Blogia

Vailima

PRIMER ANIVERSARIO

PRIMER ANIVERSARIO

Bueno amigos, hace un año que La Divina Comedia se presentó en sociedad.
Adopté el pseudónimo de Vailima como homenaje a Stevenson. Vailima era el nombre de la casa donde vivió éste (Tusitala para los nativos, el “contador de historias”), en una isla de Samoa.
¿Por qué elegí el nombre de una casa?. Pues porque si hay un calificativo preciso que, a mi juicio, defina un lugar para vivir es “entrañable”. Uno debe sentirse cómodo, relajado, familiar, seguro y eso deseaba que sintieran los amigos que vinieran a visitar este blog.
Naturalmente, mi casa no sería nada sin ustedes, porque no nos engañemos, uno escribe para ser leído y el que diga lo contrario, miente. Así que aprovecho este día para enviar mi agradecimiento sincero a los que deciden cada día venir a Vailima y quedarse un rato conmigo.
Felicidades a todos.

Por cierto, tenemos por delante un fin de semana estupendo. Largo, largo, largo. Pásenmelo bien y a ser felices, que en eso estamos de acuerdo todos.

DELIKATESSEN

DELIKATESSEN

Hoy estrenamos un nuevo espacio. Aunque lo he titulado Delikatessen (tomando el término original alemán y no el inglés), este nuevo paseo se encamina no al mundo gastronómico propiamente dicho, sino a aquellos alimentos selectos con los que nos han agasajado a lo largo de la historia famosos “cocineros” del arte, la literatura, la música y, en general, todo guiso referente a cualquier manifestación artística del espíritu humano.
En pequeños “canapés” les iré mostrando aspectos de la “cocina” de estos personajes por todos conocidos. De distintos sabores y texturas, con más o menos adornos, degustaremos productos singulares de la cosecha artística de estos hombres, que nacieron, como todos nosotros, en pelotas.
En su mano está, por supuesto, decidir si se los comen o no. Yo, por si acaso, se los sirvo en bandeja.
Comencemos pues, con el primero.

Delikatessen de Louis Aragon a la fumée d´oeuvres d´art

Este poeta francés, cofundador junto a André Breton, Paul Éluard y otros del movimiento surrealista, propuso quemar el Museo del Prado por considerarlo “un vertedero de la imaginación".

Échense ahora un trago de buen vino para digerir esto.

UNTITLED

La primera edición de la Bienal de Arte Contemporáneo de Sevilla (BACS) no ha podido comenzar su andadura con mejor pie. Permítanme que les haga una breve introducción de carácter personal.
Tengo un amigo que en esto del “arte contemporáneo” es un visceral y que dice lo que piensa (que ya es mucho). Resulta que lo que piensa no concuerda con lo que los críticos y expertos denominan “obras de arte contemporáneas”. Por eliminación, mi amigo define todo objeto artístico como aquello que “yo sería incapaz de realizar, de ejecutar. Aquello cuyo origen parte de una magnífica idea y para cuya ejecución son necesarios dos ingredientes básicos: técnica y genialidad ”.
Partamos de la base de que la capacidad que tiene mi honorable amigo de crear una obra de arte es directamente proporcional a la capacidad que tiene mi hermana para interpretar el “Rejoice greatly. O daughter of Zion” del Mesías de Händel. Es decir, nula. (Para qué deciros el sufrimiento familiar cuando mi querida hermana entona el “Clavelitos. Clavelitos. Clavelitos de mi corazón...”). Pues a lo que iba:

- “...sí, Vailima, sí, mucha transgresión, creatividad, pero ahora mismo puedo imaginar decenas de cosas, que según el vacío estético imperante en el momento podrían ser consideradas como obras de arte...”

y me dibujó sobre una servilleta de papel varias genialidades. Lo confirmo.

- “Y ¿sabes que te digo?, que todo eso sólo es provocación y con la provocación, el “artífice” que no artista, sólo busca vender más. Cuanta mayor es la publicidad de lo que hace (no utilizó los términos “obra de arte”, ¡qué cachondo!) mayor beneficio obtiene. Dinero, dinero y dinero.

De esta manera transcurrió, grosso modo, la conversación con mi amigo. Hasta aquí la introducción que me permite hilar mi discurso con la BACS.
Supongo que habrán podido leer y ver en diferentes medios de comunicación el escándalo que se ha producido a raíz de la exposición de una escultura del artista italiano Maurizio Cattelan que ha suscitado una potente “polémica” en el patio de entrada a la Cartuja de Santa María de las Cuevas, lugar escogido para exponer las obras de la Bienal.
Se trata de la obra titulada Untitled y voy a ver si consigo describirla. La escultura se compone de tres puntales de acero y una talla sujeta a uno de los puntales por una soga que rodea el cuello de un niño. El efecto es sobrecogedor, puesto que además de la escultura en sí, la sombra que proyecta el niño ahorcado sobre la fachada colindante pone los pelos de punta.
El artista en cuestión, expuso esta misma obra en Milán en el mes de junio. En una plaza pública tres niños ahorcados hacían las delicias del “arte contemporáneo” internacional. Su exposición en la plaza apenas duró 36 horas, puesto que un ciudadano milanés (que claro, que ni idea de arte ni de sensibilidad), arrancó dos de las tallas y las dañó seriamente (¡cachis, cómo está el mundo! Lo mismito, mismito que la Pietà de Miguel Angel!. ¡qué pérdida para la humanidad!).

La Consejería de Igualdad y Bienestar Social de Andalucía ha solicitado a la organización de la Bienal la inmediata retirada de la obra.
Pero ya saben ustedes que con los mandamases del arte hemos topado pues ¿cómo se puede permitir que recortemos de esta guisa la “libertad de expresión” de un artista de la talla de Maurizio Cattelan?.
En fin, saquen ustedes sus propias conclusiones al respecto. Y digo yo, que para provocar del todo y sobrándole al “artista éste” un par de mástiles: ¿por qué no aprovecha los medios a su alcance y se cuelga él mismo de un mástil y el director de la Bienal del otro? El efecto daría como resultado un mayor realismo, una mayor concentración de patetismo y la obra pasaría de carecer de título a denominarse “Cristo y los dos ladrones”.
No sé, por sugerir algo...
¡Ah!, se me olvidaba. Aquí la OBRA DE ARTE CONTEMPORÁNEO en cuestión. La he dejado para el final porque lo mismo hago con los postres. Si puedo, no me los como.



¿Qué opinan ustedes? Rásguense las vestiduras y hablen, hablen. Les tiro el guante.
p.d. venga Carl Philip, dame caña...

LOS HOMBRES MUEREN Y NO SON FELICES



”Pasa. La sangre, pasa. Boca arriba.
Como los muertos. Como todo. Pasa”.
Tabla rasa. Blas de Otero

Todo a mi alrededor habla de muerte. Ya saben, ésa que no puede tragarse cuando otros deciden acabar con los sueños de alguien. Por eso, cuando uno se siente trágicamente humano, acude sin remedio y sin esperanza de redención a consolarse entre los suyos y, llora. Llora Blas de Otero cuando lo he abierto en su Redoble de conciencia; llora Vivaldi cuando a mis oídos han llegado los primeros compases de Et in terra pax hominibus o llora Mantegna cuando contemplo su Cristo muerto.

Como nos recuerda el poeta, “la sangre, pasa. Boca arriba. Como los muertos...” De este modo nos presenta Mantegna su muerte. La del hombre, no la del Mesías. La muerte a la que tan humanamente se le teme. Boca arriba.
El arte no sólo es técnica. Es imaginación, ruptura, transgresión. Frente a las normas establecidas, la tarea del creador.
Esta obra no sólo supuso una revolución de la perspectiva al lograr ese grado de dramatismo, de realismo inusual que contemplamos con el Cristo yacente sino que el artista nos ofrece una visión humana de Cristo. Contemplen el cuadro. Se nos ofrece el escorzo de un cadáver tomado a vista de pájaro. ¿De qué otra forma podemos ver la muerte de otro ser humano sino a vista de pájaro? Somos espectadores de la muerte de un hombre, del dolor de una familia, del sufrimiento –ya pasado- de una víctima a manos de verdugos, hombres como él.
Sorprendentemente, si ustedes recuerdan y han visto la galardonada película “Mar adentro” (por cierto, título de otro poema de Blas de Otero), se nos ofrecen un par de fotogramas, a lo sumo tres de un escorzo idéntico al de Mantegna. Como Jesús, el protagonista se nos muestra levemente cubierto por una sábana blanca. La misma que cubre al adolescente que salta al vacío. Como Jesús el hijo, la muerte le redime con el mundo. Tres hombres, un solo dolor, el mismo dolor con el que se consigue la eternidad. Inmortalizar el dolor del hombre. El rostro que ya no sufre. Las manos yertas, los ojos cerrados .Ya no hay sangre en el sudario. La sangre, pasa. Boca arriba.
El dolor se nos acerca para hacer redoblar nuestra conciencia. Dolor de Humanidad.
Descansa, Jokin, en paz.

EL CABALLERO DE LA TRISTE FIGURA

EL CABALLERO DE LA TRISTE FIGURA

Pasad un buen fin de semana. Sed buenos y felices.

LA APARICIÓN DEL EXPRESIONISMO (y 2)

LA APARICIÓN DEL EXPRESIONISMO (y 2)

”Nunca hubo época más turbada por la desesperación y por el horror de la muerte. Nunca un tan sepulcral silencio ha reinado en el mundo. Nunca el hombre fue tan pequeño. Nunca estuvo más inquieto. Nunca la alegría estuvo tan ausente y la libertad más muerta. Y he aquí gritar la desesperación: el hombre pide gritando su alma; un solo grito de angustia se eleva de nuestro tiempo. También el arte grita en las tinieblas, pide socorro e invoca al espíritu: es el expresionismo.”
H. BAHR, 1916, “Expressionismus”

Si como decíamos ayer pueden apreciarse ciertos hilos de continuidad entre el modernismo y el expresionismo, no ocurre lo mismo con la relación de este último con el movimiento impresionista. Aunque el desarrollo del impresionismo fue muy limitado en Alemania, las posturas de uno y otro son totalmente opuestas.

A principios del siglo XX, Berlín se había convertido en un hervidero cultural. Bien por las exposiciones de la Sezession (asociación que se fundó como respuesta al cierre oficial de una exposición de Munch y que se convirtió en el centro que acogía a todos los pintores impresionistas y antiacadémicos); bien por las nuevas ideas de P. Cassirer hablando de Van Gogh, Gaugin, Munch, Ensor, etc..., estaba claro que había nacido una nueva visión del arte que pasaron a denominar expresionismo .
En 1911 ya circulaba este término que abarcaba indiferenciadamente todo el arte de vanguardia nacido en reacción al impresionismo que era en ese momento considerado como punto de referencia fundamental.
¿Por qué ese choque frontal entre ambos movimientos? Pues muy sencillo.

La tradición naturalista concebía el arte como el resultado de un doble proceso: por un lado la percepción sensible y, por otro, su reelaboración racional posterior según las leyes establecidas. Es decir, veo y plasmo lo que veo según determinados cánones de los que no me puedo salir. A este respecto, los impresionistas representaban la culminación de esta tradición, por eso decimos que son opuestos a los expresionistas. Mientras que el impresionista es un arte optimista que encuentra su objeto en la materia y su principio en la experiencia inmediata de la realidad exterior; el expresionista, por el contrario, es pesimista, espiritual y subjetivo:

”El impresionismo fue el arte del golpe de vista. No se captó la esencia de las cosas ni su último significado, porque el relámpago de la creación sólo los había iluminado por un instante.(...). El expresionismo, en cambio, no mira, ve; no cuenta, vive; no reproduce, recrea; no encuentra, busca”

A pesar de esta aparente contrariedad, el impresionismo constituyó un eslabón importante para comprender el expresionismo y el arte moderno en general. El impresionista no realiza una reconstrucción racional de la realidad, de las sensaciones percibidas, sino que se limita a transcribir la imagen fugaz que el artista percibe de dicha realidad. El artista impresionista desnuda la realidad y pone de manifiesto el carácter relativo de la misma. Evoquen por un momento, aquellas obras de Monet, en las que juega magníficamente con la luz en Le grand canal de Venecia (1908) o en la serie sobre Le portail de la Catedral de Rouen “temps gris, effet du matin, effet du soleil (1894)... La misma realidad en diferentes momentos del día. Unas y otras no constituyen la misma “cosa”.

A este respecto, los expresionistas llevan hasta sus últimas consecuencias la “duda” de la realidad, y se comportan como enemigos de la naturaleza. El artista expresionista desconfía de la realidad y se rebela contra ella, hostil, amenazante. Pero la cuestión no es cerrar los ojos ante ella sino mirarla hasta el punto de traspasarla y desenmascararla. Se trata, pues, de recrear o demorfar la realidad para expresar con mayor intensidad el efecto anímico que le produce lo que ve.
El pintor expresionista no es un observador sino un visionario donde la intuición se superpone a la razón y fusiona ética y estética hasta alcanzar una unidad.
Pero el existencialismo está solo aunque existan otras tendencias vanguardistas tales como el fauvismo, el cubismo o el futurismo de las que incluso emplee aspectos y técnicas.
Lo importante no es que consideremos al expresionismo como un movimiento artístico sino como el clima cultural de una época que absorbe elementos y orientaciones diversas. Del silencio al grito, al lamento, al desgarro y una realidad transfigurada en arte, toda para nosotros, aquellos que estamos acostumbrados a mirar y no ver; a contar y no a vivir; a reproducir y no a recrear, a encontrar y no a buscar.

Espero que les haya entretenido. Al menos, esa ha sido mi intención y de paso, la próxima vez que roben El grito de Munch dispondremos de un nuevo criterio de juicio.
Un saludo, blogueros, amigos.

LA APARICIÓN DEL EXPRESIONISMO



Estarán de acuerdo conmigo en que todo en esta vida tiene un padre y una madre. No me refiero evidentemente, a que ese todo es fruto de la omnipontencia de ningún creador (¡Por Bach!, que diría algún amigo) sino consecuencia de un momento histórico en el que se dan unas cinscunstancias tales que no habría podido ser en otro. Por todo ello, creo conveniente que nos empapemos un poco de lo que se cocía en el momento histórico en el que surge el movimiento del que nos ocupamos hoy. Vamos allá.

En la Alemania del cambio de siglo (del XIX, claro), el arte que se hacía al margen del academicismo oficial se orientaba en dos direcciones: por un lado el naturalismo, más o menos relacionado con el impresionismo y, el modernismo o Jugendstild.
El foco del Jugendstild era Munich. Allí trabajaban Obrist, Endell y Eckam. Allí se publicaban revistas difusoras de las nuevas ideas como “Jugend” o “Pan” y allí abundaban las exposiciones de las últimas novedades: Munch, Gaugin, Van Gogh...
El modernismo proponía la integración de las artes y como resultado de la fusión entre arte y vida, la regeneración de la humanidad. Aunque esta idea fuera acompañada a veces de serias preocupaciones sociales, nos encontramos con una contradicción de base. Les cuento. La exigencia de obras supremas en calidad y belleza, creadas a partir de la idea de regenerar el arte y rechazar cualquier producto industrial (antimasificación), llevaba a tal magnificencia que el uso y disfrute de las mismas se limitaba a una minoría. Tiene gracia, tan altos ideales surgidos como rebelión contra la alta burguesía y resulta que es ésta la única que puede sufragar los gastos de adquisición...
Como vemos, el modernismo es el resultado de un juego de tensiones contradictorias: “popularismo (no del PP ¿eh?, no se me confundan)/aristocratismo”, “primitivismo/decadentismo”. Pero como ustedes ya sabrán por un post de mi cosecha (¡porque sabrán ¿no?), la segunda Ley hace de las suyas y a medida que la sociedad evoluciona, algunas de esas tendencias actuantes se reforzaron y otras se debilitaron. Venga, algún ejemplo que no venga mal: así como el “dandy”, figura elegante y refinada del movimiento desapareció diluido por la figura del “bohemio” apasionado y antinormativo, el gusto por lo germinal, lo originario será sustituido por la fascinación crepuscular, por el sentimiento de muerte y a su vez, este gusto por lo decadente dejará paso a la rebeldía. Mejor lo ilustramos: es el camino que va de El silencio de Khnopff a El grito de Munch.
De esta misma manera, la relación entre el arte y la industria cambiará por lo que las nuevas circunstancias obligarán a fundir el ideal con la realidad.
En Viena o en Munich no había ya solución de continuidad entre la severidad geométrica del modernismo tardío y la desnuda abstracción de Loos en arquitectura o Kandinsky en pintura. La forma externa sirve solamente para reflejar la “esencia interna”. Tal y como intuyó Endell en 1898, estaba naciendo un arte “con formas que no significan, ni representan ni recuerdan nada, pero que emocionan tan profundamente y tan fuertemente el alma como sólo la música había sido capaz de conseguir.”

Y para no acaparar todo su tiempo, dejamos el resto para mañana. Que por ser segunda parte no deja de ser interesante...

A MEDIO MOGATE

A MEDIO MOGATE

”con descuido, a medias”: no consta que esta palabra haya tenido otro uso que éste y se desconoce su origen. 1ª doc.: 1605, Pícara Justina:

...”le convirtieron en mona…no es posible este metamórfosis; mas quando mis culpas lo hizieran posible, sólo me consolara con que ay ya en el mundo tantas monas de medio mogate, que si yo lo fuera, fuera entre tantas monas, monarcha”


¡Quién entre tanta mona de medio mogate no desearía ser monarcha! Pero la cruda realidad es otra: que siempre habrá una mona mejor que yo y que todo lo que una mona tiene puede perderlo por la ingratitud del 2º principio de la termodinámica.
Y se preguntarán ustedes de qué demonios estoy hablando; que ésta no es mi Vailima, que me la han “cambiao”…
Pues nada, que hoy me siento como la protagonista de un anuncio de compresas, que incluso me he propuesto saber a qué huelen las nubes y que hoy les voy a ofrecer el notición. Para empezar, hay varios enunciados de los que voy a echar mano así que prepárense:

“En todo sistema cerrado la entropía siempre aumenta y tiende hacia un máximo”

o bien este otro:

“En todo sistema cerrado el desorden interno siempre aumenta”

Para los que no disponen de un cónyuge enciclopédico, les diré que una y otra formulación quieren decir lo mismo, a saber, que todo con el tiempo se va a la mierda. Da igual de lo que estemos hablando, así que señoritas quinceañeras, ésta que suscribe les vaticina que un día las tetas se les caerán y aparecerán unos eufemismos alrededor de los ojos llamados “patas de gallo” y un tecnicismo comercial en el contorno de los labios denominado “código de barras”.

Para el segundo principio de marras no hay nada de medio mogate, no hace nada por descuido ni a medias. Si es un mozalbete veinteañero el que, por casualidad, está leyendo este post, le diré que la segunda ley no hace distinciones y que así como en las mozas la piel del culo sufrirá su otoño particular y de llamarse “piel de melocotón” se agriará de tal modo que le iremos a llamar “piel de naranja”, así digo, los adonis de este tiempo, sufrirán la inevitable fuerza de la ley de la gravedad, y que tras ser poseedores de un badajo espectacularmente paralelo al suelo que pisan, pasarán a considerar la halterofilia como un deporte de masas.

Me reconocerán ahora lo terrible de nuestro sino. Vivir como una mona, como mucho monarcha y saber que irremediablemente un maldito principio de la termodinámica ésa me va a hacer polvo de aquí a poco tiempo.
Menos mal, que todavía encuentro consuelo en aquella frasecita de mi hermano que decía: “mal de muchos, epidemia”.
En fin, que yo no digo nada, sólo por comentar...
Hasta mañana.

LA OREJA DE VAN GOGH

LA OREJA DE VAN GOGH

”Hay momentos en que contra los sordos acantilados se estrellan desesperadas las olas.”
Vincent Van Gogh

Arlés, diciembre de 1889.
Gaugin trabaja con Vincent, en la casita amarilla. La relación que comenzó en octubre del año anterior de forma tan feliz, familiar y “genial”, llena de esperanzas mutuas se ha convertido en un infierno. Por la tarde, Gaugin arroja un vaso de absenta a la cara de su amigo, en el café donde “uno se puede volver loco, cometer crímenes”.
En un escrito titulado “Avant et après”, Gaugin explica que tras este episodio, descubre que, en unos jardines públicos de la ciudad, Vincent le persigue con una cuchilla de afeitar escondida en su mano detrás de la espalda. Tras una mirada recriminatoria, Van Gogh huye...

De este modo estaban las cosas entre los dos amigos. Aunque esta situación resulta ser una invención de Gaugin por causas que omitiré por no extenderme, sí que es cierto que Vincent se estaba volviendo muy raro y desconfiaba de él hasta el punto que el propio Vincent le confesara: “estás muy taciturno; yo también lo estaré”.
Las palabras de Van Gogh constituían un adelanto de la lesión que iba a autoinfringirse. Esa noche Gaugin duerme en un hotel y hacia las siete y media de la mañana vuelve a la casita amarilla. Para su sorpresa, la encuentra rodeada de gendarmes y de una gran muchedumbre. En su interior yace Vincent Van Gogh:

“He aquí lo que sucedió –cuenta Gaugin-: Van Gogh vuelve a casa e, inmediatamente, se corta la oreja a ras de cabeza. Debe haber empleado bastante tiempo en detener la hemorragia, porque a la mañana siguiente había numerosas servilletas empapadas tiradas sobre las baldosas de las dos habitaciones de abajo. La sangre había manchado las dos habitaciones y la escalerita que llevaba a nuestro dormitorio. Cuando estuvo en condiciones de salir, se fue con la cabeza envuelta en una boina, completamente embutida, directamente a una casa en la cual, a falta de una paisana, uno siempre encuentra a una conocida, y le dio al vigilante su oreja, bien limpia dentro de un sobre. ”Tenga –le dijo-, un recuerdo mío”.

En realidad, el pintor demente llegado de Holanda (como lo calificó un periódico local), al pasar frente a la casa de tolerancia nº 1, regentada por una tal Virginie, había entregado un periódico abultado a su pupila Rachel que allí trabajaba. La oreja entera aparecía ante su mirada. Se demayó.
Cuando la policía se presentó a la mañana siguiente, encontraron a Van Gogh en la cama sin dar casi signos de vida. Fue ingresado de urgencia en el hospicio.

EL CLAN DE LOS PARRICIDAS

EL CLAN DE LOS PARRICIDAS

”Quizá todo lo espantoso, en su más profunda base, es lo inerme, lo que quiere auxilio de nosotros.”
Rilke, R.M.:Cartas a un joven poeta, Alianza, Madrid, 1982, p.85

No, a pesar de que he tomado prestado el título de este post a Ambrose Bierce, no voy a hablarles de este relato corto de terror sino de otro, que no por ser mío, es menos escalofriante.
Quizás la cita del encabezamiento surtiera efecto sobre el joven Franz Xaver Kappus, destinatario de la carta rilkeana. Al menos, a mí me da qué pensar.

Les confieso que jamás descansaré en mi empeño para que a mis vástagos, todavía infantes, se les revuelvan las tripas con lo que mi ingenua pero tenaz voluntad considera “lo bello”. Sea en la disciplina que sea, intento (bueno, intentamos mi marido y yo), inculcarles –en vano, por supuesto- que deben trabajar la capacidad de emocionarse y sorprenderse. Los sentidos son el vehículo por el cual absorbemos la belleza de las cosas. Con ella en nuestro poder, experimentamos sensaciones nuevas que provocan, incluso, que el estómago nos dé un salto mortal con tirabuzón y medio en nuestro mecánico interior.
¡Cómo transmitirles que escuchar un aria de Bach surte el mismo efecto que el sabor de un beso!
¡Cómo expresarles que hay cuentos y novelas tan magníficos que son capaces de arrollar la vida de uno de tal modo que te hacen “ser otro” hasta que concluyes su lectura!
¡Qué maléfica estratagema se esconde en la pintura para que el pintor haya robado –sin que nadie se haya percatado de ello- un trocito de realidad al mundo!

Me parece que nuestros Kappus ni tan siquiera piden auxilio. Considero más bien que somos nosotros los que lo necesitamos. Ahí radica el verdadero espanto.
Ahora, como les he prometido, el relato corto de terror:

Miércoles, 22 de septiembre de 2004
El señor y la señora Petros, sentados en una terraza cercana a su residencia, beben dos espléndidos “Cresta Rosa” mientras sus vástagos, todavía unos pueri cantori, juegan en una plaza contigua.
El señor P. estudia un denso pero magnífico estudio sobre un tema relacionado con la matemática.
La señora de P. lee de forma apasionada (no sabe leer de otra forma) un espléndido tratado de arte. Se deleita contemplando las reproducciones y, fumando un cigarrillo rubio abandona su tarea para darle un sorbo al vino que reposa sobre la mesa.
En ese lapsus de tiempo, el primogénito se acerca hasta donde ellos se encuentran. Hace ademán de sentarse al mismo tiempo que despliega un objeto sobre la mesa.
El señor y la señora P. fijan su mirada hacia la cosa. Al cabo de un momento el adolescente exclama:

- ¡El Real Madrid va de mal en peor!

El niño se va abandonando el MARCA sobre el metálico asiento de la silla.
El señor y la señora P. se miran como sólo ellos saber hacerlo.
- Te quiero. Dijo la señora P.
- Yo también te quiero. Le contestó él.


Por cierto, mañana Tio Petros y yo vamos a darnos un caprichito gastronómico en Saint Jean de Luz. ¿Alguien quiere apuntarse? Al menos, brindaremos por vosotros. Que paséis un buen fin de semana.

INDEX LIBRORUM QUI PROHIBENTUR (y 3)

Así como veíamos en el post anterior de esta serie que no podemos ver en “el hambre” un factor determinante de la actitud del pícaro, tampoco podemos afirmar que nuestros personajes se muevan por “resentimiento”. Más bien todo lo contrario. Cuando llegamos a la pobreza y miseria del escudero del Lazarillo, éste compadeciéndose de su amo, nos revela que el verdadero tema no es el hambre, sino la contraposición entre apariencia y realidad.
El ressentiment se ha aplicado a la picaresca en el significado que adquirió en la filosofía alemana de finales del XIX y principios del XX, primero en Nietzsche y luego en Scheler, concepto ligado en ambos autores (y en Brentano) a la teoría de los valores.
Si bien Nietzsche conectaba el resentimiento al cristianismo considerando que éste lo había introducido en la moral occidental, Scheler mostrando la injusticia de esta imputación, introdujo la noción de resentimiento como concepto ético:

el resentimiento es una autointoxicación psíquica

Cuando vamos más allá de sentimientos hostiles o más allá incluso de la negación del valor de personas o cosas, nos encontramos con la forma extrema y rigurosa de resentimiento, es decir, con la negación del valor mismo o con la inversión de la jerarquía objetiva de los valores. Dicho de otro modo, el resentido anula el valor de cualquier persona o cosa y/o prefiere lo inferior a lo superior. Se trata de una forma radical de falsificación porque el juicio de valor del resentido es verdadero, veraz y honrado ya que se ajusta a su escala de valores.

Formas de resentimiento las encontramos y, muchas, en novelas del género que tratamos. Sin embargo, en el Lazarillo, creadora del género, el resentimiento es sólo un ingrediente más, puesto que Lázaro no sólo no es un resentido sino que es uno de los casos más representativos del amor justo que diría Brentano.
Lázaro en todo momento reconoce la lección y la estima en lo que tiene de valiosa, a pesar del brutal precio que tenga que pagar en algunos casos.
Es más, su escrupulosidad llega a tal límite que considera “sinjusticia” no reírse del ciego cuando éste goza de ejercerle un castigo y contarlo después una y otra vez porque “...mas con tanta gracia y donaire contaba el ciego mis hazañas, que, aunque yo estaba tan maltratado y llorando, me parecía que hacía sinjusticia en no se las reir.”. Lázaro a la vez que odia al ciego por su maldad y dureza de corazón, reconoce y valora la gracia con que cuenta a otros sus penurias.

Homo homini lupus nos decía Hobbes. Pero no siempre. Ninguna fórmula puede agotar lo que es la condición humana.
No es la violencia lo que caracteriza la convivencia del pícaro con el mundo, es más bien el engaño, la agudeza y el arte del ingenio. Y si no, vean, como muestra final, este precioso botón que protagoniza mi querido Pablos, de todos conocido por “El Buscón”:

Sucedió que el ama criaba gallinas en el corral; yo tenía gana de comerla una. Tenía doce o trece pollos grandecitos, y un día, estando dándoles de comer, comenzó a decir:
-“¡Pío, pío!”;
y esto muchas veces. Yo que oí el modo de llamar, comencé a dar voces, y dije:
-“¡Oh, cuerpo de Dios, ama, no hubiérades muerto un hombre o hurtado moneda al rey, cosa que yo pudiera callar, y no haber hecho lo que habéis hecho, que es imposible dejarlo de decir! ¡Malaventurado de mí y de vos!”.

Ella, como me vio hacer extremos con tantas veras, turbóse algún tanto y dijo:
-“Pues, Pablos, ¿yo qué he hecho? Si te burlas, no me aflijas más”.
–“¡Cómo burlas, pesia tal! Yo no puedo dejar de dar parte a la Inquisición, porque, si no, estaré descomulgado.
-“ ¿Inquisición?”,
dijo ella; y empezó a temblar.
-“Pues ¿yo he hecho algo contra la fe?”.
-“Eso es lo peor” –decía yo-; “no os burléis con los inquisidores; decid que fuesteis una boba y que os desdecís, y no neguéis la blasfemia y desacato”.
Ella, con el miedo, dijo:
-“Pues, Pablos, y si me desdigo, ¿castigaránme?”.
Respondíle:
-“No, porque sólo os absolverán”.
-“Pues yo me desdigo” –dijo-, “pero dime tú de qué, que no lo sé yo, así tengan buen siglo las ánimas de mis difuntos”.
-“¿Es posible que no advertisteis en qué? No sé cómo lo diga, que el desacato es tal que me acobarda. ¿No os acordáis que dijisteis a los pollos, pío, pío, y es Pío nombre de los papas, vicarios de Dios y cabezas de la Iglesia? Papáos el pecadillo”.
Ella quedó como muerta, y dijo:
-“Pablos, yo lo dije, pero no me perdone Dios si fue con malicia. Yo me desdigo; mira si hay camino para que se pueda escusar el acusarme, que me moriré si me veo en la Inquisición”.
-“Como vos juréis en una ara consagrada que no tuvisteis malicia, yo, asegurado, podré dejar de acusaros; pero será necesario que estos dos pollos, que comieron llamándoles con el santísimo nombre de los pontífices, me los deis para que yo los lleve a un familiar que los queme, porque están dañados. Y, tras esto, habéis de jurar de no reincidir de ningún modo”.


Como han visto, el pícaro Pablos, hace suya la sentencia de Homo homini vulpes (el hombre es un zorro para el hombre) y con tanta gracia y donaire que al final de esta historia le sacó un pollo más a la pobre Cipriana.
Espero, como siempre, que al menos hayan estado entretenidos un rato. Mañana es viernes y les contaré una historia de terror.
A lo dicho, pasen buen día vuestras mercedes.

...PORQUE AQUEL ÁNGEL FIERAMENTE HUMANO...

Decía Camus que “el hombre también segrega inhumanidad”.
Para combatir el efecto devastador de su condición intermedia, es decir, tener consciencia de lo abstracto, de lo divino y saberse, por otro lado, limitado, lisiado, el Hombre (con esa mayúscula que nos engloba), digo, se revela de dos formas diferentes. Podríamos decir que una estriba en la búsqueda de la belleza mediante el empeño y la dedicación de construir las diferentes ciencias, las matemáticas (como nos lo ha dejado suficientemente demostrado Tio Petros), el arte en todas sus representaciones incluída la música, la ética y otra serie de disciplinas que los renacentistas recogerían bajo el término de “humanitas”.

La otra forma de combatir y luchar contra nuestra propia naturaleza es la que apunta Camus. Aquella que hace que, cansados de querer ser dioses, nos olvidemos de ser hombres. Existen tantas manifestaciones de inhumanidad como hombres han existido.

Curiosamente, en cualquiera de los dos casos; en el bando en el que uno se encuentre, se defina, o al que aspire, la insatisfacción nos persigue porque uno no puede dejar de ser hombre. De ahí la fatalidad. En cualquiera de los dos casos, también, necesitamos de los demás, del “otro”. El amor intransitivo del que hablaba Rilke sólo se da en las rosas, que nos ofrecen todo su esplendor sin esperar nada a cambio, para marchitarse después.
Pero yo quiero ser Hombre, con mayúscula de saberme grande, como a lo que todo niño aspira. Por eso, para que mi existencia no sea sólo la casualidad de estar viva, pienso en la gratitud. En una gratitud que nada tiene que ver con religiones; en la gratitud casi intransitiva de la rosa; en la gratitud que me acerca a los dioses cuanto más Hombre soy.
Dar las gracias al otro, recortar mi inhumanidad, reconfortarme.
Generalmente nos da vergüenza. No solemos ser generosos. Algo así como si al dar las gracias nos arrancaran algo. Hoy quiero sentirme satisfecha, completa, como aquel ángel fieramente humano de Góngora. Hoy quiero agradecer: unas palabras, una actitud. Su tiempo.
Un acto de otro ser humano.

Gracias, E.B.

INDEX LIBRORUM QUI PROHIBENTUR (2)

La forma de la novela picaresca por antonomasia es la autobiográfica. Salvo en raras y escasas excepciones, es el pícaro quien cuenta su vida en primera persona. Son muchas las justificaciones que sobre esta cuestión se han ido proporcionando, pero hay dos que destacaría sobre las demás.
La primera es que la autobiografía justificaría literariamente una vida tan poco importante y elevada como la del pícaro porque ¿a quién iba a interesar una vida así? Evidentemente al propio desdichado. De esta manera habla sobre sí mismo porque otros no tienen motivo alguno para hacerlo.
La segunda y, no menos importante, es como apunta Julián Marías, que el relato en primera persona consigue que aquello que en tercera persona sería distante y borroso, adquiera fuerza y evidencia si el personaje ficticio está “aquí”, entre nosotros, puesto que él mismo es quien habla.

Además de por su forma, si hablamos del tema, lo primero que nos viene a la cabeza es la causa de las desdichas y avatares de nuestro simpático protagonista, es decir, del hambre y si hablamos del atributo que caracteriza al personaje, diremos que actúa por resentimiento. Veamos cómo estos dos pilares por los que parece regirse este género no constituyen los móviles efectivos de la picaresca.
La mayoría de los amos que tiene el Lazarillo no le dan de comer. El hambre, pues, se introduce como factor principal. Sin embargo, salvo en un caso (el del escudero), el hambre procede de la avaricia del amo y no de la escasez y la pobreza. Con Guzmán de Alfarache, pícaro por excelencia, ocurre incluso lo contrario, como el propio Guzmán relata:

”Era yo muchacho vicioso y regalado, criado en Sevilla sin castigo de padre, la madre viuda,..., cebado a torreznos, molletes y mantequillas y sopas de miel rosada..”

El joven sevillano no se lanza a la vida picaresca por hambre sino por hartura y por afán de novedad y aventura. Lo mismo que ocurriera con el pupilo del Dómine Cabra haciéndonoslo llegar de esta guisa el mismísimo Quevedo:

”Comieron una comida eterna, sin principio ni fin; trajeron caldo en unas escudillas de madera, tan claro, que en comer en una de ellas peligrara Narciso más que en la fuente”

¿Es esto hambre?
¿Es el hambre el leitmotiv de nuestros pícaros más queridos?
Aquí les dejo con uno de mis pasajes favoritos del Lazarillo, para que se entretengan hasta que mañana, para finalizar, analicemos “el resentimiento” como el otro motor por el que se mueve la acción picaresca.

“Mi viuda madre, como sin marido y sin abrigo se viese,..., y un hombre moreno de aquellos que las bestias curaban vinieron en conocimiento. Éste algunas veces se venía a nuestra casa y se iba a la mañana. Otras veces, de día llegaba a la puerta, en achaque de comprar huevos, y entrábase en casa. Yo, al principio de su entrada, pesábame con él y habíale miedo, viendo el color y mal gesto que tenía; mas de que vi que con su venida mejoraba el comer, fuile queriendo bien, porque siempre traía pan, pedazos de carne y, en el invierno, leños, a que nos calentábamos.
De manera que, continuando la posada y conversación, mi madre vino a darme un negrito muy bonito, el cual yo brincaba y ayudaba a calentar.
Y acuérdome que estando el negro de mi padrastro trebejando con el mozuelo, como el niño veía a mi madre y a mí blancos y a él no, huía dél, con miedo, para mi, darme, y señalando con el dedo, decía:
-¡Madre, coco!
Respondió él, riendo:
-¡Hideputa!
Yo, aunque bien muchacho, noté aquella palabra de mi hermanico, y dije entre mí:
“¡Cuántos debe de haber en el mundo que huyen de otros porque no se ven a sí mismos!”
”

Hasta mañana.

INDEX LIBRORUM QUI PROHIBENTUR (1)



Recuerdo que durante mi infancia y preadolescencia, llegado ese punto del interminable verano en el que un niño ya se aburre con todo, echaba mano de un tipo de novelas en particular, que me levantaban el ánimo y conseguían que las tardes del final de agosto se me pasaran en un ti-ta como diríamos en mi tierra. Para el resto de mis amigas, que con dolor las recuerdo leyendo “Sissi Emperatriz”, la bicho raro que aquí suscribe, se entretenía devorando unas infumables novelas que más tarde aprenderíamos que se calificaban de “picaresca”.

Será porque mi ánimo se encuentra como en aquellos años, en pie de guerra o porque tengo que alimentar casi diariamente este blog cual lazarillo desprovisto de sustento con el que autoalimentarse, he retomado la idea y quiero contarles alguna cosilla al respecto para hacerles boca e invitarles a que relean alguna novela de este género que, quizás, hayan olvidado desde que en su infancia, su profesor de literatura la incluyera sin piedad en el temario del curso.

La novela picaresca es la que crea y realiza el “Lazarillo”, y que escribe un anónimo autor allá por 1554. Desde esta fecha en la que sale a la luz El lazarillo de Tormes hasta que en 1599, Mateo Alemán escribe Guzmán de Alfarache no existe ninguna obra de este género. Lo curioso, es que de una a otra transcurre el reinado de Felipe II y así como podemos afirmar que ambas pertenecen al mismo género, también podemos decir que la concisión y frescura de la primera queda sustituida por la carga ideológica y moralizante de la segunda. Indudablemente, el verbo “vivir” adquiría sentidos diferentes si hubiéramos sido ciudadanos de España en tiempo de Carlos V o en el de Felipe II.
Como les decía, el género “picaresca” viene definido por un caso individual que difiere sustancialmente de todos los demás. En sucesivos post, les iré mostrando algunas “peculiaridades” de la picaresca determinantes para sus protagonistas que, curiosamente, no son comunes para todos.
Por el momento y, hasta la próxima, les dejo con el comienzo del prólogo de la vida del Lazarillo y aplícome lo que allí se narra y tengan a bien recompensarme con la lectura de este escrito llamado post.

”Yo por bien tengo que cosas tan señaladas y por ventura nunca oídas ni vistas vengan a noticia de muchos y no se entierren en la sepultura del olvido, pues podría ser que alguno que las lea halle algo que le agrade y a los que no ahondaren tanto, los deleite. Y a este propósito dice Plinio que no hay libro, por malo que sea, que no tenga alguna cosa buena. Mayormente que los gustos no son todos unos; mas lo que uno no come, otro se pierde por ello. Y así vemos cosas tenidas en poco de algunos que de otros no lo son. Y esto para que ninguna cosa se debería romper ni echar a mal, si muy detestable no fuese, sino que a todos se comunicase, mayormente siendo sin perjuicios y pudiendo sacar della algún fruto.
Porque si así no fuese, muy pocos escribirían para uno solo, pues no se hace sin trabajo, y quieren, ya que lo pasan, ser recompensados, no con dineros, mas con que vean y lean sus obras y, si hay de qué, se las alaben. Y a este propósito dice Tulio: “La honra cría las artes”.”


Hasta mañana.

DE CÓMO LOS DE LETRAS TAMBIÉN TENEMOS SENTIDO MATEMÁTICO DEL HUMOR O ¿SERÁ SENTIDO DEL HUMOR MATEMÁTICO?



Incluso los viernes.
Que pasen un feliz fin de semana y que el domingo a la tarde no me lloren demasiado.

DIVIDIR EN DOS

No, no voy a hablarles de matemáticas, para eso visiten a Tio Petros y encontrarán matemática de la buena y contada de forma excelente...
Yo quiero hablarles de cómo contemplar una obra de arte en cuanto a la organización de su espacio.

La vertical central de un cuadro supone el soporte de la columna vertebral de la composición del mismo. Pero al mismo tiempo, cumple una función contraria, a saber, la de señalar la línea a lo largo de la cual es más fácil dividir en dos mitades la composición. No se preocupen, que me explico.

La subdivisión de un todo en sus partes viene determinada por su estructura.

En un rectángulo, la separación asimétrica, no puede dividir en dos la estructura de forma eficaz, porque el área de mayor superficie tiende un puente sobre el centro y con ello mantiene la unidad del rectángulo.





Sin embargo, en la figura siguiente se escinde con facilidad a lo largo de la fisura estructuralmente prescrita, con lo que el rectángulo queda simétricamente dividido en dos partes iguales.




Para ilustrar mejor lo que les quiero decir, recurriré al célebre cocinero del filósofo chino Chuang Tzu. El maestro restaurador (como se les llama actualmente) no necesitaba afilar nunca su cuchillo, porque había estudiado la anatomía del esqueleto de los animales de tal modo que un simple toque de cuchillo en el lugar adecuado bastaba para que las articulaciones se separasen por sí solas. Pues más de lo mismo pero en lugar de un pollo, tenemos un cuadro.
En el momento en que dividimos por la mitad un espacio compositivo, su estructura cambia. Consta de dos mitades cada una de las cuales se organiza ahora sobre su propio centro. El espacio resultante representa una pareja simétrica dialogando entre sí, manteniendo el equilibrio a lo largo de su línea de contacto. Tenemos, pues, un todo separado entre sí parcialmente, tendiéndose un puente sobre la línea que los separa.
¿Qué mejor ejemplo que La Anunciación de Fra Angelico?



La pintura aparece subdividida por una columna frontal que separa el reino de Dios (ángel) del reino terrenal (virgen). Pero la división queda contrarrestada por la continuidad del espacio que hay detrás de la columna. La vertical del primer plano separa, pero no interrumpe el espacio. A este recurso, se le denomina pasador.
Otros ejemplos conocidos de este tipo de recurso pueden ser las representaciones de Adán y Eva (recuerden la versión de Tintoretto), en la que el árbol ocupa el centro de la composición como si se tratase de una columna que separa a la mujer tentadora del hombre tentado. Del mismo modo, La cita de los gatos de Manet es otro claro ejemplo de la delicadeza necesaria para equilibrar adecuadamente separación y conexión. Fíjense que a pesar de la farola, la cabeza del negro y la cola del blanco se adentran en el espacio del otro para dar ese sentido de continuidad, de diálogo, del que estábamos hablando.



La subdivisión de una imagen, pues, en dos mitades permite explicar las variantes en que se pueden relacionar mutuamente los diferentes centros: como amigos o enemigos, complementándose o combatiéndose.

Como tarea, les propongo que descubran “el pasador” y traten de averiguar su interpretación, en las siguientes obras de arte:

“La educación de la Virgen” de Georges de la Tour
“El violinista y la muchacha” de Edgar Degas
“Minotauromaquia” de Pablo Picasso.

Hasta mañana.

HOMO ZAMPABOLLOS



Piensen ustedes, y echen imaginación al asunto, que seres de otro planeta, por supuesto más inteligentes que nosotros los terrícolas, escogen al azar un signo de la inteligencia humana. Como no saben por dónde empezar (ni ganas que tienen porque acaban de terminar de comer), deciden recoger la muestra tomando como referencia un programa de televisión en el que un terrícola formula unas preguntas y otros seres de la misma especie las responden.
El programa es un juego y se emite desde el segundo canal de la televisión vasca. El título del programa les parece interesante para la investigación: Date el bote.

- .,.-.,.-.,-.,-´ (esto significa en lenguaje extraterrestre: “esta muestra es la óptima, todos los datos apuntan a que por la temática y desarrollo del programa, vamos a obtener un resultado interesante para valorar la inteligencia humana en el planeta Tierra).

Cuando el programa se encuentra en su recta final, cuatro concursantes de sexo masculino se enfrentan a otra concursante del género femenino. El terrícola que tiene el poder, un tal Carlos Sobera, formula a cada uno de los grupos una pregunta que la mujer deberá responder por sí sola y los hombres tendrán el privilegio de consultársela entre sí. En este punto, los extraterrestres llegan a la conclusión de que es obvia la supremacía del macho en esta especie, ya que la hembra no es capaz de mantener una relación de comunicación con seres de su mismo género (cosa que ya sabían por otros trabajos de campo: Crónicas Marcianas, p.ej.) y porque la hembra, en claro estado de acorralamiento, manifiesta signos de nerviosismo y alteración neuronal.
Como digo, nos encontramos en ese momento culminante del programa, cuando el terrícola presentador formula la siguiente cuestión al grupo de machos humanos:

- ¿Cuál es el único animal irracional que participa en unos juegos olímpicos?

a lo que ellos responden tras un debate feroz que les lleva unos minutos de tiempo:

- La JABALINA

entonces, una vez que la respuesta queda reflejada en el bloc de notas de uno de los extraterrestres, y estudian la respuesta cotejándola con las anotaciones de su base de datos terrícola, llegan a la siguiente conclusión (les transcribo directamente el contenido obviando el lenguaje extraterrestre):

- Sin ninguna duda, podemos explicarnos ahora, gracias a la muestra recogida, porqué el ser humano ha sido, es y será, la única especie de todo el universo capaz de crear poesía de la ignorancia. Por todo ello, concluimos que el HOMBRE es el único animal irracional que es capaz de participar en juegos denominados “de cultura” sin avergonzarse de su condición, a saber, la de ser olímpicamente irracional y encima, parecerlo.

Y ahora díganme, ¿a qué nos les ha costado ningún esfuerzo realizar este trabajo de imaginación?

VINCHUCA



amer., 1789, “especie de chinche de gran tamaño”. Del quichua; probte. de uihchúcucc “que cae arrojado”, adjetivo verbal de uihchúcui “precipitarse, arrojarse”, porque así se lanza desde el techo sobre los durmientes.

¡Qué mejor apelativo que éste para nuestro estimado Jose María Aznar!
Le ha dado por viajar a lo largo y ancho de este mundo emulando no a Su Santidad Juan Pablo II (porque eso sería una osadía) pero sí recuerda a aquel personaje de tv. de mi infancia llamado Capitán Tan.
Y es que ya se sabe qué ocurre con las chinches: además de ir de un lado para otro, no paran de joder. Y es que las venganzas nunca fueron buenas y una vez que el pueblo soberano arrojara a este indeseable, le ha debido de gustar esa sensación de “caída al vacío” e intenta arrojarse sobre nosotros creyéndonos dormidos.

Las últimas declaraciones desde Alemania no tienen desperdicio: España se está encongiendo, señores, hasta tal punto que hasta los homosexuales se casan entre sí.
Vaya, pues sí que estamos encongiendo. Claro, que visto desde la óptica de un hemíptero es mucho decir cuando el mundo le viene grande. Ya lo dijo un filósofo. España tiene la menta tan grande que los árboles nos impiden ver el bosque.
Para eso tenemos nuestra vinchuca particular y patria que acompañada de Fragas y Carminas Ordoñez enseñan al universo que España iba bien.

Menos mal que ya saben ustedes su final:
Contra el chinche, Zapatazo.

MAR ADENTRO

MAR ADENTRO

”Mar adentro, mar adentro,
y en la ingravidez del fondo donde se cumplen los sueños,
se juntan dos voluntades para cumplir un deseo.
Un beso enciende la vida con un relámpago y un trueno,
y en una metamorfosis mi cuerpo no es ya mi cuerpo:
el abrazo más pueril, y el más puro de los besos,
hasta vernos reducidos en un único deseo:
tu mirada como un eco repitiendo, sin palabras:
más adentro, más adentro,
hasta el más allá del todo por la sangre y por los huesos.
Pero me despierto siempre y siempre quiero estar muerto
para seguir con mi boca enredada en tus cabellos.”


Yo no quería ir a verla. Pero lo mismo que me ocurriera con La vida es bella de Benigni o con La lista de Schindler de Spielberg, fueron unos versos de Rilke los que decidieron por mí:

”Lo bello no es más que el comienzo de lo terrible que aún podemos soportar.
Todo ángel es terrible.”


Alejandro Amenábar va más allá de un mero comienzo y, sin embargo, ha creado una obra de gran belleza. Ha conseguido tensar de tal modo el arco que el esfuerzo se hace paradójicamente cómodo. Nos ha mostrado lo siniestro de lo irreversible, lo bello de la naturaleza del hombre que, como diría Kleist, es ángel y marioneta. Ha permitido que volemos desde el asiento, como el protagonista vuela desde su cama, inconscientes de la delicada condición del ser humano. El más frágil de todos los ángeles, el más ágil de todas las marionetas.
Amenábar ha sabido poner los límites a tiempo para que el corazón no estalle. Ha recurrido al humor, el más difícil de todos los recursos que el hombre posee cuando su vida es miserable.
La agónica sonrisa de un Javier Bardem; la inocencia de Rosa que busca en un náufrago su bote salvavidas; lo irremediable de la verdad de Julia; lo incontenible de la entrega de la cuñada; lo ignorante del cariño de un sobrino adolescente; el miedo a la pérdida de lo naturalmente establecido de un hermano mayor, recto y abnegado... y la amargura de un padre que sólo rompe su silencio para decir:

”Sólo hay algo más terrible que la muerte de un hijo.
Y es que tu hijo se quiera morir”

POR FIN ES VIERNES

POR FIN ES VIERNES

Por fin.