas acciones, llegaron a su punto álgido en una exposición en la Universidad de Viena, titulada Arte y revolución (1986), en la que Brus se desnudaba, se cortaba los muslos y el pecho con una navaja de afeitar, orinaba, bebía sus orines, y vomitaba. Una vez que “arrojaba de sí mismo su existencia”, parafraseando a Jean Paul, defecaba mientras entonaba el himno austriaco, se untaba el cuerpo con sus propias heces y se masturbaba dando por finalizada la obra de arte.

Si quieren lo llamamos estética del asco. A mi me complace más la expresión que sin duda utilizaría mi madre: una mierda pinchada en un palo y con la coletilla de… “nunca mejor dicho”. Pero les confieso una cosa, no sé si me da más asco el Brus de los cataplines o los descerebrados que consideran su mierda un arte y que además le hacen un hueco en un museo. Caña al mono, que diría un conocido, “lo mejor: una lobotomía. Ya verás cómo el tipo éste se caga, cuando quiera y cuando no quiera”.