Ya saben mis amigos que este tipo, mitad Cobos chunda-chunda mitad peluquero maricón, me cae mal. Antes de que su famosa cagarruta vinciana se vendiera cual producto del todo a cien, una servidora había plantado su lectura hacia tiempo. No soporto los tipos prepotentes que intentan venderme algo (éste cretino casi lo consigue) y menos, si ese algo es una mierda y está disfrazado de erudición por lo que decidí que aquello que uno olvida, deja de existir.
Sin embargo y, muy a pesar nuestro, existen ciertos misterios inexplicables (aunque poco interesantes para un Iker Jiménez) que provocan que aquello que nosotros creíamos y queríamos haber olvidado, continúen latentes provocándonos una desazón casi adolescente. Esto es lo que me ha ocurrido con el norteamericano éste.
Ya hacía tiempo que Tio Petros (¡cómo me conoce el bribón!) me advirtió sobre un recorte de prensa en el que se recogían algunas vomitonas del cretino. Pertenecían a su primera novela que se publicaría en febrero (mis excusas por no referirles el título, pero no voy regalando bazofia a mis amigos). Sus perlas “peregrinas” estaban dirigidas a nuestra querida España como díria alguna cantante ya fallecida o al Estado Español como dirían otros que lo que desean es que fallezcan los demás. Ni soy nacionalista ni tengo un sentido del amor patrio exagerado, pero a nadie le gusta que le toquen los cojones y menos un charlatán al que sin duda El Bosco hubiera pintado en forma de huevo con una cuchara de palo metida por el culo. Dejando los referentes estéticos a un lado, les diré que la nueva novela del nuevo millonario transcurre en la España de los noventa y dice de nuestro sistema de sanidad:
“La clínica de la Seguridad Social era como un siniestro set montado para una película de terror de Hollywood. El aire olía a orina... Una mujer sangrando... Una pareja joven llorando...Una niña rezando... Becker llegó al final del oscuro vestíbulo. La puerta de su izquierda estaba ligeramente entreabierta y la abrió. Estaba completamente vacío, excepto una anciana marchita, desnuda en un catre, peleándose con su calientacamas”. “Becker moriría. Un pulmón perforado era fatal, quizás no en lugares del mundo más avanzado médicamente pero en España era fatal”
Naturalmente, todos saben que durante ese período de tiempo, la población de España quedó diezmada por tamaña insalubridad y que nueve de cada diez españoles morían en su ambulatorio más cercano por los efluvios intestinales de los médicos de guardia. No obstante, si querían denunciar estos hechos, les hubiera resultado fácil porque
“Creo que hay que dar por seguro que tenemos los recursos para sobornar a unos cuantos policías españoles”
aunque si querían hacerlo desde una cabina telefónica, chungo, chungo:
“Becker se metió en la cabina. Antes de que hubiera terminado de marcar el prefijo internacional, le salió una grabación: "Por favor cuelgue e intente su llamada más tarde". Conseguir una conexión internacional desde España era como una ruleta, todo depende del momento y de la suerte”
y si además ustedes se encuentran en la Giralda de Sevilla, olvídense:
“Las escaleras eran empinadas, aquí habían muerto turistas. Esto no era América, no había señalizaciones de seguridad, ni pasamanos, ni avisos sobre pólizas de seguros. Esto era España. Si uno era lo suficientemente estúpido para caerse, era tu propia culpa, independientemente de quién construyó las escaleras”
Qué hijodesumadre, se dirán ustedes, madrenorteamericana matizarán. Pues no se preocupen, porque el imbécil (y que me perdone el hermano de Manolito Gafotas) se ha excusado. Si ustedes se acercan a cualquier librería podrán coger gratuitamente un ejemplar de la presentación de la novela, y escrita nada más y nada menos que por el propio escribidor.
No lo pude resistir, y lo hice. Cogí uno y lo doblé en cuatro (como para hacerle sufrir al imbécil). Dice así:
“ Para …, mi primera novela, elegí como escenario mi ciudad europea preferida: la adorable Sevilla (con sus pirámides y su río Nailon). Viví en ella un año entero, durante mi época de estudiante en la Universidad de Sevilla, en un piso de la plaza de Cuba (como buen norteamericano no podía ser en otra plaza). Desde allí veía a los remeros del Guadalquivir y me encantaba. Durante aquel año, me enamoré de la ciudad y sobre todo de su gente. De hecho, después he regresado allí en otras cuatro ocasiones, que es más de lo que he vuelto a visitar ninguna otra ciudad de Europa (se podía haber ahorrado la visita). He llevado a mis padres y a mi familia a conocer Sevilla y hasta he aprendido a bailar sevillanas (sí, igualito que Aznar con el catalán). De igual modo que mi ciudad natal en Estados Unidos, Sevilla tiene aspectos maravillosos y otros que no lo son tanto. Como novelista, procuro destacar tanto los elementos negativos como los positivos para dotar de intensidad a la trama… y lo hago con enorme pasión y amor hacia la tierra de España y los españoles (caudillo dixit)”.
Dan Brown
No lean al cretino éste, no compren sus novelas, que lo que no sabe es que en este país huele a mierda porque todos nos cagamos en su persona.
Imbébil, más que imbécil.
nota: creo que me he confundido y he colocado una imagen que no se corresponde con el protagonista de este post sino con una obra de David Cerny (gracias Daniel Tercero ). No la retiro por falta de motivación y porque para el caso da igual. Quizás no me haya equivocado.