LEONARDO DA VINCI: LA BELE FERONIERE (La dama del armiño) (1)
Cuando comenzaba a perfilar el post de hoy decidí llevar a cabo un experimento: llamé a mi hijo J. de 9 años y le mostré la imagen.
- ¿Qué ves? –le pregunté-.
- Una señora que tiene un bicho blanco en brazos.
- ¿No ves nada más?
- Sí. La señora era rica porque lleva un collar.
- ¿Te gusta el cuadro?
- …
Además de deducir que mi hijo considera que no somos ricos porque su madre no lleva esos collares y de que una madre no debe formular nunca a su hijo ciertas preguntas comprometedoras (y chorras, para qué engañarnos), me percaté de que la visión ante una obra de arte de un niño de 9 años no difiere mucho de la de un adulto. Quizás, tras unos instantes observando con detenimiento el cuadro, pudiéramos ofrecer algún dato más. Quizás, digo, algo sobre que la dama no es una sirvienta (aunque J. ya se percató de ello); que ladea ligeramente la cabeza en un gesto que puede ser forzado aunque aparentemente, a pesar de la torsión, el hombro izquierdo parece relajado o que la primera impresión nos habla de una mujer con un rostro infantil.Si haciendo alarde de nuestra supuesta madurez, no “nos pica el asiento” y decidimos concederle unos momentos más a observar la obra, podremos llegar a ciertas conclusiones sobre la desconocida: su peinado, abarcando su rostro adolescente, no es en absoluto descuidado, sino que en forma de cofia y enmarcando su barbilla, reproduce el collar de azabache que recorre su cuello y su pecho. Además, también podríamos aventurarnos a afirmar (porque de esto ya sabemos un rato…) que el serio peinado va acompañado de una mirada que está evitando cualquier contacto con el observador. ¿Por qué una muchacha no querría mirarnos de frente?
Se me ocurren tres supuestos: el primero, por timidez; el segundo, por temor a ser reconocida y, el tercero, porque tiene algo que ocultar.
Cuando comenzamos la andadura de esta tercera fase, no hace falta ser muy inteligente (bastan 9 añitos) para reconocer que no disponemos de más datos y concluir que “hasta aquí hemos llegado”. Incluso, haciendo un último esfuerzo, de carácter más visual que intelectual, podríamos afirmar con toda seguridad, que el cuadro, que a primera vista parece un óleo, se titula LA BELE FERONIERE y que un tal LEONARD D´AVINCI lo pintó. Pero, amigos, no me cuadra nada. El título parece francés y el artista se asemeja mucho al nombre de un italiano universal aunque está mal escrito. Vamos al Google. Escribimos leonard d´avinci y nos aparece:
Usted quiso decir: leonard da vinci
Cliqueamos (más que nada por no hacerle un feo al tío que escribió eso) y nos aparece la página con las entradas al polifacético renacentista.
Algo es algo pero “hasta aquí puedo leer” y es aquí, precisamente, donde empezamos a sentir placer con una obra de arte, en el momento justo en que damos con las respuestas del secreto que guardan. ¿Me acompañan?



















Les deseo lo mejor para el nuevo año que está en puertas.


