LAS PERLAS DE VERMEER

Muchacha con pendiente de perla (1665)
Esta joven es la protagonista de una deliciosa película titulada La joven de la perla cuya historia dirigió Meter Webber (2003) de forma magistral. La película recreaba la novela homónima escrita por Tracy Chevalier. Tio Petros nos habló de ello en su día y hoy me gustaría hablarles no sólo de ella, sino de otras muchachas que como ella poseyeron su mismo distintivo: las perlas.
Para ello remontémonos a la Holanda del siglo XVII. Con quince hijos que alimentar, el pintor de Delft no podía vivir con los ingresos que le reportaba la venta de los dos cuadros que pintaba al año, por lo que casi con total seguridad, Vermeer debió seguir con el oficio de su padre: comerciante de objetos de arte. Su escasa producción artística responde posiblemente a que pintara poco para el mercado público del arte y que la mayoría de sus obras fueran destinadas a mecenas o promotores que apreciaban, en minoría, su arte.
Como tema principal de la mayoría de sus obras, Vermeer eligió a la mujer. Lienzos de mujeres jóvenes integradas en un contexto narrativo algunas veces, otras en ausencia de cualquier decorado tras un primer plano lleno de contrastes cromáticos donde la retratada nos mira, de frente o de soslayo, a los ojos o por encima del hombro, con la boca entreabierta para hablarnos y superar de este modo, los límites del cuadro.
Ante un fondo neutral, oscuro, con tendencia al negro como si Da Vinci le susurrara al oído un capítulo de su tratado de pintura, Vermeer nos muestra a sus mujeres con el rostro de Jano: por una parte irradiando una sublime sensualidad gracias a sus labios carnosos entreabiertos y a esa mirada, sin pudor alguno, con la quiere atrapar al espectador y, por otra, mostrándonos la pureza y la castidad de la modelo gracias al atributo que las distingue por encima de otros: las perlas.
Francisco de Sales escribía en su Introduction à la vie dévote:
Tanto en el pasado como en el presente, era y es costumbre entre las mujeres colgarse perlas de las orejas por el placer causado como ya había observado Plinio- cuando las perlas tocan la piel al moverse. Pero dado que yo sé que Isaac, gran amigo de Dios, envió pendientes a la pura Rebeca como signo de su amor, pienso que esta joya significa en sentido espiritual que la oreja es la primera parte que un hombre quiere tener de su mujer y que la mujer debe conservar más fielmente, de tal modo que no debe traspasarla ningún discurso o tono que no sea el dulce sonido de las palabras castas, que son las perlas orientales del Evangelio.
Así pues, debemos de interpretar las perlas de los cuadros de Vermeer, no como símbolo de vanidad, sino de una castidad como parte de la naturaleza propia de la mujer. Las perlas que rodean su cuello, las perlas en forma de lágrima balanceándose y concentrando en su interior la luz y el camino de Dios.
Individualidades anónimas, las perlas, que contienen un mensaje oculto de luces y sombras; el juego estético en torno al amarillo, de ricas y variadas gradaciones que hacen de éste un color amantibus et scortis aptus (apto para amantes y putas); la plasticidad de esos rostros que parecen surgir de oscuros escenarios de otros lienzos de Tiziano en una huída furtiva, hacia la luz y,
que constituyen la firma del enigmático Vermeer.
Para terminar, aquí les dejo una relación de lienzos de Vermeer donde pueden encontrar valiosas perlas, aquellas que tango gustaban al pintor.
Hasta mañana.
Mujer de amarillo escribiendo una carta
Mujer tocando el laúd junto a la ventana
Joven dama con collar de perlas
El concierto
La tasadora de perlas
Dama con criada y carta
Muchacha con sombrero rojo
Muchacha con flauta
La carta de amor
Mujer escribiendo una carta y criada
Mujer tocando la guitarra
Mujer sentada tocando el virginal
Mujer de pie tocando el virginal





















