EL CUADRO DENTRO DEL CUADRO
En un mot, pour que toute modernité soit digne de devenir antiquité, il faut que la beauté mystérieuse que la vie humaine y met involontairemente en ait été extraite.
Baudelaire
Como les dije en su día, una de las excusas para nuestro viaje a Madrid porque el motivo era, en definitiva, conocer a ciertas personas a las que admiro-, era visitar la exposición de Gauguin y los orígenes del Simbolismo. Si hay algo reseñable (de forma negativa) fuera de la exposición misma, es que estaba partida en dos edificios. Una parte de las obras se exponían en el Museo Thyssen y la otra en la Fundación Caja Madrid.
El post de hoy se va a centrar en un recurso pictórico utilizado por Gauguin denominado el cuadro dentro del cuadro.

Autorretrato con el Cristo amarillo
Ya por 1889 (Gauguin muere en 1903), el pintor tiene más que perfilados tanto su estilo como su concepción del arte que no sufrirán transformaciones sustanciales en su período final en la Polinesia.
Cada vez más aislado y lejano de la Europa burguesa que agoniza y le ahoga, Gauguin, alejado ya del naturalismo descubre y exalza el carácter artificial de la pintura. Para ello se vale del dibujo y del color como registros no ya de la percepción de la naturaleza sino como una escritura de signos. A este respecto, el poeta Gabriel-Albert Aurier proclama:
Para el artista, los objetos no pueden tener valor en cuanto objetos. Sólo pueden aparecerle en cuanto signos. Son las letras de un inmenso alfabeto que sólo el hombre de genio puede deletrear.
El final de la aventura pictórica de Gauguin se manifiesta mediante su estilo y una estructura simbólica basada en el recurso del cuadro dentro del cuadro.
Este recurso utilizado ya antes del Renacimiento convierte al cuadro incluido en un objeto tan real como el resto de objetos que forman parte de la obra total. No hay distinción alguna entre la realidad y la ilusión, entro lo viviente y lo pintado. A partir del siglo XVI se le va a añadir un atributo más a dicho recurso: el cuadro incluido consigue que el espectador lo destaque del resto de la imagen representada. Y es aquí donde podemos empezar a hablar de artificio. Artificio en el sentido baudelairiano del término, como sirviente de la belleza y en ningún caso como función estéril de imitador de la naturaleza (Le peintre de la vie moderne).
Como vamos a ver a continuación el recurso del cuadro dentro del cuadro tiene dos finalidades en la pintura de Gauguin. Por un lado es empleado como homenaje a sus maestros y, por otro, como propaganda de su propia obra a modo de autopromoción.
Con respecto al primer fin, encontramos ejemplos significativos de gratitud hacia Degas, Cézanne y varios estampadores japoneses. Sin embargo con el pretexto de rendir tributo a sus maestros, Gauguin va convirtiendo paulatinamente sus cuadros en pequeñas exposiciones de sus obras tanto pictóricas como escultóricas como es el caso de Naturaleza muerta con perfil de Laval o de Autorretrato con el Cristo amarillo.
¿Pero cómo distinguimos el cuadro dentro del cuadro del resto de la escena pintada?: con dos recursos básicos, a saber, las marcas de estilo y el marco del cuadro incluido como ruptura de la continuidad espacial.
Créanme. En la práctica no resulta tan fácil como parece. En el primer caso (marcas estilísticas) porque Gauguin era un experto en contagiar el resto del lienzo con la pincelada/marca del artista aludido (así el propio Gauguin bromeaba a veces diciendo: Hagamos un Cézanne) y en el segundo, porque en la mayoría de sus cuadros, el marco del cuadro incluido se confunde y rivaliza con el resto de la obra.
El artífice de artificios, renegado de la pintura naturalista, de aquella ventana abierta al mundo, no hace sino darnos debida cuenta, a través del recurso del cuadro que alberga en sí otro cuadro, de que el espectador nunca podrá asomarse al exterior porque nada hay ya fuera de la misma pintura.
Si tienen la oportunidad de visitar la exposición, no pierdan la ocasión de adivinar en qué obras Gauguin echó mano de este recurso. Ya ven que detrás del cuadro dentro del cuadro hay toda una forma de ver el mundo, de ver el arte en definitiva. Mientras tanto, vayan haciendo la prueba con este lienzo de 1891 titulado Vahine no te tiare. El título ya enuncia una paradoja visual. Descúbranla.
Baudelaire
Como les dije en su día, una de las excusas para nuestro viaje a Madrid porque el motivo era, en definitiva, conocer a ciertas personas a las que admiro-, era visitar la exposición de Gauguin y los orígenes del Simbolismo. Si hay algo reseñable (de forma negativa) fuera de la exposición misma, es que estaba partida en dos edificios. Una parte de las obras se exponían en el Museo Thyssen y la otra en la Fundación Caja Madrid.
El post de hoy se va a centrar en un recurso pictórico utilizado por Gauguin denominado el cuadro dentro del cuadro.

Autorretrato con el Cristo amarillo
Ya por 1889 (Gauguin muere en 1903), el pintor tiene más que perfilados tanto su estilo como su concepción del arte que no sufrirán transformaciones sustanciales en su período final en la Polinesia.
Cada vez más aislado y lejano de la Europa burguesa que agoniza y le ahoga, Gauguin, alejado ya del naturalismo descubre y exalza el carácter artificial de la pintura. Para ello se vale del dibujo y del color como registros no ya de la percepción de la naturaleza sino como una escritura de signos. A este respecto, el poeta Gabriel-Albert Aurier proclama:
Para el artista, los objetos no pueden tener valor en cuanto objetos. Sólo pueden aparecerle en cuanto signos. Son las letras de un inmenso alfabeto que sólo el hombre de genio puede deletrear.
El final de la aventura pictórica de Gauguin se manifiesta mediante su estilo y una estructura simbólica basada en el recurso del cuadro dentro del cuadro.
Este recurso utilizado ya antes del Renacimiento convierte al cuadro incluido en un objeto tan real como el resto de objetos que forman parte de la obra total. No hay distinción alguna entre la realidad y la ilusión, entro lo viviente y lo pintado. A partir del siglo XVI se le va a añadir un atributo más a dicho recurso: el cuadro incluido consigue que el espectador lo destaque del resto de la imagen representada. Y es aquí donde podemos empezar a hablar de artificio. Artificio en el sentido baudelairiano del término, como sirviente de la belleza y en ningún caso como función estéril de imitador de la naturaleza (Le peintre de la vie moderne).
Como vamos a ver a continuación el recurso del cuadro dentro del cuadro tiene dos finalidades en la pintura de Gauguin. Por un lado es empleado como homenaje a sus maestros y, por otro, como propaganda de su propia obra a modo de autopromoción.
Con respecto al primer fin, encontramos ejemplos significativos de gratitud hacia Degas, Cézanne y varios estampadores japoneses. Sin embargo con el pretexto de rendir tributo a sus maestros, Gauguin va convirtiendo paulatinamente sus cuadros en pequeñas exposiciones de sus obras tanto pictóricas como escultóricas como es el caso de Naturaleza muerta con perfil de Laval o de Autorretrato con el Cristo amarillo.
¿Pero cómo distinguimos el cuadro dentro del cuadro del resto de la escena pintada?: con dos recursos básicos, a saber, las marcas de estilo y el marco del cuadro incluido como ruptura de la continuidad espacial.
Créanme. En la práctica no resulta tan fácil como parece. En el primer caso (marcas estilísticas) porque Gauguin era un experto en contagiar el resto del lienzo con la pincelada/marca del artista aludido (así el propio Gauguin bromeaba a veces diciendo: Hagamos un Cézanne) y en el segundo, porque en la mayoría de sus cuadros, el marco del cuadro incluido se confunde y rivaliza con el resto de la obra.
El artífice de artificios, renegado de la pintura naturalista, de aquella ventana abierta al mundo, no hace sino darnos debida cuenta, a través del recurso del cuadro que alberga en sí otro cuadro, de que el espectador nunca podrá asomarse al exterior porque nada hay ya fuera de la misma pintura.
Si tienen la oportunidad de visitar la exposición, no pierdan la ocasión de adivinar en qué obras Gauguin echó mano de este recurso. Ya ven que detrás del cuadro dentro del cuadro hay toda una forma de ver el mundo, de ver el arte en definitiva. Mientras tanto, vayan haciendo la prueba con este lienzo de 1891 titulado Vahine no te tiare. El título ya enuncia una paradoja visual. Descúbranla.
Al despertar Gregorio Samsa una mañana, tras un sueño intranquilo, encontróse en su cama convertido en un monstruoso insecto
Nunca hubo época más turbada por la desesperación y por el horror de la muerte. Nunca un tan sepulcral silencio ha reinado en el mundo. Nunca el hombre fue tan pequeño. Nunca estuvo más inquieto. Nunca la alegría estuvo tan ausente y la libertad más muerta. Y he aquí gritar la desesperación: el hombre pide gritando su alma; un solo grito de angustia se eleva de nuestro tiempo. También el arte grita en las tinieblas, pide socorro e invoca al espíritu: es el expresionismo.
Hay momentos en que contra los sordos acantilados se estrellan desesperadas las olas.



Todavía no he terminado con ellas aunque ya presiento cercano el fin.
Hoy voy a hablarles del legado que me dejó un rey allá por el siglo XII. No, no se sorprendan, que lo cortés no quita lo valiente y mi sentimiento antimonárquico todavía me permite mencionar alguna curiosidad real sin que me salgan granos.
LIBROS ESPECIALIZADOS Y DE USO CORRIENTE





Si no pueden leer el texto, apártense de la pantalla.
...Mon quatrième est la plus étonnante imposture de la littérature française. Mon tout se nomme Jean-Baptiste Poquelin, dit Molière. Le biographe Pierre Le Gall s´interrogeait: "Corneille a-t-il écrit les oeuvres de Molière... La question ne doit pas être posée. Elle ne le sera donc pas." Eh bien, cette question sera posée. Et la réponse est dans ce livre. On y apprend que Molière, dont on n'a jamais retrouvé aucun manuscrit, aucun brouillon, aucune correspondance, Molière, que personne n'a jamais vu écrire, est un homme aux multiples secrets. Après une minutieuse enquête basée sur les biographies les plus reconnues et les recherches les plus pertinentes, une conclusion s'impose : Molière est le porte-parole et le prête-nom de Pierre Corneille. Pendant plus de vingt années, derrière le masque du "premier farceur de France", Corneille va dénoncer les marquis ridicules, les Précieuses, les dévots trop mondains, l'étouffante hypocrisie ambiante. Tous ceux dont il avait souffert. Signe des temps, Louis XIV soutient le comédien. Et c'est ainsi que Molière le richissime va sauver Corneille le nécessiteux, permettant au véritable auteur des comédies, que ses contemporains disaient "fini", de développer toute la mesure de son génie.
Hoy quisiera hablarles de Theophile Gautier, un personaje conocido por los aficionados a la historia de los sistemas estéticos.






