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¿JUGAMOS?

A medida que crecemos vamos perdiendo la capacidad y las ganas por jugar. Y si de algo saben los niños, con todo el tiempo libre del que disponen es justamente de eso, de juegos. Los adultos, además del deporte y del sexo, no estamos acostumbrados a hacerlo. Bien, si les parece, les planteo un reto, un juego, llámenlo como quieran. Yo lo practico con mi marido, Tio Petros, y les aseguro que además de divertido es gratificante. Por la limitación de medios, ustedes participantes y yo, sólo nos comunicaremos por el medio por el que nos conocemos, es decir, por este blog y por mi correo electrónico.
El juego consiste en que los jugadores (yo administro el juego) deben dar respuesta a una serie de interrogantes que les voy a plantear cada dos días. Pueden, si así lo desean, solicitar pistas para ello en el caso de que se hayan “atragantado” con alguna de las incógnitas. Evidentemente, la ayuda les costará puntos.
Les aseguro que además del placer que uno experimenta cuando averigua el acertijo, podremos hacer un repaso a la historia del arte que nunca está de más.
¿Cuál es el premio al ganador o a los ganadores?
Pues evidentemente, el que da el poder ir de un paso a otro y la gratificación del trabajo bien hecho.

CÓMO JUGAR:
1) Cada dos días recibirán una notificación del desarrollo de la historia del juego.
2) Cada participante intentará por sí sólo (sin acudir a “comentarios” del blog) dar respuesta a la pregunta. Es decir, no me harán trampas.
3) La pregunta del juego podrá ser explícita o implícitamente expresada.
4) La respuesta del participante se escribirá en “comentarios”.
5) Las pistas/ayuda se solicitaran al correo electrónico del blog.
6) El juego irá aumentando paulatinamente su dificultad.
7) El ganador o ganadores tendrán una mención especial al final del juego.
8) Si esta propuesta resulta ser un absoluto fracaso iré rauda a la administración del blog y automáticamente este post se autodestruirá en tan solo unos segundos.

Y sin más, y me lo permiten, comencemos a jugar. Como todo juego, éste también tiene un nombre:
EL LEGADO DE ADRIAN KRÖLL

¿vamos...?

TESTIBUS NOBIS

TESTIBUS NOBIS

Hoy voy a hablarles del legado que me dejó un rey allá por el siglo XII. No, no se sorprendan, que lo cortés no quita lo valiente y mi sentimiento antimonárquico todavía me permite mencionar alguna curiosidad real sin que me salgan granos.
Ese monarca del que quiero hablarles era Enrique II Plantagenet. Pues bien, gracias a este rey de la dinastía Anjou, tenemos lo que hoy en día denominamos en lingüística plural mayestático, es decir, aquella forma utilizada por el pontífice y determinadas autoridades civiles y religiosas del nos como primera persona.
En toda dinastía era costumbre dar fe de la autenticidad de las actas de gobierno con el testimonio del propio monarca quien subrayaba cualquier documento con su firma y con la fórmula teste me ipso (yo testigo). Durante el reinado de Enrique II, la presencia de otros nobles o funcionarios de la corona en el momento de la lectura o redacción de documentos importantes hizo que la fórmula se convirtiera en testibus nobis o teste nobis o, lo que es lo mismo “nosostros testigos”. El término acuñado en dichos documentos daba fe de que las decisiones expresadas en él eran fruto del consenso aunque siempre debían ratificarse con la firma del monarca.
Fue en el reinado de Ricardo Corazón de León cuando la fórmula plural del nobis comenzó a referirse exclusivamente a la figura del rey como muestra de autoridad, ya que al autocalificarse de “nobis”, el monarca declaraba implícitamente que su sóla voluntad englobaba la voluntad del consejo y de la corte. Desde entonces, la fórmula se generalizó y dio origen al uso del pluralis mayestatis por pontífices y reyes.
Y en prueba de su conformidad con cuanto antecede, firmo el presente documento el catorce de junio de dos mil cuatro.

Testibus nobis

SEXO Y CASTIGO

Por necesidad, tiene que existir un ser maligno para recordarnos lo “pringaillos” que somos los seres humanos. Un ser omnipotente que juegue y se divierta con nosotros. Durante siglos nos ha enviado plagas y enfermedades como castigo por nuestra osadía al buscar la felicidad. Y la felicidad no es más que la suma de muchos momentos de mucho gustirrinín. Eso lo sabemos todos.
¿Qué pasa con el sexo? Pues que como no tengas cuidado, el ratito de gustirrinín se convierte en embarazos, en enfermedades venéreas o en unos simples hongos. Y es que, señores, nos quieren hacer creer que esto de los polvos es malo y digo yo, ¿a ver si no va a ser verdad? Pero les digo más, el maligno tiene en nuestro tiempo un ayudante bien formado y con un poder muy grande. Cuando a uno ya no le queda otro remedio que abandonar los placeres sexuales y se sienta ante el ordenador y se conecta a la web (que seguro etimológicamente viene de “güeb”, variación ancestral de “güebos”, actualmente “manda cojones”) buscando su ratito de gustirrinín, va el ayudante éste (por cierto, de nombre Bill Gates) y nos manda una bicha de tamaño catedral para que nos entren sudores y nos tiemble la entrepierna que de eso se trata. Y si no, a las pruebas me remito:



Que pasen ustedes un buen fin de semana, y les aconsejo que intenten esquivar los poderes del maligno. Ya saben, la mancha de mora con otra mora se quita, así que en lugar de echar un polvete, echen dos.

ILLUMINARE (4)

ILLUMINARE (4)

LIBROS ESPECIALIZADOS Y DE USO CORRIENTE

Se podría completar la lista de los libros de carácter religioso que hemos visto estos días, con otros que, aunque voy a pasar por encima de ellos, no por eso dejan de tener cierta importancia. Entre estos estarían los homiliarios (compilación de sermones), los martirologios (historias de mártires), los legendarios (compilación de leyendas), etc.
Además de los expuestos, existían una extensa serie de libros de carácter profano, muchos de ellos tratando temas de astronomía y de medicina. Los primeros seguían los modelos de la mitología clásica y, en los segundos, al conocimiento médico le acompañaban ilustraciones aclaratorias.
El arte de la guerra y reproducciones de armas, con imágenes de animales y caza basados en estudios empíricos, manuales de arquitectura y, otros entre los que encontramos los dedicados a plantas medicinales describiendo sus propiedades curativas, fueron frecuentes a lo largo de toda la Edad Media. Entre los últimos, destaca el magnífico Tacuinum sanitatis:


Tacuinum sanitatis

Sus equivalentes en el ámbito de la zoología son los conocidos Bestiarios. Vemos cómo todo el saber se recogería en enciclopedias de las que sin duda, la más importante, es el Hortus deliciarum (siglo XII), de la abadesa Herrade de Landsberg. Contaba con muchas ilustraciones pero, por desgracia, se quemó en el siglo XIX.

NARRACIONES, HISTORIA Y VIAJES

Para finalizar voy a hablarles someramente de otro tipo de libros que reflejaban la vida cortesana y caballeresca de un modo especial. Se trataba de obras educativas y poéticas que se acompañaban de ilustraciones explicativas y decorativas. Una de las más famosas, de sobra conocida por ustedes, es El Cantar de Roldán del fraile Konrad. No debemos olvidar tampoco la Eneida de la Staatsbibliothek de Berlín, cuyas 100 miniaturas traducen en imágenes el poema épico de heinrich von Veldeke, que narra en alemán medio-alto el ocaso de Troya (tan sonado en nuestros días) y los destinos de Eneas. Evidentemente, no nos olvidemos del rey Arturo y su mesa redonda, de las aventuras de Lanzarote del Lago, de Tristán (tan querido por algún compositor alemán) y, por supuesto, de Alejandro Magno.
La Divina Comedia de Dante inspiró las iluminaciones de los miniaturistas de varios siglos; el Codex Manesse nos muestra, como hasta entonces no se había hecho, la vida caballeresca y escenas cotidianas.
Como decía más arriba, los libros de viajes como los de Marco Polo constituían otro puntal de la literatura medieval.
Y hasta aquí hemos llegado amigos, dando un repaso a un tipo muy concreto de obras de arte. Soy consciente de que esta afición mía por los códices medievales puede no ser compartida por muchos de ustedes (les voy a confesar algo, incluso mi marido no la comparte con la pasión con la que a mí me gustaría) pero ya saben que si hay algo en esta vida que nos pierde son las pasiones.
Mañana es viernes, con eso me conformo.

ILLUMINARE (3)

TEMPORALES

El temporal contiene los textos de la misa para el año eclesiástico por lo que son distintos para cada celebración y cada día, siguiendo el orden de Adviento, Navidad, Cuaresma, Semana Santa, Pascua Florida, época pascual hasta la Ascensión y Pentecostés.
Entre algunos temporales también existen textos para las horas canónicas igualmente ordenados según el año eclesiástico.

BREVIARIOS

Al principio, el breviario hacía las veces de catálogo de los cantos de las horas canónicas eclesiásticas para pasar más tarde a utlizarse como el libro que contenía esos cantos y textos de oración, himnos y antífonas.
Eran de uso exclusivo de los clérigos.
Para hacer un repaso (que también me viene bien a mí), las horas canónicas abarcaban las vigilias (la gran oración de la noche), los laudes (la gran oración matutina), además de la prima, la tercia, la sexta y la nona (las cuatro horas menores de la primera, tercera, sexta y novena hora), las vísperas (la gran oración del anochecer) y las completas (la pequeña oración del anochecer o de la noche).

GRADUALES, ANTIFONALES



El gradual y el antifonal contienen los cantos (antífonas) de la liturgia de la misa y son entonados por dos grupos alternos en el oficio o en las horas canónicas de los monjes.

LIBRO DE HORAS

Los libros de horas, libros de oraciones para los laicos, deben su existencia a los breviarios. Sin embargo, a diferencia de éstos, no están estructurados siguiendo el orden de sucesión del año eclesiástico. Son considerados, por lo general, como los bestsellers de la Baja Edad Media, magníficamente ilustrados (con opulencia en su mayoría) y comprendían un calendario con las festividades del Señor y de la Virgen María, las regionales y supraregionales, lecturas de los cuatro Evangelios, el oficio mariano como núcleo central (oraciones a María) y oraciones para la Santa Cruz y para el Espíritu Santo, además de un oficio de la pasión y un oficio de difuntos.
En su mayoría, los libros de horas expresaban la devoción personal de quien los encargaba. Toda una maravilla en lo que a iluminación se refiere. ¡Ay...si la envidia fuera tiña!
Bien, para finalizar por hoy, vayamos a dar una pequeña vuelta por los libros del Apocalipsis...

APOCALIPSIS



Un tipo aparte de manuscrito iluminado son los libros del Apocalipsis que contienen el texto de las revelaciones de San Juan y/o los comentarios sobre él. A pesar de que apenas desempeñaban ningún papel en la liturgia, en los monasterios de la Alta Edad Media solían leerse fragmentos en determinadas épocas del año. Por citar algunos famosos tenemos el Apocalipsis de Bamberg, Apocalipsis del Trinity College y el Apocalipsis de Douce.

Mañana terminaremos con la serie, conociendo por encima algunos libros especializados y de uso corriente y otros que podríamos catalogar como literatura narrativa y de viajes.
Les espero, si ustedes quieren, por supuesto.

ILLUMINARE (2)


Salterio de San Luis

SALTERIOS

El salterio contiene exclusivamente los ciento cincuenta salmos del Antiguo Testamento, la mitad de los cuales se atribuyen al rey David.
Tenemos salterios desde la época carolingia y su lectura, además de servir para orar en privado, constituía un punto fundamental de la Santa Misa y de las horas canónicas de los monjes.
Como dato curioso, decir que eran las mujeres las que solían rezar con el salterio.

LIBROS DE EVANGELIOS, EVANGELIARIOS Y LIBROS DE PERÍCOPAS

El libro de los Evangelios contiene el texto completo de los cuatro evangelistas en su orden de sucesión canónica y, entre los libros litúrgicos, estas obras eran consideradas por mucho, como las de rango más elevado. Tanto era así que en los concilios eran exibidas en un trono, se sacaban en las procesiones solemnes y se prestaban juramentos sobre ellas.
Una parte de su disposición gráfica la constituían las tablas de concordancia, compuestas por unas arcadas bajo las cuales se presentaba la concordancia entre los contenidos de los evangelios y los números de capítulo, además de una representación Majestas Domini e imágenes de autor de los evangelistas.
Este tipo de libros eran los que recibían una encuadernación más lujosa e incluso, dependiendo del propietario al que hubieran pertenecido, se consideraban como una reliquia.
A diferencia de éste, el evangelario o el libro de perícopas sólo contenían fragmentos (perícopas) de los cuatro Evangelios y, siguiendo el orden del año eclesiástico, se leían en la liturgia solemne y durante las vigilias de los monjes.

SACRAMENTARIOS Y MISALES

Los sacramentarios son de uso exclusivo para los sacerdotes y eran habituales desde el siglo VII. Contienen las oraciones y los textos que sólo leen los celebrantes durante la misa. Ocasionalmente, se le anteponen los calendarios.
Los adornos principales, entre ellos el crucifijo que hoy en día la Iglesia sigue manteniendo, se hallan en los puntos en los que la oración es más elevada. Se trata del llamado canon missae, es decir, el inicio del prefacio y el inicio del auténtico canon.
A finales del siglo XI, este tipo de libros fue sustituído por los misales, libros que contienen todas las lecturas, incluso las reservadas a los no liturgistas durante la misa, así como oraciones y otro tipo de textos.

Mañana, estimados blogueros, nos pasearemos por los libros temporales, los breviarios, los graduales y antifonales y mis preferidos: los libros de horas.

Hasta entonces, sean buenos.

ILLUMINARE

Como ya les prometí en otro post, retomo el tema de los libros iluminados. Una vez que más o menos ya podemos identificar las partes de un manuscrito, paso a exponerles su clasificación por el contenido de los mismos.
Grosso modo, podemos afirmar que los libros medievales pueden dividirse en dos categorías en función de que se trate de obras religiosas o mundanas, aun cuando hasta la Baja Edad Media no siempre pueda trazarse con precisión la línea divisoria entre lo sagrado y lo profano. A pesar de lo dicho, vamos allá.
Los libros religiosos pueden dividirse en litúrgicos cuando eran utilizados en la misa por los celebrantes y, en devocionarios cuando servían para la oración privada. Las Sagradas Escrituras ocupaban un lugar especial dado que, sin ser un libro litúrgico, suponían la base de toda liturgia y de toda manifestación de la fe cristiana. Comencemos, pues, por estos últimos.

LA BIBLIA Y COMENTARIOS DE LA BIBILIA



La salvación prometida por Dios en el Antiguo Testamesto, se consuma a través de la vida, obra y muerte de Cristo en el Nuevo Testamento. En el orden de sucesión del canon griego, este último contiene los cuatro Evangelios (de San Mateo, San Marcos, San Lucas y San Juan), las Epístolas de Pablo (las cartas católicas) y el Apocalipsis de San Juan (las revelaciones). Una Biblia completa será pues la unión de ambos testamentos en un solo volumen. Los textos litúrgicos son elementos sueltos e independientes extraídos de ella.
La versión original del Antiguo Testamento estaba escrita en hebreo y se dividía en la Torah con los cinco Libros de Moisés (Pentateuco), en los Profetas y en los Hagiógrafos. Los testimonios hebraicos más antiguos que se conservan son los fragmentos de papiro (siglos III al I a.C) que se han encontrado desde el año 1947 en Qumran, a orillas del mar Muerto.
Entre los años 250 y 150 a.C. apareció una traducción griega del Pentateuco llamada la Septuaginta o Biblia de los Setenta, que debe su nombre a la leyenda que nos ha llegado de que la traducción fuer realizada en 72 días por 72 copistas en la isla de Pharos.
Tras varios preliminares que fueron insuficientes, a finales del siglo IV el Padre de la Iglesia, Jerónimo, comienza la traducción al latín, La Vulgata, que sería la base de la Biblia medieval.
Del Imperio Carolingio se conservan algunas biblias enormes ilustradas pero no es hasta el siglo XII cuando llegamos a la culminación de la ilustración de biblias gracias al impulso de los monasterios por mejorar la redacción de los textos (que los monjes solían leer en voz alta). El único manuscrito bíblico bizantino ilustrado es el primer volumen de la Biblia del Patricio León del siglo X, que duerme en la Biblioteca Apostolica Vaticana. Entre las formas especiales de textos bíblicos contamos la biblia de historia, una versión en prosa que se divulgó durante el siglo XV en Alsacia, Baviera y Austria para la oración de los laicos.



Entre las biblias más famosas, la Biblia Pauperum o Biblia de los pobres muestra mediante ilustraciones el paralelismo entre personajes y acontecimientos del Antiguo y Nuevo Testamento; y la Bible moralisée, colección de resúmenes y paráfrasis de la Biblia que ejemplifican una de las series pictóricas más amplias de la Edad Media. Sus primeras muestras, creadas entre 1220 y 1240 fueron encargadas por la familia real francesa en los talleres de París.
Bien, hasta aquí hemos llegado hoy. Si ustedes me lo permiten, mañana seguiremos hablando de este fascinante tema y les presentaré otro tipo de libros iluminados como son los Salterios, los Evangeliarios, los Libros de perícopas, los Sacramentarios y misales y otros.
Que ustedes lo pasen bien, hasta mañana.

GRACIAS PERÚ

GRACIAS PERÚ

Dice la voz popular que “es de bien nacido ser agradecido”. Por este motivo quisiera dedicar este post únicamente a dar las gracias.
Tanto en el terreno laboral como en la vida cotidiana, este vocablo tan fácil de pronunciar es cada vez más difícil de decir. Cada uno va a lo suyo, y nos olvidamos que como los colores de un lienzo, “somos” gracias a cómo se construye uno mismo y gracias a cómo nos ven los demás.
En mi post de aquel desgraciado 11 de marzo ha habido muchas personas que han querido reflejar mediante sus comentarios, su solidaridad, su pena, su tristeza... De todos ellos, el pueblo peruano se ha llevado la palma. Con palabras llenas de afecto han demostrado que mis antepasados españoles pudieron apropiarse de su oro pero lo que no consiguieron fue arrebatarles su buen corazón.
Si cuando queremos referirnos a alguna cuestión a la que otorgamos un valor incalculable, un gran valor, empleamos la expresión “vale un Perú”, sin duda ya debemos estar seguros porqué. La única forma que poseo de pagar sus muestras de solidaridad es con el agradecimiento sincero.
Cada vez hay más peruanos que vienen a España buscando un futuro mejor, espero de todo corazón que lo hallen aquí. Todos nacemos con el derecho a desear ser felices.
Gracias, una vez más, a las casi ocho mil personas de ese país que han querido pasear conmigo por este blog mío que es también su casa.
A ellos y al resto de mis blogueros, por favor, pasad un buen fin de semana.

SABÍAN QUE...

SABÍAN QUE...

Si no pueden leer el texto, apártense de la pantalla.
Si no pueden leer el texto, mala señal.
No obstante, espero que hayan podido descifrar el enigma.
Los más satisfechos serás ustedes mismos.
Un saludo

EN OCASIONES VEO NEGROS

EN OCASIONES VEO NEGROS

En esto del amor, hay cosas inexplicables. Miren por ejemplo la que se lió en Troya o si tomamos como ejemplo un amor más patrio, recuerden el furor uterino de nuestra Juana la Loca.
Hay amores que hacen historia y otras historias de amores cotidianos que es a lo que aspira el común de los mortales. Que no vayan a pensar ustedes que es “moco de pavo” como diría mi madre, porque en los tiempos que corren lo que prima es la individualidad.
En uno de estos tanto monta, monta tanto, comentaba yo a mi marido una curiosidad del lienzo que Goya dedicó a la Duquesa de Alba de turno. Resulta que a los pies de la noble dama hay una inscripción que se ha descubierto recientemente en la que se lee:

“Solo Goya”

La conversación transcurría en un ir y devenir de interpretaciones profanas por nuestra parte sobre el sentido que tal inscripción podía sugerir al espectador. En ésas estábamos cuando de repente mi pariente me suelta:

Cuando tenía alrededor de diez años, teníamos en casa un catálogo de obras de arte. A pie de foto podía leerse el título de la obra y el nombre del pintor.
Goya me parecía un impresentable. ¿Cómo alguien sin escrúpulos podía si no firmar sus cuadros reconociendo que “otros” le hacían el trabajo? Porque claro, yo leía:

FRANCISCO JOSÉ DE GOYA y LUCIENTES

o sea, que el cretino de Goya hacía los bocetos y el equipo de “lucientes” le remataban las obras”


Le he pedido permiso para escribir este post. Como única condición ha establecido que deje bien claro la edad en la que, en ocasiones, su inocencia le hacía ver negros goyescos.

CÓCORA

CÓCORA

“Persona molesta en demasía”, 1816. Voz familiar de origen incierto, probablemente variante de clueca en el sentido de “persona achacosa, inútil”, que tiene el adjetivo familiar y antiguo clueco; quizá cócora se sacó del verbo encocorar “fastidiar, molestar”, 2º cuarto S. XIX, variante de encocrar, S. XX, por enclocar “hacer volver clueco”.

Si hay seres molestos en este mundo son, por definición, los niños. A medida que van cumpliendo años lo son más aún y el fastidio que producen es inversamente proporcional a la paciencia del adulto. Qué decir tiene que dentro de esta especie, la subespecie “el hijo del prójimo” representa el más claro exponente de “cócora”. Si el elemento, para más inri, está aburrido en la mesa de un bar mientras que sus progenitores conversan con los amigos al tiempo que el niño repasa las trescientas mil melodías del móvil de su padre a todo volumen, entonces el "encocoramiento" es mayúsculo.
“Amarás al prójimo como a ti mismo”, mentira, no puedo. Intento evadirme del Bach a toda caña que vomita el móvil del padre del niño y del “bulería, bulería” del ricitos de oro que vomitan los altavoces del establecimiento.
“No matarás”, joder, qué difícil me lo están poniendo. Si lo único que quiero es tomarme un Cresta Rosa con mi marido. Aquí juntitos, si ni tan siquiera pido silencio. Una música ambiente, eso, eso.
Y de esta guisa los ojos se me van al pescuezo del niño y las manos me tiemblan, y van cobrando vida propia y se me escapan de las muñecas mientras las articulaciones crujen y se endurecen, Kafka ... entonces el niño deja el móvil de su padre aburrido de tanto aburrir y molestar y fastidiar y joder porque el niño tiene alma y bendito seas y viva la madre que te parió, angelito, pero ¡qué hace!, esto no me puede estar pasando a mí, ¿qué saca del bolsillo del pantalón?, no puede ser, una maquinita infernal de ésas, con pantalla plana, con lucecita y música y melodía a toda caña, sin tregua, ¿es que sus padres son sordos?, es que estaré ovulando, míralo, es el hermano pequeño de la niña del exorcista, ¿dónde hay un crucifijo?, ¿no le está saliendo espuma por la boca?, no, cariño no: es que está masticando un chicle y hace ruido al masticar y al tragar saliva mientras con el pie da pataditas a la pata de nuestra mesa.
Paga y vámonos. Yo también te quiero.

CUÉNTAME

CUÉNTAME

Hay historias que sólo le pertenecen a uno; que sólo pueden ser compartidas por lo bello que los demás podamos encontrar en ellas. Pero generalmente, la carga de lo que podríamos denominar “sentimental” es intransferible si acudimos al lenguaje para expresarla. Y no hay historias en las que el lenguaje no ande merodeando.
Ayer me contaron una. Deseo poder hacerles partícipes de la ternura que me inspiró cuando me fue relatada.
Un compañero de trabajo de mi marido nació en Almería hace unos cincuenta y tres años. Desde que conoció a la que hoy es su mujer, vive en el País Vasco y por vacaciones siempre vuelve a su tierra, a su casa. Cuenta que, el día que cumplió tres años, su madre le obsequió con un lápiz, un lapicero normal y corriente, de ésos a los que ya no concedemos valor alguno si los comparamos con regalar un viaje a Disneyland Paris. Eso sí que es un regalo...
Como les iba diciendo, el día de su tercer cumpleaños nuestro niño tenía un lápiz que su madre le había regalado. El niño, travieso, como en cualquier época, introdujo el lapicero en la ranura de la pared de una casa hasta que con asombro primero y, desconsuelo después, dejó de verlo. Desapareció. Nuestro amigo se quedó sin regalo de cumpleaños y con la certeza de haber asistido a un misterio inexplicable.
Esta Semana Santa ha vuelto a su tierra, a su casa. Paseando por las calles que lo vieron juguetear de niño vió un edificio en ruinas. “La casa que se tragó mi lápiz” –pensó-. Y en soledad, como aquel día en el que cumplió tres años, corrió hacia ella, bordeándola y examinando meticulosamente la fachada hasta dar con el agujero. Allí estaba. Con un objeto que encontró en el suelo de su infancia, fue ampliando cuidadosamente la boca que engulló su regalo.
Después de cincuenta años, aún conserva el regalo que su madre le obsequió: unos gramos de serrín y una mina intacta que guardará para siempre.
Hay historias que sólo le pertenecen a uno.

LA FÁBULA DEL ASNO DESCONOCIDO

LA FÁBULA DEL ASNO DESCONOCIDO

...O COMO LA IGNORANCIA HACE OSADOS A LOS HOMBRES PARA CONDENARLOS

Aunque el título pueda despistarles no se trata de ninguna narración moralizante que se les haya podido escapar en su infancia. Más que nada, se trata de relatarles en pocas palabras, lo que un comentarista con mala leche ha dejado escrito en mi blog. El tipo en cuestión, de nombre desconocido (aunque no su IP), me deja esta perla literaria en uno de mis post:

TODOS LOS LIBROS DE DANTE SON UNA MIERDA

Muy bien, señor mío, ya lo ha soltado, quédese tranquilo pues. No tengo ningún interés en que a usted (anónimo que no desea dejar rastro de su persona, anónimo para mí puesto que lo que no es nombrable no existe en estos casos) le guste Dante, Stevenson o el libro de cocina de la Pantoja. Mire si es fácil que ni tan siquiera tendría que molestarse en leer mis post.
Sin embargo, la condición humana no deja de sorprenderme. Uno baja a la calle, levanta la pata y se mea en el árbol que quiere. Y eso es lo que algunos hacen y se llaman hombres. Si le sirve para desahogarse, como autoterapia y, además gratuita, adelante. Siempre que sea respetuoso con mi persona y con el resto de blogueros usted está invitado a venir y a mearse. Lo que ocurre en estos casos, generalmente, es que si el elemento levanta mucho la pata para abarcar más territorio de lo que sus posibilidades le permiten, entonces ocurre lo inevitable.
Por una parte, deja al descubierto sus huevos que, en este caso significa que como administradora del blog no pienso eliminar el comentario para su vergüenza. Por otra parte, puede perder el equilibrio y caerse de espaldas que, en este caso significa que como administradora del blog puedo eliminar todas aquellas intervenciones que me molesten. Y por último, voy a atreverme a realizar una apología de la mirada: en todas las situaciones siempre hay alguien que mira. Y los voyeurs se fijan en los detalles, en aquello que al resto pasa desapercibido. Mire por dónde, que se ha topado con una. Veo desde mi ventana un asno, con grandes orejas que acogen un estilizado capirote, sí, como los de Goya para ser más gráfica. El animal rebuzna, pero no me molesta su lenguaje, sino el sonido con el que lo emite. Si usted me dice que no le gustan los libros de Dante, pues a mí tampoco las lentejas. Pero si usted, casi con enfado metafísico, me planta que los libros de Dante le parecen una mierda... pues como que es otra cosa (por su falta o exagerada sonoridad). Un poquito de por favor y a ser más respetuoso. Pero sigo mirando y deduzco que usted no ha leído un verso de la Comedia, llamada Divina por sus contemporáneos y, si esto fuera un concurso, no sería capaz de decirnos el título de otra de las obras de este deleznable (según su punto de vista) autor.
¿Ha entendido ahora porqué este post es una fábula?

LA BODA (5)

LA BODA (5)

Finalizaba el post anterior con una revelación cargada de misterio. Bien es cierto que, de forma maliciosa, les planteaba una pregunta que así formulada no tenía sentido, ya que evidentemente toda obra de arte tiene un padre aunque éste sea desconocido. Pero ya saben que una puede tomarse sus licencias cuando de tirar de la cuerda se trata. En fin, no les entretengo más y vayamos al quid de la cuestión retomando el tema como lo dejé ayer:
“¿Sabían que este cuadro no tiene autor? ¿Que no me creen? lean, lean...”

UN TESTIGO DE EXCEPCIÓN
Ahora entenderán porqué he titulado este último espacio como “de excepción”. Por dos motivos: el primero es porque a diferencia de lo acostumbrado (incluso hoy en día), el pintor no plasma su firma en la parte inferior (derecha o izquierda) del lienzo sino que la encontramos en el centro, situada entre la lámpara de araña y el espejo. Además con una claridad inusual y, el segundo, porque la fórmula empleada es igualmente insólita.
El pintor no firma como autor de la obra (en cuyo caso hubiera figurado ”fecit”, -hizo-) sino como “testigo” de la acción; ése mismo que aparece reflejado en la “bruja”. De esta manera, el pintor no firma un lienzo sino un documento en el que podemos leer:

Johann de Eyck fuit hic (...”estuvo allí, estuvo presente”)

Llegó el final. Camus decía que en el fondo de toda belleza subyace algo de inhumano, por este motivo espero que además de finalizar con esta serie de post, no haya acabado también con su paciencia.
Espero y deseo también, que hayan disfrutado tanto como yo de esta excepcional obra de arte.
Eso es todo amigos...por hoy.

LA BODA (4)

LA BODA (4)

SECRETOS DE ALCOBA
Nuestro hombre de negocios extranjero vivía, como hemos visto, en Brujas, rodeado de lujo aristocrático. Fíjense en la alfombra oriental, en la lámpara de araña y en el espejo; la ventana está acristalada y tampoco le faltan las codiciadas naranjas de importación. Sin embargo, la habitación es estrecha como la de los burgueses y en ella domina la cama. Echen un vistazo al suelo. Es de madera y no de plaquetas de mármol con el que se pavimentaban los palacios.
Durante el día se recogían las cortinas y se colgaban de la parte superior del dosel de la cama para recostarse sobre ella o para, incluso, recibir visitas tumbado sobre el lecho. En la Borgoña de la época de van Eyck, no se permitía a los burgueses vivir en palacios. Sólo uno lo consiguió: un paisano de los Arnolfini, representante éste del superpoderoso banco florentino de los Médicis. ¡ahí es ná!
Les he mencionado antes la presencia de un espejo en la habitación. Si se fijan, está situado en el eje central del cuadro. Lo que para nosotros puede parecer una estupidez –quién no tiene un espejo en su dormitorio- en la época que nos ocupa constituía todo un lujo.
El marco está adornado con diez medallones que representan las estaciones del Via Crucis. Los espejos solían fabricarse de metal pulido y eran los monarcas los que poseían espejos de cristal. Se consideraban como objetos preciosos cuya fabricación era difícil pero los vidrieros de Habsburgo consiguieron con éxito una fórmula que ofrecía una solución intermedia entre el metal pulido y el cristal: se vertía una mezcla de metales a una temperatura no muy caliente sobre una bola de cristal, obteniendo así un espejo convexo como el que cuelga del dormitorio que contemplamos en el cuadro. En Francia, los llamaban brujas porque aumentaban el ángulo de visión de manera misteriosa.
Siento que la calidad y el tamaño de la imagen del cuadro que he conseguido para ilustrar el post, no les permita contemplar todo lo que se refleja en el espejo: las vigas del techo, una segunda ventana y las dos figuras de las que les hablaba más arriba.
Este efecto ¿no les recuerda a otro –y esta vez con un espejo plano- que nuestro ilustre Velázquez utilizó doscientos años más tarde en Las Meninas? les voy a dar una pista: Velázquez era el responsable de conservación de las colecciones reales de la corte española ¿me siguen...?



Por encima de la pareja cuelga una lámpara de araña de metal que los forjadores fabricaban por entonces en Flandes. ¿Saben por qué sólo una de las velas está encendida? Evidentemente no es una cuestión de ahorro sino de fe. La llama simboliza a Cristo, que todo lo ve, y aquí es testigo de las promesas de los contrayentes. Una vez más comprobamos la razón por la que no era necesaria la presencia de testigos.
Bajo el brazo derecho de la lámpara, vemos una figurilla tallada en madera que forma parte del cabecero de la cama. Representa a Santa Margarita, patrona de las parturientas, venciendo al dragón. Así que nuestra dama tenía asegurada, con este detallito, lo que desean todas las mujeres cuando van a parir: la horita corta...

A estas alturas, no me negaran que van Eyck no nos legó de forma detallada y magníficamente ejecutada, una estampa realista de su tiempo utilizando objetos de la vida cotidiana cargados de simbolismo. Y si no, miren al perrito situado entre los esposos. Bienestar y felicidad, ése es su significado simbólico. Supongo que en más de una ocasión habrán podido contemplar en tumbas de la época, a los pies del hombre, la figura de un león como símbolo de fuerza y valor y, a los pies de una mujer, un perro como símbolo de fidelidad conyugal (¡al parecer eso es sólo lo que se esperaba de nosotras!).
Los numerosos objetos que aparecen en el cuadro no están por casualidad, se lo aseguro. El espejo inmaculado como símbolo de la Virgen (speculum sine macula), las cuentas transparentes del rosario que cuelga sobre la pared hacen referencia a la pureza de la mujer y también, las chanclas y los zuecos de los que antes hemos hablado.
¿Creen ustedes que nuestros novios acuciados por las prisas de la boda han olvidado ordenar convenientemente la habitación?
Pues no, señores. Su disposición alude al Antiguo Testamento:

”No te acerques, quítate las sandalias de los pies, porque el lugar que pisas es tierra sagrada”

así como el Señor se lo ordenó a Moisés, de la misma manera los dos esposos celebran el sacramento del matrimonio en un simple suelo convertido en un lugar sagrado.

Para finalizar, que ya es hora, un apunte más que resulta curioso. ¿Sabían que este cuadro no tiene autor? ¿Que no me creen? lean, lean... en otro post, por supuesto.

LA BODA (3)

LA BODA (3)

ALTA COSTURA
La novia del lienzo no lleva un vestido blanco. No, no es problema de agudeza visual, es una constatación. La costumbre del vestido blanco no llegó hasta la segunda mitad del siglo XIX. Nuestra novia se casa con un suntuoso ropaje festivo. Está adornado con armiño y la cuidadosa colocación de los pliegues del vestido nos hacen pensar en la ayuda de una camarera que igualmente le recogiera la cola para que la joven dama pudiera caminar.
Si se tratara de una fotografía actual, no dudaríamos un segundo en afirmar que la reciente señora de A. se casa embarazada (más bien, embarazadísima) o que se casa “de penalti” si el espectador utiliza el argot castizo.
Lo siento, les he dado una pista falsa. Su vientre abultado no alude a un posible embarazo sino que representa el ideal de belleza de la época del gótico tardío al que también corresponden los pechos pequeños sujetos muy arriba. Estarán de acuerdo conmigo en que era mucho más cómodo ser sex symbol en aquella época que en la actual.
Por otra parte, el novio lleva una valiosa capa de terciopelo, forrada y orlada de nutria, marta o visón, abierta por los costados para permitirle una mejor movilidad.
Los zuecos que están colocados junto a él, están reforzados para no ensuciarse al caminar por la calle, de lo que deducimos que, aunque no supiéramos nada de la actividad profesional del caballero, sí podríamos afirmar que no se trata de un aristócrata sino de un burgués.
¿Todavía no les he dicho que los grandes señores no necesitaban zuecos?
¿Para qué creen ustedes que utilizaban los caballos y las sillas de mano?

No contesten todavía, háganlo después de la publicidad. Levántense del asiento, vayan a la cocina a beber algo, descansen cómodamente y vuelvan, vuelvan por aquí mañana, que lo mejor está por llegar...

LA BODA (2)

LA BODA (2)

Tal y como les adelanté ayer, tengo la sospecha de que el novio era Michele Arnolfini y no su hermano. ¿Qué porqué hago esta afirmación? Pues porque a las pruebas me remito...

LAS CUESTIONES DEL PROTOCOLO
La mano derecha de la mujer reposa delicadamente sobre la mano izquierda del varón. Este hecho debe de tener un significado especial porque el pintor nos lo muestra justo en el centro del cuadro. Si nos fijamos en cómo está recogida la cola del vestido de la dama y en el hecho de que el hombre tiene levantada su mano derecha a modo de juramento, no creo equivocarme si afirmo que están festejando su boda. Es más, sé perfectamente que no yerro porque la historia me da la razón.
En el siglo XV no se necesitaban ni sacerdotes ni testigos para casarse ni por la iglesia ni por lo civil como diríamos actualmente. La ceremonia podía realizarse en cualquier parte, incluso en una estrecha habitación como nuestros protagonistas. Eran los esposos los que se impartían el sacramento del matrimonio y, en todo caso, los recién casados eran los que a la mañana siguiente podían dirigirse juntos a misa para que, de este modo, se hiciera público su enlace.
Como digo, no se exigía tampoco la presencia de testigos en el enlace, pero háganme el favor de prestar atención a las figuras que se reflejan en el espejo. Las dos figuras que aparecen difuminadas son dos testigos que tendrán que acreditar con su firma (este asunto sí que era obligatorio) el contrato matrimonial escrito que reglamentaba las condiciones económicas de la unión.
Me preguntarán ustedes la razón por la que los Sres. Arnolfini precisaban de testigos. Bien, recapitulen sobre lo dicho en lo referente a la posición de las manos de los retratados. El banquero toma la mano de su mujer con la mano izquierda y no con la derecha como era costumbre. Como ya dije en otro post (que ustedes seguramente ya habrán leído...) este tipo de matrimonio estaba reservado a los esposos procedentes de clases sociales diferentes. En nuestro caso, un banquero contrae matrimonio con una.., una..., doncella joven de la que desconocemos su apellido. Ya está todo dicho. Se trata, pues, de un matrimonio de mano izquierda. La mujer (de clase social inferior) debía renunciar a todos los derechos de herencia para ella y para sus hijos. Si no hubiera descendencia y quedara viuda, se le aseguraba una pensión (con su certificado correspondiente) que se le entregaba a la mañana siguiente (morgengabe).

Una vez que les he presentado a los novios, reivindico el derecho a informar, como ciudadana del mundo del siglo XXI, de los aspectos que hoy en día englobaríamos con el nombre de “prensa rosa”. Pero ya saben, eso será en otro post.

LA BODA

LA BODA

No, no se preocupen, estimados blogueros, que no voy a detenerme ni un segundo en el enlace matrimonial que ha traído de cabeza a todos los medios de comunicación y que ha suscitado más de una naúsea a esta republicana de pro.
Les voy a hablar de otra boda, ésa que Jan van Eyck plasmó de forma magnífica en Brujas allá por 1434. Se trata, pues, nada más y nada menos que de El matrimonio Arnolfini.

LA POLAROID
Lo primero, antes de entrar en detalles, vamos a realizar una foto del acontecimiento: un hombre y una mujer, vestidos lujosamente, se encuentran, acompañados por un perro, en una estrecha habitación donde, esparcidos por el suelo, reposan al azar los zuecos de los personajes. Sus posiciones parecen indicarnos que está sucediendo algo, pero para unas mentes tan brillantes como las nuestras, eso es todo lo que podemos dilucidar a primera vista, aunque en adelante iremos comprobando que “eso” no es todo lo que se nos muestra.
Acompáñenme, por favor...

UNA CRÓNICA DE LA CIUDAD
Como he dicho más arriba, el lienzo fue pintado en la ciudad de Brujas, el enclave más importante del norte de Europa no sólo por las mercancías con las que se comerciaba sino también por los mercaderes que en ella vivían.
La madera y las pieles venían de Rusia y Escandinavia; de Génova y Venecia, la seda, las alfombras y las especias y, por supuesto, de España y Portugal procedían los higos, los limones y las preciadas naranjas como las que vemos junto a la ventana del cuadro. Perdón, qué desconsiderada soy, me parece que les estoy entreteniendo y todavía no les he presentado a mis huéspedes...

LOS CONTRAYENTES
Van Eyck no dejó constancia del nombre del cuadro ni del retratado. Cuando apareció por primera vez en un inventario, cien años después de haberse pintado, podía leerse lo siguiente:

“Una tabla grande, Hernoult le Fin con su mujer en una habitación”

Hernoult le Fin era la versión francesa del apellido italiano Arnolfini, familia de comerciantes y banqueros de Lucca, que en aquella época disponían de una delegación en Brujas.
Como les digo, el nombre de nuestro contrayente no queda reflejado en ningún lugar ni documento y por eso, lo único que podemos hacer es especular al respecto. No obstante, por los datos que nos proporciona la propia obra podemos acercarnos a la verdad abandonando, por cierto, las teorías que circulan por ahí sobre la identidad del anónimo personaje.
En 1434 vivían en Brujas dos miembros varones de la familia Arnolfini. El más famoso, de nombre Giovanni di Arrigo, era el gobernador de las finanzas de los duques de Borgoña y del mismísimo rey de Francia. Se casó con Giovanna Cenami (¡cuántos juanetes en una misma familia!), hija de un banquero italiano.
El otro Arnolfini, hermano del anterior, se llamaba Michele y, les puedo asegurar que la dama con la que se casó no poseía la misma dote que su cuñada. Se trataba de una joven flamenca de la que se desconoce su apellido.
¿Cuál es el motivo por el que me inclino a pensar que el retratado era Michele y no su hermano Giovanni?
Por lo que les contaré mañana, si ustedes quieren, en la segunda entrega de esta célebre boda.

CARONTE O EL ACREEDOR DE ALMAS

CARONTE O EL ACREEDOR DE ALMAS

“Lo que queda es un destino cuya única salida es faltal. Al margen de esta única fatalidad de la muerte, todo, alegría o felicidad, es libertad. Resta un mundo cuyo único dueño es el hombre. Lo que lo ataba era la ilusión de otro mundo. La suerte de su pensamiento ya no es renunciar a sí, sino reanudarse en imágenes. Se representa en mitos, sin duda, pero en mitos sin otra profundidad que la del dolor humano, y como éste inagotable. No ya la fábula divina que divierte y ciega, sino el rostro, el gesto y el drama terrenales en los que se resumen una difícil sabiduría y una pasión sin mañana”

CAMUS, A.:El mito de Sísifo, Alianza, Madrid, 1999, p. 151

En la mitología griega, Caronte era una de las divinidades del mundo subterráneo. Su misión era conducir la barca que llevaba a los difuntos del mundo de los vivos al Hades a través de la Laguna Estigia. Las almas de los difuntos eran guiadas por Mercurio hasta la laguna y allí aguardaban hasta que llegara el barquero. Como pago por el viaje, Caronte recibía una moneda de oro que se colocaba en la boca del difunto.
Una vez montado en la barca, era el propio difunto quien remaba hasta la otra orilla, hasta el mundo de los muertos. Cancerbero, el siniestro perro de tres cabezas, custodiaba la entrada del infierno para que ningún vivo entrara ni ningún muerto pudiera salir de él.

La muerte es la única certeza del ser humano. La única verdad para la que, paradójicamente, el hombre carece de experiencia propia. Hasta para morir hay que pagar. Y se paga con la vida.
En el Romanticismo, la existencia en este mundo era un mero tránsito, un requisito sine qua non el hombre no podía llegar a ese estadio de absoluta felicidad. La muerte les hacía libres. A lo largo de toda la historia de la humanidad ha habido, hay y habrá hombres que
se dejan matar por las mismas ideas o ilusiones que les dan una razón para vivir. Aunque resulte contradictorio ¿no es ésta una forma más de nuestra condición?: “Los hombres también segregan inhumanidad”.

Tome buena nota mi familia de mi última voluntad:

“cuando muera, colocadme una moneda sobre la boca para pagar al barquero. Y en mi mano, fuertemente sujeta, otra de igual valor para que me desprendan de mi humana indumentaria : no vaya a ser que mi Caronte no me permita cruzar a la otra orilla y mi alma vague por los siglos de los siglos con la certeza de que veré pasar delante de mí las imágenes de todos los que en este mundo han sido y he querido. Entonces, y sólo así, habré llegado al infierno.”

LA NAVE DE LOS LOCOS

La nave de los locos

A finales de la Edad Media, las ciudades europeas distinguían con precisión entre los locos “propios” y los “advenedizos”. Estos últimos eran transportados en barco para expulsarlos de las ciudades y abandonarlos en cualquier lugar, a su suerte, lejos de ellas. El Bosco pinta entre 1480 y 1516, La nave de los locos que muy bien podría interpretarse como la representación simbólica del gran proceso de selección que se inicia en esa época.
En el centro de la embarcación aparecen sentados una monja y un fraile franciscano. La monja toca el laúd y ambos abren sus bocas para alcanzar el bollo que cuelga de una cuerda que mueve el personaje de la mano levantada. Una tabla de madera separa a la monja y al fraile y sobre ella, un plato con cerezas y un vaso que quizá contenga unos dados.
Una escena de estas características ya decía bastante para un coetáneo del pintor que contemplara la obra. Las monjas y los frailes debían de vivir separados pero aquí no lo están, es obvio que llevan una vida de pecado y reprobación. De hecho, como ya comentara en un post anterior, el laúd, blanco y con un hueco redondo, remite a la vagina. Tocar este instrumento era, por tanto, sinónimo de lujuria. El juego infantil de atrapar el bollo con la boca hace referencia a la gula; los tullidos y barriles que hacen rebosar la barca, a la embriaguez...
Los personajes de la nave, pues, no disciernen entre lo que es bueno y correcto y por eso su destino es Locagonia, el país de los locos, tal y como nos lo dijo Sebastian Brant en su obra La nave de los locos donde se describía hasta cien tipos distintos de locos o de formas irracionales de comportamiento.
La barca, al igual que los elementos anteriores, también puede interpretarse como un símbolo del Estado, de la Iglesia o de la vida. La obra que nos ocupa podía responder perfectamente a cualquiera de los dos últimos sin contradecirse.
El agua, que podía asociarse a la limpieza, la renovación o el bautismo tiene su interpretación, igualmente válida, como símbolo de peligro, amenaza o pecado. Los bañistas que aparecen en el lienzo están desnudos y son pecadores. El agua estaba ligada simbólicamente a la enajenación mental porque al igual que la locura, el agua se consideraba no comprensible y no indagable (tanto era así, que en la localidad holandesa de Meulebeck se hacía pasar a los enfermos mentales por un puente, pues se creía que el tránsito por encima del agua hacía propicia su curación).
En el pendón del mastil de la nave hay pintada una media luna. Si bien puede decirse que el emblema de los turcos era una amenaza para Europa, también es sabido que se utilizaba la media luna para señalar a los enfermos mentales. Curiosa identidad: los dementes, los catalogados como locos, aparecían bajo la bandera del enemigo de los cristianos...
Fíjense ahora en los dos árboles que El Bosco plasma en el centro del lienzo. Uno hace las veces de timón y el otro de mástil. El del timón está sujeto a la popa. De una rama seca cuelga el único fruto del árbol, un pescado; de la otra, surge un matorral que sirve de asiento a uno de los locos.
El árbol está muy desequilibrado y es muy difícil de mover (¡menudo timón!). Desde el matorral inferior, un hombre intenta cortar la cuerda que sujeta un ganso asado.
La parte superior se compone de un conjunto de ramas atadas al mástil. Ni el mástil sirve para sujetar las velas ni el timón para dirigir la nave. Ambos elementos son inútiles y los enormes cucharones que hacen de remos deben servir igualmente para bien poco. Sin embargo, los tripulantes, ebrios y contentos, parecen ajenos a que su barca es ingobernable. Tan ajenos como el personaje solitario con indumentaria de loco que parece meditar a espaldas del resto.
Este tipo de vestimenta es muy frecuente en la época del Bosco. En su mano porta un cetro o clava de chiflado que termina en una cara de loco tallada y se consideraba un símbolo fálico. El gorro que cubre su cabeza es también un elemento característico: se ceñía tanto a la cabeza que podía considerarse como una segunda piel (no es fácil deshacerse de la demencia). Coronando el gorro, unas orejas de asno indican necedad.

Por último, tomen nota de la especie de calavera que brota del matorral de la parte superior. La muerte está cerca y la nave no tardará en zozobrar y hundirse. Y con ella, todos los que navegan en ella.