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El Paraíso

LEONARDO DA VINCI: LA BELE FERONIERE (La dama del armiño) (1)

LEONARDO_ La dama del armiño hacia 1484

Cuando comenzaba a perfilar el post de hoy decidí llevar a cabo un experimento: llamé a mi hijo J. de 9 años y le mostré la imagen.

- ¿Qué ves? –le pregunté-.

- Una señora que tiene un bicho blanco en brazos.

- ¿No ves nada más?

- Sí. La señora era rica porque lleva un collar.

- ¿Te gusta el cuadro?

-

Además de deducir que mi hijo considera que no somos ricos porque su madre no lleva esos collares y de que una madre no debe formular nunca a su hijo ciertas preguntas comprometedoras (y chorras, para qué engañarnos), me percaté de que la visión ante una obra de arte de un niño de 9 años no difiere mucho de la de un adulto. Quizás, tras unos instantes observando con detenimiento el cuadro, pudiéramos ofrecer algún dato más. Quizás, digo, algo sobre que la dama no es una sirvienta (aunque J. ya se percató de ello); que ladea ligeramente la cabeza en un gesto que puede ser forzado aunque aparentemente, a pesar de la torsión, el hombro izquierdo parece relajado o que la primera impresión nos habla de una mujer con un rostro infantil.

Si haciendo alarde de nuestra supuesta madurez, no “nos pica el asiento” y decidimos concederle unos momentos más a observar la obra, podremos llegar a ciertas conclusiones sobre la desconocida: su peinado, abarcando su rostro adolescente, no es en absoluto descuidado, sino que en forma de cofia y enmarcando su barbilla, reproduce el collar de azabache que recorre su cuello y su pecho. Además, también podríamos aventurarnos a afirmar (porque de esto ya sabemos un rato…) que el serio peinado va acompañado de una mirada que está evitando cualquier contacto con el observador. ¿Por qué una muchacha no querría mirarnos de frente?
Se me ocurren tres supuestos: el primero, por timidez; el segundo, por temor a ser reconocida y, el tercero, porque tiene algo que ocultar.

Cuando comenzamos la andadura de esta tercera fase, no hace falta ser muy inteligente (bastan 9 añitos) para reconocer que no disponemos de más datos y concluir que “hasta aquí hemos llegado”. Incluso, haciendo un último esfuerzo, de carácter más visual que intelectual, podríamos afirmar con toda seguridad, que el cuadro, que a primera vista parece un óleo, se titula LA BELE FERONIERE y que un tal LEONARD D´AVINCI lo pintó. Pero, amigos, no me cuadra nada. El título parece francés y el artista se asemeja mucho al nombre de un italiano universal aunque está mal escrito. Vamos al Google. Escribimos leonard d´avinci y nos aparece:

Usted quiso decir: leonard da vinci

Cliqueamos (más que nada por no hacerle un feo al tío que escribió eso) y nos aparece la página con las entradas al polifacético renacentista.

Algo es algo pero “hasta aquí puedo leer” y es aquí, precisamente, donde empezamos a sentir placer con una obra de arte, en el momento justo en que damos con las respuestas del secreto que guardan. ¿Me acompañan?

EL PERVERSO INGRISMO DE TAMARA DE LEMPICKA (y 3)

“Las formas bellas son superficies planas con redondeces”
Ingres

INGRES_Detalle jupiter y thetis
Ingres: Detalle de Júpiter y Thetis

Los contemporáneos del francés afirmaban que su Gran Odalisca tenía tres vértebras de más y que el cuello de Thetis era demasiado largo. ¿Demasiado largo?: “un cuello de mujer no es nunca lo bastante largo” –nos reprocharía-. Las líneas que quizás nosotros encontremos exageradas no son para el artista más que correcciones de la naturaleza por sí misma, punto éste al que Baudelaire criticaría con su demoledor estilo: “aquí (en los modernos), tenemos un ombligo que se extravía en las costillas, allí un seno que apunta al sobaco”. Lo que está claro es que Lempicka hacía oídos sordos a estos y otros reproches y en sus obras puede contemplarse la exaltación de espaldas, muslos, caderas y brazos que, como buena alumna, ha atesorado para sí de su maestro.

TAMARA_Las dos amigas,1923

La identificación llega incluso a reproducir en más de una ocasión una deformación típica del francés como en el caso de Andrómeda con respecto a Angélique: la misma carnosidad, las mismas deformaciones en brazos y cuerpo e, incluso, el mismo bocio, hipertrofia de la glándula tiroides que las predispone a una vida sexual especialmente activa.

Mujeres que esperan el placer o se recrean en su recuerdo. Individualidades que en su voluptuosidad nos alertan entremezclando sus cuerpos desnudos mientras se acarician y se huelen. Heroínas del erotismo creadas desde la mirada de Lempicka, desde el secreto más oscuro de la ancianidad de Ingres.

Alrededor de estas formas perfectas, merodea el deseo.

EL PERVERSO INGRISMO DE TAMARA DE LEMPICKA (2)

“No hay nada tan excitante, tan sutil, tan ´ingresco´ como el momento en que se establece una perfecta armonía entre un cuello y un collar, entre un terciopelo y un trozo de carne desnuda, entre un chal y un mechón de pelo; como la línea de encuentro entre un comienzo del pecho y un escote, entre un brazo y un guante alto. Si los retratos de mujeres tienen una irradiación particular, es porque, como los desnudos –si bien con menos franqueza- proceden de la luz del deseo”
Gaétan Picon

TAMARA LEMPICKA_Mujeres bañandose 1929

Tamara de Lempicka: Mujeres bañándose, hacia 1929

Los cuerpos desnudos femeninos tanto de Ingres como de Lempicka ignoran el deseo que suscitan. Las miradas, las zonas desnudas del cuerpo o las ropas ceñidas fundidas en una segunda piel despiertan el deseo sin saberlo. Ambos artistas impregnan sus trabajos con una gran dosis de erotismo y de sensualidad, pero mientras que Ingres disimula constantemente la suya propia, Tamara la proyecta.
El poder de la carne se mezcla con la tela; los hombros y los brazos resultan tan sutiles como los terciopelos y las sedas y, los pliegues de los tejidos se confunden con los pliegues de la piel. Parafraseando al célebre Picon, podría decirse que no es tanto el cuerpo quien parece querer manifestarse en cualquier momento sino que es el vestido quien, a punto de caer, retrocede a la vista de su aparición triunfante.

El perverso ingrismo de Lempicka invade muchas de sus obras: retratos de mujeres en los que uno no sabe dónde comienza la carne y dónde termina el vestido como en el caso de Retrato de Ira P. o en los que la modelo parece tatuada por los encajes transparentes que la envuelven al igual que una criatura de Botticelli como en el caso de Nana de Herrera . El vestido de tirantes del retrato de Mrs. Alan Bott nos revela más que lo que oculta y la consonancia plástica que Tamara tan bien maneja queda patente entre el respaldo del sillón y el cuello de piel de la baronesa Renata Trévès .

INGRES_El baño turco1862

J.A. Ingres: Baño turco, 1862

Por su parte, Ingres, burgués y decoroso, defensor de la tradición y del orden establecidos se llevaría las manos a la cabeza si hubiera sabido que la desvergonzada polaca, la marginada como gustaba proclamarse, se habría sumergido en su Baño turco para inspirarse en sus grupos de desnudos. Su obra maestra, pintada a la edad de ochenta y dos años, constituye el erotismo puro tanto en su forma como en su contenido: cuerpos desnudos de mujer formando una masa compacta y circular. Sensualidad cerrando un círculo como un himen inmenso.

Hasta mañana.

EL PERVERSO INGRISMO DE TAMARA DE LEMPICKA

TAMARA_Andromeda 1927-1928

Tamara de Lempicka: Andrómeda, 1927/1928

“No hay milagros. Sólo hay lo que cada uno hace”

Y ella hizo el milagro. Su objetivo en la vida consistía en tener éxito y prosperar. Tal y como revelara su hija Kizette en el libro de memorias dedicado a su madre, Tamara de Lempicka se había propuesto comprar un brazalete tras cada dos cuadros vendidos, hasta estar cubierta de joyas y diamantes desde la muñeca hasta el hombro. Nada ni nadie haría que la “pequeña patata caliente” polaca desperdiciara una sola oportunidad para hacerse un nombre. Para conseguirlo debía elaborar la receta con los ingredientes necesarios y, para comenzar, habría de definir su estilo.

El vanguardismo, sinónimo para Lempicka de “ser un muerto de hambre”, estaba demasiado expuesto a fluctuaciones como para seguir por su camino y lo que hace, entonces, es entregarse a una mezcla sutil entre el postcubismo y el neoclasicismo (de moda en ese momento), con un toque del genial Ingres. ¿Por qué Ingres? Dos razones poderosas daban respuesta a la incógnita: por un lado satisfacía sus propios impulsos eróticos y, por otro, satisfacía los libidinosos sueños de su futura clientela con poder de compra, a saber, la burguesía.

INGRES_Detalle de Angelica

Ingres: detalle de Angélica, 1819

A través de su amigo André Lhote, Tamara aprende a conocer y a apreciar a Ingres, al pìntor que demostró ser tan erótico como ella misma y para la aventura, la diosa de ojos de acero, hace su apuesta y gana. Uno y otro comparten la misma perversidad que dará como resultado el que los críticos se entusiasmen con sus obras proporcionándole así la publicidad tan anhelada. Sin embargo, diferencias conceptuales hacen diferentes sus obras. Ingres estaba ligado al arte virtuoso (no es éste el caso de Tamara) y a las formas puras de Rafael. La terrible consciencia del significado de “pecado” le convertía en un ser moral en su esfuerzo por dominar los sentimientos de concupiscencia que las imágenes de sus damas pudieran suscitar.

A Tamara no le importa lo más mínimo el sentido del pecado. No le importa en su vida privada, mucho menos en sus obras. Sin embargo, por razones radicalmente opuestas, el resultado de ambos artistas confluye en un lugar común: la hipocresía, una “virtud” terriblemente eficaz para los dos. Pero de eso ya seguiremos hablando mañana.

GIUSEPPE MARIA CRESPI: LA PULGA Y LOS ESPÍAS

CRESPI_the_flea (la pulga)

A penas una luz tenue sobre la pobre habitación de una sirvienta. Todo está desordenado a su alrededor, varias prendas y objetos domésticos cuelgan de una pared de ladrillo o de un tosco taburete y algunos objetos personales constituyen la única decoración de la estancia. Todo está revuelto y huele a humedad.
En el centro de la imagen, una mujer sentada en el borde de una cama deshecha, aparece vestida tan sólo con un camisón. Se afana por atrapar la pulga que al parecer se encuentra bajo uno de sus pechos. En el intento, deja al descubierto sus brazos vigorosos, su redondeado hombro y sus carnosas rodillas.
Ajena a nuestra presencia, la joven sirvienta se empeña en la captura de la molesta criatura mientras el espectador, a su vez, captura la perfecta intimidad de la escena para admirar y hacernos poseedores, en secreto, de la inocencia de la muchacha, inocencia que no nos pertenece.
¿Por qué no puede tratarse de la hermosa Venus? ¿Acaso el perro acostado sobre la cama o las rosas del jarrón junto al recipiente de maquillaje no podrían ser lejanas reminiscencias de esa identidad?

Nosotros decidiremos, pues, espías de lo íntimo, desde nuestra privilegiada perspectiva, qué deseamos contemplar desde el agujero de nuestra cerradura.
El arte es curiosidad y tenemos hambre. De eso no hay duda.

CURIOSO PRODUCTO GASTRONÓMICO

EROTISMO GASTRONOMIA2

En puertas ya de un espléndido fin de semana, les dejo esta imagen tan bella y tan comestible. Se trata de un manjar que conviene degustar en caliente aunque previamente haya que manipularlo para que expulse el líquido casi amargo que contiene en su interior. No es necesario quitarle la piel, eso sería una aberración por nuestra parte, simplemente basta con una buena limpieza debajo del grifo.

Para saber si el producto está en condiciones para ser ingerido, basta con comprobar si su piel está tersa y su corpus duro, bien duro. Estas dos características constituyen la base de su éxito gustativo.

Sobre el tamaño no hay una opinión unánime. Los hombres dicen que no importa su tamaño, por el contrario, las mujeres las preferimos grandes y cuanto más consistentes mejor, por aquello de que nos dure para otras ocasiones sin perder ninguna de sus propiedades principales.

Un consejo más, aunque arriba les comentaba que es preferible su consumo en caliente, les diré que puede ingerirse también en frío aunque naturalmente es menos placentero porque en la boca se producen unos extraños vacíos que obligan a trabajar más la mandíbula y con mayor rapidez.

Espero que les haya gustado el producto. Se lo recomiendo encarecidamente. Eso sí, les propongo compartir este plato con otra persona de confianza, de esta manera uno pone la materia prima y el otro cocina.

Ya saben, séanme pecadoramente buenos.

EL HOMBRE SIN ATRIBUTOS

Cuando tengo un nuevo post en mente, lo primero que hago es acudir a la web para capturar la imagen que me parezca más apropiada en cuanto a dimensiones, colores y nitidez. En este universo al alcance ya de muchos, Dante lo hubiera tenido difícil: las cosas no son siempre como se nos muestran y en cuanto a imágenes se refiere, le hubiera resultado penoso discernir entre el paraíso, el purgatorio y el infierno.

Hoy quería hablarles de una obra de Jan van Eyck titulada Retrato de Jan de Leeuw. Como es mi costumbre he acudido a mi particular museo virtual y compruebo atónita que me han robado. Sí, robado. Pero no sólo a mí, sino a todos ustedes también. Me explico.

De la obra en cuestión, me interesaba más que el lienzo, el marco. No es que la edad me haga delirar, ni tan siquiera he pasado mala noche, ni tengo enfermo a ninguno de mis vástagos, de ahí que el post de hoy no verse ni de Tita Cervera ni de la real familia. El robo se explica porque las imágenes que se ofrecen de la obra aparecen sin marco y sin él, no tengo post. Solucionado este punto, gracias a una dosis de paciente búsqueda y al photoshop, comienzo con el mismo.

van eyck-jan de leeuw sin marco

El hombre del lienzo, ricamente vestido, nos dirige una mirada penetrante. Acostumbrados como nos tiene van Eyck a los detalles, la descripción de los rasgos faciales del retratado es minuciosa: boca carnosa, cejas bien definidas, el nacimiento del pelo apenas visible bajo el cubrecabezas…

La mano izquierda se encuentra en reposo y, la derecha muestra un anillo que alude a la profesión del caballero. Jan de Leeuw era uno de los mejores orfebres de Brujas, un burgués que quiso ser inmortalizado gracias al arte.

Hasta aquí el lienzo que, como les decía al comienzo del post, es lo menos interesante de esta obra. Lo que me llama verdaderamente la atención es el marco.

van eyck-jan de leeuw con marco

No se trata de un marco corriente ya que fue pintado por el propio artista. Fingiendo metal, rodea el marco una inscripción en verso que nos informa, además del nombre del artista y la fecha de ejecución, de la identidad y hasta la fecha de nacimiento del retratado. Curiosamente, valiéndose de un original recurso, el apellido no está escrito sino figurado mediante un pequeño león. La inscripción es perfectamente legible:

JAN DE (LEEUW) OP SANT ORSELEN DACH DAT CLAER EERST MET OGHEN SACH 1401 GHECONTERFEIT NU HEEFT MI IAN VAN EYCK WEL BLIICT WANNWEERT BEGA(N) 1436

y de ella podemos deducir el impulso que mueve al artista hacia una perfección del resultado: según la inscripción, la fisonomía del orfebre no ha sido “retratada” sino “gheconterfeit”, imitada, aludiendo a la absoluta fidelidad con que ha sido representado.

Siempre más allá, exquisitamente más allá –diría yo-, van Eyck pinta o mejor “graba” de forma ilusoria las palabras alrededor del marco. Las del borde inferior se encuentran al revés por lo que para seguir leyendo uno tiene que coger el cuadro e irle dando la vuelta mientras lee.

¿Comprenden ahora porqué era tan importante mi marco? Porque sin él, el cuadro no está completo al tratarse no sólo de una superficie pintada sino de un objeto tridimensional que además de contemplar podemos tocar.

Como las joyas creadas por el mejor orfebre de Brujas.

pd. Para mañana les tengo preparado un post de lo más jugoso. 

EROTISMO EN CONSTRUCCIÓN

erotismo construccion


Como cada viernes, una imagen, un consejo y un deseo.

La imagen: ya la tienen.

El consejo: séanme buenos.

El deseo: en construcción…

Pasen un buen fin de semana.

...EN UN JARDÍN PÚBICO DE CUYO NOMBRE NO PUEDO ACORDARME

erotismo ojo

Despidamos la semana con una imagen y dos poemas de Ángel González que espero sean del agrado de todos ustedes y, en especial, de mi estimado Herri Otrow, para resarcirle de los versos de algún poeta mediocre.

ESO ERA AMOR (1969)

“Le comenté:

-Me entusiasman tus ojos.

Y ella dijo:

-¿Te gustan solos o con rimel?

-Grandes,

Respondí sin dudar.

Y también sin dudar

Me los dejó en un plato y se fue a tientas.”

CANCIÓN, GLOSA Y CUESTIONES (1983)

“Ese lugar que tienes,

cielito lindo,

entre las piernas,

ese lugar tan íntimo

y querido,

es un lugar común.

Por lo citado y por lo concurrido.

Al fin, nada me importa:

me gusta en cualquier caso.

Pero hay algo que intriga.

¿Cómo

solar tan diminuto

puede ser compartido

por una población tan numerosa?

¿Qué estatutos regulan el prodigio?”

Pásenme un buen fin de semana. Empléenlo en lo que les produzca mayor placer:

una buena mirada al mundo desde un jardín púbico no estaría nada mal.

Eso sí, comprueben antes que en el jardín no haya nadie más.

SEXO DE DOBLE CLICK

SEXO DE DOBLE CLICK

Las mujeres también sabemos pasar un buen fin de semana. Si en el post del viernes pasado mis amigos lectores disfrutaban con un buen escote literario, la imagen de hoy nos propone, amigas lectoras, otra forma de disfrutar… y que nadie me acuse de sexista, que este divertimento puede compartirse. Tío Petros y yo lo practicamos: tenemos nuestros ordenadores en red.

Séanme buenos.

nota: no se olviden de consultar la lista de ganadores del post anterior (La parte por el Todo)

ESCOTE LITERARIO

ESCOTE LITERARIO

Les dejo esta hermosa imagen publicitaria. Toda una obra de arte que encierra dos formas de pasar un estupendo fin de semana: sexo y lectura.

¿Para qué queremos más?

Séanme buenos

PIETER BRUEGHEL EL VIEJO: Todos los hombres comen, cagan y mean

Me van a permitir la licencia que me he tomado hoy a la hora de titular el post de forma menos poética que lo acostumbrado, pero es que al Sr. Brueghel le hubiera parecido bien.

Los pintores, como cualquier otro ser humano, pueden reconocerse también en aquello que no pintan. Brueghel no pintó ningún retrato ni ningún desnudo. A contracorriente de la moda impuesta en el Renacimiento, el cuerpo humano desnudo era uno de los temas más pintados. El cuerpo perfecto, la belleza ideal. El hombre debía ser más perfecto que la propia naturaleza. Nada de esta idea podemos encontrar en Brueghel, por el contrario, sólo sus famosos demonios aparecen desnudos, los hombres están siempre vestidos y se mueven de tal forma que no es posible apreciar los contornos de sus cuerpos. Los hombres de Brueghel son el Hombre. La idea de individuo –tan renacentista ella- no tiene cabida en su ideario estético.

Si uno pasea (más bien, mariposea) por la obra de este genial artista, podrá deducir el gusto o tendencia de Brueghel por pintar labriegos, hombres del campo, en general y se percatará de que el campesino es un ser ocupado exclusivamente en satisfacer sus necesidades más urgentes o más bajas, llámenlo como quieran. Sin embargo, quien no se conforme solamente con mariposear y observe los lienzos más detenidamente y, sobre todo, con más cariño, llegará a la conclusión de que más que hacer reír a un espectador cultivado, lo que Brueghel pretende es enseñarnos que en esto de las bajezas, todos los hombres somos iguales.

En su lienzo titulado En Jauja, se pone en evidencia la necesidad universal de comer.

En Jauja

Universal porque junto al labriego yacen dormidos un noble caballero y un erudito, cada uno en un lecho distinto, cada uno en su lugar. El noble, observen, duerme sobre una almohada, el erudito sobre su abrigo de piel y el campesino sobre el látigo de trillar. Los tres han atravesado la montaña de masa para beber vino, comer huevos, carne y pollo antes de echarse a la bartola a dormir.

Hasta aquí la primera parte del exabruptario título de hoy. Pero como todos sabemos, y Brueghel también lo sabía, tras el proceso digestivo se concluye con un acto evacuatorio.

En varios lienzos pueden verse figuras masculinas junto a muros dando la espalda al espectador, como en el caso de La matanza de los inocentes , Día sombrío o El censo de Belén ; o incluso en cuclillas con el culo al descubierto como en su famosa La urraca sobre la horca . Les emplazo a que descubran a estos tan humanos personajes. Recalco lo de “masculinas” porque la indiscreción de Brueghel tenía un límite: omite a las mujeres y nunca estas acciones son representadas de manera que parezca un espectáculo (¿Acaso no cerramos nosotros, hombres del siglo XXI, la puerta del baño cuando vamos a orinar o defecar?).

Que Brueghel optara por pintar estas acciones lo distingue de casi todos sus contemporáneos, sobre todo de los llamados romanistas. Si éstos acentuaban todo aquello que distingue al hombre del animal, Brueghel, por el contrario, pone de relieve lo que tienen en común: el lado natural del hombre y lo que hace de él una criatura.

Ya ven, amigos, todos los hombres debemos de atender, irremediablemente, nuestras necesidades más urgentes. Todos, sin excepción, comemos, cagamos y orinamos. Incluso la Schiffer.

WILLIAM TURNER: PAZ. FUNERALES EN EL MAR

“La Tierra tiene bordes de féretro en la sombra.”

César Vallejo, “La copa negra” en Los heraldos negros


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El 1 de junio de 1841 fallecía a bordo del vapor que le traía de regreso de su viaje a Palestina, David Wilkie , gran amigo y colega de Turner. Llegado al puerto de Gibraltar, el navío se ve obligado a seguir su camino de muerte y no puede atracar por la negativa de las autoridades ante el temor a la peste que está haciendo estragos en el Próximo Oriente. El cadáver del escocés es sepultado, esa misma noche, en el mar.

En 1842 pinta Turner este óleo sobre lienzo a modo de elegía por la muerte de su amigo. La escena está dominada por una luz turbia y mortecina que cielo y agua recogen con la fría claridad de la muerte. Sólo un punto cálido se concentra en el centro mismo del cuadro coincidiendo con la sepultura de su gran amigo, al descender su cuerpo al agua, iluminado por el fuego de las antorchas.

El luto del casco del barco se rompe en dos por el cono de luz. Como el corazón de Turner. Como el corazón de cualquiera de nosotros ante cualquier tipo de orfandad y abandono. De todo el cuadro, las dos velas negras de proa se destacan de forma especial. Su nítido contorno contrasta con la difuminación de todo aquello que vemos. El reflejo de la embarcación en el agua se extiende peligrosamente hacia nosotros, espectadores mudos del velatorio: la muerte vendrá a recogernos tarde o temprano porque la tierra tiene bordes de féretro en la sombra.

GERARD TERBORCH: LA CARTA REHUSADA

Hoy les presento una historia inacabada. Entiéndanme, no se trata de que la obra –en este caso un óleo sobre tabla- no esté terminada, sino de que la historia que narra queda en suspenso. Pero si les parece, hablemos de esto un poco más tarde, tras una breve introducción.

Gerard Terborch pertenecía a la generación de Vermeer, magnífico artista del que ya hemos hablado en más de una ocasión, y encarnó la última fase importante de la pintura holandesa de género. A partir de mediados del siglo XVII, el cuadro holandés de género y sociedad experimentó ciertos cambios. Desde el punto de vista formal la importancia dada a los materiales y al tratamiento de superficies era prioritaria y, desde el plano temático, se observa una preferencia por los ambientes nobles, prácticamente cortesanos. Desde este punto debemos contemplar hoy La carta rehusada, ejecutada por Terborch hacia 1655.

gerard terborch la carta rehusada

Como es nuestra costumbre, pasemos a detallar qué vemos: un hombre joven, ataviado con un pintoresco uniforme de soldado, ha sido recibido por una dama en una estancia burguesa para entregar una carta. Se trata de un mensajero, sin lugar a dudas. Si nos ocupamos en contemplar el gesto de la dama, pronto advertimos que éste no deja de ser un tanto extraño: la mujer retrocede ligeramente y esconde la mano en lugar de adelantarla para coger la carta. La criada muestra su sorpresa, expectante ante la actitud de su señora. El perro, cómodamente tumbado entre terciopelo, ladra al mensajero.

Si perteneciéramos a la sociedad de la época, podríamos interpretar las claves sin dificultad. Se trata, a todas luces, de una carta de amor. Nos lo dice un objeto presente en el fondo del cuadro: la cama. A pesar de ello, nuestra joven dama camina por los senderos de la virtud, como demuestran los objetos que se encuentran sobre la mesa: el lavabo y el cepillo simbolizan limpieza y pureza aunque, el espejo y el collar de perlas nos dicen que la dama no carece de un puntito de vanidad.

Como expertos observadores que somos ya, no se nos puede escapar que este óleo nos está contando una historia, pero la narración se ha convertido en cuadro en un momento de la acción en que se ha producido una pausa; como si Terborch jugara con nosotros, espectadores ávidos de información, y hubiera congelado la imagen de su película.

¿Qué hará el mensajero con la misiva? No lo sabemos, la dama se encuentra reticente a aceptarla y la criada espera expectante la decisión de su ama. Dada esta situación, el climax de la historia no se ha podido alcanzar y en este punto podríamos hablar de un “punto de naturaleza muerta” característica de la pintura holandesa en la que todo, objetos y personajes, parece haberse detenido.

Dejemos, pues, que la narración continúe en cada uno de nosotros, mientras tanto, mantengamos los cinco sentidos atentos y despiertos.

Si me lo permiten, para que el desenlace sea más sugerente, yo por mi parte estoy convencida de que la dama no va a coger la carta. Su fidelidad queda demostrada por algo que Terborch se encarga de colocar en el cuadro mismo. ¿Saben de qué les hablo?

Miércoles 18 de enero: efectivamente, como apuntaba ayer en su comentario Francisco, se trata del perro. No deja de ser una interpretación propia... El perro desde la Edad Media, se ha considerado símbolo de fidelidad y ha sido asociado, en la mayoría de los casos, a la figura femenina (fidelidad conyugal). Si observan con detenimiento, el perro ladra al mensajero de la misiva de amor, pero está seguro dentro de la estancia: continua acostado sobre el taburete de terciopelo aunque avisa, con sus ladridos, al intruso. En fin, amigos, el amante en cuestión tendrá que esperar por más tiempo a su amada.

 

EL HERMOSO PRESENTE DEL REY PALIMP

Hay deseos que nadie plasma por escrito en su carta a los Magos. Deseos no solicitados expresamente pero al fin y al cabo deseos. Un año más, sin pedirlo, el Rey Palimp , aquél que vive en Oriente, me ha dejado un presente. Un hermoso regalo de amistad que no se encontraba debajo del árbol, sino dentro de esta máquina que nos acerca a todos. Mientras escucho Moon River interpretado por Louis Armstrong cuelgo este mensaje de gratitud y les hago partícipes del presente. Los que me conocen sabrán leer entre líneas .

Gracias a todos por vuestras felicitaciones, gracias a tí, Palimp, por lo que nos regalas a todos, todos los días.

nota: para que nadie ponga en duda la magia y la inteligencia de este Rey, les haré una confesión: la performance data del mismo año de mi nacimiento.

¡Eres un mago y un genio!.

Regalo de Palimp

LA MARCHANDE D´AMOURS

la marchande d´amours

Este óleo sobre lienzo fue ejecutado en 1763 por Joseph-Marie Vien como encargo directo de Madame Pompidou. Es una obra cuya temática me sorprende y conmueve. Espero que los Magos dejen un cestillo como ése a quien haya solicitado este regalo, mientras tanto les dejo la imagen para su disfrute.

Yo, por mi parte, obtendré de los tres Reyes un regalo que no quiero dejar de recibir: un año más.

Soy afortunada… me lo traen de muy, muy lejos.

Séanme buenos, que los tres de Oriente todo lo ven.

Un abrazo

BUENOS DESEOS

BUENOS DESEOS Les deseo lo mejor para el nuevo año que está en puertas.

ENCUENTROS POR NAVIDAD

ENCUENTROS POR NAVIDAD Hoy, veintinueve de diciembre, mientras escucho Les avions en papier escribo estas líneas para decirles que esta tarde recibo un regalo –a modo de encuentro- de Navidad. No concibo mejor regalo ni mayor alegría.

Hoy, veintinueve de diciembre, voy a conocer a Palimp .

LIBIAMO, LIBIAMO (4/4)

caballero y dama tomando vino-vermeer

Hoy finalizamos con la serie de post dedicados al vino en la obra de Vermeer. La obra que hoy vamos a contemplar se titula Caballero y dama tomando vino y observen cómo el artista nos obliga, como testigos mudos de nuevo, a alejarnos aún más de la escena representada de tal forma que las figuras que la componen no advierten nuestra presencia. Dejémoslo estar…

La distancia a la que hago referencia arriba nos permite contemplar en esta ocasión el suelo de la estancia. Se trata de un embaldosado que forma un tablero de ajedrez tan famoso en la obra de Pieter de Hooch que sin duda el pintor de Delft se inspiró en ellos cuando ideó la obra de hoy (les dejo cuatro ejemplos para que puedan comprobarlo: uno , dos , tres y cuatro ).

En el lienzo de hoy, es el caballero quien sirve vino a la mujer para que ésta, y permítanme ser mal pensada, relaje su resistencia. Su mano sostiene el asa de la jarra, de una jarra de porcelana que es leitmotiv en tantas otras obras de Vermeer como En casa de la alcahueta, Joven durmiendo, La clase de música (Caballero y dama tocando el virginal), La muchacha con el vaso de vino (La dama con dos caballeros) o La clase de música interrumpida . En la escena que hoy contemplamos, la jarra se sitúa en el centro del cuadro (hagan dos ejes imaginarios y compruébenlo) y es imposible ignorarla. El caballero contempla a la joven dama que ya se ha llevado a la boca la fina copa de cristal que cubre su rostro a modo de máscara.

Por los objetos que se encuentran en la sala podemos deducir que está a punto de comenzar una deliciosa velada musical. El laúd sobre la silla y las partituras sobre la mesa nos dan fe de ello. La penumbra parece adueñarse de la habitación gracias a una contraventana cerrada situada al fondo a la izquierda. Aunque este detalle pueda parecernos de escaso interés, todo en Vermeer tiene un sentido y contiene una clave que debemos descifrar. En La tasadora de perlas el artista confiere al cuadro la misma intensidad de luz utilizando idéntico recurso. Parece ser (ya saben que esto no es ciencia como mi querido Tio Petros quisiera), que con él se alude al Libro de los Proverbios 4,19 en el que se dice que el camino de los impíos es tenebroso. Es decir, aquí está ocurriendo algo que ha de ocultarse a la luz del día. Esta explicación también tiene su base en el Universal Lexikon de Zedler, donde se asocia la oscuridad de una habitación con la infidelidad conyugal basándose a su vez en Job 24,15 :

“El ojo del adúltero el crepúsculo espía: ningún ojo –dice- me divisa”

Si ahora dirigimos nuestra discreta mirada y recuerden, silenciosa, hasta el foco de luz de la estancia, es decir, la ventana, en ella, semiabierta (tal y como la joven dama debe de empezar a estar), podemos ver un cudrilóbulo que alberga un contenido moral bastante especial. Además de la figura del escudo de Jannet-je Vogel, fallecida en 1611, primera esposa de Moses J. Nederveen, vecino éste de Vermeer, encontramos un motivo simbólico que se remonta a una ilustración del libro de emblemas de Gabriel Rollenhagen de 1611 titulado Nucleus Emblematum donde se representa a la templanza con sus dos atributos: la escuadra como símbolo del recto obrar y la brida, símbolo del control de los afectos. Si además de estas claves, atamos cabos escénicos, podemos observar cómo la ventana se encuentra exactamente en el eje visual de la muchacha, sin duda, a modo de prevención y de guía del camino que debe seguir.

Podríamos hablar más extensamente de los tipos de bebidas o “filtros de amor”, incluso del poder de la música imprescindible en estos lances amorosos, pero descansemos, y dejémoslos para otros post, cuando la Musa duerma, ahora, amigos, a disfrutar, y por supuesto, a beber.

Como comprenderán, una vez que las fieras diminutas, es decir, mis hijos, comiencen el período vacacional, mi ritmo de posteo bajará hasta cotas insospechadas pues la infancia de la que soy responsable tiene la virtud de transformar todo mi tiempo en un agujero negro, incluso –y no me malinterpreten- en un himen inmenso (parafraseando a algún poeta al que admiro) que todo lo traga: hasta la vida de este blog. Así pues, hasta que me dejen.

Un abrazo.

LIBIAMO, LIBIAMO (3/4)

El soldado y la muchacha sonriendo

Si en el post de ayer abandonábamos a una joven dama en los brazos de un delicioso sueño, en la obra que hoy quiero mostrarles la muchacha, aún despierta, es seducida mediante el vino. En El soldado y la muchacha sonriendo, Vermeer retoma la temática de La joven durmiendo . Así como en esta última obra la situación aparece aislada de cualquier contexto narrativo, en El soldado y la muchacha sonriendo, el artista representa sin escrúpulos el proceso de la seducción gracias al vino.

Un caballero con sombrero de ala ancha se encuentra sentado ofreciéndonos su espalda y una parte de su rostro aparece oscurecida por la sombra. La mano derecha, apoyada en su cadera, sueña seguro con posarse en otro lugar propiedad de la joven. No nos precipitemos, todavía está conversando con una muchacha que le sonríe con la luz que la pañoleta blanca confiere a su rostro. El tamaño del caballero comparado con el de la muchacha, otorga al galán un punto de dominio: Su poder acaba de servirlo en la copa que la dama sostiene en sus manos. Las sombras proyectadas en uno y la luz de la ventana y el pañuelo sobre la cabeza de ella nos hablan de las intenciones del caballero: el poder de uno; la pureza y la ingenuidad de la otra. Pero dejémosles solos, nuestra cercanía puede perturbarles…

Si me lo permiten, acompáñenme a otra estancia contigua de la casa. Esta vez guardaremos una distancia respetable y contemplaremos una situación más explícita si cabe de la seducción mediante el vino.

La muchacha con el vaso de vino Vermeer

En La muchacha con el vaso de vino o La dama con dos caballeros presenciamos una escena similar a la que Vermeer nos describía en En casa de la alcahueta con la diferencia de que en esta ocasión, la persona que presta los servicios de alcahuetería es el caballero sentado al fondo. La situación representada no difiere mucho de lo que hemos visto hasta ahora, pero se dan varios detalles que hacen de este lienzo algo especial.

Lo primero, advertir que, aunque a distancia (los personajes no aparecen recortados en la composición), nos encontramos –nosotros, los espectadores- en la misma estancia que los representados y, como testigos de la historia que se narra, la joven nos mira, sonriendo, mientras que con su mano derecha sujeta la copa de fino cristal y sus oídos seguro se deleitan con las palabras que le susurra el caballero. ¿Por qué nos mira?, ¿acaso espera nuestro beneplácito?

El segundo detalle y que puede pasarnos desapercibido, es la presencia de otro personaje más en la sala. Quizás la muchacha tampoco se haya percatado de ella, quizás la muchacha nos sonría porque sepa que está ahí presenciándolo todo.

La figura a la que me refiero es la representada en el cuadro colgado en la pared solitaria: el marido. Ausente en la realidad pero presente y admonitorio en el cuadro. ¿Será casualidad que su mirada se dirija a la joven dama? Fíjense bien y hagan sus conjeturas.

Les espero mañana.