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UNO DE LOS INFIERNOS DE DANTE (3)

UNO DE LOS INFIERNOS DE DANTE (3)

Poco antes de pintar La balsa, Géricault acababa de tener un romance con la joven esposa de uno de sus tíos. La joven fue expulsada al campo y el hijo ilegítimo, fruto de su relación con el pintor, fue dado en adopción sin recibir nombre alguno.
Géricault consintió que todo esto ocurriera. Atormentado por su cobardía y su culpa, vivía solo en su taller alquilado. Igual que el capitán de La Medusa, había abandonado a aquellos seres de los que era responsable. Se rapó la cabeza y, aislándose de todos sus amigos, se condenó a 18 meses de reclusión que le sirvieron para crear su obra.
Había tenido un hijo y había consentido que se lo llevaran con la misma ausencia de humanidad con la que los naúfragos devoraban los cadáveres.
Géricault quiso que el canibalismo apareciera en La balsa. Pero no con el realismo que le habían contado sino recurriendo a la imagen clásica del padre que sujeta con el brazo a su hijo muerto. Fíjense en la parte inferior izquierda del cuadro. Esa figura alude al Conde Ugolino, aquel personaje que Dante quiso que estuviera en su Infierno. Los enemigos del conde lo encerraron en una torre, sin alimento alguno, junto con sus hijos. Cuando éstos murieron, el conde se mantuvo vivo comiéndose su carne:

”Dos días les llamé aunque estaban muertos:
después más que el dolor pudo el ayuno”
Canto XXXIII


Todo el tiempo y el trabajo que dedicó en ejecutar La balsa no le libraron del sentimiento de culpabilidad ni de haber fracasado en la vida. Una vez que acabó la obra, sus tentativas de autocastigo y destrucción se multiplicaron hasta el punto de intentar suicidarse en varias ocasiones hasta que una caída del caballo le provocó heridas tan graves que no pudo resistir más.
Como los naúfragos de su obra, Géricault no pudo conseguir un puesto en el centro de la balsa y no resistió lo suficiente para divisar, en un horizonte carente de esperanza, bergantín alguno que lo salvara.
El más naúfrago de todos moría a la edad de 32 años.

UNO DE LOS INFIERNOS DE DANTE (2)



Durante la segunda noche se desencadenó una lucha atroz por la supervivencia. Todos querían ocupar un sitio en el centro. Los oficiales acabaron con el motín y mataron a 65 hombres “borrachos y dementes por el miedo, y en legítima defensa”.
Al cabo de una semana quedaban 28 supervivientes, pero claro está, todavía eran demasiados. “De esa cifra sólo 15 parecían capaces de sobrevivir algunos días, todos los demás estaban gravemente heridos y habían perdido la razón. Tras una larga discusión, decidimos tirarlos al mar” escribiría después Savigny. El cirujano procedió a seleccionar las víctimas y en su posterior tesis doctoral “Los efectos del hambre y la sed entre los naúfragos” contaba que el cuarto día, los pasajeros de la balsa de “La Medusa” se vieron obligados a completar la ración de vino con agua salada y orina y, que al tercer día ya aparecieron los primeros casos de canibalismo:

”Aquellos que habían conservado la vida, se lanzaron ávidamente sobre los cadáveres que cubrían la balsa. Los cortaron en trozos e incluso algunos los devoraron inmediatamente. Una gran parte de nosotros rechazó tocar aquel espantoso alimento, pero finalmente cedimos a una necesidad que es más fuerte que cualquier humanidad. Veíamos aquella horrible comida como un medio deplorable y único de prolongar nuestra existencia”

El propio Savigny propuso cortar los cadáveres en tiras y secarlos al sol. El espectáculo de los cadáveres sangrientos horrorizó a los salvadores de la balsa que, confudieron en un primer momento las tiras de restos humanos por fragmentos de vela o de ropa hecha jirones.
Después de 13 días navegando a la deriva, los hombres de “La Medusa” descubrieron un barco. El bergantín “L´Argus” había sido enviado para rescatarlos. Géricault quiso plasmar ese momento con el lienzo conocido hoy por La balsa de la Medusa en 1819, cuando tan sólo contaba 27 años.
El joven Géricault expuso su monumental cuadro en el Salón oficial de París con el anodino título de “Escena de un naufragio”. El lienzo constituyó toda una provocación ya que todavía catástrofe y escándalo, estaban vivos en la memoria de todos, memoria que el nuevo régimen político hubiera querido olvidar.
Géricault había conocido personalmente a Corréard y Savigny y había leído la obra en la que ambos relataban su trágica experiencia. El pintor quiso retratarlos a la derecha del mastil.
Sobre las barricas y las cajas que apilan los naúfragos para que el Argus pudiera divisarles, Géricault sitúa a un hombre negro. Se llamaba Jean-Charles y era el único “plebeyo” de los supervivientes. Él era quien ejecutaba los acuerdos que tomaban oficiales y científicos; él era el encargado de echar por la borda a las víctimas designadas por Savigny. Al igual que otros cuatro supervivientes, Jean-Charles murió de indigestión a bordo del Argus, al ingerir demasiada comida con demasiada rapidez.
Quiso Géricault que la monumentalidad del lienzo (491x716 cm) se correspondiera con la magnitud del drama. Con los datos proporcionados por el cirujano y el cartógrafo, mandó construir una maqueta de la balsa y alquiló un taller mayor que el suyo cerca de un hospital. Allí se le autorizó a pintar a los agonizantes y a los muertos e incluso pudo llevarse trozos de cadáveres para poder observar el color de la carne cuando comienza a descomponerse. Dispuso de todos los medios a su alcance para realizar una obra realista...pero no la pintó de este modo.
Como en su lienzo, la vida del joven Géricault transcurría en medio de un mar bravo, intentando sobrevivir a la tragedia de su vida personal, sabiéndose superviviente fracasado de la misma y aterrorizado por la ausencia de redención alguna.
Mañana, amigos míos, si ustedes quieren, pasearemos por ese otro infierno: aquél que impulsaba la mano de Théodore Géricault.

UNO DE LOS INFIERNOS DE DANTE (1)



La historia se repite. La primera vez como un drama. La segunda como una comedia.
Hegel

La fragata real “Medusa” había abandonado su puerto francés el 17 de junio de 1816 con destino a San Luis en Senegal. Era considerada como la embarcación más moderna y rápida de su tiempo, y tenía como objetivo tomar posesión de la colonia del Africa occidental que Inglaterra había restituído a Francia.
A bordo se encontraban el nuevo gobernador de Senegal y su familia, el personal administrativo y un batallón de infantería de marina que protegería las posesiones de ultramar. El cartógrafo Alexandre Corréard formaba parte de un grupo de sesenta científicos que quería explorar el Senegal. Cerca de 400 pasajeros se encontraban a bordo de la fragata, muchos más de los posibles y demasiados para los botes de salvamento.
Desafiando con insolencia sus limitaciones, como después ocurriría con el Titanic, en lugar de navegar con los tres navíos de la escuadra como establecían las ordenanzas, La Medusa se adelantó y, a toda vela, emprendió en solitario el largo viaje.
Al mando de la fragata se encontraba Hugues Du Roy de Chaumareys, un hombre que tras huir de Napoleón, había ganado la confianza de los Borbones no por sus méritos en alta mar sino frecuentando durante 25 años los salones de emigrantes en Coblenza y Londres. La lealtad a la monarquía, pues, era más importante que los conocimientos de navegación y experiencia en alta mar. Su arrogancia aristocrática hizo que desoyera los consejos de sus oficiales durante la travesía a Senegal. Con más de un conflicto, los errores de navegación y la negligencia del capitán, hicieron que la fragata encallara en el banco de Arguin, cerca de las costas africanas, entre las Islas Canarias y Cabo Verde, para finalmente naufragar el 2 de julio, día aquel con buena visibilidad y mar en calma.

Después de algunas tentativas para reflotar la nave, los responsables perdieron el poco control que les quedaba y dieron la orden de evacuar el barco. En medio del pánico, el egoísmo y la brutalidad, el nuevo gobernador, el capitán y los más altos oficiales ocuparon los seis botes de salvamento. 147 personas que no tuvieron sitio en los botes, se vieron obligadas a ocupar una balsa construida de forma precaria con tablones, fragmentos de mástil y cuerdas. Los ocupantes de los botes prometieron que los remolcarían hasta tierra firme, pero dos horas más tarde cortaron las cuerdas que unían los botes con la balsa.
Fue entonces cuando la desesperación desencadenó la lucha por la supervivencia.
Los 147 naúfragos tan sólo disponían de una caja de galletas que se acabó en un día. Las reservas de agua se cayeron la primera noche al mar y no quedaron más que algunas barricas de vino. Pero la brutalidad no vino por la falta de comida ni bebida, sino por conseguir los mejores puestos en la balsa, es decir, había que ocupar los lugares del centro para salvaguardarse de las olas. Los pocos funcionarios y oficiales que no pudieron obtener un sitio en los botes de salvamento, se hacían con estos puestos. Entre ellos también se encontraban, el cartógrafo Corréad y el cirujano de la fragata Henri Savigny. Estaban armados y la fuerza de “la razón” era indiscutible.
Veinte personas que se habían quedado en el borde de la balsa, desparecieron durante la primera noche.

Hoy les he mostrado el comienzo del infierno de una tragedia, mañana nos adentraremos en el infierno de la desesperación.
Un saludo

GÜIQUEN

GÜIQUEN

No me hagan excesos el fin de semana...

ITACA

ELLA (desde el sofá)
- Dame ideas para un post.

EL (desde el escritorio)
- Ya pensaremos en algo más tarde.


“Más tarde”. Cuestión de tiempo. Futuro. Otros piensan en un fondo de pensiones que les permita vivir su vejez sin apuros económicos. Ellos son distintos. Perderán facultades con el paso de los años, por eso hacen deporte intelectual.

EL
-Por el Alzheimer; para que no nos pique.


Es un embaucador. Le arrolla a donde quiera que vaya. Con el sánscrito no ha podido con ella; pero hace un par de años se tiraron de lleno al griego clásico. No había más que ponerse los deberes mutuamente para que siempre hicieran más. Como una competición en la que gracias a adelantarse el uno al otro ambos llegaran irremediablemente a la vez. Reían.

La agónica existencia (en el sentido clásico del término)de él hace que vivan en jaque los dos. Es como un tornado engulléndolo todo a su paso. Cuando está en plena actividad recuerda a los héroes griegos; y por plena actividad se entiende aquel estado de lucha huérfana ante las adversidades que exige una concentración total. A cualquier pregunta contestará él con un futurible.

Hace un año comenzó a escribir un blog. No paró hasta que ella, más o menos dos meses más tarde, y a fuerza de insistir (con esa cabezonería propia de los niños), comenzó a escribir el suyo.
Ahora le toca al esperanto. Ya lo hablaba su abuelo con un reducido círculo de amigos. No hay más que formularle a ella un simple interrogante del tipo ¿Te gustaría que pudiéramos hablar en esperanto tú y yo? ; y a continuación , como el mejor abogado que el diablo pueda imaginar, ensalzar las grandezas de su nueva empresa. Empresa que, cómo no, es la mejor que uno pueda soñar.

Entonces ella le responde que sí, que vale, que “déjame que lo piense y te digo”. Entonces él, sin respetar tregua alguna, aparece al día siguiente con una gramática y un diccionario español- esperanto /esperanto- español. Ella le sonríe. Comienza a vislumbrar la espada del héroe. Ella, que practica la templanza como virtud, le propone que se sienten en una terraza para tomar una cerveza. Ella, al tiempo que enciende un cigarrillo, contempla atónita cómo él, sxia hero , comienza a desplegar sobre la mesa del bar un sinfín de papelitos con una palabra escrita por ambos lados. Kiu, kio, kies, kiam... Ya está. Ya se la ha llevado otra vez con él. Si no fuera porque él la persigue por la cocina rectificando cada cosa que ella hace, parecería que no es humano. “Hiperión”, le llama ella en ocasiones. El Ulises que viaja siempre con su Penélope al lado. Porque como él dice, lo importante no es Itaca. Es viajar juntos.

El viaje, eso es lo que ambos desean. Y entre viaje y viaje, una escala para ver juntos una película de amor de ésas que a ella tanto le gustan; de ésas que el tanto detesta. Pero lo mejor de todo es cuando él, en silencio, en esos silencios que unen, le toma fuertemente de la mano cuando una lágrima empieza a pasear por su mejilla. En silencio. Con ese lenguaje que sólo él y ella dominan.

SÍFILIS

SÍFILIS

Tomado del lat. Mod. Syphilis título de un poema compuesto por el italiano Girolamo Fracastoro en 1530, cuyo protagonista Syphilus contrae este mal; este nombre se cree imitado del de un personaje de Ovidio.
El propio Fracastoro empleó más tarde syphilis en un tratado médico en latín, aplicándolo ya al mal, tardó este nombre en generalizarse, pues en inglés no se documenta hasta 1718, en francés hasta 1808; en cast., como en casi todas partes, la denominación tradicional fue “mal francés o gálico”, aunque en realidad parecen haber sido los descubridores de América los que trajeron de allí la enfermedad


Cuestión de importaciones y exportaciones señores, ya lo ven.
¡Quién le iba a decir al pobre Girolamo que el nombre del protagonista de su poema iba a resultar tan conocido internacionalmente después de tantos siglos!
Y es que hay que tener mucho cuidado a la hora de pasear el bicho por parajes desconocidos, porque seguro, seguro, en alguno habita una mala bicha. Y las malas bichas tienen mucha mala leche.
Pero a lo que iba. El Sr. Fracastoro tuvo mejor suerte que el Sr. Condom, higienista inglés del siglo XVIII que inventó los preservativos. A pesar de que este último hizo lo posible para que su apellido no se relacionara con el artilugio al que dio a luz, los hombres, que no necesitamos de razón alguna para joder al prójimo, decidimos inmortalizar el nombre familiar de este inglés para siempre.
Si es que a la hora de joder, que se joda el otro. ¿A quién le gustaría llevar en ocasiones su apellido a lo largo y ancho del pene del vecino?
Vamos, es que no quiero ni pensarlo...

LA TEMPESTAD O EL CONJURO DE UN INSTANTE (3)

Como vimos ayer, no podemos dar por cierta ninguna interpretación sobre el tema del lienzo dado el gusto de venecianos y florentinos por obras no sujetas a un contenido dado, dejando en libertad, de esta forma, la fantasía del espectador.
Podría tratarse de una pintura para fomentar las asociaciones libres: las columnas podrían aludir a la Antigüedad clásica, a los poemas pastoriles grecolatinos, pero un dato sí es curioso. Así como el hombre va ataviado al uso de la época como un personaje contemporáneo, entonces cabe pensar que las mujeres desnudas también deben de serlo. Me explico.
Una mujer desnuda tenía que representar a Eva, a Venus o a una ninfa. Indudablemente, en ningún caso podía tratarse de una veneciana o una florentina, al menos en aquellas obras destinadas al gran público. Lo prohibía una convención enemiga de lo sexual y lo corporal que surgió, cómo no, al amparo de la Iglesia. No obstante, en círculos más reservados, las cosas eran distintas. Tal vez Giorgione deseaba romper con ese convencionalismo mostrándonos a la mujer desnuda y sabiéndose “el mostrador” de tal desvergüenza.
En cualquier caso, el pintor no debía de tener muy clara ni tan siquiera la composición de la obra: un examen radiológico de la misma que se llevó a cabo en 1939 dio como resultado una figura desnuda con las piernas en el agua en el lugar donde hoy aparece el caballero. La mujer que amamanta se pintó posteriormente.

De lo que no cabe duda es la admiración que los coetáneos del pintor sentían por la maestría de éste a la hora de reunir personas y naturaleza. Al contrario que su maestro, Giovanni Bellini, las figuras y objetos no están delimitados por un perfil sino más bien por un color superpuesto o contiguo resultando una unidad óptica como hasta entonces no se había visto.
Al no estar contorneadas, las figuras están dotadas de cierto margen de movimiento, como si la mujer desnuda pudiera adoptar otra postura en cualquier momento.
A una tradición pictórica que ensalzaba lo eterno, lo duradero y los ideales de belleza, Giorgione aportó lo fugaz, el cambio permanente en el cuadro, la mirada rápida, la brevedad de un relámpago, el conjuro de un instante que podría pasar a ser otro.
El mismo deseo con diferentes técnicas lo veremos en los impresionistas siglos más tarde.
Que pasen un buen fin de semana.

LA TEMPESTAD O EL CONJURO DE UN INSTANTE (2)

LA TEMPESTAD O EL CONJURO DE UN INSTANTE (2)

Nos habíamos quedado en la cuestión de la identidad del caballero que contempla a la mujer amamantado al niño. Pues bien, la interpretación más convincente es la que le asocia con Paris, el hijo del rey de Troya. Su madre soñó que el niño causaría el hundimiento de la ciudad y por eso lo abondonó en el monte Ida. Fue criado por un pastor y su mujer. Pero en el lienzo no se recrea esta escena sino una posterior. Paris se convirtió en pastor, como su padre adoptivo, y estaba enamorado de una ninfa del río, que dio a luz un niño. Así pues, el momento que Giorgione plasmó en su obra es aquel en el que Paris se despide de la ninfa una vez que Afrodita le ha prometido el amor de la mujer más bella del mundo, Helena, reina de Esparta.
Esta interpretación es corroborada por una serie de detalles tales como el simbolismo del río como patria de la ninfa o el rayo y la tormenta como premonición del aniquilamiento de Troya. Paris tiene que defenderla y por esta razón aparecería en el lienzo no sólo como pastor sino también como soldado. Sin embargo, no deja de ser una interpretación más ya que venecianos y florentinos amantes del arte, sentían una predilección especial por hacer irreconocibles algunos elementos del cuadro. Quizás fuera un antojo de la clase alta, el gusto por un saber de expertos que debía ocultarse al común de las gentes. Así, el arte concebido como un encargo oficial debía ser inteligible para todos mientras que el arte para iniciados se dirigía a observadores dotados de un código especial.
Ya ven ustedes que unos cientos de años después estamos aquí especulando e intentando desentrañar el asunto. Giorgione consiguió su objetivo.

Y hasta aquí el mío por hoy. Mañana finalizaremos esta serie de post con la figura femenina que mira al espectador de forma tan enigmática.
Que ustedes lo pasen bien.

LA TEMPESTAD O EL CONJURO DE UN INSTANTE

LA TEMPESTAD O EL CONJURO DE UN INSTANTE

Giorgione, junto con Durero, descubrió el paisaje para la pintura. Estamos hacia 1507 en Venecia. Dos personas se encuentran fuera de la ciudad, en plena naturaleza. El hombre de la vara es un soldado (1530) o un pastor (1569) y observa plácidamente a la mujer desnuda que amamanta a un niño. Ella nos mira ¿nos pregunta algo?
Cuando Giorgione pinta La tempestad, la mayoría de las familias patricias y burguesas de Venecia han consolidado su riqueza y, en esa época, un a de sus ambiciones era poseer una caa de campo que las alejara de las estrecheces de sus islas. Al igual que en la literatura, en la pintura se plasma esta propensión por lo natural y lo bucólico, haciendonos visibles la profundidad espacial, la transformación del color en la distancia y los detalles de la naturaleza observados desde cerca.

El hombre del cuadro lleva unos pantalones con las hendiduras propias de la indumentaria de los lansquenetes. Sin embargo, la vara que porta carece de punta metálica, por lo que más que una lanza podría tratarse más bien de una herramienta de pastor. La chaquetilla corta de mangas formaba parte del atuendo de los jóvenes de buena familia...
El cuadro fue un encargo de Gabriele Vendramin. Tan sólo contaba con 23 años cuando se pintó La tempestad pero se sabe que el hombre del lienzo no era él. Tampoco se trata de un autorretrato porque Giorgione significa "el gran Giorgio" y este apelativo se debía según los cronistas, no sólo a la grandeza de su mente sino también a su talla corporal.
Con la incógnita de la identidad del varón, fíjense en la poca elegancia con la que la mujer aparece sentada sobre una sábana blanca.

Su postura es casi forzada y el niño está sentado junto a ella pero no en su regazo como cabría esperar. ¿A qué espera para marcharse de ese lugar cercano al río cuando la tempestad amenaza? Algunos investigadores apoyan la suposición de que se trate de Dionisos oculto en los brazos de una ninfa para salvar al niño engendrado por Zeus de la ira de Hera. Otros, hablan de que podría tratarse de Moisés, una vez depositado en el Nilo por su madre y salvado por la hija del faraón y entregado a su vez a una nodriza para que fuera amamantado. Igualmente, existe otra interpretación por la que se afirmaría que se trata de Caín. La ciudad despoblada del fondo simbolizaría el paraíso; la tormenta, la ira de Dios. Pero el que nos plantea un problema a la hora de aceptar esta interpretación es el supuesto Adán. Ni tiene pinta de trabajar la tierra, ni va cubierto ni de piel ni de ninguna hoja de higuera. Tampoco tiene aspecto de haber sido expulsado de ninguna parte.

¿Quién será? Corran, corran que la tempestad ha comenzado.

Hasta mañana.

GALIMATÍAS

GALIMATÍAS

1765-83. Tom. Del fr. galimatias id, 1580, de origen incierto. Quizá de Barimatía (luego Galimatía), empleado popularmente como nombre de un país exótico, de donde procedería el personaje evangélico José de Arimatea, y luego aplicado a lenguajes incomprensibles, que se creen hablados en países lejanos. De la forma latina de su nombre Joseph ab Arimathia, salió Barimatía, después más alterado.

Los amantes del arte y, en especial, los responsables del Museo Munch, pusieron ayer el grito en el cielo (más bien, en el maletero) cuando, en un exceso de celo, pudieron comprobar que la ecuación “encapuchado con pistola” más “desaparición de dos obras de arte” es igual a “robo en propias narices”. Para rematar el “des-arte”, añadir que no estaban conectadas las alarmas (para qué, era domingo) y los cuadros sólo estaban cubiertos por el seguro para el caso de incendio o goteras. Por esto mismo, los cacos que cometieron el latrocinio estarán ahora echando fuego hasta por las orejas de la risa con la que contemplan cómo el director del museo gotea pantalones abajo.
Como todo en nuestra maravillosa vida occidental, el dinero encarna lo verdaderamente importante y en el mundo del arte no iba a ser menos. Los hombres importantes en arte son aquellos que mueven dinero.
Íbamos Tio Petros y yo por tierras leonesas, acompañados por un programa matutino de radio cuando un periodista valiente donde los haya hacía una entrevista a nuestra famosa adinerada y segunda viuda de España, la Baronesa Thyssen.
A todas las preguntas del incansable periodista, respondía ella con el calificativo “muy bonito”:
Periodista
- ¿por qué su predilección por las obras de pintores andaluces del s. XIX?
Baronesa
- pues porque esta pintura es muy bonita.

Periodista
- ¿va a continuar con la labor de coleccionista que comenzó el Barón y antes su padre?

Baronesa
- por supuesto que sí, porque la colección me parece muy bonita.

Periodista (prácticamente ahorcándose)
- me imagino que tendrá buenos asesores que le aconsejarán sobre qué obras comprar.

Baronesa
- claro que sí. Pero yo me guío de mí misma y de los conocimientos que he ido adquiriendo en estos años y los que me enseñó mi marido. Hay cuadros muy bonitos aunque no puedo tener todos los que me gustaría. Los impresionistas por ejemplo son muy bonitos y sería muy bonito poderlos exponer en el museo...

¡Dios mío!
¿es que esta mujer no sabe que existen en nuestra lengua adjetivos calificativos diferentes a “bonito”?
¿no existe sobre la faz de la tierra un intrépido asesor que informe a esta buena mujer y bonita en su juventud que existen galimatías tales como temática, cromatismo, intensidad, luminosidad, técnica o genialidad?
¿será que el hábito no hace al monje y allá donde vaya la Baronesa siempre la acompañará Carmencita Cervera, Miss Braguetazo 19...?
Pero no se preocupen, amigos, que no hay dos sin tres y el retoño de la Sra. Académica viene con ganas de coleccionar. Pues nada, que empiece por las chapas o los cromos de la selección que tienen muchos colores y son muy bonitos.
Si es que lo exótico ya no es lo que era...

OTRA VERSIÓN DEL CUENTO DE PINOCHO

OTRA VERSIÓN DEL CUENTO DE PINOCHO

Ayer ví en las noticias de televisión (no importa el canal), que nuestro internacional Miquel Barceló está “decorando” una de las capillas de la Catedral de Palma de Mallorca. La obra representa el milagro de los panes y los peces que todos conocemos. El “artista” ha querido plasmar, utilizando materiales como el barro y la cerámica, la narración del Evangelio de una forma “mediterránea” y al puro estilo Barceló (ya saben ustedes que en cuestión de gustos y proyectos, la Iglesia es muy exigente y si no que se lo hubiesen preguntado al mismísimo Miguel Angel).
Fiel a su concepción del arte, Barceló ha inundado de su particular visión del relato bíblico el interior de la capilla que anteriormente mencionaba con infinidad de peces de colores, con calaveras (¡ojo! que ÉL personalmente ha realizado en barro) y con la figura de Cristo Nuestro Señor.
El Maestro, con infinita benevolencia, nos ha invitado a degustar con un año de antelación –pues la obra no estará finalizada hasta dentro de un año- lo que el presentador de televisión ha calificado como “de inspiración gótica”.
En fin, qué les voy a decir, si ya saben ustedes que el mallorquín no es, precisamente, santo de mi devoción. Y como con la Iglesia hemos topado, pues comentar (como quien no quiere la cosa) que he podido contemplar en más de una ocasión las barbaridades que la autoridad eclesiástica de turno ha consentido que se haga en monasterios e iglesias (y si no, vayan al monasterio de Fitero (Navarra) y vean cómo el responsable de la Iglesia ordenó que taparan con sintasol imitando a piedra, el interior de una de las naves del crucero, cubriendo la piedra original que previamente había sido cubierta con cal en una manipulación anterior. Si no fuera una mujer educada me atrevería a decir que de paso podían haberle tapado los huevos al ordenante de dicha aberración).
Pero volvamos, ya para finalizar, al “momento Barceló” con sus panes y sus peces. Si me permiten voy a exponerles mi visión particular de lo que han osado en denominar “obra de arte de inspiración gótica”. Una mierda. Mejor dicho, una mierda por cada uno de los panes y de los peces. Se lo voy a explicar de forma más gráfica para hacerme entender mejor:
¿Ustedes se imaginan la ballena que cobijó a Pinocho en su interior, vomitando de forma convulsiva después de haberse atiborrado de pimientos del piquillo y spaguetti boloñesa?
Pues eso, 300 metros cuadrados de vómito gótico. Una mierda.
Claro, que por comentar...

DEDICATORIA

Barceló, Pinocho del arte contemporáneo.
Nunca le tuve aprecio al muñeco de madera que maltrataba a un viejo con ilusionismos humanoides.

Barceló, Pinocho estafador con mentiras occidentales manejando hilos económicos con los que te mueves con libertad entre las entrañas de viejas ballenas.

Para tí no habrá hadas que te hagan ser real y morirás con la certeza ajena de que tu vida feliz ha sido un cuento con final desgraciado.

La memoria de tu infancia con la que dices que colaboras a la hora de crear tus obras será la única con la que puedas contar. Los viejos carpinteros te olvidarán.


EL ENGAÑO

EL ENGAÑO

En la dedicatoria con la que Daniel Samoilovich introduce su poema titulado El engaño nos dice:

”Día” puede parecer a los hablantes de otra lengua
un verbo conjugado en pretérito imperfecto


Eso es poesía: engaño y seducción. Naturalmente se necesitan dos:
el que engaña y el que juega a ser engañado.
Desgraciadamente para mí soy de los que se dejan engañar. El medio me resulta espectacular. El lenguaje en estado puro como una gran molécula de infinidad de enlaces secretos al alcance de cualquier mano y tan calva como la mitológica ocasión.
¿No les parece sorprendente que con un material tan barato como el lenguaje alguien que no conocemos pueda hacernos partícipes de un juego de seducción? Pero no se confundan, como en todo en esta vida tiene su técnica y su genialidad. Ramón Irigoyen nos ofrece las claves en su Arte poética:

Un poema si no es una pedrada
-y en la sien-
es un fiambre de palabras muertas
si no es una pedrada que partiendo
de una honda certera
se incrusta en una sien
y ya hay un muerto


La palabra, la amante del poeta nos es mostrada de todas las formas posibles. En su desnudez o ricamente ataviada. Alerta, con los ojos entornados pero siempre despierta... como las buenas amantes. Permite que la deseemos, que nos vayamos acercando a ella, que la toquemos con dedos invisibles.
Ya ha surtido efecto el engaño de este “arte poética”, la sien se resiente del golpe. Es entonces cuando el poeta se mofa de nosotros y con ironía nos advierte dónde está su lugar:

El límite siempre culpó al límite
de que la vida
estuviera de algún lado


El poeta nos hace vigilantes del mundo que él ha creado, que manipula a su antojo y que, como todo, acaba con un punto y final. Sin embargo, también nos señala el camino que para todos constituye una tabla de salvación. Redimirse en la palabra sabiéndonos engañados:

Hay algo de inexacto en los recuerdos:
una línea difusa que es de sombra,
de error favorecido.

Y si la vida
en algo está cifrada,
es en esos recuerdos
precisamente desvaídos,
quizás remodelados por el tiempo
con un arte que implica ficción, pues verdadera
no puede ser la vida recordada.

Y sin embargo
a ese engaño debemos lo que al fin
será la vida certera, y a ese engaño
debemos ya lo mismo que a la vida


Que pasen un buen día.

NOLI ME TANGERE



En el Evangelio de San Juan, se narra la aparición de Jesucristo a Magdalena. En 1511, Tiziano reproduce esta narración en un lienzo titulado Noli me tangere dotándolo de una profunda ambigüedad que ahora veremos.
Por una parte, Cristo separado ya de la vida terrena por la muerte, no es representado como una aparición sino con la presencia visible de un hombre vivo. Sigue siendo tangible pero no puede ser tocado hasta que se reúna con su Padre.
El hombre y la mujer están dispuestos en dos regiones separadas de los dos cuadrantes inferiores, pero la Magdalena quiebra la separación central por la ubicación de su cabeza y, sobre todo, por la agresiva acción de su brazo derecho que se aproxima al protegido centro de la masculinidad del hombre.
El bastón que hace de divisoria visual entre ambas figuras no parece intimidarla. Si ustedes observan atentamente, la mujer representada es una configuración de cuña activa que se arrastra por el suelo cubierta por el brillante rojo de su ropa. Como contrapartida al rojo, el contrapeso frío del agua azul que envuelve la cabeza del hombre. Su cuerpo reacciona ante la proximidad de la mujer con la concavidad de su retraimiento expresado, especialmente, por la inclinación del torso.
Como les decía al comienzo del post, la ambigüedad que confiere Tiziano a la obra viene expresada exactamente por dicha inclinación y representada por la diagonal que se produce:
Si se interpreta en dirección descendente, parece como si Cristo rehúsa el contacto; si se interpreta en ascendente, parece que se inclina con gesto protector para recibir a la mujer.
Los dos centros del cuerpo del varón (cabeza y pelvis), actúan de contrapunto para representar la ambigüedad entre ambas figuras.

Tiziano la legó a la historia del arte de esta manera. En ustedes está ahora el “inclinarse” hacia una u otra versión. Aunque recordando aquellos versos de Juan Ramón Jiménez en los que decía “No lo toques más,/que así es la rosa”, me “inclino” por mantener la sutileza de esta ambigüedad que es la que hace que se nos muestre bella.
Un saludo

EL RETORNO

EL RETORNO

Todavía no he terminado con ellas aunque ya presiento cercano el fin.
No somos nada.
Ayer leía en la novela de L. Sciascia, El caballero y la muerte, que “cuando un edificio canta, eso es arquitectura”. En esto pues consisten mis vacaciones favoritas: en ver arquitectura.
Este año Tio Petros y yo hemos recorrido León de arriba a abajo y de derecha a izquierda. (Por cierto, desde aquí mando un saludo a Julia, lectora de este blog, a la que pudimos conocer una tarde inolvidable en Babia y a Alberto, a Marta que todavía me debe la historia de los huesos de Santiago y a Abdul, que recita los últimos versos de “Cerrar podrá mis ojos la postrera”, que ya hubiera querido el mismo Quevedo...).
Como una niña, así es como me he sentido. ¿Acaso uno puede mantenerse frío ante el paisaje plácido y fantasmal de las Médulas o ante la fuerza y la arquitectura natural de un riachuelo que construye la cueva la Valporquero o ante la luz de Dios -¡de quién si no!- que traspasa las vidrieras de la catedral de León?
He contemplado en las caras de los peregrinos del Camino de Santiago el cansancio acumulado de siglos al sol, curándose las ampollas de los pies en las escalinatas de la iglesia de Villalcázar de Sirga o en el albergue de Rabanal del Camino.
Es más, les voy a contar un secreto de este viaje: he estado en el cielo con el coro Monteverdi dirigido por Sir J.E. Gardiner.
A capella.
En el Iglesia de la Merced.
En Burgos.
Música antigua.
Música celestial.

Un beso a todos. He vuelto.

CERRADO POR VACACIONES

Estimados amigos blogueros:
tras unos días en los que el trabajo no me ha permitido atender esta casa como es debido, y en previsión del poco tiempo del que voy a disponer a partir de hoy, ya que comienzan unas maravillosas vacaciones que durarán hasta septiembre (a pesar de la envidia tiñosa de mi marido), prefiero poner el cartel de cerrado y, retomar el mando cuando finalice el verano.
Además de disfrutar de unos cuantos días en un balneario, (ya saben: paz, tranquilidad, sosiego, lectura, chorros, barros, comida, bebida y alguna actividad nocturna), después me marcho a recorrer a fondo el románico leonés. Ya ven, me he ventilado el mes de julio de un plumazo...
Tio Petros es el encargado de planificar nuestros viajes. Lo hace muy bien por cierto. Pero si alguno de vosotros conoce algún rincón maravilloso, algún restaurante y demás que merezca la pena, ya sabéis, al igual que él os rogaría que me lo comunicárais.
En fin, espero que disfrutéis de unas buenas vaciones y, si estáis trabajando, pues también, a disfrutar del verano.
un abrazo

TELEGRAMA URGENTE

REGRESO A CASA.STOP.DESCUBRA LOS NOMBRES.STOP.PRUEBE CON EL CABALLO. STOP.NOS VEMOS ALLÍ.STOP.ESPERO NOTICIAS.STOP.

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(A7)"ho hippos tou doulou"
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(C3)I"ouketi"
(C6)C"he tes majés arjé"
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CARTA DE PAULINA FARNESIO AL COLABORADOR

Florencia, 22 de febrero de 2004
Estimado colaborador:
Creo que no me faltará razón para afirmar que ya habrá descrifado usted el mensaje que me envió el Sr. Pucci y que yo le remití.
Ciertamente espero haber llegado a la misma conclusión que usted, por eso debo dirigirme con premura a París. Sin duda alguna, las dos esculturas nos darán luz sobre el caso que tenemos entre manos. Pareciera como si una mano misteriosa quisiera que descubriéramos algún secreto, ése mismo en el que Adrian Kröll estaba trabajando y que, ahora más que nunca, considero que fue la causa de su fallecimiento.
Cuando regrese de París, me pondré en contacto con usted para exponerle lo que haya descubierto.
Y sin más, se despide atentamente
P.F.


París, 23 de febrero de 2004
Estimado colaborador:
No he podido resistirme a escribirle desde aquí. Esta mañana las he visto y creo haber descubierto algo impresionante. Aunque no he podido encontrar ninguna explicación al descubrimiento, sé con toda seguridad que tiene que ver con el caso. Me explicaré.
Siguiendo las instrucciones del mensaje que Lorenzo Pucci me remitió, me dirigí al museo nada más aterrizar del aeropuerto. Tuve que esperar un buen rato hasta que el Louvre abriera sus puertas al público. Una vez dentro, me encaminé al ala Denon donde se encuentra la galería de Miguel Angel en la Rez-de-chaussée (qué palabreja se gastan los franceses para llamar a la planta baja...). Allí, en la Salle 4 estaban majestuosas. En los rótulos de información se podía leer L´esclave mourant y L´esclave rebelle respectivamente.
Vamos bien, me dije, y atenta a que el guarda de seguridad se fuera por otra sala, aproveché el momento para hacerles un par de fotografías. Estuve bordeando las esculturas una media hora para ¿encontrar? no sé ¿qué?. Empecé a impacientarme cuando transcurrido este tiempo no había conseguido ver nada “raro”. Fue entonces cuando un visitante del Museo se me acercó y comentó en voz alta:

-“qué curioso, no hay nada como contemplar una idea convertida en arte. Parece como si realmente los esclavos estuvieran intentando huir, como si de forma paralela su inacabada existencia pidiera un fin. Son más los esclavos que existen, que los que podemos ver aquí”.

Entonces eché mano del mensaje de Pucci y lo volví a leer. Todas las piezas encajaban pero los interrogantes superan por mucho a las certezas con las que contamos. ¿Huir? ¿huir para qué? ¿huir a dónde? ¿huir con quién?
La desazón que me produjo no tener respuesta a estas incógnitas hizo que agachara la cabeza como signo de resignación. Y allí estaba el mensaje. Entre los pliegues de la tela que cubría el cuerpo desnudo de uno de ellos. Estoy segura de que no es ninguna marca del cantero, ni el anagrama de Carrara. A decir verdad sólo sé que este acertijo matemático está escrito para nosotros. Ya sabe que las mujeres tenemos un sexto sentido...
Aquí le remito lo que encontré, espero que no me haya olvidado de nada en la transcripción. Espero sus noticias.
Atentamente,

P.F.

1(2ª)(8ª),1,2,3,5(5ª),”8-1”(1ª),”8+1”(7ª),”13-1”(3ª)(4ª),21,”21-2”(6ª) ,34,55...

1,1,2,3,”3+1”(1ª),5(2ª),8,13,”13-1”(3ª)(4ª+´),21,34,55...

1(1ª)(4ª)(9ª),1,2,3(2ª)(3ª),”3+1”(5ª),5(6ª),8,”8+1”(8ª),13(7ª)21,34,55...

CARTA DE LORENZO PUCCI A PAULINA FARNESIO

Srta. Paulina Farnesio
Via Ricasoli 58/60
Firenze

Rte. Lorenzo Pucci
Secretario personal del Dr. Adrian Kröll
Piazza San Pietro in Vincoli
Roma


Estimada Srta. Farnesio:
Me he permitido escribirle esta carta porque soy sabedor que mi querido maestro, Sr. Kröll, confiaba plenamente en usted. Una vez que la policía hubo terminado de extraer pruebas de la estancia donde el destino me hizo encontrar sin vida el cuerpo de mi amigo, comencé a ordenar sus documentos. Ya sabía yo que el doctor trabajaba en un asunto de máximo interés, tanto es así que estas últimas semanas incluso no me permitía la entrada al despacho sin su autorización y sin habérseme requerido para alguna labor en particular.
Como le digo, estaba ordenando y clasificando sus documentos cuando la fortuna hizo que me tropezara y cayera al suelo contemplando mi absurda situación desde el gran espejo que presidía el despacho. Cuando estaba a punto de levantarme, un destello fijó mi atención hacia el ventanal que se sitúa justo en frente.
Me dirigí hacia donde la luz me conducía y encontré este texto, que a usted le envío, para que lo descifre. Seguro que en él encuentra usted y su colaborador las pistas exactas del lugar exacto hacia donde tienen que dirigir sus investigaciones.
Sin otro particular, le saluda atentamente.
Lorenzo Pucci


ORTAUCNOREUFSODARDNEGNE
OLOSSODNOREIVALZUL
EDNODANIERALZULNATIBAH
SOSOIRUFROPRIUH
EDALAIRFADAROMEUQSOLEGOCA
NISREDOPRILAS.

SODINETERNEALASACEDSALSASUMNATSE,
SOJEL, YUMSOJELEDUSDADUICLATAN.
EKINASOTIRGEDIPADUYA
ELAÑAPMOCAUT, ELAIUGNEUSRINEVED
ELARTSEUMLEONIMAC
ELIDAEDNODEBEDRI.

EL LEGADO DE ADRIAN KRÖLL : Segunda Prueba del juego

CARTA DE PAULINA FARNESIO DIRIGIDA AL COLABORADOR

Gracias Sr. X por su inestimable ayuda que nos facilitará tanto a la policía como a mí, titular actual de la Academia de Arte de Florencia, solucionar la misteriosa muerte de nuestro querido colaborador Dr. Adrian Kröll.
Ya que es usted la única ayuda con la que contamos, le confesaré que la actitud del cadáver me lleva a pensar que pueda tratarse de un asesinato aunque la policía me ha confirmado que no había ningún signo de violencia ni en el cuerpo ni en la estancia del Palazzo que le servía de despacho. Digo esto, atreviéndome a realizar una afirmación un tanto apresurada y poco “profesional” porque me resultan extrañas algunas evidencias que puede se les hayan pasado por alto tanto al cuerpo de los carabinieri como a la prensa.
Le rogaría, Sr. X que no tomara mis pensamientos en voz alta como otra cosa más que lo que son y que, juntos, podamos adentrarnos en esta investigación.
Dicho esto, le relataré mis pesquisas:
En un primer lugar, la posición en la que su secretario encontró el cadáver. Se nos dice que en mitad de la estancia y con las manos atadas a la espalda con cintas de cuero. En segundo lugar, la carta en la que trabaja el maestro en la que faltan palabras, y por último, decenas de papeles en blanco esparcidos por el suelo en los que sólo hay escritas dos palabras inconclusas, en todos los casos, por dos manos diferentes. Ninguna de éstas pertenece a la grafía del Doctor.
¿No le resulta extraño todo esto que le cuento?
Pues espere que aún falta lo mejor: un conocido mío, amigo del forense que lleva el caso, me ha anticipado que el cadáver se encontraba desnudo y que debajo de la lengua del profesor ha encontrado un trozo de papel con la siguiente inscripción: mille sept cent quatre vingt quatorze.
Esperando sus prontas noticias se despide atentamente
P. F.

EL LEGADO DE ADRIAN KRÖLL

NOTA DE PRENSA
Firenze, 19 de febrero de 2004
“Hoy ha sido hallado muerto en la ciudad de Florencia donde residía, el anticuario de origen alemán Adrian Kröll. El cadáver fue encontrado por su secretario a primeras horas de la mañana de ayer. Según declaraciones de éste, el cuerpo del difunto , experto internacional en arte y literatura renacentistas, pendía en mitad de la estancia, sujetas las manos en la espalda por fuertes cintas de cuero. Según han informado fuentes policiales a esta agencia, no ha sido forzada ninguna entrada al palacio donde desarrollaba sus investigaciones ni se han encontrado indicios de que haya podido tratarse de un suicidio, aunque, por el momento, no se descarta ninguna posibilidad hasta que el equipo forense dictamine la verdadera causa del fallecimiento.
Adrian Kröll trabajaba actualmente para la Academia de Arte de la ciudad amén de impartir conferencias por las más importantes universidades del mundo.
Sobre la mesa de su despacho se ha hallado una carta fechada en Florencia en el año 1.506. El texto íntegro de la misma es el que a continuación reproducimos. Los diferentes espacios en blanco responden a la ininteligibilidad del escrito:

”Si su Santidad desea, pues, continuar la obra, sírvase depositar aquí, en Florencia, en el banco que le indicaré, la cantidad convenida. Xxxxxxx está abarrotada de bloques de xxxxxx listos para ser transportados. No miraré gastos con tal de que pueda finalizar aquí el trabajo. A medida que las diversas partes se terminaran, las mandaría a Roma para que Su Santidad disfrutara de ellas como si yo estuviese allí. Esta es probablemente la mejor solución porque veríais las xxxxxxxxxx totalmente acabadas. Respecto a la cuestión económica y a la realización de la xxxx me plegaré a los deseos de Su Santidad, y la daré aquí, en Florencia, cuantas garantías necesite. En cualquier caso, yo le aseguro que Florencia entera responde por mí”

Extraña carta, a todas luces, cuando nada sabemos ni del misterioso remitente ni del también misterioso destinatario.
¿Quién será el autor del escrito?¿Quién será el personaje a quien iba dirigido?...
Adrian Kröll, descanse en paz”.

NOTA: se ruega a toda persona que pueda ofrecer alguna información sobre estas cuestiones, se ponga en contacto con esta sección de la agencia informativa en el menor plazo de tiempo posible. Nuestro Departamento de Arte colabora estrechamente con la titular-gerente de la Academia de Arte florentina, Srta. Paulina Farnesio.
Toda información solicitada será debidamente gratificada. Gracias por su colaboración.