Vailima |
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Se muestran los artículos pertenecientes a Abril de 2008.
Todos ustedes conocen sobradamente las obras de Arcimboldo. Más que pintor, el italiano era un virtuoso creador de fantasías que surgían de una mezcla inesperada de elementos naturales y sus mutaciones. En la mayoría de sus composiciones, podemos encontrar nabos haciendo las veces de narices prominentes, cebollas como pómulos, cisnes en lugar de orejas, colas de pez en las barbillas… Tú si que vales, le diríamos. En todos estos juegos de fantasía, Arcimboldo nos presenta unas menestras de verduras en forma de juristas y hortelanos que para sí las quisiera el Ferrán Adriá: eso es cocinar con maestría. Sin embargo, ese punto cachondo en el que el malabarista pintor sazona con sus pigmentos ensaladas y pollos para la diversión de príncipes y cortesanos, torna un pelín malaleche por lo caústico y lo macabro. Les hablo de la Cabeza de Herodes que les presento a continuación: "El verdadero arte es el que no parece serlo y hay que esforzarse lo más posible en ocultarlo" (Castiglione) Llamamos sprezzatura a la virtud renacentista marcada por "la naturalidad elegante descrita en El Cortesano de Castiglione que obliga a disimular el esfuerzo que cuesta ser un hombre de gusto. (...). Tan grave dignidad nos informa sobre aspectos sutiles, como la manera clásica de sentir el cuerpo y de presentarlo ante los demás" Que pasen un buen fin de semana y séanme felices. Para ello, les recomiendo que apelen a la virtud de la que les hablo hoy. Lubrifiquen su carácter y dejen que la naturalidad y la elegancia les guíen en sus quehaceres. Una servidora hará lo propio. p.s. Hoy, día 4 de abril, mi pequeño Dialga cumple 12 grandes añazos. Desde esta su otra casa, Zorionak. La exégesis del gesto va desde la interpretación naturalista hasta la doctrina cultural del mismo. La teoría naturalista del gesto expresivo asentará su razonamiento desde su origen natural como acto reflejo (arquitectura de reflejos) y la doctrina cultural desde el convencionalismo o la sociabilidad de toda gestualidad. La segunda vía es la que Chastel recoge en su tesis y en ella “se abandona el ámbito de la vitalidad y de la espontaneidad por el de la comunicación”. El gesto expresivo nos quiere decir algo y para que la comunicación se dé, es necesario conocer el código en el que ésta se produce. Dejando a un lado consideraciones interesantísimas de carácter religioso y pagano, el autor reduce su campo de estudio a lo que califica de “casos privilegiados” en los que el dedo índice acapara todo el protagonismo y que son: el gesto de la oración, el del silencio y el de la admonición. Permítanme que me quede con el segundo y que les hable del signum harpocraticum o gesto de Harpócrates, “en el cual el sujeto representado declara (…) que es preciso guardar silencio, ya sea cerrando la boca para callar…, ya sea imponiendo al espectador el hacerlo”. Desde la Antigüedad, el pequeño dios de Villa Adriana en Tívoli es buena muestra de la definición anterior: la divinidad calla y recuerda al fiel que ha de guardar silencio Así tenemos diferentes manifestaciones del mismo signo que no debemos confundir con otras representaciones del silencio como es el caso del Lorenzo de Médicis de Miguel Ángel: Observen la diferencia de la que les hablo. El mutismo del personaje nada tiene de conminatorio, y su silencio “no es subrayado por el signum”, más bien, “no puede escapar al observador el hecho de que la blanda flexión del dedo conviene a la calma del soñador que se acaricia el labio, sin tener la autoridad de un signo”. De manera sorprendente, el signum harpocraticum adquiere una nueva dimensión en el Siglo de las Luces. Contemplen detalladamente esta obra tan conocida de H. Fragonard Una servidora se marcha a los madriles. Por ello, todo aquel que quiera y tenga a bien tomar un cafelito conmigo, pues no tiene más que decírmelo por email. un saludo Después de que mi cuerpo en persona apareciera dentro del neceser de un guiri en la T4 y el detector del Tio Petros les haya pitado con el tema de la vagancia primaveral de una servidora, aprovecho este nuevo viernes (es lo que tienen los viernes: siempre tardan seis días en llegar) para: - comunicarles que la menda y todos sus hermanos y cónyuges respectivos y SIN HIJOS, se van a pasar un fin de semana familiar a la hermosísima Cantabria. - pedirles disculpas por la desaparición y de paso regalarles esta imagen tan familiar y delicada también; esta imagen aretina con la que me despido hasta la semana que viene. Pasen un buen fin de semana y séanme felices. A rabiar. Decía Schiller que “la belleza es el camino de la libertad”. Miedo me da. Sobre todo, cuando pienso en eso en lo que ha desembocado la belleza últimamente. La imagen de cabecera es una fotografía de la obra de Joseph Beuys titulada Cómo explicar imágenes a una liebre muerta tomada el día de la inauguración de una exposición del artista alemán allá por 1965. Como pueden observar, el artista cubrió su cabeza con láminas doradas untadas en miel, y “sosteniendo en sus brazos a una liebre muerta la fue llevando por la exposición rozando con sus patas las obras expuestas; luego se sentó y se las fue explicando. La reunión de los conceptos liebre, miel, explicar, imagen, oro, provoca un inquietante malestar en el espectador, porque dinamita lo cotidiano”. No voy a proferir insultos. Efectivamente, todavía me estoy recuperando de lo que me queda de cotidiano. La explosión lo ha dejado todo perdido. Incluso mi sentido del humor. Dice el artista que desea recobrar la relación de fraternidad entre el hombre y la naturaleza -sobre todo con los animales- en un diálogo directo entre criaturas para devolverles aquella dignidad que el hombre ha ido arrebatándoles durante su historia. Estoy conmocionada, como si me hubieran propinado un golpe en la cabeza; un estético golpe donde el dolor sólo puede aliviarse a fuerza de patitas de liebre o de conejo en pepitoria entre las tardanzas de caprichosas Alicias y las humedades de una tal Loles que nadie conoce. Me relamo pensando en su sabor acompañado de un buen arroz mientras me atraganto con tanta belleza y tan sublime libertad. Quiero que alguien me recoja en brazos y me explique ciertas obras de arte mientras yo las voy rozando con mis manitas. Claro que yo no soy una liebre, pero sí que tengo… No me hagan hablar más. |