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Se muestran los artículos pertenecientes a Noviembre de 2005.
a voz en grito: ¡grita hasta arrancarnos la lengua, mudo Dios al que yo escucho!” Extracto de Poderoso silencio, Blas de Otero Este lienzo de Caravaggio fue ejecutado entre 1603 y 1604. De sobra son conocidas las malas formas del pintor de las luces y las sombras y su gusto por las espadas, las dagas y los cuchillos. Este óleo que les presento hoy se titula El sacrificio de Isaac y su temática ha sido reproducida en múltiples ocasiones a lo largo de la historia del arte. Sin embargo, ¿por qué no aventurarnos hacia una interpretación más arriesgada? Contemplen la obra detenidamente y de forma especial las manos del ángel y de Abraham, manos donde Caravaggio acentúa luz e identidad. Si ustedes simulan la escena con alguien que se preste a ello, quizás la muñeca del ángel del Señor que nos muestra el pintor, no esté en la posición adecuada si lo que se desea es evitar un degüelle en toda regla; quizás, digo, lo lógico sea que la muñeca en lugar de estar inclinada hacia abajo lo esté hacia arriba para poder sujetar la poderosa mano del padre asesino; quizás, también, la tensión que se ve reflejada en todo el brazo del ángel pueda hacernos sospechar que la fuerza de empuje va justamente dirigida al cuello de la víctima y no precisamente a detener su muerte, con lo que nuestra particular visión quedaría reforzada un tanto más si a esto añadimos la presencia del carnero en cuanto que el objeto del sacrificio ya se ha hecho evidente (Dios proveerá y ha provisto) y el desgraciado de Isaac ya se encuentra fuera de peligro. Quizás, nuestra interpretación peque de osada y de blasfema. Quizás, el ángel de Caravaggio sea el ángel del poeta, aquel ángel fieramente humano, el enviado de un Dios mudo al que escuchamos. Ya lo dijo Rilke: ”todo ángel es terrible”. Ustedes piensen lo que quieran. ”Fais-moi le plaisir Paul Éluard, Le jugement originel , extracto Hace un tiempo ya nos visitaba Max Ernst para mostrarnos su particular visión de la Piedad. Como les prometí, el artista ha vuelto y esta vez con una obra, por lo menos, intrigante. El lienzo que hoy nos ocupa se titula La Virgen dando una zurra al Niño Jesús delante de tres testigos y fue ejecutada en 1926. Observen: Aunque les parezca mentira, se trata de un autorretrato. Los tres personajes situados detrás de la pared, en un discreto segundo término, son André Breton, Paul Éluard y el artista mismo. La obra tiene por tema un motivo recurrente (pero por entonces no violento) de la historia del arte. Como es de suponer se han querido ver, en esta metáfora cristiana de Venus y Cupido, referencias ocultas a una posible relación sexual inmersa en un episodio traumatizante . Se trataría de una escena turbadora donde se muestra a una madre infligiendo un maltrato a su hijo desnudo. Ernst no deja lugar a dudas sobre el carácter religioso subyacente del tema, con los retratos de la Virgen (vestida de la forma tradicional en azul y rojo) y del Niño Jesús. Sin embargo, al contrario de lo que pueda pensarse, no se trata de una Adoración de los Magos. Los tres observadores adoptan una actitud neutral y hasta descortés más que mostrársenos impresionados o respetuosos como debería ser. En esta obra, el artista se vio inspirado, más por su severa educación cristiana que por la mitología, produciendo una imagen que incita controversia. De ahí que podamos dilucidar el espíritu iconoclasta que resultaría de suma importancia en el movimiento dada y en el surrealismo. A este respecto, el lienzo contiene una dosis turbadora de simbolismo: La aureola caída en el suelo del Niño Jesús sugiere humillación y desesperanza; el movimiento que viene determinado por la mano que golpea expresa una gran cólera; el interrogante por la presencia de los tres personajes añade un elemento de diversión. Y yo me pregunto: ¿Acaso los tres curiosos aprueban el acto que están contemplando? Quizás, como sugiere Éluard, “hazme el favor de entrar y salir de puntillas”. Hasta mañana, amigos. Este verano Tio Petros y yo estuvimos disfrutando del románico gallego. Magnífico y sorprendente por las muchas joyas que contemplamos del ayer y sorprendente (a secas) por alguna que otra perla de hoy que no puede definirse como joya precisamente. Este es el caso que les presento en la fotografía que tomé del rosetón del Monasterio de Santa María de Xunqueira de Ambia. Juzguen ustedes y seguro que llegan a la misma conclusión que una servidora: persianitas de colores que sin duda tendrán que realizar bien su función, porque si no es como para colgar de los huevos a la persona que sugirió la idea... Aquí se la dejo y aún y todo, pásenme un buen fin de semana. Saludos derivado culto de levir, -i, "hermano del marido". Hace tiempo que no colocaba un corominas en el blog y he considerado que, dado que la ocasión lo merece, este vocablo me venía como anillo al dedo. El próximo domingo día 20 de noviembre, mi levirato, o sea, mi cuñadísimo, ofrece un concierto de órgano nada más y nada menos que en Notre Dâme de Paris. Doy por sentado que el concierto será todo un éxito. Por supuesto, mucha mierda, cuñao. Como ejemplo de la magnitud de dicho afán, hoy les presento la obra de mayores dimensiones de toda la pintura flamenca y que lleva por título Políptico del Cordero Místico. Ejecutado entre 1424 y 1432, consta de 24 paneles –llamados postigos- de los cuales 12 se denominan postigos cerrados y otros tantos postigos abiertos. Comencemos por los primeros ¿quieren? POLÍTPICO DEL CORDERO MÍSTICO. POSTIGOS CERRADOS Si desean contemplar esta maravilla con mayor nitidez, pinchen aquí . Gracias En esta época era costumbre que el pintor dejara constancia del título de la obra y de su propia firma en el marco de la obra. Si se fijan, en el marco inferior interno se encuentra una cuarteta rimada que nos informa que el políptico fue comenzado por el hermano mayor del pintor (del cual no se ha conservado ninguna otra obra) “del cual no existe mejor” y terminado por Jan “segundo en el arte”. La inscripción revela también la identidad de los comitentes, un funcionario del tribunal y su esposa que aparecen abajo a uno y otro lado de sus respectivos santos patronos, San Juan Bautista y San Juan Evangelista. Dejando a un lado la cuestión de la belleza de ambos (feos hasta decir basta), subimos hasta los postigos superiores que se organizan en torno a la Anunciación, encima de la cual se situarían las Sibilas de Cumas y Eritrea y, en los extremos, los profetas Miqueas y Zacarías en cuyos escritos predijeron el acontecimiento del nacimiento de Cristo. Respecto a estas dos últimas figuras, el escorzo que de ellos realiza van Eyck es, sin duda, novedoso y atrevido: de abajo hacia arriba parecen asomarse desde un antepecho para mirar lo que abajo acontece. La disposición de los libros, que sobresalen del marco consiguiendo así un efecto ilusionista y los rótulos con alusiones a la “noticia” desplegados tras sus cabezas, aumentan más si cabe el efecto de tridimensionalidad ideado por el flamenco. El políptico resulta un tanto caótico al no coincidir los paneles entre sí en el mismo eje y gracias a las radiografías efectuadas sobre el mismo, se ha descubierto que la escena de la anunciación estaba enmarcada –como el resto de paneles- en nichos que fueron transformados con posterioridad en el techo de madera que ahora podemos ver. El cambio otorga a la escena un mayor sentido de la profundidad en detrimento del valor correcto de proporcionalidad ya que, si observan, la estancia es demasiado baja si la comparamos con la envergadura de las figuras. En cualquier caso, una magnífica obra de un magnífico pintor que quiso (y pudo) retratar sin reparos y de forma grata, a los personajes de su tiempo. Y encima le pagaban. En el siguiente post abriremos los doce postigos restantes. Espero que les resulten interesantes. Si como afirmábamos en el post anterior, la sensación del políptico con los postigos cerrados era caótica, la impresión de confusión aumenta en su interior. Escenas yuxtapuestas de modo incoherente, diferencias notables en las dimensiones de los personajes nos hacen pensar en las diferentes manos de ambos hermanos sin que hasta ahora se sepa con seguridad qué y quiénes pertenecen a uno u otro. Se piensa que Jan no respetó la estructura original de Hubert –que así se llamaba- y generalmente se asignan a este último los personajes entronizados y estáticos y al primero las intervenciones innovadoras como el amplio paisaje de la escena central representando la Adoración del Cordero Místico en el que todos los representantes de la cristiandad acuden a rendir homenaje al Cordero, símbolo del sacrificio realizado por Cristo para la salvación de la humanidad. Continuando con la escena, los postigos laterales representan procesiones de santos y caballeros de Cristo que se dirigen a adorar al Cordero: de izquierda a derecha se suceden los Jueces Justos, los Caballeros de Cristo, los Ermitaños y los Peregrinos, todos ellos montados en caballos ejecutados con gran maestría; con la misma gran maestría del ladrón que en 1934 robó el postigo de los Jueces Justos (primero a la izquierda) cuya copia es lo único que podemos contemplar hoy en día dado que el ladrón devolvió el reverso (figura de San Juan Bautista) pero no devolvió el panel frontal al no pagarse el rescate que solicitaba. En las tablas que rematan por la derecha el motivo central de la adoración, se situarían los Ermitaños y los Peregrinos, cuya delicadeza y fidelidad por representar el paisaje son dignas de admiración. Estos postigos también tienen su “peregrinaje” si me permiten la expresión: fueron trasladadas a París por Napoleón y devueltas tras su caída; en 1816 también fueron vendidas a un marchante alemán y no volvieron a Bélgica hasta un siglo después y durante la II Guerra Mundial, fueron llevadas de un sitio a otro en repetidas ocasiones hasta terminar siendo escondidas en una mina de sal donde, consecuentemente, sufrieron un grave deterioro. En fin, después de estas penosas vicisitudes, observemos cómo en el registro superior se nos presentan las figuras de Dios Padre en el centro, la Virgen y San Juan Bautista flanqueados por dos paneles de ángeles cantores y músicos haciendo de claro contrapunto con la estaticidad de las figuras entronizadas. Fíjense en la falta de continuidad del suelo entre los paneles central y laterales de los que estoy hablando. Los estudiosos en el tema han descartado la idea de que los paneles se crearan independientemente unos de otros dada su marcada heterogeneidad, sin embargo, y a pesar de ello, la obra es monumental tanto por sus dimensiones (375 x 260 cm) como por su valor estético. En los extremos están representados los Primeros Padres, Adán y Eva, cuyos cuerpos desnudos parecen querer salirse del oscuro nicho que los acoge pero de ellos hablaremos en el último de los post de esta serie, si ustedes quieren. Una de las partes más excepcionales del Políptico es, sin duda, la representación de nuestros Primeros Padres, Adán y Eva , parte que se atribuye al hermano menor Jan. A diferencia de los personajes estáticos y entronizados de los que ya hablamos, los cuerpos tanto del hombre como de la mujer han sido ejecutados con gran realismo pudiendo hablar de auténticos retratos, cuyos desnudos no hacen sino acentuar la fragilidad humana. Ambas figuras están colocadas, como decíamos ayer, en sendos nichos. El hombre parece dar un paso hacia delante para salir del suyo ofreciéndonos la impresión de una estatua que ha cobrado vida. La mujer de vientre prominente, símbolo de su papel de madre del hombre, apoya todo el peso de su cuerpo sobre una pierna y en su mano derecha nos muestra una fruta seca recordándonos de este modo, el pecado original mientras que con la mano izquierda se tapa el pubis con una hoja de higuera. La representación de ambos personajes es casi tridimensional acentuando esta impresión gracias al contraste de colores entre el fondo del nicho y lo rosado de las pieles. Sus rostros son inexpresivos y distantes, como con la mirada perdida a no se sabe dónde, y a pesar de ello, están descritos con todo lujo de detalles. Como curiosidad, el cabello de ambos: pintados cada pelo uno a uno el efecto es tan realista que se diría que lo vemos crecer. Observen el contraste deliberado con la parte superior del postigo donde bajo dos marcos formados por arcos de piedra fingida, se encuentran dos bajorrelieves (creando un magnífico trampantojo) que representan La ofrenda de Caín y Abel y El asesinato de Abel. Muerte y vida, vida celestial y vida terrenal. Lo divino y lo humano. Todo ello concentrado en una impresionante obra de arte de la que podemos disfrutar si visitamos la ciudad de Gante. Todo un lujo para los ojos. Espero que hayan disfrutado. Tio Petros se ríe de mí cuando le digo que Naomi Campbell tiene unos juanetes escandalosos: el resto de su cuerpo sí que es de escándalo me contesta el descarado. ¿Qué nos ocurre? ¿Acaso no podemos hacer más humanos a nuestros ídolos? ¿Por qué no vamos a poder disfrutar de semidioses como lo hacían los griegos? Pensar en la estética de lo cotidiano y de lo que consideramos mortal resulta una tarea interesante. Ahí tienen las dos nueces que la modelo de color muestra sin reparos en sus pies desbordándose bajo la presión de unas sandalias de tacón vertiginoso. O la reciente maternidad de mi inefable periodista metida a princesa: los medios nos han hecho ver el acontecimiento como la primera cesárea que se practica en España, incluso en alguna cadena de tv emitieron un programa sobre cesáreas. O si lo prefieren, imagínense las veces que la madre de Fernando Alonso se habrá “cagao” en los cochecitos de su niño, ésos que hacían que el parquet del pasillo pareciera un código de barras. ¿Qué piensan, que no habrá políticos respetados y respetables que sentados en el inodoro no lean con pasión las etiquetas de la composición del champú a la aromaterapia o del gel de avena para pieles secas? Y aunque parezca mentira, a Nieves Herrero se le habrá escapado un pedo en una de sus entrevistas y a Teresa Campos se le hincará en el pulmón la varilla del sujetador en pleno debate televisivo. Cuando haciendo la carrera (perdonen por la expresión, soy consciente que “hacer la carrera” en nuestros días significa ser puta o maricón televisivo y por lo tanto famoso) me tuve que enfrentar con mi primera exposición oral (y esto tampoco significa que emulara a la Lewinsky) un profesor amigo me dio el siguiente consejo: ”piensa que todos los que tienes frente a ti y todos los días de su vida, se bajan los pantalones por lo menos una vez” Entonces les hablé de Hegel sin nervios porque yo, al igual que Napoleón, era el espíritu del mundo a caballo. Que pasen un buen fin de semana. Les pongo en antecedentes: Mañana día 15 de noviembre, el adolescente en cuestión sufrirá los dolores de un examen de literatura. En concreto, dicho ser unicelular tendrá que enfrentarse con un comentario de texto que girará en torno al postromanticismo español y, más concretamente, en la poesía de Bécquer y Rosalía de Castro. Una vez que el padre repite hasta la saciedad los pasos que la masa de quince años debe de considerar para confeccionar dignamente el comentario de texto; una vez que el hijo, contemplando con disimulo la vena reventona que sobresale del cuello de su progenitor, omite manifestar su opinión sobre la existencia de la literatura y dentro de ésta, de la poesía (qué para qué servirá una cosa que dice digo cuando quiere decir diego); cuando el ambiente está ya tan caldeado y el hastío se hace materia, entonces, digo, viene el turno de preguntas y respuestas a modo de repaso definitivo y definitorio que, a continuación les remito: -Hijo: la lengua alemana. -Padre: No, por la “lengua” no, por la… la… la… Yo ya creía que estaba escuchando la canción de Massiel -Padre: …por la poesía alemana. Bien, vamos a otra cosa: ¿dónde nació Rosalía de Castro? -Hijo: En el Camino de Santiago. -Padre: joder, joder, joder. Vamos mal, no me jodas, ¿sí, pero dónde? -Hijo: Al final, al final del camino. -Padre: en Santiago, leches, en Santiago. ¿Y dónde murió? Repiqueteo de campanas… pero tocando a muerto -Hijo: En Pimientos Verdes …o sea, Padrón y lo mató. La que hoy nos ocupa, es la primera obra de Balla en la que expone su postura estética en forma de manifiesto. En ella, descompone el paseo de una mujer con su perro en innumerables secuencias autónomas del desarrollo del movimiento. Tal y como se decía en el Manifiesto técnico de la pintura futurista que Balla suscribe en 1910, “un caballo no tiene cuatro patas, sino veinte”. Así, para desplegar su estrategia de la multiplicación de las extremidades, echó mano de las cronofotografías de Étienne-Jules Marey que ya en 1882 había reproducido los movimientos a pie y en el aire de humanos y animales . Los estudios de Marey son prácticamente copiados por Balla pero en Dinamismo de un perro con cadena, el italiano condensa las fases del movimiento para obtener la misma falta de nitidez que se aprecia en las fotografías realizadas por varios miembros del movimiento futurista. La vista del cuadro se dirige hacia abajo, hacia la superficie rayada del pavimento cortando radicalmente a la mujer para que el perro sea el foco de atención del espectador. Si en la segunda mitad del siglo XIX, el animal doméstico fue privilegio exclusivo de los círculos aristocráticos (véase Tarde de domingo en la Île de la Grande Jatte del puntillista Georges Seurat), a principios del XX, la burguesía y las clases medias altas poseían mascotas como expresión de una riqueza recién adquirida. Balla, siguiendo el dictamen futurista, caricaturiza el anquilosado sistema social italiano, otorgando en su obra protagonismo al animal poseído y no al ser humano que lo posee. Para terminar el post de hoy, unas palabras de Antón Giulio Bragaglia que expresan con determinación el ideal del artista futurista: Hasta mañana. La obra que hoy les presento es especial. En realidad no es un cuadro, sino un dibujo donde se han definido los más mínimos detalles bajo un cielo ligeramente acuarelado. El dibujo fue ejecutado por Jan van Eyck en 1437 utilizando la pluma sobre tabla. Si bien podría pensarse en que es un boceto, la firma del autor en el marco nos despeja esta duda. Obra acabada o no, la excepcionalidad de Santa Bárbara viene dada por la yuxtaposición en el primer plano de la monumentalidad de la figura de la Santa y en el fondo intensamente narrativo que obliga al espectador a detener su mirada en cada detalle. Observemos la escena: La Santa está sentada en un repecho leyendo un libro voluminoso con la cabeza inclinada. En su mano, la palma, símbolo de su martirio. La joven, que se niega a casarse, es encerrada por su padre en una torre y tiempo después, la manda matar. El lugar del encierro es transformado por van Eyck en un torreón gótico en construcción. En medio de una llanura, en la que se alza majestuoso, innumerables figuras se encuentran ocupadas llevando materiales, picando piedra o, simplemente, admirando el edificio. La escena que se nos presenta no es en absoluto fruto de la imaginación del genial artista: ése es el escenario real donde canteros, albañiles e incluso un arquitecto con el compás en la mano (derecha del dibujo) cumplen cada uno con su cometido. A lo lejos, el espacio parece prolongarse hasta el infinito. La joven está esperando su destino y todos trabajan para que así sea. ¿No les recuerda esta obra a La Torre de Babel de Brueghel el Viejo que ya vimos en otros post ? ESPAÑA/VENCEDORA/ DEL COMUNISMO/ EN LA CRUZADA/ QUE LEVANTÓ ESTE/ DÍA BUSCA LA PAZ/ DEL IMPERIO POR LA/ UNIDAD, POR LA GRAN/ DEZA, POR LA LIBER/ TAD EN EL SIGNO/ DE FRANCO/ EL CAUDILLO/ ARRIBA ESPAÑA/ XVII-XVIII-XIX=/ JULIO=MCMXXXVI Para nuestra vergüenza, todavía existen inscripciones como ésta. La que hoy les muestro, está tallada en la fachada principal de una iglesia románica. Omito el nombre y el municipio de la misma. Es lo de menos. Pasen un buen fin de semana y recuerden que los muertos, muertos están. “Los objetos visibles pueden ser invisibles. Cuando alguien va a caballo por un bosque, lo vemos un momento y luego lo dejamos de ver, y sin embargo sabemos que está ahí. En Firma en blanco la jinete oculta los árboles, y los árboles la ocultan a ella. Pero nuestro intelecto comprende ambas cosas, lo visible y lo invisible. Mi propósito al pintar es hacer visible el pensamiento” René Magritte Ya nos explica en su cita el artista cuál es el trasfondo del cuadro. Cuadro al que tengo especial cariño. Las demostraciones de la invisibilidad, del error y del engaño son muchas a lo largo de la historia del arte y otras disciplinas como la psicología. Como hoy es lunes, les propongo dar un paseo por algunas de ellas. Lo que contemplemos puede resultar interesante. Que ustedes cabalguen bien. cubo ilusorio Williams Hogarth Escher Lorenzo Lotto es el autor de este óleo sobre lienzo fechado hacia 1527. Su título, El hombre con la garra dorada , es tan enigmático como el propio cuadro. A Lorenzo Lotto se le puede considerar el fundador del retrato psicológico del Renacimiento teniendo en cuenta, a la hora de realizar esta afirmación, incluso a Giorgone y Tiziano. Retrato psicológico no desde el punto de vista moderno, más bien lo contrario. Me explico. No se trata de que el pintor nos muestre un estado de ánimo de forma “desveladora” sino de una forma enigmática, tendencia que viene a reforzar constantes referencias misteriosas, simbólicas o jeroglíficas del resto de la obra. Estos referentes eran conocidos por los iniciados que podían dar un significado estricto a lo representado pero para el espectador actual, ignorante de dicha semántica, tiene un potencial asociativo que desconcierta y fascina al mismo tiempo. Vayamos con la obra. Fíjense en lo que se nos muestra. Al igual que en Adolescente delante de una cortina blanca , obra del mismo autor, un hombre con barba, elegantemente vestido y de cutis pálido, ha sido retratado ante una cortina esta vez de color rojo. La cortina desempeña un papel importante en la iconografía de este artista. Tomado el símbolo de la pintura religiosa en la que aparece de forma frecuente como símbolo de santos y personajes bíblicos, también este icono toma el significado de velum , es decir, que oculta y, al mismo tiempo, de revelatio, ya que cuando la retiramos, descubre. En El hombre con la garra dorada, la cortina llega hasta el centro del cuadro llegando a tocar la mesa sobre la que el hombre apoya su codo, adoptando de esta manera una posición oblicua hacia el interior de la estancia. Bien, amigos, corramos la cortina nosotros también y dejemos a nuestro hombre en la misma posición hasta mañana, donde revelaremos más datos sobre él y sobre la obra misma. En el post de ayer dejamos a nuestro hombre inclinado sobre la mesa donde reposa su codo. Frente a la tranquilidad del adolescente que proporciona una impresión de duración, la inestabilidad del hombre despierta cierta sensación de momentaneidad. La diagonal que resulta de su postura inquieta viene reforzada por su mirada inquisitiva y un raro mutismo en el gesto de sus manos. Mientras que con la derecha, apoyada sobre su pecho, denota quizás un signo de sincerità (ponemos la mano en el corazón cuando queremos hacer ver que somos sinceros), la izquierda está extendida sosteniendo la dorada garra de un animal. ¿Qué nos quiere decir el caballero con este detalle? Es patente la agresividad con que se nos muestra la garra, tan extendida que parece que va a arañar. A pesar de su pequeño tamaño frente a la imponente figura masculina, la garra está dotada de una luminosidad que contrasta firmemente con el oscuro atuendo de quien la porta. Sin duda alguna, en esa pequeña insignificancia se encuentra escondida la clave del cuadro. Ya saben que a la hora de interpretar una obra de arte y más si estamos hablando de simbolismo pictórico, sólo existen acercamientos más o menos certeros pero no una verdad matemática de ésas que tanto gustan a Tio Petros . La verdad en arte se insinúa como la mirada de una buena amante. Pues bien, acerquémonos sigilosamente hacia ella. La garra podría significar, en una primera instancia, el símbolo del atributo de la profesión del representado. En este caso, podríamos imaginar que puede tratarse de un escultor o de un orfebre en relación con un nombre concreto. Así, la garra de león podría referirse a Leone Leoni, fabricante de medallas cuya predilección por los emblemas y divisas era famosa, escogiendo al león como alusión a su nombre y motivo heráldico. …y hasta aquí puedo leer porque aunque personaje y pintor coincidieron en el mismo tiempo en Venecia, la afirmación rigurosa del hecho no puede mantenerse con los datos de los que se dispone. En una segunda instancia, la garra del león podría interpretarse como una alusión oculta a una locución latina a modo de divisa: “Ex ungue leonem” (reconocer “por la garra de un animal”) o la sinécdoque “Pars pro toto” que ya utilizaban Plutarco y Luciano en el sentido figurado del trazo de un pintor que permitía reconocer al maestro. Ninguna de las dos interpretaciones se excluye entre sí aunque no podamos afirmar que una o ambas sean verdaderas. Lo que sí podemos decir con rotundidad es que nos faltan las claves para esclarecer el enigma. El principio de la dissimulatio, de velar y ocultar el interior de la psique se establece en esta obra “sin disimulos” si me permiten la expresión. Lotto no pretende revelar nada de la persona, sólo insinúa con discreción y reserva. Así pues, amigos, disfruten de lo que ven y de lo que saben que existe pero no se les muestra. Ese es el principio del camino de la seducción. Espero que estos post les hayan entretenido y un saludo. foto de archivo: Radar de alta tecnología Que pasen un buen fin de semana y carguen las pilas. El lunes nos vendrá a visitar Miguel Ángel, mientras tanto, despacio... Camus, A.: Calígula Los dos esclavos nacieron en 1513. Representan dos muchachos jóvenes de tamaño superior al natural (miden unos 2,20 m.) y fueron ideados para ser colocados, cada uno, frente a una pilastra-hermes, donde el espectador tendría que imaginar que se ataban las ligaduras que sujetan sus torsos. Aunque el destino de ambos “hermanos” fue el mismo, la razón de sus vidas y de sus muertes es bien diferente. El Esclavo agonizante o moribundo, como prefieran, está concebido para que se le mire de frente. Da la impresión de estar desperezándose, como si “comenzara a despegar su fuerza”. Miguel Ángel lo concibió como el símbolo de una corporeidad que deja a un lado cualquier tipo de psicología. Cuanto más nos acercamos a él, más se agudizan los cambios en un perfil donde se precipitan líneas en fluida cascada. Al Esclavo rebelde, por el contrario, le espera la esquina izquierda del monumento (si lo miramos de frente). Está predestinado para que se le mire diagonalmente, es decir, en el arco de 90º que forman nuestros pasos cuando giramos en torno al monumento. Sus ataduras, que cruzan el torso del reo, nos pasan desapercibidas: su figura parece estar sometida a una fuerza que logra inmovilizarlo, algo así como un prisma invisible en el que más tarde reconoceremos la forma original del bloque de mármol antes de que Miguel Ángel comenzara a esculpir. Pero lo que más me atrae de esta última obra es, quizás, una visión literaturizada de entender su existencia a través de su forma. Me explico. Ambas obras están inacabadas. Pero mientras que parece que el Esclavo agonizando ha asumido su fin, el otro se revuelve entre sus ataduras (los lazos y la piedra misma) sabedor de su fatal destino. Como el Sísifo de Camus, nuestro esclavo está condenado, esta vez por su Creador, al intento de desembarazarse de la piedra que lo sujeta y sin la cual no podría haber sido creado. Quiere ser estatua, escultura terminada por su Dios, eternidad a los ojos de los hombres que contemplarán, ¡oh fatalidad!, su esclavitud por los siglos de los siglos. No puedo pensar en destino más cruel para una escultura que permanecer inacabada para siempre, irremisiblemente sujeta a su defectuoso origen: una veta de la piedra le cruza el rostro y el cuello diagonalmente. Orfandad silenciosa que clama por su libertad. Esclavo abandonado por el Padre, esclavo de la materia, esclavo sin sueños. Ser incompleto ¿acaso no lo somos todos? Cuando se alimenta casi a diario una bitácora, hay que estar muy pendiente de lo que ocurre a tu alrededor porque cualquier cosa puede ser motivo de inspiración postera. Así como mi pequeño J. me ha robado horas de sueño, así me las ha devuelto: sus vómitos me han sugerido el post de hoy. Por este motivo, qué mejor comienzo que un extracto de La náusea de mi estimado Sartre: “ Y yo también he querido ser. Es lo único que he querido; esta es la clave del asunto. Veo claro en el aparente desorden de mi vida: en el fondo de todas esas tentativas que parecían inconexas, encuentro el mismo deseo: arrojar fuera de mí la existencia, vaciar los instantes de su grasa, torcerlos, desecarlos, purificarme, endurecerme, para dar al fin el sonido neto y preciso de una nota de saxofón”. En Viena no siempre ha sonado un vals. En los años setenta y ochenta, cuatro artistas, Günter Brus, Otto Mühl , Rudolf SchwarzKogler y Hermann Nitsch , fundaron lo que se ha dado a conocer como el accionismo (aktionismus) vienés. Ricard Mas los define como “pequeños suicidios”; mi visión es menos poética y más realista, por su literalidad, con este movimiento: una mierda. Les cuento. “Estos artistas (y recojo la información que la revista “Descubrir el Arte” ha publicado en su último número) y sus agresivas intervenciones incluyen automutilación, onanismo, defecación, vómito, etc. Se trata de un arte orientado a herir sensibilidades, cuyo contenido visual no se diferencia tanto de las sádicas snuff movies”. El artículo (con dos ilustraciones que no he podido encontrar en la web) responde a la antológica que Günter Brus presenta hasta el 15 de enero en el MACBA (Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona). En su afán de “querer ser” al estilo camusiano, este artista encontró el fundamento de su obra en su teoría (más bien expresión) de la tridimensionalidad en la pintura. Como buen experimentador, descubrió que debía abandonar la pintura y centrarse en su propio cuerpo puesto que “mi cuerpo es la intención, mi cuerpo es el suceso, mi cuerpo es el resultado”. De esta forma, su cuerpo se convierte en material y medio de denuncia social, política y religiosa de la sociedad occidental. Sus obras, denominadas acciones, llegaron a su punto álgido en una exposición en la Universidad de Viena, titulada Arte y revolución (1986), en la que Brus se desnudaba, se cortaba los muslos y el pecho con una navaja de afeitar, orinaba, bebía sus orines, y vomitaba. Una vez que “arrojaba de sí mismo su existencia”, parafraseando a Jean Paul, defecaba mientras entonaba el himno austriaco, se untaba el cuerpo con sus propias heces y se masturbaba dando por finalizada la obra de arte. Si quieren lo llamamos estética del asco. A mi me complace más la expresión que sin duda utilizaría mi madre: una mierda pinchada en un palo y con la coletilla de… “nunca mejor dicho”. Pero les confieso una cosa, no sé si me da más asco el Brus de los cataplines o los descerebrados que consideran su mierda un arte y que además le hacen un hueco en un museo. Caña al mono, que diría un conocido, “lo mejor: una lobotomía. Ya verás cómo el tipo éste se caga, cuando quiera y cuando no quiera”. |