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LA ORIENTACIÓN DE LOS TEMPLOS ROMÁNICOS

 

Para mí fue una sorpresa saber que la totalidad de los templos románicos, así como góticos están orientados de la misma forma. Sabiéndolo es muy fácil comprobarlo, y si se piensa en ello, parece algo completamente natural. Y es que los detalles a apreciar en un templo parten desde antes de la construcción del mismo. Dos aspectos son fundamentales a este nivel preconstructivo: la ubicación elegida y la orientación.

La matriz ideológica de la que se parte es una religión de tipo celeste, en contraposición con las religiones telúricas. Y esto, por lo que he podido enterarme, es básico para entender todo lo demás. Las sociedades eminentemente agrícolas desarrollaron ritos y creencias muy ligadas a la tierra a la que estaban atados: sus ceremonias tienen mucho que ver con la fertilidad, con el seguimiento de las cosechas y con el propio suelo. Son religiones en las que el elemento femenino es primordial por analogías claras entre la fertilidad vegetal y el embarazo. La diosa madre es una figura típica de este tipo de culturas.

Las culturas ganaderas y nómadas desarrollaron por contra unos rituales y unas teologías en los que predominaba el sol, el poder, la fuerza y la virilidad. Eran pueblos de un tipo muy diferente a los anteriores. Su panteón podía ser perfectamente politeísta pero siempre prevalecía la figura de un dios masculino. Pues parece ser que las religiones del libro son de este segundo tipo. Tanto el cristianismo como el islam o el judaísmo parten de sociedades ganaderas con mitologías de tipo celeste, no telúrico-mistérica.

No es necesario que el sol sea precisamente el dios, pero siempre es un elemento natural que lo simboliza. A través del sol se ve la fuerza del mismo, dador de calor y de vida. El día se asimila a la vida y la noche a la muerte. La oscuridad es el lado negativo de la claridad, y las tinieblas están pobladas de malos espíritus.

Cuando las religiones se desarrollan plenamente, estos aspectos quedan por supuesto olvidados aunque permanecen a nivel profundo. Hay mil lugares en los que permanecen las asociaciones profundas que se dieron en las etapas de gestación de las religiones.

Así, oriente es símbolo de nacimiento, de dicha y de paz: por oriente (por el este) sale el sol todas las mañanas. Occidente, el punto contrario es el lugar por el que desaparece la luz dando paso a las tinieblas de la noche y por lo tanto las connotaciones son exactamente las contrarias. La figura central del cristianismo es Cristo: simultáneamente Dios y hombre. Todo templo cristiano es un canto a la venida de Cristo al mundo para dar luz. Ego sum lux mundi (1), dirá Cristo (Juan 8,12). El sol da la luz al mundo apareciendo por el este, con lo que la analogía está servida. Este recordatorio de la figura de Cristo como luz que alumbra el mundo aparece por doquier en el románico, como vemos en este detalle del pantócrator de Sant Climent de Taüll:



Un templo románico (no sólo románico) tiene el ábside orientado hacia el este, de forma que el eje longitudinal de la nave central recorra la dirección oeste-este. La entrada principal del templo suele estar (aunque no siempre) en el punto opuesto: en el oeste, donde se encuentra la fachada principal que recibirá los dorados y últimos rayos del día. Cuando el fiel entra en el templo, va de las tinieblas a la luz. La simbología, además de adecuadísima es preciosa. El punto más importante del templo, el altar en el que todo converge, está al este del edificio, en el centro bañado por la primera luz de la mañana que entra por la ventana central del ábside. El paso de los fieles desde la entrada hacia el altar es símbolo del paso de las tinieblas a la luz.

Si los templos tuvieran una orientación cualquiera, como sucede en los neoclásicos, todo esto se pierde. Y con ello se pierde parte de la belleza y riqueza del templo.

En la foto, el ábside de la colegiata de Santillana del Mar, tomada en Julio de 2005 a eso de las 10 y media de la mañana, se aprecia perfectamente cómo el ábside está bañado por los rayos que inciden de lleno en él. Desde dentro, un espléndido raudal de luz se derrama sobre el altar.

Respecto a este tema, dos comentarios estrictamente personales:

1.- Un tópico muy socorrido es que el románico es oscuridad y el gótico, como superación de un estilo anterior es todo lo contrario: un canto a la luz. Esto es falso. El tratamiento de la luz en el románico es exquisito. Y como todo fotógrafo sabe, para dar a la luz el protagonismo que necesita, debe haber oscuridad alrededor. El gótico está inundado de luz, eso es cierto pero por eso mismo, por su ubicuidad en el interior del templo pierde , a mi pobre y posiblemente errado entender, parte de su protagonismo.

2.- Todo este efecto lumínico debido a la orientación se pierde si el templo tiene uno de esos retablos rococós que les han puesto a muchos. Ni son adecuados a los templos ni respetan su filosofía y simbolismo. Le sientan como a Cristo dos pistolas. Un retablo cegando la ventana del ábside es como una pared encalada ocultando la piedra: una bofetada al edificio.
Tio Petros


(1) Yo soy la luz del mundo

 

CORDILLERA

CORDILLERA

Y subir y bajar contigo y en tí. Y me atraviesas, caminante, y me tienes cerca y me dejas atrás. Me traspasas y te quedas, viajero, y descansas a mi lado y tu reposo se hace respiración nerviosa y agitada. Te levantas y subes y bajas conmigo y en mí.

Que tengan, amigos, un agotador fin de semana y suban y bajen y ...

LA CASA DE LA DIVINIDAD

Contemplen la foto que encabeza este post. Se trata el interior del ábside del santuario de Santa María de Ujué, en Navarra. Este ábside dista bastante de ser "normal", en el sentido de que está englobado en una fortificación de tal manera que no ve la luz del exterior. Obviemos este aspecto no poco importante, e imaginen que se encuentran donde estaba yo cuando saqué la foto. Da toda la impresión de que "se está bien" en ese lugar. No sé decirlo de forma más gráfica. Un templo gótico nos maravilla por mil cosas, entre ellas la grandiosidad, la hazaña constructiva casi inconcebible pero dentro de un templo románico uno se encuentra bien. Esta verdad la puede comprobar cualquiera que no tenga la sensibilidad de un celentéreo, independientemente de su fe.


Obviando diferencias de tonalidad, totalmente intrascendentes por deberse tanto a la iluminación eléctrica y a la peculiar forma de comportarse mi cámara digital así como a mi impericia como fotógrafo, vean la misma sensación de bienestar que produce el interior del siguiente templo:

Se trata de la colegiata de San Martín de Elines en Cantabria, muy cerca de la frontera con la provincia de Burgos. Es un magnífico templo con una simbología muy rica casi centrada en el león como animal iniciático y como representación de Cristo. Otra vez hablaremos de él.

Cualquiera sabe que las concepciones de un templo románico y las de uno gótico son diferentes y sin embargo no resulta fácil condensar en pocas palabras en qué consiste dicha diferencia. Lo habitual suele ser caer en tópicos tales como que "el románico es oscuro y pesado mientras que el gótico es ligero y luminoso”.

Esta afirmación no tiene por dónde sostenerse más allá de unas realidades constructivas innegables que hacen que el gótico presente unas técnicas novedosas respecto al románico, permitiendo mayor altura, menor grosor de muros y un mayor número de vanos para inundar de luz el interior. Pero ahora no queremos quedarnos con lo meramente constructivo, sino ahondar un poco más en el espíritu que animaba a los constructores.

Me hubiera gustado encontrar una frase que condensara la diferencia entre el románico y el gótico tal y como yo lo siento, pero no ha sido posible. Y no lo ha sido porque me he encontrado con la frase ya escrita, en el libro Simbología románica de Manuel Guerra, publicado por Fundación Universitaria Española:

En el arte gótico el hombre se dirige a Dios; en el románico es al revés

Quien escribe este post no comparte la fe de los constructores de catedrales. A veces pienso que si tuviera fe, mi capacidad de gozar del románico se vería multiplicada, pero ya ven, no es el caso.

A lo que íbamos: cualquiera que se haya plantado delante de una catedral gótica habrá comprobado que es inevitable mirar hacia el cielo. Todo en el gótico apunta al cielo. A veces es literalmente imposible no hacerlo, viendo afiladas torres dirigirse a las alturas, o contemplando bóvedas a alturas casi imposibles.

El templo gótico es un lugar que clama al cielo, ansiando trascendencia. En un símil, es un conjunto de volutas de incienso ofrecidas a Dios, convertidas en piedra. En el románico, Dios ha descendido para morar en el templo. Desde un templo románico, la divinidad, la trascendencia está en el interior del templo.

El románico coge en su misma esencia el sentido de templo, no meramente como lugar de oración, sino como casa de la divinidad. Gran parte de la simbología está en consonancia con este hecho capital: el visitante no se ve impelido a elevar su mirada al cielo, sino que es animado a la reflexión, a la paz interior y al recogimiento. No hace falta elevarse al cielo porque estamos en el cielo. La bóveda de cañón románica, a diferencia de las góticas, es acogedora y protectora: se está bien bajo ella.

Considerando que en la época del románico la comunicación entre el fiel y Dios era quizás el acto más importante en que pensarse pudiera, no nos debe extrañar que todo esté condicionado a ese encuentro. La planta del edificio, su alzado, la propia orientación de la que ya hablaremos, la portada por la que el fiel o el peregrino debe entrar, el ábside, los capiteles historiados...todo lleva al acto fundamental de encuentro con el Dios.

Es quizás esta diferencia con la vida actual, llena de movimientos, luces y ruidos lo que atrae tanto de un templo románico. La serenidad que emana del edificio está motivada por la necesidad de trascendentalizar la visita al mismo como una visita a Dios. La "casa" no es una casa cualquiera, sino la mejor de las posibles. En cualquier pueblo podemos contemplar el edificio de la iglesia, magnífico, pétreo, alrededor del cual se arraciman casas humildes de sus pobladores, de adobe o de materiales mucho menos nobles. En la planificación del templo nada puede ser ajeno a esta misión de acoger a Dios, por lo que todo está enlazado y sin embargo todo es extremadamente simple en su concepción primera: la unión del cielo y la tierra por medio del descenso de la divinidad de los cielos a la tierra.

El esquema simbólico sobre el que se apoya la construcción románica es de una simplicidad sorprendente: un rectángulo sobre un semicírculo. La casa de Dios se construye sobre este esquema geométrico.


El cuadrado representa la tierra, el medio círculo el cielo, la bóveda celeste. El cuadrado remite al número cuatro, como cuatro son los puntos cardinales en la tierra; el semicírculo remite a la unidad o al infinito: ambas posibilidades perfectas para simbolizar al cielo, morada de Dios o al Dios mismo. Este esquema simple se repite en planta y en alzado, sencillo, escueto y lleno de sentido. Todo ello realizado en piedra eterna.

En alzado es el arco de medio punto sobre dos pilares; en planta es el esquema básico de un templo románico, pero de concepción muy anterior: un ábside y una estancia contigua. La planta cruciforme es posterior a este concepto, mucho más cristiana, menos arquetípica.

 En un futuro post hablaremos de la orientación de los templos. Pero díganme después de lo que hemos ido viendo, ¿no es normal, casi obvio, que el ábside, la zona correspondiente al semicírculo y la zona más sagrada esté orientada a la salida del sol? ¡Cualquier otra posibilidad parece una barbaridad!

A la luz de este esquema simbólico, la casa de Dios se irá edificando con simbolismos añadidos que competen a las naves, los diversos arcos interiores y exteriores, los capiteles, los canecillos, la cúpula, la torre si existe...

En la siguiente ilustración tienen la planta de la magnífica iglesia de Santa María de Uncastillo, en la comarca zaragozana de las Cinco Villas. Se puede observar la obediencia al principio arriba explicado: el semicírculo (ábside) sobre el cuadrado (nave).


Cuando el fiel entra en el edificio, bien sea desde la entrada occidental (al oeste) como desde la meridional (al sur), inicia un camino hacia oriente, desde donde entran los primeros rayos de sol de la mañana. En un camino hacia la luz, mientras nos internamos hacia la zona más sagrada del templo: la morada de la divinidad.

Eso, cuando hay suerte y no han tapiado el ábside con un retablo rococó, con sus angelotes rubicundos y espantosos y los oropeles que tan bien quedan en un anodino templo neoclásico, pero... perdón: estoy dejando de ser objetivo.

Tio Petros

EL REVÉS Y EL DERECHO

EL REVÉS Y EL DERECHO

No puedo considerar la envidia como uno de mis múltiples defectos pero de la poca que soy capaz de sufrir, ahora les diré en qué consiste, puedo afirmar que me siento redimida por el carácter de su naturaleza que creo, ennoblece a quien la padece. Sólo envidio a aquellos que, de una forma u otra, trabajan por y para engrandecer esta especie mía, guiados en su labor cotidiana por la H de humanidad, la D de dignidad y la B de bondad.

Este fin de semana me he dedicado a contemplar el espíritu de un hombre que plasmó lo que les cuento en unas de las más bellas palabras jamás escritas. Les hablo de Camus y el prefacio a la reedición de una serie de ensayos de juventud titulados El revés y el derecho.

Su lectura ha de ser sosegada y reposada como cuando uno tiene por delante un delicioso guiso y al igual que cuando catamos un buen vino y realizamos un ejercicio retronasal, el prefacio nos llama a su lectura una y otra vez hasta que todo su sabor, su aroma y su color nos ha penetrado lo suficiente como para restar satisfechos.

El magnífico prefacio es todo un tratado de ética, la reflexión de un hombre de condición humilde que, a solas consigo mismo, comparte sus miedos, sus virtudes y sus defectos sabedor de esas limitaciones que tan pocos hombres son capaces de manifestar abiertamente.

“La obra de un hombre no es sino ese largo caminar para recuperar, pasando por los desvíos del arte, las dos o tres imágenes sencillas y grandiosas a las que se le abrió el corazón una vez primera”

Y en ese abrirse su corazón le lleva a Argel, donde “sentía fuerzas infinitas: sólo hacía falta encontrar un punto en donde aplicarlas. No era desde luego la pobreza la que obstaculizaba esas fuerzas; en África, el mar y el sol son gratis”. Quizás por ello, declara que no sabe poseer. ¡Cuánto me gustaría poder ser como él! y afirmar, una vez abierto el corazón, que por una forma mía diferente de escatimar me hiciera –como a él- ser avariciosa de “esa libertad que se esfuma en cuanto aparece el exceso de bienes”. La posesión parece que nos lleva a la envidia, a esa compañera que osa disfrazarse de múltiples formas como aquélla que les he presentado al comienzo. Camus nada desea con envidia y confiesa que no siempre piensa en los deseos de los demás y eso le resta imaginación, es decir, bondad.

¿Acaso todos nosotros no hacemos lo mismo? Nada de lo que hacemos o sentimos es gratuito ni siquiera el amor. Sin embargo, ¡ay desdichados de nosotros! “no hay amor por la vida sin desesperación por la vida” por eso recurrimos a la moral y nos sale tan caro: “nos inventamos máximas para colmar los socavones de la propia forma de ser” y hablamos de lo que es justo cuando el hombre es una injusticia en marcha, cuando el máximo alcance de nuestra máxima es, precisamente, la pretensión de serlo. La justicia nos llena de dolor y desdicha. Entonces, reconocemos al menos que nos queda el honor, sí, esa “virtud de los injustos” que necesitamos porque todavía no somos lo bastante grandes como para prescindir de ella.

Los secretos que más caros nos son, el desorden y la torpeza los desvelan demasiado”. Mientras escribo esto le comento a Tio Petros que cuánto me hubiera gustado plasmar en lugar de este desorden de palabras y sentimientos, en lugar de esta torpeza tan mía que provoca en lo que escribo frases aceleradas y entrecortadas, digo, que cuánto me hubiera gustado haber transmitido una centésima parte de lo que este prefacio se ha llevado de mí, consigo.

LUCES DE BOHEMIA

LUCES DE BOHEMIA

"La estancia tiene un recuerdo partido por medio, de oficina y sala de círculo con timba. De repente el grillo del teléfono se orina en el gran regazo burocrático"

Ramón del Valle-Inclán: Luces de bohemia, Madrid, Austral, 1981, Escena Octava, p. 71

 

Hoy es lunes y quisiera ser un grillo.

EL HOMBRE ELEFANTE (SEGUNDA PARTE)

EL HOMBRE ELEFANTE (SEGUNDA  PARTE)

..y esto también.

Que pasen un delicioso fin de semana a tamaño natural y séanme olímpicamente felices. Recuerden que lo importante no estriba en la potencia misma, sino en la capacidad de cada uno a la hora de controlarla.

Ladydark, lo prometido es deuda.

EL HOMBRE ELEFANTE (PRIMERA PARTE)

EL HOMBRE ELEFANTE (PRIMERA PARTE)

Esto es arte.

Vía: desequilibros

EL MAYOR JUEGO DE ROL (RESOLUCIÓN)

Permítanme que les piropee: son cojonudos, amigos. No hay Parte por el Todo que se les resista, son madrugadores, atinados y certeros y, por si esto fuera poco, encima me engalanan las respuestas con humor del fino. Les doy las gracias por todo ello y por lo bien que me lo hacen pasar.

Dejando a un lado el peloteo amigo (que tanto hace rabiar a algunos), detallo a continuación los nombres de los ganadores de esta edición:

1º- SALAMANDRA: que ya debe tener la casa llena de trofeos.

2º- ANARKASIS: que ha estado fantástica como todos esperábamos, proporcionando incluso a los despistados una magnífica pista a través del enlace de su también magnífica página donde uno podría pasar horas, incluso, años contemplando las bellezas que guarda…

3º- LADYDARK: que aunque minimizada es la más grande…

4º- HERRI: que a ritmo musical nos llevaba de la mano.

5º- OGER: que aunque se le dé mal –según sus palabras- se le dio muy bien.

A Francisco, herzebeth y Javier, mi ánimo y ese “otra vez será” que molesta tanto. Un abrazo.

Bien, una vez conocidos los ganadores, demos paso a la resolución del juego:

La Parte de esta edición era un detalle de El juicio final de Miguel Ángel del que a su vez coloco un detalle dada su magnitud (17 metros de alto por más de 13 de ancho –el original, claro-.


El título respondía a esa manía mía de metaforizar el mundo y con él quería decirles que en la obra que hoy debíamos de descubrir, cada personaje jugaba un rol diferente: cada uno en su papel y Dios en el de todos ¿no? Pero si les parece, vayamos a las pistas:

1-Somos muchos y no todos bien avenidos: centenares de figuras se agolpan en la obra alrededor de la figura central que es Cristo. Allá están santos, mártires, María, las almas, las vírgenes, los ángeles, Caronte, pescadores, los elegidos, los ladrones, los profetas, las sibilas, los condenados al abismo, etc.)

2- Paradójicamente, somos unos frescos: por el carácter de la obra que se encuentra en la Capilla Sextina.

3- Aquí no se libra nadie. A todos nos toca: hablamos del Juicio Final ¿eh?

4- Vivo en el peor de los naufragios: el naufragio de la humanidad.

5- No soy nada pero dos hombres al mismo tiempo: el detalle que les presentaba no es otra cosa que la piel de San Bartolomé, quien aparece blandiendo el instrumento de su tortura en una mano y en la otra, sostiene su propio pellejo (fue desollado vivo) sobre el que aparece el famoso autorretrato de Miguel Ángel.

6- Algunos son unos salidos pero da gloria verlos: nada más y nada menos que 391 desnudos en total.

7- Como me suelten me caigo: es evidente.

8- El que no corre, vuela: lo es más.

9- El maestro de ceremonias la cagó y pagó por ello: el maestro de ceremonias del Papa, Biagio da Cesena, declaró públicamente que la obra le parecía deshonesta para un lugar tan respetable y que era intolerable que aparecieran tantos desnudos enseñando sus partes vergonzosas. ¿Por qué digo que la cagó? Pues por la venganza de Miguel Ángel, quien ni corto ni perezoso representó al pudoroso Biagio en el mismísimo infierno bajo la apariencia de un Minos vicioso, mirón y con una serpiente enroscada entre sus piernas rodeado de diablos.

PREGUNTA PARA EL CLUB VASARI

Un poeta amigo mío y conocido por su mala leche metió mano (y no lírica, precisamente) en el juego de hoy. Gracias a él, un individuo se ganó un risueño apodo para toda la eternidad. Díganme, amigos, ¿quiénes eran los dos?

SALAMANDRA obtiene su merecido sillón (con éste ya tiene más que el dueño de IKEA) al contestar a la pregunta que formulaba. El poeta amigo mío no es otro que Pietro de Aretino, también amigo de los viernes de todos ustedes. El hombre tenía sensibilidad hasta con la mala leche que gastaba y era conocida su enemistad con Miguel Ángel. Pues bien, instado por los celosos devotos como Aretino, el Papa Paulo IV encargó a Daniele de Volterra cubrir con paños las desnudeces que tanto herían a nuestro poeta y retocando y retocando y tapando y tapando se ganó el sobrenombre de Braghettone. ¡Qué putadita pasar a la historia con este nombre! Pero qué se le va a hacer, los caminos del Señor son… ¿jodidos?

Hasta la próxima.

EL MAYOR JUEGO DE ROL

EL MAYOR JUEGO DE ROL

LA PARTE POR EL TODO es un juego que consiste en adivinar el autor y el título de una obra de arte (el todo) mediante un detalle o extracto del mismo (la parte) que les muestro en la imagen de cabecera. Para conseguir el premio (mención de honor y mi eterna gratitud por participar) podrán ayudarse de una serie de pistas que espero no les “despisten”.

Ruego que respondan las dos preguntas sin mencionarlas explícitamente con el fin de que todos aquellos que quieran jugar puedan tener una oportunidad.

Para acceder al premio especial y ser miembro de EL CLUB VASARI, basta con que contesten correctamente a la pregunta que formularé al final de la serie de pistas.

¡Que la suerte les acompañe!

1- Somos muchos y no todos bien avenidos.

2- Paradójicamente, somos unos frescos.

3- Aquí no se libra nadie. A todos nos toca.

4- Vivo en el peor de los naufragios.

5- No soy nada pero dos hombres al mismo tiempo.

6- Algunos son unos salidos pero da gloria verlos.

7- Como me suelten me caigo.

8- El que no corre, vuela.

9- El maestro de ceremonias la cagó y pagó por ello.

PREGUNTA PARA EL CLUB VASARI

Un poeta amigo mío y conocido por su mala leche metió mano (y no lírica, precisamente) en el juego de hoy. Gracias a él, un individuo se ganó un risueño apodo para toda la eternidad. Díganme, amigos, ¿quiénes eran los dos?

UN MOMENTO, ¿QUÉ ESO?

UN MOMENTO,  ¿QUÉ ESO?

En un determinado momento, Holmes, uno de los hombres más astutos de la historia de la literatura, le dice a su estimado amigo Watson:

- “(…) El mundo es suficientemente grande para nosotros. No necesitamos fantasmas”.

Esta afirmación del celebérrimo detective podría convertirse en máxima vital para todos nosotros porque a lo largo de nuestra vida, en un momento u otro, quien más o quien menos se ha enfrentado a uno de ellos. Combatir el miedo con la razón es la única arma eficaz cuando, paradójicamente, es la razón misma lo primero que el fantasma nos invade.

Desde el punto de vista de la belleza, el vampiro es uno de los fantasmas más representados en el arte. Goya, Warhol, Bourdin, Munch, Arroyo, Kubin, Séguin, Csók, Rops y otros nos han dejado buena muestra de ello. Todas ellas representaciones hermosas del vampiro “del que se dice que sale de la tumba y vaga por la noche chupando la sangre de las personas dormidas”. Sin embargo, la pesadilla nos la producen otros fantasmas y otros vampiros que cruzando el umbral hasta nuestro nivel de realidad, conviven día y noche con nosotros. Sus rostros, a veces, tienen la imagen de un humano (tanto como nosotros) y, otras, adquieren la forma de un pegajoso recuerdo, de un parásito tan maligno, que nos paraliza la razón y nos hace suyos. Los de esta categoría sí que me dan miedo porque mi espanto garantiza su alimento y una vez que mi retina ha sido traspasada por sus ojos, no existe espejo en que el horror no pueda reflejarse.

Ellos despiertan cuando nos encontramos a solas con nosotros mismos, en la noche de nuestra razón y cuando el mundo que nos rodea parece no haber despertado. Es entonces cuando armados con la daga del conocimiento hemos de ser capaces de hundirla hasta que broten las primeras gotas de sinrazón.

Se creen inmortales hasta que, sin saberlo, se vuelven –como dice Mario Benedetti- abstemios de sangre.

ECLIPSE

ECLIPSE

No sé qué tiene el firmamento que tanto nos gusta. Y entre luces y sombras sólo un cuerpo se antepone ante nosotros. Y en ese momento se hace uno.

Que pasen un buen fin de semana y séanme astronómicamente felices.

EL DÍA DE LA BESTIA

EL DÍA DE LA BESTIA

Ayer escribía una nota al tutor de mi hijo que adolece (*) explicándole los motivos por los que había faltado al colegio el día anterior. Una vez terminada la nota procedía yo a introducirla en uno de los sobres de pequeño tamaño que tengo para estos menesteres. Entonces, mi hijo que adolece me pide que se la entregue porque la quiere leer (seguramente para comprobar que su madre no ha incluido alguna incorrección según su parecer ya que el motivo no podía ser corregirme ni la redacción ni las faltas de ortografía porque primero, no las suelo cometer y, segundo, porque él es incapaz de verlas). Bueno, la cuestión es la siguiente:

- Ama ¿qué es esto de p.s.? –me pregunta-.

- Significa post scriptum y es una nota que se pone después de lo escrito. Como la post data.

- Ah, me había parecido que era “puto subnormal”.

- No seas asno y no hagas chistes con tu ignorancia.

- Vaya chorrada…


Ayer cumplió 14 años y aquel veintiuno de febrero de 1993 sólo me dolía el camino por el que había venido al mundo. Catorce años después me duele alguna otra cosa más donde sólo la esperanza y, sólo por el momento, tiene un efecto sanador.

(*) La libertad que otorga la literatura a quien escribe me permite construir este epíteto a mi antojo. Y quede esta aclaración como post scriptum para el susceptible que me reproche que siempre se adolece de algo.

APOLOGÍA DE WITTGENSTEIN

Cuando un individuo llega a la edad adulta ya se ha liberado de ciertas cargas como aquella de echarse un ligue y follar en el asiento trasero de un seiscientos en lugar de dar rienda suelta a la fantasía encima o debajo o junto a una cama que, como todos sabemos, ofrece amplias posibilidades. Otra de las cargas de las que se supone hemos de liberarnos con el paso del tiempo es la de emborracharse como un piojo porque es fin de semana y toca y además no vas a ser el único que se mantenga sobrio. Bien es verdad, que de vez en cuando, a modo de juego, podemos vivir estas experiencias y meter mano y alguna otra cosa, herviditos de alcohol, en nuestro utilitario que por lo demás es más espacioso que el mencionado anteriormente (amén de que ya no existen en el mercado). Pero de entre todas las cargas que podamos mencionar existe una de la que un adulto debe alejarse como de la peste: opinar sobre lo políticamente correcto cuando el tema es para empezar subjetivo y cuando la opinión de uno difiere de la del resto (pero claro, eso sólo lo sabemos nosotros).

En el ejemplo que les quiero ofrecer hoy, denominaremos "resto" a la famosa exposición patria ARCO de arte contemporáneo. Para una que no es una entendida, el "resto" me provoca, cuanto menos, risa (ya saben que la ignorancia es atrevida) y en un esfuerzo por profundizar más, vómito. Estarán conmigo que a medida que uno pierde juventud es consecuente que gane en dignidad. Partiendo de esta premisa cuando un tipo decente se planta ante un objeto del que se dice es una obra de arte actual, pueda -con toda libertad- afirmar que le gusta o no, que sus formas le resultan atrayentes, que sus colores son luminosos o apagados o que la composición (aunque no sabemos qué significa ni falta que nos hace) es armoniosa en su conjunto. Vamos, digo yo, que no cometemos un delito cuando abandonamos metáforas y eufemismos estéticos y confesamos rotundamente que el bodrio que nos presentan es una mamarrachada, no nos gusta, que no le vemos pies ni cabeza (entre otras cosas porque carece de ellos), y que no llegamos a comprender porqué unos cuantos han decidido que "eso" es digno de admiración.

Mi especie, a la que pertenecen también ustedes queridos lectores, es compleja y arbitraria e ignorante cuando se esfuerza en hacer de lo subjetivo una ley universal. Kant ya nos dijo que esto no podía ser y que lo único que podía la humanidad es intentar que lo sea, lo mismo que el chiste aquel del búho que no podía hablar pero ponía cara de interés. Después del maniático filósofo vino otro -de ahí el título del post- que en una frase resumía lo que he intentado comunicarles hoy: De lo que no se puede hablar mejor es callarse.

Yo, por mi parte, quisiera (dentro de la más absoluta de las humildades) rematar la faena filosófica con mi pequeña aportación heredada de Aristófanes: cuando demos nuestra opinión sobre estos asuntos alejémosnos de la estupidez pretendiendo hacer imperativos categóricos imposibles y desde la honestidad reconsideremos la idea de que lo que verdaderamente nos hace grandes es nuestra propia dignidad y, eso, ni nos la da ni nos la puede quitar nadie. Hablen y opinen pero sean sinceros. Hagan la prueba, verán cómo no les va a pasar nada. Es más, se sentirán mucho mejor.

Ahora vean de qué les hablo.

ENTROPÍA DEL ARTE

ENTROPÍA DEL ARTE

En un librito titulado Arte de hoy, los editores Riemschneider y Grosenick ofrecen una visión sobre un conjunto de 87 artistas de la actualidad. Actualidad entendida como aquella que data de los últimos veinte años hasta ahora. Se trata de una obra perfecta para esos momentos en los que a uno le entra un apretón y no encuentra otra cosa a mano, dicho de otra forma, es como un cagarse a dos tiempos donde uno desconoce quién impulsa el acto mismo: o la naturaleza o el arte. No obstante, ustedes comprenderán que a todo hay que dedicarle su merecido espacio y me ha parecido oportuno dedicárselo hoy a una artista japonesa de metafórico nombre: Mariko Mori.

La Mori comienza su andadura en el mundo del arte allá por los años noventa. En sus obras (fotografías) se representa a ella misma ataviada como un personaje de cómic. Los trajes (y esto es cojonudo) son guardados, después de cada sesión de performance, en cápsulas selladas de plexiglas que se abrirán de nuevo dentro de 25 años. Dicen los autores de la biografía, que su arte es cada vez más complejo (a esto no voy a hacer ningún comentario) y que –y cito textualmente- “partiendo de su papel de estrella se va transformando últimamente en una especie de ser sobrenatural, rodeado de pequeños budas flotantes”. Si acaso esto no fuera lo bastante significativo para abofetearles el espíritu, todavía nos queda por conocer su mensaje. Ahí va y sin preservativo: la necesidad de la fe en utopías. Porque amigos, su trabajo no se puede calificar ni de ingenuo ni de irónico, sino que bajo una perspectiva del optimismo más absoluto, sus obras nos dicen lo absurdo de querer detener el tiempo. Eso sí, absurdo pero divertido.

Una vez que yo me he divertido un huevo con la Mariko, ella en su sobrenaturalidad y acompañada de budas ingrávidos nos confiesa abiertamente y sin pudor:

“Mi trabajo es una revelación del pensamiento. Para mí es un verdadero placer proyectar la postura esotérica por el mundo interior”.

Si Kant levantara la cabeza…

CAMBIO DE LOGO

¿Qué os parece?

Actualización lunes 19 de febrero: para los que no recuerden el viejo:

 

LA CANCIÓN DESESPERADA

LA CANCIÓN DESESPERADA

“En ti se acumularon las guerras y los vuelos.
De ti alzaron las alas los pájaros del canto.

Todo te lo tragaste, como la lejanía”

Desde Pablo Neruda les deseo un oceánico fin de semana. A los que atisban naufragios con su catalejo, a los exploradores que descubren nuevas tierras, a todos aquellos que vivan en los pronombres conquistados.

A ellos, un ratito para perderse en el otro, para tragárselo todo.

Incluso, la lejanía.

NOTA: a todos mis amigos de Blogia que por motivos de fuerza mayor tienen clausuradas sus moradas, un abrazo y mucho ánimo.

SAN VALIENTÍN

CARNAVAL EN VENECIA (y 2)

CARNAVAL EN VENECIA (y 2)

Observemos la obra. Un corro de personajes contempla la actuación. Una dama baila un minueto con un joven. Esto sólo pasa en Italia pues en el resto de Europa se baila formando filas de parejas. El joven es un aventurero o chevalier d´industrie. Procede de una clase baja y su objetivo en la vida es conseguir la riqueza de los nobles con una extraña capacidad: hablar. Nuestro hombre baila bien y lo hace ricamente ataviado, de ahí que lo admiren las mujeres (incluso) de buena posición. Su arma, como digo, el arte de contar fascinantes historias basadas en su propia vida, sus viajes y sus campañas contra los acreedores. Sin oficio conocido dedica su existencia a no aburrirse y el carnaval constituye el medio propicio para ello. ¿Recuerdan a Casanova? Hijo de una pareja de actores adoptó el título de Chevalier de Seingalt y supo hacerse con la amistad de nobles y patricios haciéndose pasar por erudito en medicina y numerología cabalística pero lo que mejor sabía hacer era correr por los tejados de Venecia. Como Casanova, encontramos nombres de aventureros como el de Giuseppe Balsamo y Lorenzo Da Ponte que disfrutaron de una juventud exitosa que desembocó en triste vejez.

La bailarina que hace pareja de baile con nuestro mozo chevalier d´industrie tiene la tez pálida como era costumbre y un lunar postizo nos llama la atención. No es la única, observen a otras damas del cuadro. El lunar postizo constituye, además de una cuestión estética, todo un código que nos cuenta aspectos sobre la dama que lo porta. Nos dice de qué humor está, su estado e, incluso, lo que ella piensa de sí misma. Los lunares postizos tenían diferentes nombres según el lugar donde se colocaran, así el de nuestra dama, colocado debajo del ojo, se denominaba irresistibile y otros, colocados justo en la comisura del ojo, daban en llamarse appasionata.

Las mujeres mozalbetas tenían el camino más fácil para escalar en sociedad. La danza, el canto y la interpretación constituían un marketing perfecto para exhibir su atractivo. La gran mayoría de estas muchachas ejercían de cortesanas y sin lugar a dudas, Venecia en carnaval se convertía en el mejor escenario. Desde los balcones del Gran Canal, ataviadas entre rojos y amarillos, lucían sus encantos con escotes de vértigo. Bellos y hermosos tulipanes cuya vejez correría igual suerte que la de sus parejas de baile. Ser puta y mediocre es lo que tenía. Puta, mediocre y sin programas del corazón ni pruebas de ADN…

¡Si Tiépolo levantara la cabeza!

FIN

CARNAVAL EN VENECIA

Espero que hayan pasado un estupendo fin de semana y comiencen la semana con fuerzas renovadas. Yo, por mi parte, remato flecos que dejé aparcados la semana pasada y que no hubieran sido posibles sin la inestimable colaboración de Tio Petros que se ha convertido en un mago de photoshop. Los flecos, en este caso, eran siete y aquí se los muestro:

1- Ovni

2- Vailima

3- Botella de coca-cola

4- Antena de televisión

5- Darth Vader

6- Nemo

7- Mr. Bean

Gracias a todos por participar y como premio... la de verdad:

EL ESCENARIO

Hoy les propongo un viaje. ¿Les parece bien Venecia en época de carnaval? Cierto es que no he afinado demasiado en la pregunta, porque en el siglo XVIII, el carnaval de esta maravillosa ciudad duraba entre pitos y flautas hasta cuatro meses. Créanme, los pitos comenzaban cada 26 de diciembre cuando un empleado de la República veneciana, ataviado para la ocasión, anunciaba desde el palacio del dux a un público enfebrecido que a partir de ese momento quedaba inaugurado el carnaval hasta el miércoles de ceniza. Y ustedes me reprocharán que las cuentas no les salen y con toda la razón porque además de ese tiempo también habría que sumar un carnaval previo que duraba del 5 de octubre al 16 de diciembre en el que sólo se permitían los disfraces por las tardes. Además, existía un carnaval posterior durante las dos semanas de Pentecostés donde se desarrollaba una feria importante. Dentro de este cómputo carnavalero existían, además, algunas fiestas entre las que se encontraban la elección del dux y la de los procuradores.

Casi nada ¿eh? La ciudad era un hervidero de gente que acogía a tantos “turistas” como propios residentes y todos dejaban sus buenos dineros en la ciudad. Tanto es así que en 1789 se mantuvo en secreto la muerte del dux para que “la noticia” no afectara al carnaval.

LOS ACTORES

A los venecianos les encantaba el teatro. Fíjense si les gustaba que la ciudad contaba con catorce teatros mientras que París sólo tenía tres y no hablemos ya del teatro en la calle. Si observan la obra, verán un personaje en la parte central izquierda: Pantaleón lleva un gorro de lana y una barba très, très afilée. El personaje representa al marido cornudo y al viejo verde que corre tras las niñas. Junto al antipático personaje se encuentra Arlequín portando un palo en su mano. Para quien no lo sepa, este último personaje es torpe pero astuto, glotón pero ágil. Y pobre, también era pobre como dicta su procedencia: Bérgamo y como los campesinos de su tierra, tal cual está ataviado. Su papel en el teatro era de criado y su máscara negra nos da respuesta de las horas que el desgraciado debe de trabajar al sol.

Y como no hay dos sin tres, corran la vista hacia el lado derecho del cuadro. Ahí, ahí, justo en el centro. ¿Lo ven? Es Polichinela. Inconfundible con su gorro blanco, su nariz puntiaguda, su vestimenta también blanca y su joroba. Napolitano de origen, su nombre significa pollo de ahí sus quiquiriquís y sus volteretas. Se les mataba y se volvían a levantar como un ave fénix (¡quién pudiera!)

LA REPRESENTACIÓN

Contemplemos la obra. Un corro de personajes contempla la actuación. Una dama baila un minueto con un joven. Pero mejor lo dejamos para mañana. ¿Me permiten?

EL PLANETA IMAGINARIO

EL PLANETA IMAGINARIO

Descubrir y conquistar. Explorar la piel con piel hasta llegar.

Pasen un buen fin de semana y séanme lujuriosamente felices.

Para los nostálgicos: El Planeta imaginario